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Cómo funciona el anidamiento: cuando los niños se quedan en la casa y los padres divorciados se la turnan

Por Aldara Martitegui

Explicamos qué es el anidamiento: una solución para separaciones en la que los padres se turnan para cuidar a los hijos en el domicilio familiar

Los expertos coinciden en la complejidad de esta solución aparentemente fácil y cómoda para padres e hijos

Las psicólogas Silvia Álava y Alicia Navarro comparten sus impresiones sobre esta modalidad que va en aumento

Luis y María anidaron a su hija Carla durante 8 meses, cuando por fin tomaron la decisión de separarse. Tardaron en hacerlo porque los dos tenían miedo a que la separación afectara a la niña. “Cuando ocurrió, explica Luis, cuando dimos el paso de sentarnos a hablar del divorcio como un hecho inevitable, los dos pensamos que anidar a Carla en nuestra casa de siempre iba a ser lo mejor para ella. ¡Es que en la práctica llevábamos tiempo haciéndolo! María y yo ya no compartíamos habitación desde hacía meses. Lo teníamos todo a nuestro favor para anidar: Teníamos espacio en casa para tener una habitación cada uno. Yo me alquilé un estudio para vivir la semana que me tocaba estar fuera de casa y María se instaló en casa de sus padres”.

El anidamiento o Birdnesting, es la fórmula en la que cuando los padres se separan,

Los niños permanecen en el hogar familiar y son los progenitores los que se turnan para pasar tiempo con los hijos. La fórmula va en aumento en los países occidentales, pero dado que es una tendencia bastante nueva, aún no hay datos comparativos sobre el bienestar de los niños y de los padres en este tipo de familias respecto a otras soluciones de custodia compartida.

“Cuando nos separamos, continúa Luis, la niña estaba a las puertas de la adolescencia. El anidamiento nos pareció la solución perfecta para no desestabilizar emocionalmente a nuestra hija. Pero eso sí, los dos teníamos clarísimo que el anidamiento iba a ser una solución temporal, como mucho de un año, para que Carla se adaptara mejor a la nueva situación”.

La solución del anidamiento, que había sido tomada por estos padres como medida supuestamente beneficiosa para su hija, resulta que se convirtió en su peor pesadilla

¿El anidamiento puede ser un obstáculo?

Finalmente, el año de anidamiento que Luis y María habían planificado para Carla, se adelantó a 8 meses cuando la niña empezó a tener problemas digestivos. Estuvo ingresada varias veces por molestias que no tenían explicación médica… Al tercer ingreso, los médicos recomendaron a sus padres llevar a la niña a un psicólogo.

Carla fue un caso claro de fracaso de anidamiento. A pesar de la buena comunicación que había entre Luis y María, la niña no comprendió la nueva relación de sus padres. El anidamiento fue para ella como un obstáculo para aceptar que sus padres se habían divorciado y le hizo vivir en un constante estado de ansiedad, preguntándose si volverían algún día e interpretando incorrectamente señales de que sus padres se estaban reconciliando.

La solución del anidamiento, que había sido tomada por estos padres como medida supuestamente beneficiosa para su hija, resulta que se convirtió en su peor pesadilla. Ahora bien, la pregunta que surge aquí es: ¿Cómo habría respondido Carla a otra fórmula de separación?, ¿habría aceptado antes el divorcio de sus padres y se habría evitado toda esa ansiedad? Es difícil saberlo.

Ni la mejor ni la peor solución: hay que valorar muchos aspectos

La psicóloga Silvia Álava insiste en que en el tema de las separaciones nunca hay una fórmula que sea la buena, nunca hay una fórmula que sea la correcta, “Siempre hay que pararse a hacer un análisis en profundidad de cada caso, de cada familia, de cómo son esos progenitores, de cómo se llevan, de cómo es ese niño y esa niña, de si hay hermanos o no, de cómo es nuestra situación económica para, a partir de ahí, parar y decir, mira: esta es la mejor de las opciones”.

A priori el anidamiento no tiene por qué ser una fórmula peor que otras, recalca la psicóloga y mediadora Alicia Navarro dado que “Una separación es normalmente un proceso doloroso que genera una montaña rusa emocional. Así que, no solo los niños y niñas, sino también los adultos van a tener que lidiar con esos altibajos emocionales, independientemente del modo como decidan terminar su relación. Por eso, no creo que el anidamiento sea más perjudicial para la salud mental de las personas implicadas que cualquier otra manera de separase (…) el anidamiento es un fenómeno muy nuevo y todavía no disponemos de datos suficientes para saber de qué modo puede afectar a los niños y niñas y tampoco a los adultos. No obstante, creo que se trata de una de las muchas opciones que se pueden barajar en una familia a la hora de decidir cómo la pareja va a separarse. Me parece una buena solución si lo que se persigue es minimizar los conflictos y maximizar la estabilidad emocional y psicológica de la familia”.

La estabilidad del niño no la da la vivienda, sino los padres

Silvia Álava insiste en la idea de que la estabilidad del niño no la da la vivienda, sino los padres. “El anidamiento, si lo pensamos fríamente, se puede pensar que quizás para los niños puede ser la mejor opción (…) Porque lo que estamos haciendo es que el niño, la niña o los hermanos son los que se quedan en la misma casa y son los padres los que están cambiando. ¿Esto qué implica? Pues que evitamos a los niños ese cambio de tener que hacer maletas o tener que llevarnos sus cosas o los libros del colegio cada vez que hay que cambiar de un progenitor a otro. Desde el sentido común, pensando en el niño, podríamos decir que parece muy razonable”. Pero el papel lo aguanta todo, insiste Álava…la realidad es que luego en el día a día la situación es mucho más compleja.

El anidamiento; una forma más de convivencia

El anidamiento -esta supuesta fórmula tan beneficiosa para los niños- se puede volver en su contra, como ocurrió en el caso de Carla. Pero puede fracasar por muy diferentes motivos…uno de ellos porque no deja de ser una forma de convivencia.

Por eso, apunta la psicóloga y mediadora Alicia Navarro,” creo que esta opción solo puede tomarse de mutuo acuerdo y en el caso en que ambos miembros de la pareja estén preparados para tolerar mantener cierta relación de convivencia: no olvidemos que van a compartir un espacio aunque sea por turnos y que eso puede generar tensiones si las normas no están muy claras”.

Un detalle importantísimo -esto de no olvidar que el anidamiento sigue siendo una manera de convivencia- con el que coincide Silvia Álava, que insiste en que “muchas veces es una solución poco viable porque a nivel convivencia, aquellas cosas que nos llevaron a la separación porque la convivencia no funcionaba, todavía aún se incrementan mucho más porque el roce sigue estando ahí”.

La importancia de la buena relación de la expareja

Una de las premisas de la que hablan los expertos para que el anidamiento pueda funcionar es por tanto que la relación entra la expareja sea excepcionalmente buena.

“Tiene que ser solo en casos de familias que se lleven excepcionalmente bien y que los dos tengan el mismo grado de responsabilidad respecto a los niños y respecto a la casa para que realmente funcione, porque si no, en la vida real es muy complicado”, recalca Álava.

Para evitar conflictos, la mediadora Alicia Navarro recomienda acudir a un profesional de la salud mental que ayude a la familia a entender sus propias emociones y a un mediador que ayude a la expareja a adoptar los acuerdos necesarios y a poner sobre la mesa normas que regulen la situación; “Normas para temas muy cotidianos como por ejemplo el orden y la limpieza, o qué zonas de la casa o elementos particulares no son compartidos -como ordenadores personales, documentos, algunos armarios con enseres privados etc- o qué personas están autorizadas a entrar en la casa cuando el otro miembro no está”.Si, por ejemplo, es una separación en la que uno de los dos se ha separado pero el otro no quería, pues eso hace que se enganche todavía más a la posibilidad de volver (Silvia Álava, psicóloga)

Las dificultades económicas que vienen aparejadas al anidamiento también pueden afectar indirectamente a la estabilidad emocional de los niños. “Hay familias en las que me lo puedo permitir porque esto implica tener tres casas: una en la que que vive el niño y a la que cada uno vamos cada dos semanas y luego la semana que no estamos, cada uno tiene que tener otra casa u otro sitio donde vivir y las complicaciones económicas, pueden influir luego en la relación con el niño”, resalta Silvia Álava.

