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Consejos si tu hijo ve ‘El juego del Calamar’

Se ha convertido en la serie de moda entre los pre-adolescentes, a pesar de estar indicada para mayores de 16 años. Hablamos con esta especialista en psicología infantil para que nos aconseje sobre cómo abordar y tratar este tema.

Escrito por BEATRIZ G. PORTALATÍN

¿Qué hacer si sé que mi hijo ve ‘El juego del Calamar’?

No hay duda de que El juego del calamar es la serie de moda y tampoco hay duda alguna de que no es en absoluto un buen ejemplo para los niños y niñas. A pesar de que la serie está indicada para mayores de 16 años, se ha vuelto toda una tendencia entre los pre-adolescentes. De hecho, ya hay colegios (en España) que alertan que los chavales en el patio del recreo están imitando los juegos de la serie. Algo según los expertos, nada bueno ni recomendable para su desarrollo. Y los padres y madres deben actuar.

«La serie tiene una estética muy infantil, los protagonistas (adultos) juegan a juegos infantiles que recuerdan a los que hemos jugado todos de niños, pero el problema es que el contenido es muy, muy, muy agresivo. Hay mucha violencia. Y además una violencia muy gratuita: se recrean en ella», explica a laSexta Silvia Álava, doctora en psicología, directora del área de psicología infantil del centro de psicología Álava Reyes y escritora de varios libros, ‘El arte de aprender jugando’ es su último libro.

No están preparados cognitivamente

Aunque es una serie para mayores de 16 años, lo están viendo fundamentalmente preadolescentes, pero también niños y niñas y «a esas edades no se está preparado cognitivamente para entender y procesar tanta violencia. Ni tampoco para entender el sentido de la serie», explica la doctora. Y el problema viene, porque en ocasiones, «hay niños y niñas que no son capaces de digerir esa violencia ni esas escenas tan agresivas y pueden quedar grabadas en la memoria como un elemento traumático. Y esto ocurre», dice Álava.

«Hay niños y niñas que vienen luego a consulta porque una serie o una película les ha dado mucho miedo y se han quedado enganchados a ese miedo, porque no han sabido digerirlo, no han sabido procesarlo bien, y al final, ese miedo acaba repercutiendo en su vida diaria. Todas estas modas pueden interferir y repercutir de forma negativa», cuenta la experta. Así, es importante, respetar la edad a la que se deben ver contenidos con tanta violencia y agresividad.

1. Proteger a nuestros hijos e hijas

Seguramente, muchos niños vean la serie porque «todos la ven». ¿Y cómo voy a ser yo el único/a que no vea ‘El juego del calamar’, si toda mi clase la ve, y además, juegan todos a imitarla en el recreo? En este sentido, es importante recordar a los padres que aunque cueste, y cueste mucho, deben proteger a sus pequeños.

«Es importante, como adultos, como padres y madres, explicarles a nuestros hijos que aunque el resto de la clase vea la serie, no tenemos que hacerlo nosotros también. Y sobre todo hacerles ver que nuestro deber como padres es protegerles, e indicarles que determinados contenidos visuales no son buenos para ellos, para su edad. Que es lo mismo que cuando no les dejamos ir a determinados sitios o a unas horas determinadas», sostiene Álava.

2. Hablar con ellos de los valores que importan

Si ya han visto la serie o les pillamos viendo la serie, sería importante hablar juntos, con nuestros hijos, sobre los «valores» de los que en ella se hablan. Según explica Álava, es clave y fundamental que hablemos con ellos y abordemos juntos lo que han visto o están viendo, que les expliquemos que eso que se muestra esa ficción no está bien, que esos no son los valores que como padres, les queremos transmitir.

Y aprovechar así ese momento -aconseja la experta- para hablarles, nosotros, de los valores que sí queremos transmitirles: que no todo vale por un premio, que el valor de las personas, la lealtad y la amistad están por encima de cualquier juego. Porque ¿de verdad quieres fallar a tus amigos por un premio? Es importante mostrarles como padres lo que está mal del la serie, corregir lo que ya hayan visto e inculcarle nosotros, los verdaderos valores.

3. Y explicarles que sí hay segundas oportunidades

Una de las cosas más sorprendentes de la serie es que no da pie al error, quien falla, directamente, muere. No existen las segundas oportunidades. Y esta ‘lección’ no es precisamente, nada, nada buena. Es importante que los pequeños sepan que el error es fundamental para aprender, que la vida está llena de oportunidades, que para ganar, hay que fallar una y mil veces. Y que como dice Michael Jordan, uno de los mejores deportistas de todos los tiempo, «en mi vida he fracasado una y otra vez y es por ello por lo que he tenido éxito».

