¿Hemos perdido la ilusión? Colaboración con Padres y Colegios

Afrontábamos el nuevo curso escolar como un gran reto, una oportunidad para recuperar el tiempo perdido tanto a nivel curricular como con los amigos, y sin embargo, según van pasando los días y la situación se vuelve a complicar, parece que vamos perdiendo la ilusión. Las cosas no son como nos las habíamos imaginado y la incertidumbre ha llegado para quedarse.

Los niños, de nuevo nos están dando una gran lección. Si bien es cierto que muchos de ellos se encuentran muy frustrados e incluso cargados de una rabia, que no saben gestionar y la trasforman en conductas disruptivas; otros muchos nos demuestran que pueden aprender a ser felices y a mantener sus ilusiones pese a que no les guste la situación provocada por la pandemia. Sin embargo, a los adultos nos cuesta más y pese a que sabemos que tenemos que ser un modelo de resiliencia para nuestros hijos y alumnos, en ocasiones nos resulta difícil mantener vivas nuestras ilusiones. Y es que,

“…podemos vivir sin apenas dinero, con poca salud, pero no podemos vivir sin ilusiones”

María Jesús Álava Reyes

Os dejo el enlace al artículo y a la revista:

Las consecuencias del confinamiento en los niños. Colaboración con Aleteia.

Permanecer tantos días encerrados hace que nos preguntemos si esta situación puede traer consecuencias psicológicas o de conducta en nuestros menores.

Esta situación que estamos viviendo creo que nos ha cogido a la mayoría con el pie cambiado y si a los adultos nos está costando sobrellevar este confinamiento, cuánto más les puede estar ocurriendo a nuestros niños.

Todos aplaudíamos el domingo pasado la decisión de que nuestros menores salieran a la calle. ¡Era necesario para los niños! Es más, para que esto se realizara de manera razonable, se apelaba desde las altas instancias a la responsabilidad de los padres, lógico por otra parte. Quién mejor que los padres para querer lo mejor para sus hijos.

No obstante, el permanecer tantos días encerrados hace que nos preguntemos si esta situación puede traer consecuencias psicológicas o de conducta en nuestros menores, dado que las circunstancias que estamos viviendo desde mediados de marzo, es cuanto menos para analizarla.

Si hacemos una lectura en positivo, al menos, tanto los padres como los hijos están pasando tiempo juntos, con intensidad añadiría yo, donde un mismo espacio de la casa se hace multifuncional. La cuestión es cómo eso repercute en las familias.

Los expertos, en todo caso, muestran preocupación ante la primera generación infantil en vivir un confinamiento semejante.

«Todavía no sabemos bien lo que va a ocurrir porque estamos ante una situación excepcional», aclara la doctora en Psicología, Silvia Álava. «No existen estudios sobre el confinamiento de un país entero durante tantos días, pero sí sabemos que el aislamiento puede tener efectos en la salud emocional y el desarrollo cognitivo. Se ha estudiado a niños que han estado en antiguos internados y se ha visto que la falta de estimulación y cariño tienen consecuencias, pero, en este caso, la mayoría están con sus padres. Por eso no vaticinamos que los efectos vayan a ser dramáticos«.

Ante esta realidad y sabiendo de que los niños son esponjas emocionales, muchos especialistas infantiles, aseguran que los menores tienen una capacidad de resiliencia enorme y nos lo están demostrando a diario, dándonos verdaderas lecciones de vida, de adaptación y de ilusión.

A estas alturas muchas familias habrán experimentado:

  • situaciones de enfado,
  • irritabilidad,
  • tristeza
  • ansiedad
  • conductas oposicionistas
  • conductas desafiantes,
  • alteraciones en el sueño
  • quejas somáticas…

Pero en muchos casos, también habrán experimentado:

  • situaciones de complicidad,
  • risas,
  • ternura,
  • juegos con los hijos que transportaban a los adultos a su más tierna infancia, sacándoles alguna que otra lágrima de alegría,
  • todo esto aderezado con muchos gestos de cariño.

Por eso, es importante evitar el alarmismo, ya que no todos los niños experimentarán alteraciones a raíz del confinamiento y, de hecho, «se espera que la mayoría no las sufran. Los niños, en general, cuentan con una buena capacidad de adaptación, que puede ser incluso superior a la de los adultos. Por tanto, aunque aparezca algún síntoma, no esperamos que se alargue en el tiempo en la mayoría de ellos«, concluyen los expertos.

