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¿Cómo diferenciar si estás sintiendo alegría o felicidad? Entrevista en La Vanguardia

Conocer la distinción entre estos dos estados puede ayudarte a incrementar el espacio que ocupan en tu vida

Por ROCÍO NAVARRO MACÍAS

Muchos momentos de felicidad están cargados de alegría pero no toda la felicidad se compone de ella, y ¡menos mal! Aunque son conceptos diferentes y conectados existe confusión en torno a ellos, en parte derivada de la idea restrictiva que las sociedades capitalistas ofrecen sobre la felicidad. La RAE la define como un estado de grata satisfacción. Pero, ¿y la alegría? Conocer el significado de cada una puede ayudar a incrementar el espacio que ocupan en la vida.

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Tener claro el alcance de cada término puede arrojar un poco de luz cuando se aspira a vivir en un estado de satisfacción. “La alegría es una emoción de las que llamamos básicas, que está presente en todas las culturas del mundo y tiene una expresión facial muy característica. Está asociada con momentos positivos”, explica Silvia Álava, psicóloga clínica y autora del libro ¿Por qué no soy feliz? Disfruta sin complicarte la vida (Harper Collins, 2022). Como señala la especialista, se trata de una emoción muy útil ya que mejora la creatividad y ayuda a encontrar diferentes soluciones ante problemas o contrarrestar la respuesta psicológica de cortisol provocada por el estrés.

Alegría y felicidad, dos cosas diferentes

“Desde el punto de vista del estoicismo uno siente alegría cuando algo concreto le reporta satisfacción. Por ejemplo, haber cumplido con su deber. Haber tratado de dar lo mejor de sí mismo. Estar en familia y con los amigos, disfrutando de ello. Valorar tantas pequeñas cosas que muchas dan por sentado. Una sorpresa, un momento especial. Son muchas cosas para quien quiera verlo”, mantiene Emilio Cabrera, experto en programación neurolingüística y autor del libro Sobre la vida buena (Plataforma Actual, 2021).

Pero la alegría comparte espacio con otras emociones, igualmente necesarias para la vida, por lo que su duración no suele prolongarse demasiado en el tiempo. “Lo que ocurre con la felicidad es que no es una emoción, es un estado que podemos conseguir incluso sintiendo emociones desagradables. Va más allá de la alegría. Se puede ser feliz sabiendo que hay días en los que vamos a estar alegres y otros, no tanto”, continúa la psicóloga.

La falacia de la Instafelicidad

Uno de los problemas con los que se enfrenta la felicidad es que se ha comercializado. Ser feliz se expresa como un elemento más de consumo, cuando su significación profunda no guarda relaciones significativas con el mundo externo. “Hay una idea generalizada en la sociedad sobre que ser feliz significa estar alegre y haciendo cosas muy divertidas. Mejor si las subes en RRSS y presumes de ello. Lo que cuenta la sociedad de consumo es un modelo completamente irreal, porque todos a lo largo de la vida nos vamos a enfrentar a situaciones desagradables”, indica Álava. Lee también

Una confusión que puede derivarse de los diferentes tipos de felicidad que la psicología contempla. “Se trata de ir más a allá, a una felicidad más relacionada de ser conscientes de lo que estamos haciendo, vivir en concordancia con nuestros principios y encontrar un propósito. Es lo que se llama la felicidad eudaimónica”, continúa. Pero existe otra visión, más relacionada con el placer y los sentidos, llamada hedónica. “No se trata de suprimir este tipo de felicidad, porque está asociada a muchos momentos de bienestar, pero no pensar que es la única que vamos a experimentar. Ahí es cuando surge el problema”, comparte la psicóloga.

Cómo reencontrarse con la auténtica felicidad

“Según Sócrates, la felicidad no se encuentra en la búsqueda de más, sino en el desarrollo de la capacidad de no necesitar tanto y estar satisfecho con lo que uno tiene. Y esto no es conformismo, pues el estoicismo te propone aspirar a tu mejor versión, sino otra forma de ver las cosas para apreciarlas y vencer a la adaptación hedónica. Desde la tradición budista podríamos definir felicidad como lo contrario a sufrimiento. Una forma de vida que nos aporte paz, calma y plenitud”, comenta Cabrera.

No obstante, la educación o el entorno refuerzan creencias que limitan esta forma de vida. “Podemos ampliar ese mapa mental, ensancharlo, y enriquecerlo. La filosofía estoica por ejemplo te muestra un camino para poder hacerlo. Si cambias tu mundo interior podrás transformar tu mundo exterior o, al menos, la forma en la que ves las cosas. Y esto funciona para ambos conceptos, el de felicidad y el de alegría”, añade Cabrera.

Necesitamos tres emociones agradables para compensar una desagradable

Emilio Cabrera Experto en programación neurolingüística

En el camino de esta satisfacción sostenida, cuidar de las emociones agradables ayuda. “Hay una actividad muy sencilla creada por Martin Seligman que consiste en apuntar tres situaciones agradables cada día, lleva un diario emocional para que podamos compensarlas las que no lo son. Sabemos que las emociones desagradables se graban con mucha más fuerza en nuestra memoria. Lo que dice la literatura científica es que necesitamos tres emociones agradables para compensar una desagradable. ¿Cómo lo podemos hacer? Siendo conscientes de los pequeños momentos de satisfacción, calma o serenidad, no hace falta hacer cosas muy especiales ni complicadas”.

Asimismo, Álava invita a prestar atención al diálogo con uno mismo.

“Somos los reporteros de nuestra vida, la realidad no es una cosa objetiva y nosotros la vamos interpretando y eso define cómo nos vamos a sentir. Es importante hablarnos desde el realismo, ponerle nombre a las emociones, aceptarlas y ver qué puedo hacer para llevarla lo mejor posible”, recomienda.

FUENTE: lavanguardia.com