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La pandemia, ¿ha cambiado nuestra forma de educar?

Hace un año era impensable que los niños saliesen solos del colegio, fuesen a comer a casa ellos solos, o recogiesen a sus hermanos pequeños y quedasen fuera del colegio con sus padres ¿Ha cambiado la pandemia nuestra forma de educar?

¿Estamos dejando de ser padres helicópteros?

Si somos realistas, muchos padres y madres están dando más responsabilidad a sus hijos, porque no les queda otra. No es posible acompañarlos a la fila o a su aula, y eso implica fiarse de ellos. ¿y que es lo que está ocurriendo? Que los niños están respondiendo.

La pandemia está haciendo que estalle esa burbuja de sobreprotección porque el sistema no puede permitírselo. La nueva logística familiar implica dar más responsabilidad y protagonismo a los niños. Y ellos responden muy bien.

En estos días es fundamental trabajar su autonomía y su responsabilidad. En muchas ciudades de España, niños de instituto solo van dos o tres días al colegio de forma presencial, el resto se conectan online en casa. Otros directamente tienen clases online y muchos de ellos por un positivo en el aula tienen que guardar cuarentena y estar en casa varios días.

La enseñanza online no puede sustituir a un profesor.

Pero mientras no haya otra alternativa requiere un mayor compromiso y una mayor responsabilidad por parte del alumno. Es hora de trabajar la autonomía y la responsabilidad de los niños y dejar el estilo sobreprotector.

Y eso también implica permitirles que experimenten emociones desagradables. Hay días muy complicados y estarás triste o enfadado, o tendrás que quedarte en casa, y tendremos que enseñarte a tolerar la frustración. Definitivamente es momento de cambiar la forma de educar para que estén lo más preparados posible para afrontar la situación.

¿Cómo conseguir las metas?

Acaba de empezar el otoño y promete ser duro, no sé si a nivel climatológico, pero desde luego si a nivel emocional.

Los números de positivos por coronavirus crecen, las malas noticias nos rodean, las dificultades para conciliar vida laboral y familiar, la gestión de la incertidumbre…

En medio de toda esta vorágine, tenemos que seguir con nuestra vida, con nuestros proyectos y luchando por conseguir nuestros objetivos.

Hoy os propongo una técnica para conseguirlo, para aumentar nuestra motivación, seguro que muchos de vosotros ya la conoceréis, pero siempre podremos darle una nueva aplicación.

Escribir una carta a nuestro yo futuro. En el que penséis donde queréis estar, que metas creéis que habréis conseguido y cual ha sido el camino que habéis tenido que recorrer.

Mi hijo no va al colegio, lo educo en casa: la pandemia como impulso del ‘homeschooling’ Colaboración con Xataka

Por ALESYA MO @alesyamo_

No toques a tus compañeros. Ponte mascarilla. No dejes tus lápices ni tu goma a otros niños. Distánciate. Quédate en clase en el recreo. No olvides utilizar el gel desinfectante. Si la vuelta al cole para los niños (y para los padres) ya era dura, ahora va a serlo aún más.

Cada comunidad autónoma ha elaborado y anunciado toda suerte de medidas para que los niños puedan volver a clase con la máxima seguridad posible, desde la distancia mínima de 1,5 metros entre alumnos hasta calzado específico para el aula en el caso de algunos centros. Aún así, algunos padres no acaban de estar convencidos con la vuelta a las clases y creen que la solución más coherente es la más simple: no ir al colegio.

Tras el comienzo de la pandemia se han triplicado las consultas sobre el ‘homeschooling’

Renunciar a asistir a la escuela no es sinónimo de negar la educación, según sus defensores. El ‘homeschooling’ es una opción educativa en la que los padres deciden educar a sus hijos fuera de las instituciones educativas tanto públicas como privadas para hacerlo por su cuenta.

Ya hemos hablado en Xataka sobre cómo la pandemia ha impulsado varios cambios en la sociedad, tales como hacer peligrar las oficinas tradicionales y favorecer el modelo del teletrabajo. Ahora, según hemos podido comprobar, el interés en estudiar desde casa también crece.

Así nos lo confirman desde ALE (Asociación por la Libre Educación) y La Coordinadora Catalana pel Reconeixement i la Regulació del Homeschooling (Coordinadora Catalana por el Reconocimiento y la Regulación del Homeschooling), las principales organizaciones centradas en el ‘homeschooling’ de España.https://www.youtube.com/embed/x-VwDlw4miM?enablejsapi=1&origin=https://www.xataka.com

“El año pasado la media de consultas eran seis a la semana y durante los meses de confinamiento pasaron a ser unas 25 de media. Actualmente, son unas 40 semanales (entre correos electrónicos y por Facebook)” nos afirman desde el Voluntariado de ALE.

Carlota Salas, presidenta de La Coordinadora Catalana, participa en la asociación desde hace cinco años y desde marzo de este año hace la función de portavoz de la organización. Nos cuenta que sus consultas también hasta se han triplicado respecto a estas mismas fechas del año pasado, sin concretarnos números. El interés ha crecido “sobre todo a partir de la desescalada, con todo el miedo a los rebrotes y todas las medidas que se están valorando tomar de cara al curso que viene”.

Las consultas provienen de padres con niños en edad de escolarización pero también con niños muy pequeños, bebés o que todavía están en embarazo, y se plantean hacer ‘homeschooling’ en un futuro. Esta situación, “les ha abierto la mirada a otras opciones educativas que antes no conocían o siquiera planteaban”.

Si consultamos las búsquedas en Google Trends de los últimos cinco años podremos ver que a partir de marzo de 2020, por razones obvias, la necesidad de informarse sobre educar en casa ha crecido. Pero ahora que la vuelta al colegio está cerca, han vuelto a crecer respecto a años anteriores.

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Podríamos pensar que el motivo principal por el que las familias se plantean la opción de educar en casa es por miedo al contagio, pero la realidad es que hay otras razones de peso para estos padres.