«Vivimos en una sociedad en que el error es algo muy penalizado y estas series además, no ayudan. A muchos jóvenes les genera problemas de ansiedad. Los niños no quieren fallar por miedo, porque piensan que los demás les considerarán inferiores y esto les llevará a la inseguridad y reducirá su autoestima… «Es por ello que debemos trabajar en el error, explicarles y enseñarles a nuestros hijos que no pasa nada por fallar, que es parte del proceso de aprendizaje. Que vamos a fallar una y mil veces en nuestra vida», concluye Álava.

FUENTE: LaSexta.com

¿Qué puedo hacer? Mi hijo muerde

A los 2-3 años, los niños empiezan a morder para hacer daño. La psicóloga Silvia Álava nos da consejos para poner fin a esta situación

Por .María Dotor Periodista + INFO

Los niños, desde que nacen, exploran con la boca. Su modo de conocer el mundo que les rodea es llevándoselo a la boca, lo que explica que muerdan y chupen todo tipo de objetos. Pero es alrededor de los dos o tres años cuando las madres y padres empezamos a notar que nuestros hijos muerden de otra manera: con fuerza y haciendo daño. ¿Es normal este comportamiento? ¿Cómo debemos reaccionar los adultos? ¿Hay alguna estrategia para evitarlo? De esto hablamos con la psicóloga Silvia Álava.

¿Es normal que mi hijo muerda?

Lo primero que tenemos que saber es que es totalmente normal que los niños muerdan. “Hasta que el lenguaje no está completamente desarrollado, los niños no tienen recursos/habilidades para defenderse, para expresarse… y recurren a métodos más rudimentarios, como puede ser morder” nos explica Silvia Álava. Por tanto, “cuando los niños son tan pequeños, no debemos darle tanta importancia al hecho de que muerda”, lo que no significa que no tengamos que enseñarle que morder no está bien. “Aunque sepamos que es algo normal, nosotros no debemos validarlo, y debemos ir explicando al niño que morder no está bien, que morder hace daño a la otra persona”, aclara Álava.

¿Qué hacer si mi hijo muerde?

Ahora que ya sabemos que es totalmente normal que nuestros hijos muerdan como forma de expresar sus emociones, entre ellas el enfado, o para defenderse, también tenemos que tener claro que ,nosotros, los adultos, no debemos validar esta forma de actuar. Por tanto, ¿cómo debemos actuar? Silvia Álava nos da algunas pautas:

  • Estamos hablando de niños muy pequeños, que no dominan en lenguaje, por tanto, hay que evitar discursos muy largos, porque no los van a entender.
  • En cambio, sí podemos utilizar frases cortas, contundentes del tipo: “No, no mordemos”. “Que nos muerdan, duele”. Y acompañar estas palabras con un gesto de dolor, tristeza. Que vean en nuestra cara que no está bien lo que ha hecho.
  • Enfadándonos , regañándoles o castigándoles no conseguiremos nada, pero es que además, le estamos lanzando un mensaje contradictorio: nosotros queremos que ellos tengan habilidades para expresar emociones o pedir las cosas sin recurrir al mordisco, y nosotros le estamos dando un modelo agresivo, así no sirve. Desde la calma les explicamos, de forma sencilla, que morder duele.

Cuando ya empiezan a ser un poquito más mayores (a partir de los 4 años), podemos desarrollar su empatía: “cuando a ti te muerden, te duele. Por tanto, tú no muerdas, porque haces daño”.
Trabajar el lenguaje de nuestros hijos, para que aprendan a pedirnos las cosas, aunque sea con gestos. Porque, cuando puedan expresarse con el lenguaje, como ya no necesitarán recurrir al mordisco, dejarán de morder.

¿Cómo puedo conseguir que mi hijo no muerda si tiene ya 5 años?

¿Qué ocurre si muerde un niño de 5-6 años, que ya tiene completamente desarrollado el lenguaje?

“Esto ya no es tan normal, por tanto, en este caso, los padres debemos ser muy contundentes, con frase tipo: “Me ha dolido mucho el mordico que me has dado, lo siento, pero yo no juego con quién me muerde”. En este caso, estamos hablando de un niño que sí tiene estrategias y recursos para expresarse y, aún así, recurre al mordisco.

Cuando haya pasado un rato, nos dice Álava, “debemos preguntarle por qué mordió y ayudarle a entender que el enfado le ha llevado a morder”. El siguiente paso sería invitarle a “buscar juntos formas de expresar el enfado que no pasen por hacer daño a los demás, porque, recordemos, el niño no puede evitar sentir una emoción, en este caso el enfado, pero sí puede ir aprendiendo a controlar la forma en la que expresa dicha emoción”.

