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La vianda escolar, consejos para una alimentación saludable en la escuela

Claudia Guimaré nos propone planificar el menú y la compra, cuestionar las etiquetas, buscar alternativas saludables fuera del super y animarte a lo casero.

A falta de estrés, buenas son las viandas…

Si para muchos padres la alimentación de los chicos en general puede ser un verdadero dolor de cabeza, la comida en la escuela puede agregar un estrés adicional a nuestra dinámica familiar, máxime cuando esta vuelta a clases viene marcada por nuevos protocolos instalados en muchos colegios debido a la pandemia actual.

Asegurarnos de que coma, pero que además coma bien, es decir, combinar lo saludable con lo que a nuestro hijo o hija le guste comer, puede implicar verdaderos malabares a la hora de pensar menúes. Y si además a esto le agregamos la preocupación por cuestiones bromatológicas de que el alimento llegue en perfecto estado al colegio, la cosa puede llegar a tornarse un verdadero rompecabezas.

Por eso en esta nota te dejamos algunos consejos e ideas para que el armado de la vianda no te agobie y que de paso, puedas aprovechar esta instancia para inculcar hábitos de alimentación saludables a tus chicos.

Educar el paladar es clave

Los expertos señalan que la comida preferida en la infancia genera emociones que determinan nuestros gustos alimenticios para el resto de nuestras vidas. Por ende, un chico para el que la ida a McDonald’s es el punto cúlmine de su felicidad semanal, será un adulto mucho más proclive a alimentarse con comida chatarra, buscando inconscientemente recrear esa sensación de placer y felicidad vivida en la infancia. La temprana infancia es el momento para educar el paladar de nuestros hijos y mostrarles que comer sano, no es comer feo o aburrido.

Una buena noticia

Lo primero que debes saber es que, si bien como en todo siempre hay excepciones, por regla general los niños que comen poco o mal en casa se convierten en buenos comedores en la escuela como por arte de magia (ya sea que lleven vianda o que almuercen la comida de la institución), como señala Silvia Álava, psicóloga española especialista en Psicología Educativa y autora de “Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron”. Esto no tiene que ver con la comida en sí, sino más bien con el entorno en que se encuentran.

A diferencia de lo que pasa en casa, cuando están “lejos de la mirada de papá y mamá, la actitud del niño hacia la comida cambia, porque ahora la comida es simplemente un momento más del día” que comparte con amigos de manera distendida” explica. Y por ello, la vianda escolar, ya sea almuerzo o merienda, puede ser la oportunidad para introducir nuevos alimentos y de paso, asegurarnos que la única opción que tenga el niño en ese momento, sea saludable.

La planificación es la clave

Lo primero que podemos hacer para organizar las viandas escolares sin colapsar en el día a día, es planificar bien y con tiempo el menú semanal.

Para esto es ideal empezar por listar aquellas cosas que sabemos a nuestros hijos les encantan y las que no tanto pero a las que no opondrán resistencia y así tener un primer pantallazo de lo que sabemos que si mandamos, van a comer seguro. Y luego listar algunas cosas que tengamos intención de ir incluyéndoles poco a poco.

De esta forma, y con eso a la vista, nos será más fácil no sólo pensar las combinaciones que nos permitan ir “mechando” los alimentos que queremos introducir con los que son un éxito asegurado, sino que además, podremos armar menúes variados y balanceados (tomando en cuenta que contengan proteínas, vitaminas, carbohidratos etc) y de paso también organizar la lista del súper, puesto que las compras de último momento y a las apuradas, son más factibles de terminar incluyendo alimentos procesados o golosinas cargadas de azúcar para salir del paso.