Cuando llegué a la adolescencia tomé conciencia de que mis padres habían compartido toda mi infancia en Internet

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«Me asusta someter a mi hijo a unas medidas extremadamente estrictas de régimen carcelario»

Una de esas madres es Mª Jesús, funcionaria en Valladolid, con dos hijos. La mayor tiene 18 años y el menor 14. Decidida a no escolarizar a su hijo este año, se anima a contarnos sus razones: “No, no tengo miedo al contagio. Lo que realmente me asusta es someter a mi hijo a unas medidas extremadamente estrictas de régimen carcelario y que el colegio se convierta en una fuente de problemas de convivencia”.

“Los niños necesitan reír, abrazarse, salir al patio, subir y bajar las escaleras en pandilla, compartir material, empujarse, pelear, jugar al fútbol… Si eso no lo tiene, ¿qué necesidad hay de enviarle al colegio? El aprendizaje siempre será mejor si es personalizado, más efectivo y rápido. Las relaciones sociales el resto del día”.

Mª Jesús aclara que no ha consultado ninguna asociación ‘homeschooler’, va por libre. Más adelante reconsiderará si retomarán las clases presenciales.

Un perfil distinto de padres que han estado consultando a ALE estos meses: «Son familias que ya se sentían atraídas por una educación libre con anterioridad, pero que por motivos laborales, familiares o sociales preferían adaptarse al sistema educativo establecido». Aún así, se han encontrado a padres que se interesan por educar desde casa por el mismo motivo: “Hay otras familias que opinan que las medidas que se pretenden aplicar en las escuelas van a afectar psicológicamente a su progenie y se saben responsables de ese cuidado».https://www.youtube.com/embed/DCRnZrk2fzU?enablejsapi=1&origin=https://www.xataka.com

Ahora “muchas han decidido tomar esta decisión, priorizando el bienestar familiar y queriendo atender a su familia como modo de responsabilidad social frente a la incertidumbre, y a veces sumado a que algún miembro de la familia es grupo de riesgo, lo cual les hace asumir la responsabilidad como familias consecuentes de su decisión”.

Carlota Salas también confirma esta tendencia: «Que no pueda haber adaptación para los niños más pequeños, no pueda haber contacto físico entre los niños, que no puedas abrazar a tu maestra… Los padres se preocupan no tanto por el contagio, sino que al revés, preferirían que pudiera haber contacto, menos distancia, etc. Entonces hay muchas familias que no quieren escolarizar a sus hijos porque no quieren que a sus hijos les afecte psicológicamente estas medidas.”

«Las familias quieren poder dar otra opción educativa a sus hijos»

El miedo y la incertidumbre no son los únicos motivos por los que los padres se han interesado por el ‘homeschooling’. El confinamiento también ha hecho que reconecten con sus hijos. Desde ALE han podido ver que algunas familias deseaban que los más pequeños volvieran a la escuela, sin embargo “una minoría había experimentado que sus hijos aprendían mejor, de forma más tranquila y equilibrada” durante el encierro. Esto les ha dado en qué pensar. Para “algunas familias el confinamiento les conectó con la infancia y descubrieron que el aprendizaje era posible de otra manera”.

Mª Jesús está buscando alternativas por sus propios medios para continuar con la escolarización de su hijo hasta que la situación se aclare. Su planteamiento para proseguir la educación de su hijo es seguir el guión de contenidos escolares, explicar los temas en función de las necesidades de la comprensión del niño, utilizar las herramientas que ofrece internet, lápiz y papel.

Durante el confinamiento se encargó de que su hijo siguiera los estudios desde casa: “Yo le explicaba, poníamos las fórmulas en la pared (o los esquemas que él mismo hacía), y lo teníamos a la vista para hacer los ejercicios. Cuando me preguntaba algo, yo le decía que lo buscara en la pared. Al final acababa memorizando por el uso. Y disponía de los recursos para solucionar todos los problemas que se le planeaban”.

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Carlota se ha encontrado con un grupo de padres que durante la desescalada “se han dado cuenta de la mala gestión y de las carencias que hay en el sistema educativo”. “Durante la pandemia sus hijos no han sido atendidos como ellos creían, y se ha destapado una carencia en el sistema educativo que ellos no quieren para sus hijos”.

“Ellos quieren poder dar otra opción educativa a sus hijos», nos resume. En concreto, recuerda el ejemplo de una madre en particular que se había dado cuenta de que su hijo tenía una dificultad de aprendizaje durante esta pandemia y que en la escuela no le habían dicho nada. A pesar de comentarlo después con la maestra, ella consideraba que claramente su hijo tenía una dificultad y que no se había tomado en consideración hasta que ella misma lo vio en casa.

La otra cara de la moneda de este interés por el ‘homeschooling’ es que puede darse la situación en la que la motivación nace más desde el descontento con el sistema que replantearse en su totalidad lo que significa educar a los hijos en el hogar.

«Una inmensa mayoría de familias que tocan a nuestra puerta están rebotadas del sistema, ya sea porque no les ha gustado cómo se ha gestionado a nivel de sistema educativo durante la pandemia o no les ha gustado lo que han visto en sus hijos a raíz de estar con ellos durante la pandemia, entre otras razones. Entonces vienen rebotados, y nosotros hacemos mucha pedagogía de hacer entender que el ‘homeschooling’ o la responsabilidad que nosotros asumimos como familia de la educación integral de nuestros hijos, es otra cosa. No es en contra de nadie, sino a favor de nuestros hijos y de su educación. Para nosotros es muy importante que quede claro cuando nos consultan».