Fuera etiquetas

A menudo, los adultos etiquetamos a los niños en función de sus conductas: “Este niño es un vago, es violento, es competitivo”. En este caso, un niño que muerde, puede ser etiquetado como mordedor. “Las etiquetas tienen dos problemas fundamentales: el primero es que son muy fáciles de poner, pero muy difíciles de quitar. Las ponemos porque forman parte del modo en el que funciona nuestro cerebro, nos vienen muy bien, pero una vez etiquetamos a una persona, ésta tiende a comportarse de acuerdo con la etiqueta que le hemos puesto, lo cual acaba condicionando sus oportunidades y su desarrollo”, nos recuerda el psicólogo Alberto Soler.

Por tanto, evitemos etiquetar a nuestro hijo, simplemente, digámosle que su conducta no está bien. “Cambiar el verbo ‘ ser’ por el verbo ‘estar’ suele funcionar”, nos dice Alberto. En vez de decir que tu hijo es agresivo (porque muerde), decir que está comportándose de forma agresiva. De esta forma, diferenciamos al niño de la conducta

FUENTE: EducarEsTodo.com

TÚinnovas, nuevos proyectos en marcha

El curso comienza en TÚinnovas, como en los “coles”, con cambios, nuevos compañeros y nuevos objetivos. Nos toca presentar la incorporación de Silvia Álava Sordo al equipo; ello supone una gran alegría porque la psicología en manos de una persona tan honesta, generosa y enérgica es la fórmula que, cada vez más, necesitamos. La conocida cara de Silvia, por sus constantes apariciones en Medios se nos hará aún más cercana en las actividades que compartiremos desde este curso.

Para comenzar, le hacemos una pequeña entrevista:

1.- Vivimos en momentos de recesión lenta pero paulatina del covid y me gustaría pedirte un consejo diferente para cada uno de estos sectores: Profesorado – Alumnado – Familias.

La pandemia por la COVID-19, nos ha pasado factura a todos, niños, adolescentes y adultos, y el coste emocional ha sido muy elevado. No podemos obviar algo así y es importante conocer su efecto para, a partir de ahí, intentar paliarlo.

Sabemos que las situaciones traumáticas no se reducen a los accidentes o a las catástrofes naturales. Cualquier vivencia con un alto impacto emocional puede convertirse en traumática, si no somos capaces de “digerirla”. Es decir, cuando lo que nos ocurre tiene tal intensidad emocional que no podemos procesarla de forma racional, como un evento más de nuestra memoria, y se queda grabado como un trauma en nuestra mente. Por eso, desde que se inició la pandemia los psicólogos insistimos tanto en ventilar las emociones, en dejar espacio para poder decir cómo nos sentimos, aquello que nos esta pasando… Para ello os recomendamos:

  1. A los profesores: entender que las emociones están presentes en el aprendizaje, y que pueden beneficiarlo o entorpecerlo. Que poniendo las emociones a nuestro favor la dinámica del aula funcionará mejor y los alumnos aprenderán más. Por tanto, atendamos a esas señales de nuestros alumnos que indican que necesitan ayuda. No se trata de hacer terapia en clase, pero sí que sientan que nos importan ellos como personas, no sólo sus notas.
  2. A los alumnos: sabemos que el año pasado no fue un curso más, que fue muy complicado a muchos niveles, por tanto, este año es normal que algunos temores y preocupaciones sigan presentes. Perder el miedo a pedir ayuda. Si lo estás pasando mal, o tienes que afrontarlo todo tú solo o tú sola, hay muchas personas y profesionales dispuestos a ayudar. Y no olvidemos ser empáticos, no juzguemos gratuitamente a los compañeros, no sabemos qué les ha ocurrido, cuáles son sus circunstancias… pongámonos en su lugar, entendiendo sus motivos y no juzgando sus emociones.
  3. A las familias: crear un clima de confianza donde podamos expresar nuestros sentimientos sin temor a ser juzgados. Esto necesita de un tiempo y de un espacio. No es algo que se pueda despachar de forma rápida a la salida del colegio o del instituto. Quizás podemos establecer cenar todos juntos, sin dispositivos electrónicos que nos distraigan, para poder comentar cómo nos sentimos.

2.- En lo referente a tu experiencia como psicóloga educativa, ¿qué estrategias le recomendarías desarrollar al profesorado para poder afrontar su labor diaria, preservando su salud física y mental?

 En estos momentos mi consejo a todos los docentes es que se cuiden mucho y bien. Sabemos que durante el confinamiento trabajaron muchísimo, algunos con pocos medios y poca formación. Que el curso pasado, si salieron las cosas adelante, fue gracias a su empeño y a su dedicación. Cuidáis de los alumnos, muchas veces a costa de olvidaros de vosotros mismos.

