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Nueve de cada diez padres consideran que el deporte y la actividad física son clave para el desarrollo emocional de los niños. Colaboración con Galletas Príncipe

Galletas Príncipe ha desarrollado un nuevo estudio sobre los beneficios del juego y la actividad física en el desarrollo socioemocional y cognitivo de los niños junto a la psicóloga Silvia Álava y a través de Ipsos

Aunque cuatro de cada diez padres consideran que las pantallas digitales son la principal fuente de disfrute de los niños, el 50% de los padres afirman que los juegos que implican ejercicio físico son el tipo de juego con el que sus hijos son más felices

Príncipe ha puesto en marcha este estudio para seguir construyendo en su compromiso con la infancia y ayudar en una de las áreas que contribuyen a que los niños vivan su infancia al máximo

La relación existente entre el juego y la felicidad está ampliamente demostrada. Sin embargo, ¿qué tipo de juego es el mejor para el desarrollo de los más pequeños de la casa? Para nueve de cada diez padres, tanto la actividad física como el deporte son claves para el desarrollo emocional y de las habilidades de percepción y compresión de sus hijos, según el “I Estudio sobre los beneficios del juego y la actividad física en niños” desarrollado por Príncipe junto a la psicóloga Silvia Álava y realizado con Ipsos. Este estudio ha contado con la participación de más de 1.000 padres con hijos con edades comprendidas entre 4 a 12 años de todo el país.

El juego y la actividad física son fundamentales para los niños, ya que no solo disfrutan realizando este tipo de actividades, si no que también favorecen su aprendizaje. En este sentido, tal y como señala la psicóloga Silvia Álava, “hay una gran cantidad de trabajos científicos que han demostrado que a través del juego se potencian las funciones ejecutivas, se ayuda a mejorar el rendimiento matemático, el desarrollo lingüístico, la inteligencia fluída, la memoria de trabajo y el procesamiento de los niños, entre otras materias”.

Y es que los niños necesitan jugar y hacer ejercicio para desarrollarse con plenitud. Además, el juego promueve las relaciones entre iguales, desarrollan lazos de amistad con otros niños, competencias emocionales, habilidades sociales… “Los padres son conscientes de esta realidad y vía el estudio tenemos datos cuantitativos y cualitativos.; de hecho, este estudio ha puesto de manifiesto que el 99,5% de los padres considera que el juego es fundamental para el desarrollo de sus hijos”, tal y como ha destacado Filipe Salsinha, director de la categoría de galletas en Mondelēz International en España, director de la categoría de galletas en Mondelēz International en España.

Posibilitar que los niños vivan su infancia al máximo

FUENTE: Diario La Comarca

Claves para alcanzar una nueva normalidad (con niños). En ElPeriodico.com

De cara a esta nueva normalidad, es importante plantearnos como propósito fundamental: respetar el tiempo de los niños

Por María Dotor

Si de algo nos dimos cuenta al parar en seco nuestra actividad a causa de la Covid-19 es de lo rápido que vivíamos. Las prisas nos acompañaban siempre y, en consecuencia, a nuestros hijos.

Ahora, párate a pensar y contesta a la siguiente pregunta: ¿Cuántas veces vestías tú a tus hijos porque si les dejabas hacerlo a ellos solos saldrías de casa cinco minutos más tarde? Y así con otras tantas tareas: lavarse los dientes, peinarse€etc. E aquí la primera consecuencia negativa de las prisas, más allá del estado de estrés que producen, estamos impidiendo que nuestros hijos se conviertan en individuos autónomos.

Por eso es tan importante, de cara a esta nueva normalidad, plantearnos como propósito fundamental: respetar sus tiempos, no ir siempre con prisas.

Respetar los tiempos de nuestros hijos

Un error muy habitual que cometemos es no calcular bien los tiempos necesarios para llevar a cabo las actividades del día a día. Tendemos a calcular el tiempo en función de lo que el adulto necesita, olvidándonos que el tiempo de los niños es mayor. No tienen ni la misma destreza del adulto, ni la misma capacidad para hacer las tareas, y, además, los niños se distraen con una gran facilidad, basta que se encuentren un juguete o un hilito en la alfombra para que se pongan a jugar con él.

Por tanto, el primer paso es tener en cuenta los tiempos de nuestros hijos, no los nuestros. Pero, ¿qué más podemos hacer? La psicóloga infantil Silvia Álava nos da las claves:

1. Las órdenes de una en una. En ocasiones mandamos a los niños varias cosas a la vez: quítate los zapatos, coloca la mochila, lávate las manos y a merendar€ y no nos damos cuenta que sin quererlo estamos saturando la memoria de trabajo del niño. Mejor decirles las cosas de una en una y darles el tiempo necesario para que lo realicen.

