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Entrevista en El País: “Somos un poco hipócritas cuando celebramos Halloween y nos disfrazamos, pero no hablamos de la muerte con los niños”

Disfrazarse ayuda a los más pequeños a despertar su imaginación y a ser más creativos y empáticos. Una fiesta en la que también hay que respetar sus gustos y que es buena idea aprovechar para que conozcan por qué se celebra el Día de Todos los Santos.

Por CAROLINA GARCÍA

Halloween está a la vuelta de la esquina

Brujas. Arañas. Fantasmas. Calabazas. Halloween está a la vuelta de la esquina y muchos niños y niñas viven con emoción esta fiesta, porque se van a disfrazar y en el colegio será un día diferente. ¿Pero conocen los niños el verdadero significado de esta celebración importada de Estados Unidos y que ha cogido cada vez más fuerza en los últimos años? ¿Qué ha ocurrido con nuestro Día de Todos los Santos? Silvia Álava Sordo, psicóloga infantil y autora de libros como ¿Por qué no soy feliz? Vive y disfruta sin complicarte la vida o El arte de educar jugando, es de la opinión que se está perdiendo la finalidad de este día: que abuelos, padres e hijos convivan con la nostalgia y la muerte.

“Efectivamente, Halloween es una celebración que no es nuestra, sino importada, y que ha dejado de lado nuestro Día de Todos los Santos, en el que vamos a los cementerios, llevamos flores y encendemos velas por nuestros seres queridos.

 Y creo que somos muy hipócritas, porque celebramos este día y nos disfrazamos, pero no hablamos de la muerte con los niños”.

Álava se refiere al hecho de que muchos padres y madres no hacen partícipes a sus hijos de todo el ritual que conlleva el 1 de noviembre en España. “Parece una broma, pero no sucede solo ese día. Hay progenitores que son incapaces de lidiar con la muerte, que continuamente alejan a sus hijos de los hospitales, de los tanatorios e, incluso, de la enfermedad. Y esto está mal porque la muerte es parte de la vida, y este día puede ser una buena oportunidad para recordar a aquellos que ya no están”, añade.

“Hemos importado toda esa parafernalia del disfraz de Halloween, disfraces de zombis, de brujas, de esqueletos, pero luego se nos ha olvidado toda la parte más emocional”,

incide. Para ella, esa parte emocional es hablar de la muerte con los niños: “Que entiendan que morir forma parte de la vida. Aunque es cierto que hasta los seis años los menores no entienden la idea del no retorno, el que si mueres ya no vuelves —la experta se refiere a la edad en la que el desarrollo cerebral empieza entender que vivimos y morimos―”.

Álava cree que es una buena idea explicarles que, además de la ilusión de disfrazarse en Halloween porque se lo van a pasar fenomenal con sus amigos, existe el 1 de noviembre, un día en el que en España nos acordamos de las personas que ya no están con nosotros: “A lo mejor, es un buen momento, por ejemplo, para acordarse de ese abuelito que falleció este año, viendo todos juntos sus fotos y contándole historias sobre su vida, pero no desde la tristeza, sino desde la nostalgia. Transmitiéndole que, obviamente, le echamos de menos, pero estamos agradecidos del tiempo que hemos pasado con él”. En definitiva, dice, “importar una fiesta extranjera es genial, pero no perdamos la nuestra”.

Halloween ha llegado para quedarse, ¿qué disfraz escojo?

Pero la fiesta de Halloween está claro que ha llegado para quedarse. Según se acerca el 31 de octubre, fecha de su celebración (aunque los colegios ya han empezado a festejarlo estos días), los niños cada vez están más emocionados con que llegue el día para convertirse en vampiro, bruja o momia. En cuanto a los disfraces que deberían elegir, Álava Sordo es tajante en señalar que no se usen máscaras, sobre todo si los niños son pequeños: “No es solo porque no se les ve la cara, sino también porque les puede agobiar y hacer que respiren mal”. Además, hay menores a los que les da miedo ir de vampiros, brujas o esqueletos: “Lo mejor en estas situaciones es explicarles qué es Halloween, la parte más lúdica de la Noche de los Muertos, como son las vestimentas, las calabazas o el truco o trato —ir de casa en casa pidiendo chucherías—, y preguntarles si lo entienden y cómo quieren participar. A lo mejor quieren ir disfrazados de otra cosa. Y también está bien”.

¿Comprar el disfraz o hacerlo en casa?

Durante estos días a menudo también se da el debate entre padres y madres de si es mejor o peor comprar un disfraz o hacerlo en casa. “En mi opinión, es mejor hacerlo”, asegura convencida Álava. Pero no se refiere a que los padres y las madres estén cosiendo por las noches, sino a hacerlo involucrando a los niños, creando un momento de creatividad en familia: “Podemos coger simplemente cartulinas, gomas, las cosas que tenemos por casa, e ir construyéndolo poco a poco todos juntos”. La psicóloga quiere dejar claro que no se trata de ganar un concurso, y que el objetivo es hacer algo divertido, aunque no quede tan espectacular como un superdisfraz comprado. “Además, con este tipo de actividades se aprende a trabajar en equipo, y el menor se va a sentir mucho más implicado”.

Eso sí, Álava incide en que en las clases debe haber consenso a la hora de elegir entre un disfraz comprado o uno hecho: “Obviamente, puede que haya en el aula algún niño o niña que su familia no pueda comprarlo. Conocer la situación individual de cada menor es esencial, para que así el docente pueda alabar el esfuerzo y la creatividad del niño y su familia. Y, sobre todo, no se trata de quién tiene el mejor o el peor disfraz, es un momento de cohesión del grupo, para pasarlo bien, un día en el que hacemos cosas distintas”.

Tener en cuenta los gustos de los niños y niñas

Normalmente, y sobre todo en Educación Infantil, hay una tendencia a que los profesores elijan el tema del disfraz para que todos los niños vayan iguales: todos brujas, todos calabazas, todos arañas, etcétera. En opinión de Álava, es importante que los docentes tengan en cuenta los gustos de sus alumnos y que elijan disfraces que estos puedan entender: “Una buena idea sería que todos vayan de animales, de profesiones que son fáciles de representar y, en este caso, de Halloween, pues de momias o brujas. ¿Qué es lo que un niño no va a entender? Pues que se decida que vayan todos, por ejemplo, de la década de los ochenta o de una película de terror concreta”. Además, y según explica, los profesores deberían ser comprensibles con que un niño acuda a clase con algo diferente, aunque no estuviera previsto: “No pasa nada. Nos divertimos igual”.

“Hay niños a los que les encanta disfrazarse, pero hay otros a los que no”,

prosigue la también escritora. “Y en estas situaciones hay que respetar su opinión, hay que entender que no quiera hacerlo”. En conclusión: no hay que obligarle ni convencerle para que lo haga, a pesar de la presión que pueda ejercer sobre él que el resto de la clase sí lo vaya a hacer. Álava añade que, en estos casos, lo mejor es explicarle bien al menor lo que se va a encontrar cuando llegue al colegio el día que toque disfrazarse: “Hay que avisarle de que todos van a ir caracterizados menos él, y que tal vez tenga que responder preguntas de sus compañeros o de la comunidad escolar. Hay que advertirle también que puede que se sienta un poco raro al ser el único que va diferente”. La psicóloga sugiere que se le puede proponer comprar o hacer un disfraz juntos los días anteriores por si cambia de opinión o, incluso, meterlo en la mochila por si acaso: “Con su permiso, claro. Hay que informarle”.