Porque los padres tendemos a volcar en nuestros hijos nuestras frustraciones y preocupaciones…

Por eso, en una separación, es importante pensar en el bienestar del niño, pero también en el de los padres. Así está emocionalmente el progenitor, así lo va a proyectar en sus hijos.

“No podemos olvidar que estamos hablando de una pareja en proceso de separación, por lo que, emocional y psicológicamente hablando, se trata de un proceso vital complejo para cada uno de los miembros de esa pareja, incluso cuando se trata de una separación por mutuo acuerdo” explica Alicia Navarro.

Un proceso que se agravaría más aún si uno de los miembros de la expareja no ha terminado de aceptar la separación.“Si, por ejemplo, es una separación en la que uno de los dos se ha separado pero el otro no quería, pues eso hace que se enganche todavía más a la posibilidad de volver, de recuperar a la pareja”, puntualiza Silvia Álava.

La importancia de la estabilidad emocional de los progenitores

Esa situación de incertidumbre, inestabilizará emocionalmente a uno de los progenitores y es muy posible que termine salpicando a los hijos.

Álava recuerda que «los adultos somos los responsables de que ese menor esté bien y hay que procurarle y darle todo lo que necesite, tanto a nivel fisiológico, de darle de comer, de llevarle al colegio, de ayudarle con los deberes, pero también a nivel emocional. Y tenemos que ver si la casa que vamos a compartir, a nivel emocional nos ayuda a nosotros a estar bien en esta situación o no. ¡Cuidado! Porque es que si resulta que yo voy a estar todo el día enfadada porque resulta que mi expareja cada vez que llego lo deja todo manga por hombro y yo lo dejo todo recogido y encima tengo que recoger lo suyo… esto puede que llegue a afectar a cómo estoy yo luego con mi hijo o con mi hija”.

Los plazos

En el caso de que la pareja cumpliera todos los requisitos para que el anidamiento funcione, Navarro incluye una premisa importante a la hora de diseñar u organizar un anidamiento: los plazos.

“Todavía no tenemos estudios al respecto, pero creo que, si la intención de anidamiento es buena, es decir, persigue maximizar el confort y el bienestar de todos, se trata de una decisión compartida por la pareja, consciente, meditada, con unos plazos lo más concretos posibles y no demasiados extensos, entonces, se pueden minimizar las consecuencias negativas a nivel emocional (…) y cuando hablo de plazos consensuados y no demasiado extensos, precisamente estoy contemplando la posibilidad de que algún miembro de la expareja -o ambos- comience una nueva relación. Creo que, en este caso, sería muy complejo mantener el anidamiento demasiado tiempo».

Creo que el anidamiento debería ser un proceso de adaptación y quizás no tanto una solución definitiva (Alicia Navarro, psicóloga y mediadora)

¿Qué solución ayuda a tener una mejor estabilidad emocional?

Ambas psicólogas insisten en que quienes tienen la responsabilidad de procurar una estabilidad emocional a los hijos son siempre los padres y las madres y son ellos quienes tienen que ver qué solución es la que ayuda a tener una mejor estabilidad emocional.

En cualquier caso, insiste Alicia Navarro, por muy bien que se alineen los astros a favor del anidamiento, es preferible tomárselo como una solución con fecha de caducidad. “Creo que un anidamiento temporal puede beneficiar a que la familia asimile poco a poco la nueva situación, quizás de una forma menos traumática, y a que los adultos puedan acordar de qué forma proseguir con su separación. Creo que el anidamiento debería ser un proceso de adaptación y quizás no tanto una solución definitiva. De hecho, su nombre, Birdnesting, recuerda a ese proceso en el que las aves cuidan de sus polluelos en el nido mientras no se valen por sí mismos para volar y alimentarse y son los adultos los que van y vienen. Pero fíjate cómo esa situación es siempre temporal».

FUENTE: NiusDiario.es

El ‘duelo por separación’ y otras claves para saber cómo y cuándo presentar una nueva pareja a tus hijos. Colaboración con ElDiario.es

¿Cuándo es el mejor momento para que se conozcan? ¿Y para iniciar la convivencia? ¿Lo llamo «pareja» o lo llamo «amigo»…? ¿Puedo ponerle normas si no es mi hijo?

Por Patricia Gea @patriciageaa

Cerca de la mitad de los niños españoles van a pasar por una separación de los padres. Los últimos datos anuales del INE, de 2019, recogen que el 45% de las parejas que se divorcian o separan en nuestro país tienen hijos menores de edad. A ojos de los niños y las niñas se derrumba el castillo de naipes que constituye su núcleo familiar, el único que tienen de referencia, y es posible que además vayan a conocer a nuevas parejas de sus progenitores, a convivir con ellos y también con la idea de que su padre y su madre no van a volver a estar juntos. «Esta posibilidad late como una pequeña esperanza en su imaginación fantasiosa hasta que aparece la nueva pareja; entonces, se la carga de un plumazo», cuenta Silvia Álava, doctora en psicología.

Situación de las familias reconstituidas en España

Hace una década, la Unión Nacional de Asociaciones Familiares (UNAF) se unió a la Universidad Complutense en la realización de dos estudios sobre la situación de las familias reconstituidas en España, y «una de las conclusiones es que necesitan una intervención específica», explica Gregorio Gullón, responsable del Área de Familias Reconstituidas de UNAF desde el momento de su creación, en 2015. «Llevábamos cerca de 30 años trabajando diversidad familiar en separación y divorcio, y nos dimos cuenta de que había otro momento crítico: cuando empezaban a aparecer las nuevas parejas del padre y de la madre».Publicidad

¿Hay una forma correcta de hacer las presentaciones? ¿Cuándo es el mejor momento? ¿Y para iniciar la convivencia? ¿Lo llamo «pareja» o lo llamo «amigo»…? ¿Puedo ponerle normas si no es mi hijo? «Está muy claro cuál es el rol de los progenitores, pero hay mucha ambigüedad con las nuevas parejas».   

El momento oportuno

Gullón cuenta que una de las grandes dudas que le plantean en terapia es cuándo introducir a la nueva pareja en la vida del niño o la niña. Blima Fernández, psicóloga especializada en familias, aconseja evaluar primero el nivel de estabilidad que se tiene con la persona con que se ha iniciado la relación. «Es imposible saber si va a salir como esperamos o no, cuánto va a durar, pero no es tan difícil saber si hay un proyecto de futuro en mente».

Si no lo hay, la psicóloga recomienda no hacer las presentaciones, porque «el niño va a construir un vínculo y cuando se rompa va a ser doloroso. Nosotros tenemos estrategias para gestionarlo, pero ellos no». En caso afirmativo, añade Gullón, lo que aconsejan en UNAF es «esperar un año desde la separación para presentárselo». Un año es el tiempo medio necesario para superar el duelo por pérdida, en este caso no por muerte sino por separación. «Les explicamos que el punto de partida de las familias reconstituidas es una pérdida, incidiendo especialmente en la persona que decide separarse». 

Duelo de separación

Sobre todo cuando hay hijos, el miembro de la pareja que anuncia que quiere separarse suele llevar tiempo madurando la idea, evaluando las consecuencias de la decisión y elaborando poco a poco el duelo de separación. «Normalmente cuando se decide a dar el paso ya ha superado ese duelo, ha conocido a otra persona y lo comunica a la pareja y los hijos. Le hacemos entender que para ellos el duelo empieza en ese momento: tú estás pletórico, pero tu pareja y tu hijo necesitan tiempo. Un año es suficiente para esto». Pero superar con éxito esta nueva etapa familiar no depende solo de la destreza en el manejo de los tiempos, hay una barrera también complicada, que varía mucho, explica Gullón, según el género y que ocasiona problemas con los hijos y con la propia pareja: el rol que el recién llegado asume (o se le otorga). 

«En nuestra cultura, y también los niños lo pueden percibir así, hay una creencia de que la aparición de la pareja nueva pone en riesgo el espacio que tú y yo tenemos, tanto con la expareja como con los hijos. Sin embargo no hay que caer en el escenario de competir por el amor de papá o mamá, porque en ningún caso la nueva pareja es un sustituto de nadie.»

