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El hambre emocional que esconde la obesidad infantil. Colaboración con La Tribuna de Albacete

Por Ana Soteras (EFE) 

El sobrepeso y la obesidad afecta al 43 por ciento de los niños españoles. Atajarlo con dieta y un aumento de la actividad física en la mayoría de los casos no es suficiente. Detrás se esconde el hambre emocional, una forma de comer desequilibrada e impulsiva, que requiere tratar psicológicamente al menor y a su familia.


En las XXIV Jornadas Internacionales de Nutrición Práctica, celebradas este mes en la Fundación Pablo VI de Madrid por la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (Sedca), el programa Entren y la educación emocional fueron algunos de los asuntos tratados.


La psicóloga Silvia Álava destacó la importancia de la educación emocional como base de una alimentación sana y subrayó que, cuando se aborda la obesidad en niños, hay que evaluar también a la familia desde el punto de vista emocional y de hábitos que transmiten a sus hijos. «Las estrategias de intervención contra la obesidad deberían estar dirigidas a ingerir una menor cantidad de alimentos y a aumentar la actividad física, pero en muchos casos eso no es efectivo ya que puede haber problemas emocionales detrás», aseguró la especialista en psicología clínica y educativa.

Tristeza o ansiedad suelen ser las emociones más frecuentes que se esconden detrás de comer de forma compulsiva alimentos insanos ricos en grasas o azúcares.

FUENTE: latribunadealbacete.es

¿Qué tareas pueden hacer los niños en casa? Colaboración con Burgos Conecta

El encierro es un buen momento para iniciarles en las labores de casa. Dos psicólogas nos orientan sobre cómo hacerlo.

Por Yolanda Veiga.

Venga, que no llegamos. ¡Veeengaaaaa!».

Hace ya días que no arrancamos así la jornada. Confinados como estamos, los horarios se han relajado un poco, especialmente los de los niños. «Ya no hay excusa para que la niña no se vista sola. Que lo haga, aunque tarde veinte minutos en lugar de cinco». Porque ahora tenemos veinte, aunque cada mañana añoremos la prisa de antes. «Es un buen momento para trabajar la autonomía de los chavales. Tardarán el triple, sí, pero hoy podemos gastar ese tiempo que normalmente no tenemos», propone Silvia Álava, directora del área infantil del gabinete psicológico Álava Reyes (Madrid). No es echar rato para que se haga más corto, no. La idea es que los niños vayan asumiendo tareas que se hagan hábito. 

«No se trata de forzar situaciones. Hay padres que pueden pensar: ‘¡Qué buen momento para quitarle el pañal ahora que no tenemos que madrugar!’. Y lo hacen porque les viene bien a ellos aunque no sea el momento adecuado para el niño. Para lo que seguro que sí es buen momento es para enseñarle a tu hija de 2 años que hay que recoger los juguetes. Obviamente no lo va a hacer sola pero podemos dedicarle un rato a esa tarea: ‘Tú guardas un juguete y yo otro’».

Tareas por edades

2-3 años:Recoger algún juguete con ayuda, llevar el pañal sucio a la basura.4-5 años:Recoger juguetes con poca ayuda, llevar la ropa sucia al cesto, llevar las pinzas para colgar la colada, llevar los desperdicios al cubo de la basura.A partir de 6 años:Poner la mesa, pinche de cocina, meter los platos sucios al lavavajillas.A partir de 8 años:Hacer la cama, prrepararse el desayuno, emparejar calcetines.A partir de 10 años:Barrer la cocina, pasar la aspiradora.

Habla la experta de trabajar la «corresponsabilidad». «Ojo, no se trata de ‘ayudar en casa’. Ese planteamiento no vale. Vamos a aprovechar que estamos todos juntos sin poder salir para que los niños vean que las labores de casa son labores de equipo». Nada de tareas por sexo. Los trabajos se reparten en función de la edad. «Imaginemos una familia con tres hijos de 7, 4 y 2 años. No puede ser que el de 7 ponga la mesa y los demás no hagan nada porque son pequeños. El de 4 años puede poner la barra de pan, que no se rompe si se cae. Y el de 2 puede encargarse de llevar el pañal sucio, al que hemos hecho previamente una bola, a la basura. El objetivo es que todos vean que son importantes, que colaboran».

Para quien no sepa por dónde empezar, Silvia Álava propone una serie de tareas por cada franja de edad. «Podemos empezar por los juguetes. Con 2 o 3 años recogeremos nosotros más que ellos, pero es importante que empiecen a hacerlo. Con 4 o 5 años lo harán con menos ayuda y con 6 ya deberían hacerlo solos. Pongamos ahora el baño, que es algo que veces les cuesta. Al de 3 años con que deje el pijama encima de la cama es suficiente, de más mayores pueden llevar a la ducha el albornoz, coger la crema para después, y con 8 años deberían ya recoger la ropa sucia tras el baño y vestirse solos».

Los deberes

Explica la especialista que el ‘salto’ en cuestión de autonomía se produce en torno a los 6 años. «Con esa edad les gusta mucho hacer de pinches de cocina. No se trata de dejarles con la olla, sino de que cojan los tomates del frigorífico, que laven algún utensilio que no sea de cortar…». Y que a partir de los 8 ya podrían afrontar tareas como hacerse la cama o prepararse el desayuno. «Si es algo sencillo como unas tostadas bien pueden hacerlo solos. Se trata de que cojan un hábito y que lo mantengan después, cuando regresemos al trabajo y al colegio». «A partir de 10 años serían perfectamente capaces de barrer o de pasar la aspiradora, por ejemplo».

No lo hagamos, en todo caso, con la idea «de que nos quiten trabajo a los trabajos», sino que la única finalidad es «educar en corresponsabilidad». «Deben asumir que las labores de casa son tareas de familia. Así que dejémosles que pasen la bayeta, aunque luego la tengamos que pasar nosotros por detrás». 

Mucho cuidado con los deberes

Trabajos que se harán sin descuidar los deberes. Mucho cuidado con esos deberes… «Las tareas escolares son ahora un tema un poco peliagudo. Insistimos en que las tienen que hacer solos, pero el problema es que el profesor no ha tenido ocasión de explicarles algunas de esas materias en clase. Así que lo que les toca a los padres ahora es explicarles las cosas. Pero solo eso. ‘Yo te explico este concepto y me voy’. No me quedo sentada a tu lado mientras haces los deberes. Los adultos, solo para resolver dudas», insiste.

En estos días que parece que tienen más de veinticuatro horas hay tiempo para mucho pero «hay que evitar sobrecargar a los niños», advierte la psicóloga Mariola Bonillo. «En las redes sociales se están compartiendo muchas ideas para hacer en casa pero escoged solo las que realmente os apetezca hacer». 

Recomienda la experta reservar huecos libres de tareas, de tablets, de televisión… para estar juntos, simplemente. «Pensemos en los bebés y menores de 3 años. Requerirán de más atención y alternancia de actividades: cogerles en brazos, montarles en el carrito y pasearles por la casa…».

«Estás enfadado porque querías salir a la calle, ¿verdad?»