Comprar sabiendo qué compramos: hay que leer la etiqueta

Una vez que tenemos claro qué cosas necesitamos comprar, la segunda clave está en entender cabalmente lo que estamos comprando, lo cual hoy día puede ser una tarea agotadora. Etiquetas diminutas que requieren de una lupa y un listado de componentes de nombres extraños nos llenan de información que más que aclarar nos confunde. Pero no leer la etiqueta implica, en palabras de Soledad Barruti, periodista dedicada a la difusión científica de cuestiones vinculadas a la industria alimenticia y autora de los libros “Malcomidos” y “Mala leche, el supermercado como emboscada”, firmar un cheque en blanco.

Para esta escritora, la enorme mayoría de las etiquetas son “una engañapichanga” que no dicen lo que realmente tienen que decir y dicen muchas otras cosas que nos terminan guiando para mal. Ahí es cuando surgen las preguntas: ¿Qué galletitas son más sanas? ¿Si el colorante es natural entonces es bueno? ¿Si un alimento es fortificado, entonces no contiene sustancias nocivas? ¿Todos los conservantes son malos? ¿Sabor a chocolate implica que tiene chocolate de verdad? ¿Si la patita de pollo dice que es 100% carne de pollo, significa esto que su principal ingrediente es verdaderamente carne de pollo?

Para no volverse loco, conviene empezar por informarse un poco sobre alimentos ultraprocesados y cómo interpretar lo que las etiquetas declaran, para evitar comprar jugos de naranja que de naranja no tienen más que el color del envase o galletitas o cereales que esconden bolsones de azúcar, maíz ultra procesado, harinas malas y aceites baratos, y hacerlo no sólo en pos de darle algo sano a nuestros hijos hoy sino porque el abuso de estos alimentos ultraprocesados moldea el paladar de los chicos para su futuro.

Y como dice Barruti, “luego de comer lo que hoy se entiende por un yogur, una fruta ya no les sabe a nada”. Les recomiendo seguir a Barruti en las redes, así como también a Marina Koppmann, en “Cazabacterias”, toda una referente en la región sobre temas de bromatología, para más información seria del estilo. También puede ser útil para cuando se nos agoten las ideas, seguir instagramers que ofrezcan ideas de menúes saludables para chicos.

Una de mis favoritas es LO QUE LOS KOALAS COMEN. Hay muchas opciones, cuentas de ig y grupos de Facebook. Es sólo cuestión de empezar a bucear de a poco y les aseguro, suma.

Escapar del supermercado

Para muchos de nosotros, que nos criamos a base de chivitos canadienses, tener hijos fue el disparador para comenzar a tomar conciencia de la calidad de lo que comemos en casa. En mi caso por ejemplo, amigarme con una dietética del barrio, fue un gran descubrimiento para empezar a cambiar el chip.

Podemos descubrir budines o galletas sin azúcar, endulzados a base de estevia, o con algarrobo para sustituir al chocolate, jugos de fruta con probióticos, sin colorantes ni conservantes artificiales, frutos secos o frutas disecadas como rodajas de pera, manzana, chips de banana etc o leches chocolatadas a base de soja, maní o almendras.

En todo caso hay mucho para probar sabiendo que es ensayo y error ya que algunas veces encontraremos opciones geniales en sabor y otras que a los ojos (o paladar) de nuestros hijos, no le ganen ni a palos a sus competidoras no saludables.

Algunas opciones para tener en mente

Aunque parezca una tarea difícil, si nos organizamos, podemos lograr una variedad de opciones saludables de merienda con poco esfuerzo. La diferencia en calidad entre unas galletitas caseras y otras industriales es inconmensurable.

Para combatir la pereza de hacerlas en casa, se puede hacer una vez una masa abundante y frizarla en porciones y cada tanto, descongelar una porción y hornear algunas pocas. Hay mil recetas sencillas que no llevan más de 10 minutos de preparación y nos aseguramos que contengan buenos ingredientes, chocolate de verdad, azúcar en la cantidad justa etc. En casa hacemos tipo cookies americanas con chips de chocolate, galletitas de manteca y de limón.

