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Nativos digitales: ¿serán los niños más inteligentes por el uso de las nuevas tecnologías? Colaboración con PadresyColegios.com

Se habla mucho de la infancia y las nuevas tecnologías, su relación con los teléfonos inteligentes, los asistentes virtuales… incluso los hay que van más allá y hablan de cómo será la relación de los menores con los robots humanoides… todavía queda tiempo para entrar en ese terrero, pero lo que está claro es que hoy en día, sí que tenemos que tener en cuenta cómo utilizan los niños y las niñas las nuevas tecnologías en su vida cotidiana y entender cómo las mismas influyen en su desarrollo evolutivo.

Hace poco salía un artículo en el The New York Times que comentaba que los hijos de los ejecutivos de Silicon Valley en muchas ocasiones no tenían acceso a las nuevas tecnologías y que sus padres eran mucho más restrictivos a la hora de dejarles utilizar las pantallas. ¿Por qué ocurre esto? Sabemos que los niños necesitan aprender y desarrollar procesos cognitivos cruciales para el correcto desarrollo cognitivo, emocional y madurativo. Y gran parte de estos procesos se desarrollan fuera de “las pantallas”.

Así, la Asociación Americana de Pediatría no recomienda el uso de pantallas antes de los dos años. Hasta esa edad cero pantallas. Y desde los dos a los cinco años su recomendación es un máximo de una hora, acompañado por un adulto y vigilando la calidad de los contenidos que los niños visualizan. No siempre se cumple, ¿verdad? Seguro que todos hemos visto el efecto que las pantallas tiene tanto en los niños como en los adultos: una atracción de la atención y captación impresionante. ¿Por qué ocurre esto? Porque están diseñadas para que el proceso de atención sostenida lo haga la propia máquina, los dibujos, juegos… se trata de estímulos que pasan muy rápido tanto a nivel visual como a nivel auditivo, por eso el propio proceso de atención sostenida lo hacen el dispositivo y la aplicación solos, podemos estar horas frente a ellos teniendo que hacer muy poco esfuerzo mental, y eso nos pasa factura tanto a los niños como a los adultos. Es por eso por lo que, no se recomienda que los niños pequeños pasen las horas muertas ante la televisión, las tabletas, o los teléfonos móviles,porque el proceso de atención sostenida tiene que madurar y para eso es necesario que el propio niño sea quien mantenga la atención en su juguete, su libro, la conversación con los demás…

Además, los niños y las niñas tienen que aprender a regular y dirigir su propia conducta, por ello, es importante reservar espacios a lo largo del día para que puedan jugar libremente, sin estar dirigidos por un adulto ni por una máquina. Hoy en día esto es difícil, porque nos falta un bien de primera necesidad: el tiempo. Hoy en día sometemos a los niños al ritmo frenético de la sociedad, levantarse corriendo para no llegar tarde al colegio, actividades extraescolares, deberes… Es necesario reservar tiempo y espacio para que los menores jueguen solos, aprendan a dirigirse ellos solos y aprendan a tolerar la frustración y aburrirse. Parece que cuando oímos que un niño o niña nos dice “me aburro”, nos saltan todas las alarmas, y rápidamente corremos a entretenerlo y para eso el mejor invento: una pantalla. Sin querer estamos impidiendo que aprendan a tolerar la frustración, que aprendan a aburrirse. Les evitamos esos momentos de introspección y reflexión personal que nos hacen crecer como personas.

Sometemos a los niños al ritmo frenético de la sociedad, levantarse corriendo para no llegar tarde al colegio, actividades extraescolares, deberes… Es necesario reservar tiempo y espacio para que los menores jueguen solos, aprendan a dirigirse ellos solos y aprendan a tolerar la frustración y aburrirse.

En las consultas de psicología, vemos muchos adolescentes, y también adultos que tienen grandes dificultades para conectar con ellos mismos y con sus emociones, y que utilizan la tecnología, sus teléfonos, internet… como una especie de chupete emocional que les ayude a evitar esa situación. A la larga la situación se complicará más, porque si no estamos bien con nosotros mismos, si no somos capaces de conectar con nuestra parte emocional, y sentirnos a gusto y bien con nosotros mismos, podemos desarrollar problemas emocionales, de depresión, bajo estado de ánimo…