Paremos un segundo y reflexionemos ¿Cuántas veces sacamos las fuerzas de donde ya no nos quedan, por seguir cuidando a los demás? En ningún momento se trata de dejar de cuidar a los alumnos, sino de que no te olvides de ti mismo/a. Que reserves, aunque sean unos minutos cada día para poder estar contigo y contemplar lo que sientes y lo que necesitas. Negar las emociones no suele ser una buena idea. Las emociones actúan como mensajeras de información importante para nosotros. Obviándolas sólo conseguiremos que terminen apareciendo de otra forma (somátizándolas). No obstante, más peligroso aún que negar nuestras emociones, es negar nuestras necesidades. Todos necesitamos descansar y no siempre lo hacemos. Por tanto, llega el momento de aprender a escuchar qué es lo que necesitamos.

3.- ¿Nos podrías poner ejemplos concretos, sobre diferentes situaciones habituales, de hasta dónde puede intentar ayudar un profesor a un niño con problemas en su aula y dónde está la línea para derivar a otra persona especialista?

 Un profesor es mucho más que un trasmisor de aprendizajes. Es una figura de referencia para los alumnos, un adulto que los conoce, los entiende y puede llegar a ser una figura importante en su vida. Los alumnos necesitan ser vistos por sus profesores, sentir que son importantes para ellos, y también saber que pueden contar con ellos si tienen problemas. Por tanto, es necesario que validemos sus emociones, que les mostremos nuestra comprensión, nuestro apoyo, y cuando sintamos que ese niño o esa niña necesita algo más que no le podemos dar, ya sea por falta de tiempo, o de conocimiento, o porque detectemos que puede tener un problema, será el momento de que le/la podamos remitir al especialista.

4.- Eres autora de una tesis, bastante reciente, sobre el TDA-H. ¿Podrías ofrecernos algunas de las conclusiones más relevantes sobre el trastorno o sobre sus implicaciones educativas?

Es complicado resumir una tesis doctoral en pocas líneas, no obstante, lo vamos a intentar. Los problemas de aprendizaje en los niños son mucho más comunes de lo que en un primer momento imaginamos y sus consecuencias, tienen un efecto más allá del fracaso escolar, dado que afectan a la autoestima y seguridad de los niños y pueden acarrear problemas emocionales.

El 20% de los niños en edad escolar presentan problemas de aprendizaje. Entre un 5% y un 10% presentan un trastorno específico del aprendizaje, y entre un 5% y 10% un trastorno por déficit de atención. Si no son correctamente diagnosticados y tratados puede conllevar un fracaso escolar. El objetivo de mi tesis doctoral era conocer el perfil del TDAH y del Trastornos de aprendizaje (TA) para poder realizar una evaluación diferencial, dado que el tratamiento y las estrategias de intervención son diferentes. Por eso en mi tesis doctoral realizamos varios estudios con 518 niños con problemas de aprendizaje, de los cuales 255 presentaban TDAH y 263 un trastorno de aprendizaje.

Para ello comparamos las diferencias en el perfil intelectual entre los niños con TDAH y TA con la escala de inteligencia WISC-IV, y las diferencias en los procesos atencionales, tanto en la atención sostenida, como selectiva. Conocer los procesos implicados y dónde están las dificultades específicas de cada grupo, permite mejorar el diagnóstico diferencial y sobre todo, atender a las necesidades de cada grupo para elaborar programas específicos, como las adaptaciones curriculares para compensar dificultades específicas, o por ejemplo, en el caso de los TDAH, la baja velocidad de procesamiento o las dificultades en los procesos que requieren el uso de la memoria de trabajo; y sobre todo a nivel individual. Conocer los puntos fuertes y débiles de cada alumno nos permitirá aprovechar todo su potencial, dado que de esta forma podremos ayudarle en las áreas donde tenga dificultades, compensando con aquellos procesos donde tiene una mayor facilidad.

 Como conclusiones del estudio hallamos, que:

  • El TA y el TDAH no tiene relación con la medida de inteligencia global CIT.
  • A igualdad de inteligencia, los sujetos con TDAH procesan la información de forma más lenta que los sujetos con TA.
  • El problema de los TDAH parece residir en el control temporal, fallan cuando ellos tienen que gestionar su tiempo, no cuando los tiempos vienen predeterminados por la tarea.
  • Los TDAH tienen dificultades en las tareas que requieren el uso de la Memoria de Trabajo.
  • Los sujetos con TDAH tienen dificultades tanto en la atención selectiva como sostenida.
  • El origen de las dificultades académicas es distinto: los niños con TDAH tienen una escasa capacidad para inhibir estímulos y cambiar su foco atencional, y los sujetos con TA no tienen problemas de atención (Preston et al., 2009).