No es un amigo, es mi pareja

Carlos, de 38 años, soltero desde hace tres, sentó en el sofá del salón a su hijo para contarle que había encontrado una nueva pareja, una persona que le «hace feliz» y con la que ha «comenzado una relación». Pero acabó hablándole de «una amiga», que «vendría a jugar algunos días con nosotros» y que «tenía que tratarla bien porque era muy amiga de papá». En ese momento, explica, no supo verbalizarlo «por miedo a hacer daño a Diego», que solo tiene cinco años. Es un error muy común, señalan las expertas consultadas, a la hora de tener la primera conversación sobre el asunto.

Ser lo más claro posible

«Lo ideal es ser lo más claro posible, evitar engaños o palabras suaves, y decirlo sin miedo: no es una amiga, es mi pareja y a partir de ahora estará presente en nuestras vidas». Mentirle u ocultarle la realidad son estrategias que no facilitan la construcción de una relación de apego segura. «Va a despertar desconfianza en el niño o la niña y estropearlo todo. Uno de los objetivos de los padres, a lo largo de toda la crianza, es que los hijos confíen en ellos», añade Blima. Se puede trabajar con otros mensajes, como que esa persona no va a sustituir al otro progenitor o que no habrá cambios en la frecuencia de las actividades juntos. «A un adolescente se le puede tratar de forma más adulta y preguntarle, por ejemplo, si quiere conocerle». Es importante, en todos los casos, elegir para contárselo un momento tranquilo, agradable, de buena relación y que permita hablar con calma.

Después de darle a nuestra hija o hijo toda la información y hacer las presentaciones, el vínculo «se va a formar poco a poco», explica Álava, así que la paciencia puede ser una buena aliada. «Al principio es mejor hacer actividades fuera de casa, pasar más tiempo juntos progresivamente, intentando sacar conversaciones de cosas que sepamos que le gustan para que se sienta cómodo… Y no obligarle a darle dar besos o abrazos a la nueva pareja si no nace de ellos». La relación avanza bien, es posible que el próximo dilema de la familia reconstituida sea cómo iniciar la convivencia.

El lastre de los roles de género

Es un momento siempre delicado, pero que se complica especialmente en la adolescencia. Y en concreto en la temprana, sobre los 13, 14 años, explica Gullón a elDiario.es. «Hay que ser cuidadoso e ir echando el freno porque en el contexto evolutivo del adolescente supone una crisis, ya que le pedimos que se desvincule de su padre o su madre y se vincule a una nueva persona adulta que, especialmente cuando es un hombre, suele entrar en la casa intentando poner orden». El paso a la convivencia, añade el experto, suele ser más fácil en la infancia aunque los roles no estén bien marcados porque los niños pequeños responden bien a la autoridad, pero en la adolescencia surge la famosa frase: ‘tú no puedes mandarme porque no eres mi padre’.

Padrastro y Madrastra

Lo que se espera del ‘padrastro’, o más bien el rol que acaba asumiendo, es muy distinto al de la ‘madrastra’ por una cuestión de herencia de roles de género. Gullón incide en que «es un aspecto importantísimo en las familias reconstituidas. «De ella se espera que sea la nueva madre, proveedora afectiva y que se ocupe de las tareas domésticas de la casa. Y de él, la otra cara de la moneda, que sea el sujeto normativo que pone y hace cumplir las normas, además del proveedor económico». Si las nuevas parejas se ajustan a estos roles de género, advierte, se condenan al fracaso.

«Cuando trabajamos con ellos les pedimos que vengan a una consulta con su nueva novia, les preguntamos qué tal se lleva con los hijos, y la respuesta es muchas veces, y con mucha alegría: ‘va perfecto, de hecho se llevan tan bien que cuando están tristes no vienen a mí sino que recurren a ella’. Pero eso no es una buena señal», apunta Gullón. «También es muy común que, cuando es ella la que aporta los hijos a la relación, estos son adolescentes y surgen discusiones, llega el nuevo novio como un caballero andante a decirles que no la pueden tratar así. Esto genera problemas con los hijos y además los traslada a la pareja porque a la madre en el fondo no le gusta que la cuestionen y vengan a rescatarla».

En las familias tradicionales

Normalmente estas personas han llevado el mismo papel en su anterior relación, pero en las familias tradicionales se suele sostener mejor. «La recomendación general es que tienen que abandonar esos roles de género, y que son el padre y la madre quienes se tienen que hacer cargo de sus hijos en todos los aspectos: crianza, afectos, económico…”. Explica Gullón que ven a menudo que «cuando la nueva pareja es un hombre, se genera mucha confusión en cuanto al tema económico, también porque algunos padres biológicos no se hacen cargo de la pensión del menor». Les invitan a hablarlo, y no ignorarlo, porque dar por hecho que va a funcionar como proveedor económico «le hace acumular malestar y explotar de la manera menos apropiada». «Si ellos acuerdan compartir gastos, perfecto, pero hay que abordar este asunto».

Una buena base emocional

Antes de llegar al punto del divorcio, el duelo de separación y la presentación de la nueva pareja, venimos tejiendo un tipo de relación con nuestras hijas e hijos cuyas virtudes pueden cambiarlo todo en un momento de crisis. Es lo que en términos de crianza se conoce como ‘Teoría del apego’: de qué forma establecemos el vínculo con ellos para que se críen en un entorno de seguridad emocional. «Si ha habido una cobertura física y emocional de sus necesidades, en los momentos de cambio, como el de conocer a la nueva pareja de su padre o su madre, esta seguridad funciona como un colchón, un factor protector», dice Blima. Así que, para saber cómo puedo introducir la nueva pareja en la vida que tengo con mi hijo y comprender sus reacciones, primero he de entender qué represento para él en ese momento.

Apego en la niñez media

La psicóloga Kathrynk Kerns hace en su libro ‘Apego en la niñez media’ una diferenciación por etapas en la que afirma que, por ejemplo, en la primera infancia, las figuras paterna y materna son el centro social del menor (su todo), y así es percibido por éste aunque durante un periodo de tiempo quede al cuidado de otras personas. Cuando llegan a la escuela el centro de socialización cambia, pero los progenitores siguen siendo las figuras de apego, dice, insustituibles por amistades y cuidadores. Este vínculo se mantiene incluso en la adolescencia, cuando «el papel de las figuras parentales es estar disponible cuando sea necesario, mientras el adolescente hace excursiones al mundo exterior». Blima explica que «estando presentes en cada momento cuando lo necesitan, escuchándoles y dejando que expresen sus emociones, la sensación que van a tener, aunque aparezca una nueva persona, es que pueden contar con nosotros».

FUENTE: ElDiario.es

¿Qué es la mentalidad de crecimiento y cómo potenciarla?

Os adjunto esta colaboración con la revista Padres y Colegios donde presentamos la importancia de transmitir «mentalidad de crecimiento» a nuestros hijos y alumnos:

Cómo detectar y potenciar las virtudes de tus hijos que les ayudarán a ser más felices. Colaboración con La Vanguardia

No debemos confundir las fortalezas del niño, que son parte del carácter, con sus intereses y preferencias

Por Rocío Navarro Macías

Decía Einstein que “todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar un árbol, vivirá toda su vida creyendo que es estúpido”. Si existe un momento en que esta afirmación es determinante es en la etapa infantil. Cualquier niño cuenta con un abanico de virtudes y debilidades. Potenciar sus fortalezas e incidir en aquellos aspectos que le suponen un desafío son fundamentales para que se crezca sin limitaciones.

“No sólo es posible detectar las virtudes en los niños, sino que es totalmente recomendable para que su desarrollo personal sea más completo”, comparte Marta Campo Ruano, Jefa de Psicología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.

¿Cómo identificarlas?

Para poner en marcha la maquinaria que refuerce estas actitudes, primero hay que identificarlas. “Simplemente parándonos y observando a qué se dedica el niño, cómo se comporta o qué deja de hacer vamos a tener bastantes señales sobre cuáles son sus fortalezas”, explica la psicóloga clínica Silvia Álava. El juego es un momento excelente para conocerlas, ya que nos da pistas sobre lo que prefieren, cómo socializan y se ven a sí mismos.