«Los niños deben aprender a acatar las normas en este marco social», psicólogos ante la vuelta al cole

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«Es importante que los niños vayan al colegio para seguir en contacto con otros niños», nos explica Silvia Álava Sordo, psicóloga experta en crianza, «porque habrá contacto visual, presencial». Por su forma de ser, «los niños aunque no se puedan tocar, abrazar o deban mantener distancia, se inventarán juegos simbólicos para interactuar entre ellos sin tener que tocarse, y son importantes también».

Una explicación adecuada a la edad del niño sobre las nuevas normas que les rodean no debería generarle problemas, según Silvia. Deben aprender a desenvolverse en una sociedad con unas nuevas normas. El colegio es un lugar indicado para ello.

«Un colegio no es solo para aprender la tabla de multiplicar. Hacen amigos, se relacionan, y ahora aprenderán la interacción con la sociedad con el Covid-19 de por medio. Cosas, por ejemplo, como aprender cuándo sí compartir un lapicero o cuando no para prevenir el contagio. En general, acatar las normas con este nuevo marco social, interiorizarlas. Enseñarles que estamos en una pandemia y esto es lo que se debe hacer. Es necesario para el desarrollo socioemocional y la interacción con sus iguales».

Javier Urra, psicólogo especializado en menores de edad y Defensor del Menor entre 1996 y 2001, concuerda con Silvia en que es necesario que los niños vayan al colegio. «En España es un derecho y un deber», nos recuerda, «hay que ir, no es una opción».

Javier Urra

«El confinamiento nos ha agobiado a todos y lo mejor que podemos hacer es intentar normalizar la situación, ¿cómo lo hago? Yendo a clase, yendo a ver a otros niños. Si tienes al niño entre cuatro paredes le estás limitando. Los niños deben de estar con otros niños, porque aprenden del juego, de la discusión, del diálogo, de hablar con otros niños, de la figura del profesor… Los niños tienen derecho a ir a la escuela, y realmente están deseando hacerlo, ver sus amigos e interactuar con otros niños».

Javier entiende que actualmente hay personas que tienen miedo, pero los padres especialmente «no deben transmitir ese miedo a sus hijos». Destaca que efectivamente hay que prevenir, explicar a los niños las nuevas normas sociales, cómo los abuelos son más vulnerables ante esta situación, cómo deben actuar con cautela, pero evitar infundirles miedo.

Los problemas legales que pueden surgir por no llevar a tu hijo al colegio

Una de las mayores dudas que tienen los padres a la hora de dejar de escolarizar a sus hijos trata sobre su legalidad, nos confirman las dos asociaciones de ‘homeschooling’ antes referidas.

Recientemente, la Fiscalía se pronunció al respecto. Anunció que se iniciarán acciones penales en aquellos casos en los que los niños no asistan de forma repetida y presencial a clase sin una justificación clara, alegando absentismo escolar. Se activarían protocolos de actuación, aun teniendo en cuenta la crisis sanitaria.

Hemos contactado con todas las Consejerías de Educación de cada Comunidad Autónoma, pero solo hemos obtenido respuesta de la Consejería de Educación, Universidad y Formación Profesional de la Junta de Galicia.

Se activarían protocolos de actuación, aun teniendo en cuenta la crisis sanitaria.

Nos indican la obligatoriedad de asistencia recogida en la Ley Orgánica de Educación de 1990 y que se aplicará el Protocolo para la prevención y el control del absentismo escolar para hacer el seguimiento de los posibles casos de absentismo.

El único caso en el que «se prevé que no se aplique dicho protocolo es cuando la familia informe de cualquier posible caso relacionado con el Covid-19, bien del propio alumno o de su entorno, sin necesidad de justificante médico».

Indicándose así en Protocolo de Adaptación al contexto de la Covid 19 en los centros de enseñanza no Universitaria de Galicia, en el punto 2A.2 lo siguiente:

«En el caso de que se detectase sintomatología compatible en casa, el alumnado no acudirá a centro y él/ella o su familia contactará inmediatamente con el centro de salud de referencia del alumno/a y con alguna de las personas miembros del equipo COVID. Para la justificación de la ausencia, no será necesario ningún justificante médico, será suficiente con el comprobante de los/as padres/madres o tutores/as legales. Las ausencias derivadas de esta causa tendrán la consideración de justificadas a los efectos del protocolo de prevención de absentismo escolar.”

FUENTE: Xataka.com

Vídeo «Estrategias emocionales para gestionar la vuelta al colegio». Con Gestionando Hijos

Afrontamos un nuevo curso escolar lleno de incertidumbre, pretender que el curso se inicie y que siga con normalidad no es realista, por eso debemos de estar preparados para gestionar la montaña rusa emocional en la que este curso nos vamos a ver inmersos con estas estrategias emocionales para gestionar la vuelta al colegio que os proponemos… Y no solo nuestros hijos, nosotros también.

FUENTE: www.gestionandohijos.com

Coronavirus: guía urgente para contarle a tu hijo por qué no va al colegio. Colaboración con el diario El Mundo

Los psicólogos recomiendan hablar claro y conciso, dar ejemplo de calma, no mentir, combatir las conductas de rechazo y evitar la crudeza

Escrito por PEDRO SIMÓN

Ocurrió este mismo lunes. El niño de siete años estaba en consulta. Acababa de conocerse el cerrojazo escolar de Madrid. La especialista y el paciente empezaron la sesión rutinaria. Hablaban y hablaban. Pero el chico mostraba una preocupación que le saltaba en el pecho como una rana.

-¿Te puedo hacer una pregunta?

-Claro, dime.

-¿Puedo hablar con un chino?

La anécdota la cuenta la psicóloga Silvia Álava y muestra la onda expansiva del impacto del coronavirus en las mentes de los más pequeños. ¿Puede un niño desarrollar miedos absurdos o nuevos? ¿Los hay que están aumentando estos días sus niveles de ansiedad? Aunque la mayoría celebre el advenimiento de unas vacaciones inesperadas, ¿para algunos viene el Coco?

