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Niños «youtubers», ¿un negocio cada vez más polémico? Colaboración con la Agencia EFE

Por Marta Ostiz.

Los Niños youtubers forman parte de un fenómeno que puede llegar a ser muy lucrativo, pero que no está exento de polémica por la sobreexposición que sufren

Comienza el vídeo y una sonriente niña cuidadosamente vestida y peinada se dirige a la cámara para saludar a sus 3,26 millones de suscriptores y mostrar el mercadillo de Navidad que ha organizado en su jardín con decenas de juguetes, un castillo de princesa y una casa en miniatura.

Es una muestra de los muchos menores que triunfan en internet y forman parte de un fenómeno -los niños youtubers- que puede llegar a ser muy lucrativo, pero que no está exento de polémica por la sobreexposición que sufren y los mensajes que lanzan, hiperconsumistas y plagados de estereotipos de género.

Se trata casi de un trabajo

Grabados por sus padres, los menores escenifican distintas actividades o abren las cajas de multitud de juguetes, los montan y durante un buen rato juegan con los productos que figurarán después en las cartas a los Reyes Magos de los niños españoles.

En algunos casos se ha convertido en casi un trabajo. «No es que el niño grabe un vídeo porque le gusta o le apetece, sino que tiene una relación contractual con una casa de juguetes y no juega con lo que quiere, como quiere y cuando quiere, sino que es un adulto el que le dice lo que tiene que hacer».

Así lo advierte a Efe la doctora el Psicología Silvia Álava, que alerta de los efectos nocivos que puede tener para estos menores la sobreexposición y la sensación de vivir en un mundo irreal.

«En la vida real nadie te manda juguetes para que grabes un vídeo y te paguen dinero», y eso es lo que ven los millones de suscriptores que tienen esas cuentas, en muchos casos, niños muy pequeños.

Desde Save the Children, Carmela del Moral, analista jurídica de Derechos de la Infancia, advierte de que «no se debe demonizar» todo lo que viene de las nuevas tecnologías porque también es una forma de expresarse, pero admite que hay casos «complicados».

Explica que en el caso de los niños youtubers lo preocupante sería si protagonizar este tipo de vídeos les impide disfrutar de otros derechos como la educación o el ocio. «Se trata de saber cuánto es un trabajo y cuánto se puede regular, igual que hay limitaciones en el caso de los niños actores», apunta.

Sin regulación

Pero la realidad es que internet ha avanzado mucho más rápido que las leyes y no hay una regulación al respecto. El fiscal de Sala de Menores, Javier Huete, recuerda a Efe que se trata de niños que tienen progenitores y no se encuentran en ninguna de las situaciones en las que interviene la Unidad de Menores de la Fiscalía General del Estado.

«Nosotros intervenimos cuando detectamos que se está utilizando a los niños en campañas para obtener dinero a través de una estafa», como en el caso de menores enfermos.

Con los niños youtubers, al igual que con los actores, hay que buscar que no sufran un perjuicio en su escolarización. «Si tuviéramos un caso de absentismo escolar intervendríamos y en algunas circunstancias se podría entender que hay una comisión de hechos delictivos por abandono de las obligaciones familiares».

Pero advierte de que «de la mera exposición de los niños no se deriva que exista un incumplimiento de la obligación de escolarización. No es tan fácil».

Como pronóstico personal, Huete cree que cuando estos niños sean mayores y se encuentren con que su vida ha estado expuesta, muchos van a decir que no lo han consentido y que ahora les está afectando.

Pone el ejemplo de cuando busquen trabajo en el futuro. Las empresas podrán encontrar en internet situaciones que los padres consideran graciosas, pero en las que a los niños no les va a gustar.

Huella digital

La huella digital va a perseguir a estos menores en su edad adulta. Es el resultado de una hiperexposición para la que no han prestado su consentimiento, como recuerda Carmela del Moral.

A partir de los 14 años los niños pueden ejercer el derecho a su propia imagen, pero antes son los padres los que autorizan. «Cuando son muy pequeños hay que cuestionarse la implicación que tiene para su desarrollo y los valores que se están promoviendo», señala del Moral.

Silvia Álava apunta que hay padres que buscan realizarse a través de los hijos. El riesgo está en generar unas expectativas y que el niño acabe frustrado, porque cuando quiera dejar de participar en los vídeos sienta que no tiene escapatoria.

La psicóloga habla de los efectos negativos de la fama a edades tempranas y las dificultades a la hora de diferenciar entre su vida pública y la real (el colegio y sus amigos). Cree que a medio plazo estos pequeños pueden desarrollar complicaciones como el hecho de no saber valorar lo que tienen o estar alejados de la realidad.