Marta Campo coincide en que la atención al comportamiento es una técnica válida para dar con las fortalezas. “Hay instrumentos de medida diseñados para niños que permiten identificarlas de un modo sistemático. Para ello lo ideal sería acudir a un psicólogo infantil que pudiera hacer una evaluación completa. De manera informal solo hay que estar atento a las preferencias que muestra el niño y a su competencia (sus talentos), facilitándole la exposición a un amplio rango de actividades”.

Atención debemos prestar también a las peculiaridades de cada niño. Son una valiosa fuente de información sobre su carácter y, por ende, sus virtudes. “Sabemos que la persistencia es una fortaleza que está muy relacionada con el logro. Para los padres puede tener una parte un poco negativa, ya que pueden ser un poco cabezotas, pero también significa que son perseverantes para cumplir sus objetivos”, comenta Álava. De hecho, que un hijo sea obstinado puede ser una buena noticia porque comportará ventajas cuando sea adulto.

Una herramienta fácil y efectiva para dar con las virtudes de los hijos es anotar sus actitudes en un diario. Por ejemplo, ¿qué hace que tu hijo esté contento? ¿Cuáles son las cosas que atrapan su atención durante más tiempo? ¿Es generoso? ¿Cómo lo demuestra? ¿Qué es lo primero que dice por la mañana? ¿Y antes de acostarse?

¿Por qué es bueno reforzar las fortalezas de carácter?

Como parte del carácter, las fortalezas son un compendio de factores genéticos y ambientales. Los primeros ya vienen marcados, pero en los segundos influye la educación que los adultos inculquen. “En niños de 4 ó 5 años ya podemos ver determinadas fortalezas del carácter, si bien es verdad que la personalidad se va a ir formando a lo largo de toda la niñez y la adolescencia”, expone Álava.

“A los 4-5 años ya podemos ver ciertas fortalezas del carácter, si bien la personalidad se va a ir formando en toda la niñez y adolescencia”

Silvia Álava

Cuando se identifican, es posible incrementar las emociones positivas. “El bienestar se asocia no sólo con la ausencia de enfermedad, sino con la detección y potenciación de las fortalezas de la persona. Es importante buscar apoyos para reforzar los déficits, pero es igualmente necesario poner atención en las experiencias positivas de los niños y enfatizar el desarrollo de sus habilidades. Así se alimenta su autoestima y disminuyen los comportamientos problemáticos”, advierte Campo.

Asimismo, la experta anima a trabajar con ellas cuanto antes mejor: “Facilitar el reconocimiento de sus propias fortalezas y animarle a que las ponga en marcha debería estar incorporado en el día a día de la familia. La investigación indica que estos puntos fuertes de carácter actúan como factores de protección”. Prevenir problemas de conducta y propiciar las condiciones para un crecimiento pleno son otros de los beneficios de detectarlas.

Las fortalezas son más que intereses

Es importante no confundir las fortalezas del niño con sus intereses. Son conceptos relacionados, pero las fortalezas tiene un alcance más específico. Las virtudes son sentimientos positivos que acompañan al niño cuando desempeña determinadas acciones concretas. Y es en aquellas áreas donde son fuertes las que se desarrollan como intereses.

Por ejemplo, dos niños pueden mostrar interés por los animales, pero uno de ellos disfrutar cuidándolos, mientras otro lo hace entrenándolos. Ambos tendrían el mismo interés, pero fortalezas diferentes.

“Cuando el niño es consciente de que tiene facilidad para desempeñar una tarea, alcanzará un mayor compromiso con ella. A todos nos gusta comprobar nuestros puntos fuertes y tendemos a involucrarnos en actividades que, implicando cierto grado de dificultad, se nos dan bien”, añade Ruano.

Las fortalezas no son preferencias

También debemos diferenciar fortalezas y preferencias. Que tu hijo sea bueno en mates no es una fortaleza, sino algo relacionado con sus preferencias. “La fortaleza es una virtud, está más ligada al carácter. Lo demás son procesos relacionados con la inteligencia. En este ámbito se encuentran la planificación, la capacidad de expresión verbal, el razonamiento lógico, abstracto o matemático, por ejemplo. Hay que diferenciar ambos. Estos últimos están relacionados con las diferentes formas de inteligencia”, cuenta Álava. Y la inteligencia no va ligada a la felicidad, mientras que las fortalezas sí aumentan el bienestar.

Sin embargo, también es importante detectar las preferencias y trabajarlas. Además, estas pueden ser un catalizador para detectar otros aspectos que necesiten un refuerzo. “Por ejemplo, la planificación es un proceso que se puede entrenar, pero hay gente que es más planificada u organizada que otra. Por eso es importante detectar en qué son buenos nuestros hijos y trabajar aquellas parcelas en las que no lo son. Ya que un mínimo de planificación necesita todo el mundo en su día a día”, continúa la psicóloga.

Es importante conocer cuáles son los puntos fuertes y débiles tanto a nivel de procesos como de virtudes del niño para ponerlo al servicio del método de enseñanza. “Así se podría aplicar una educación lo más personalizada posible. Hay niños que funcionan bien en cualquier tipo de circunstancia. Pero existen casos en los que no hacerlo puede conllevar el fracaso del pequeño”, expone Álava. Y añade que en torno a los seis años es un buen momento para adaptarla.

La psicóloga concluye subrayando que identificar el carácter y preferencias de los hijos es una forma de ayudar a los padres a aceptar cómo son: “Asimismo sabrán qué pueden potenciar y cómo ayudarles a mejorar”.

FUENTE: LaVanguardia.com

La infancia expuesta en internet, a debate. Colaboración con El Diario Vasco

El día a día de cuatro de cada cinco bebés españoles de menos de seis meses pulula por internet | «La vida privada de los niños es suya, no de sus padres», advierten los expertos

Por ICIAR OCHOA DE OLANO

El 23% de las criaturas engendradas tiene presencia en internet

«¡¡¡Estamos embarazados!!!». Ecografía de doce semanas de gestación. «¡Es chico!» Compartir; «¡¡¡¡Daniel ya está con nosotros!!!!». Clic; «Daniel en su cunita». Clic; «Daniel ya abre los ojitos». Clic; «El primer baño de Daniel». Clic; «Daniel coge su sonajero»; «Daniel estrena pijama con orejitas de oso»; «Daniel prueba su primer trozo de pan»; Clic, clic, clic. Compartir. Like, Like, like, like… Este ‘modus operandi’ tiene una expresión propia -anglosajona, cómo no-: ‘Sharenting’, el resultado de la fusión de ‘share’ (compartir) y de ‘parenting’ (crianza). Y es una actividad más habitual de lo que puedan sospechar. Mucho más. Hasta el punto de que el 23% de las criaturas engendradas tiene presencia en internet sin que ni siquiera hayan nacido aún, porque sus padres se han apresurado a colgar en las redes sociales imágenes ultrasónicas del feto dentro del útero de la madre.

Ese porcentaje se dispara hasta el 81% para los menores de hasta seis de meses de edad. Dicho de otro modo, cuatro de cada cinco bebés que apenas han cumplido medio año de vida crecen y se desarrollan ante el ojo público. A partir de ahí, el álbum infantil en abierto no para de sumar páginas y volúmenes. Así lo ha constatado la firma de seguridad informática AVG en un estudio que ha elaborado en una decena de países, incluido España, y que acaba de servir poniendo sobre la mesa estos inquietantes datos.

Instagram y Facebook, principalmente, albergan una gigantesca guardería repleta de encantadoras imágenes, estáticas y en movimiento, de bebés llorando, riendo, eructando, chapoteando, estrenando orinal, poniéndose el puré por montera, tirando del pelo de su hermanita, gateando detrás del perro, metiendo el dedo en el ojo de la yaya, chapurreando sus primeras palabras, cantando un ‘hit’ en la sillita del coche… Todo ante la mirada curiosa de miles de millones de desconocidos.

Muchos padres creen que la exposición que hacen de esas imágenes quedará limitada al círculo de sus conocidos directos

«Muchos padres creen que la exposición que hacen de esas imágenes quedará limitada al círculo de sus conocidos directos, pero su alcance suele ser mucho más amplio», afirma Silvia Martínez, experta en Social Media de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). «En primer lugar, porque la mayoría de ellos mantiene un perfil público en las redes, con lo que esas fotografías pueden ser vistas por cualquier usuario, en cualquier rincón del planeta. Por otro lado, aunque los padres hayan limitado la exposición de su perfil haciéndolo privado, en ocasiones los propios conocidos o familiares comparten esas imágenes que les han llegado por las redes (incluso sin disponer de una autorización para hacerlo), lo que amplía el alcance de esas instantáneas».

