¿Es conveniente decirle a un niño que tiene depresión?

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Los niños también se deprimen: hay casos a partir de los seis años y el pico aumenta al llegar a la adolescencia

Aunque a menudo asociamos la depresión con los adultos, los niños también pueden experimentar esta enfermedad mental. De hecho, los primeros casos de depresión infantil pueden aparecer a partir de los seis años, y su prevalencia aumenta significativamente al llegar a la adolescencia, cuando los cambios hormonales, sociales y emocionales intensifican la vulnerabilidad. Reconocer y abordar la depresión en niños no solo es crucial, sino que también plantea preguntas importantes, como si es conveniente decirle a un niño que tiene depresión.

La importancia de nombrar las emociones

Los niños suelen ser altamente receptivos, aunque no siempre sepan expresar lo que sienten. Si un niño experimenta tristeza persistente, irritabilidad, pérdida de interés en actividades, problemas de sueño o dificultades académicas, podría estar enfrentando depresión. Identificar esta realidad no significa etiquetarlo negativamente, sino abrir la puerta a un proceso de comprensión y ayuda.

Decirle a un niño que tiene depresión debe ser un acto cuidadoso, realizado en un lenguaje adaptado a su edad y desarrollo. Es fundamental explicar que tener depresión no lo define ni lo hace «menos» que otros. Más bien, es una forma de entender lo que le está ocurriendo, así como un paso hacia encontrar soluciones.

¿Cómo abordar el tema?

Antes de hablar con el niño, es clave que los padres o cuidadores cuenten con la orientación de un profesional de la salud mental. El psicólogo o psiquiatra puede ofrecer herramientas para que la conversación sea adecuada y constructiva.

En la práctica, es útil transmitir que la depresión es una condición tratable, que no es culpa del niño y que hay formas de sentirse mejor. Por ejemplo:

«Hay veces que nuestro cuerpo y nuestra mente se sienten tristes o cansados por mucho tiempo, como si se olvidaran de cómo disfrutar. Esto se llama depresión, y es algo que podemos trabajar juntos para superar».

Los beneficios de ser honestos

Negar o evitar hablar sobre la depresión puede intensificar el aislamiento del niño y generar confusión. En cambio, nombrar lo que sucede le ayuda a poner en palabras sus emociones y a entender que no está solo. Además, fomenta la confianza en los adultos a su alrededor y facilita la colaboración en el proceso terapéutico.

Ser honesto, con amor y empatía, es un paso fundamental para que el niño recupere su bienestar emocional. Porque sí, los niños también pueden deprimirse, pero también pueden sanar con el apoyo adecuado.

¿Cómo saber si estamos deprimidos?

Para confirmar un diagnóstico de depresión hay que cumplir al menos cinco síntomas de entre los siguientes:

  1. Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día y casi todos los días. (No momentos puntuales o días puntuales de tristeza).
  2. Disminución del interés o el placer por hacer actividades la mayor parte del día, casi todos los días.
  3. Alteraciones importantes en el peso (perdida o aumento).
  4. Falta de apetito.
  5. Alteraciones del sueño, tanto dificultades para dormir (insomnio), como estado somnoliento la mayor parte del día.
  6. Agitación motora, o retraso psicomotor.
  7. Fatiga, perdida de energía.
  8. Sentimientos de inutilidad o culpabilidad excesiva.
  9. Disminución de la capacidad para pensar, concentrarse o tomar decisiones.
  10. Pensamientos de muerte recurrentes.

Para poder diagnosticar una depresión estamos hablando que estos síntomas ocurren:

  • La mayor parte del día y casi todos los días. (No momentos puntuales o días puntuales de tristeza).
  • Causan un malestar clínicamente significativo que implica un deterioro de nuestra vida, social, laboral, familiar…
  • No se puede explicar por efectos fisiológicos de una sustancia o de otra enfermedad médica o mental.

Y es importante destacar que para que se pueda realizar el diagnóstico hay que realizar una evaluación clínica y un análisis funcional de cada caso para saber cómo intervenir con esa persona. Cómo ayudarlas.

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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.

Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.