Dado que nuestros menores son capaces de adaptarse a lo que tengan por delante y precisamente porque son como esponjas, serán lo que sus padres les enseñen con su ejemplo. “Con el cariño del entorno familiar no tiene por qué haber secuelas emocionalesy si existieran, que éstas sean mínimas», asegura la Presidenta de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria, AEPAP, Concha Sánchez Nieta.

Esto dependerá tanto del entorno como de la gestión emocional que se haga en las familias de esta situación.

Emociones y afectos

Lamentablemente el confinamiento puede influir más en las familias desfavorecidas, con pocos recursos o con hijos con patologías previas, donde el contagio emocional de los padres a los hijos se agudiza más en espacios pequeños. Pero también es verdad que este tiempo de encierro es tiempo de crecimiento en las relaciones familiares, de comunicación y de gestión de emociones, de permitirnos sentir y de expresarlo.

Lógicamente habrá momentos en los que derrumbemos, los niños ahora son más conscientes de la fragilidad del mundo, pero si han visto que sus personas de referencia les transmiten seguridad e información sobre lo que está ocurriendo y les hablan con un lenguaje adaptado a su edad, explicándoles la situación con cariño pero siendo realistas y aclarando sus dudas, ayudaremos a nuestros hijosa una mejor gestión emocional de la situación.

Es tiempo de reforzar vínculos afectivos con nuestros menores, 

De acompañarles en su crecimiento para que éste sea firme y seguro y de creer que lo más importante es la actitud que tengamos ante las dificultades. Por eso, la tarea que hoy tenemos por delante los adultos, en cuanto a la gestión interna de la situación en nuestras familias, es una tarea difícil pero apasionante, como la de un jardinero queplanta sus semillas y día a día las cuida hasta que esa planta echa raíces y florece.

Es tiempo de conocimiento y de reconocimiento mutuo en las familias, de practicar la escucha interior de nuestras emociones y de las de nuestros hijos, de cultivar la paciencia y a través de la palabra llena de cariño, permitir que nuestros pequeños crezcan seguros y felices, tiempo de siembra para que este período no les traiga consecuencias emocionales negativas y si eso ocurriera, estar ahí para acompañarles.

Y como decía Viktor Frankl, “si no está en tu mano cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.

FUENTE: Aleteia

Los retos del colegio en tiempos del Covid-19

Os adjunto el vídeo de la colaboración realizada con Casa Mediterráneo sobre los retos de la escuela ante el Covid.

¿Por qué a algunos adolescentes les gustan tanto las películas de terror (y a algunos adultos también)? Colaboración con Bebesymas.com

De tener miedo a lo que hay bajo su cama cuando son niños a encantarles las pelis de terror total unos años después, cuando entran en la adolescencia. ¿Por qué les gusta tanto el miedo a algunos adolescentes? ¿Qué hace que quieran ver películas de terror?

Por qué nos gustan las pelis de miedo

El estudio del miedo y de la fascinación por el mismo lleva interesando a los investigadores desde hace años.

Inicialmente se redujo todo a un “chute de adrenalina”, que es adictivo, pero por sí solo esto no es una explicación satisfatoria para una conducta tan compleja (pasarlo mal a posta). En Bebés y más23 libros de terror y suspense para regalar a tus hijos en la noche de Halloween

Tradicionalmente se manejaban dos hipótesis o explicaciones acerca de por qué nos gusta pasar miedo en el cine:

  • La primera se centra en que esto sucede porque los espectadores de estas películas en realidad no sienten miedo, sino excitación (no sexual, sino a nivel cognitivo y fisiológico).
  • La segunda justificaba que aguantáramos pasarlo mal con esas películas porque después sentíamos un profundo alivio y una -adictiva- euforia.

Sin embargo posteriormente un estudio realizado en la Universidad de Berkeley y publicado en el Journal of consumer research, contradice estas dos propuestas afirmando que no es el alivio o la exitación lo que nos lleva a querer pasar miedo, sino que nos gusta sentirlo.

Otro estudio reciente (tan reciente como que es de este mismo año) explica por qué nos gusta el miedo y por qué repetimos experiencia a pesar de haberlo pasado fatal en la sala en otras ocasiones viendo películas de terror.