Respecto a la evaluación de las dificultades de aprendizaje:

  • Las diferencias entre el TDAH y el TA se pueden predecir usando pruebas tanto de atención sostenida como de atención selectiva.
  • Es necesario utilizar medidas de ambos tipos en la evaluación clínica.
  • El WISC-IV podría ser de utilidad para hacer un diagnóstico diferencial entre los niños con TDAH y los niños con dificultades de aprendizaje.
  • El WISC-IV, el CTP-II, el Caras y el d2 podrían ser de utilidad a la hora de realizar un diagnóstico diferencial entre el TDAH y el TA, además de ayudar a planificar una intervención individualizada y ajustada para cada sujeto.

FUENTE: tuinnovas.com

«Nos enfadamos mucho con los hijos, somos los padres los que debemos cambiar» Colaboración con ABC

Por Laura Peraita

¿Cuántos padres se sienten en alguna ocasión desesperados porque sus hijos no paran quietos y tienen que estar todo el día regañándoles?

¡Calma! «Los niños no es que sean malos, ¡es que son niños!», al menos así lo asegura la Doctora en Psicología Silvia Álava. «Son niños y, de vez en cuando, tienen algún comportamiento que es incorrecto. Eso no significa que sean malos. Lo primero que hay que hacer es pensar, «esto que está haciendo mi pequeño, ¿es lo que yo espero?». A veces los padres pueden resultar demasiado exigentes y tienen expectativas muy altas. Si yo espero que mi hijo se siente a comer y esté quieto sin moverse ni molestar, lo mismo tengo que bajar mis expectativas porque los niños se mueven y hacen ruido».

Otra cosa diferente, añade, es cuando se observa que actúan con cierta maldad, que insultan, pegan…, que no son capaces de conectar con las emociones ni los sentimientos de las personas que les rodean, no son conscientes del daño que hacen y, además, no se arrepienten ni piden perdón. «Eso es diferente y ahí sí tendríamos que trabajarlo con ellos».

Yo valgo

Lo habitual es que a partir de los dos años entren en una etapa de rabietas porque empiezan a sentirse personitas lo suficientemente mayores como para darse cuenta de que «yo valgo», y es la forma de demostrárselo a sus padres con esa rabia. «Este tipo de comportamiento no implica un problema, pero si cuando supera los cuatro años continua con estos estallidos emocionales tan fuertes con los que se hace daño y hace daño a los demás, entonces los padres sí que deben pararse y observar qué le está pasando, las causas para analizar su comportamiento y cómo le podemos ayudar. Entre otras cosas, habría que sentarse a su lado y hablar sobre lo ocurrido: ¿por qué has hecho eso? ¿Cómo te has sentido? ¿Cómo crees que se han sentido los demás? De esa forma va a ser mucho más productivo que un grito o castigo».

Fomentar el sentido crítico

No obstante, la autora de «Queremos hijos felices» apunta que los niños copian el comportamiento que observan en sus adultos de referencia, sus familiares, profesores y en los compañeros de clase y gente que ven en las redes sociales. «No se trata de prohibirles todo aquello que no sea de nuestro convencimiento para que solo vean el mundo que yo quiero mostrarles, sino fomentar en ellos el sentido crítico de que lo que están viendo, que quizá no es nuestro modelo ideal. En ese caso —matiza— podemos ver con ellos esos vídeos en redes sociales y reflexionar con ellos, plantearles ¿tú que opinas? ¿Qué piensas de lo que hacen? Si se va con otro discurso, con el de «mira qué mal lo están haciendo, qué barbaridad», es una fórmula que no funciona porque, incluso, les estamos transmitiendo cierto atractivo para ellos. Es mejor comentar, saber qué opinan e intentar cambiarles la idea inicial si era equivocada o perjudicial».

Agotados

Lo que ocurre en su opinión es que los adultos están a veces tan agotados que cualquier cosita que haga un niño, por pequeña que sea, les enfada. «Vamos a pararnos y a no poner el foco solo en lo que hace o dice mi hija, sino en lo que yo hago porque, en ocasiones, las primeras personas que deben cambiar somos nosotros. Hay que resetear y ver cómo arreglar la situación para no gritar porque el grito nos suele salir en automático debido a que tengo mucha prisa en que el niño desayune para ir corriendo al cole y no llegar tarde a la oficina. Eso no ayuda a la educación».

Añade que, para conseguirlo, los padres deben estar en sintonía «porque lo del poli bueno y poli malo no funciona. Las normas y los límites siempre tienen que estar marcados por los dos miembros de la pareja. Otra cosa es que como tenemos personalidades diferentes lo gestionemos de forma distinta, pero la norma y el límite tiene que ser siempre el mismo», concluye.

FUENTE: Diario ABC

La cartera de papá y mamá no es infinita, cuanto antes lo sepan mejor

Aunque les cueste entenderlo al principio, para los niños el dinero es un concepto abstracto, la psicóloga Silvia Álava aconseja enseñarles el valor que tiene.