Los adultos estamos francamente preocupados por cómo afectará el encierro al rendimiento escolar. Pero si lo estamos solo por eso, nos estamos quedando cortos. «Hay una cosa importantísima a trabajar en casa estas semanas, la inteligencia emocional. A veces las emociones nos saturan y tenemos un estallido de ira o de rabia. Y otras veces, simplemente nos las tragamos». Ni una ni otra opción son las mejores, advierte la psicóloga Silvia Álava, que ha preparado una guía con ejercicios para ayudar a los chavales a que identifiquen cómo se sienten estos días y por qué. «A menudo les decimos: ‘No te enfades’, ‘No llores’, ‘No es para tanto’ o les preguntamos de forma compulsiva qué les pasa. ¡Pero no lo saben! Debemos ayudarles a identificar lo que les ocurre: ‘Creo que te has enfadado porque querías salir a jugar. Estás aburrido porque llevas muchos días en casa, ¿es eso lo que te ha pasado?’». Aunque el principio sería otro, un ejercicio que es también una manualidad y que consiste en «recortar de revistas viejas caras de enfado, de tristeza, de alegría…», que les ayuden a identificar las emociones. «Podemos hacer una sesión de fotomatón: cada miembro de la familia se hará seis fotos representando emociones básicas». Que también hay que aprender a regular. «Para gestionar una emoción desagradable los chavales pueden coger una de esas bolas de cristal en las que se ve la nieve o la purpurina caer despacio. Al centrar nuestra atención en esa nieve, aunque sea por un momento, somos capaces de abandonar la preocupación».

FUENTE: burgosconecta.es

¿Qué efecto nos van a hacer otros 15 días en casa? Colaboración con El Diario Montañés

¿Cuál va a ser el tramo más duro?, ¿a quién le va a costar más el encierro? Cuatro psicólogos nos orientan

Por Yolanda Veiga / Foto Laura Rico

Nos ha pasado como en el juego, que cuando veíamos que ya habíamos avanzado un buen trecho, nos mandan de regreso a la casilla de la salida. Esa es un poco la sensación que tenemos desde que el domingo supimos que los quince días de encierro serán un mes. De momento… Si dos semanas de teletrabajo (eso quien tiene la suerte de no haberse ido al paro) ya eran difíciles, échele el doble. Un mes sin pisar la calle, sin abrazar a nuestros mayores, un mes de niños jugando solos en casa… Cuatro psicólogos nos ofrecen herramientas para hacer más llevadero el confinamiento y advierten: «Un mes es un periodo corto de tiempo».La incertidumbre de hasta cuándo ¿Cuáles serán los días más complicados?

«Lo más difícil de abordar en estos momentos es, posiblemente, la incertidumbre. Saber hasta cuándo tendremos que estar en esta situación… Si uno sabe que son quince días, aunque estos se amplíen, se puede entender. Pero si la situación se vuelve inestable o no sabemos su evolución será más difícil de aceptar. En un periodo corto de tiempo como un mes probablemente los días más complicados del confinamiento son los intermedios. Ahí tendremos momentos de bajón», advierte Guillermo Fouce, presidente de Psicología Sin Fronteras.Los niños ¿Videoconfrencias como alternativa al parque?

«A todos se nos va a hacer larga esta ampliación del encierro, pero los niños se van a adaptar con mas facilidad que los adultos. Nuestra obligación es transmitirles calma y serenidad y hacerles ver que el confinamiento es un reto de todos. Si ven que tenemos tiempo para ellos lo van a llevar mucho mejor. Sobre los amigos… Nadie va a perder a un amigo por estar un mes sin verlo, pensemos si no en los amigos que solo vemos en verano porque viven en otra ciudad. Eso sí, vamos a ser razonables con las videoconferencias porque a veces las están forzando los padres, se las estamos imponiendo. ‘Ale, videoconferencia con todos los niños de la clase. Y cada chaval a su bola…’. Solo hay que llamar a los amigos cuando el niño o la niña lo diga y a quién ellos digan, no a quien quieran sus padres», advierte Silvia Álava, directora del área Infantil de Psicología Álava Reyes (Madrid).Las clases ¿Qué efecto tiene un mes de deberes ‘online’?

«El alumnado puede seguir trabajando ‘online’ sin que eso suponga que van a perder la rutina de trabajo. Otra cosa es pretender que a lo largo de este mes van a avanzar igual que si hubieran estado en clases presenciales», anticipa la psicóloga Silvia Álava. Los mayores Cómo acercarnos estando lejos

«En su caso la situación se complica porque no suelen sentirse a gusto con a tecnología, a algunos les cuesta y a otros les genera desconfianza. Nos tenemos que adaptar a ellos, intentar enseñarles a usar lo mejor posible la videollamada para que nos sigan viendo y podamos ver cómo están, pero si no es posible tenemos también las llamadas de teléfono, con las que pueden sentirse acompañados. Una vía que les ayuda a sentirse importantes es recibir fotos con dibujos que los nietos o audios en los que les cuentan lo que están haciendo durante el día…», Dafne Cataluña, fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva.Psicología Positiva ¿Un par de herramientas para ‘aligerar’ el encierro?

«Las dos pautas son: en primer lugar, ser más flexibles que nunca con nosotros mismos y con los demás, porque una mente abierta nos permitirá adaptarnos mejor a nuestros errores y a los de los demás, de forma que juzguemos menos y aceptemos más. La segunda pauta consiste en priorizar el cariño, cuidar las palabras que elegimos y el tono con el que las transmitimos para sentirnos mejor nosotros y las personas que nos rodean», aconseja Dafne Cataluña.Los más vulnerables ¿Las personas solas lo van a pasar peor?

«Una persona que vive sola pero que cada tarde queda por videoconferencia para hablar con alguien lo vivirá con menos soledad que una pareja que esté toda la cuarentena sin hablar con nadie. Las relaciones son una fuente de satisfacción en la vida, por eso ahora es importante comprometernos con espacios en los que comunicarnos por videoconferencia. Y digo por videoconferencia, y no por teléfono porque no suscita la misma emoción una llamada de voz que una imagen. Si podemos, optemos por la videollamada. Si alguien está sólo y siente que le afecta puede utilizar la radio, los podcast… Una paciente me contaba que todas las mañanas hablaba durante casi una hora con su hermana antes de la cuarentena. Por supuesto no hay mucha novedad en la información de sus conversaciones. Lo que hay es compañía, es presencia», relata la psicóloga Dafne Cataluña. Deporte ¿Cómo no caer en la tentación de tirarse en el sofá?

«Por una cuestión de salud física, psicológica e inmunológica. El cerebro tiende a economizar energía por una cuestión de supervivencia. Así que lanzará señales o mensajes para que ‘no hagas’. Hay que luchar contra ello. Hay que hacer actividad física en la terraza o jardín y que te dé un poco el aire. Si no, dentro de casa, en un lugar con espacio, luz, buena temperatura y ventilado. Que sea el mismo lugar semanalmente, y si se puede, variar uno o dos días a la semana para romper la monotonía. Establecer rutinas semanales con días y horarios, preferiblemente por la tarde, sobre las 18.00 horas. Tener una tabla semanal, hacerla acompañado y con música que nos motive. En la mayoría de los casos, el objetivo de la actividad física no es reducir la ansiedad y el estrés, dado que el ejercicio físico será de intensidad baja. Lo que se busca es estar activo y desconectar», explica Alejo García-Naveira, psicólogo del deporte y Experto en estrategias psicológicas para el alto rendimiento y salud.Nuevas rutinas ¿Qué podemos incorporar como hábito?

«Al margen de lo obvio de hacer deporte, descansar y alimentarse bien, es aconsejable ver series de humor o empezar a hacer meditación. Y las de siempre: leer, escuchar música», enumera Alejo García-Naveira.¿Y si se alarga? ¿Hay un ‘techo’ de días para aguantar?