Los beneficios de disfrazarse

“Los padres y madres deben saber que disfrazarse va más allá de que nuestro hijo se vista de su personaje favorito en Carnavales o Halloween. Cuando un niño lo hace, está interpretando un rol, está jugando. Y no me refiero solo a los atuendos que se compran en las tiendas; el menor lo hace en cualquier época del año, sin excusas y con cualquier cosa. Puede usar papel, trapos, telas o la ropa de mamá o papá. Todo vale”. Y sus beneficios son muchos.

Según explica la experta, este tipo de juego simbólico —actividad espontánea en la que los pequeños utilizan su capacidad mental para recrear un escenario como entretenimiento— fomenta la creatividad, la imaginación y la empatía: “A veces, no es fácil entender los sentimientos de los otros, y los disfraces pueden ayudar a los niños a entender situaciones que no les son conocidas; les ayudan a crear y vivir diferentes personajes y, además, lo hacen pasándoselo bien”.

¿Qué hacer si tu hijo tiene miedo a Halloween?

Halloween es también una fecha que puede asustar a muchos niños, sobre todo a los más pequeños, a los que puede no gustarles una fiesta que se relaciona con brujas, fantasmas, monstruos y villanos. La psicopedagoga Sonia López Iglesias resume lo que se puede hacer en esos casos con estas cinco pautas: 

  1. No hay que obligar a los niños a disfrazarse o a estar en contacto con personas disfrazadas si no lo desean.
  2. Lo primero que se debería hacer es explicarles en qué consiste la fiesta, de dónde proviene y asegurarnos que entienden que todo lo que pasa en ella no es real (por ejemplo, que una persona muerta no puede resucitar).
  3. Se pueden utilizar cuentos que traten la diferencia entre la realidad y la ficción y sobre cómo afrontar el miedo.
  4. No se debe ridiculizarles si muestran miedo; deben sentir que se valida su emoción y la acompañamos con calma y respeto.
  5. Podemos proponerles que nos disfracemos juntos para que sea mucho más divertido, o hacer alguna receta de cocina relacionada con el tema.  

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La vuelta al cole en Trece al Día de TreceTV

Os comparto este nuevo vídeo de mi intervención en el programa Trece al Día donde hablamos sobre la vuelta al cole y todo lo que implica para la familia.

También dedicamos un parte de nuestra conversación a hablar sobre el acoso escolar, algo que cada vez necesita mayor atención por parte de todo el entorno escolar.

Una semana (como mínimo) para preparar la vuelta al cole: consejos para que los niños se adapten mejor

Por Beatriz G. Portalatín

Sí, no es ningún mito: los niños/as necesitan un periodo de adaptación después de las vacaciones de verano para reincorporarse de nuevo a la rutina de las clases. Al menos, una semana antes de la vuelta al ‘cole‘, las familias deben comenzar a adaptar a los pequeños/as a los horarios de sueño y comida.

Además, es importante los mensajes que lanzamos durante estos días de septiembre: es fundamental hacer una asociación positiva con la vuelta al cole y no mandar mensajes negativos. Estar de vacaciones es muy bueno y divertido pero la rutina y el colegio también tienen muchas cosas buenas.

«El periodo de adaptación es fundamental porque los seres humanos no somos máquinas, no nos reprogramamos de un día para otro. Es cierto que los niños, en general, se adaptan muy rápido, pero tampoco les podemos pedir algo que no pueden hacer», afirma a laSexta.com Silvia Álava, doctora en psicología y directora del área de psicología infantil del Centro de Psicología Álava Reyes (Madrid).

Por ello, «es fundamental que la semana de antes de empezar el colegio, nos vayamos ajustando de nuevo a los horarios de siempre», añade la experta, también autora de varias publicaciones (su último libro, ‘¿Por qué no soy feliz?’). Con una semana antes de que cada niño/a empiece las clases será suficiente para adaptarse al nuevo curso y a la rutina de cada año.

«El inicio de curso es para los niños un momento importante al que es fundamental adaptarse, ya que se sale de las vacaciones para volver a las responsabilidades que están aprendiendo a asumir, y son muchos los cambios que esto implica, desde el tipo de actividades hasta los horarios», afirma la psicóloga Laura Palomares, directora del centro Avance Psicólogos (Madrid).

Por ello, veamos tres claves o consejos que debemos tener en cuenta en esa semana de antes para que los niños/as puedan adaptarse poco a poco a la vuelta de la rutina.

Ir adaptándose poco a poco los horarios de sueño y comidas

«Empezar, antes de la vuelta al cole , a retomar los horarios de sueño habituales, va a ayudar a que se adapten más fácilmente: hará que se concentren mejor y estarán de mucho mejor humor», asegura Palomares.

Por ello y en primer lugar, es fundamental ir ajustando el ritmo de sueño-vigilia. «Seguramente durante todas las vacaciones, y como es totalmente normal, los niños/as se han acostado y levantado más tarde, y además sin despertador. Así es clave ir acostándose durante esa semana un poco antes cada día para intentar que unos 2-3 días antes del comienzo del curso ya estén hechos al horario», indica Álava.

Es importante que, durante la semana de antes del comienzo de las clases, acostemos a los niños/as un poco antes cada día para intentar que 2-3 días antes ya estén hechos de nuevo horario del ‘cole’

Silvia Álava, doctora en psicología

Por ejemplo, «se les puede ir acostando cada día 15 minutos antes para que el cambio no sea muy brusco y poco a poco, durante esa semana, vayan recuperando los horarios de siempre», apunta por su parte la maestra Pilu Hernández Dopico, CEO de El Pupitre de PiluY esa adaptación con los horarios de sueño, debe hacerse igual con los horarios de la comida: «Ambas cosas deben hacerse a la par, a la vez, de lo contrario no lo estaremos haciendo bien», añade esta especialista.

En el caso de los horarios de comida, igualmente «es importante que vayamos poco a poco comiendo antes (porque seguramente en verano hayamos comido y cenado más tarde) e ir acercándonos a los horarios de comida que tenemos durante el curso», aconseja Álava. Pero no sólo el horario sino también «adaptarnos a la cantidad de tiempo que disponemos para las comidas». Por ejemplo, en vacaciones se desayuna sin prisa, pero no suele ser así cuando hay clases.

Hablar de las emociones que sienten y de lo positivo de volver

También es importante durante estos días hablar de emociones porque los niños/as viven un sin fin de emociones durante estos días y es bueno que lo expresen. También es clave -como hemos comentado al principio- hacer una asociación positiva con la vuelta al cole: «Revisar con ellos los aspectos positivos ya que les motivará y les predispondrá a centrarse en ellos», asegura Palomares.

No olvidemos que los niños aprenden por modelaje (por modelo/imitación), «por lo que cuidado con decir frases del tipo: ‘ya se nos acabó lo bueno’, ‘ya tenemos que volver otra vez a trabajar’… «, indica Álava, «porque al final estamos mandando el mensaje de que sólo está bien o sólo es bueno estar de vacaciones, cuando lo demás también es bueno. Hay que focalizar también esa parte positiva del día a día».