El informe de AVG estima que la huella digital de los niños que todavía no han soplado las cinco velas se alimenta a razón de doscientas instantáneas nuevas cada año, por mor de sus orgullosos progenitores. Ignorantes, en muchos casos, de que difunden más información sobre sus hijos de lo que creen (por ejemplo, con el geoetiquetado de las imágenes), les colocan en una posición inmejorable para posibles mofas o discriminaciones futuras y les exponen a otros riesgos más espeluznantes, como que les suplanten la identidad para convertirles en víctimas de la pornografía infantil.

«Compartir contenidos y narrar cada avance y logro que los hijos consiguen, comentar sus gustos y preferencias, indicar los sitios que visitan o mostrar espacios tan privados como sus habitaciones puede desencadenar peligros importantes. Todos estos datos ofrecen mucha información a terceros que pueden aprovecharla para intentar alcanzar fines delictivos o incluso atentar contra la integridad de esos hijos», explica Martínez.

Las universidades de San Francisco y Míchigan han analizado por su cuenta este fenómeno -lo han publicado bajo el título ‘Not at the dinner tabble: parents and children’s perspective on family technology rules’- y sus conclusiones sobre el ‘sharenting’ no lo dejan en buen lugar. El 56% de los padres comparte información de sus descendientes potencialmente vergonzante; el 51% facilita pistas más que suficientes para su localización; y el 27% sube fotos directamente inapropiadas.

«Hay que pensar si al niño le gustará ver su vida aireada cuando sea mayor» Silvia Álava| Psicóloga infantil

«Reputación» y denuncias

Más allá del inquietante debate sobre a dónde va a parar todo ese material gráfico, a menudo los progenitores no reparan en otra cuestión de naturaleza bien distinta, pero fundamental: a golpe de ‘clic’, se convierten en los mayores infractores de la privacidad de sus hijos, dado que, exponiendo su infancia, vulneran el derecho a la intimidad de los menores.

La psicóloga infantil Silvia Álava se muestra tajante a este respecto: «La vida privada del niño es suya, no de sus padres». «Tener un hijo es un motivo inmenso de felicidad y es comprensible querer compartirla, pero lo que a nosotros nos parece gracioso, puede que al niño no le haga ninguna gracia. Debemos pensar si cuando crezca le gustará ver su vida aireada ante todo el mundo», enfatiza desde su consulta en Madrid.

Hay más sobre lo que reflexionar. «Cuando sean adolescentes, ¿con qué autoridad vamos a pedirles que hagan un uso responsable de las redes sociales, que se corten subiendo fotos, si es lo que nos han visto hacer en casa?», deja en el aire Álava, quien atribuye la fiebre de muchos padres y madres por ilustrar la crianza de sus hijos con fotos y vídeos de su intimidad a un «intento de realizarse en las redes sociales a través de ellos». «Si quieren un reconocimiento a través de ‘likes’, que no usen a sus hijos», censura. «Vemos a diario a niños que hacen cosas contra sus gustos porque sus padres quieren».

Aún es pronto para conocer las consecuencias

Aunque todavía es pronto para conocer las consecuencias de esta difusión de la vida de los bebés, puesto que se trata de un fenómeno relativamente reciente, ya se han registrado un par de casos en los que hijos han denunciado a sus padres por vulneración de su intimidad. Carinthia, una joven austriaca de 18 años, se querelló en 2016 contra sus progenitores por compartir más de quinientas fotos suyas en Facebook sin su consentimiento. Ese mismo año, Darren Randal, un niño canadiense de 13, hacía lo propio al considerar que las imágenes que sus padres habían subido a las redes sociales arruinaban su «reputación».

«Se ponen en la red muchos datos que alguien puede usar para fines delictivos» Silvia Martínez 1 Experta en Social Media de la UOC

Distintos reglamentos en el contexto internacional protegen a este respecto a los menores. En España, la privacidad de los niños está defendida por la Ley de Derechos y Oportunidades de la Infancia y la Adolescencia de Catalunya, la Ley española de Protección del Menor, el Reglamento de Protección de Datos de la Unión Europea y la Convención de Derechos de los Niños.

Mientras los millones de niños virtuales que pululan por las pantallas ajenas se hacen mayores a la vista de todos y evalúan si aprueban o no la disposición que sus padres y madres han hecho de su intimidad, las parejas peor avenidas han encontrado en el ‘sharenting’ no consensuado un filón para tirarse de los pelos y, en ocasiones, disputarse la patria potestad en caso de divorcio. Uno de los casos más sonados es el de Bisbal y su ex Elena Tablada, a quien ha demandado por exponer a la hija de ambos en las redes sociales.

Desde Pantallas Amigas, una iniciativa para la promoción del uso seguro y saludable de internet y para el fomento de la ciudadanía digital responsable en la infancia y la adolescencia, desaconsejan la práctica del ‘sharenting’. «Los padres tienen la obligación de cuidar la imagen y la intimidad de sus hijos y no el derecho a hacer un uso arbitrario de ella. Compartir imágenes de ellos sin su consentimiento es inadecuado», sentencia Jorge Flores, director de la plataforma, quien anima a usar otras formas «más controlables» de compartir imágenes, como el email o la mensajería instantánea.

La huella digital

  • 23% es el porcentaje de criaturas que ya tiene presencia en internet sin haber nacido aún porque sus padres se han apresurado a subir a las redes sociales una imagen de la ecografía del embarazo.
  • 200 es la media de fotos nuevas que los padres y madres cuelgan cada año en las redes sociales de sus hijos menores de cinco años. Carne de cañón Uno de los riesgos de publicar fotografías de menores es que terceros pueden usarlas como material pornográfico mediante la extracción de la imagen de sus genitales cuando se muestran desnudos o la suplantación de su identidad a través de aplicaciones informáticas.
  • No al ‘sharenting’: Pantallas abiertas, una iniciativa surgida en 2004 para ayudar a los menores de edad y a sus familias a desenvolverse de forma segura y saludable en la red, desaconseja esta práctica. Recuerda a los padres «su obligación de cuidar de la imagen e intimidad de sus hijos», y les anima a emplear otras formas «más controlables» de compartir fotos, como el email o la mensajería instantánea.

Pincha en el siguiente enlace para leer el artículo completo -> FUENTE: DiarioVasco.com

¿Espiar o no espiar a tus hijos en internet? Una interesante cuestión. Colaboración con Empantallados.com

¿TENGO QUE ESPIAR A MIS HIJOS EN INTERNET?

Esta es una pregunta muy habitual que nos hacen los padres, tanto en las sesiones de psicología, como cuando damos formaciones o conferencias específicas sobre infancia e Internet.

¿Qué significa espiar?

Espiar según la RAE es “observar secretamente algo o a alguien”, es decir implica que la otra persona no se entere. Los psicólogos no aconsejamos espiar a los hijos en Internet, pero tampoco aconsejamos dejarles absoluta libertad sin vigilar lo que están haciendo.

¿Cuál es entonces la forma correcta?

Formar, educar en el correcto uso de Internet.

  • Si cuando los niños son pequeños les enseñamos a cruzar correctamente la calle, no les dejamos que vayan solos por la calle, sino que les vamos acompañando y cada vez dándoles una mayor autonomía, con Internet igual. Ningún padre o madre daría un cuchillo a sus hijos sin haberle enseñado a utilizarlo y sin cerciorarse que está preparado para utilizarlo sin correr ningún peligro. Con Internet tendríamos que hacer algo parecido.
  • Se trata, entonces, de formar a los niños desde que son pequeños en el uso correcto de lnternet. Que lo utilicen cuando los adultos están delante, que veamos en qué webs navegan, que conozcamos en todo momento el historial de visitas… pero hacerlo delante de ellos, no como “espías”, sino como parte de su educación y de su formación. Sabemos que existen páginas muy poco recomendables para los menores, páginas que hacen apología de la anorexia y la bulimia, que enseñan y muestran cómo autolesionarse o que incluso incitan al suicidio. Hay chicos y chicas que son más sugestionables y que por ello pueden ser más susceptibles de caer en estas conductas tan poco saludables.
  • El discurso de “Internet es malo” no funciona ni con los niños ni con los adolescentes, porque además no es cierto. Es verdad que Internet entraña peligros, pero también tiene muchas cosas positivas, por ello hay que mostrar, educar y formar a los hijos en su correcto uso.

