Entradas

Video: colaboración en el programa Trece al Día de TreceTV ¿Por qué la tasa de abandono escolar es superior en España que en otros países Europeos?

Os adjunto mi participación en el programa «Trece al Día»espacio presentado por José Luis Pérez y Ana Samboal, donde hablamos sobre educación, niños, profesores y familia: ¿Por qué la tasa de abandono escolar es superior en España que en otros países Europeos?

Los 11 mandamientos del pacto educativo: «No usaré el WhatsApp para cuestionar a los profesores» Colaboración con el diaro El Mundo

16 divulgadores educativos redactan en un mes un Pacto por la Educación en Equipo para padres y profesores

El pacto de Estado por la Educación se complica por el protagonismo que reclaman las autonomías

Mientras los distintos grupos parlamentarios hacen encaje de bolillos en el Congreso para alcanzar el anhelado pacto de Estado por la Educación, esa arcadia que, según algunos, solucionará todos los males de la escuela española, un grupo de 16 expertos tiene ya redactado su propio acuerdo.

Se trata de un documento consensuado en apenas un mes -políticos, tomen ejemplo- que recoge 11 mandamientos para padres y profesores. El llamado Pacto por la Educación en Equipo, promovido por la Fundación SM y la plataforma educativa Gestionando Hijos, lo firman educadores y divulgadores de renombre como Javier Urra, Begoña Ibarrola, Óscar González, Eva Bach o las psicólogas María Jesús y Silvia Álava.

El pacto ha ido a lo esencial y no trata cuestiones políticas como el debate sobre los conciertos, la asignatura de Religión evaluable o las lenguas cooficiales, pero pone el dedo en la llaga al denunciar muchos vicios que se producen dentro y fuera de la escuela. «No usaré los grupos de WhatsApp de padres para cuestionar las decisiones de los profesores», dice el punto número dos del manifiesto concerniente a las familias. ¿Se está haciendo tan mal uso de estos grupos?

«Hay una nueva generación de madres y padres que nos creemos expertos en educación y decimos cosas que aparentemente tienen sentido porque quedan muy bien como titulares de una queja», responde Leo Farache, creador y director de Gestionando Hijos e impulsor de la iniciativa.

«Los grupos de madres y padres son, como dice Carles Capdevila, útiles, patéticos, peligrosos y, en ocasiones, antieducativos. Cualquier crítica a un profesor en forma de desprecio a su labor es, por lo general, estúpida. Hace daño al profesor, a los alumnos-hijos, a la relación familia-escuela y al propio emisor, que se desacredita. ¿Los eliminamos? No, porque son útiles. Pero es conveniente, como todo en la vida, utilizar el buen sentido común», prosigue Farache.

La psicóloga Silvia Álava, una de las firmantes, recalca que «es fundamental, que tanto los padres como los profesores trabajen en el equipo. El objetivo de la educación de los niños es que cada uno consiga llegar lo más lejos que pueda, que consigamos que se desarrollen lo mejor posible, en todos los niveles, incluyendo todas las áreas: a nivel académico, social, personal y emocional. La educación no solo es que el niño acumule contenidos que reproducir en un examen».

El acuerdo, en su actual redacción, no cuenta expresamente con los alumnos, «pero el pacto es a tres; de hecho, el objetivo del mismo es garantizar que los estudiantes reciben la mejor educación posible tanto por parte de los padres como de los profesores».

Farache añade que habrá una segunda fase en la que los estudiantes también suscribirán sus propios compromisos.

A diferencia de lo que ocurre en las Cortes, a los firmantes del Pacto por la Educación en Equipo no les ha costado nada ponerse de acuerdo. El objetivo es común: la educación les mueve a todos y quieren que familias y profesores «construyan una relación de compromiso y sentido común» que vaya en beneficio de los niños.

 

El peligro y las consecuencias de que papá te haga la tarea. Colaboración con el diario Qué!

