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Batalla en la mesa (II)

¿Qué estrategias o “trucos” puede dar a los padres para que sus hijos coman mejor o, al menos, sin que haya una guerra de cubiertos en cada comida?

– Lo primero que tenemos que hacer es que el niño sepa que se espera de él en la comida. Una instrucción del tipo “pórtate bien” es demasiado ambigua y no le estamos explicando que tiene que hacer.  Por eso nos puede funcionar hacer una listado con las reglas que tenemos en la mesa. Como pueden ser:

  • Se come todo lo que está en el plato. Hay padres que sirven mucha comida a sus hijos y luego negocian cuanto se comen. El niño no tiene que entrar en este juego, sino que el adulto le servirá una cantidad adecuada y razonable, y eso es lo que se come. No negociamos con él. Si quieres más se puede repetir.
  • Pondremos un tiempo para la comida, y que los niños aprendan a comer en ese tiempo, pues otro de los problemas habituales, es que los niños tienden a alargar mucho las comidas, entre otras cosas porque saben que así tendrán un mayor rato de atención.
  • No se hacen tonterías en la mesa. Tienen que saber que cosas se permiten y cuales no, y que entiendan que estar comiendo o cenando con los mayores, implica tener un comportamiento correcto durante la comida, y que si no lo tienen no les vamos a hacer caso.

– Enseñemos al niño a comer sólo desde pequeño, no dejemos que este aprendizaje lo haga exclusivamente en el comedor del colegio, pues será más fácil hacerlo en casa, donde puede disponer de más atención, tiempo… de tal forma que cuando llegue al cole, ya sepa manejarse con los cubiertos, y no dependa del adulto. Son muchos niños, y no hay una cuidadora por niño.

– Intentemos que los niños lleven una dieta sana, equilibrada y variada desde pequeños, lo ideal es que los nuevos alimentos, ya han sido introducidos desde casa, “no descubrir la fruta y la verdura en el colegio”.

– No sobreprotejamos al niño, y no le demos de comer, de esa forma no le estamos permitiendo entrenar el hábito, y que se vaya haciendo autónomo en el mismo. En el colegio tendrá que comer él solito, y no se lo va a dar una cuidadora.

– Armémonos de paciencia, el aprendizaje es difícil, y se van a manchar, se les va a caer… es normal, no les regañemos, es importante que desde pequeños aprendan a manejar los cubiertos, y no les demos la sopa, porque se le va a caer se van manchar lo va a poner todo perdido…, hagamos con uno de esos simpáticos “baberos-chubasqueros”, y que el niño aprenda aunque se manche.

– No olvidemos que la tarea de aprender a comer, es responsabilidad de los padres, no del colegio. Los niños no van al comedor a aprender a comer y a comer de todo, eso se tiene ir haciendo también desde la familia.

Batalla en la mesa (I)

Con este título aparece el artículo en el que colaboro con Laura Jiménez de la revisa La Guía del Niño en este mes de Noviembre, esta semana os iré poniendo pinceladas sobre lo que hacer cuando la hora de las comidas se convierte en una ¡batalla campal!.

El artículo completo lo tenéis en la revista de este mes y para los que querías más información os recomiendo como bibliografía en libro: “Cuentos para Comer Sin Cuentos”.

– ¿Desde qué edad puede empezar a inculcarse a los niños el buen comportamiento en la mesa?

 Desde el principio, incluso cuando todavía son bebés, conviene que ya tengamos claras las pautas a seguir en las comidas, y se las vayamos inculcando a nuestro hijo, por ejemplo, desde bien pequeñín podemos enseñarle que cuando comemos, estamos a eso “a comer”, y no distraerle con la tele, o con juguetes, o parar para realizar otra actividad como el cambio de pañal…  tiene que aprender que estamos comiendo.

La importancia de las normas y de los límites

Ya hemos comentado en otras ocasiones, la  importancia de las normas y los límites en la educación de los niños y adolescentes . En esta ocasión os dejo un video de Iñaki Gabilondo comentando este tema:

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=EXqe_m1nJcs]

La Comunicación con nuestros hijos (X)

FRASES A EVITAR
-«No digas tonterías / No tengo tiempo para tus tonterías»

Consecuencias: De nuevo, damos al niño un mensaje contradictorio, le dimos que no tengo tiempo para tus tonterías, a la par que le estamos recriminando. De nuevo el niño se ve reforzado porque si que está consiguiendo nuestra atención.

 Alternativa: Cuando haces el tonto no te hacemos caso.

 
-«No pareces de esta familia»

Consecuencias: El niño puede sentirse rechazado.

 Alternativa: No me gusta que hagas esto. (De nuevo focalizando directamente la conducta a extinguir),  o aludiendo a las normas que tenemos en casa o en la familia.

La Comunicación para nuestros hijos (IX)

FRASES A EVITAR:
-«Ya no te quiero»

Consecuencias: De nuevo jugamos con el amor y con el cariño del niño, lo que puede hacer que se sienta solo e inseguro.

 Alternativa: Cuando tu te portas mal, nos ponemos tristes o no queremos estar contigo, pero nunca entraremos a cuestionar nuestra amor hacia el hijo.
-«Deja de llorar como una niña. Los chicos no lloran»

Consecuencias: Además de entrar en valoraciones de tipo sexista, podemos hacer que el niño inhiba la expresión de sus sentimientos.