La niñez es el periodo evolutivo esencial para desarrollar las habilidades sociales. Desde pequeños aprendemos a relacionarnos con los demás, y según vamos creciendo desarrollaremos habilidades más complejas. Cuando los niños y las niñas juegan, participan procesos como el ser capaces de negociar, de seguir las normas, de respetar las reglas… que serán fundamentales en la edad adulta. Por eso es recomendable favorecer el juego grupal, de patio, de parque, de calle, en los niños y las niñas para que puedan desarrollar todas estas habilidades. Las nuevas tecnologías aportan cosas positivas, como fomentar la curiosidad, que es algo esencial para que se produzca el aprendizaje. Nunca había sido tan fácil acceder a la información y al conocimiento, y esto bien utilizado es un gran vehículo para aprender. Sin embargo, hay que trabajar con los menores el desarrollo del pensamiento lógico, que aprendan a pensar por ellos mismos, no solo a guiarse por lo que leen en Internet, a ser críticos, y sobre todo a distinguir entre los hechos y las opiniones.

Más información:

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Silvia Álava Sordo

Colegiado M-16238

Directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes

Madrid 2 de mayo de 2016

Blog: silviaalava.com

Facebook: facebook.com/silviaalavasordo

Twitter: @silviaalava

Odio en clase: fórmulas para reconducir la convivencia. Colaboración con el diario ABC

La Comunidad de Madrid permitirá el próximo curso expulsar a los alumnos durante seis días si ofenden a compañeros o participan en riñas.

Por Carlota Fominaya@carlotafominaya

La Comunidad de Madrid aprobó ayer el decreto sobre convivencia escolar que refuerza la normativa en la lucha contra el acoso escolar. Recoge, entre otras sanciones, que la desconsideración con compañeros o participar en riñas será motivo de seis días de expulsión. El documento, que entrará en vigor el próximo curso 2019/20, establece un marco regulador para que cada centro disponga de su propio plan de convivencia y de una comisión que garantice su cumpimiento.

Sin embargo, según el estudio «Cero en conducta. ¿Qué funciona para mejorar las actitudes y el clima de aprendizaje en los centros?», elaborado por la Fundación Jaume Bofill e Ivàlua, la estrategia sancionadora que suelen usar los colegios, como faltas o expulsiones, acaba teniendo efectos negativos sobre las conductas de los estudiantes y perjudican sus resultados académicos.

Las conductas de desafío, agresividad o violencia «distorsionan el buen funcionamiento de las clases y comprometen las condiciones de enseñanza y aprendizaje de alumnado y profesorado», afirma el responsable de proyectos de la institución Bofill. Para corregir dichos comportamientos, la investigación sugiere que en el aula se lleven a cabo juegos de rol en los que se trabajen aspectos como el autocontrol o la mediación.

El origen del problema

Por creencias religiosas, ideología, motivos racistas o xenófobos. Estos son los delitos por odio que más registraron las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en el año 2017 –datos oficiales ofrecidos por el Ministerio del Interior–. Del total contabilizado, al menos el 10% pertenecían a menores de edad. Con el objetivo de atajar la mala convivencia en las aulas, Javier Cereceda, responsable de Atención a Víctimas del Ministerio del Interior, afirma que se van a ampliar las charlas para profesores y alumnos y a poner en marcha herramientas que identifiquen las circunstancias de riesgo.

Es en las aulas donde suceden más situaciones desagradables o complicadas. El odio es sinónimo de intolerancia a lo diferente, pero tiene una apreciación importante: no es lo mismo que sufrir acoso escolar. «El primero tiene que ver con la parte emocional de las personas; el bullying está más ligado a conductas violentas», afirma Silvia Álava, psicóloga. «El problema está en que nos han educado poco en entender las emociones. Es muy típico oír de un niño eso de “lo ha hecho adrede para molestarme”. No se puede pensar siempre así», insiste esta experta.

En ocasiones, los menores sienten odio sin ser conscientes de ello. «No responden a un discurso razonable. Tiene que ver por una necesidad de sentirse fuerte frente a los demás colectivos, de tener poder sobre el otro», subraya Ana Herrero, también psicóloga y coordinadora del departamento de Orientación del grupo Brains International Schools.

Según Joaquín González Cabrera, profesor de UNIR, «la educación en valores es la forma para pulir la utilización de unos colectivos frente a otros. Aprendemos a tolerar, a conjugar acciones sociales, sabiendo que hay que hablar en lugar de pegar. Cuando esto no ocurre así, aparece el animal que las personas llevamos dentro. Esa enseñanza se adquiere, no venimos con un microchip de serie», continúa.