Los psicólogos aseguran que todo dependerá del lenguaje que utilicemos, de cómo adecuemos el mensaje a la edad de los menores y, sobre todo, de lo que éstos vean en casa. Porque no es lo mismo tener unos padres que mantengan la calma que tener otros que saqueen el Mercadona como si viniese el Armagedón y esto fuera Mad Max.

«Este lunes hemos recibido bastantes llamadas para consultas de menores, padres que piden cita porque algo no va bien. Hablamos de chicos y chicas con sintomatología de ansiedad que necesitan ayuda», señala Mercedes Bermejo, coordinadora de Psicología Clínica de la Salud y psicoterapia del Colegio de Psicólogos de Madrid. «Vivimos en una sociedad muy adultista, una donde los niños tienen sus limitaciones para comprender. Hay que contarles lo que está pasando desde lo simbólico, lo lúdico y lo interactivo«.

Estas son 10 claves para lidiar con la crisis del coronavirus entre los más pequeños.

  1. Dele una información breve, concisa y clara. «Los niños son grandes receptores de información, pero no saben interpretarla porque su desarrollo madurativo no se lo permite. Necesitan que los padres descodifiquen esa información», señala Silvia Álava, doctora en Psicología. «Bastaría con empezar diciéndoles que es como una gripe, pero que como todavía no tenemos vacunas, hay que tener cuidado y lavarse mucho las manos. Que por eso nos quedamos en casa un tiempo: para evitar el contagio».
  2. No les mienta, pero tampoco sea crudo. La información ha de ser adecuada a la edad. «Cuanto más pequeño sea, más sencillo ha de ser el mensaje», comenta Timanfaya Hernández, psicóloga sanitaria y forense. Por lo general, un niño entre cuatro y ocho años tiene una buena edad para comprender una enfermedad de forma básica e inculcarles medidas de protección. Según Mercedes Bermejo, hay que promediar lo que se dice: «Hay veces que, con la idea de no mentirles, les lanzamos un mensaje demasiado crudo».
  3. Los niños imitan a los padres: no caiga en la histeria. Hay que evitar expresiones condicionadas a situaciones de miedo. «No hablar de ‘ya van tantos muertos’ o ‘hay tantos muy graves’ o ‘hay que ir corriendo a comprar'», advierte Hernández. En definitiva, se trata de no ser alarmistas y de dar ejemplo. La psicóloga Álava añade: «Hay niños que desarrollan pánico si ven a los adultos caer en él».
  4. Desmonte ideas irracionales y combata conductas de rechazo. Los especialistas señalan que, una vez que se produce un rechazo entre iguales en la infancia, es probable que se perpetúe. «Es importante que no se genere un rechazo que luego es difícil revertir, el rechazo al asiático, al que tose, que no se les diga: ‘A ese no te acerques'», aconsejan. «El principio de incertidumbre hace que nos pongamos en lo peor. Hay familias con un perfil de personalidad más proclive a generar alarma. Hay que evitar eso».
  5. Utilice los cuentos. «Los cuentos pueden ser una manera muy ilustrativa y cercana de contarles», comenta Bermejo. «Sobre todo para trabajar lo emocional». Un material ilustrado dirigido a los niños, y que se está distribuyendo entre los especialistas, comienza así: «Hola. Soy un virus, primo de la gripe y el resfriado. Y me llamo coronavirus. Me encanta viajar y saltar en las manos de las personas para saludar. ¿Has escuchado hablar sobre mí? ¿Y cómo te sientes cuando me escuchas nombrar?».
  6. Sentimientos. «Por culpa de la tecnología, hay un déficit emocional», prosigue Bermejo. «Antes, cuando algo no nos gustaba, poníamos una cara, la nuestra. Ahora ponemos un emoticono… Pero es muy importante que expresen lo que sienten con lo que está pasando».
  7. Sentido del humor, sí, pero… Silvia Álava opina que el sentido del humor está muy bien para desdramatizar. Ahora bien: «Los niños no entienden la ironía hasta los siete años, con lo que hay que tener cuidado con las bromas, porque se pueden asustar».
  8. Niños en riesgo. Lo más probable es que, lo que está sucediendo, afecte más a niños con «rasgos hipocondríacos u obsesivos». También a los que tienen «altas capacidades, pues muestran una sensibilidad mayor». Timanfaya Hernández: «Con los menores con patologías previas que atañan a la ansiedad, el mensaje de calma ha de ser mayor. Chicos con TOC de lavarse las manos compulsivamente, por ejemplo, pueden tener un pico en el comportamiento en estas semanas».
  9. Ayudarles a predecir su tiempo. Se trata de orientarles en el control de su tiempo durante este periodo. Precisamente para que no se encuentren en una situación en la que no pueden predecir nada. Eso da tranquilidad y normaliza.
  10. Desconectar. Los psicólogos piden hacer de la necesidad, virtud. Ante una situación de crisis como ésta, ver una oportunidad para compartir el tiempo en familia y desconectar.

FUENTE: Diario El Mundo

Cómo evitar que los deberes de los hijos sean para los padres. Colaboración con el diario ABC

Los expertos creen que las tareas escolares las deben hacer los niños para asumir sus propias responsabilidades, pero a la vez animan a fomentar hábitos de estudio y a mostrar interés en el desempeño en el colegio.