CRISTINA RAPOSO Miércoles, 28 abril 2021, 22:21

Nos guste o no, el dinero es parte de nuestras vidas. Muchos lo consideran el «elixir» de la felicidad del ser humano. ¡Qué disparate! Pensaran. Y tal vez estén en lo cierto, pero es innegable que ayuda. La crisis económica que ha dejado a su paso (y sigue dejando) el omnipresente virus ha abierto una gran brecha en la cartera de miles de personas. Y en una sociedad en la que reina el consumismo, no es tan descabellado asegurar que, al menos, sí que aporta tranquilidad. Quienes no son capaces de llegar a comprenderlo del todo son los pequeños. Y es normal, para ellos el dinero no es más que un concepto abstracto con el que papá y mamá «compran cosas». Habrá quien considere que «ya tendrán tiempo para ser responsables con sus finanzas». Sí, desde luego, pero cuanto antes lo aprendan mejor. No olviden que son pequeñas esponjas que absorben los comportamientos y costumbres de sus mayores. «Aunque les cueste entenderlo al principio, hay que educarles el valor que tiene el dinero. Tienen que ver de primera mano que las cosas cuestan un dinero. Que participen es muy beneficioso, pero también que conozcan de dónde sale», sostiene Silvia Álava, psicóloga del gabinete madrileño Álava Reyes.

La responsabilidad de su propio dinero

Lo que recomiendan los psicólogos es que se les dé una pequeña paga semanal (a partir de los ocho años está bien). De este modo, ellos mismos adquieren la responsabilidad de su propio dinero. «Tienen que aprender que cuando se acaba no hay más. Gestionarlo es el mejor modo para que le den el valor que realmente tiene», apunta la experta. Y reconoce que es «muy bueno» que nos acompañen a hacer las compras, que les hagamos algún encargo relacionado con ellas, o incluso que la revisemos. «Además de practicar y perfeccionar el cálculo matemático, de este modo comprobamos si nos han devuelto bien el cambio, o si podemos comprar algo más con las vueltas. Lo importante es que estén acompañados y que vayan viendo cómo funciona la vida», explica.

Ojo con premiar cualquier acto

Con lo que hay que tener cuidado es con financiarles «a demanda» o con premiarles porque han cumplido «alguna tarea». Deben aprender que una familia coopera y trabaja junta, y premiarles monetariamente por haber recogido la mesa está lejos de ser una buena idea. «No han de ser cantidades muy excesivas. Aunque en la familia no existan problemas económicos, no es bueno que los niños o los adolescentes tengan mucho dinero porque no sabrán valorarlo. Tienen que aprender lo que cuestan las cosas. Tener mucho dinero solo les generará problemas y frustración. Y así no aprenderán a ahorrar porque no les será necesario», subraya Álava.

Es cierto que la vida cada día está más cara. Ahora ir al cine y tomarte un refresco con unas palomitas casi que es un artículo de lujo. Pues más aún para los menores. Pero no sientan lástima. Ojo, que tampoco hay que apartarles de su círculo de amigos y negarles el participar en cualquiera que sea el plan (también nos podemos estirar dándoles una propinilla mayor de vez en cuando). Pero deben aprender o, más bien, experimentar lo que la experta llama «la bienvenida al mundo real». «Muchos padres me dicen que si no les dan mucho dinero no pueden ir al cine y comprarse unas palomitas o quedarse a cenar después. Y sí, es así. Pero en la vida tenemos que aprender a elegir. Puedes entrar a una tienda y que te encanten tres vestidos, pero realmente, solo puedes comprar uno. Se trata de un aprendizaje vital. Si no les enseñamos esto, de mayores estarán frustrados. No se puede hacer todo. Hay que enseñarles que a veces hay que escoger, y que, en ocasiones, hay que coger un trabajo extra», manifiesta la profesional.

La tarjeta «infinita»

Algo crucial también es que nos vean pagar en metálico porque la tarjeta para los niños es como el bolsillo mágico de Doraemon, pide y se te dará. «Conviene que nos vean pagar con dinero porque estamos hablando de una cosa abstracta para ellos y deben ver el billete, en físico. Tienen que ser conscientes de que la tarjeta tiene un límite. Es muy recomendable explicarles que nuestro dinero está en el banco y que cada vez que pagas se descuenta», avanza la psicóloga.

Y si nuestro adolescente de hormonas revueltas nos lanza la posibilidad de querer buscarse un trabajo, calma, que ello no quiere decir que vaya a abandonar los estudios. Ni mucho menos. De hecho, es una gran oportunidad para que comience a familiarizarse con el mundo laboral y el de las finanzas. Sus finanzas. «A veces, ese trabajo se lo podemos dar nosotros mismos. Como pedirle que nos pinte y lije la verja. No hay que ser unos padres autoritarios, hay que dejarles que vayan experimentando la capacidad de decisión. Y, lo más importante, qué es lo prioritario», aconseja.