«No lo sabemos porque es una situación desconocida. De lo único de lo que tenemos certeza es de que es una carrera de fondo, aunque si se alargara más allá del mes previsiblemente se produciría un efecto complejo de cansancio o saturación. Un efecto que será mayor o menor en función de lo que hagamos: si mantenemos ciertas rutinas o no, si nos aislamos o no, si vivimos solos o no… Si pensamos que podemos recuperar nuestra vida anterior la cosa será más fácil. Y luego vienen los cambios añadidos que pueden aparecer y complicar las cosas: si nos despiden o reducimos ingresos, si empeora nuestra relación de pareja porque la convivencia agrava los elementos negativos, si enfermamos o tenemos a alguien cercano enfermo, si sufrimos un transtormo mental que se agrave…», explica el psicólogo social Guillermo Fouce.

FUENTE: Diario Montañés

Los niños deben hablar de sus pesadillas, temores y miedos. Colaboración con Ideal.es

Ellos son los que mejor se adaptan, pero que hay que estar vigilantes ante posibles secuelas tras este duro confinamiento, aconseja la psicóloga infantil / «La actitud de los niños dependerá de la nuestra, lo que perciban es determinante»

Por Miguel Lorenci

Esos locos bajitos a los que tanto queremos se adaptan a la adversidad mejor que los adultos. Lo confirma Silvia Álava, psicóloga y directora del área infantil de la clínica Álava Reyes, que ofrece a los padres recursos para que el confinamiento con críos sea más llevadero. Deben gestionar los miedos, temores y pesadillas de unos peques que sueñan que sus abuelos enferman y mueren y que reclama con pataletas ir a la calle.

–¿Tienen los niños herramientas para enfrentarse al confinamiento?

–No. Lo que sí tienen es una mayor capacidad de adaptación. Se acomodan a las nuevas situaciones, a una adversidad como el confinamiento, antes y mejor que un adulto. Pero necesitan que nosotros les proporcionemos herramientas para facilitarlo.

–¿Asimilan lo que está pasando?

–Son conscientes de que ocurre algo, escuchan muchas cosas, pero necesitan procesarlo con nuestra ayuda. Es fundamental explicarles la situación de forma clara y sencilla, acorde a su lenguaje, a su desarrollo cognitivo y emocional, para transmitirles que vamos a salir de esto.

–No es lo mismo explicárselo a un crío de dos años que a uno de doce.

–Al de dos años habrá que insistirles una y otra vez, porque se les olvida y se quedarán, sobre todo, con que no pueden salir a la calle. Decirles que no es que papá y mamá no quieren salir, sino que un virus no nos deja. Buscar un ‘malo de la película’ para evitar la pataleta. Con los mayores, ser positivos sin mentirles, y pedirles que sean proactivos y colaboren.

–¿Cómo gestionar y aplacar sus miedos?

–Logrando que los verbalicen, que sean capaces de hablar sobre lo que les atemoriza, que sepan que les entendemos. No vale decir «no tengas miedo, que no pasa nada». Primero te escucho, valido y acepto tu miedo, y te explico que es normal sentirlo. Que todos lo tenemos. Cuando hemos empatizado con él y validado la emoción, podemos decirle con delicadeza y serenidad que sabemos que los abuelitos están bien, que no vamos a verles para no contagiarlos y que no se pongan malos. Que es bueno que les llamen y que hablen con ellos y que verles por videoteléfono les ayudará a sentirse mejor.

–¿Los niños son el espejo de nuestros sentimientos?

–Sí. Su actitud dependerá de la nuestra. Es determinante lo que perciban en los adultos. Reaccionarán en función de cómo nosotros vivamos la situación. Transmitir calma en lugar de estrés es primordial. Necesitan un entorno seguro. Si nuestra actitud es de nerviosismo, si oyen decir «¡ay Dios mío! ¿qué nos va a pasar?», lógicamente se inquietarán.

–¿Saldrán de esta más fortalecidos o afectados emocionalmente?

–Nunca hemos atravesado por una experiencia como está. No hay estudios sobre un confinamiento tan masivo y tan largo que nos aporten criterios. Dependerá de las características y variables de personalidad de cada crío. Los hay más vulnerables y preocupones; tendentes a obsesionarse con algunas cosas, y con ellos debemos tener más cuidado. Hay otros que lo llevan razonablemente bien. Padres y educadores tendrán que estar muy atentos. Calibrar qué hacen o dejan de hacer distinto de lo que hacían antes del confinamiento.

–¿Les dejará secuelas el confinamiento?

–Podría haberla en algún caso. Por eso hay que observar muy bien si están más retraídos, retadores, irascibles, tristes o apáticos. Si se ve alterado el apetito, el ritmo del sueño o si tienen pesadillas.

–Los más peques tendrán un recuerdo difuso pero, ¿qué pasa con los niños más mayores?

–Es difícil que se consoliden los recuerdos antes de los dos años. Todo dependerá de cómo lo vivan la familia y cómo les ayudamos los padres a superarlo.

–¿Van a aprender los papás de los hijos, y viceversa?

–Sí. Es una situación dura e inédita para las dos partes. Hay que sacar lo más positivo. Debemos hacer que esta convivencia sea enriquecedora y afiance los lazos familiares.

–En la educación ‘online’, ¿ven un regalo o un castigo?

-Es una buena herramienta que permite seguir con sus horarios y sus rutinas. Es la menos mala de las alternativas.

FUENTE: Ideal.es

Solos en casa… con niños. Colaboración con el Diario El Norte de Castilla

Por Carmen Barreiro

No se preocupen. Este reportaje no va de las mil y una manualidades que pueden hacer con sus hijos para entretenerles durante la cuarentena. Primero, porque no hay casa en el mundo –bueno, igual sí– que tenga la cantidad de purpurina, goma eva, globos, pegamentos y papeles de toda clase y textura que aparecen en los tutoriales ‘online’ y, segundo, porque bastante tenemos con trabajar en casa –los que pueden– y al mismo tiempo cuidar a la prole como para sumarle una nueva fuente de estrés. «El objetivo ahora es sobrevivir a estas dos semanas y no perder la cabeza. No es el momento de hacer cursos intensivos de inteligencia emocional. Tenemos que relajarnos y ser prácticos», recomienda la psicóloga educativa Silvia Álava.

Lo primero que recomiendan los expertos para hacer lo más llevadero posible este encierro involuntario es «intentar mantener las rutinas». Las de los niños, pero también las de los mayores. Ahora es cuando usted piensa ‘sí, claro. La teoría nos la sabemos todos muy bien, pero la práctica ya es otra cosa’. Efectivamente, tiene razón. Cuando los psicólogos hablan de mantener las rutinas no se refieren a hacer la misma vida que hacíamos antes de la declaración del estado de alarma –¿se acuerdan?– sino en «adaptarla» manteniendo nuestros hábitos. Si antes de la crisis del coronavirus, los niños no se levantaban entre semana a las diez de la mañana y se pasaban todo el día en pijama, malcomiendo y jugando a la consola, ahora tampoco.

Tenemos que procurar que se levanten a la misma hora de siempre –más o menos–, que desayunen como si fuese día de colegio y que se vistan. Que se vistan, aunque sea con un chándal. No pueden estar en pijama todo el día. Ni ellos, ni los adultos. «No estamos de vacaciones, ni de fin de semana», advierte Mariola Bonillo, psicóloga sanitaria del Centro de Psicología Área Humana de Madrid. Y eso es lo más difícil de entender, sobre todo para los más pequeños. De ahí que debamos intentar «mantener la normalidad» en la medida de lo posible. 