Por Teresa Sánchez Vicente

En el término medio está la virtud, los padres deben motivar a los hijos a tener un buen desempeño escolar, pero sin ejercer un control directo y autoritario sobre sus deberes. En una era en la que las nuevas tecnologías facilitan la participación de los progenitores en el día a día del colegio a través de plataformas educativas, correo electrónico o de grupos de chat, gran parte de los expertos consultados así lo atestiguan: las tareas escolares las deben hacer los propios niños con el objetivo de que crezcan en responsabilidad y autonomía. Esta afirmación no excluye la implicación familiar a través de ayudas puntuales o desplegando un estilo comunicativo que transmita interés en su rendimiento diario y a la vez, expectativas sobre su futuro a los niños. «Los padres sí tienen la labor de inculcar el sentido de la responsabilidad mediante la imposición de hábitos y rutinas. Se puede merendar y descansar un rato y después hay que hacer los deberes» (Álava Sordo, doctora en Psicología)

Si lo que perseguimos es que consigan buenas calificaciones, hay que tener en cuenta que los estudiantes con padres que se implican de forma más indirecta obtienen mejores notas que aquellos con familias que ejercen un estilo más controlador, tal y como se extrae del informe «La implicación familiar en la educación: una herramienta de cambio», elaborado por profesores de la Universidad de Oviedo y publicado por la Fundación La Caixa. Los datos de PISA señalan que los niños que afirman recibir ayuda frecuente de cualquier familiar obtienen puntuaciones escolares más bajas que aquellos que hacen los deberes por su cuenta. En el informe tambien se concluye que la implicación familiar es positiva para los alumnos, pero siempre y cuando se lleve a cabo con un estilo comunicativo a través de la participación en el colegio y la implicación en el hogar mediante la dotación de recursos que fomenten el estudio. Por contra, no todas las formas de intervención familiar son adecuadas e incluso pueden llegar a ser perjudiciales para el desempeño escolar, tal y como es el caso de las interacciones que se centran únicamente en el control directo sobre los deberes.

Uno de los autores del estudio mencionado y profesor de la Universidad de Oviedo, Rubén Fernández Alonso, explica que el control excesivo de los padres «correlaciona negativamente con los resultados» por ser una práctica nociva para el desarrollo de la responsabilidad y la autonomía de los hijos. Además, «un perfil invasivo aumenta las probabilidades de conflicto, lo que redunda en una pérdida de la motivación, que es un factor clave para los buenos resultados». «Eso no quiere decir que los padres no deban ofrecer ayuda. Los extremos nunca son buenos en temas educativos. Por supuesto, a una demanda concreta, una consulta o petición de ayuda, los padres pueden y deben ayudar. Pero esta ayuda debe ser puntual y siempre a demanda», añade Fernández Alonso.

«Un perfil invasivo aumenta las probabilidades de conflicto, lo que redunda en una pérdida de la motivación, que es un factor clave para los buenos resultados» (Fernández Alonso, Universidad de Oviedo)

En este sentido, Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron» deja claro que «los deberes son responsabilidad del niño, no de los padres». «Los padres tienen que tener claro que no es su labor, pueden supervisar lo que están haciendo, pero tienen que dejar que los niños vayan con errores y que se los corrija el profesor porque así aprenden más. Eso no quita que los padres atiendan dudas puntuales», añade Álava Sordo. Al mismo tiempo, los progenitores sí deben enfatizar la utilidad de hacer las tareas y fomentar el estudio. «Los padres sí tienen la labor de inculcar el sentido de la responsabilidad mediante la imposición de hábitos y rutinas. Se puede merendar y descansar un rato y después hay que hacer los deberes. No hay que perseguirlos, pero tampoco dejarles que cojan los juguetes antes de hacer las tareas», aclara Álava Sordo.

Un refuerzo de lo aprendido

Por su parte, el presidente nacional de ANPE (sindicato independiente de profesores), Nicolás Fernández Guisado, destaca que los deberes deben servir para «inculcar hábitos, responsabilidad, planificación y reafirmar el aprendizaje adquirido en el colegio». Por estas razones, Fernández Guisado opina que «los padres no deben hacer los deberes en absoluto» ni tampoco recurrir a clases particulares ya que son un refuerzo de lo enseñado en clase y los niños deben tener las herramientas para saber hacerlos por sí mismos. «Es mejor que el alumno no haga los deberes o que los haga de forma errónea a que se los hagan los padres para que sea el profesor quien les corrija. Ni es bueno despreocuparse, ni tampoco hay que sobreproteger de forma excesiva», sentencia el presidente de ANPE. Por ello, Fernández Guisado sí anima a los progenitores a «inculcar hábitos de estudio y autoestima a los hijos», a la vez que se les transmite que hay «preocupación por su evolución diaria» en el colegio. «El profesor de matemáticas enseña las matemáticas porque conoce a fondo esa materia, el profesor de inglés enseña el inglés por los mismos motivos. Lo que no puede ser es que el colegio ponga deberes a los padres» (L’Ecuyer, autora de «Educar en el asombro»)

La autora de «Educar en el asombro» y «Educar en la realidad», Catherine L’Ecuyer coincide en la idea de que los niños deben aprender las materias en el colegio y no en casa. «Los padres son primeros educadores, pero pueden delegar la instrucción a un colegio cuando no se ven capaces o preparados de asumirla. En ese caso, el colegio lleva a cabo la instrucción por encargo de los padres. Lo que no tendría sentido es que el colegio vuelva a delegar a los padres el encargo que los padres delegaron inicialmente al colegio porque no estaban preparados para llevarlo acabo. El profesor de matemáticas enseña las matemáticas porque conoce a fondo esa materia, el profesor de inglés enseña el inglés por los mismos motivos. Lo que no puede ser es que el colegio ponga deberes a los padres», señala L’Ecuyer.

Asimismo, L’Ecuyer aboga por que los niños tengan más tiempo para jugar y descansar. «Es curioso, porque hay tiempo de ver películas comerciales en las horas lectivas o durante el patio cuando llueve, pero luego los hijos llegan a casa con la mochila cargada de trabajos, y la gran mayoría de los padres sienten la necesidad de apuntar a sus hijos a refuerzo en inglés, en mates, etc. Es el mundo al revés. El tiempo se ha de aprovechar bien, hacer cada cosa cuando toca. En casa, los niños deberían tener más tiempo para jugar, estar tiempo con sus hermanos, conversar en la hora de la cena, etc», indica la experta en educación.