El entorno donde los pequeños se crían, su familia es clave porque es donde presencian faltas de respeto, prejuicios… «Hay que ser más conscientes con lo que se dice. Tan importante es quitarle prejuicios a los niños como no ponerle nunca en situación de juicio, donde tiendan al rechazo más que a la comprensión o al diálogo», insiste la experta Ana Herrero.

«Los menores a veces escuchan gritos de los adultos. Se deben expresar las cosas, por supuesto, pero hay que evitar hacerlo de forma violenta», apunta por su parte Silvia Álava.

El papel de los padres es crucial. «El problema surge cuando en casa existen recelos hacia ciertos aspectos. Cuando eso ocurre habría que trabajar con el menor y analizar la razón de ese odio. Nadie rechaza sin motivo. Los padres deben ser un modelo a seguir y hacer una buena educación emocional. Ahí es donde debe distinguirse de la conducta. Un menor puede enfrentarse a una situación desagradable, pero no le da derecho a resolverla con violencia»..

Una conducta agresiva puede estar detrás de muchos motivos (inseguridad, tristeza, odio…). «No todo el mundo reacciona igual, por lo que es importante averiguar el detonante para poder solventarlo», asegura Álava.

Trabajar la empatía

El proceso de desarrollo en un niño solo depende de él mismo, de cómo avance en su aprendizaje. «Por ello, cuando se le dice que no pegue a su compañero no entiende el por qué, hay que explicarle las cosas», subraya González Cabrera. Ahí entra en juego la empatía, la capacidad de percibir y comprender lo que sienten los demás. «Estos procesos se complican en la época adolescente, cuando los jóvenes buscan su desarrollo moral y normativo. Entran en juego multitud de valores», insiste el profesor de UNIR. «Pueden llegar a hacer cosas durante esta etapa de la que se arrepientan con 19 años, por ejemplo. Es una época compleja y aún se complica más con la presencia de las redes sociales».

La empatía necesita entrenarse, sobre todo en internet. «Cuando se insulta o se hacen comentarios despectivos mediante un móvil, la carga emocional desaparece porque no se ve cómo sufre la otra persona», comenta González Cabrera.

Si dos jóvenes están frente a frente, la empatía está más garantizada. «Un comentario puede no doler, pero quizás sí puede ser efectivo ver sangrar a un joven por un puñetazo. Internet ha masificado y ralentizado todo proceso de empatía –puntualiza–. Siempre va a haber dos grupos enfrentados: al que perteneces y al que no. Este último tenderá a creerse mejor que tú. Por ello, se debe trabajar para que valoren lo diferente a través de la educación. Si no se enseña, el odio seguirá adelante», asegura el docente de UNIR.

Los estudiantes deberán informar a los profesores de los casos acoso

Los estudiantes de la Comunidad de Madrid estarán obligados a informar a sus profesores de los casos de acoso escolar que crean que están sufriendo otros compañeros de clase. De esta forma se recoge por primera vez en la lista de deberes que debe cumplir el alumnado incluida en el nuevo decreto sobre convivencia escolar para reforzar la lucha contra el acoso escolar en todos los centros públicos y concertados de la región, que el Consejo de Gobierno ha aprobado ayer martes, aunque entrará en vigor el curso 2020-2021. Los alumnos que incumplieran esta obligación podrían enfrentarse a sanciones, dependiendo del caso, muy graves, como la expulsión definitiva, graves, como una expulsión de seis días, o leves, como trabajos en beneficio de la comunidad, han precisado a Efe fuentes de la Consejería de Educación e Investigación.

FUENTE: Diario ABC

Cómo actuar ante las descomunales pataletas de tu hijo cuando le quitas la tablet, el móvil… Colaboración con ABC

Claves para lograr que controle sus tiempos de uso y se comporte de forma adecuada.

Por rLaura Peraita@LauraPeraita

«La televisión es un medio de entretenimiento en el que el espectador se mantiene pasivo —apunta Óscar González, fundador de Alianza Educativa y profesor de sexto de Primaria—. Con las redes sociales, los niños y adolescentes se sienten atraídos fundamentalmente por la velocidad a la que acceden a información de todo tipo, vídeos o fotos a golpe de click según su propio deseo en cada momento. El tiempo se les pasa volando y, además, no tienen sensación de hacer nada malo».

Sí, muchos padres lo reconocen: «debería haberle puesto límites desde el primer día que le dejé la tablet para que ahora no esté todo el día pegado a ella. Nunca imaginé que se engancharía tanto». Las nuevas tecnologías tienen un poder de atracción sobre los niños muy superior al que en su día tuvo la televisión en la generación de sus padres, que ahora «lucha» por apagar la tablet o quitarle el móvil a sus hijos.