La clave en este caso es la OR-GA-NI-ZA-CIÓN. Hacer un horario de actividades nos ayudará a planificar el día a día «y a los niños les da mucha seguridad saber lo que van a hacer en cada momento. Les tranquiliza», coinciden las psicólogas. No se trata de establecer un régimen militar de horas y actividades, «pero sí de intentar seguir una serie de pautas que nos ayuden a gestionar estos días de encierro», precisa Silvia Álava, doctora en Psicología y directora del área infantil en el gabinete Álava Reyes. El horario se puede colocar en algún lugar de la casa donde todos los miembros de la familia lo puedan consultar, como la puerta del frigorífico, el pasillo o la sala. Y, por supuesto, se puede decorar. Ya tienen una manualidad.

Un consejo de las expertas: tanto el tipo de actividades que figuran en el cuadrante como el tiempo que debe dedicarse a cada una de ellas deben ser «realistas» y adaptadas a la edad de cada niño. «No podemos poner dos horas de juego libre a un bebé de dos años porque sería engañarnos. También debemos evitar la sobrecarga de tareas o elegir aquellas que en realidad no nos apetece hacer», explica Bonillo. Ni tampoco establecer el mismo horario a un niño de cuatro años que a sus hermanos de siete y doce, por ejemplo. 

Y una advertencia. Tenemos que ser lo más prágmaticos que podamos y asumir que nos vamos a desesperar, que vamos a interrumpir nuestro trabajo cada media hora para poner un poco de orden en el caos y a acordarnos doscientas veces de ese perro que en su día no quisimos adoptar y que ahora estaríamos encantados de sacar a pasear catorce veces al día. «Porque va a pasar», admiten las psicólogas. Es una situación «desconocida y muy estresante» para todos los miembros de la familia, por lo que es «fundamental» que establezcamos una normas mínimas de comportamiento basadas en el respeto. «Puede parecer una perogrullada, pero con tantos días de encierro es muy fácil perder los nervios», señala Álava. Lo es.

Otra de las recomendaciones que hacen las psicólogas para estos días de convivencia intensa es intentar que los niños tengan un tiempo dedicado al juego sin pantallas. «No pueden estar todo el día viendo la tele o con la consola. Todos sabemos que es el recurso más fácil para mantenerles entretenidos un rato largo, pero debemos buscar alternativas», admiten. Una muy recomendable es que hagan ejercicio físico dentro de las limitaciones que supone la cuarentena. «Es bueno que los pequeños se muevan y se cansen», señala Bonillo. Ánimo, ya queda menos.

Rosa, nuestra aliada para contarle a los más pequeños lo que está pasando

¿Debemos contar a los niños lo que está pasando? ¿Cómo lo hacemos? ¿A partir de qué edad pueden entender lo que ocurre? ¿Es bueno que vean los informativos? ¿Sí? ¿No? Las dudas que asaltan a los padres estos días son muchas, pero vayamos por partes. 

¿Debemos contárselo? Los expertos son tajantes. Sí. Los niños, incluso lo más pequeños, son perfectamente conscientes de que algo raro está pasando. No van a clase, en algunos casos papá y mamá están en casa… Hay que explicárselo, pero con palabras que puedan entender. Cada edad requiere un tipo de explicación. El aluvión de consultas ha sido tal que el Colegio Oficial de Psicología de Madrid ha decidido editar un cuento digital gratuito para explicar qué son los virus y promover hábitos adecuados para combatir a estos microorganismos. ‘Rosa contra el virus’ «ayuda a conocer, entender y poder transmitir la información adecuadamente a los más pequeños teniendo en cuenta la incertidumbre en cuanto a la evolución del brote», explican en la editorial Sentir. Al final del cuento se incluye un apartado de recomendaciones para adultos adaptadas a niños y niñas de 4 a 10 años.

«A los más pequeños les podemos enseñar las calles vacías y decirles que la Policía ha cerrado los parques. Es necesario que entiendan que la decisión de no salir de casa no es de sus padres», añade Silvia Álava. La psicóloga madrileña es partidaria de que cada día recordemos a los niños por qué estamos en casa. «No hace falta que les saturemos con informativos o noticias del coronavirus, pero es importante que tengan claro el por qué de la situación», aclara. La psicóloga Mariola Bonillo también aconseja «dejarles espacios para que se expresen. Tenemos que ayudarles a comprender y regular sus emociones».

FUENTE: Diario El Norte de Castilla

Coronavirus: guía urgente para contarle a tu hijo por qué no va al colegio. Colaboración con el diario El Mundo

Los psicólogos recomiendan hablar claro y conciso, dar ejemplo de calma, no mentir, combatir las conductas de rechazo y evitar la crudeza

Escrito por PEDRO SIMÓN

Ocurrió este mismo lunes. El niño de siete años estaba en consulta. Acababa de conocerse el cerrojazo escolar de Madrid. La especialista y el paciente empezaron la sesión rutinaria. Hablaban y hablaban. Pero el chico mostraba una preocupación que le saltaba en el pecho como una rana.

-¿Te puedo hacer una pregunta?

-Claro, dime.

-¿Puedo hablar con un chino?

La anécdota la cuenta la psicóloga Silvia Álava y muestra la onda expansiva del impacto del coronavirus en las mentes de los más pequeños. ¿Puede un niño desarrollar miedos absurdos o nuevos? ¿Los hay que están aumentando estos días sus niveles de ansiedad? Aunque la mayoría celebre el advenimiento de unas vacaciones inesperadas, ¿para algunos viene el Coco?

Los psicólogos aseguran que todo dependerá del lenguaje que utilicemos, de cómo adecuemos el mensaje a la edad de los menores y, sobre todo, de lo que éstos vean en casa. Porque no es lo mismo tener unos padres que mantengan la calma que tener otros que saqueen el Mercadona como si viniese el Armagedón y esto fuera Mad Max.

«Este lunes hemos recibido bastantes llamadas para consultas de menores, padres que piden cita porque algo no va bien. Hablamos de chicos y chicas con sintomatología de ansiedad que necesitan ayuda», señala Mercedes Bermejo, coordinadora de Psicología Clínica de la Salud y psicoterapia del Colegio de Psicólogos de Madrid. «Vivimos en una sociedad muy adultista, una donde los niños tienen sus limitaciones para comprender. Hay que contarles lo que está pasando desde lo simbólico, lo lúdico y lo interactivo«.

Estas son 10 claves para lidiar con la crisis del coronavirus entre los más pequeños.

