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Controlar, sí. Espiar, no. ¿Dónde empieza y acaba la vigilancia a los hijos? Colaboración con La Vanguardia

La intimidad de los menores está protegida. Mirar sus móviles no es una buena fórmula de control

Por Javier Ricou

Finales de la década de los ochenta del siglo pasado. Antonio Alcántara (Imanol Arias) lo tiene muy claro. En el primer capítulo de la última entrega de Cuéntame como pasó, María, la hija pequeña de los Alcántara sale por primera vez con sus amigos (tiene ya 17 años) a celebrar la Nochevieja. La fiesta es en una casa de la zona alta de Madrid y Antonio, que no las tiene todas, se cuela de madrugada en esa vivienda para ver qué hace su hija. “Voy a espiar, sí”, responde el cabeza de familia de los Alcántara cuando su mujer, Mercedes (Ana Duato) le regaña por lo que está a punto de hacer.

Mucho ha llovido desde la fecha en la que se sitúa esa escena. En aquella época que un menor denunciara a sus padres por irrumpir en una fiesta de adolescentes, por registrar la habitación de los hijos o por fisgonear en los bolsillos de su ropa habría sido noticia de primera página. Se daba por hecho que entre las responsabilidades de los progenitores iba incluida esa vigilancia intrusiva. Y todo se hacía a mano o a pie. Nada de pantallas. Aún no habían llegado las nuevas tecnologías.

No hay carta blanca

Hoy las cosas, cuando se habla de educar a los hijos, ya no están tan claras. Los expertos en el tema cada vez son más contundentes en su mensaje: Controlar, si. Espiar, no. Y advierten: Los padres y madres no tienen carta blanca en su responsabilidad como vigilantes de sus hijos y eso vale especialmente para los dispositivos tecnológicos. Aunque sean ellos los que han pagado esos teléfonos u ordenadores y los que abonan religiosamente las facturas generadas por el uso que hacen los menores de esos aparatos. Visionar, sin permiso de los hijos, los mensajes que estos envían o reciben por esos canales sin una causa justificada (sólo sería lícito si ese menor está en una situación de riesgo) puede tener castigo por la vía penal. Así lo que recoge la ley.

¿Dónde empieza y acaba la vigilancia a los hijos?

Todo es una cuestión de sentido común. La mayoría de expertos en el tema desaconsejan espiar, sin causa justificada, los teléfonos móviles y ordenadores de los hijos. Lo que no quiere decir, precisa Sílvia Álava, doctora en Psicología Clínica y de la Salud, “que esos padres hayan perdido el derecho a controlar o supervisar lo que hacen los menores en esos portales y canales de mensajería instantánea”.

El consejo de los expertos es acordar con el menor que los padres podrán mirar su teléfono si lo consideran oportuno. Pero no hacerlo sin su permiso.
El consejo de los expertos es acordar con el menor que los padres podrán mirar su teléfono si lo consideran oportuno. Pero no hacerlo sin su permiso. (ljubaphoto / Getty Images)

¿Se puede vigilar sin espiar?

Pero, ¿cómo se vigila sin espiar? “Hablando con esos niños, dejándoles muy claro cuando se les entrega uno de esos aparatos que los padres podrán acceder a sus contenidos, si lo consideran necesario, pero siempre acompañados por los menores”, añade Sílvia Álava. Muchas familias compran teléfonos móviles a sus hijos mucho antes de cumplir los catorce años. “A esas edades tan tempranas ese menor suele ser incapaz de calcular los riesgos escondidos en estas nuevas tecnologías, así que el consejo para las madres y padres en ese primer contacto de sus hijos con un teléfono móvil es dejarle muy claro que ese aparato no es suyo, que lo han pagado los padres y por lo tanto ellos lo podrán mirar y usar siempre que quieran”, insiste esta psicóloga.