Los budines por ejemplo son otra opción sencilla para hacer en casa y escapar a los del supermercado. Se pueden cortar en rodajas y frizarlas en sobres de nylon por separado y cada noche simplemente sacás una porción para el día siguiente. En casa hacemos de limón con glaseado y pan de banana con miel y dulce de leche, ¡una bomba!

Lo mismo podemos hacer con productos de panadería comprados, como medialunas, muffins, tartas, pan de chocolate etc, congelarlas separadas e ir sacando a diario.

Los cereales (sueltos o en barritas) son de los alimentos más engañosos al punto que hoy, muchos son más una golosina que un cereal propiamente dicho. Por ello conviene escapar de las marcas del super y comprarlos en dietéticas y mercados naturistas. También están las “tutucas” y las almohaditas rellenas de diferentes sabores hechas con muy poca azúcar y manteca.

Snacks o postres

Ya sea como snack o como postre, es ideal enviar siempre algo de fruta a diario. Las más comunes como manzana y banana deben ir idealmente con cáscara para evitar su oxidación y pelarse en el momento. De no ser posible, podemos recurrir a mandarina en gajos o uvas (cortarlas al medio por seguridad para evitar atragantamientos) bien envasadas o también se puede recurrir a fruta deshidratada como rodajitas de banana, pera, manzana, ananá etc que también se venden en las dietéticas y son muy sabrosas.

Bebidas

Escaparle a las gaseosas y las aguas saborizadas es lo primero. Podemos enviar jugo de fruta, si es comprado, siempre que sea en envase tetra cerrados o si tenemos vaso térmico hermético podemos hacer jugos naturales o licuados de fruta o verdura tipo smoothies caseros. Un truco es, si no tenés vaso térmico, congelar una botellita de agua por las noches para que se vaya derritiendo a lo largo del día y asegurarte de que siempre tenga agua fresca.

Comidas

Si de enviar sólo comidas frías se trata, rollitos de jamón y queso o bastoncitos de queso, empanadas de distintos sabores, buñuelos, muffins de queso y verduras, o porciones de tarta nos pueden sacar del apuro.

En el caso de las tartas si son de verdura escurrir bien el relleno y blanquear la masa de la base para que no se humedezcan y desarmen. Comidas como la tortilla o incluso la pizza, también sirven ya que nadie les dice que no aun frías. Rodajitas de choclo hervido y huevos duros, son prácticos, ricos y admiten ir fríos. Pero cuidado con el huevo, la yema debe estar bien cocida.

¿Con qué más hay que tener cuidado? Con los sándwiches porque al contener manteca deben conservar el frío para ser seguros. Por ello deben enviarse siempre en envase cerrado y lonchera térmica únicamente. Con los tomatitos cherry ya que por su diámetro pueden ser peligrosos en atragantamientos, por ello hay que cortarlos siempre en dos o en cuatro.

Por último, debemos evitar las comidas con mayonesa incluida y enviar los aderezos siempre a parte, en sachette o en un envase cerrado a parte y en frío.

Envasado: Loncheras, platos y botellas

A la hora de envasar, por cuestiones bromatológicas es bueno hacerlo todo por separado, sobre todo cuando se manda pollo o pescado e intentar envasar cuando la comida ya está fría, ya que con el calor, muchos alimentos producen bacterias con gran rapidez.

Utilizar platos con separadores no sólo facilita el emplatado para que la comida no se mezcle sino que también colabora para armar comidas más “vistosas” para los niños, separando los alimentos por tipo o incluso color, ya que los niños, al igual que los adultos, también “comen con los ojos”.
La elección de la lonchera es fundamental. Si precisamos que mantenga el frío o el calor, ojo con comprar demasiado económicas.

Hay unos tuppers para loncheras de la marca Joseph Joseph que son realmente geniales y que tienen diversos compartimentos superpuestos pero cerrados de manera independiente para llevar lo fio y caliente o lo salado y lo dulce separados así como también vasos térmicos para las bebidas, contenedor especial para los cubiertos y hasta recipiente pequeño para los condimentos, ideal para quienes no pueden comer la milanesa sin mayonesa por ejemplo!! o para agregarle el aceite de oliva a los cherries.