2. Cronometrar el tiempo que tardan en hacer las tareas. Puede ser una herramienta de motivación para los niños, pero siempre utilizada para motivar al niño a que cada vez lo hagan más rápido y mejor, no para estresarlo.

3. Planifícate bien. Nos da mucha pena despertar a los niños pronto por la mañana pensando que así dormirán más. Párate a pensar, ¿no será mejor acostarse un poco antes para no suprimir horas de sueño y así que por la mañana tengan el tiempo suficiente para poder hacer las cosas ellos solos, sin prisas ni estrés?

4. Busca tus fugas de tiempo. Hemos hablado que sería conveniente que los niños se acostasen antes para así, por la mañana, puedan despertarse con tiempo para favorecer su autonomía. Párate y observa que hacéis por la tarde-noche, seguro que hay alguna actividad como ver la televisión, la tablet… de la que se pueden reducir esos minutos tan necesarios por la mañana acostando a los niños antes.

5. El aprendizaje requiere tiempo. Todos, cuando estamos aprendiendo, cometemos errores que tenemos que solventar. Los niños también. Por eso es importante que reserves el tiempo necesario para poder solucionar los imprevistos que puedan surgir. Por ejemplo, en el desayuno y las comidas, cuando los niños son pequeños, es probable que se les caiga algo. Tienen que aprender. Si vamos con prisas, en lugar de enseñarles la forma correcta de hacerlo y que nos ayuden con una sonrisa a limpiarlo, lo más probable es que haya un bufido por parte de los adultos porque ya vamos tarde.

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FUENTE: elperiodico.com

Ser madre ¿es difícil la relación con los hijos? Colaboración con EFE Salud

Por Pilar González Moreno | MADRID/EFE/

Ser madre es una tarea ingente. A algunas mujeres les resulta más fácil y a otras complicadísimo. No hay manual de instrucciones que sirva a la hora de relacionarse con los hijos, porque cada uno somos un mundo. La adolescencia es la etapa más temida, pero hay algunas claves que nos pueden ayudar a sobrellevar o sobrevivir a esta y otras épocas. Conócelas en el marco del Día de la Madre

Con ocasión del Día de la Madre, EFEsalud ha hablado con madres e hijos. Cada uno nos ha contado su personal y breve  punto de vista y estos son sus testimonios, resumidos en vídeo.

Además hemos hablado con la psicóloga Silvia Álava sobre modelos educativos, adolescencia, vínculos y redes sociales y también con la psicóloga Amaya Prado sobre el desgaste emocional.

Según Silvia Álava, en líneas generales cuando los hijos llegan a la adolescencia se produce un salto muy importante.

El hijo deja de ser un niño y es consciente de ello, siente que ya es mayor y lo dice: ” No te necesito y en algunos casos casi me estorbas, no quiero que estés tan metido en mi vida”.

En ocasiones los adolescentes también tienden a provocar a sus padres, y “aquí es muy importante que los padres utilicen técnicas de pasar o darse media vuelta”.

“O en ese tono yo no hablo contigo y cuando estés dispuesto a hablar en un tono más cordial o cortés, por supuesto que lo hablamos” .

Con los adolescentes, defiende la psicóloga Álava, hay que seguir hablando y mucho.

Pero “es fundamental elegir el momento en el que vemos que están receptivos, porque a veces lo que hacemos es escoger el momento en el que al adulto le viene bien y ese momento no tiene nada que ver con que el adolescente este receptivo”.

La edad de comienzo de la adolescencia se sitúa entre los 12/ 13 años, es cuando evolutivamente hablando empiezan los cambios en el cuerpo con la pubertad.

“Pero sabemos que el cerebro no termina de madurar hasta los 25 años, entonces hay que ver hasta que punto estamos hablando de hasta donde llega la adolescencia”.

“Sobre todo la zona del lóbulo prefrontal que es la que regula la conducta; y nuestras emociones no maduran hasta esa edad, pero no se puede decir que hasta los 25 se siga siendo adolescente, porque depende mucho de las personas”.

Pero la relación entre madres e hijos, especialmente a partir de la adolescencia va a a estar muy marcada en función del estilo educativo.

Modelos educativos

En líneas generales se puede hablar de cuatro modelos educativos: permisivo, autoritario, negligente y democrático.

Permisivo

Las normas y límites no están claros, un día una cosa y otro día otro, y cuando llegan a la adolescencia les faltan normas para saber por donde pueden ir y por donde no, y – apunta Álava- se encuentran con grandes problemas porque no saben por donde ir.

“Cuando la madre juega el papel de amiga, el adolescente va buscando a veces provocar más de la cuenta para encontrar esa madre”.

“Hay que pensar que madre no hay más que una y es algo genial. Eso sí, ejercer de madre implica que hay que ser un poco rollo y un poco pesada”.