¿Por qué hacen cosas tan ‘inexplicables’?

Hace poco se publicaba la noticia de que habían sido intervenidas determinadas cuentas en redes sociales porque 110 niños de entre dos y 13 años subían fotos y videos con actitudes eróticas y según la policía el 99% de los padres no lo sabían. En la mayor parte de las ocasiones los menores solo buscaban adquirir notoriedad y likes en sus cuentas.

Por eso es tan importante hablar con los hijos y trabajar que tengan una buena autoestima en su mundo real, para no depender de la aprobación de los demás a través de una plataforma. Es más, muchas veces nos encontramos casos de chicos y chicas aparentemente muy populares en las redes con un gran número de seguidores que en realidad tienen grandes problemas de seguridad personal y autoestima. Eduquemos a los hijos para que entiendan que la vida es mucho más que una pantalla.

¿PATRIA POTESTAD «DIGITAL»?

Por Sonsoles Vidal, abogada de menores

Hemos olvidado que la patria potestad constituye la institución básica «de orden público» del orden socio-familiar.

  • Lo que significa que se trata de un derecho-deber de los padres de carácter obligatorio, es decir, irrenunciable, imprescriptible e intransferible.
  • Por eso la ley otorga a los padres auténticas potestades respecto de sus hijos, bien sean menores de edad o mayores incapacitados, para que las ejerciten en beneficio de los mismos, con la única finalidad de asegurar el cumplimiento de los deberes que incumbe a los padres respecto del sostenimiento, educación, formación y desarrollo en todos los órdenes de sus hijos («entorno digital» incluido).

La opinión pública se empeña en hacernos creer que este derecho-deber de los padres colisiona con el derecho fundamental a la intimidad personal de los hijos, que comprende la inviolabilidad de la correspondencia y el secreto de las comunicaciones.  Sin embargo, el mismo cuerpo legal que recoge estos derechos añade «el deber de los padres de respetar y proteger frente a los posibles ataques de terceros¹».

¿Dónde está el límite entonces?

Por un lado, en la ponderación del «interés superior del menor», cuyos elementos han de considerarse pertinentes, necesarios y proporcionados, de modo que la medida que se tome en interés del menor no restrinja o limite más derechos de los que ampara².

  • Y por otro lado, en el «interés de los padres», a quienes corresponde el deber de velar por los hijos, pues responderán solidariamente con ellos de los daños y perjuicios que causen, salvo que acrediten no haber favorecido la conducta del menor³.
  • En consecuencia, no puede exigirse a los padres la obligación de velar por sus hijos y al mismo tiempo desposeerles de su derecho-deber de control cuando lo consideren pertinente en pro de su educación, formación y desarrollo en el «entorno digital», un espacio especialmente vulnerable por falta de regulación.

Vigilar no es espiar, sino diligencia de los padres en su tarea educativa. El sentido común requiere conocer las amistades virtuales de nuestros hijos, supervisar del espacio digital en que se desenvuelven, informarse del contenido de los videojuegos que les compramos, delimitar el acceso a Internet… 

CONSEJOS DE EMPANTALLADOS
  1. Ayúdate de controles parentales cuando tus hijos son más pequeños. Uno de los más usados es Qustodio, que te ayudará a supervisar la actividad de tu hijo online.
  2. Conoce algunos de los ‘trucos’ que tu hijo utiliza para que no sepas por donde navega en internet, como borrar el historial o navegar de modo incógnito.
  3. Establece algunas normas, antes de entregarles una pantalla. Este contrato puede servirte de pauta para tratar lo más importante. Deben demostrar de algún modo que saben respetar unas normas de educación, de acceso a contenidos, de desconexión… y que sino habrá que volver a empezar.
  4. Edúcales para que tengan una sana autoestima y que no tengan que depender de los likes de sus redes sociales. Habla con ellos sobre el valor de su intimidad, y la diferencia entre poder contar algo y tener que contarlo.
  5. Conoce sus contraseñas.Janell Burley, autora del libro iRules, utiliza una esta metáfora que te puede servir: igual que la puerta del cuarto de tu hijo puede estar cerrada, pero no permitirías que estuviese cerrada indefinidamente… no permitas que tus hijos tengan contraseñas de acceso a sus dispositivos o haz que sean algo compartido contigo.
  6. Acompáñales cuando están empezando, en sus primeras publicaciones en redes sociales o cuando navega por internet. Acuerda con ellos seguir sus perfiles en redes sociales (sin comentar, para no avergonzarles delante de sus amigos).
  7. Y sobre todo… ten en cuenta que la mejor educación es la que consigue que interioricen pautas, de tal modo que hagan lo mismo sin importar si tú estás ahí como si no estás.

FUENTE: empantallados.com

¿Qué saben tus hijos del porno? Colaboración con El Heraldo de Aragón

Casi el 10% de los consumidores de pornografía en internet tienen menos de 10 años. Los expertos coinciden: el porno en la red está minando la capacidad de muchos adolescentes y jóvenes a la hora de poder desarrollar una vida afectivo-sexual sana y saludable, libre de riesgos y para toda su vida.

Por Lucía Serrano y Noemí Gallego

En la pubertad, entre los 10 y 12 años, la curiosidad por el sexo se dispara. Surgen las dudas, las preguntas, el deseo… ¿Cómo saciar tanta curiosidad? ¿Cómo obtener respuestas rápidas cuando, además, el sentimiento de vergüenza -en muchas familias hablar de sexo sigue siendo un tema tabú- es el que más pesa? La respuesta es obvia: viendo pornografía. Y, con las nuevas tecnologías, visualizar este tipo de contenidos es sencillo y está al alcance de cualquiera: basta con un teléfono móvil. ¿Y qué adolescente no tiene uno? El 30% de los niños españoles ya tiene un ‘smartphone’ a los 10 años y el 70%, a los 12. Desde los dos años, juegan con los de sus padres y tienen acceso a vídeos de Youtube. Y ya se sabe: no hay nada más ‘peligroso’ que un adolescente que busca información fuera de casa.

Muchos ven el porno como una representación realista del sexo

Hagamos una prueba: si buscamos la palabra ‘porno’ en internet, en tan solo 5 segundos, aparecen más de 9 millones de resultados. Demasiada información para un tema tan sensible, de acceso inmediato y en manos inexpertas, que está empezando a generar serios problemas entre los más jóvenes, a la hora de abordar su sexualidad. De hecho, algunos especialistas consideran que nos encontramos ante una verdadera ‘epidemia’ silenciosa y que la sociedad aún no es consciente de lo que está ocurriendo.

Menores de 10 años

Y la teoría se sostiene en cifras. Según el proveedor de ciberseguridad Bitdefender, pese a que las webs piden confirmar la mayoría de edad, casi el 10% de los consumidores de porno en internet tiene menos de 10 años. Y Protégeles, asociación sin ánimo de lucro dedicada a la seguridad de los menores en la red, recalca que el 53,5% de los adolescentes españoles de entre 14 y 17 años suele ver porno en internet, mientras que un 4,1% de los menores de 11 y 12 años recibe contenidos sexuales en el móvil. Pero, hay más. Un estudio reciente de la Universidad de Middlesex (Gran Bretaña) arroja unos datos tan significativos como preocupantes: el 53% de los niños y el 39% de las niñas que reconocían haber visto pornografía, la consideraban como una representación realista del sexo. Y El 39% de los adolescentes de entre 13 y 14 años, y una quinta parte de los niños de 11 y 12 años, querían imitar el comportamiento visto en los vídeos pornográficos.