En los últimos 30 años hemos pasado de los educadores que reclamaban más implicación de los padres en el trabajo escolar de sus hijos a los terapeutas que piden autonomía para los pequeños. Menos dependencia. ¿Qué ha pasado? El 83% de los docentes han detectado en alguna ocasión que papá o mamá son quienes hacen las tareas de su hijo, según una sorprendente encuesta a partir de las respuestas de los progenitores. ¿Es grave? A este paso un porcentaje alto de los escolares de hoy, mañana no sean capaces de enfrenten con garantías a la vida

deberes niño

Muchos padres se quejan de la cantidad de tarea escolar que tienen que hacer sus hijos en casa. Y de ellos, algunos confiesan que les ayudan para que tarden menos y acaben antes. Para conseguir con ello que tengan tiempo «de hacer otras cosas». La falta de tiempo o las prisas. Un lugar común. Frases similares ha tenido que escuchar con inquietud, Cristina Gutiérrez, educadora emocional con 30 años de experiencia sus espaldas de intervención extraescolar con menores. Ella codirige la Granja Escuela de Santa Maria de Palautordera, en Girona. «Detecté que los niños ya no me atendían en las explicaciones como antes y de que era incapaz de solucionar conflictos. Lo consulté con mis compañeros y les pasaba a todos», asegura.

De su celo y preocupación profesional salió la sorprendente encuesta que ha encendido las alarmas. Autora del libro «Entrénalo para la vida» (Plataforma Editorial), Gutiérrez centra su actividad e intervención en unos 10.000 niños que pasan anualmente por el centro en el que trabaja. Niños de la escuela pública y la privada, de distinta extracción económica y cultural. Una muestra heterogénea.«Decidimos hacer una encuesta a niños y padres. E incluimos preguntas sobre las tareas del colegio. Yo esperaba que en torno a un 70% de los progenitores ayudaran demasiado a sus hijos, pero es que la sorpresa fue mayúscula: ¿Un 83% hace la tarea a sus hijos. De su puño y letra. Directamente».

Pero si sorprendente es la cifra, aún más lo son los motivos que aducen para hacerlo así: «Una mamá decía que pidió ayuda a la profesora de su hija -2º de la ESO, 13 años- para que le advirtiese a la menor que debe ser ella quien haga las tareas. ¿Por qué no lo hacía mamá? Porque no quería discutir con su hija. Por miedo a las consecuencias. En otro caso, otra mamá le pedía a los profesores de su hijo que no subiera más el nivel de los deberes porque, a ese ritmo, no podría seguir haciéndolos», concluye Gutiérrez. Además de esto, la encuesta arrojaba que del 9% de adultos que han reconocido hacer los deberes de sus hijos, un tercio de ellos han respondido que los hacen cuando el niño está demasiado cansado y, casi la mitad, «porque consideran que sus hijos tienen demasiados deberes y así los liberan de tanta carga», indica Gutiérrez. El resto, algo más del 15%, los hacen ellos porque el niño no los quiere hacer.

¿Nos hemos convertido los padres en los ‘negros’ de nuestros hijos?¿Somos los autores de sus trabajos,  quienes les solucionamos siempre la ‘papeleta? El caso es que si hace 20 años casi todas las instancias educativas pedían a los padres españoles más implicación en el aprendizaje y en el trabajo escolar de los hijos, ahora la tendencia ha variado.Y se reclama lo contrario: Menos protección o, directamente, que los deberes y trabajos escolares los hagan ellos.

Todos los datos de las encuestas se sistematizaron gracias a la colaboración de Rafael Bisquerra, profesor de la Universidad de Barcelona especialista en Métodos de Investigación y Diagnóstico de la Educación. La principal conclusión es clara: Les protegemos demasiado. Pero este especialista hace una reflexión sobre el clima que las excesivas tareas escolares crean en casa: «Puede ser comprensible comprensible que algunos progenitores actúen así. En ocasiones, hay una excesiva presión en casa con los deberes. ¿Realmente son necesarios tantos trabajos? Finlandia obtiene estupendos resultados educativos y es de los países en los que menos tarea escolar se manda para casa. Por un lado yo apostaría por un sistema educativo que se fijara más en lecturas divertidas para los alumnos, pero además recordaría los padres que su comportamiento es el primer paso la educación de sus hijos. Si lees, es más fácil que tu hijo lea». 

