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Los yonquis de las consolas también sufren mono. Colaboración con El Correo

Un adolescente de 15 años ingresa en un hospital por su adicción a los videojuegos. La ira, la tristeza y el insomnio son síntomas de esta dependencia.

Por antonio Paniagua

Dos meses en un hospital

No hace falta ser un yonqui de cara demacrada y andar errático para estar enganchado. Basta pasar un sinnúmero de horas delante de la consola o el ordenador para padecer el mismo mono que atenaza a un bebedor. Pero a diferencia de los alcohólicos y heroinómanos, en la adicción a los videojuegos no hace falta el concurso de sustancias estimulantes. La droga en este caso es una sucesión de estímulos veloces que sumen al jugador en la ansiedad y un bucle competitivo que se retroalimentan. Es lo que le ha ocurrido a un adolescente de 15 años que ha pasado dos meses en un hospital a causa de su obsesión por el Fortnite, un entretenimiento que registraba 350 millones de cuentas en el mundo.

Fortnite

El videojuego más popular del orbe desarrollado por Epic Games, es todo un fenómeno de masas gracias, entre otras cosas, a que permite jugar gratis. Ese es el señuelo que atrapa al principio a los debutantes, que, al final, pueden acabar echando mano de la tarjeta de crédito de los padres para realizar micropagos y adquirir complementos. Fortnite permite que un máximo de 100 jugadores permanezcan conectados ‘on line’ de forma simultánea. Su éxito es tal que Epic Games ingresó en 2019 unos 3.550 millones de euros, de los que 1.520 millones (casi el 43%) procedían de exclusivamente del Fortnite.about:blankPUBLICIDAD

El caso del chaval ingresado para desintoxicarse de las pantallas marca un antes y un después, por cuanto ha servido para documentar el primer caso clínico de un menor internado en un centro hospitalario por abusar de los videojuegos. El estudio en cuestión ha sido publicado por el Hospital Provincial de Castellón, la Universidad Jaume I y el Hospital General Universitario.

Totalmente aislado para deshabituarse

Durante las primeras semanas de tratamiento, el paciente estuvo totalmente aislado para deshabituarse. «Aunque los primeros días sufriese un malestar emocional interno, fue desapareciendo progresivamente, momento en el que pudimos hacer un repaso de cómo era su día a día», asegura Matías López, psiquiatra del Hospital Provincial de Castellón.

En España, el 21% de los jóvenes entre 10 y 25 años sufre trastornos del comportamiento por culpa de la tecnología, según una encuesta realizada a 4.000 jóvenes para el Plan Nacional sobre Drogas. Por ahora la adicción a las pantallas no está contemplada como una enfermedad, de modo que quedó al margen del DSM5, la clasificación de trastornos mentales elaborada por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, que actualizó el listado en 2013. La ludopatía es el único comportamiento adictivo reconocido en ese manual, que asocia la adicción fundamentalmente a sustancias como el alcohol, el tabaco, los estimulantes, la marihuana y los opiáceos.

Con todo, en 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe en el que se catalogaba el abuso de los videojuegos como un trastorno. La proporción de personas que se ven afectadas por el uso sin tasa de los videojuegos ‘online’ se sitúa entre el 1% y el 10% en los países occidentales, según Vladimir Poznyak, experto de la OMS.

Horas de sueño

Para la directora técnica de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), Eulalia Alemany, la adicción a los videojuegos «no es un problema muy extendido». «Sí que hemos observado, en cambio, que durante la pandemia, los chicos han perdido horas de sueño por estar hiperconectados. En los dormitorios de niños y adolescentes no puede haber tecnología, es la primera regla de prevención»

En ese letargo en que se sume el paciente, lo habitual es que el jugador recalcitrante se desentienda de otros quehaceres y aficiones, baje su rendimiento escolar o laboral y descuide la alimentación. Según la psicóloga y directora del Instituto Valenciano de Ludopatías y Adicciones No Tóxicas, Consuelo Tomás, la persona enganchada se obsesiona no solo con los lances del juego, sino también con lo que acontece en Twitch, una plataforma en la que se retransmiten partidas en directo y el suscriptor puede tener acceso al chat y a hablar con sus ídolos, previo pago de una cantidad de dinero casi siempre. «Cuando se interrumpe el videojuego o la conexión a Twitch, aparece el síndrome de abstinencia. Los micropagos funcionan de manera muy similar a las ludopatías. A veces nos llegan padres con extractos bancarios por pagos que han hecho sus hijos y que reflejan cantidades importantes».

Irritación, ansiedad, tristeza…

De acuerdo con Marta Labrador, psicóloga e investigadora, la irritación, la ansiedad, la tristeza y el fracaso al intentar controlar la dependencia son síntomas que permiten diagnosticar una conducta adictiva. «Los afectados suelen engañar a familiares y al psicólogo sobre el verdadero tiempo que pasan jugando. Se usan los videojuegos para escapar de estados de ánimo negativos».

Para la psicóloga Silvia Álava, los adictos juegan de forma compulsiva y se niegan a reconocer el problema que sufren. Álava aduce que la adicción es más frecuente en los varones que en las mujeres. A su entender, los videojuegos están diseñados para enganchar, como se comprueba en la gran cantidad de estímulos visuales y auditivos que despliegan. A su vez, su estética está ligada a los gustos infantiles, un diseño nada casual, pues pretende para atrapar en su red a chicos de corta edad. A la luz de algunos estudios, la victoria procura un placer que libera dopamina en los núcleos de recompensa del cerebro. «Cuando una persona se hace adicta experimenta una activación de la zona cerebral de la recompensa, lo cual es una reacción muy adictiva», comenta Álava.

FUENTE: ElCorreo.com