Si disponemos de botellas o vasos térmicos que cierren herméticos, podremos enviar jugos o licuados naturales de fruta o chocolatadas hechas en casa con cacao auténtico. Y si no tenemos vaso térmico, tenemos el truco de la botella de agua congelada para que se vaya descongelando durante el día y así tengan agua fresca siempre.

En resumen: planifica el menú y la compra, cuestiona las etiquetas, busca alternativas saludables fuera del super y anímate a lo casero organizándote en casa.

Los estudios indican que los niños son quienes en realidad digitan el 75% de las compras de alimentos del hogar, por lo que comenzar a preocuparse por la alimentación de nuestros hijos puede ser el punta pie inicial para revisar algunos de nuestros hábitos alimenticios y que todos salgan ganando.

Claudia Guimaré

Claudia GuimaréLa socióloga uruguaya y especialista en marketing y comunicación es la fundadora de Mamá estimula. En el grupo que administra desde Argentina, comparte materiales educativos y soluciones para padres.

FUENTE: ElPaís.com.uy

#Vídeo Hablamos del #HambreEmocional en Saber Vivir

Durante el confinamiento se ha disparado el consumo de dulces y snacks. Y la mayoría de las veces recurrimos a este tipo de alimentos, no por apetito, sino por lo que se conoce como “hambre emocional”: el origen está en algún tipo de emoción desagradable que no hemos sabido regular.

Os explicamos cómo podemos controlar mejor nuestros impulsos y adicciones a la hora de comer, ¡toma nota!

Para promover una alimentación sana es necesario trabajar la educación emocional. Colaboración con Padres y Colegios

Estar informados no es suficiente

Casi todos los días recibimos noticias alarmantes sobre la relación entre la obesidad y enfermedades como la diabetes, el cáncer… Con los niños y niñas este problema es, si cabe, todavía más alarmante. La obesidad infantil está considerada como uno de los mayores retos a nivel mundial y un problema de salud pública de primer orden por las complicaciones de salud asociadas. A nivel nacional, según el Estudio Aladino, un 43% de los niños españoles entre 6 y 9 años presenta exceso de peso. El sobrepeso tiende a mantenerse e incluso agravarse en la vida adulta y existe una alta prevalencia de problemas a nivel psicológico y social en los niños y niñas con obesidad infantil. Por todo ello es fundamental fomentar unos correctos hábitos de alimentación saludables tanto en la familia como en la escuela, siendo necesario inculcar a los menores los cuidados básicos del cuerpo.

Un 43% de los niños españoles entre 6 y 9 años presenta exceso de peso.

El hambre emocional

Las causas de la obesidad infantil son múltiples y sería necesario hacer un análisis en profundidad de cada caso. Sin embargo, muchas veces, detrás de una ingesta compulsiva y atracones, está el hambre emocional, que hace que sigamos comiendo pese a estar saciados, porque se trata de una mala regulación de las emociones. En estos casos, las personas suelen elegir alimentos ricos en grasas o azúcares. Al comer este tipo de alimentos, se experimenta una intensa sensación de placer a causa de la liberación de endorfinas y dopaminas en el cerebro. Sin embargo, la comida no sirve para regular las emociones, dado que en cuanto acabe el placer momentáneo de comer, las emociones que desencadenaron las ganas de comer permanecerán. Por eso, es necesario trabajar desde el origen del problema, el déficit en la regulación emocional.

Las emociones se educan en la familia y en la escuela

Y muchas veces se hace sin mucha planificación. Dada la importancia que sabemos que tiene el correcto manejo de las emociones a la hora de mantener una buena pauta alimentaria, es necesario establecer una metodología que ayude a mejorarlas ya desde niños. Para ello, es conveniente realizar una intervención planificada, e introducir un buen Programa de Educación Emocional.