«Cargamos con su trabajo y con su mochila. Y les preparamos el desayuno y el bocata todos los días. Aunque tengan 12 años. ¿Por qué? «, señala la psicóloga Silvia Álava, del Centro de Psicología Álava Reyes de Madrid. En opinión de esta terapeuta, el problema es grave.  «Debemos mentalizarnos que los deberes y tareas escolares son de los niños. Es su responsabilidad. Y es bueno que afronten su responsabilidad. Los padres hemos de acompañarles y solucionar alguna duda puntual, incluso mandarle repetir alguna cosa si observamos que lo ha hecho mal y con desgana. Pero nada de sentarnos a su lado a hacerlo. Y mucho menos hacerlo nosotros».

No es lógico que a un padre quiera cargar de trabajo y responsabilidad a su hijo, pero puede que estemos disparando una ola que nos salga por la culata. ¿Por qué puede ser tan perjudicial?  «Me encuentro cada día con muchos problemas de inteligencia emocional en menores. ¿Qué harán cuando deben enfrentarse ellos a la vida?Nuestros hijos pueden acumular muchas debilidades y alimentar un complejo de inferioridad». O sea, la actitud correcta es decir al menor, hazlo tú. Y hazlo bien. «De ese modo estaremos fomentando la seguridad en si mismo y la autoestima. Y es que aunque en psicología no hay relaciones causa efecto inmediatas sí que se está describiendo un nexo de este tipo de educación sobre protectora de los padres en niños que sufren acoso escolar», remacha la psicóloga Silvia Álava.

Deberes niña

Para la educadora emocional Cristina Gutiérrez todo tiene que ver con nuestra forma de vida actual. No tenemos tiempo. «En mi trabajo directo con niños les animo a dibujar a sus familias. Y en algún caso curioso hay niños que se han dibujados a ellos mismos rodeados de perros. Y en otros han dibujado a su abuela y a su madre, pero no a su hermano mayor y a su padre, por ejemplo. Ocurre, por desgracia, que no paramos a mirar a nuestros hijos. No les prestamos atención». Y de ahí , pasamos al sentimiento de culpa y a intentar ‘fabricar’ una vida fácil.

¿Y si hacer los deberes con nuestros hijos es sólo la punta del iceberg? Detrás pueden producirse, de manera relacionada, casos de violencia doméstica de padres a hijos, o autolesiones de adolescentes por su baja tolerancia al fracaso y la frustración. O simplemente, adultos débiles que no están preparados para afrontar una vida cargada, como la del todo el mundo , de responsabilidad. Al fin y al cabo, el informe PISA demostró que pocos, muy pocos españolitos de 15 años, a la edad en que sus abuelos ya eran capaces de mantener un hogar con su trabajo, actualmente no son capaces de programar el aire acondicionado.

Dislexia: letras, sílabas y palabras sin significado. Colaboración con el diario El Mundo

Alejandra -aunque podría ser Lucía, Daniel, Marcos, David…- tiene nueve años, está en cuarto de Primaria y tiene dificultades para leer y comprender lo que lee. Sigue deteniéndose en cada sílaba. No-pue-de-le-er-co-mo-cual-quier-ni-ño-de-su-cla-se. Empezó teniendo dificultades para hablar, se le resistía la pronunciación de la letra «r». Luego, esos problemas se materializaron al empezar a leer, no seguía el ritmo de sus compañeros de clase, presentaba dificultades en la lecturoescritura. A este retraso se le añadía que era tímida de carácter, con lo que sus carencias pasaban aún más desapercibidas.

Pero al llegar a cuarto y seguir leyendo como si estuviera en primero o segundo hizo saltar las alarmas de sus padres y profesores que decidieron ver qué pasaba. Tras una valoración rigurosa llegó el diagnóstico: Alejandra era disléxica. A pesar de su problema, acabó la educación secundaria con un apoyo constante del colegio y de la familia, con un refuerzo en la lectoescritura para adquirir la conciencia fonológica adecuada para conseguir leer.