Es bueno revisar con los niños/as los aspectos positivos de la vuelta al cole, ya que les motivará y les predispondrá a centrarse en ellos

Laura Palomares, psicóloga

También y dentro de este contexto, es importante ajustar las expectativas y «hacerles sentir que son valiosos y queridos ante todo, no por su rendimiento si no por quienes son. Esto rebajará la autoexigencia y la ansiedad que puedan sentir y se sentirán acompañados, apoyados y les predispondrá a comenzar con ilusión y seguridad», añade Palomares.

Igualmente es un buen momento para enseñarles y hacerles ver el respeto hacia los demás compañeros/as. Como explica y aconseja Pilu Hernández, podemos aprovechar para inculcarles que no pasa nada porque no estrenen mochila o libros nuevos (bien ellos o sus compañeros de clase), que todos los niños son igual de válidos y que hay que respetarse y no insultar ni meterse con nadie.

Preparar, organizar y hacer planes de cara a la vuelta al cole

Durante los días previos, es importante que las familias preparemos con nuestros pequeños/as esa vuelta al cole. Por ejemplo, «que vayamos juntos a comprar el material escolar, que hablemos de las materias que van a tener, de los profesores/as que les pueden tocar, del tutor que se las asignará, de los amigos, de los nuevos alumnos/as que pueden ir con ellos a clase, etc.», aconseja Hernández.

Durante esta semana previa es bueno que las familias preparen con sus hijos/as esa vuelta al cole yendo juntos, por ejemplo, a comprar el material escolar, hablando de las materias que van a tener, de los profesores/as que les pueden tocar, etc.

Pilu Hernández, maestra

Todo esto es muy bueno para que paulatinamente los niños/as vayan acercándose a este nuevo año escolar que comienza y a despedirse así de las vacaciones.

Otra de las cosas que podemos hacer con ellos durante esta semana previa es «planificar próximos proyectos de ocio y/o salidas en el fin de semana, ya que les ayudará a afrontar la vuelta como algo menos exigente o rígido, a sabiendas de que momentos de desconexión y descanso se seguirán manteniendo a lo largo del año», aconseja Palomares.

FUENTE: lasexta.com

Padres Helicóptero: consejos para no caer en la sobreprotección en el programa: «Tarde lo que Tarde»

Os comparto este podcast de mi intervención en el programa «Tarde lo que tarde» de RNE donde dentro del espacio «Escuela de Padres» tratamos con Imanol Durán y María Dotor el tema de los llamados «padres helicóptero» y su repercusión en la autonomía de los más pequeños. ¿Te lo vas a perder?

Cómo sustituir castigos por consecuencias: 6 ejemplos prácticos

Casos en los que se puede sustituir un castigo desproporcionado a los hijos por una consecuencia lógica

Por Alicia Mendoza Martín

Cada vez más, padres y madres apuestan por una crianza sin castigos. Se suele pensar que este tipo de educación está libre de normas, de límites y de consecuencias. No es así. Los actos que cometen tanto los niños como los adultos conllevan ciertas consecuencias.

El objetivo de aplicar consecuencias ante sus actos no es hacerles sentir mal, ni imponer una pena desproporcionada e ilógica como hace el castigo, sino que el objetivo es hacerles entender poco a poco que sus actos siempre tienen consecuencias sobre los demás. Las consecuencias buscan un aprendizaje, los castigos son solo punitivos.PUBLICIDAD

Como ya te contábamos en este artículolas consecuencias pueden diferenciarse en naturales o en lógicas. Las naturales son aquellas que suceden por una causa-efecto natural. Por ejemplo, si nuestro hijo no hace los deberes, la consecuencia natural es que al día siguiente no los va a llevar hechos al cole. En las consecuencias lógicas intervenimos los padres para guiarles y ayudarles a reflexionar sobre sus actos. Para poder aplicarlas, deben cumplir estos puntos:

  • Han de estar relacionadas con la conducta que queremos corregir.
  • Tenemos que haberlas comentado y llegado a un acuerdo antes con el hijo.
  • Han de ser respetuosas con ellos.
  • Han de ser proporcionadas a la conducta que se quiere corregir.

Aunque mediante nuestra intervención los hijos van a ir aprendiendo y asimilando sus conductas, debemos acercarnos a la raíz del problema más allá de aplicar consecuencias lógicas. ¿Por qué nuestro hijo tiene esa emoción? ¿Tiene sus necesidades cubiertas? ¿Por qué expresa su rabia, por ejemplo, contestándonos mal?

Os dejamos con algunos ejemplos prácticos donde podemos sustituir un castigo desproporcionado por una consecuencia lógica.

1. ¿Qué consecuencia lógica podemos aplicar cuando nuestro hijo pequeño da una mala contestación, con mal tono o se enfrenta a nosotros?

Desde la infancia hasta la adolescencia nos encontramos a veces que nuestros hijos nos contestan mal, nos insultan o quieren enfrentarse a nosotros. Puede que quizás se nos venga a la mente que ante esta falta de respeto debemos mandarles directamente a su cuarto castigados. Pero podemos hacerle ver que hay que cambiar esos malos gestos desde las consecuencias lógicas de sus actos.

Silvia Álava, psicóloga infanto-juvenil, nos cuenta que podemos plantear a nuestros hijos que al habernos tratado mal, como consecuencia no nos apetece estar con ellos durante un ratito. “Tienes que entender que ahora mismo y durante un ratito, no me apetece hablar contigo porque me has insultado y no me has tratado con respeto. Entiende que yo necesito un espacio para que se me pase”, nos cuenta Silvia sobre cómo abordarlo con ellos. Es posible que, si nuestro hijo está enfadado, no reaccione ante nuestras palabras. Por eso, debemos darles tiempo también a ellos para que se calmen y puedan entender nuestra perspectiva.

Asimismo, les podemos plantear una comparativa para que entiendan el daño que nos ha hecho al faltarnos al respeto. “Imagínate que un amigo en el colegio te trata mal, te empuja y te pega. Luego te dice: vente a jugar conmigo. ¿Te apetece jugar con él? No, verdad. Necesitas un tiempo hasta que se pase y te pida perdón”, ejemplifica Álava. De esta forma, permitimos que los hijos reflexionen sobre sus actos y como nos dice Álava, que “vayan aprendiendo la dinámica del mundo, las reglas no escritas de la sociedad”.

2. ¿Qué consecuencia lógica podemos aplicar si les digo de hacer algo, lo repito mil veces y no lo hacen? (Si no hacen sus deberes, si no se quieren duchar, si no recogen su habitación…)

Nos habremos encontrado en esta situación. Les decimos a nuestros hijos: “Cariño, ¿puedes recoger tu habitación?” Pasa un tiempo y vemos que no lo ha hecho. O incluso se lo hemos repetido mil veces y no nos ha hecho caso. Si no hacen sus deberes, como consecuencia natural, al día siguiente irán a clase sin haberlos hecho; si no se quieren duchar, no irán limpios al día siguiente; y si no recogen su habitación, la tendrán desordenada y vivirán en un pequeño caos. ¿Cómo podemos actuar los adultos para que vayan aprendiendo que tienen que hacer sus tareas sin imponerles castigos?

Silvia ve que estos escenarios los podemos plantear así: podemos explicarles que, al no haber hecho la tarea que tenían pendiente, se les ha acabado el tiempo para hacer la tarea siguiente que tenían muchas más ganas de hacer (jugar, leer, ver la tele…). “Cuando yo te digo una cosa y no lo haces a la primera, ¿sabes lo que pasa? Que luego no nos queda tiempo para jugar, para poner la tele, para hacer algo juntos. Ahora no da tiempo, porque lo perdimos cuando lo gastaste no recogiendo la habitación, no queriendo ir a la ducha”. De esta manera, Álava explica que no se trata del “como no me has obedecido, te quedas sin la Tablet”, sino que es una consecuencia lógica por usar su tiempo de juego y de diversión en negarse a hacer las tareas: hemos usado todo el tiempo esperando a que recogieras la habitación y hoy no podremos jugar con la Tablet porque es la hora de dormir.