Programa de Educación Emocional

La inteligencia emocional es la habilidad para percibir, valorar y expresar la emoción adecuada y adaptativamente; comprender la emoción y el conocimiento emocional; acceder y/o generar sentimientos que faciliten las actividades cognitivas y la acción adaptativa y regular las emociones en uno mismo y en otros (Salovey y Mayer, 1990).

La percepción emocional

La primera habilidad de la inteligencia emocional es la percepción emocional. Se trata de enseñar tanto a nuestros hijos como a nuestros alumnos, qué es lo que están sintiendo, que aprendan a identificar y expresar correctamente su emoción. Si esta primera habilidad falla será muy complicado regular la emoción. Cuando hablamos de sobrepeso, muchas personas tienen problemas para identificar correctamente lo que sienten, no son conscientes de ello, sólo saben que se sienten mal, y que ingiriendo alimentos ricos en grasas y azúcares conseguirán de forma momentánea sentirse mejor por la liberación de endorfinas y dopaminas. Pero dicha mejoría tiene un efecto muy corto, solo dura mientras comen, por eso aparece un círculo vicioso en el que no pueden parar de comer. Por ello, insistimos tanto en la correcta expresión de las emociones. Saber que estoy experimentando una emoción desagradable y que comer no es la solución es el primer paso para regular las emociones y evitar el atracón.

La facilitación emocional

La segunda habilidad es la facilitación emocional, utilizar la información que nos proporcionan las emociones para poder hacer una buena toma de decisiones, saber que, si me siento así, es por algo, no obviarlo ni intentar taparlo con la comida. Indagar en esa información, utilizarla para conocerme mejor y poder mejorar mi relación con el entorno.

La comprensión emocional

La tercera habilidad es la comprensión emocional, entender por qué me siento de una determinada forma, cuál es la causa de emoción, y también las consecuencias de esta. Saber qué me pasa y cuál es la causa, ayuda a regular correctamente las emociones, porque podemos pensar una mejor solución. Cuando conocemos por qué se ha originado una determinada emoción, sabemos que comiendo no vamos a encontrar la solución a nuestro problema, incluso puede que se agrave porque estamos perjudicando aún más nuestra salud.

La regulación emocional

La última habilidad de la inteligencia emocional, la más compleja y la que tiene una relación más directa con la obesidad, es la regulación emocional. Solo cuando sabemos exactamente qué emoción sentimos, conocemos cómo nombrarla y cómo expresarla correctamente, las causas y las consecuencias de esta, y la hemos aceptado, es cuando podemos regular la emoción utilizando estrategias más sanas y saludables que comer de forma compulsiva para tapar las emociones desagradables que sentimos en nuestro día a día.

Todo este aprendizaje es necesario trasladarlo a los más pequeños.

FUENTE: PadresyColegios.com

El hambre emocional que esconde la obesidad infantil. Colaboración con La Tribuna de Albacete

Por Ana Soteras (EFE) 

El sobrepeso y la obesidad afecta al 43 por ciento de los niños españoles. Atajarlo con dieta y un aumento de la actividad física en la mayoría de los casos no es suficiente. Detrás se esconde el hambre emocional, una forma de comer desequilibrada e impulsiva, que requiere tratar psicológicamente al menor y a su familia.


En las XXIV Jornadas Internacionales de Nutrición Práctica, celebradas este mes en la Fundación Pablo VI de Madrid por la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (Sedca), el programa Entren y la educación emocional fueron algunos de los asuntos tratados.


La psicóloga Silvia Álava destacó la importancia de la educación emocional como base de una alimentación sana y subrayó que, cuando se aborda la obesidad en niños, hay que evaluar también a la familia desde el punto de vista emocional y de hábitos que transmiten a sus hijos. «Las estrategias de intervención contra la obesidad deberían estar dirigidas a ingerir una menor cantidad de alimentos y a aumentar la actividad física, pero en muchos casos eso no es efectivo ya que puede haber problemas emocionales detrás», aseguró la especialista en psicología clínica y educativa.

