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Se sienten “auténticos” para elegir ropa, música, amistades, formas de expresarse… pero ¿son auténticos para pensar?

Lo intentan al máximo, pero están muy influenciados por el factor grupal. Cuando están solos son capaces de hacer un ejercicio de introspección y generar sus propios pensamientos e  ideas, y estas pueden diferir de las del grupo pero, salvo que se sientan muy seguros y tengan un cierto rol de liderazgo,  raramente  las manifestarán al resto de los miembros,  ante el temor de sentirse excluidos.

¿La adolescencia siempre ha sido históricamente una edad difícil o es algo relativamente nuevo?

La pubertad, entendida como los cambios biológicos producidos en el cuerpo, siempre ha sido una etapa difícil, pues el adolescente, además de entender lo que le está pasando a su organismo, tiene que  llegar a  saber controlar ese desarrollo tan fuerte, esos cambios físicos que se producen de forma tan notoria y esas hormonas que parecen circular alocadamente. En cambio,  la adolescencia entendida como el periodo de tiempo  en el que los niños maduran hasta llegar a la edad adulta,  no siempre ha existido;  de hecho, en muchas culturas indígenas  no existe, y los niños pueden pasar a ser adultos en una noche,  tras una ceremonia de preparación.

Actualmente los adolescentes de hoy, por las circunstancias que les rodean,   lo tienen más difícil que los de generaciones anteriores. (Padres que pasan muchas horas fuera de casa, ausencia de normas y límites, una sociedad de consumo que “se ceba” con ellos bombardeándoles con miles de mensajes para que compren y compren…)

 

¿Rebeldes o adolescentes?

Según vuestras sugerencias, dedicaremos las próximas semanas a hablar de los adolescentes, que es un tema que se ha tratado poco en el Blog:

¿Qué significa ser auténtico en la adolescencia? ¿Es una sensación diferente a la que se pueda tener en la madurez?

Cuando los niños llegan a la pubertad, biológicamente se produce un estallido de reacciones  endocrinas, que no sólo conllevan un aumento de los órganos sexuales, (llegada de la menstruación y desarrollo mamario en las chicas, y producción de esperma y  aumento de la pilosidad en los chicos),  sino que además producen  un cambio en todas las relaciones del niño consigo mismo y  con su entorno. Las hormonas van a adquirir un gran protagonismo, de tal forma que en muchas ocasiones serán las que tomen las riendas de su  comportamiento. El adolescente se siente confundido y en muchas ocasiones,  aunque parece haber asimilado los cambios físicos producidos en su cuerpo, no es capaz de controlar los desajustes hormonales propios de esta etapa; incluso puede llegar a sentir que ser auténtico es dejarse llevar por lo que te apetece, por lo que “te pide el cuerpo”, sin pararse a pensar las en las consecuencias que pueden tener determinadas conductas.

Por el contrario, ser auténtico en la edad adulta, aunque aún puede estar unido con la idea de hacer lo que uno quiere, significa alcanzar la madurez que te permite ser uno mismo, sin manipulaciones ni condicionantes externos. Los adultos soñamos con tener más capacidad de autocontrol y gobernar nuestras vidas; queremos enfrentarnos tal y como nosotros deseamos a las distintas situaciones que vivimos, intentamos alcanzar nuestras metas, las nuestras, no las que otros pueden tratar de imponernos. Esas metas en las que creemos, con las que nos identificamos y por las que luchamos.