«Tenemos un examen»

Otro tema es el del lenguaje inclusivo y el hablar en plural, una práctica a evitar porque supone asumir las responsabilidades propias del niño. «No se puede decir ‘tenemos un examen’, ya que no lo tiene el padre, sino el niño», indica Álava Sordo. «Si actuamos así, los niños se vuelven comodones porque saben que los padres van a asumir sus responsabilidades. Esto ocurre, por ejemplo, cuando los niños ya no apuntan los deberes en la agenda porque las madres acaban preguntando en el grupo de chat que hay para el día», relata la autora de «Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron».«Es mejor que el alumno no haga los deberes o que los haga de forma errónea a que se los hagan los padres para que sea el profesor quien les corrija» (Fernández Guisado, presidente nacional de ANPE)

Por su parte, el profesor Fernández Alonso aboga por dar de baja los grupos de chat de padres y madres donde se intercambia información sobre los deberes diarios. «Si un día se olvida el libro o no apuntó los deberes en la agenda, lo mejor es que los lleve sin hacer y se enfrente (sin mucho drama) al hecho de olvidar su responsabilidad», concluye.

En conclusión, la clave para motivar residiría en no quitar el protagonismo de su vida (escolar) a nuestros hijos. No obstante, siempre es bueno interaccionar de forma indirecta mediante trucos -que resume el autor del estudio mencionado al principio de este artículo- como predicar con el ejemplo, proveer de medios y recursos necesarios para el estudio y ofrecer oportunidades culturales, así como enfatizar la utilidad de las tareas escolares y por último, reforzar positivamente las conductas responsables a la vez que se debe evitar perder los nervios cuando los hijos actúan de forma negativa.

FUENTE: DiarioABC

Si te interesa el tema puedes ver:

El regreso a la rutina escolar supone un gran esfuerzo económico y psicológico para los padres. Colaboración con la cadena COPE

Llegamos al final del verano y eso solo significa una cosa, volver a la rutina. Dejamos la playas, volvemos a casa, retomamos el trabajo y a los niños les toca algo que no les gusta mucho, volver a las clases. La vuelta al cole se traduce en un auténtico esfuerzo económico y psicológico para padres y niños. En cuanto a lo económico, las familias realizan un gran desembolso para los uniformes, los libros, las mochilas, básicamente todos los materiales escolares. Un desembolso que, según la Organización de Consumidores y Usuarios, oscila este año entre los 1.993 euros de gasto medio por hijo. Unos costes que dependen, lógicamente, del tipo de educación que tenga el niño.

Si la educación es pública, la OCU estima que el gasto medio por niño desde que llega a infantil hasta bachiller es de 4.416 euros. Si es concertado, el gasto asciende paulatinamente a 10.168 euros. Y si la educación es privada, los gastos llegan a 24.841 euros. Dentro de esas medias se encuentran los gastos en material, ropa libros… El material escolar ronda en torno a los 83 euros de media anual, los libros de texto, unos 201 euros y en el caso de los uniformes, unos 151 euros de media. Cifras que sin duda suponen una “cuesta de agosto”.

Pero como decíamos al principio, también significa un esfuerzo psicológico tanto para padres como para hijos. Los niños tienen que recuperar los hábitos de acostarse pronto, ir a clase, dejar las consolas por los libros… Un cúmulo de cambios que hace que la vuelta a la rutina sea complicada. Los padres por su parte luchan para que sus hijos recuperen estos hábitos, llegando muchas veces a discutir y enfadarse cuando estos muestran cierto estado de rebeldía.

En Mediodía COPE hemos hablado con Silvia Álava, psicóloga experta en educación, para conocer conocer mejor cómo afecta el inicio del colegio a los pequeños: «Les afecta un poquito. Es cierto que les cuesta ponerse las pilas pero tardan menos que los padres. Normalmente suelen tardar unos 15 dias en habituarse«. La psicóloga ha dado consejos para mejorar la vuelta al cole en las casas: «Los padres pueden ir retomando horarios estas semanas previas a la vuelta al cole. No tiene sentido que apuren con el mismo horario hasta el comienzo del colegio porque si no van a estar agotados«.

También ha destadado la importancia de la actitud que tienen que tener los padres cuando llevan a los pequeños al cole: «Los niños tienen que saber dónde vamos, qué es lo que se va a hacer, etc. Pero lo fundamental en estos casos es la actitud de los padres porque hay a veces que son los padres quienes van con miedo al colegio. Esa actitud da un mal enfoque al pequeño y lo asimila con algo negativo. Por eso tienen que cambiar la actutud para que el pequeño vaya contento al colegio«

«Es fundamental trabajar emociones en el aula». En el Foro de Educación de Faro de Vigo

«Para explicar las básicas a los pequeños es necesario utilizar caras: no basta con emoticonos porque no se asegura la transferencia»

Selina Otero Vigo 21.09.2019 | 01:18

Álava en su taller de inteligencia emocional como aliado del aprendizaje. // Marta G. Brea

Álava en su taller de inteligencia emocional como aliado del aprendizaje. // Marta G. Brea

«Hay que empezar por las emociones básicas y poco a poco ir introduciendo las demás». Las emociones: «es fundamental trabajarlas en el aula». Silvia Álava, psicóloga y autora de «Queremos hijos felices: lo que nunca nos enseñaron», entre otros libros, explicó en su taller del Foro de Educación de FARO: «la inteligencia emocional como aliada del aprendizaje».

Y para explicar las emociones a los demás primero hay que aprender a reconocerlas. «¿Qué cara es esta? De tristeza. ¿Qué pasa con la tristeza? Que baja la energía pero también es un momento de introspección, para saber lo que nos pasa por dentro. Por un momento quitamos el piloto automático y nos permitimos pensar», explicó Álava Sordo a los docentes, padres y madres asistentes a su taller de ayer (hoy repetirá sesión a las 18.45 horas).