  1. Dele una información breve, concisa y clara. «Los niños son grandes receptores de información, pero no saben interpretarla porque su desarrollo madurativo no se lo permite. Necesitan que los padres descodifiquen esa información», señala Silvia Álava, doctora en Psicología. «Bastaría con empezar diciéndoles que es como una gripe, pero que como todavía no tenemos vacunas, hay que tener cuidado y lavarse mucho las manos. Que por eso nos quedamos en casa un tiempo: para evitar el contagio».
  2. No les mienta, pero tampoco sea crudo. La información ha de ser adecuada a la edad. «Cuanto más pequeño sea, más sencillo ha de ser el mensaje», comenta Timanfaya Hernández, psicóloga sanitaria y forense. Por lo general, un niño entre cuatro y ocho años tiene una buena edad para comprender una enfermedad de forma básica e inculcarles medidas de protección. Según Mercedes Bermejo, hay que promediar lo que se dice: «Hay veces que, con la idea de no mentirles, les lanzamos un mensaje demasiado crudo».
  3. Los niños imitan a los padres: no caiga en la histeria. Hay que evitar expresiones condicionadas a situaciones de miedo. «No hablar de ‘ya van tantos muertos’ o ‘hay tantos muy graves’ o ‘hay que ir corriendo a comprar'», advierte Hernández. En definitiva, se trata de no ser alarmistas y de dar ejemplo. La psicóloga Álava añade: «Hay niños que desarrollan pánico si ven a los adultos caer en él».
  4. Desmonte ideas irracionales y combata conductas de rechazo. Los especialistas señalan que, una vez que se produce un rechazo entre iguales en la infancia, es probable que se perpetúe. «Es importante que no se genere un rechazo que luego es difícil revertir, el rechazo al asiático, al que tose, que no se les diga: ‘A ese no te acerques'», aconsejan. «El principio de incertidumbre hace que nos pongamos en lo peor. Hay familias con un perfil de personalidad más proclive a generar alarma. Hay que evitar eso».
  5. Utilice los cuentos. «Los cuentos pueden ser una manera muy ilustrativa y cercana de contarles», comenta Bermejo. «Sobre todo para trabajar lo emocional». Un material ilustrado dirigido a los niños, y que se está distribuyendo entre los especialistas, comienza así: «Hola. Soy un virus, primo de la gripe y el resfriado. Y me llamo coronavirus. Me encanta viajar y saltar en las manos de las personas para saludar. ¿Has escuchado hablar sobre mí? ¿Y cómo te sientes cuando me escuchas nombrar?».
  6. Sentimientos. «Por culpa de la tecnología, hay un déficit emocional», prosigue Bermejo. «Antes, cuando algo no nos gustaba, poníamos una cara, la nuestra. Ahora ponemos un emoticono… Pero es muy importante que expresen lo que sienten con lo que está pasando».
  7. Sentido del humor, sí, pero… Silvia Álava opina que el sentido del humor está muy bien para desdramatizar. Ahora bien: «Los niños no entienden la ironía hasta los siete años, con lo que hay que tener cuidado con las bromas, porque se pueden asustar».
  8. Niños en riesgo. Lo más probable es que, lo que está sucediendo, afecte más a niños con «rasgos hipocondríacos u obsesivos». También a los que tienen «altas capacidades, pues muestran una sensibilidad mayor». Timanfaya Hernández: «Con los menores con patologías previas que atañan a la ansiedad, el mensaje de calma ha de ser mayor. Chicos con TOC de lavarse las manos compulsivamente, por ejemplo, pueden tener un pico en el comportamiento en estas semanas».
  9. Ayudarles a predecir su tiempo. Se trata de orientarles en el control de su tiempo durante este periodo. Precisamente para que no se encuentren en una situación en la que no pueden predecir nada. Eso da tranquilidad y normaliza.
  10. Desconectar. Los psicólogos piden hacer de la necesidad, virtud. Ante una situación de crisis como ésta, ver una oportunidad para compartir el tiempo en familia y desconectar.

FUENTE: Diario El Mundo

Cómo evitar que los deberes de los hijos sean para los padres. Colaboración con el diario ABC

Los expertos creen que las tareas escolares las deben hacer los niños para asumir sus propias responsabilidades, pero a la vez animan a fomentar hábitos de estudio y a mostrar interés en el desempeño en el colegio.

Por Teresa Sánchez Vicente

En el término medio está la virtud, los padres deben motivar a los hijos a tener un buen desempeño escolar, pero sin ejercer un control directo y autoritario sobre sus deberes. En una era en la que las nuevas tecnologías facilitan la participación de los progenitores en el día a día del colegio a través de plataformas educativas, correo electrónico o de grupos de chat, gran parte de los expertos consultados así lo atestiguan: las tareas escolares las deben hacer los propios niños con el objetivo de que crezcan en responsabilidad y autonomía. Esta afirmación no excluye la implicación familiar a través de ayudas puntuales o desplegando un estilo comunicativo que transmita interés en su rendimiento diario y a la vez, expectativas sobre su futuro a los niños. «Los padres sí tienen la labor de inculcar el sentido de la responsabilidad mediante la imposición de hábitos y rutinas. Se puede merendar y descansar un rato y después hay que hacer los deberes» (Álava Sordo, doctora en Psicología)

Si lo que perseguimos es que consigan buenas calificaciones, hay que tener en cuenta que los estudiantes con padres que se implican de forma más indirecta obtienen mejores notas que aquellos con familias que ejercen un estilo más controlador, tal y como se extrae del informe «La implicación familiar en la educación: una herramienta de cambio», elaborado por profesores de la Universidad de Oviedo y publicado por la Fundación La Caixa. Los datos de PISA señalan que los niños que afirman recibir ayuda frecuente de cualquier familiar obtienen puntuaciones escolares más bajas que aquellos que hacen los deberes por su cuenta. En el informe tambien se concluye que la implicación familiar es positiva para los alumnos, pero siempre y cuando se lleve a cabo con un estilo comunicativo a través de la participación en el colegio y la implicación en el hogar mediante la dotación de recursos que fomenten el estudio. Por contra, no todas las formas de intervención familiar son adecuadas e incluso pueden llegar a ser perjudiciales para el desempeño escolar, tal y como es el caso de las interacciones que se centran únicamente en el control directo sobre los deberes.

Uno de los autores del estudio mencionado y profesor de la Universidad de Oviedo, Rubén Fernández Alonso, explica que el control excesivo de los padres «correlaciona negativamente con los resultados» por ser una práctica nociva para el desarrollo de la responsabilidad y la autonomía de los hijos. Además, «un perfil invasivo aumenta las probabilidades de conflicto, lo que redunda en una pérdida de la motivación, que es un factor clave para los buenos resultados». «Eso no quiere decir que los padres no deban ofrecer ayuda. Los extremos nunca son buenos en temas educativos. Por supuesto, a una demanda concreta, una consulta o petición de ayuda, los padres pueden y deben ayudar. Pero esta ayuda debe ser puntual y siempre a demanda», añade Fernández Alonso.

«Un perfil invasivo aumenta las probabilidades de conflicto, lo que redunda en una pérdida de la motivación, que es un factor clave para los buenos resultados» (Fernández Alonso, Universidad de Oviedo)

En este sentido, Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron» deja claro que «los deberes son responsabilidad del niño, no de los padres». «Los padres tienen que tener claro que no es su labor, pueden supervisar lo que están haciendo, pero tienen que dejar que los niños vayan con errores y que se los corrija el profesor porque así aprenden más. Eso no quita que los padres atiendan dudas puntuales», añade Álava Sordo. Al mismo tiempo, los progenitores sí deben enfatizar la utilidad de hacer las tareas y fomentar el estudio. «Los padres sí tienen la labor de inculcar el sentido de la responsabilidad mediante la imposición de hábitos y rutinas. Se puede merendar y descansar un rato y después hay que hacer los deberes. No hay que perseguirlos, pero tampoco dejarles que cojan los juguetes antes de hacer las tareas», aclara Álava Sordo.