Los beneficios del sueño

«Ya descansarás cuando estés muerto«, con este «claim» tan llamativo lanzaba su publicidad hace unos años una famosa marca de ron, pero el sueño y el descanso es uno de los factores que más influyen en nuestras actividades diarias y en nuestra calidad de vida en general, no solo desde el punto de vista psicológico, sino tambien fisiológico. Dentro de las funciones del sueño, están:

  • Fijar los conocimientos. En los niños esto es especialmente importante, pues en la etapa escolar, todo lo aprendido y estudiado; se asienta durante el sueño. Es por eso que, muchas veces si un niño tiene dificultades con el sueño pueden surgir problemas de rendimiento escolar.
  • Con los adultos, aunque ya no “se estudie a diario”, todos los días hay nuevas vivencias y nuevos aprendizajes, que también han de fijarse durante el sueño. Es habitual que baje el rendimiento en las épocas de insomnio o en cuando se duerme peor.
  • Reducir los niveles de ansiedad. Cuando no dormimos bien nos levantamos mucho más irritables, tanto los niños como los adultos, estamos de peor humor, nos enfadamos con más facilidad… la falta de sueño dispara los niveles de estrés. En el niño, esto hace que bajen sus defensas, estén más inquietos, lloran con más facilidad,  los adultos tienen que estar más pendientes de ellos y esto puede hacer que el niño se vuelva más tímido e inseguro. En los adultos, dormir correctamente, será fundamental para la gestión del estrés. Uno de los principales síntomas de la falta de sueño, es sin lugar a dudas la irritabilidad.
  • La hormona del crecimiento (GH) se segrega sobre todo durante las primeras horas después de haberse iniciado el sueño. En los niños con problemas de sueño la secreción de la “somatotropa” se puede ver alterada y su crecimiento puede verse perjudicado.

 

Recomendaciones con los niños desobedientes

Recogemos algunas recomendaciones extraídas del libro El No también ayuda a crecer, de María Jesús Álava. (La Esfera de los Libros, Madrid, 2002)

Recomendaciones con los niños desobedientes

  1. Poner unas normas claras, que sepan qué ocurre cuando desobedecen. Ej. Las cosas las diremos sólo una vez y sino haces caso las consecuencias serán “éstas” (según sea el caso y la edad le llevarán a su cuarto para que recapacite, no le prestarán atención…).
  2. Actuar inmediatamente sino obedece; no entrar en pelea.
  3. No caer en sus provocaciones. No contestar a sus quejas, directamente hacer lo que os habíais propuesto.
  4. No intentar razonar con él cuando desobedece; es inútil, sólo intenta “liarnos y ganar tiempo”.
  5. Ser más perseverantes que ellos.
  6. Animarles cuando actúan bien, reconocer su esfuerzo y
  7. Prestarles atención cuando obedezcan y tengan buena actitud.

 

¿Qué castigos jamás se deben poner?

Muchos padres abusan del castigo, confundiendo castigo con buena educación, y con ello consiguen que la situación empeore cada vez más. Dentro de los errores más comunes que encontramos están:

  • Castigar al niño por periodos largos de tiempos, entonces el niño sentirá que no le damos oportunidad de portarse bien y como ya está castigado, ¿para qué esforzarse en el comportamiento correcto?
  • Castigarle con todo lo que le gusta, de esta forma, cuando se porte bien,  ¿Con qué lo reforzaremos?
  • Acumular el castigo durante varios días. Cada día hay que darle la opción de conseguir el objetivo, y animarlo a que lo haga.
  • Castigos desproporcionados…

Cabe destacar, que bajo ningún concepto es lícito pegar o dar un cachete a un niño, pues de esta forma, no sólo le haremos daño físico, sino que le mostraremos que hemos perdido el control de la situación, y que él ha logrado desesperarnos; y es importante que los niños vean que en todo momento es el adulto el que mantiene el control, nunca él.

 

¿Qué ocurre cuando no se pone límites a los hijos? ¿Qué consecuencias existen en aquellos niños que no se les pone límites?

Los niños necesitan normas y límites, y cuando no los tienen, están muy perdidos, no saben qué es lo que tienen que hacer, qué es lo que se espera de ellos, y tampoco saben el camino que tienen que elegir.

Los niños tienen que aprender a ganarse las cosas, y que ésto se consigue, cumpliendo las normas establecidas, que tienen que ser muy sencillitas y adecuadas a la edad del niño (No gritar, no pegar, obedecer…).