«¿Y el enfado? ¿Qué pasa con el enfado? ¿Para qué sirve? Sirve para descargar, para demostrar disconformidad con algo. La energía es alta… Otra cosa es cómo yo utilizo la energía del enfado. Cuando nos enfadamos utilizamos mucho los brazos, pero como aprendemos en sociedad no utilizamos esta energía para pegarnos», describió la experta en inteligencia emocional.

Los docentes asistentes compartieron con Silvia las características de cada emoción. Incluso salieron al escenario para expresar ellos mismos emociones al resto del público y este tenía que adivinarlas. «¿Y la sorpresa? ¿Cómo es la sorpresa? Boca muy abierta… La sorpresa es una emoción neutra. Cejas arqueadas, ojos abiertos, boca abierta… La sorpresa puede derivar después en alegría, si es algo positivo, o en tristeza, si es algo negativo», expresó la psicóloga, coach y profesora. Que añadió: «¿Qué pasaría si no sintiéramos asco? Nos envenenaríamos al abrir la nevera», bromeó.

Tras una exposición de las emociones básicas Álava afirmó. «todo esto podemos hacerlo con los peques». Y concretó: «no nos valen solo los emoticonos, necesitamos integrar la emoción descrita en una cara para asegurarnos que se produce la transferencia».

Para Álava, cuando somos capaces de reconocer lo que estamos sintiendo, tanto nosotros como los demás, y además somos capaces de regularlas, «somos capaces de adquirir el control de nuestra vida. «Añade esta experta que es muy importante saber cómo trabajar la inteligencia emocional, tanto en las clases como en la familia. «Los padres son el principal modelo a seguir del niño por lo que ellos tienen que ser los primeros en trabajar su inteligencia emocional», cuenta esta profesional.

Las personas con este tipo de inteligencia son más empáticas, comprenden mejor los estados emocionales y pueden establecer relaciones interpersonales de mayor calidad, con más habilidades sociales y menos conducta agresiva. Está comprobado también, según esta psicóloga, que se asocia la inteligencia emocional al rendimiento académico.

Álava ha escrito mucho sobre la preparación de los pequeños y pequeñas para la vida. Sin embargo, eso no significa felicidad continua. Siempre explica que debe interpretarse bien la felicidad: «hay que prepararles para la vida, que sean autónomos, que sean seguros, independientes…», expresa.

FUENTE: Faro de Vigo

Falda o pantalón: las alumnas de un colegio concertado piden poder llevar pantalón como medida de igualdad. Colaboración con el diario El Mundo

Por RAÚL BARRÓN

A muchas de las chicas del Santa María de la Hispanidad no les gusta llevar falda al colegio. Cuando corre el aire, tienen que estar pendientes de que no se levante. Cuando se sientan, lo hacen preocupadas. En ocasiones, se sienten incómodas y observadas. Saben, que algunas de sus amigas odian la prenda, las acompleja físicamente. Además, no pueden correr de una manera cómoda y pasan frío.

Un total de 367 de 550 de los alumnos del colegio Santa María de la Hispanidad, de entre 11 y 16 años, están de acuerdo en que las chicas puedan elegir como prenda para su uniforme un pantalón. Así se lo hicieron saber en una carta con sus firmas a la dirección del colegio, situado en el distrito de San Blas-Canillejas. En el escrito reivindican «la opción de vestir aquello que consideren más cómodo y acorde a los tiempos».

Las alumnas consideran que se trata de un comportamiento sexista, ya que se relaciona un tipo de prenda con un género.

La dirección del colegio aceptó la propuesta de manera parcial, modificando la falda a falda-pantalón. La razón del cambio fue, según el director del colegio, que «debe de mantenerse la diferencia de género en el uniforme». La medida, sin embargo, se tornó insuficiente para las alumnas.

«Cada vez son más los colegios que se modernizan y más los padres que buscan un colegio más igualitario y que no marque la diferencia de sexo de los alumnos, sino la diferencia de unos valores distintos y mejores, que el propio niño pueda ir formando para que pueda ser en un futuro una persona coherente y favorecedora para su entorno, siempre y cuando no falte la responsabilidad y el respeto», denuncian en su misiva.

En la Comunidad de Madrid, el uniforme está presente en el 20% de los cerca de 800 centros públicos. Los privados y concertados tienden a utilizarlo, pues la decisión es autónoma de los centros educativos.

La experiencia en otros colegios

El colegio Monte de El Pardo de Madrid es uno de los que ya adoptó esta medida, tal y como se exponía en un reportaje en El Mundo, que permitía elegir entre falda y pantalón a las niñas. Los padres apostaron por el uniforme por comodidad y para dejar menos en evidencia las diferencias socioeconómicas de las familias.

Respecto al análisis de la decisión, la jefa de estudios del Colegio, Victoria Valero explicaba a El Mundo: «Lo que ocurre, en la práctica, es que las pequeñas van con pantalón, porque es más cómodo, pero las mayores, las de 10 u 11 años, prefieren venir con falda».

El reportaje también analizaba la cuestión desde el punto de vista psicológico.»Los uniformes tienen cosas positivas y negativas», sintetizó la psicóloga Silvia Álava. «Nos sirven para homogeneizar el grupo y que todos los estudiantes se sientan iguales, y también para evitar comparaciones que surgen en estas edades con las marcas. Es verdad que ayudan a dar un sentido de pertenencia al grupo, de equipo y de unidad al que lo lleva, como ocurre con los uniformes de trabajo. También tienen un componente de comodidad… Pero la parte negativa es que evitan la diferenciación del individuo, que también es importante para el desarrollo de la personalidad».

FUENTE: Diario El Mundo

Video: colaboración en el programa Trece al Día de TreceTV ¿Por qué la tasa de abandono escolar es superior en España que en otros países Europeos?

Os adjunto mi participación en el programa «Trece al Día»espacio presentado por José Luis Pérez y Ana Samboal, donde hablamos sobre educación, niños, profesores y familia: ¿Por qué la tasa de abandono escolar es superior en España que en otros países Europeos?