Nos explica la psicóloga que si sabemos que les cuesta realizar estas tareas (recoger, hacer los deberes…), vamos a poner otra más agradable tras ellas, y explicarles “desde la calma y la serenidad” que para hacer estas últimas nos tiene que haber dado tiempo a realizar las más duras antes. “Tiene que saber que tiene que tener los deberes hechos para que haya tiempo para la Tablet, para encender la tele…”. Al fin y al cabo, se trata de haber hablado con ellos antes y haber consensuado que, para que dé tiempo a coger los dispositivos electrónicos, se debe haber hecho las tareas antes.

Álava también señala que podemos usar la emoción de la sorpresa para que ellos vayan entiendo la lógica de sus actos. “¡Aaaaah! Pero si yo pensaba que esto ya no lo querías hacer, como no hiciste los deberes y teníamos muy claro que para hacer esto tenías que tener hecho los deberes…”

Asimismo, Álava remarca que, para que sea efectivo esto, en el día a día tenemos que prestar más atención cuando están haciendo una tarea que cuando no la están haciendo. Es decir, cuando decimos a nuestro hijo que recoja la habitación y lo hace, nosotros nos solemos ir a hacer otra cosa; por el contrario, cuando no quiere recogerla, nos quedamos ahí con él y le decimos “recoge”, “te he dicho que recojas”. Por eso, debemos poner nuestra atención más en positivo (nos quedamos con él cuando recoge su habitación) y no tanto en negativo (cuando no lo hace, no debemos prestarles la misma atención y repetirles mil veces “recógela”).

3. ¿Qué consecuencia podemos aplicar si pega a su hermano u a otro niño? 

Cuando un niño pega a alguien, esa otra persona, ya sea otro niño o un hermano, se va a sentir molesto, triste y dolorido. Lo primero que debemos hacer como padres es separarles y después les hablamos para que entiendan la situación en la que se encuentran. “A nadie nos gusta que nos peguen. ¿A ti te gustan que te peguen? No. Cuando tú pegas, es normal que tu amigo no quiera estar contigo”, ejemplifica Álava.

Es decir, la consecuencia lógica es que nuestro hijo no va a poder estar con su amigo durante un tiempo hasta que a la otra persona se le pase su emoción y pueda perdonarle. Si pega a su hermano, como padres y madres podemos decirle que se va a quedar un rato sin jugar con nosotros porque vamos a estar jugando con su hermano que está dolido y no quiere estar con él durante un tiempo.

Las consecuencias deben ir acompañadas con pedir perdón. “Perdonar implica que yo soy consciente de que te he hecho daño. Que no sea el pedir perdón porque así de esta forma ya te quitas las consecuencias, pedir perdón es para que aprendan cómo aliviamos el malestar de esa persona”, contempla Álava.

No hay que olvidar que los niños pequeños no tienen desarrollado por completo la parte de su cerebro que controla sus impulsos, por lo que es normal en su desarrollo natural que tengan impulsos de pegar o morder tanto a nosotros como padres y madres como a sus pares.

4. En cuanto a las pantallas, ¿cómo cambiar el castigo de “si te pasas de la hora, te quedas sin Tablet” a una consecuencia lógica?

Pongamos en situación que nuestro hijo ha estado con los videojuegos más de la cuenta o se ha quedado viendo la tele más tiempo del que tiene establecido.

Para que esto no vuelva a suceder, Álava señala que debemos explicarles claramente cuál es el horario de uso de las pantallas y su tiempo máximo. Asimismo, podemos avisarles cuando faltan cinco minutos para que estén con preaviso y sepan que deben dejarlo. “Y si se pasan de la hora, ahí sí que podemos decirles: confié en ti, tú me dijiste que lo ibas a apagar”. Es decir, en ese momento les explicamos nuestra emoción de decepción al ver que ha traicionado nuestra confianza. Como consecuencia, les podemos señalar que al día siguiente tendrán la Tablet, pero a su tiempo habitual se les restará el tiempo que estuvieron jugando de más.

5. ¿Y si suspende asignaturas por no haber dado un palo al agua?

Seguro que alguna vez hemos escuchado: hasta que no apruebes las asignaturas te quedas sin salir de casa, no vas a ver a tus amigos. Suena ilógico privar a alguien de necesidades como socializar por haber suspendido.

“No es lo mismo que haya sido un examen más difícil y no pasa nada por suspenderlo, frente al típico ‘bah, ya me lo sé’”, aclara Álava. Por eso, primero debemos averiguar junto a ellos por qué ha suspendido. En el caso de que nuestros hijos no hayan querido estudiar, les explicamos que van a tener que invertir más tiempo en sus estudios frente a lo que lo hacían anteriormente. Esto no significa privarle de hacer excursiones, tener vacaciones o salir con sus amigos, sino que se trata de invertir más tiempo de su día a día en estudiar. “No lo has estudiado cuando tocaba, ahora toca estudiarlo en el tiempo que tenías que hacer otra cosa. Si el hijo quiere coger la tablet, plantearle con lógica y coherencia: ‘no, a ti te toca estudiar más, ahora ese tiempo que estabas con las pantallas, lo tienes que invertir en estudiar’”, explica Álava.

6. Mi hijo se quita el cinturón o mi hijo me suelta la mano al cruzar. ¿Debo aplicar consecuencias o poner un límite?

Hay que hacer una distinción entre diferentes situaciones: las que conllevan peligro para el niño y las que no. Por ejemplo, en los momentos en los que nuestro hijo no quiere montarse en la silla del coche o quiere cruzar sin cogernos de la mano, reaccionamos, le damos la mano o le colocamos en la silla, y después les explicamos por qué es peligroso ir en el coche sin la silla o sin el cinturón. “Cuando tu vida corre peligro primero te salvo, y luego educamos”, señala Álava. Aunque nuestros hijos hagan pataletas y quieran ir libres, hay que establecer un límite muy claro que ellos también deben conocer. Con poca edad, la capacidad de razonamiento de ese niño o niña no está desarrollada, por lo que la explicación tampoco les servirá. Por eso, como sentencia Álava, “ante todo, protegerles ante estos peligros, aunque no les apetezcan darnos la mano”.

FUENTE: información.es

Finaliza la baja maternal. Y, ahora, ¿con quién dejo a mi bebé?

Esta es una de las dudas más frecuentes de las que nos asaltan a las madres y padres. Silvia Álava nos da siete claves para que encontremos la respuesta.

Aunque en los últimos años se han ampliado los permisos de maternidad y paternidad, cuando nuestros hijos cumplen aproximadamente 8 meses, tenemos que reincorporarnos al trabajo. En esta situación tenemos que decidir cuál de las opciones disponibles es mejor para nuestro bebé: si apuntarle a la escuela infantil o dejarle con un familiar o con alguien a quien podamos tener en casa.

Existen muchas dudas sobre qué implica cada una y los beneficios que les pueden aportar a los bebés.