Los pequeños no son conscientes de la cantidad de horas que están quietos, lo que va en detrimento de la actividad física, de que dediquen su mente a juegos o actividades más creativas… y a los deberes. Tampoco hay que obviar las alertas que continuamente lanzan los expertos sobre la posibilidad que tienen los menores de acceder a contenidos poco apropiados para su edad o que acaben consumiendo estos contenidos como si de una adicción se tratara.

A todo ello se suma que cada vez más padres se ven sorprendidos por los lloros, rabietas y pataletas descomunales que supone que apagen sus dispositivos. Ante tales «numeritos», en ocasiones los progenitores, con tal de no aguantarles, tienden a ceder a las peticiones y ruegos de sus hijos para poder disfrutar de un poco de paz tras una dura jornada de trabajo o mientras se toman un aperitivo con los amigos.

Sin ser casi conscientes de ello, los padres que actúan así cometen un error, puesto que la próxima vez los hijos inistan en tener sus dispositivos llorarán más fuerte aún porque saben que al final podrán conseguir su objetivo: tener la cara frente a una pantalla.

Óscar Gonzalez advierte de que la teoría sobre cómo afrontar ese momento de llantos incontrolados es fácil, no así la práctica. «Lo primero que hay que hacer es armarse de paciencia y dirigirse a ellos con tranquilidad porque si el padre va alterado a quitárle la tablet o el móvil se entrará en un bucle de discusiones que irá creciendo y acabará con grandes gritos. Hay que recordarle que el dispositivo es de los padres, por lo que ellos deciden cuándo deben dárselo. Se le pide que se lo entregue en las manos y, de no ser así, se le dirá que la próxima vez no lo tendrá durante un día entero. Si él se resiste, las consecuencias se alargarán durante más tiempo».

De la misma opinión es Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron», al asegurar que, incluso, si el niño argumenta que su tablet o móvil se lo han regalado los abuelos por la Primera Comunión, algo que no es adecuado «porque el móvil no es ningún juguete y menos un dispositivo apropiado a la corta edad de los niños —matiza esta experta—, se le debe recordar que aún siendo un regalo, los padres son los que establecen las normas de uso siempre. En ningún apartado de la Ley de Derechos del niño se incluye que tenga que disponer de estas tecnologías».

Añade que en plena discusión, no es adecuado, ante las múltiples negativas del pequeño de apagar su tablet o móvil, arrancárselo de las manos. «Si los adultos actuamos así, le estaremos enseñando que los problemas se “resuelven” con violencia y ellos simularán este comportamiento. Lo mejor es decirle “muy bien, ya te he avisado de que debes apagarlo, si no lo haces ahora mismo, luego no podrás cogerlo. Me estarás demostrando que no sabes usarlo como debes. También es buena opción avisarle del tiempo que tiene de uso y cuando queden diez minutos de la hora establecida recordarle: “en diez minutos debes dejar tu dispositivo”. Si es necesario también se le puede decir porteriormente que solo le quedan cinco minutos».

Los expertos inciden en la necesidad de no levantar estas consecuencias a su mal comportamiento, para que la próxima vez se lo piense dos veces antes de no hacer caso. «No hay que caer en la tentación de dejársela después —explica Óscar Gonzalez— para lograr que no esté haciendo ruido, protestando, dándo saltos con la pelota o molestando con otra cosa. Los padres no podemos ceder en función de nuestro ánimo, de si hemos tenido un buen o mal día en el trabajo, etc».

Insiste Silvia Álava que no hay que tomarlo como una derrota de los padres, «pero hay que ser inflexibles y si más tarde el niño pide la tablet hay que decirle que no porque no supo obedecer y apagarla cuando se le pidió anteriormente. Ahora tendrá que asumir sus consecuencias».

No obstante, González manifiesta que su preocupación ya no es tanto que no quiera dejar la tablet, que ya es desobedecer, «sino que se comporte de forma desmesurada, incluso a veces agresiva, por tener que dejarla. Cuando esté tranquilo es también una buena ocasión para enseñarle cómo debe aprender a controlar su rabia». «Efectivamente, —añade Silvia Álava— no se deben permitir nunca malas contestaciones ni faltas de respeto. Las hormonas no son una excusa en los adolescentes. Hay que dejárselo muy claro y explicárselo tanto a menores como a adolescentes», concluye.

