[av_heading tag=’h3′ padding=’10’ heading=’La adicción a los videojuegos en los jóvenes es más complicada porque hay que trabajar el autocontrol. Colaboración con el diario ABC’ color=» style=» custom_font=» size=» subheading_active=» subheading_size=’15’ custom_class=» admin_preview_bg=»][/av_heading]
El problema no está tanto en el número de horas que se emplean en los videojuegos, sino en las actividades que se están dejando de hacer
La adicción a los videojuegos y su solución cambia dependiendo de si el adicto es un niño o un adolescente. Al tratarse de los más pequeños, «los padres tienen un cierto control sobre la cantidad de tiempo que puede estar jugando. Sin embargo, cuando ya estamos hablando de una persona que es joven o un adolescente, es más complicado porque lo que hay que trabajar es el autocontrol», explica Silvia Álava, directora de área en el centro de psicología Álava Reyes.
El problema no está tanto en el número de horas que se emplean en los videojuegos, sino en las actividades que se están dejando de hacer, como quedar con amigos, estudiar o hacer tareas del hogar. La experta advierte de que «si el joven está en casa, hay unas mínimas normas de convivencia que tiene que cumplir y es bueno que colabore un mínimo. A partir de cierta edad, ya está preparado para hacer la comida, colaborar un poco en el hogar».
Al reprochar se consigue realmente el efecto contrario
Aunque el reproche suele ser la primera solución que encuentran los padres para intentar que sus hijos dejen a un lado los videojuegos, este método no resulta muy efectivo. «Con los reproches conseguimos poco. Generalmente, al reprochar se consigue realmente el efecto contrario, que la persona se ponga a la defensiva. Por esto hay que medir mucho la forma en la que se dicen las cosas. En lo que hay que trabajar es en la autoconciencia, es decir, que sepa realmente lo que se está perdiendo».
El momento de pedir ayuda profesional llega cuando a los padres se les escapa de las manos porque el tiempo que está jugando es demasiado. «Si se trata de jóvenes, se suele trabajar con el propio sujeto para que reconozca que tiene un problema. Lo habitual en los adolescentes y los jóvenes que aún viven con sus padres es que no admitan que tienen una adicción a los videojuegos y que impidan que sus padres se metan en su zona de ocio. Sin embargo, hay que distinguir cuando se trata de un ocio saludable de cuando se está convirtiendo en un problema», indica Silvia Álava.
En algunas ocasiones la adicción se utiliza para tapar otros problemas
En algunas ocasiones la adicción se utiliza para tapar otros problemas. En estos casos, «la clave está en trabajar la base», aconseja la psicóloga. «Quizá si se trata de personas con bajas habilidades sociales, pues les es más cómodo estar en casa solo con un videojuego que a lo mejor relacionándose con otras personas», añade.
También es muy importante trabajar el miedo a estar con uno mismo. Silvia Álava recuerda que «hay personas que al estar solas entran en pánico y entonces cogen el videojuego, el teléfono o el teléfono. Sin embargo, hay que aclarar que no pasa nada por tener esos pequeños momentos de introspección y de reflexión personal».
Otro aspecto clave de la adicción a los videojuegos es la frustración. Mientras se está jugando el proceso de atención sostenida te lo hace el propio aparato. Se trata de estímulos que cambian muy rápido a nivel visual, a nivel auditivo. De esta manera, «el jugador tiene que hacer poco esfuerzo para tolerar la frustración de no saber qué hacer y cómo dejar de aburrirse», explica la experta.
Silvia Álava insiste en la importancia de trabajar en la autorregulación desde que los niños son pequeños para que esto no acarree problemas en un futuro. Explica que la restricción no el camino, sino trabajar la capacidad de autorregulación de los niños para que ellos mismos sean conscientes de la cantidad de tiempo que están empleando en los videojuegos y, sobre todo, el resto de cosas que estás dejando de hacer.
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Me llamo Silvia Álava, nací en Valladolid, aunque hace más de veinte años que vivo en Madrid. Soy Doctora y licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma en Madrid.
Especialista en Psicología General Sanitaria y en Psicología Educativa estoy acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid como Psicóloga Educativa, y soy Psicólogo acreditado para el ejercicio de actividades sanitarias en el Registro de Centros Sanitarios de la Comunidad de Madrid.