¿Las escuelas infantiles pueden potenciar la socialización y las capacidades psicomotrices de nuestros hijos, o es mejor que estén con cuidados exclusivos con un familiar de confianza o, incluso, si podemos permitírnoslo, con alguien formado que podamos tener en casa?

Estas y otras dudas nos las resolvió la psicóloga Silvia Álava en un webinar en directo en el que, además, nos dio claves a tener en cuenta a la hora de realizar la elección.

CLAVES A TENER EN CUENTA A LA HORA DE TOMAR LA DECISIÓN

«Como todo en la vida, la respuesta a la pregunta si es mejor llevarle a la escuela infantil o dejarle con un familiar o alguien de confianza en casa, dependerá de nuestra situación familiar. No hay una respuesta correcta que valga para todas las familias», comenzaba diciendo Álava. Teniendo claro esto, habrá que tener en cuenta otras claves para tomar la decisión. Las repasamos:

1.Fuera culpa

De un día para otro, pasamos de estar 24 horas con nuestro bebé a tener que irnos al trabajo. «Esto nos genera un sentimiento de culpa tremendo que tenemos que trabajar. Porque si tomamos decisiones desde un sentimiento tan negativo como es la culpa, perdemos la objetividad y no vamos a ser capaces de ver cuál de las opciones que se nos plantean es la más acertada para nuestra familia», nos dice Álava.

«La decisión perfecta no existe. Todas tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles, y esto es algo que tenemos que asumir desde el principio».

Silvia Álava, Psicóloga

2.La decisión perfecta no existe

De la misma forma que Álava nos recordaba que cada familia tendrá que valorar cuál es la mejor opción para ellos concretamente, también nos quiso dejar claro que la decisión perfecta no existe: «Todas tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles, y esto es algo que tenemos que asumir desde el principio».

3.Confianza

Álava nos decía que la persona o las personas que vayan a quedarse con nuestro bebé deben ser de absoluta confianza. «Esto en el caso de dejarle en casa con un familiar es más sencillo, pero en la escuela infantil también tenemos que aspirar a esto». ¿Cómo? Informándonos bien del centro al que vamos a llevar a nuestro bebé. «No podemos dejar a nuestro bebé con alguien que nos genere dudas, porque no va a salir bien».

4.Información

Aunque ya hemos dicho que la decisión perfecta no existe, para tomar la nuestra Álava nos recuerda que «la información es poder». Debemos buscar información, acudir a escuelas infantil y preguntar por sus metodologías. En caso de decidir contratar a una persona para que venga a casa, lo mismo, tener en cuenta su formación, preguntarle cómo actuaría en determinadas situaciones…

«Cuanta más información tengamos, mejores decisiones tomaremos».

Silvia Álava

5.Ofrecimiento voluntario

Una de las opciones a la que más familias recurren es dejar a los niños al cuidado de los abuelos. «Es una opción muy buena, puesto que la confianza existe, ellos ya tienen experiencia en el cuidado y la crianza de niños y, además, aumenta el vínculo entre ellos, pero ojo, y esto es fundamental, tienen que haberse ofrecido ellos», nos dice Álava. Es muy diferente que nosotros se lo pidamos a que ellos se ofrezcan. «La obligación de educar a nuestro hijo es nuestra, no es de los abuelos, por tanto, nunca se les debe imponer, porque la formula no funcionará».

Si aceptan, llega el segundo paso: «entender que no lo van a hacer como nosotros. Que los abuelos, a menudo, no tienen la misma forma de educar que nosotros. Podemos hablar con ellos, explicarles porqué para nosotros esto o lo otro es importante, pero si no llegamos a un entendimiento, tendremos que valorar otras opciones».

6.Los niños necesitan estimulación para desarrollarse

«Los seis primeros años de vida de nuestros hijos son clave para su desarrollo. Por eso debemos tomárnoslo en serio. Un niño, aunque no nos guste a nosotros, necesita parque, jugar al aire libre, ir descubriendo cosas, relacionarse con otros niños…». Esto no nos obliga a llevarlos a la escuela infantil, en absoluto, pero sí a tener claras cuáles son sus necesidades para cubrirlas.

7.Cuidado con los mitos

«Cuidado con esas ideas que nos llevan a pensar que tenemos que llevar a nuestro hijo a la escuela infantil porque, de no hacerlo, cuando llegue al colegio con 6 años lo hará en desigualdad de oportunidades o retrasado respecto a otros niños. Esto en absoluto es así», nos dice Álava.

FUENTE: elperiodico.com

Niños más independientes y menos sobreprotegidos, ¿Cómo lo hacemos?

Hablamos con Hola.com para dar con las claves sobre cómo evitar la sobreprotección y crear niños seguros, capaces y que puedan desarrollar habilidades socioemocionales. En definitiva, niños que sean felices.

Por POR MARTA DÍAZ DE SANTOS

Todos los niños atraviesan una etapa, durante aproximadamente los dos años de edad, en la que descubren que ellos también pueden hacer las cosas por sí mismos y se sienten con ganas de indagar e investigar. “Muchos lo identifican como la etapa del: “yo”, “solito”, “a mí”, es un momento muy especial que debemos de aprovechar para fomentar su autonomía y que se sientan más capaces”, asegura Silvia Álava Sordo, doctora en psicología clínica y de la salud y autora del libro ‘Dani quiere ser mayor’.

Nos cuenta que el deseo natural de los padres es que sus hijos sean felices y tengan una buena autoestima. “Sin embargo, no siempre somos conscientes de que está en nuestra mano hacer mucho para que se desarrollen correctamente y sean unos niños seguros, o todo lo contrario”.

Hay adultos que malentienden el amor hacia sus hijos y piensan que, haciéndoles todo, serán más felices. Detrás de este comportamiento, suelen estar ideas del tipo: “ya crecerá y tendrá tiempo de sufrir”, “si a mí no me cuesta nada”… sin ser conscientes de las implicaciones que esto tendrá en su desarrollo.

La experta concluye que los niños cuyos padres tienen un estilo educativo más sobreprotector suelen desarrollar menos competencias emocionales, desarrollan menos herramientas para desenvolverse con éxito en la vida, son más inseguros, pueden tener más problemas de autoestima y es más probable que sean víctimas de bulling y que desarrollen trastornos de ansiedad. Como conclusión, a la larga pueden ser más infelices.

“Sin embargo, cuando los adultos les acompañamos desde que son bebés y les vamos enseñando a valerse por sí mismos, les estamos dotando de herramientas y estrategias para que: se sientan seguros y capaces, para que desarrollen habilidades socioemocionales, aprendan a sentirse seguros y queridos, con una mayor autoestima, y en definitiva sean más felices”, indica.

Cómo evitar la sobreprotección: acompaña a tu hijo

La protección es algo normal, natural e instintivo, además de necesario para nuestra propia supervivencia”, indica Silvia Álava Sordo. El problema, nos confiesa, es cuando estamos demasiado encima y pasamos de proteger a nuestros hijos a sobreprotegerlos.

“No se trata tampoco de no atenderlos o dejarlos solos y que ellos no cuenten con nuestra ayuda. Hay que acompañar al niño, estar a su lado, escuchando de forma atenta sus problemas y alentándole para que los resuelva. El mensaje a trasmitirles es tú puedes. Se trata de estar a su lado, permitiéndole que haga las cosas solo, que coma solo, aunque se manche, que investigue por el parque, pero sin perderle de vista…”, sostiene la experta.