Evidentemente, los adultos somos conscientes de que esas imágenes distan mucho de la realidad y sabemos interpretarlas, pero un adolescente, no. Y, desde luego, desconocen lo que esta conducta, tan aparentemente inofensiva para ellos, les puede provocar. Además, cuanto más jóvenes son y más extremo resulte el material, mayor intensidad tendrán sus efectos. Si la primera toma de contacto de los adolescentes con el sexo es a través de la pornografía, en un futuro no muy lejano, podemos tener serios problemas, ya que estos contenidos suelen ser violentos, agresivos y muestran a la mujer como un mero objeto sexual, siempre disponible. Y, en este sentido, conviene no olvidar que los casos de violencia de género entre adolescentes están aumentando en nuestro país. Algunas chicas, incluso crean sus propios vídeos de contenido sexual y no pocas ven como algo ‘normal’ el uso de una cierta violencia en sus relaciones, que definen como algo ‘erótico’.

Aumentan los casos de violencia de género entre adolescentes

Por eso, es tan importante que los adultos les hagamos entender que eso que ven, nada tiene que ver con la realidad; debemos quitarle la etiqueta de ‘tabú’ al sexo para que puedan acercarse a nosotros, sin esa vergüenza que, en ocasiones, incluso sin darnos cuenta, les transmitimos. Los padres deberíamos convertirnos en su principal fuente de información; si nos cerramos en banda… siempre estará ahí, aguardando, como fuente accesible, el porno. Por otro lado, se ha demostrado que existe una relación directa entre el aumento de la exposición a imágenes sexualizadas y una actividad sexual precoz, así como con otras conductas de riesgo. Si hay algo en lo que coinciden todos los expertos es en que la pornografía en la red está minando la capacidad de muchos jóvenes a la hora de poder desarrollar una vida afectivo-sexual sana y saludable, libre de riesgos.¿Qué pasará cuando un adolescente aborde sus primeras relaciones y compruebe que no tienen nada que ver con lo que conoce a través del porno?

Debemos quitarle la etiqueta de ‘tabú’ al sexo y hablar

En casa y en la escuela

En 2009, la UNESCO presentó las Directrices Internacionales de Sexualidad, en las que se recoge que la educación sexual ha de ser «tan importante como las matemáticas» y la ONU dice que todos debemos tener acceso a una educación sexual de calidad. Pero, en nuestro país, si bien es cierto que en colegios e institutos se imparten charlas, no forma parte del currículo escolar, como ocurre, por ejemplo, en Alemania, donde la educación sexual se imparte en las escuelas y es obligatoria.

La psicóloga infantil y autora del libro ‘Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia’, Silvia Álava, tiene las claves para mantener una charla interesante sobre educación sexual en familia. Álava insiste en que una buena educación afectivo-sexual les hará sentirse mejor consigo mismos y con los demás, y que es básico que los padres no dejemos nunca preguntas sin contestar. «Si te hacen una pregunta y no les respondes -explica-, pueden pasar dos cosas: que piensen que está mal hablar sobre ello, y no nos vuelvan a contar nada, o que busquen la respuesta en internet». También es conveniente que los padres nos anticipemos y hablemos con ellos antes de la adolescencia, «antes de que su grupo de iguales -sus amigos, por ejemplo- nos arrebate el puesto de héroes y confidentes». ¿Y qué pasa si no sabemos contestar o la pregunta nos pilla por sorpresa? Pues les respondemos con otra pregunta, del tipo: ¿tú que crees? o ¿tú qué sabes? Es la mejor manera de saber qué saben ellos sobre el tema. La psicóloga infantil apuesta por respuestas concretas en lugar de un largo discurso, así como por llamar a las cosas por su nombre, con naturalidad, para no convertir el tema en tabú. Debemos ayudarles sin poner pegas, porque, así, nos aseguramos de que acudan a nosotros, siempre que necesiten resolver alguna duda. Si nos ponemos nerviosos al hablar de sexo, podemos probar a mantener la charla haciendo alguna actividad, juntos. Y, un último consejo, pero no por ello menos esperado: si hemos ‘pillado’ a nuestros hijos viendo porno, es fundamental tratar el tema con naturalidad. «Es muy importante que les expliquemos que pornografía y realidad no van de la mano».

Pantallas seguras

En los institutos, los adolescentes reciben charlas sobre educación sexual para que, cuando tengan su primera relación sexual, utilicen métodos que les protejan, tanto de enfermedades como de embarazos no deseados, pero en la red existen otros muchos peligros. Es cierto que los chavales van por delante de nosotros en lo relativo a los ‘smartphones’, pero también es cierto que no son conscientes de los riesgos que corren (virus, ciberacoso -que sufre el 7% de los menores-, cuentas robadas…). Hoy, el filtro de protección más conocido es el control parental, una herramienta que permite a la familia controlar y/o eliminar el contenido al que sus hijos pueden acceder desde cualquier dispositivo. Pero tiene sus lagunas, ya que, ellos mismos pueden desactivarlo siguiendo unas simples instrucciones publicadas en internet. Por eso, la educación en seguridad de toda la comunidad educativa (docentes, padres y alumnos) es imprescindible para conocer los riesgos y los distintos sistemas de prevención que existen en el mercado. Sistemas y herramientas importantes, ya que, volviendo a las cifras y al estudio ya citado de la Universidad de Middlesex, el 38% de los adolescentes de entre 11 y 16 años ven pornografía en un ordenador y el 33% accede desde un ‘smartphone’. Y -atención- cerca del 60%, la ven en casa. De poco sirve prohibirles navegar por internet, si quieren hacerlo, lo harán, y todos sabemos lo que tienta lo ‘prohibido’. De ahí, la importancia de que entiendan los peligros a los que se exponen y dedicarle tiempo en estas cuestiones, a educarlos. Es vital que sepan que es ilegal que los menores accedan a las páginas web con contenidos pornográficos; y es el momento de alentarles para que confíen en nosotros a la hora de hablar sobre sexualidad -insistimos- con total naturalidad.

Noemí Gallego es miembro de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía

¿Compensa separarse y vivir bajo el mismo techo para que los hijos no sufran? Colaboración con YoDona

Por María Corisco

Custodia compartida, ¿lo mejor para los hijos?

  • Cada vez son más las parejas separadas que siguen viviendo bajo el mismo techo. La razón: mantener la rutina doméstica de los menores para evitar que sufran. ¿Compensa?¿Qué riesgos puede entrañar? Expertos y parejas que lo han puesto en práctica coinciden en que no es una opción para todo el mundo.

Puede que suene antiguo, como aquellas lecciones de vida con las que se educaba a nuestras madres y abuelas en la resignación: «No te separes, piensa en tus hijos. Hay que aguantar por ellos». Huele a rancio, pero la realidad es terca y nos dice que todavía hoy son muchas las parejas que, por el bien de sus retoños, deciden seguir viviendo bajo el mismo techo. Sin amor.

Detrás de esa decisión siempre resuena el miedo al sufrimiento de los niños. Lo hemos oído mil veces: «Los que peor lo pasan en una separación son los hijos». Tiene lógica: al fin y al cabo, es algo en lo que ellos no han tenido ni voz ni voto. Es una decisión que toman los adultos, y se encuentran con que sus padres ya no viven juntos, hay dos casas y ellos tienen que ir cambiando de una a otra. No parece muy aventurado pensar que no va a ser un camino de rosas. Y ahí es cuando, si el desamor no se ha convertido en odio, puede surgir la opción de continuar bajo el mismo techo.

Esa fórmula le funciona, al menos de momento, a Ainhoa, de 42 años. «Hace año y medio mi marido y yo llegamos a un pacto de no agresión. Dormimos separados, cada uno puede tener otras relaciones, con discreción, y ponemos un dinero en una cuenta para los gastos comunes. Pero con los niños intentamos mantener las mismas rutinas de antes y está prohibido discutir delante de ellos o hablar mal del otro. No es algo maravilloso, sé que es un fracaso, pero de momento nos compensa. Nos agobiaba mucho imaginárnoslos con la maletita de una casa a otra», explica.

La decisión, está claro, no es sencilla y a menudo se recurre a un profesional para valorar no solo su viabilidad, sino también los compromisos y riesgos emocionales que entraña. «Mantener la convivencia aun cuando el vínculo afectivo se ha roto es algo que vemos de manera habitual en la consulta», explica Silvia Álava, doctora en psicología y directora del Área Infantil del gabinete psicológico Álava Reyes. La tentación de valorar si está bien, mal o regular surge de inmediato, así que la experta nos previene contra el juicio ligero: «No es una decisión sobre la que debamos pronunciarnos: cada cual puede poner el foco donde quiera, ya sea en cómo van a sufrir mis hijos o en cuánto voy a sufrir yo. No es una resolución correcta ni incorrecta, buena ni mala». Prevenidos quedamos, pues.