Una fórmula que suele funcionar en la etapa de la infancia, pero que no es ya de tan fácil aplicación cuando esos hijos alcanzan la adolescencia. A esas edades, entre los 15 y 18 años, los hijos ya no suelen aceptar, aunque el dispositivo siga siendo pagado por sus padres, que estos fisgoneen el contenido de esos aparatos. Y es entonces cuando surgen los conflictos. Álava reitera: “Por mucha tentación que tengamos cuando nuestros hijos alcanzan la etapa de la adolescencia, no es aconsejable espiar el contenido de esos aparatos sin el consentimiento de ellos. Si nos descubren el remedio será peor que la enfermedad, pues se corre el riesgo de que se rompa para siempre la confianza”.

Lo que dice la ley

Mirar los mensajes del correo electrónico o leer el contenido de las conversaciones del WhastApp de los hijos, sin el permiso de estos, puede salir muy caro. Ramon Arnó, abogado y responsable de la web La Familia Digital recuerda que el artículo 4.1 de la Ley de Protección del Menor 1/1996 dispone que: “Los menores tienen derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Este derecho comprende también la inviolabilidad del domicilio familiar y de la correspondencia, así como del secreto de las comunicaciones”. Y el artículo 4.5 de la misma ley también es muy claro al respecto: “Los padres o tutores y los poderes públicos respetarán estos derechos y los protegerán frente a posibles ataques de terceros”.

“Mirar lo que ya está publicado en las redes no sería espiar”

Silvia Álava psicóloga

Otra cosa muy diferente “es ejercer un control de lo que nuestros hijos han publicado en redes sociales. Una vez los contenidos se han colgado en una plataforma ningún padre ni madre debe de tener la sensación de que espía a esos menores cuando lee esa información. Es pública y por lo tanto está a la vista de todos”, indica Silvia Álava.

Ese control entraría en lo que se entiende como la responsabilidad y obligación de velar por la educación y desarrollo de los hijos. Como mirar el historial de las páginas visitadas desde un ordenador. “Si dejamos que tengan ese aparato en su habitación (lo que a cortas edades no sería prudente) siempre tenemos que dejarles claro que los padres podrán controlar en cualquier momento los lugares por los que han navegado”, añade esta psicóloga.

Los padres también han de respetar el derecho a la intimidad que la ley reconoce a los menores
Los padres también han de respetar el derecho a la intimidad que la ley reconoce a los menores (AntonioGuillem / Getty Images/iStockphoto)

¿Cuándo está justificado espiar los mensajes o correos electrónicos?

Aunque las nuevas tecnologías son un fenómeno relativamente nuevo existe ya una abundante jurisprudencia sobre el tema. Ramon Arnó ha seleccionado algunas sentencias –con el propósito de poner a los padres las cosas más claras cuando surge la duda de si espiar o no a los hijos– que dieron la razón a progenitores que miraron mensajes de ordenadores o teléfonos de esos menores.

El Tribunal Supremo dio, por ejemplo, la razón el pasado año a una mujer que accedió al WhastApp de su hija al sospechar que esta había sido víctima de una agresión sexual. La conducta, consideraron los magistrados, estaba en este caso justificada.

Sentencias de Pontevedra y Madrid

Más jurisprudencia

La Audiencia de Pontevedra absolvió también a un padre que miró, con el permiso de su hija, el WhastApp de la menor. La denuncia la presentó la madre de la niña, (la pareja estaba separada), al estimar que su ex marido había violado la intimidad de la menor. Los jueces justificaron esa conducta y estimaron que no hubo revelación de secretos, pues el padre compartía la patria potestad con la madre y la acción había que enmarcarla en la obligación de los progenitores en la educación y control de lo que hacen sus hijos.

La Audiencia de Madrid absolvió también a una mujer que miró el WhastApp de su hijo, de 13 años, sin el permiso del menor. La madre utilizó esas conversaciones en un juicio de separación para demostrar que su marido, con el que compartía la custodia, y los abuelos paternos estaban poniendo en riesgo la salud del niño al negarse a suministrarle una medicación recomendada por un hospital para tratarle una dolencia. La sentencia considera que en este caso no hubo vulneración del derecho de las comunicaciones, al prevalecer un bien jurídico superior, como es la protección de la salud del menor.