Decálogo para evitar la sobreprotección

  • Deja que el niño experimente: “Los bebés necesitan explorar y conocer el mundo que les rodea, y esa necesidad sigue vigente cuando el niño crece. Permítele que lo haga, y vigila, sin que él lo note, que no hay ningún peligro”.
  • Fomenta su independencia: “Que aprenda a jugar él solo, a entretenerse sin que un adulto esté las 24 horas del día encima de él”.
  • Trabaja su autonomía: “Que el niño aprenda a resolver sus necesidades fisiológicas básicas, como el control de esfínteres, el comer, que aprenda a vestirse solo, a dormir…”
  •  No hables por él: “Si estamos en un restaurante, que pida él las cosas al camarero, si vamos al parque, que pregunte él si puede jugar con los otros niños”.
  • Ayúdale a reflexionar sobre cuál es la mejor solución: “En ocasiones los niños no saben cómo resolver sus problemas. Prueba a escucharle, a preguntarle cómo cree que lo podría solucionar y ayúdale a reflexionar sobre la mejor solución. Tiene que aprender a proponer opciones, a valorarlas y a elegir la más adecuada”.
  • Fomenta su pensamiento crítico: “No le des la solución a sus problemas, pregúntale su opinión y ahonda con él sobre el porqué de las cosas”.
  •  Fomenta que juegue con otros niños: “Que cuando está con los demás, permitas que se vaya con otros niños, que se aleje y que disfrute con los demás”.
  •  Permite que colabore en casa asignándole tareas adecuadas para su edad: “Con un año puede dejar la ropa sucia en el cesto, con dos años puede llevar el pan o las servilletas a la mesa… se trata de ir asumiendo sus responsabilidades según vayan creciendo y que vean que pueden hacer las mismas cosas que los demás”.
  • Respeta su ritmo de aprendizaje: “No todos los niños aprenden a la misma velocidad, se trata de alentarle a que haga las cosas y se enfrente a pequeños retos, pero sin presionarle. Puede que su hermano con dos años y medio llevara una bicicleta sin ruedines y que él no lo consiga hasta los cuatro”.
  • Que practique nuevos deportes o actividades que le supongan un cierto esfuerzo, constancia y rutina.

Propuestas de la experta:

En definitiva, no se trata de dejarles solos y que terminen frustrándose, ya que hay cosas que no saben hacer, sino que deberemos de acompañarlos en el proceso, para que aprendan durante el mismo. Para ello, debemos de incluir dos elementos esenciales en la ecuación: tiempo y paciencia. Los niños tardan en aprender y sabemos que las prisas no son buenas.

  • La psicóloga nos plantea planificar las tareas que pueden hacer tus hijos: “Dependiendo de la edad y de sus características, podrán hacer más o menos”.
  • Reservar el tiempo necesario para que puedan hacerlas: “El tiempo que el menor necesita, no en el que tú crees que debería haberlo hecho”
  • Trabajar la persistencia y el sentido del esfuerzo: “Las cosas rara vez salen bien a la primera, se trata de enseñarles el valor del esfuerzo, que adquieran tolerancia a la frustración y que vean cómo van mejorando y cómo, al final, lo consiguen”.
  • Tener paciencia: “El estrés no ayuda a aprender, de hecho, interfiere en el mismo llegándonos incluso a bloquear tanto a los niños como a los adultos”.
  • Trabajar desde la emoción: “La neuroeducación nos ha demostrado que los aprendizajes se generan y consolidan mejor, a través de las emociones positivas, como, por ejemplo, la calma, la curiosidad, la satisfacción…”
  • Utilizar la motivación extrínseca: por ejemplo, con refuerzo social, “mostrándoles nuestro reconocimiento ante su esfuerzo y lo mayores que se están haciendo”.
  •  Y, sobre todo, la motivación intrínseca: “Es decir, que reconozcan las emociones asociadas al proceso del aprendizaje, por ejemplo, reconociendo lo orgullos que están cuando consiguen hacer las cosas ellos solos y se esforzaron haciéndolo lo mejor posible”.
  • Tener muebles y los espacios adaptados a ellos para favorecer su autonomía, de manera que no dependan de un adulto. Cosas sencillas como colgar el abrigo al entrar en casa, guardar la ropa en su sitio, colgar la toalla después del baño… “Así, las podrán hacer ellos solos y no necesitarán la ayuda de un adulto”.

FUENTE: Hola.com

¿Cómo sobrevivir a los terribles 2 de tu hijo sin perder los nervios?

Es posible afrontar las rabietas desde el respeto y evitar que tus hijos se contagien, aunque aún no hayan cumplido todavía los 4 años.

ROCÍO NAVARRO MACÍAS

Si hay algo que define dos años, también conocidos como los terribles 2, son las rabietas. La etapa comprendida entre los 24 y los 36 meses se caracteriza por episodios recurrentes de enfado, llantos y gritos. Un periodo que puede ser todavía más desafiante si entra en la ecuación un segundo hijo que aún no ha cumplido los cuatro años. 

Aunque estos capítulos pueden hacer perder los nervios hasta a los padres de espíritu zen, forman parte del desarrollo evolutivo normal de los niños. Manejar la reactividad personal y ayudar a los pequeños a salir de estos momentos de forma digna son aspectos clave para evitar que las pataletas se contagien.

“Las mal llamadas “rabietas” no son demostraciones de poder, sino expresiones emocionales completamente naturales y normales, fruto del desarrollo emocional de una persona”, comparte Tania García, educadora sociofamiliar y autora del libro sobre autoestima infantil Quiérete mucho (Vergara, 2022). Tomando una perspectiva amplia de la situación, se trata de un gran cambio para los pequeños que comienzan a ser conscientes de que son seres independientes.

“En torno a los dos años hay un momento evolutivo que es muy bonito para los niños, van desarrollando la conciencia de que son personas, que importan y pueden expresar su opinión… Como no saben regularse, la forma de sublebarse y reivindicar su sitio es la rabieta”, explica Silvia Álava, psicóloga clínica y de la salud y autora de El Arte de Educar Jugando (J de J editores, 2021).

El porqué de las rabietas

Cuando se siente frustrado, cansado, triste, con miedo, enfado… no tiene otro mecanismo

Cuando los niños comienzan a sentirse independientes, también se topan con la realidad de que no todos sus deseos pueden cumplirse y, entonces, se desata la tormenta. “Lo habitual es que en torno a los dos años todos los niños tengan rabietas. A los 3 ó 4 años empieza a madurar dentro del cerebro lo que se llama la red de control ejecutivo o, en otras palabras, la capacidad de regulación emocional. Antes de ese momento, cuando un niño entra en una fase de rabieta no sabe salir, es materialmente imposible”, comenta Álava.

Por ello necesitan a sus padres para superar estos capítulos. “El cerebro de una niña o un niño es puramente emoción y como tal, cuando se siente frustrado, cansado, triste, con miedo, enfado… no tiene otro mecanismo que gritar, patalear, llorar…”, analiza García.Lee también

Este tipo de situaciones se tornan más problemáticas cuando los adultos malinterpretan los hechos o la propia rabieta merma sus recursos y paciencia. Ser consciente de que los niños no entran en ellas por molestar, ni fastidiar es fundamental para que los padres las resuelvan de forma adecuada. 

“Si las personas adultas estigmatizamos esas expresiones viéndolas como algo perjudicial o una lucha de poder, tan solo conseguiremos aportar una educación emocional nula, sin permitir que los niños vivan sus propios sentimientos”, continúa la educadora.