Aunque puede leer, le cuesta acceder a un texto, entenderlo y comprenderlo. También ha tenido dificultades para expresarse por escrito, tanto en la riqueza y fluidez de los contenidos, como en la organización del escrito y en la ortografía. Por eso, para valorar el nivel de conocimiento adquirido, la mayor parte de los exámenes que realizaba Alejandra eran orales, porque los entendía más rápidamente y podía expresar mejor sus conocimientos. Además, podía defenderse mejor y evitar las temidas faltas de ortografía.

Silvia Álava Diario El Mundo

Diagnóstico

«Para poder diagnosticar la dislexia, el niño debe de tener un retraso de la lectura de al menos dos años o situarse en 1,5 desviaciones típicas por debajo de la media en laspruebas de lectoescritura. Su cociente intelectual tiene que encontrarse dentro del rango de la normalidad, nunca por debajo de 80, y descartar que no haya otros problemas, como, por ejemplo, un déficit de atención», apunta la psicóloga Silvia Álava, quien añade que hay unos signos de alarma que pueden poner en sobre aviso de que algo pasa.

Así, si un niño invierte los números y las letras, comete rotaciones y confunde las letras b-d y p-q, tiene muchos problemas en la asociación del fonema con el grafema, es decir no llega asociar cada letra con su sonido, le cuesta realizar ejercicios de conciencia fonológica, no es capaz de separar las sílabas: a-be-ja, se salta de forma habitual renglones cuando lee en voz alta, inventa un número elevado de palabras y tiene verdadera aversión a leer y a escribir hay que pedir ayuda porque puede tener dislexia.

Dificultad, no impedimento

Juan Narbona, neuropedriatra de la Clínica Universidad de Navarra, se muestra partidario de desterrar el término dislexia y sustituirlo por el nombre oficial: trastorno del aprendizaje de la lectura y de la escritura. «Aunque realmente a mí me gusta más llamarlo dificultad para adquirir la lectura y escritura».

Es una variación en la capacidad innata para adquirir este sistema (lectura y escritura) que no es connatural al humano, como es el lenguaje hablado. Una persona puede tener más o menos capacidad para descubrir y automatizar la lectura y la escritura, como se puede tener más o menos capacidad para tocar la guitarra o para la danza, pero esto no quiere decir que no pueda llegar a leer o a escribir. «Por lo general -continúa el neuropediatra-, se trata de una dificultad, no de un impedimento. Lo tienen más difícil que otros niños que leen ya en Infantil, pero acaban aprendiendo a leer».

El especialista se queja de que cada vez se quiere que los niños lean antes y explica que en Dinamarca no se inician en la lectura hasta los siete años. «El descubrimiento de la lectura es algo que se hace de forma súbita y natural. Por eso, no hay que empeñarse en que lean con cuatro años. En esa etapa de la vida, deben hacer cosas más importantes en cuanto a psicomotricidad, convivencia, lenguaje oral, habilidades plásticas y manuales».

Para empezar a leer se tienen que dar tres requisitos: dominar bien la lengua oral (que no está madura hasta los seis años), trabajar la metacognición del lenguaje oral y saber que las palabras se descomponen en sílabas, las sílabas en sonidos y conocer su relación con la grafía. Cuando el niño domina su lenguaje oral le resulta más fácil leer y escribir.

Lo que les pasa a los niños con dificultades para adquirir la lectura y la escritura es que cuando leen no lo hacen automáticamente ni de forma placentera. Aprenden a leer, pero con más trabajo y lentitud. Adquieren un nivel de lectura útil para desenvolverse en la vida, pero no se aficionan al placer de la lectura».

Una cosa que deja tranquilos a los especialistas es que en los niños que tienen dificultad para adquirir la lectoescritura no existe ninguna lesión cerebral. «No se ha determinado ninguna anomalía cerebral que se corresponda a los problemas del aprendizaje de la lectura. Si ocurriera esto, la esperanza para poder solventar estos problemas sería nula y sabemos que con la dirección adecuada, el niño acaba leyendo. Si hubiera un impedimento anatómico sería mucho más complicado. Hay que entrenar y no hay que desistir», apunta con optimismo Juan Narbona.