¿Hay que ayudar a los niños con los deberes? Colaboración con ZEN de El Mundo

  • De qué sirven al profesor unos ejercicios que han estado corregidos de antemano
  • No todos los niños son iguales y no todos tienen la misma facilidad
  • Silvia Álava: «Si se los hacemos, no llegan a hacerse responsables»

Los deberes son responsabilidad de los niños, nunca de los padres. Esa es la frase mantra, lo que reza el sentido común en la educación pero, entonces, ¿qué pasa para ese cruce de pantallazos en los grupos de WhatsApp con las tareas? ¿Por qué hay padres que hablan en plural de los deberes compartidos con sus hijos, «esta tarde nos han mandado muchos»? Depende a quién se consulte. Los expertos insisten en que los hagan solos y, eso sí, los padres se encarguen de que sus hijos dispongan de tiempo y de un espacio adecuado para hacerlos con tranquilidad, sin ruido, con buena luz. Y de resolver dudas puntuales.

Curiosamente, mientras se aconseja hacer a los niños resistentes frente a la presión del grupo, son los padres los que en ocasiones se muestran más proclives a sentirse influenciados por otros progenitores muy «hiperpadres», pendientes del último ejercicio de sus hijos.

Jesús Manso es investigador en didáctica de la Educación y psicopedagogo. En su contacto con maestros que pasan por la Universidad Autónoma, donde da clase, confirma que existe esa presión entre progenitores: «Se ha acentuado con los grupos de WhatsApp. Hay padres que se enteran de que otros están ayudando y, entonces, se ponen ellos también. Se genera una especie de competición. Los que pensaban que no era su papel, dudan y empiezan a ayudar».

La siguiente pregunta obvia es de qué sirven al profesor unos ejercicios que han estado supervisados y corregidos ya de antemano, qué información válida sobre el nivel puede sacar de ahí. «No tiene ningún sentido. Ahora que se cuestiona la utilidad de algunos deberes, así no tienen apenas», añade Manso.

Cuestión de responsabilidad

Carmen Pascual, directora del colegio Padre Coloma de Madrid, de Primaria, incide en ese papel pernicioso de algunos padres:»Hay que inculcar la responsabilidad desde el principio. En muchas ocasiones, no toman notas de sus tareas en las agendas a sabiendas de que se van a informar por los chats. Esta es una negación más, de tantas, en relación a la exigencia de los padres hacia los hijos».

Hay padres que tienen interiorizado cómo actuar: «No les debemos ayudar. Es su formación individual como personas, es su crecimiento personal, asumiendo obligaciones y responsabilidades», dice Manuel Espinosa, padre de dos hijos. Su discurso es el que va difundiendo Silvia Álava, psicóloga educativa, en sus numerosas apariciones en canales de vídeo cuando habla de los deberes: «Si se los hacemos, no llegan a hacerse responsables».

Pero no todos los niños son iguales o tienen la misma facilidad. María Rodríguez es madre de tres, una con dislexia y dos con déficit de atención: «Hay niños a los que hay que ayudar y a otros a los que no. En mi casa, los dos niños necesitan supervisión. La niña, no».

Manso incide en la desigualdad social ante los deberes, las posibilidades de tener tiempo y conocimiento para solventar dudas y, como dice María, que haya niños con necesidades más específicas: «Ahí está el perfil socioeconómico muy marcado del fracaso escolar en España y eso tiene que ver con la falta de recursos para atender a la diversidad de la Administración».

Marta Cárdenas, que admite que jamás le ayudaron sus padres a los deberes, sí lo hace ahora con los suyos: «Estamos todo el día detrás de los deberes y sacan buenas notas. Pero no veo que profundicen si un tema les interesa mucho. Creo que debería haber un rato en el colegio para que los hicieran y llegar con la tarea hecha». Ella era más autónoma, sacaba peores notas pero leía por su cuenta los cómic de Marvel.

Fomentar su autonomía

Es curioso el caso de Esther Teruel, una pedagoga que siempre aconseja dejar a los niños solos y que sean responsables. Hace un mes, sin embargo, su hija mediana llegó con una nota pésima en una asignatura. Se enteró y resulta que el profesor no explica y se limita a decirles lo que entra en el examen. Se ha tenido que sentar con ella: «Debemos fomentar su autonomía pero hay colegios o docentes que nos obligan a faltar a nuestros valores«.

Jesús Manso se hace eco de algunas quejas de padres sobre la recarga de deberes por no poder abordar todo el temario por la celebración de charlas, conferencias, semanas temáticas, etc en el colegio: «Es verdad que el curriculum no ha parado de aumentar en las últimas décadas y, a la vez, se han introducido metodologías más innovadoras y actividades que no están centradas en el conocimiento». Al final, lo que no se hace en clase, se acaba en casa.

Los deberes se van complicando, además, y llega un momento en Secundaria que muchos padres no pueden ayudar ya. Y es en ese nivel donde se produce un altísimo fracaso escolar en España.

Pero no en todos los centros los padres tienen esas preocupaciones. En un instituto de un pueblo de las afueras de Granada, Antonio, un profesor, explica que el debate no existe donde los padres no tienen ni tiempo ni formación para estar encima de los deberes de los niños. «Sí les toman la lección de memoria y comparten lo que hay que hacer por los grupos de WhatsApp, luego en Secundaria se estrellan. Mientras, los padres están con el ruido mediático de lo que es acoso escolar o de si hay que prohibir los deberes».

Y Gregorio Luri, por último, suele poner de ejemplo otros «deberes» enriquecedores que sí se pueden hacer en familia: mantener una conversación interesante a la hora de la cena, elegir de quién y de qué se habla, comentar libros o noticias. Esos sí se pueden hacer juntos.

FUENTE: Diario El Mundo

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