FUENTE: elcorreo.com

¿Cómo mantener la atención en las clases online? Colaboración con Padres y Colegios

Os adjunto mi colaboración en la edición de enero en la Revista Padres y Colegios: ¿Cómo mantener la atención en las clases online?

¿Qué decir a los niños en estas Navidades tan diferentes? Informativos Telecinco

Los expertos recomiendan cambiar los pensamientos negativos por realistas

A pocas semanas de Navidad nadie tiene dudas de estas fiestas van a ser muy diferentes. La incertidumbre y la tristeza por no poder celebrar las reuniones de otros años están haciendo mella en el estado de ánimo de muchas personas. Los expertos recomiendan cambiar los pensamientos negativos por pensamientos realistas para afrontar esta Navidad tan atípica, también cuando nos dirigimos a los niños. Por ejemplo, Cecilia explica a sus hijas que este año también los Reyes Magos serán prudentes.

Para que los más pequeños entiendan esta Navidad atípica es importante validar sus sentimientos. «Decirles algo así como: ‘entiendo que estés triste, da mucha rabia que este año no vamos a estar con los primos. ¿Qué se te ocurre que podemos hacer?'», explica Bárbara Martín, psicóloga infantil. «Un dibujo para los primos de París, que no los voy a ver», propone la hija de Cecilia.

Ante la situación actual hay que cambiar el discurso. «Aceptamos nuestros sentimientos dándolos importancia y focalizando en lo que sí que podemos hacer: escribir una carta con todo lo que estamos sintiendo o escribir una carta a aquellos que son importantes», recomienda la psicóloga Silvia Álava.

Además, es importante elegir bien el ocio porque «cuando el ocio es activo, no pasivo, nos ayuda a encontrarnos mucho mejor y a regular las emociones».

La decoración juega un papel importante para levantar el ánimo

La decoración también juega un papel importante para levantar el ánimo. Montse Fullola, decoradora de Becara, recomienda «colores siempre sobrios, pero muy alegres» y mesas muy cuidadas, aunque sean para dos. Además, cree que es imprescindible incluir un «elemento de purpurina», iluminación en la entrada del hogar y en el árbol bolas de cristal para crear reflejos de luz de paz y esperanza.

Pincha en la foto para ver el vídeo de la Noticia:

Qué decir a los niños en estas Navidades tan atípicas - Informativos Tele5
https://www.telecinco.es/informativos/sociedad/que-decir-ninos-navidad-coronavirus_18_3051045131.html

FUENTE: telecinco.es

¿Hemos aprendido algo de la crisis por Covid-19 en la educación? Colaboración con Padres y Colegios

Os adjunto mi última colaboración con la revista Padres y Colegios, la revista digital para familias con hijos en edad escolar centra en la educación desde los 5 años hasta la mayoría de edad.

¿Hemos aprendido algo de la crisis por Covid-19 en la educación?

Pincha en la portada de este número de octubre para leer gratis toda la revista:

El juego y la actividad física, esenciales en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños. Colaboración con El País

Por NACHO MENESES

Las pantallas son la principal fuente de ocio de los menores, pero las actividades que implican ejercicio físico son los que provocan una mayor sensación de felicidad

Jugar no es simplemente jugar, sino mucho más. Correr, jugar al pilla pilla, a los médicos, a las cartas, al fútbol, al ajedrez o incluso a un videojuego, son actividades fundamentales en el crecimiento de los niños, porque cuando estos juegan, están a la vez aprendiendo, asimilando valores y consolidando muchos procesos intelectuales, desarrollando sus habilidades sociales y emocionales y construyendo el adulto sano en el que un día se convertirán. Una visión que comparten al menos nueve de cada diez padres, que consideran que el deporte y la actividad física son claves para el desarrollo socioemocional de sus hijos, según el I Estudio sobre los beneficios del juego y la actividad física en niños, elaborado por Galletas Príncipe junto con la psicóloga Silvia Álava y la consultora Ipsos.

Prácticamente la totalidad de los padres que han participado en el informe (más de un millar de progenitores de niños entre cuatro y 12 años) reconocen el papel esencial del juego en el crecimiento de sus hijos. No se trata solo de que disfruten con dichas actividades, sino de que, sin saberlo, aumentan su capacidad de aprendizaje. “Hay una gran cantidad de trabajos científicos que han demostrado que a través del juego se potencian las funciones ejecutivas, se ayuda a mejorar el rendimiento matemático, el desarrollo lingüístico, la inteligencia fluida, la memoria de trabajo y el procesamiento de los niños, entre otras materias”, afirma Silvia Álava. Beneficios que son igualmente críticos en su bienestar emocional y social, ya que los niños establecen lazos de amistad, desarrollan habilidades sociales y promueven las relaciones entre iguales.