Utilizar programas espía para controlar qué hacen los hijos con sus dispositivos no debe hacerse sin el conocimiento del menor.
Utilizar programas espía para controlar qué hacen los hijos con sus dispositivos no debe hacerse sin el conocimiento del menor. (junpinzon / Getty)

¿Y los programas espías?

Tanto Silvia Álava como Ramon Arnó coinciden en que lo más grave, en la tarea educativa como padres, es instalar en los teléfonos y ordenadores de los hijos aplicaciones o dispositivos que permitan un control absoluto de esos aparatos. Es una práctica extendida y basta ver la oferta de aplicaciones espías en internet para comprobar el éxito de esos productos. Lo que no quiere decir que esos programas –que permiten leer mensajes, geolocalizar a los menores o controlar qué paginas se visitan– sean legales si son instalados sin el conocimiento de los niños.

La instalación de programas para controlar teléfonos y ordenadores roza la ilegalidad

FUENTE: Diario La Vanguardia

Magnífica la experiencia en TEDx Manzanares #Coordenadas

Gran jornada la de ayer en Manzanares con la segunda edición de su TEDx. Bajo el título de #Coordendanas disfruté participando y escuchado con ponencias de gran calado emocional.

Os dejo algunas de las fotos de mi conferencia y el enlace a su página web, donde pronto podremos ver los vídeos.

TedX Manzanares

TedX Manzanares2
TedX Manzanares
TedXManzanares

Enlace a la página web de TEDx Manzanares

Hablamos sobre las necesidades de los niños con necesidades especiales en La Mañana de la 1

Hoy hablamos sobre las necesidades de los niños con necesidades especiales en @LaMananaTVEde @rtve

El domingo a las 12h te esperamos en Saber Vivir en La2 de TVE

El domingo a las 12h te esperamos en Saber Vivir en La2 de TVE

Entre otras muchas cosas, aprenderemos a pensar en positivo y a ejercitar nuestra mente como si fuera un músculo! toda la información en http://rtve.es/n/1891323

Silvia Álava Saber Vivir

Objetivos niños felices. Colaboración con PadresTodoterreno.com

¿Qué es lo que esperamos conseguir como padres para nuestros hijos?,la mayoría lo tienen claro: ser felices. Silvia Álava, psicóloga y autora de los libros “Queremos niños felices” y “Queremos que crezcan felices” ha recogido  las diferentes etapas de nuestros hijos desde el embarazo hasta los 12 años y ofrece unas pequeñas pautas para conseguir nuestro objetivo sin dramas y sobre todo sin “desgaste emocional”.

Los primeros años de los niños son fundamentales, el cerebro está desarrollando conexiones neuronales que serán vitales a lo largo de la vida, por eso tenemos que entender que determinadas situaciones son completamente normales y actuar como tal “a los dos años evolutivamente hablando es la edad típica de las rabietas. Los niños empiezan a darse cuenta de que son personitas y es una forma de demostrarlo. Es completamente normal”. Para ello los padres deben activar  dosis de paciencia y  no prestarle atención en esta circunstancia. El niño se dará cuenta que es un comportamiento negativo que no se refuerza de ninguna manera.

La sociedad actual se caracteriza por el estrés. El trabajo, la poca o nula conciliación…. hace que no pasemos el tiempo que nos gustaría con nuestros niños y nace el sentimiento de la culpabilidad.

Álava, es clara “hay determinados momentos en los que al niño hay que decirle NO. Pero estamos tan cansados, nos sentimos tan culpables de estar poco tiempo con ellos que no nos apetece discutir. No es así, el poco tiempo que se está, hay que estar para educar.” Esto deriva en muchas ocasiones en la “sobreprotección”. “ A los niños hay que acompañarlos en su proceso. Hay que estar detrás, pero hay que dejarles que ellos aprendan. Esto es mucho más costoso y requiere mucho más tiempo”.