Un refuerzo de lo aprendido

Por su parte, el presidente nacional de ANPE (sindicato independiente de profesores), Nicolás Fernández Guisado, destaca que los deberes deben servir para «inculcar hábitos, responsabilidad, planificación y reafirmar el aprendizaje adquirido en el colegio». Por estas razones, Fernández Guisado opina que «los padres no deben hacer los deberes en absoluto» ni tampoco recurrir a clases particulares ya que son un refuerzo de lo enseñado en clase y los niños deben tener las herramientas para saber hacerlos por sí mismos. «Es mejor que el alumno no haga los deberes o que los haga de forma errónea a que se los hagan los padres para que sea el profesor quien les corrija. Ni es bueno despreocuparse, ni tampoco hay que sobreproteger de forma excesiva», sentencia el presidente de ANPE. Por ello, Fernández Guisado sí anima a los progenitores a «inculcar hábitos de estudio y autoestima a los hijos», a la vez que se les transmite que hay «preocupación por su evolución diaria» en el colegio. «El profesor de matemáticas enseña las matemáticas porque conoce a fondo esa materia, el profesor de inglés enseña el inglés por los mismos motivos. Lo que no puede ser es que el colegio ponga deberes a los padres» (L’Ecuyer, autora de «Educar en el asombro»)

La autora de «Educar en el asombro» y «Educar en la realidad», Catherine L’Ecuyer coincide en la idea de que los niños deben aprender las materias en el colegio y no en casa. «Los padres son primeros educadores, pero pueden delegar la instrucción a un colegio cuando no se ven capaces o preparados de asumirla. En ese caso, el colegio lleva a cabo la instrucción por encargo de los padres. Lo que no tendría sentido es que el colegio vuelva a delegar a los padres el encargo que los padres delegaron inicialmente al colegio porque no estaban preparados para llevarlo acabo. El profesor de matemáticas enseña las matemáticas porque conoce a fondo esa materia, el profesor de inglés enseña el inglés por los mismos motivos. Lo que no puede ser es que el colegio ponga deberes a los padres», señala L’Ecuyer.

Asimismo, L’Ecuyer aboga por que los niños tengan más tiempo para jugar y descansar. «Es curioso, porque hay tiempo de ver películas comerciales en las horas lectivas o durante el patio cuando llueve, pero luego los hijos llegan a casa con la mochila cargada de trabajos, y la gran mayoría de los padres sienten la necesidad de apuntar a sus hijos a refuerzo en inglés, en mates, etc. Es el mundo al revés. El tiempo se ha de aprovechar bien, hacer cada cosa cuando toca. En casa, los niños deberían tener más tiempo para jugar, estar tiempo con sus hermanos, conversar en la hora de la cena, etc», indica la experta en educación.

«Tenemos un examen»

Otro tema es el del lenguaje inclusivo y el hablar en plural, una práctica a evitar porque supone asumir las responsabilidades propias del niño. «No se puede decir ‘tenemos un examen’, ya que no lo tiene el padre, sino el niño», indica Álava Sordo. «Si actuamos así, los niños se vuelven comodones porque saben que los padres van a asumir sus responsabilidades. Esto ocurre, por ejemplo, cuando los niños ya no apuntan los deberes en la agenda porque las madres acaban preguntando en el grupo de chat que hay para el día», relata la autora de «Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron».«Es mejor que el alumno no haga los deberes o que los haga de forma errónea a que se los hagan los padres para que sea el profesor quien les corrija» (Fernández Guisado, presidente nacional de ANPE)

Por su parte, el profesor Fernández Alonso aboga por dar de baja los grupos de chat de padres y madres donde se intercambia información sobre los deberes diarios. «Si un día se olvida el libro o no apuntó los deberes en la agenda, lo mejor es que los lleve sin hacer y se enfrente (sin mucho drama) al hecho de olvidar su responsabilidad», concluye.

En conclusión, la clave para motivar residiría en no quitar el protagonismo de su vida (escolar) a nuestros hijos. No obstante, siempre es bueno interaccionar de forma indirecta mediante trucos -que resume el autor del estudio mencionado al principio de este artículo- como predicar con el ejemplo, proveer de medios y recursos necesarios para el estudio y ofrecer oportunidades culturales, así como enfatizar la utilidad de las tareas escolares y por último, reforzar positivamente las conductas responsables a la vez que se debe evitar perder los nervios cuando los hijos actúan de forma negativa.

FUENTE: DiarioABC

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«La isla de las tentaciones» también conquista a niños. Colaboración con el diario ABC

El «reality» ha sido visto, al menos un minuto, por casi dos millones de menores. Los progenitores son los responsables

Por Ana I. Martínez

Los datos son los siguientes: el 28,6% de los niños con edades de entre 4 y 12 años ve «La isla de las tentaciones», un «reality show» que se emite en «primer time» los martes y jueves en Cuatro y Telecinco, respectivamente, según los datos de audiencias facilitados por Barlovento Comunicación. Para quien no conozcan este programa líder para adultos y que empieza sobre las 22:45 horas, se trata de una producción protagonizada por cinco parejas que se someten a una «prueba de amor definitiva» mientras se alojan en dos lujosas villas de República Dominicana. En ellas, conviven por separado los participantes, los chicos por un lado y las chicas por otro. Pero no están solos: comparten su día a día con un grupo de 20 solteros -10 chicas y 10 chicos, respectivamente- que también desean encontrar el amor. Las infidelidades, las dudas o los celos son algunos de los ingredientes infalibles en una trama que mantiene en vilo a millones de espectadores.

Audiencias

Estos han sido los datos de audiencias que se han dado a conocer en las últimas semanas y que han puesto en alerta a la sociedad. Y es que el total de menores que han visto al menos un minuto de este programa en televisión asciende a 1.854.200, de los cuáles 298.000 tienen entre 4-6 años, 250.000 entre 7-9 años y 297.000 entre 10-12 años. Aunque la audiencia media se sitúa en 84.000 menores, los niños apenas protagonizan el 3,3% de la audiencia total del programa. Según los datos facilitados por Barlovento Comunicación, la mayoría de los menores (87%), han visto « La isla de las tentaciones» acompañados de sus familiares. Solo el 17% lo han visto solos.

Análisis de cifras

Pero, ¿cómo se deben interpretar estos datos? ¿Cuál es el papel de las familias? Para Daniel Aranda, Profesor de Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC), estos datos de audiencia deberían ser profundamente analizados. «Se necesita un estudio aparte que vaya más allá de los puros índices de audiencias, cuyas cifras son las únicas que interesan a la cadena porque, cuanto mayor sea el número, mayores serán los ingresos», explica el experto. De hecho, Aranda subraya que «el total niños que hay en España de entre 4 y 12 años es de 1.690.000. Y los datos dicen que son 84.000 los que lo ven. Por tanto, la mayoría está durmiendo».

Por otro lado, destaca que, a pesar de los números puros, convendría averiguar cómo interpreta la audiencia este contenido y saber si se produce o no una resignificación del mismo, tal y como pasó con «Confianza Ciega», un programa emitido en el año 2002, muy similar a «La isla de las tentaciones», del que la audiencia se reía. Es decir, el programa no era visto como un espacio en el que se analizara el amor o las relaciones de pareja sino que era percibido con humor y «se generaban burlas a través de las redes sociales, como está pasando ahora con este ‘reality’».

Valores familiares

Lo que sí está claro es que es responsabilidad de los padres saber qué consumen los niños y cuándo. «Los progenitores son quienes deben encargarse de que el menor duerma las horas que les corresponde», añade el docente. «Deben pensar si un niño de 12 años tiene que estar a las 23:00 horas viendo la televisión –continua–. Los tutores legales, las familias, deben replantearse qué quieren pero se delega mucho. Hay que tomar responsabilidad como adultos y que el consumo vaya en relación con los valores de cada familia».

No hay que olvidar, además, que la televisión no es la plataforma por la que las nuevas generaciones se inclinen. «La percepción de los menores con respecto a la televisión, según los últimos estudios, es que se trata de un medio de comunicación que se consume en grupo y familia y, además, viene determinado por el gusto de los mayores, que se reúnen para verla», recuerda Aranda. «Otra cosa -añade- es debatir sobre la calidad que la televisión ofrece».

El desarrollo del menor

Tampoco se debe olvidar que los menores «de hasta los 6 años, aproximadamente, no distinguen la realidad de la ficción», explica Silvia Álava, psicóloga educativa. Además, cuando se trata de un «reality», la confusión en los menores es mayor «por el propio formato del programa», cuenta Álava. «En un programa de telerrealidad –continua– se vende algo que supuestamente ‘es real’ y eso hace que niños, e incluso algunos adultos, crean que es así». Por eso es más importante que nunca el papel de la familia. «Los menores carecen, además, de sentido crítico», recuerda.