Ejercicios

Una vez que ya se ha detectado el problema se deben establecer pautas para mejorar la lectoescritura. Según explica Silvia Álava, acompañar a los niños que tienen problemas para leer con ejercicios específicos les ayuda a mejorar su lectura. Así, «es bueno grabarle de vez en cuando para que se escuche cuando lee y, de esta forma, aumentar su motivación hacia la lectura. Si omite alguna palabra o vemos que con alguna tiene más dificultades o se la salta, le pediremos que lea en voz baja, que detecte esa palabra y posteriormente que la escriba en su cuaderno y la lea varias veces para que adquiera habilidad articulatoria y le pierda miedo».

De hecho, hay muchos métodos de apoyo visual y auditivo para que el niño aprenda y pueda ir poco a poco incorporando la lectura a sus capacidades. Hay que animar a que los niños lean y para esto no hay mejor ejemplo que el que le puedan dar sus padres. En este sentido, el neuropediatra afirma que «a un niño no se le puede decir que lea, tiene que ver a sus padres leer». Y para hacerle atractiva la lectura, en un primer momento hay que leerle y una vez que está interesante la historia hay que dejarle que siga por sí mismo.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta para que el niño se habitúe a leer es la hora que se elige para hacerlo. Si se le propone que coja un libro a última hora del día, el niño ya está cansado y por muy divertida y atractiva que sea la historia, no prestará atención porque no puede hacerlo.

Su día a día

Los niños con dislexia suelen ser muy conscientes de sus dificultades. Normalmente, tienen una autoestima baja y necesitan mucha motivación y refuerzo positivo. Por eso, Rosalía Hita, logopeda de un colegio público, dice que los adultos del entorno del niño son los responsables de llevar a la práctica en el aula, las pautas a tener en cuenta. También es responsabilidad del adulto crear un buen ambiente y una actitud positiva ante el compañero que presenta dificultades lectoescritoras. «Solemos explicar al grupo de la clase que igual que unos tienen dificultades con las matemáticas o con el dibujo, otros compañeros se les da peor la lectura o la escritura».

Para que sigan mejor las clases, se recomienda que los alumnos con problemas para la lectura y la escritura se sitúen en las primeras filas, cerca del profesor y de la pizarra. Así, se les puede prestar más atención. «Tenemos que asegurarnos de que el niño ha comprendido bien el material escrito con el que tiene que trabajar».

Desde hace unos años, en las aulas se siguen unas pautas para la evaluación de los alumnos con dislexia, que se aplican en los exámenes y en otras herramientas para la evaluación de los conocimientos adquiridos.

Entre estas medidas se contempla la adaptación de los tiempos para realizar los exámenes, incrementándolos hasta un máximo de un 35% sobre el tiempo previsto para el resto de los alumnos. También se puede adaptar el modelo de examen, el tipo y el tamaño de la fuente en el texto del examen.

A estos alumnos también se les permite utilizar hojas en blanco y hacer los exámenes de manera oral, situación que les ayuda en gran medida y les da tranquilidad. Otra medida para facilitarle los exámenes es realizar una lectura en voz alta de los enunciados de las preguntas al comienzo de la prueba y que ésta se haga en un aula separada para evitar distracciones.

Rosalía ahora está trabajando con un niño que cursa cuarto de Primaria, después de haber repetido su segundo. Según cuenta, tiene dificultades en la ruta fonológica de acceso al léxico, «es decir, que para leer una palabra utiliza la ruta global, ve la palabra globalmente y le cuesta convertir los grafemas a su correspondiente fonema».

Con este alumno tiene que trabajar un programa específico de dislexia para favorecer la ruta fonológica, puesto que presenta muchos errores a la hora de leer: omite sílabas, sustituye unas sílabas por otras, se inventa palabras… En la escritura la situación no es mejor; presenta los mismos errores. Ante esta situación, deben mejorar la conciencia fonológica para que sea consciente de que cada letra tiene un sonido, que ese sonido unido a otro forma una sílaba y que varias sílabas forman una palabra con significado. Así podrá leer y comprender lo que lee.

 

FUENTE: Diario El Mundo. CLARA SIMÓN VÁZQUEZ