FUENTE: Diario ABC

Controlar, sí. Espiar, no. ¿Dónde empieza y acaba la vigilancia a los hijos? Colaboración con La Vanguardia

La intimidad de los menores está protegida. Mirar sus móviles no es una buena fórmula de control

Por Javier Ricou

Finales de la década de los ochenta del siglo pasado. Antonio Alcántara (Imanol Arias) lo tiene muy claro. En el primer capítulo de la última entrega de Cuéntame como pasó, María, la hija pequeña de los Alcántara sale por primera vez con sus amigos (tiene ya 17 años) a celebrar la Nochevieja. La fiesta es en una casa de la zona alta de Madrid y Antonio, que no las tiene todas, se cuela de madrugada en esa vivienda para ver qué hace su hija. “Voy a espiar, sí”, responde el cabeza de familia de los Alcántara cuando su mujer, Mercedes (Ana Duato) le regaña por lo que está a punto de hacer.

Mucho ha llovido desde la fecha en la que se sitúa esa escena. En aquella época que un menor denunciara a sus padres por irrumpir en una fiesta de adolescentes, por registrar la habitación de los hijos o por fisgonear en los bolsillos de su ropa habría sido noticia de primera página. Se daba por hecho que entre las responsabilidades de los progenitores iba incluida esa vigilancia intrusiva. Y todo se hacía a mano o a pie. Nada de pantallas. Aún no habían llegado las nuevas tecnologías.

No hay carta blanca

Hoy las cosas, cuando se habla de educar a los hijos, ya no están tan claras. Los expertos en el tema cada vez son más contundentes en su mensaje: Controlar, si. Espiar, no. Y advierten: Los padres y madres no tienen carta blanca en su responsabilidad como vigilantes de sus hijos y eso vale especialmente para los dispositivos tecnológicos. Aunque sean ellos los que han pagado esos teléfonos u ordenadores y los que abonan religiosamente las facturas generadas por el uso que hacen los menores de esos aparatos. Visionar, sin permiso de los hijos, los mensajes que estos envían o reciben por esos canales sin una causa justificada (sólo sería lícito si ese menor está en una situación de riesgo) puede tener castigo por la vía penal. Así lo que recoge la ley.

¿Dónde empieza y acaba la vigilancia a los hijos?

Todo es una cuestión de sentido común. La mayoría de expertos en el tema desaconsejan espiar, sin causa justificada, los teléfonos móviles y ordenadores de los hijos. Lo que no quiere decir, precisa Sílvia Álava, doctora en Psicología Clínica y de la Salud, “que esos padres hayan perdido el derecho a controlar o supervisar lo que hacen los menores en esos portales y canales de mensajería instantánea”.

El consejo de los expertos es acordar con el menor que los padres podrán mirar su teléfono si lo consideran oportuno. Pero no hacerlo sin su permiso.
El consejo de los expertos es acordar con el menor que los padres podrán mirar su teléfono si lo consideran oportuno. Pero no hacerlo sin su permiso. (ljubaphoto / Getty Images)

¿Se puede vigilar sin espiar?

Pero, ¿cómo se vigila sin espiar? “Hablando con esos niños, dejándoles muy claro cuando se les entrega uno de esos aparatos que los padres podrán acceder a sus contenidos, si lo consideran necesario, pero siempre acompañados por los menores”, añade Sílvia Álava. Muchas familias compran teléfonos móviles a sus hijos mucho antes de cumplir los catorce años. “A esas edades tan tempranas ese menor suele ser incapaz de calcular los riesgos escondidos en estas nuevas tecnologías, así que el consejo para las madres y padres en ese primer contacto de sus hijos con un teléfono móvil es dejarle muy claro que ese aparato no es suyo, que lo han pagado los padres y por lo tanto ellos lo podrán mirar y usar siempre que quieran”, insiste esta psicóloga.

Una fórmula que suele funcionar en la etapa de la infancia, pero que no es ya de tan fácil aplicación cuando esos hijos alcanzan la adolescencia. A esas edades, entre los 15 y 18 años, los hijos ya no suelen aceptar, aunque el dispositivo siga siendo pagado por sus padres, que estos fisgoneen el contenido de esos aparatos. Y es entonces cuando surgen los conflictos. Álava reitera: “Por mucha tentación que tengamos cuando nuestros hijos alcanzan la etapa de la adolescencia, no es aconsejable espiar el contenido de esos aparatos sin el consentimiento de ellos. Si nos descubren el remedio será peor que la enfermedad, pues se corre el riesgo de que se rompa para siempre la confianza”.