Cada vez los hijos tienen más de más cosas y no tienen que hacer ningún esfuerzo por conseguirlas, y no por ello podemos afirmar que son más felices. Además, en general cuantas más cosas tienen los hijos, más cosas quieren, por la progresión insaciable que supone “el tener” frente a la gran oferta que existe hoy día. Y llega un momento en que los padres se encuentran incapaces de proporcionar más satisfacción por la vía material.

Los padres no se sienten más satisfechos, porque ven que no disminuye el grado de exigencia en los hijos, sino que al contrario, aumenta el grado de inconformismo.

Cuando los niños no aprenden que las cosas hay que ganárselas, que tienen que cumplir las normas establecidas,  que junto con nuestros derechos, van nuestra obligaciones, y que si no las cumplimos no podremos disfrutar de los privilegios (como tele, ordenador, videojuego…), se pueden convertir en jóvenes y adultos insatisfechos e infelices, porque no han aprendido a valorar lo que tienen, todo lo consideran como un derecho, y cuando la sociedad les impone sus normas, pueden sentirse muy dolidos y frustrados.

 

¿Qué castigos son los más eficaces?

Lo mejor es que desaparezca el concepto “castigo”, ya que los niños lo viven como algo impuesto desde fuera y contra lo que nada pueden hacer. A partir de ahora cambiaremos la terminología!

Las cosas hay que ganárselas, y ver la televisión, o jugar un rato con el ordenador o la videoconsola, habrá que ganárselo con el comportamiento correcto.

Sería bueno sentarnos con el niño y explicárselo: “A partir de hoy tendrás que ganar jugar x minutos al ordenador, ver la televisión… y eso se gana realizando los deberes al llegar del colegio, obedeciendo a la primera… (el niño tiene que tener muy claro que es lo que se espera de él, definiendo sus tareas de la forma más concreta posible, y las normas y los límites que tenemos establecidos). De tal forma que cuando el niño incumpla su parte del acuerdo, desaparecerá “te castigo sin ordenador”, si no “hoy no te has ganado jugar al ordenador”.

Así el niño verá que él tiene en su mano la posibilidad de ganar las cosas, que todo está en él y en sus comportamientos.

En la consulta vemos muchos niños que “están castigados a todo” y esto les ha hecho perder toda la motivación para portarse bien, por lo que incluso la situación familiar es todavía más tensa que antes del castigo.

 

Nunca se debe castigar a un niño regañándole y gritándole, ¿por qué no?

En primer lugar, recordemos que la principal fuente de aprendizaje de un niño es el modelado, es decir,  los niños copian lo que ven en sus figuras de referencia, que principalmente son los padres. Si queremos instaurar otros hábitos como el diálogo, y no queremos que ellos griten, no podemos ser nosotros los primeros que lo hagamos.

Además cuando les gritamos y les regañamos, si el niño estaba intentado llamar la atención del adulto, lo consigue, pues lo que ellos viven es “aunque me estés gritando me estás haciendo caso”, es por eso que en esos momentos, como ya hemos explicado es mejor utilizar la extinción, y mostrarnos firmes y sin alterarnos

 

¿Los castigos deben variar según las edades?

La extinción es una herramienta que podemos utilizar en todas las edades, lo que variará en función de la edad del niño, es la duración de la misma:

  • Con los niños muy pequeños (hasta dos-tres años), basta con decirles “así no estoy contigo”, y en el momento que dejen de llorar, que vean que les hacemos caso.
  • Según va creciendo, iremos aumentando el tiempo que estaremos extinguiendo (sin hacerles caso), por ejemplo, para un niño de 5 años, si te digo que por gritar, llorar… vas a estar cinco minutos sin que te hagamos caso, esto será suficiente para el niño se de cuenta que así no consigue atención, y además cinco minutos se recuperan fácilmente, y nos da opción a seguir con las actividades que teníamos pensadas para ese día.
  • Según van creciendo, el tiempo fuera (en el que no estamos con el niño), puede aumentar.
  • Con niños más mayores, (8-10 años), 10 minutos puede ser un tiempo ajustado.