«No tienes que ser perfecto, puedes ser bueno» post de RecursosDeAutoayuda.com

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La vida es estresante. Tenemos que seguir el ritmo de trabajo, la escuela, los amigos y la familia, por no hablar de lavar los platos, limpiar la casa, cocinar…

Cada día, nos enfrentamos a tanta presión de influencias externas para ser perfectos que a menudo sentimos que no estamos a la altura de las circunstancias.

Queremos creer que si logramos hacer todos nuestros deberes de una manera perfecta seremos más felices, más aceptados por los amigos y más amados por nuestras parejas.

Queremos convertirnos en auténticos superhéroes. Queremos sacar las mejores notas, tener un coche mejor que el de nuestro vecino, tener el mejor trabajo y tener una familia perfecta.

Estoy aquí para decirte que la perfección no es importante.

Perfección

El estrés, la ansiedad, y ser perfecto

Cumplir con las expectativas de ser perfecto es casi imposible.

Si estás intentando ser la versión más perfecta de ti mismo puedes acabar estresado, frustrado y listo para tirar la toalla.

Este tipo de estrés y ansiedad se abre paso en otras áreas de tu vida y puede manifestarse con irascibilidad hacia tus seres queridos, lágrimas inesperadas y, en definitiva, por una infelicidad general.

Recuerda que estos problemas tienen su origen en tu búsqueda por ser perfecto.

Aceptando la imperfección

Como he mencionado anteriormente, nuestras vidas ya son estresantes de por sí: largas horas en la oficina, no haber dormido lo suficiente la noche anterior, facturas, las tareas del hogar…

Estos problemas se multiplican cuando también te enfrentas con expectativas imposibles de satisfacer.

Deja de presionarte hasta el punto del agotamiento mental. No te preocupes por lo que los demás puedan pensar. Nadie es perfecto ni tiene por qué serlo.

El siguiente paso es aceptar la imperfección.

Respira profundamente, relájate y empieza a centrarte en lo que eres bueno. Ser bueno es suficiente; no te preocupes por ser nada más que eso.

Ser perfecto no te hará ser más feliz

No busques más la perfección. Vestir de manera impecable, conducir un coche nuevo, conseguir un ascenso… Estas cosas no te van a hacer más feliz. ¿Por qué? Porque una vez que las consigas, querrás más. Siempre habrá algo más en tu vida que no es del todo perfecto. Algo más en lo que trabajar o en lo que mejorar.

El logro de estas expectativas sociales no determina tu autoestima.

No seas tan duro contigo mismo

Una vez más, no tienes que ser perfecto.

Tienes que ser bueno, ser tú. No te juzgues a ti mismo con tanta dureza y deja de comparar tu vida con la de los demás. Para ello, tratar de pensar en lo que ya tienes en tu vida y te hace feliz. Cada mañana, piensa en algo bueno que ya tengas en tu vida.

No renuncies a tu lucha por ser la mejor versión de ti mismo, pero olvídate de la perfección.

Tienes que ser realista con los objetivos que establezcas. Recuerda, nadie es perfecto.»

 

FUENTE: https://www.recursosdeautoayuda.com/

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.