Autoritario

La norma y el límite está muy claros y marcados, “pero es un poco porque lo digo yo y punto”.

En este estilo, los padres nos están abiertos al diálogo, a conversar sobre como nos sentimos, y cuando llega la adolescencia se produce un efecto rebote que lleva a al hijo a querer saltarse todas las normas impuestas.

Negligente

No se atienden las necesidades emocionales, físicas y educativas de los hijos y cuando llega la adolescencia “pueden surgir bastantes problemas, porque los apegos que se han establecido no son sanos en absoluto”.

Democrático

Este  último modelo es el aconsejado. Las normas y limites están claros, consensuados y pactados, con limites nítidos, pero “abiertos al diálogo y al afecto”.

“Aún así el adolescente intentará saltarse el límite, y decirle a la madre que es una pesada”.

La apertura de un espacio abierto al afecto y a los sentimientos y que se pueda hablar de los mismos “favorece el desarrollo de más habilidades y competencias socioemocionales”.

“Y para hablar de las emociones en familia – incide Álava- hay que hacerlo desde que son pequeños”.

“Lo que no se puede pretender es empezar a hablar de emociones con los hijos solo cuando éstos llegan a la adolescencia”.

El mundo del adolescente se amplia y la familia pasa a un segundo lugar. Lo prioritario son sus amigos, que es con los que hablan de sus cosas.

Opina esta psicóloga que si no se ha generado un espacio en el que hablar sobre emociones y/o preocupaciones a lo largo de la niñez intentar hacerlo en la adolescencia “es un poco utópico”.

“Pero si se ha trabajado bien el apego en la infancia cuando tienen un problema saben que pueden seguir acudiendo a sus padres”.

“Intentar hacerlo de repente en la adolescencia es como muy artificial, hay adolescentes que vienen a consulta y se quejan de que a su padre o madre les ha dado por ser superpadres o madres y preguntarles como están o se sienten cuando no se lo han preguntado en la vida, y justo ahora pues son se lo quieren contar”.

Psicóloga Silvia Álava 

Ser madre: vinculación emocional

Los vínculos emocionales se establecen con las figuras de referencia, el padre y la madre, pero se han estudiado mucho más con las madres, son ellas quienes van a las consultas médicas, las charlas escolares…. Aunque esto está cambiando y cada vez hay más padres implicados.

Y en cuanto a que las relaciones hijas/madres son más tormentosas, opina Álava que depende del carácter de cada una y lo que sucede es que hay choques de personalidades.

“Si bien es verdad que aunque culturalmente vamos cambiando hacia una sociedad mas igualitaria, no se educa igual a un chico que a una chica, y a ellas se las exige más en determinados aspectos”.

“También choca mucho el modelo educativo de las madres, que no es el de las hijas, porque todo ha cambiado, pero lo que hay que entender es que el modelo cambia pero los valores tiene que estar presentes y tienen que ser transversales”. añade Álava.

Redes Sociales

“Y antes no existía un aparato conectado con el mundo que es el móvil y hoy en día en los adolescentes no solo les influye su grupo sino también las redes sociales”

Las redes, refiere Silvia Álava, les hace tener posiciones muy idealistas:

“Se despegan de la realidad, no entienden que es un escaparate, y piensan que ellos son unos pringados”.

Finalmente destaca que actualmente se falla en educar en amabilidad y agradecimiento.

“Agradecer y hacer cosas por los demás sin esperar recompensa es un gran predictor de la felicidad”.

También la educación en persistencia y constancia están super relacionados con el logro, y con conseguir las cosas, porque “si no se educa en constancia y esfuerzo, a la primera dificultad abandonan”.

Desgaste emocional

Para Amaya Prado, la tarea de educar y poner límites conlleva dudas e inquietudes, y sí supone una carga emocional.

En su consulta afirma que ve muchas familias con mucho desgaste emocional, por las dudas de si lo estarán haciendo bien o mal, o porque no tienen claro los límites que deben imponer, por la falta de constancia, y a veces porque hay desacuerdo entre la pareja sobre el estilo educativo.

Considera además que actualmente se reflexiona mucho mas “sobre lo que realizamos y además tratamos de ser más certeros”.

“Eso muchas veces entraña desgaste, sobre todo al no tener la seguridad de que lo hacemos bien”.

También hay ocasiones en la que padres y/o madres no son coherentes y constantes:

”No tienen claro tampoco muy bien la función de la maternidad /paternidad y no ponen un límite claro para evitar problemas con los hijos”.

Estos son a su juicio los mayores errores que se suelen cometer.

Luego están también las familias monoparentales “con una carga emocional importante al no tener con quien compartir dudas o responsabilidad”.

FUENTE: EFE Salud