Entradas

A mi hijo no le gusta disfrazarse, ¿Qué le pasa?

Todo lo que debes saber si tu hijo no disfruta vistiéndose para representar a otro personaje y cómo evitar que tenga pesadillas nocturnas.

Por Laura Peraita

Ante la llegada de Halloween hay algunas familias que se sorprenden cuando su hijo no disfruta nada disfrazándose, puede incluso pasarlo mal, sufrir mucho y, por lo tanto, tiende a evitarlo. ¿Qué le pasa? ¿Es normal?

Disfrazarse no es un juego

El motivo fundamental, según Sonia Castro, psicóloga en el Instituto Europeo de Psicología Positiva, (IEPP), es que estos menores no tienen asociado disfrazarse con momentos de juego. «Podemos encontrarnos a niños a los que les dé miedo este tipo de disfraces (ver a otras personas con ropa y prendas tan diferentes a las habituales, tan chocantes, llamativas, mosntruosas…) les puede hacer sentir inseguros y es comprensible que no lo entiendan y les de miedo. Por otro lado, también hay pequeños que son tímidos a los que les cuesta más de lo habitual enfrentarse a las relaciones sociales. Para ellos, el hecho de ponerse un disfraz puede hacerles sentir ridículos, con mucha vergüenza».

Respetar las decisiones

Ante casos así, la Doctora en Psicología Silvia Álava Sordo recomienda no obligar nunca «bajo ningún concepto» a que se disfrace porque hay que respetar la opinión del menor. «La mayoría de los niños disfrutan en este tipo de fistas, pero no ocurre nada si tu hijo se siente incómodo con un traje extraño con el que no se identifica ni reconoce cuando se mira al espejo. Debe ser siempre una decisión voluntaria del niño. Por ello, los padres deben respetar su individualidad y permitir, en el caso de que acceda, a que sea el pequeño el que elija su disfraz, nunca el que decidan los padres. Y, eso sí, cuidado con las máscaras que el cubren todo su rostro cuando son muy pequeños porque les suelen resultar muy incómodas y les pueden causar dificultades al respirar».

Conocer los motivos

Para afrontar este miedo ante todo lo que representa Halloween, Sonia Castro añade que es necesario conocer los motivos, qué piensa y siente exactamente el niño para que no quiera disfrazarse. Para indagar, una buena comunicación en casa por parte de los padres es imprescindible. También recomienda hablar sobre ello y respetar su decisión, que también es importante; recordarles que los miedos se superan enfrentándolos, y nunca obligarles o forzarles a ponerse un disfraz. «Una buena estrategia —sugiere Castro— es que los padres también se disfracen con ellos, para que no se sientan solos y generar seguridad».

Evitar pesadillas

Para evitar que les quite el sueño o tengan pesadillas y terrores nocturnos, que son frecuentes a partir de los 2 años de edad, Sonia Castro recomienda poner en práctica ciertas pautas para disminuir su frecuencia, sobre todo en fechas como Halloween en la que estamos rodeados de monstruos, telas de araña y disfraces sangrientos.

Explica que si el niño es muy pequeño, probablemente no sepa aún diferenciar realidad de la ficción, por lo que todo lo que vea y observe le puede generar un gran impacto. «Aquí es importante recordarle que lo que está viendo no es real, es de mentira y que los monstruos no existen».

También aconseja tener en cuenta las siguientes pautas:

—Seguir con la misma rutina y repetir las tareas habituales con el pequeño a la hora de acostarse (leer cuento, lavar dientes, etc.). Las rutinas son momentos seguros para los más pequeños.

—Intentar respetar los mismos horarios en la medida que sea posible.

—Evitar pantallas, juegos excitantes y que vean dibujos o películas que los puedan alterar o dar miedo a última hora de la tarde.

— Utilizar lámparas quitamiedos (que emiten luz tenue) ayudan a no estar en total oscuridad.

—Intentar que el niño exprese de manera correcta sus emociones.

FUENTE: Diario ABC