Según los autores, la exposición voluntaria a experiencias negativas intensas (como puede ser una película de terror, el pasaje del terror de un parque de atracciones o una montaña rusa con una baja de infarto), mejora nuestro estado de ánimo.

Aquellos participantes que habían indicado que estaban aburridos, cansados o estresados previo a ser expuestos a una experiencia de miedo (una especie de pasaje del terror), señalaron que se encontraban muchísimo mejor después: menos aburridos, más activos y sobre todo menos estresados.

Los autores concluyen entonces que la exposición voluntaria al miedo, por ejemplo, nos ayuda a reducir el estrés.

En el caso de los adolescentes

A muchos les resulta curiosa la fascinación que sienten los adolescentes por el miedo, el terror o lo paranormal. ¿Hay alguna explicación para ello?

Como casi todo en lo que respecta a la conducta humana, no hay una sola causa o explicación de por qué hacemos lo que hacemos.

Veamos algunas variables o circunstancias que puede estar tras esta fascinación:

  • Un estudio de 2014 revela que directamente los adolescentes encuentran excitante la exposición a situaciones o experiencias que evocan el miedo. Muchos adolescentes, de acuerdo con los autores, encuentran lo amenazante, lo peligroso, como gratificante, les gusta.
  • Para ellos puede ser como un reto, un “a ver cuánto miedo aguantamos”, una forma de tomar la medida de hasta donde llegan. En la adolescencia están definiéndose a sí mismos, están buscando quiénes son, y en ese proceso se prueban, se comparan con sus iguales, se llevan al límite en algunas cosas. Y esta puede ser una de ellas.
  • Están desprendiéndose de su yo infantil, “ahora soy mayor, adulto”. Las películas de terror pueden suponer para ellos un rito iniciático de la adolescencia, de la “siguiente etapa”. Dejan atrás los miedos que consideran típicamente infantiles y abrazan esto que para ellos, es adulto: enfrentarse al terror… sin pestañear.
  • Vía para ligar y tontear: ir en una cita a ver una peli de terror es un clásico adolescente, tanto que muchos de nosotros, ahora padres, seguramente habremos pasado por ello. Ver este tipo de películas con la persona que te gusta es la excusa perfecta para acercarse, para abrazarse, para tocarse… O sea, eso que todo adolescente hormonado desea.
  • Socialización de género: a esto anterior se le suma ese componente cultural, ese estereotipo social (que el propio cine ha explotado) de “la chica indefensa y/o sensible y el chico protector”… roles que en un cine, mientras descuartizan a un personaje, convenientemente se activan en pos de lo sexual. En un estudio -prehistórico, lo advierto- publicado en el Journal of personality and social Psychology, los autores encontraron que los chicos disfrutaban más de las pelis de terror cuando estaban en compañía de una chica “nerviosa o asustada” que cuando estaban con una tranquila o que controlaba sus emociones. Por otra parte, las chicas parecían disfrutar más de una sesión de cine de terror cuando iban acompañadas de un chico “que controlaba la situación”, tranquilo, que con uno nervioso o asustado. Pero este estudio es de 1986, y de eso ha llovido mucho.
  • Porque no es real: a pesar de lo explícita, de lo sanguinaria o terrible que pueda ser una película, ellos distinguen entre eso y la realidad, y es el escalón que marca la diferencia. Un estudio publicado en 1993 expuso a universitarios a escenas reales sangrientas. Los participantes mostraron altos niveles de malestar. Sin embargo, cuando después se les preguntó si irían al cine a ver una película de terror sangriento, afirmaron estar dispuestos sin ningún problema. El estudio demostró a su vez que cuanto más realista la película, más efectos negativos causaba en los espectadores jóvenes, por lo que la distancia con la realidad, o que se perciba como “no posible o realista” hace que toleren niveles más altos de miedo o terror sin pasarlo mal.
  • Tradicionalmente en las pelis de terror, ya en los 70 pero en pleno apogeo en los slasher de los 90, se mezclaban terror con violencia y sexo. Y… ¿qué adolescente no se siente lo “suficientemente mayor” como para ya poder ver eso?