Las investigaciones más actuales sobre la audiencia infantil destacan el papel de los progenitores como máximos responsables a la hora de contextualizar al niño el contenido que ve o consume para evitar un impacto negativo en su desarrollo. «Los padres tienen que pensar en qué tipo de educación y valores quieren dar a sus hijos», insiste la psicóloga, y «analizar si lo que ven en televisión encaja con dichos preceptos».

Porque, además, «La isla de las tentaciones», para Aranda, refleja problemas «muy conservadores». El espacio plasma cómo «un chico y una chica tienen que estar juntos. Todos son heterosexuales y blancos, y no creo que sean representativos de la mayoría de la población española». De hecho, «si no fueran heterosexuales, blancos y muy guapos, no generarían audiencia», subraya el docente de la UOC.

Pero ese tipo de mensajes pueden llegar a ser interiorizados por los menores, ya sea a través de la televisión o de cualquier otra plataforma. Por eso urge más que nunca que las familias controlen su exposición a contenidos inapropiados como la violencia o el sexo.

Para Álava «la educación sexual-afectiva debe empezar desde pequeños, aprovechando las situaciones de la vida cotidiana para comentarlas e ir normalizando la situación». La experta recuerda que la educación sexual no va sola, sino que siempre debe ir acompaña del afecto, porque es necesario incluir los valores en el sexo.

FUENTE: Diario ABC

Buenas notas, hacerse la cama… lo que la paga no debe comprar. Colaboración con El Diario Montañés

La asignación semanal a los niños es útil para enseñarles a gestionar el dinero, pero puede crear monstruos si se da como un premio por cosas que no deben ‘pagarse’

Por SOLANGE VÁZQUEZ

Si usted está ya en la edad adulta, seguro que en la infancia escuchó de boca de sus padres la siguiente pregunta: «¿Pero tú te crees que soy el Banco de España?». Esta joya de los aforismos ‘viejunos’ resume muy bien la filosofía que hace décadas tenían los progenitores respecto al dinero que se daba a los peques: si pedías algo al margen de tu asignación, tenías muchas probabilidades de recibir un no por respuesta. Ahora, sin embargo, padres y madres debaten mucho sobre si hay que ser más flexible y sobre el concepto de paga semanal, que para algunos está trasnochado.

Cada casa tiene su fórmula, pero, desde el punto de vista de la psicología, los expertos sí recomiendan que se les dé a los peques una pequeña cantidad. Se puede empezar con una hucha cuando son pequeñitos, pero «en torno a los ocho años ya se les puede dar una paga para que la gestionen», explica Silvia Álava, psicóloga del gabinete madrileño Álava Reyes. La otra opción, la de financiarles «a demanda», puede crear monstruos… y analfabetos monetarios, que viene a ser parecido. «Si aprenden que, cuando quieren algo, se les da, van a creer que pueden tener todo de inmediato -alerta Álava-. Y, si no comprenden el valor del dinero de pequeños, llegan a la edad adulta sin tener ni idea, cargándose de deudas, pidiendo microcréditos para vacaciones o cosas que no son necesarias…».

¿Cómo intentamos evitar este desastre desde la infancia? Dándoles a los niños y niñas una paga «ajustada», porque «si se ven con mucho dinero va a haber un problema». Vamos, que no le dé para muchas alegrías y que les obligue a priorizar… y, sí, a prescindir de cosas. «Tienen que aprender a elegir, la vida al final consiste en hacer elecciones constantemente -indica la psicóloga-. Deben saber, por ejemplo, que si se gastan su dinero en chuches, igual no les queda luego para cromos». ¿Y cuál es la cantidad adecuada? Por supuesto, depende de la edad y de la zona donde viva la criatura: «En una ciudad gastan más que en un área rural».

Otro beneficio de la paga es la demora de la recompensa. Si los niños y niñas quieren algo de cierto precio y tienen que ahorrar un poco para conseguirlo, «ganan en autocontrol, ya que la respuesta gratificante no es inmediata». Desaparece ese ‘lo quiero y lo quiero ya’ que tantas pataletas causa. «Si se hace así, ocurre un hecho curioso… te dicen ‘¡quiero estoooo!’. Pero tú le contestas ‘vale, pero lo pagas en tu dinero’. Entonces saltan, ‘ay, pues ya no lo quiero’», argumenta la psicóloga. Eso hace que sean menos consumistas, más reflexivos y previsores.

Sobreprotección

A estas alturas del reportaje ya habrá madres y padres diciendo ‘ay, pobres críos, qué pena, ahí contando los euros y quedándose con las ganas de cosas’. Pues de eso se trata. «Estamos haciendo cosas mal como sociedad. Creamos niños inseguros, hay mucha sobreprotección», comenta la psicóloga. Por eso, aconseja que, cuando son mayorcitos, se les anime a buscar un trabajito para que ganen algo -«de canguro, cortando césped, dando clases…»-. De este modo, también empatizarán más con sus progenitores, a los que más de mil veces les habrán echado en cara eso de ‘te pasas el día trabajando y casi no te veo’. «Así entienden que, sin esfuerzo ni trabajo, no hay dinero».

Algunos pensarán que la paga debe estar sujeta a las buenas notas o a la realización de tareas domésticas. «¡Noooo, al contrario! -se horroriza Álava-. Sobre las notas, mejor que premiarles dándoles dinero, se debe buscar la motivación intrínseca. Es decir, preguntarles cómo se han sentido de orgullosos y satisfechos al obtener buenos resultados… Porque el dinero ‘caduca’, pero ese sentimiento no», explica. Y, sobre vincular la paga a los quehaceres de la casa, menos. «Ni hablar, hay que hacerles entender que la familia es un equipo y que es resposabilidad de todos hacer la casa». Y eso no se paga con dinero.

El peligro de la tarjeta

Los expertos coinciden en afirmar que la educación financiera empieza con la paga, pero luego continúa en la adolescencia y la juventud. O debería Según un estudio del BBVA, un tercio de los jóvenes de entre 18 y 25 años se preocupa por ahorrar y más de un 20% usa parte del dinero que acumula para financiar sus estudios. ¿Y el resto? Pues parece que a esas edades aún no se preocupan del vil metal (seguramente, lo harán sus progenitores). «La educación financiera debe comenzar en familia, debe seguir en las escuelas y luego en la universidad, porque nos relacionamos con el dinero constantemente», asevera Elisabet Ruiz-Dotras, profesora de los estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya. Y alerta contra formas de pago que a los más jóvenes pueden hacerles perder la cabeza. Los milenials hacen el 80% de sus compras con tarjeta «y este fenómeno -advierte- contribuye a que se pierda la conciencia del dinero y de su valor, porque dejamos de tocarlo».

Una cantidad ‘ajustada’

  • De 6 a 8 años: Un euro valdría. Es más que nada para meter en la hucha y que aprendan a contarlos, ya que saben sumar y restar.
  • 8 años: Un euro o dos, no más. Suelen invertirse en chuches, cromos… pero tendrán que elegir.
  • 12 ó 13 años: Unos cuatro euros. Ya, no da para ir al cine. Tendrían que tirar de ahorros. porque no todos los fines de semana deberían ir.