¿Y si hay dos pequeños?

Cuando las rabietas de los menores acaparan la atención los más mayores las replicarán

Los hermanos mayores suelen ser modelos para los más pequeños, pero cuando las rabietas de los menores acaparan la atención de los padres, los más mayores pueden replicarlas para reclamar el interés de sus padres. Lee también

“Cuando tenemos varios hijos es interesante que reciban siempre más atención en positivo que en negativo. Es decir, que los progenitores no se centren en el enfado y eviten así que la rabieta tenga esa ganancia secundaria de dejarlo todo para intervenir”, recomienda Álava. Además de actuar con calma y conocimiento, es importante tratar a los hijos de forma individualizada. “Cada hijo necesita que pasemos aunque sean unos minutos a solas, aportándoles el acompañamiento emocional personalizado que necesitan de sus padres”, aconseja García.

¿Cómo manejar las rabietas?

Si tu nivel de tolerancia comienza a flaquear, abandona el conflicto unos minutos

Cuando las rabietas se cuentan por varias al día, durante semanas o meses, es normal que a los adultos les sobrepase la situación. La razón se encuentra en el umbral de tolerancia a la frustración. “Son varios los motivos que pueden hacer que un adulto pierda los nervios. Primero, porque son situaciones desagradables y, segundo, porque como adulto mantienes una planificación del día y 15 minutos de rabieta pueden romperla. En otras palabras: ‘Me frustro porque las cosas no salen yo creía que tenían que salir”, explica la psicóloga. Lee también

Para elevar este umbral es importante practicar el apego seguro, lo que implica nombrar la emoción y pedir ayuda. “Parar, analizar el motivo de la reacción e identificar la emoción que sentíamos en ese momento ayuda a explicar la reacción, pero no desde la culpa. Nos hace ver de forma lógica que existe una causa y una consecuencia. Esto aporta opciones para no volver a cometer el error o, al menos, intentar evitarlo”, indica Álava.

Si el adulto siente que su nivel de tolerancia comienza a flaquear, puede ser de ayuda abandonar el conflicto durante unos minutos para evitar ponerse al nivel de los pequeños. Esta herramienta debe abordarse no como un castigo, sino como una búsqueda de calma. La experta aconseja utilizar frases como: Cuando me gritas o me pegas no me gusta, me haces daño y me tengo que ir un momento. “Si te quedas dentro, lo más probable es que te enciendas a nivel emocional y acabes con un grito y de la peor forma. Es importante respirar y volver con otra actitud para ofrecerles una salida digna”, concluye Álava.

FUENTE: lavanguardia.com

Disciplina positiva: Límites que ayudan a crecer. 2 de abril en el primer congreso en línea sobre maternidad y crianza de Penguin Random House Grupo Editorial y Cursiva

Un viaje al corazón de la maternidad

Llega el primer congreso online sobre maternidad y crianza consciente de Penguin Random House Grupo Editorial y Cursiva. Durante dos sábados consecutivos contaremos con una veintena de eventos exclusivos con grandes referentes del ámbito de la crianza respetuosa.

Acompáñanos en el descubrimiento de la maternidad desde el inicio y en todas sus perspectivas (física, mental y emocional). Conversaremos sobre el embarazo y los primeros años de vida. Nos detendremos en los hitos más relevantes de cada etapa y los que más inquietudes nos generan: los cuidados durante el embarazo, el parto, la lactancia materna, los cuidados del recién nacido, etc.

El evento —que tendrá lugar durante los sábados 26 de marzo y 2 de abril— podrá seguirse en directo desde cualquier lugar del mundo. Además, las sesiones quedarán grabadas y será posible visionarlas también después en diferido tantas veces como quieras.

Emprende una maternidad consciente, empoderada y feliz. Consulta el programa completo y reserva las fechas.

No te pierdas el evento del año sobre crianza. Reserva tu entrada online y siéntete acompañada en este momento tan emocionante. ¿Te animas?

Programa

26 de MARZO

10 h | Voy a ser mamá: el viaje de la maternidad | Paola Roig

11 h | ¡Tus emociones importan! Cambios emocionales durante el embarazo | Alba Padró y Paola Roig

12 h | Cuida tu cuerpo y tu mente durante el embarazo | Àgata Subirats y Blanca García-Orea

13 h | Todo lo que nos preocupa sobre el parto | Laia Aguilar y Nazareth Olivera

16 h | La lactancia materna: dudas, mitos y trucos | Alba Padró y Laia Aguilar

17 h | Mi bebé no duerme: Consejos sobre el sueño infantil | Olga Sesé y Sara Traver

18 h | Cuidados durante el postparto | Laia Aguilar y Nazareth Olivera

19 h | Guía de cuidados del recién nacido | Alba Padró y Nazareth Olivera

20 h | Baby-Led Weaning: Alimentación complementaria respetuosa | Begoña Prats

02 de ABRIL

10 h | Crecer jugando: El valor del juego | Yessica Clemente

11 h | Alimentación infantil: El reto de aprender a comer sano | Blanca García-Orea

12 h | Recursos para educar en valores y fortalecer los vínculos | Anna Mas y María Gijón

13 h | Disciplina positiva: Límites que ayudan a crecer | Anna Morató y Silvia Álava

16 h | Montessori en casa: Ideas y recursos para aplicar el método en familia | Beatriz M. Muñoz, Marta Prada y Nitdia Aznárez

17 h | Dar voz al niño interior: Crianza consciente y educación emocional | Yvonne Laborda

18 h | Píldoras para educar las emociones | Alberto Soler

19 h | Salud infantil: Dudas y consultas frecuentes | Anna Estapé y Mar López

IMPORTANTE* Los horarios están indicados en Central European Time (CET). Por favor, tenlo en cuenta si nos estás visitando desde algún país que no se encuentre en este eje horario. ** El horario de las sesiones puede variar. Te invitamos a estar atento al programa.

Toda la info y matrícula haciendo click aquí

Agotamiento emocional en la crianza: ¿Qué es el ‘burnout’ parental?

Siete de cada 10 progenitores españoles admiten sentirse muy cansados por el esfuerzo diario de ser unos padres perfectos, según una encuesta de Lingokids.

Por NACHO MENESES Madrid – 19 NOV 2021 – 05:38 CET

Conciliación familiar

Decir que la crianza es un proceso agotador requiere de una reflexión más profunda. Porque, por mucho que se haya avanzado, sigue sin ser un esfuerzo equilibrado entre uno y otro género; porque la sociedad no termina de facilitar la conciliación familiar y porque los ideales que se reflejan en la televisión y en las redes sociales en poco o nada se parecen a la realidad. Según una encuesta elaborada por Lingokids a 600 familias españolas con hijos de dos a ocho años, un 67 % de los consultados admite “que la importancia que conceden a ser un buen padre o madre y el esfuerzo que destinan a ese fin llega a ser agotador”. Siete de cada 10 progenitores admiten también sufrir estrés laboral (23 % en un grado muy elevado y el 49 % por temporadas), y casi la mitad de ellos (un 46 %) considera que ese sentimiento afecta negativamente a su vida familiar y a su relación con sus hijos.