Otra de las patas de este fenómeno son los consumidores de los vídeos, niños pequeños que pueden confundir lo que están viendo con la vida real. «Es bueno que los padres nos sentemos con ellos para enseñarles a ser más críticos».

Obligación de los padres

La especialista en Políticas de Infancia de Unicef Comité Español, Almudena Olaguibel, incide en que son los padres los primeros que tienen la obligación de proteger a sus hijos.

La Convención sobre los Derechos del Niño establece que no deben ser objeto de «injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia ni de ataques ilegales a su honra y a su reputación».

A juicio de Olaguibel, cuando este derecho entra en conflicto con la libertad de expresión hay que preguntarse si el menor está siendo instrumentado, si hay alguien manipulando los contenidos y si tiene la suficiente madurez como para aceptar las críticas.

Carmela del Moral reitera el deber de protección que tienen los padres, a quienes aconseja «pensar en el futuro de sus hijos y si les va a gustar tener esa huella digital en su pasado».

FUENTE: Diario ABC

“Los menores expuestos a la fama corren el riesgo de sufrir ansiedad o depresión”. Colaboración con el diario El País

La psicóloga advierte de que los niños y adolescentes que triunfan en YouTube no están preparados para asimilar la presión mediática

Por CECILIA JAN

La psicóloga Silvia Álava.
La psicóloga Silvia Álava.

Para muchos niños y adolescentes, grabar un vídeo y pedir a sus padres que lo suban a YouTube supone un juego, en el que imitan lo que ven en la plataforma. Pero cuando este juego desborda el ámbito cercano y el niño pasa a tener miles o incluso millones de seguidores, sufre los mismos riesgos de la sobreexposición y la fama de los actores infantiles y juveniles, entre los que no faltan ejemplos de juguetes rotos. «Si los adultos muchas veces no somos capaces de soportar la presión, para los niños y adolescentes es mucho más difícil, al no tener herramientas para gestionarla», explica Silvia Álava, doctora en Psicología Clínica y de la Salud.

«No entienden que en la vida real la gente no te regala cosas ni te hace el mismo caso», dice esta especialista en niños y adolescentes. «Corren el riesgo de no ver el mundo como es en realidad, sino mediado por este trato de favor. En personalidades en construcción —el cerebro acaba de madurar a los 25 años—, les hace un flaco favor, no están preparados para digerirlo».

Álava alerta a los padres contra la mercantilización de la imagen de sus hijos o el intentar realizar sus propias aspiraciones a través de ellos. «El niño no está capacitado para entender las repercusiones de lo que hace: cuánta gente me va a ver, si me van a reconocer… No sabes cómo va a reaccionar cuando sea mayor, si te va a decir que no quería hacer eso y que lo viera todo el mundo», afirma. «Los adolescentes puede que sí entiendan esas consecuencias, pero muchos no están preparados para asimilarlo», advierte.

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De ahí pueden surgir problemas como «la ansiedad por no conseguir suficientes likes (me gustas) o por si las marcas van a dejar de patrocinarlos; o incluso la depresión, por ejemplo si un vídeo sale peor que el anterior», dice la psicóloga. «El problema no es tanto cuando consiguen likes,sino cuando no, porque surgen ideas irracionales, de que ya no gusto, cuando lo primero que tienen que hacer es gustarse a sí mismos».

Los chavales, aquí más bien adolescentes, que continuamente exponen su extimidad —un término que los expertos empezaron a usar con el auge de las redes sociales y la telerrealidad para definir el hacer externa la intimidad— «pueden sufrir cierta disonancia entre lo que cuelgan y su vida real», afirma Álava. «Tú vendes que estás mostrando tu vida diaria, pero no es real. Proyectamos una imagen, un escaparate de lo que queremos que vean». Y para los adolescentes que siguen a estos chicos, también tiene consecuencias. «Muchas veces comparan su vida con la del youtuber o instagramer, y la suya les parece poco interesante, sin pensar que los momentos aburridos, como tener que ir al instituto o hacer la cama, no los muestran. Tienen una imagen distorsionada de la realidad, que les genera una gran frustración».

Álava recomienda a los padres de niños y adolescentes youtubers «minimizar los riesgos: cumplir unos horarios de trabajo y supervisar que no afecte a los otros aspectos de su vida: que les vaya bien en el colegio, que sigan teniendo tiempo para realizar actividades, relacionarse con sus amigos… Es decir, que no se vea afectada su vida de niño o adolescente», afirma. «Y en el momento en el que deje de ser divertido, en el que noten que sienten presión, ansiedad o prefieren hacer otra cosa, es el momento de parar».

FUENTE: Diario El País