Mejor en grupo

Si nos fijamos, los adolescentes tienen una clara preferencia por ver este tipo de películas en grupo. ¿Por qué? Porque supone un contexto seguro en el que experimentar determinadas emociones negativas sin tener que asumir ningún tipo de riesgo en realidad.

Tras una experiencia de este tipo, en grupo, tienen la sensación de haber sobrevivido a algo, y se creen más fuertes, lo que a su vez genera más cohesión de grupo, se sienten más unidos por la experiencia. Y si algo necesitan y buscan los adolescentes es sentirse parte del grupo de amigos.

Por otra parte, ver este tipo de películas con amigos y comentarlas después reduce los niveles de miedo, de acuerdo con un estudio de 2011. ¡Mejor con amigos!

Consejos para padres

Como con todo lo relacionado con nuestros hijos, merece la pena que estemos al tanto de qué ven, cómo lo ven y qué opinan y sienten al respecto.

Por muy mayores que nos parezcan están en pleno desarrollo, y estar a su lado y acompañarles en esta etapa es tan importante como cuando eran unos indefensos bebés.

Aprovecha estas películas, como hacemos los padres con otras tantas cosas, para abrir un diálogo con tu hijo adolescente: para hablar de violencia, de sexo, de estereotipos de género (de las que están bien cargaditas estas películas, especialmente las del siglo pasado).

No hace falta que hagas un cineforum «a lo Garci en La 2», hazlo de manera natural, relajada: ver películas en familia es siempre una buena idea, sean del género que sean.

FUENTE: Bebesymas.com

Hablamos de la incertidumbre que nos provoca el coronavirus en Saber Vivir

Estamos en un momento en el que las circunstancias pueden cambiar de un día para otro y eso nos genera mucha incertidumbre.

¿Tenemos las herramientas emocionales para saber gestionarlo? ¿cómo viven esta situación los profesionales sanitarios, las familias con niños pequeños y los mayores para aprender a lidiar con este momento tan raro y, muchas veces, descorazonador.

Las consecuencias de la fatiga pandémica. Colaboración con el diario La Razón

Expertos analiza si un posible nuevo confinamiento puede llevar al estallido social

¿Estamos psicológicamente preparados para un nuevo confinamiento?

Según explica la doctora en Psicología, Silvia Alava, la sociedad está un tanto «irascible» porque todavía no han pasado muchos meses desde que en marzo permanecimos encerrados en nuestras casas y estamos a las puertas de un nuevo encierro domiciliario. «Nuestros procesos naturales, nuestras pequeñas rutinas, escapadas o visitas a familiares se vieron alterados, entonces, y ahora, de repente, cuando creíamos que empezábamos a recuperarnos volvemos a escuchar cada vez con más fuerza que puede haber otro confinamiento en los próximos meses. Nos cuesta regular las emociones y tendemos a ejecutar malas estrategias como echar la culpa a los otros. No me siento bien y en vez de aceptar la realidad, tendemos a buscar un culpable», explica la experta.

¿Cómo podemos canalizar esa irascibilidad?

La doctora en psicología habla de lo que se conoce como «regulación emocional» que es la capacidad para manejar las emociones de forma apropiada. Según explica supone «tomar conciencia de la relación entre emoción y comportamiento». En este escenario, dice, puede que algunas personas encuentren en la protestas el vehículo para mostrar su descontento. «Me uno a gente que piense igual que yo y me siento más aliviado», describe. Sin embargo, la experta no cree que el hartazgo de la sociedad prenda llama y se convierta en un polvorín porque «la gente sabe canalizarlo y más cuando hablamos de una pandemia a nivel global. Aunque no nos guste, somos conscientes de que es una crisis sanitaria y aunque haya grupos aislados que critiquen las medidas, en general, la población lo entiende»

Las protestas por las restricciones y las limitaciones, ¿son un polvorín que puede estallar en cualquier momento?

Los disturbios se están produciendo en varios capitales europeas, sin embargo, para el experto en análisis demoscópicos, y director de Asuntos Públicos de Atrevia, Manuel Mostaza, todavía es pronto para hablar de un efecto dominó. «La sociedad europea está acostumbrada al bienestar y al consumo, dos aspectos que los confinamientos nos han arrebatado de la noche a la mañana. Esta lucha contra la pandemia es el mayor problema que Europa sufre en los últimos sesenta años por lo que no tenemos memoria de un conflicto igual. Aún así, la europea es una sociedad que aún tiene mucho que perder» como para iniciar un conflicto social.