Tristeza o ansiedad suelen ser las emociones más frecuentes que se esconden detrás de comer de forma compulsiva alimentos insanos ricos en grasas o azúcares.

FUENTE: latribunadealbacete.es

El hambre emocional que esconde la obesidad infantil. Colaboración con EFE Salud

El sobrepeso y la obesidad afecta al 43 % de los niños españoles. Atajarlo con dieta y un aumento de la actividad física en la mayoría de los casos no es suficiente. Detrás se esconde el hambre emocional, una forma de comer desequilibrada e impulsiva, que requiere tratar psicológicamente al menor y a su familia

El hambre emocional que esconde la obesidad infantil

Infografía cedida

Detectar el hambre emocional y tratar de una forma global a los menores es lo que lleva a cabo el programa ENTREN de intervención psico-familiar interdisciplinar En determinados centros de salud y un hospital de la Comunidad de Madrid impulsado por el grupo de investigación ANOBAS de la Universidad Autónoma de Madrid.

En las XXIV Jornadas Internacionales de Nutrición Práctica, celebradas este mes en la Fundación Pablo VI de Madrid por la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA), el programa ENTREN y la educación emocional fueron algunos de los asuntos tratados.

La psicóloga Silvia Álava destacó la importancia de la educación emocional como base de una alimentación sana y subrayó que, cuando se aborda la obesidad en niños, hay que evaluar también a la familia desde el punto de vista emocional y de hábitos que transmiten a sus hijos.

“Las estrategias de intervención contra la obesidad deberían estar dirigidas a ingerir una menor cantidad de alimentos y a aumentar la actividad física, pero en muchos casos eso no es efectivo ya que puede haber problemas emocionales detrás”, aseguró la especialista en psicología clínica y educativa.

Hambre emocional por tristeza o ansiedad

Tristeza o ansiedad suelen ser las emociones más frecuentes que se esconden detrás de comer de forma compulsiva alimentos insanos ricos en grasas o azúcares.

“Es el hambre emocional. Mientras comen tapan las emociones, sienten placer, pero cuando terminan, las emociones vuelve a surgir. Y así los niños se meten en un bucle infinito del que no saben salir”, apuntó la experta.

Esa es la razón por la que se debe trabajar la autorregulación emocional en el niño, explicó Silvia Álava, poner el foco en los motivos de tristeza y ansiedad, pero también en los posibles problemas de conducta.

“La educación emocional hay que hacerla también desde las aulas, les enseñamos diferentes disciplinas pero no a reconocer lo que sienten y hacerles dueños de sus emociones, algo que también nos pasa a los adultos”, indica.

Por eso, es necesario educar en inteligencia emocional, en reconocer las diferentes emociones que sentimos y que sienten los demás y poder expresarlas correctamente.

“Las emociones son todas buenas, no hay emociones malas, nos dan información de que está pasando algo y que tengo que escucharme. Es fundamental comprender por qué siento algo, verbalizarlo y regularlo para evitar utilizar la comida”, señaló la psicóloga.

hambre emocional
La psicóloga Silvia Álava. EFE/Ana Soteras

Un tren con destino a la salud

Precisamente ese es uno de los objetivos del programa ENTREN, una metáfora de un viaje en tren cuyo destino es la salud y cuyas paradas representan las estrategias de aprendizaje para mejorar la calidad de vida y el bienestar psicológico, explicó la psicóloga Marta Rojo, integrante del equipo de investigación ANOBAS, en las jornadas.

Este programa multidisciplinar, gratuito, se enfoca en niños de 8 a 12 años con sobrepeso y obesidad con el fin de mejorar su calidad de vida y bienestar psicológico del menor y su familia.

Se desarrolla en dos centros de salud de las localidades madrileñas de Alcobendas y Getafe y en el Hospital Niño Jesús de Madrid durante seis meses y con un seguimiento posterior de dos años.