La siguiente advertencia llega al momento: «Por más que se quiera, no siempre es posible, ni tampoco deseable, seguir juntos. Solo puede hacerse cuando, pese a que la pareja esté rota como tal, se mantenga la comunicación y unos mínimos niveles de convivencia. Si hay muchos reproches, malas palabras o tensión no tiene sentido, porque para los hijos es muy dañino vivir en ese ambiente».

Con ella coincide la psicóloga clínica Maribel Gámez, colaboradora del Club de Malasmadres: «Es muy habitual que las parejas en crisis teman que sus hijos sufran y que, para evitarlo, intenten quedarse juntos. Pero si tienen muchísimas dificultades de convivencia, parece evidente que el ambiente no será el más adecuado para los niños; entre otras cosas, porque se crean unos modelos de maternidad y paternidad que les pueden perjudicar en el futuro. Además, muchas veces el punto de partida es una falsa creencia, esa idea de que lo mejor es vivir con el padre y con la madre, que es así como debe ser, cuando posiblemente sea más adecuado romper una relación nociva y, tal vez, encontrar en el futuro una mejor».

Foto: GETTYIMAGES

Desde la teoría, y en un mundo ideal, explica Gámez, una separación no tendría que ser traumática para los hijos: «Lo que hace daño no es la separación, sino cómo se hace. Si ambos padres se ponen de acuerdo en el modo de comunicarlo, establecen rutinas similares para ambas casas, dejan que se manifiesten las emociones y responden a sus preguntas no tiene por qué ser un drama. Es un momento de transición que hay que saber manejar, y ellos pueden adaptarse». Pero eso, efectivamente, es en un mundo ideal. Con frecuencia las rupturas abren un abismo que va mucho más allá de la pérdida del amor.

Un abismo que no se refleja, claro está, en las cifras del Instituto Nacional de Estadística. En 2017 se contabilizaron en España 102.342 casos de divorcio, y la duración media de los matrimonios fue de 16,4 años, mientras que aquellos en los que se produjo solo separación se mantuvieron juntos más tiempo: 22,7 años. Las cifras muestran también que en el 43,3% de las rupturas los cónyuges no tenían hijos que dependieran económicamente de ellos. Un 46% solo tenía hijos menores de edad y el 5,4% mayores dependientes.

Es un mapa frío, objetivo, sin emociones. No nos permite saber cuánto tiempo se ha aguantado hasta el momento en que se rompe la convivencia, ni tampoco las razones. «En consulta», dice Silvia Álava, «vemos a parejas que, una vez creen que los hijos están preparados, se separan; también hay casos en los que el hecho de seguir bajo el mismo techo hace que se reencuentren y vuelvan a estar juntos, pero son los menos».

No es infrecuente tampoco que la decisión sea unilateral, es decir, que solo sea uno de los dos miembros el que desee dejar la relación, pero decida mantenerla para evitar el sufrimiento de los niños. «Me habría separado mucho antes, pero mi hija tenía siete años, y me pareció mejor continuar», recuerda Isabel, de 43. «No se lo dije a mi marido porque seguramente se habría ofendido muchísimo solo de pensar que yo no lo quería. Además, económicamente no nos lo podíamos permitir», relata. La experiencia de Pedro es diferente:»No sé si es correcto decir que no me separé por mis hijos. Seguí con mi mujer por ellos, porque no podía soportar la idea de quedarme sin la custodia y tener que verlos en fines de semana alternos. Esperé a que fueran mayores y pudieran tener voz; ahora funcionamos con custodia compartida».

Es cierto que la decisión de separarse, o no hacerlo, es poliédrica y confluyen muchos factores a la vez.. «Es interesante tener claro por qué seguimos juntos. Por ejemplo, un divorcio normalmente te empobrece: necesitas tener dos casas, hay gastos que se duplican… Si la convivencia no es tan mala, a lo mejor te compensa seguir. Otras veces se dice que es por los hijos, pero la verdadera razón es el miedo. Resulta importante saber por qué se hacen las cosas», explica Álava. Sobre todo porque, a veces, esta decisión puede utilizarse como arma arrojadiza en el futuro, de ahí que haya que sopesar sus riesgos emocionales, añade la psicóloga:»Se trata de asumirla con todas sus consecuencias, de forma coherente, para que no llegue un día en el que puedas reprochar a tus hijos que renunciaste por ellos a llevar otra vida o a ser feliz. No puedes decirle a nadie que has arruinado tu vida por él».

Otro momento complicado, explican las expertas, es el de la mayoría de edad o el de cuándo se decide que los hijos ya son capaces de entender la separación. Tras años de protección, de que no se enteren de que la relación entre sus padres ha naufragado, se corre el riesgo de, buscando aliados, abrir la caja de los truenos al contarles agravios y ofensas. «Hay que insistir en que los problemas de pareja se circunscriben a ella», recomienda Maribel Gámez, «aunque los hijos sean adultos, no hay que meter cizaña y no hace falta darles más información. Es un error pensar que porque hayan cumplido ya 18 o 20 años tienen edad de saberlo todo. Hay cosas que deben quedar en la intimidad. Si quieres desahogarte, puedes contárselo a otras personas, pero no a los chicos».

Finalmente, el consejo que ambas expertas brindan es el de, reconociendo la dificultad de afrontar una ruptura, no dudar en pedir orientación cuando nuestros recursos no son suficientes para hacer frente a la realidad.

FUENTE: www.elmundo.es/yodona

La educación de los hijos no es responsabilidad de los abuelos. Colaboración con

La educación de los hijos no se puede delegar; es y será siempre responsabilidad del padre y la madre, señala el libro “Queremos que crezcan felices”, de la psicóloga infantil Silvia Álava, en el que destaca que los abuelos pueden ayudar, pero nada más.

Por CERIGUA

En su segundo libro, Álava responde a preguntas como: ¿Hay que ayudarle con los deberes? ¿Cómo conseguir que se vayan a la cama a su hora?, ¿Qué criterios se deben seguir para la elección del colegio?, ¿Cómo gestionar la “paga”?, ¿Y si mi hijo es el único que no tiene móvil?, ¿Debo ser su agenda?, o descubrir ¿Cuándo iniciarles en la información sobre la sexualidad?

Queremos que Crezcan Felices - Silvia Álava

El estudio revela que actualmente los infantes pasan mucho tiempo con sus abuelos, debido sobre todo a las largas jornadas laborales de los padres; sin embargo no se debe olvidar que los responsables de la educación son los padres y nunca deben renunciar a esa responsabilidad.

Asimismo, incluye algunas claves para el entendimiento entre padres y abuelos, como son: los abuelos deben seguir las mismas pautas educativas que utilizan los padres; Dotar a los abuelos de la autoridad pertinente para que los niños sepan que los abuelos aplicarán las mismas consecuencias que los padres.

Los padres no deben quitar la autoridad a los abuelos ni los abuelos a los padres delante de los niños; No se debe ceder ante el chantaje del niño, porque solo se agravará el problema.

En su libro, Álava señala que no se debe mentir a los niños cuando los abuelos enferman y se debe tratar que participen en su cuidado, pero sin asumir responsabilidades que se encuentren fuera de su edad.

Silvia Álava es la directora del área infantil en el Centro de Psicología Álava Reyes y compagina la consulta como psicóloga con la elaboración e impartición de cursos, talleres y conferencias. 

Es experta en Psicoterapia por la European Federation of Professional Psycholgists (EFPA) y profesora de diversos Másteres. Además, es coautora de la enciclopedia “La Psicología que nos ayuda a vivir” dirigida por Mª Jesús Álava Reyes, del libro “Cuentos para comer sin cuentos”, y la guía “Cuidando el amor”, editada por la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid; además, Silvia colabora habitualmente con diversos medios de comunicación.
Fin Cerigua
Ld-Ld

¿Cuándo no debe intentar pillar a su hijo en una mentira? Colaboración para Buena Vida de El País