FUENTE: eldiariomontanes.es

«No se pueden delegar las necesidades emocionales de los niños. Hay que estar con ellos»

Escribió el Premio Nobel Jose Saramago: “… hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí, ¡eso es!; ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder?, ¿cómo?, ¿no es nuestro?, fue apenas un préstamo …el más preciado y maravilloso préstamo ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por si mismos, luego le pertenece a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos, pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”.

FOTO: Silvia Álava
FOTO: Silvia Álava

Por MARÍA ALMODÓVAR. SANTIAGO

¿Estamos obsesionados con la felicidad, Silvia? ¿Se les transmite a los pequeños de la casa la idea de tener que ser felices todo el rato, cuando eso no es posible?

Eso es así. Y lo que hacen algunos padres es meterlos en una burbuja de sobreprotección para que no se traumaticen. Otros le dan todo lo que a ellos les hubiera gustado tener de pequeños.

Y con eso no nos estamos dando cuenta de que les impedimos que se desarrollen correctamente y aprendan a ser autónomos, a ser eficaces, a resolver las cosas por sí mismos tanto a nivel ejecutivo (niños que no saben atarse los zapatos o que no se duchan solos), pero también un poco a nivel emocional. No hay que frustrar a los niños gratuitamente. Si no saben hacer las cosas, tenemos que quedarnos a su lado y acompañarlos. ¿Pero qué es lo que pasa cuando lo hacemos nosotros? Pues que no los estamos dotando de herramientas ni técnicas ni recursos suficientes para que se puedan valer por sí mismos. Eso, a la larga, les genera una gran infelicidad.

Pero también es cierto que muchos padres pasan mucho tiempo fuera de casa y tienen sentimiento de culpa, frustración… Y les dicen que sí a todo.

Claro, y por eso de esa forma intentan compensar de algún modo comprándoles más cosas. Es necesario trabajar el peso de la culpa para ser capaces de llegar a casa y decir no cuando la situación lo precisa, o cuando hay que hacer otras cosas.

Pero también a veces lo que hay es un mal entendimiento del amor paternal y maternal. Y ahí están los hiperpadres, que quieren estar superpresentes en todo momento.

¿Al final es cierto que los niños lo que piden es tiempo?

Los niños lo que están pidiendo muchas veces es tiempo de estar con sus padres. Para educar hace falta tiempo y también paciencia. Es importante que los niños aprendan por sí solos y para eso se van a equivocar porque nadie nace aprendido. Lo que tenemos que hacer es poner nuestra mejor sonrisa y decirles que no pasa nada y lo volvemos a intentar porque el error es una fuente de aprendizaje.

Pero si demonizamos el error o no le corregimos porque perdemos mucho tiempo, entonces no le permito que se equivoque. Dramatizamos mucho y no les estamos enseñando recursos y fuerzas para enseñar a levantarse, no evitar tanto que se caiga.

¿Crees que la definición de ‘hijo’ que hizo José Saramago deberíamos tenerla presente?

Es muy importante saber qué es lo que está ocurriendo, que hay muchos padres que se están realizando a través de sus hijos en lugar de realizarse por sí mismos. Y tengo la vida de mi hijo totalmente programada y teledirigida hacia donde yo creo que tendría que ir. Nos olvidamos a veces de qué es lo que necesita o lo que quiere ese niño. Porque en la vida va a ser lo que él quiera, no lo que tú has decidido. Está muy bien volcarse, darles todo nuestro amor, pero la educación se basa en potenciar todas sus virtudes y mitigar sus defectos porque queremos que sean la mejor versión de sí mismos. Y yo voy a estar aquí como padre, como madre, para conseguirlo. Pero cuidado cuando pienso que tengo que ser yo el que elija en todo momento o que yo esté siempre en posesión de la verdad. Te diré cuál el camino que creo que es mejor, pero tendré que dejarte libertad, aunque sea simplemente para equivocarte.

Y en ese caso, ¿crees que los padres se dan cuenta de ese comportamiento? Ellos seguramente ven que eso es normal.

Muchas veces es que los padres no se están dando cuenta. Por eso se habla de malentender el amor. Y muchas veces también hay mucho miedo. Y como tengo miedo de que le pueda pasar algo, hoy en día la vida es muy complicada, tengo miedo de que yo no pueda estar ahí. Y entonces, por intentar controlarlo todo al máximo, estoy ­permitiéndole que no desarrolle una serie de competencias, de habilidades, de recursos. ¡Mucho cuidado con el miedo, que no nos deja educar en libertad!

¿Qué le puede ocurrir a un hijo con un progenitor ausente y con el que solo habla por teléfono? ­¿Existen los ‘telepadres’?

Los psicólogos siempre decimos que los niños necesitan la figura de sus padres. Es muy importante pasar tiempo de calidad, no tanto la cantidad, pero hay que estar una mínima cantidad. Es verdad que a veces no la puedes incrementar, pero hay un mínimo. Las necesidades emocionales de los niños no se pueden delegar. Tú puedes delegar si no estás en casa que una persona haga la cena o limpie la casa, pero la necesidad emocional no. Y qué es lo que ocurre. Que hay que estar, aunque no las 24 horas del día.

¿Y si hablamos de padres que ­tienen hijos con alguna ­discapacidad? ¿Cómo son? ¿Cómo tienen tanta fortaleza?

Estos padres merecen una mención aparte porque no tienen muchas veces una capacidad para sobreponerse a las situaciones. Son un ejemplo de admiración, porque no solamente luchan por su hijo, sino por integrarlos en la sociedad y que esta se prepare para ellos. Hoy en día la sociedad ha mejorado muchísimo, cada vez le damos más visibilidad, pero todavía queda muchísimo que hacer. Y al final los que luchan cada día por que esto se consiga son los papás y las mamás con niños con discapacidad. Y deberíamos hacerlo todos. Al final sí que tienen mucha fortaleza porque o lo hacen ellos, o si no, es complicado que otra persona lo pueda hacer. Luchan por sus hijos y por todo el colectivo de niños. Muchas veces la fortaleza la sacan porque saben que para su hijo es necesario.

La comunicación tiene un papel esencial para construir una buena relación. ¿Le damos la importancia que merece?

Yo creo que no. No somos conscientes de la importancia que tiene porque comunicar es más que hablar. Muchas veces comunicamos sobre la marcha, con prisas, de cualquier forma, y no.

¿Cómo hacer una comunicación afectiva efectiva?

Hay que pensar que el valor de la comunicación lo da el que escucha. Si tú piensas que has hablado de forma perfecta, pero la otra persona no lo ha entendido, no sirve. Es fundamental practicar una escucha activa, es decir, que cuando te estoy escuchando, solo estoy pendiente de ti. Y vamos a preguntar todas las dudas que tengamos. A mí me parece también fundamental utilizar el feedback. Hay que tener muy en cuenta la comunicación no verbal (cuáles son nuestros gestos, el tono de voz, nuestra cara, la mirada…). Hay muchas cositas que podemos mejorar.

Otra cosita que se nos olvida es el miedo al silencio. Hay personas que tienen que rellenarlo con muletillas, con frases hechas. A veces el silencio puede decir más que muchas palabras.

Y no nos olvidemos de que la comunicación tiene que ver con los sentimientos. Muchas veces los malentendidos no suelen venir de la parte racional. Y cuando son de ese tipo se resuelven muy rápido, pero cuando van en relación con los sentimientos, es otra cosa.

COMUNICADORA Y ESCRITORA Escribió el Premio Nobel Jose Saramago: “… hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí, ¡eso es!; ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder?, ¿cómo?, ¿no es nuestro?, fue apenas un préstamo …el más preciado y maravilloso préstamo ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por si mismos, luego le pertenece a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos, pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”.

FUENTE: El Correo Gallego