 Alternativa: Tendremos que distinguir entre el llanto de llamada de atención, el cual extinguiremos con frases de “no se llora” (independientemente del sexo), de cuando el niño tiene un problema. En caso lo consolaremos y trataremos de ponernos en su lugar para ayudarle.

La Comunicación con nuestros hijos (IV)

Algunos consejos truquillos para controlar la ira o el enfado y no actuar de manera que luego nos arrepentiremos.

 Si el niño está realizando una clara llamada de atención, con amenazas no conseguimos nada, pues estaremos reforzando su conducta. El niño percibe que con esa actitud consigue la atención del adulto que es lo que iba buscando. En estos casos lo mejor es utilizar la extinción. (Consideramos refuerzo a cualquier consecuencia positiva, y ojo, no lo equivoquemos con premios materiales, el mejor refuerzo para los niños puede salirnos muy barato, es la atención de sus padres. Se trata de aprender a reforzarles cuando estén realizando las conductas que queremos instaurar, es decir, esté con ellos y refuerce y premie al niño mientras se porta bien, y no le preste más atención cuando está realizando las conductas disruptivas que queremos que desaparezcan, esto es lo que se llama extinción).

Peleas de hemanos VI

Entonces…. ¿les castigamos cuando se pelean?

 Si previamente hemos observado la conducta de nuestros hijos y qué es lo que la motiva, nos daremos cuenta que en ocasiones los niños van buscando llamar nuestra atención, aunque sea de forma negativa, quieren que el adulto se pare, deje lo que está haciendo y les de atención extra, y si encima se dirigen a mí solo mejor. 

Es por eso que en estos casos lo mejor es utilizar la extinción.

Consideramos refuerzo a cualquier consecuencia positiva, y ojo, no lo equivoquemos con premios materiales, el mejor refuerzo para los niños, es la atención de sus padres. Se trata de aprender a reforzarles cuando estén realizando las conductas que queremos instaurar, cuando no estén peleando, estemos con ellos y reforcemos y premiémosles mientras juegan juntos tranquilamente, comparten sus cosas…,

Y no prestemos más atención cuando se empiecen a pelear, a insultar… pues estas conductas son las que queremos que desaparezcan, esto es lo que se llama extinción.

Peleas de hermanos V

¿Qué hacemos cuando se pelean?

Los hermanos tienen que aprender a estar juntos y a no pelearse, les quedan muchos años de convivencia, así que cuanto antes aprendan mejor. Los padres pueden favorecer ese aprendizaje. Así les tendremos que explicar que no se pueden pelear, y que tienen que aprender a arreglar las cosas ellos solos.
Estableceremos el momento de entrar los padres en escena cuando empiecen a gritar a pegarse o a insultar, pero ahí no hay que intentar saber qué es lo que ha pasado, pues de esa forma entramos a formar parte de su pelea, y siguen con la misma actitud pero con un actor más; si no decirles que como habíamos quedado que no se peleaba que ya no queremos saber que ha pasado y que les vamos a separar un ratito (el tiempo dependerá de la edad de los niños, con los más pequeños, cinco minutos pueden bastar), porque nos han demostrado que no saben estar juntos. Cuando hayan pasado los cinco minutos establecidos, les dejamos que reinicien el juego o la actividad que estaban realizando, para darles la oportunidad de volver a portarse bien y estar juntos.

Pelas entre hermanos IV

¿Cómo pueden corregir los padres esta conducta?

 Primero de todo, parémonos a observar, tanto a los hijos, para ver qué están haciendo, como a nosotros mismos, cómo actuamos como padres. Nos va a dar muchas pistas, y nos daremos cuenta que las cosas no son blancas o negras y que no hay un hijo bueno y un hijo malo, sino que en unas ocasiones empieza uno la pelea y en otras otro, aunque es cierto que hay niños más movidos o más agresivos, que inician más riñas, no puedo dar por sentado que el 100% de las veces sean ellos los culpables, tenemos que darles la oportunidad de portarse bien.

Peleas entre hermanos III

Los padres suelen dar por hecho que hay uno siempre que empieza, que es más malo, es decir, tienden a etiquetar a los hijos en buenos y malos. ¿Es esto una equivocación?

 No cometamos el error de “etiquetar” a los niños, como si el ser malo fuese algo inherente en el niño y que no se puede cambiar, de esta forma sólo conseguiremos que el niño se habitúe al adjetivo y que lo viva como “yo soy así, y por tanto no lo voy a cambiar”. Debemos dejar bien claro que en este momento te estás portando mal, no que seas malo, y por supuesto decírselo a todos los hijos por igual. Por mucho que yo crea que un hermano es el bueno y que no tiene la culpa, cuando se esté portando mal se lo tengo que decir.

 Los niños funcionan mal con las etiquetas, pero lo que todavía es más nocivo es decidir que un hermano  es siempre el bueno, y que hay otro que siempre es malo y que tiene la culpa de las peleas. No le estamos dando la oportunidad al niño de que cambie su conducta y de demostrar que se puede portar bien.