Burnout o agotamiento parental

Combinar el cuidado de los hijos con un amplio abanico de responsabilidades y circunstancias laborales y familiares puede llevar al conocido como burnout o agotamiento parental, un síndrome en el que el distanciamiento emocional con respecto a los hijos y los sentimientos de estrés, culpa y frustración por no ser capaces de darles todo el cuidado y la atención que les gustaría, se unen a otros síntomas como la tristeza, la irritabilidad, los conflictos con la pareja o los trastornos del sueño. De acuerdo con la misma encuesta, ocho de cada 10 padres se sienten culpables, en mayor o menor medida, por no tener tiempo suficiente para sus hijos (de manera constante para el 18 % de ellos y frecuente para el 27 %) ni para ellos mismos.

Las presiones que rodean a la crianza

Las presiones que rodean a la crianza son muchas, y se perciben desde múltiples ámbitos: “La sociedad actual impone a los padres un grado de perfección marcado por las imágenes idílicas que vemos en la televisión y en las redes sociales, que no es fácil de conseguir. Empeñarse en ser padres perfectos termina debilitando nuestra resistencia, provocando cuadros de estrés, cansancio físico y mental que, agravados por un exceso de intensidad laboral, pueden convertirse en un problema que llegue a afectar a la relación con nuestros hijos”, sostiene Rhona Anne Dick, educadora y directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids, app que ofrece contenidos en inglés para edades tempranas.

Las mujeres tienen el doble de probabilidades de sufrirlo que los hombres

Estudios previos sobre el agotamiento parental han concluido que las mujeres tienen el doble de probabilidades de sufrirlo que los hombres, consecuencia del rol que las mujeres han asumido tradicionalmente como cuidadoras de los hijos en la familia, y que la pandemia no ha hecho sino empeorar: “Creo que está cambiando, pero en muchos hogares las mujeres siguen ocupándose de la mayoría del trabajo relacionado con la cocina, la limpieza, llevar a los niños al cole… incluso si la pareja se ofrece para ayudar”, afirma Dick. Una idea que también hace suya Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres: “Siete de cada 10 mujeres madres se sienten solas en la crianza, y eso lleva a la incomprensión y al agotamiento extremo. Porque, además, criar en una sociedad que no prioriza la familia y que no valora la maternidad se hace aún más duro”.

Permisos de maternidad más largos

El peso de la crianza, cuenta Baena, no está repartido de manera equitativa, y los distintos agentes sociales todavía tienen mucho que hacer para que esto mejore: “Si no contamos con permisos de maternidad más largos; si no tenemos flexibilidad horaria; si no trabajamos por objetivos o tenemos mecanismos formales que apoyen la crianza en los primeros años; si las empresas no se corresponsabilizan y se dan cuenta de que ellas también tienen mucho que hacer y decir en este tema; y si las instituciones no dan un paso adelante, se hace muy complicado ser madre o padre en España”. Como también es clave, añade, hacer equipo con la pareja, si se tiene; y practicar el autocuidado, “aunque nos cueste y lo hagamos con culpa. Porque sin esos momentos de respirar, de recargar pilas, muy difícilmente llegamos al fin de semana sin sentirnos superadas y superados”. El apoyo mutuo es por eso fundamental, para que ambas partes puedan disfrutar de momentos de desconexión individual.

El impacto de las redes sociales

Las fuentes consultadas para este reportaje coinciden en señalar el impacto negativo que las redes sociales pueden ejercer sobre la maternidad. “Piensa, por ejemplo, que en la época de nuestros abuelos las únicas con quienes podían compararse eran otras personas del barrio, o sus propios padres. Ahora nos comparamos con toda una red global de familias, amigos, gente que ni siquiera conocemos, influencers, expertos… Llegar a sentir que estás haciendo un buen trabajo es todo un desafío”, esgrime Dick. La solución, apunta Baena, pasa por conectar con lo que realmente queremos y no tanto con lo que se espera: “Tenemos que ser fuertes y vivir un poco al margen. Olvidarnos de la presión social de llegar a todo y llegar bien, priorizar lo realmente importante para cada familia y entender que es mucho más importante educar en valores que llenar la agenda de actividades deportivas, de eventos sociales y de visitas culturales. Hay que despertar el espíritu crítico, intentar vivir en pequeño, sin que nos arrastre lo que nos imponen desde fuera”.

Cómo prevenir el ‘burnout’ parental

Lo primero, y aunque parezca una obviedad, es tratar de que ese agotamiento parental no llegue nunca a producirse: “No quieres llegar a ese punto en el que sientes que te derrumbas, porque muchos de los síntomas acaban relacionados con la distancia emocional con tu hijo, y el sentirse culpable por ello”, recuerda Dick. Es necesario recordar que el agotamiento parental no solo sucede por falta de tiempo; sino también por no tener los conocimientos, las estrategias o los recursos suficientes, “no solo sobre cómo educar, sino educar en positivo; sobre cómo establecer límites desde el sentido común (pocos, ajustados a la edad y con consecuencias lógicas y coherentes)”, afirma la psicóloga Silvia Álava. Por eso, apoyarse en las experiencias previas de otros padres y madres siempre puede ser útil.

Educación emocional

“La mejor forma de prevenirlo es con educación emocional, empezando por nosotros mismos. Vamos a pararnos y observar lo que está ocurriendo, no solo a mi hijo o hija, sino a mí. Porque lo que estamos viendo ahora es que prácticamente todos estamos bastante fuera de lo que es nuestra ventana de tolerancia, ese margen donde nos sentimos en control de las cosas”, argumenta Álava. “Con todo lo que hemos vivido en pandemia, en el confinamiento y las restricciones, la incertidumbre de no saber lo que va a pasar… Todo eso hace que nos cueste mucho regular nuestras emociones y, por tanto, las de nuestros hijos”. Se trata, añade, de ver si estamos en condiciones de educar, o si estamos tan desregulados que lo primero que hay que hacer es parar y regularse para, desde ahí, educar de forma diferente, desde la calma y la serenidad, explicándole a mi hija lo que ocurre y sin recurrir al grito, que nos termina por agotar.

Actividades extraescolares

Entre las estrategias más prácticas, Dick recomienda la posibilidad de organizar citas de juegos con las familias de los amigos del colegio, “de manera que puedas llevarle a la casa de su amigo o amiga y que su padre o madre les cuide por dos o tres horas, y te vas turnando con dos o tres familias haciendo eso mismo, y no te cuesta nada”. Las actividades extraescolares son otra de las herramientas disponibles, si el presupuesto familiar lo permite, “aunque también es necesario tener en cuenta que tampoco quieres que el niño se queme, si además de la escuela cada día tiene una actividad diferente: eso hará que estén agotados y se porten mal, lo que te complicará la vida”.

Las pantallas

Las pantallas, por supuesto, son recursos que también están disponibles, siempre que se haga con mesura. Un 30 % de los padres que respondieron a la encuesta de Lingokids afirmaron querer disponer de una fuente de entretenimiento autónomo para sus hijos, mientras ellos se ocupaban de otras tareas: “A la hora de enlazarlo con nuestra app, trabajamos duro para conseguir que los niños no sean zombis enfrente de la pantalla, sino que interactúen con contenidos educativos”, señala Dick. Otros factores reductores del estrés citados por los progenitores fueron buscar más actividades que realizar fuera de casa los fines de semana y contar con ayuda externa para las tareas del hogar o el cuidado de los niños, así como tener tiempo individual para salir a correr o caminar, leer o escuchar música, ver la televisión o ir al gimnasio.

FUENTE: el país.com Puedes seguir De mamas & de papas en FacebookTwitter o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter quincenal.