¿Es probable que la sociedad estalle y se inicie una «primavera europea»?

Según reconoce el experto, a diferencia de las sociedades árabes –en las que se acuñó este término– en Europa estamos gobernados por regímenes democráticos, lo que hace en cierto modo, dificil, un levantamiento contra los gobiernos. «Aquellas revueltas se hicieron contra regímenes corruptos, nosotros estamos sometidos al estado de Derecho». Además, hay otra diferencia: el tipo de sociedad. «Somos sociedades medias, con buen nivel de vida que no quiere perder su estándar de vida». El experto pone como ejemplo el mayo del 68 en París, cuando jóvenes estudiantes salieron a la calle, forzaron la celebración de elecciones y el general Charles De Gaulle arrasó de nuevo.

¿Qué impacto tienen las redes sociales en estas movilizaciones?

Las últimas concentraciones fueron en su mayoría convocadas a través de las redes sociales para movilizar a un sector joven de la población. Según el experto «tienen un gran impacto porque generan varios nódulos y hacen que la información fluya en distintas direcciones, consiguiendo, por lo tanto un mayor impacto». Además, al ser por canales privados son difíciles de controlar.

FUENTE: Diario La Razón

Disturbios producidos el viernes en Burgos/Foto: Santi Otero/EFE

¿Me salto el confinamiento y llevo a mi madre al cementerio o enseño a mis hijos que hay que cumplir normas? Colaboración con el diario ABC

Por Laura Peraita

Alberto está hecho un lío. Vive en Madrid y su madre no para de suplicarle que le lleve el Día de Todos los Santos al cementerio en un pueblo cercano a El Escorial. Ella ha acudido toda su vida religiosamente a llevar flores y orar a sus muertos. No ha faltado ni un año, «y este no va a ser menos», apunta esta madre.

Sin embargo, su hijo no lo tiene tan claro. Alberto es padre de familia y lleva toda la pandemia insistiendo a sus hijos, ya adolescentes, la importancia de respetar la distancia de seguridad, no quedar con amigos en sus casas, llevar mascarilla… «Sí, entiendo perfectamente a mi madre, pero llevo mucho tiempo educando también a mis hijos para que sean respetuosos con las nuevas normas que nos vienen impuestas y que, a pesar de que no nos gustan a nadie y nos fastidian nuestro día a día, hay que cumplirlas. ¿Qué hago ahora? —se pregunta angustiado este padre—. ¿Cojo el coche, me voy al pueblo y les doy a entender a mis hijos que no voy a cumplir con el confinamiento, o me quedo en casa respetando normas, cumpliendo como padre, mientras mi madre me llora al teléfono?».

Como Alberto, muchas personas se encuentran en este difícil dilema, en un pulso entre lo que les dicta la razón y el corazón. De nuevo, sentimientos encontrados en las familias en tiempos de pandemia.

En este sentido, Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología, explica que la situación es sumamente complicada porque «no existe la opción acertada. Hay que partir de esa base y decidir en función de los valores, creencias y circunstancias de cada uno», asegura.

Reconoce que para muchas personas es muy importante acudir al cementerio en Día de todos Los Santos, pero aún así, recomienda, aunque resulte doloroso, «comunicarles ante tanta insistencia que también hay posibilidad de ir en otra fecha si las medidas restrictivas lo permiten. Es una decisión que, lógicamente, genera tristeza, enfado, rabia… Es importante reconocer esa emoción para poder reflexionar y buscar otras opciones alternativas, aunque no nos gusten tanto. También puede servir para ir al cementerio en otros días, cuando a uno de verdad le apetezca acudir».

En este sentido, propone que en casa ese día se puedan colocar unas flores o encender una vela en la memoria de los familiares fallecidos e, incluso, colocarlas al lado de una foto de recuerdo. «Las decisiones deben ser flexibles y hay que pensar que, en esta ocasión, es algo excepcional. La espiritualidad y el recuerdo que yo siento no tiene que ser de menor categoría por esta circunstancia creada por la pandemia», concluye esta doctora en Psicología.

Fuente: Diario ABC

¿Cómo pueden influir las películas de terror en los miedos de los niños? Halloween: Colaboración con GuíaInfantil.com