Los padres tienen proponerse que “el tiempo que estoy que sea un tiempo de calidad.” Si sobreprotegemos a los niños les estamos privando de competencias emocionales que deberían desarrollar además de hacerles más inseguros.

Refuerzo Positivo

Una de las claves en la educación de los niños es el refuerzo positivo. La mayoría de los niños por su personalidad o las circunstancias suelen dar llamadas de atención “si aplicamos el castigo está consiguiendo el objetivo que era que se le haga caso. Al final el niño lo que ve en el castigo es una forma de conseguir la atención requerida”.

De esta forma es mucho más efectivo el refuerzo positivo. Para Álava está claro “estate con ellos, hazles caso cuando lo hacen bien no cuando lo hacen mal.” “los niños tienen una capacidad de observación muy grande y ellos ven así que si quieres que te atiendan pórtate mal ya que lo hacen más que portándose bien”. Que esto no quiere decir que el hacer mal las cosas no tenga consecuencias “pero esto es muy diferente a modelar la conducta con el castigo.” Establecer límites y normas son clave en la educación de los niños.

Educar en Valores

Para que un niño sea feliz necesita valores. “Los valores se nos quedan muchas veces fuera del terreno. Los asociamos muchas veces con la religión o con otros conceptos y no tiene por qué ser así”, “por ejemplo para el logro académico sabemos que trabajar los valores de la persistencia, el esfuerzo y la responsabilidad son mucho mejor predictores de las notas escolares que incluso el cociente intelectual. Si eso no lo hemos trabajado con los niños es mucho más difícil que vayan luego bien en el cole”.

Es curioso como el respeto también se está perdiendo y “lo de tratar a los demás con respeto y nosotros tratar a los demás con respeto es fundamental”, “los niños al final copian a su padre ya su madre y mucho cuidado con lo hacemos porque nos copian”.

Adolescencia

Silvia Álava no se olvida de la adolescencia. En el libro “Queremos que crezcan felices” nos cuenta la importancia de entender a nuestros hijos. Cuando el adolescente pierde los papeles “”en ocasiones lo que ocurre es que nos basamos en la idea de que lo hace adrede, quiere llamarnos la atención. Y no nos damos cuenta que en el cerebro del adolescente se están produciendo cambios” y esto hace que cualquier “emoción sea mucho más extrema” sumado a que la “parte que regula las emociones que es el lóbulo pre frontal se está reorganizando así que les cuesta mucho más regular las emociones.”

Lo que  no significa que se justifiquen determinadas conductas “pero si entendemos el por qué está pasando nos ayuda a actuar de una manera diferente”. Como hemos hablado en múltiples ocasiones escuchar y hablar con los chicos es fundamental pero Silvia Álava puntualiza “Hay que hablar mucho pero elegir el momento adecuado para hacerlo. Nos equivocamos muchas veces en el momento, queremos hablar y negociar en el momento de la rabieta, en el momento del fallido emocional y ahí está tan activada la parte de la emoción que es imposible razonar”.

Es cierto que los padres tenemos una tarea dura y larga. La sociedad nos demanda demasiado y no somos capaces de satisfacer las necesidades que esta genera a nuestros hijos. Quizá si aprendemos a desprendernos de la culpa, les ofrecemos tiempo de calidad  y conseguimos que nuestros hijos valoren lo que tienen, podremos conseguir nuestro objetivo: niños más felices.

FUENTE: PadresTodoterreno.com

¿Debemos ayudar a nuestros hijos a hacer los deberes? Colaboración con #AprendemosJuntos

Conferencia: Intervención psicológica con población infanto-juvenil en COP de Madrid

Lo mejor de tu vida eres tú: presentación del nuevo libro de María Jesús Álava Reyes

Cómo educar a tu hijo en el uso seguro de la Red y así evitar el acoso. Colaboración con el diario El País

¿Qué puede procesar un niño hasta los seis años en cuanto a sexualidad? Colaboración con el diario ABC