“La obesidad infantil es un problema complejo y multifactorial. Las cifras de prevalencia son alarmantes. No podemos mirar para otro lado”, concluyó Marta Rojo.

FUENTE: EFESalud

#Vídeo Comer bien en vacaciones sin esfuerzo. Colaboración con Hacer Familia

Si este verano no quieres agobiarte ni pasar demasiado tiempo en la cocina para que tu familia coma sano, toma nota de estos consejos y combinar una alimentación saludable tanto para los niños como para los adultos.

El azúcar oculto en los alimentos y la fuerza de voluntad. En Saber Vivir

Aunque tengamos claro que abusar del azúcar no es bueno muchas veces no somos conscientes de la gran cantidad oculta que tienen los alimentos preparados. De media cada español consume cerca de un kilo, ¡y sin saberlo!

¿Sabes cómo podemos distinguirlo en los ingredientes? ¿O qué alimentos no pueden faltar en nuestra dieta si tenemos que controlar nuestra glucemia? ¿Cómo mantener nuestra fuerza de voluntad ante los alimentos? De ello hablamos en el programa Saber Vivir junto con Aitor Sánchez.

Hablamos sobre alimentación y en concreto sobre «el aperitivo» en Saber Vivir de La2

Esta costumbre tan nuestra suele ser la excusa perfecta para picotear y tomar alimentos que no son precisamente saludables como las patatas fritas. Además que comemos por inercia, en modo automático, y no solo comemos más cantidad sino que lo hacemos sin darnos cuenta. Aitor Sánchez y Silvia Álava nos dan alternativas para preparar un aperitivo más saludable y disfrutar más de ello.

Hoy hemos hablado sobre cómo prevenir la Obesidad Infantil en Saber Vivir, de TVE

¿Los niños que comen mal deben almorzar en el comedor del colegio?

La hora de la comida puede llegar a convertirse en un momento de sufrimiento para algunos padres e hijos. Hay algunos niños que, generalmente, comen mal en casa pero cuando llegan al comedor escolar, su actitud frente a la comida cambia. Pero esto no se debe a que la comida de casa le guste menos, sino que se debe más al entorno en el que se encuentra el niño.

Cuentos para comer sin cuentos

Muchos niños comen mal en casa, por lo que cuando llega la hora de la comida o la cena, esta oportunidad de pasar un tiempo en familia se convierte en un momento de peleas entre padres e hijos, esto nos cuentan desde Guía Infantil.

Sin embargo, cuando los niños comen en el comedor del colegio parece que la situación cambia y la comida es un momento más del día. Pero esto no se debe a que los platos del comedor escolar le gusten más a los pequeños de la casa. La psicóloga Silvia Álava explica a ‘Guía infantil’ a qué se debe este cambio de actitud.

Una pregunta que suele surgirle a los padres es que, si cuando un niño no come bien en casa, es mejor dejarle en el comedor. Álava revela que, cuando un niño no come bien en casa, es un error dejarle a comer en el comedor. Es una tarea de los padres enseñar a comer a sus hijos para que, cuando lleguen al comedor, los trabajadores del centro puedan reforzar ciertas conductas.

Otro error que pueden cometer los padres es emplear el comedor social como castigo cuando los pequeños no comen bien. No se debe decir a un niño que si no come bien irá al comedor del colegio, pues los padres no saben si en algún momento tendrán que dejar a su hijo en el comedor por un problema de horarios u otros temas.

El hecho de que los niños coman mejor en el comedor que ne casa se debe, simplemente, a una cuestión del entorno. El niño piensa que si todos sus compañeros comen bien, él no va a ser el único que no coma. Además, en el colegio existe una dinámica que indica que, cuando se ha acabado el tiempo para comer, se baja al patio. Si el niño no ha acabado, se queda hasta que termine de comer y no sale con sus amigos a jugar.