¿Qué juegos les hacen más felices?

En este verano, el de la pandemia de coronavirus, seguramente no sorprenda a nadie que cuatro de cada 10 padres reconozcan en este estudio que las pantallas digitales son, con una media de 9,8 horas semanales, la principal fuente de ocio de sus hijos, independientemente de su edad y muy por encima de los juegos tradicionales (6,2 horas), el deporte (5,5) y las manualidades (5,1). A fin de cuentas, la tecnología ha sido uno de los principales aliados de las familias durante el confinamiento, a todos los niveles: profesional, escolar y personal, para entretenernos y para mantenernos cerca de nuestros seres queridos.

Pero cuando se les pregunta por los juegos que hacen más felices a sus hijos, el 50 % de los padres señala al ejercicio físico: “Cuando nos movemos o practicamos deporte, cuando jugamos de esta manera, generamos endorfinas, que es lo que hace que nos sintamos especialmente bien”, sostiene Álava. “Aparte de que, como seres humanos, no dejamos de ser animales que deberíamos estar mucho más en movimiento que sentados”, continúa. “Ahora que estamos en verano y se puede salir a la calle, es importante facilitar que los niños se muevan, que corran al aire libre, que jueguen con la pelota… Sobre todo este año, ya que no sabemos lo que puede pasar cuando empiece de nuevo el colegio”.

De acuerdo con el estudio, los padres consideran que tanto el deporte como los juegos que conllevan actividad física son los que más favorecen el desarrollo cognitivo de sus hijos, ayudándoles a tomar decisiones, a resolver problemas y a entender el mundo. “Les sirven mucho para adquirir la capacidad de autocontrol, primero porque empiezan a controlar su movimiento y porque eso les ayuda a dominar su mente y su conducta. Les hace más rápidos a nivel mental y mejoran mucho la capacidad de inhibición: como sé controlar mi cuerpo, también puedo controlar mi mente y lo que hago”, razona Álava. Este tipo de actividades, además, suele tener un efecto positivo en su autoestima, en bajar una posible ansiedad y que haya menos depresión. “El juego les ayuda a comprender el mundo emocional, tanto sus propias emociones como las de los demás niños; aprenden a regular sus emociones, a calmarse y, desde un punto de vista social, a seguir unas reglas y a resolver conflictos”.

Evitar o no las pantallas es un dilema que separa a la comunidad científica, ya que mientras algunos autores aseguran que no afecta negativamente al desarrollo emocional de los niños, otros sostienen que un uso excesivo de las mismas lleva a mayores niveles de ansiedad y a conductas agresivas. “Las pantallas pueden generar emociones desagradables como enfado y tristeza, por tener que dejar de jugar o no poder hacerlo; algo que no sucede con los juegos tradicionales (de mesa, puzles, construcciones, muñecos) o los de ejercicio físico”, recuerda Álava. Por otra parte, en la actualidad hay numerosos videojuegos diseñados específicamente para mejorar el rendimiento escolar, como el sentido numérico o la competencia lectora.

A cada juego, sus ventajas

De acuerdo con los expertos, el juego es importante siempre, independientemente de la edad de los niños. Pero cuanto más pequeños son, “más importante es dedicar tiempo al juego, sobre todo fuera de las pantallas”, insiste Álava, para desarrollar todos los procesos cognitivos y emocionales, ya que es cuando tienen una mayor plasticidad cerebral y resulta más relevante hacer este tipo de estimulación. “Siempre decimos que los seis primeros años de vida son vitales, pero sobre todo los dos primeros. Si un niño no es correctamente estimulado, hay que tener cuidado, porque puede llegar a pasar factura a nivel emocional e incluso intelectual”.

¿Pero qué beneficio aporta cada actividad? “El juego simbólico (jugar a ser mamás y papás, o médicos, o conductores) favorece mucho el desarrollo emocional y del lenguaje, además de toda la parte de la atención y la función ejecutiva”, recuerda la psicóloga. “Los juegos de reglas favorecen el desarrollo cognitivo, al igual que los juegos interactivos; para el rendimiento matemático, los de construcciones y el ajedrez; para el cálculo, las cartas; y para el autocontrol, la inhibición y la velocidad de procesamiento de la información, los juegos con actividad física”.

FUENTE: ElPais

Problemas psicológicos del confinamiento en los niños. Colaboración con Tele5

La Fundación ANAR ha atendido a más de 15.000 peticiones de ayuda por problemas relacionados con violencia y psicológicos durante estos últimos meses.

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