Lo que dice la ley

Mirar los mensajes del correo electrónico o leer el contenido de las conversaciones del WhastApp de los hijos, sin el permiso de estos, puede salir muy caro. Ramon Arnó, abogado y responsable de la web La Familia Digital recuerda que el artículo 4.1 de la Ley de Protección del Menor 1/1996 dispone que: “Los menores tienen derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Este derecho comprende también la inviolabilidad del domicilio familiar y de la correspondencia, así como del secreto de las comunicaciones”. Y el artículo 4.5 de la misma ley también es muy claro al respecto: “Los padres o tutores y los poderes públicos respetarán estos derechos y los protegerán frente a posibles ataques de terceros”.

“Mirar lo que ya está publicado en las redes no sería espiar”

Silvia Álava psicóloga

Otra cosa muy diferente “es ejercer un control de lo que nuestros hijos han publicado en redes sociales. Una vez los contenidos se han colgado en una plataforma ningún padre ni madre debe de tener la sensación de que espía a esos menores cuando lee esa información. Es pública y por lo tanto está a la vista de todos”, indica Silvia Álava.

Ese control entraría en lo que se entiende como la responsabilidad y obligación de velar por la educación y desarrollo de los hijos. Como mirar el historial de las páginas visitadas desde un ordenador. “Si dejamos que tengan ese aparato en su habitación (lo que a cortas edades no sería prudente) siempre tenemos que dejarles claro que los padres podrán controlar en cualquier momento los lugares por los que han navegado”, añade esta psicóloga.

Los padres también han de respetar el derecho a la intimidad que la ley reconoce a los menores
Los padres también han de respetar el derecho a la intimidad que la ley reconoce a los menores (AntonioGuillem / Getty Images/iStockphoto)

¿Cuándo está justificado espiar los mensajes o correos electrónicos?

Aunque las nuevas tecnologías son un fenómeno relativamente nuevo existe ya una abundante jurisprudencia sobre el tema. Ramon Arnó ha seleccionado algunas sentencias –con el propósito de poner a los padres las cosas más claras cuando surge la duda de si espiar o no a los hijos– que dieron la razón a progenitores que miraron mensajes de ordenadores o teléfonos de esos menores.

El Tribunal Supremo dio, por ejemplo, la razón el pasado año a una mujer que accedió al WhastApp de su hija al sospechar que esta había sido víctima de una agresión sexual. La conducta, consideraron los magistrados, estaba en este caso justificada.

Sentencias de Pontevedra y Madrid

Más jurisprudencia

La Audiencia de Pontevedra absolvió también a un padre que miró, con el permiso de su hija, el WhastApp de la menor. La denuncia la presentó la madre de la niña, (la pareja estaba separada), al estimar que su ex marido había violado la intimidad de la menor. Los jueces justificaron esa conducta y estimaron que no hubo revelación de secretos, pues el padre compartía la patria potestad con la madre y la acción había que enmarcarla en la obligación de los progenitores en la educación y control de lo que hacen sus hijos.

La Audiencia de Madrid absolvió también a una mujer que miró el WhastApp de su hijo, de 13 años, sin el permiso del menor. La madre utilizó esas conversaciones en un juicio de separación para demostrar que su marido, con el que compartía la custodia, y los abuelos paternos estaban poniendo en riesgo la salud del niño al negarse a suministrarle una medicación recomendada por un hospital para tratarle una dolencia. La sentencia considera que en este caso no hubo vulneración del derecho de las comunicaciones, al prevalecer un bien jurídico superior, como es la protección de la salud del menor.

Utilizar programas espía para controlar qué hacen los hijos con sus dispositivos no debe hacerse sin el conocimiento del menor.
Utilizar programas espía para controlar qué hacen los hijos con sus dispositivos no debe hacerse sin el conocimiento del menor. (junpinzon / Getty)

¿Y los programas espías?

Tanto Silvia Álava como Ramon Arnó coinciden en que lo más grave, en la tarea educativa como padres, es instalar en los teléfonos y ordenadores de los hijos aplicaciones o dispositivos que permitan un control absoluto de esos aparatos. Es una práctica extendida y basta ver la oferta de aplicaciones espías en internet para comprobar el éxito de esos productos. Lo que no quiere decir que esos programas –que permiten leer mensajes, geolocalizar a los menores o controlar qué paginas se visitan– sean legales si son instalados sin el conocimiento de los niños.

La instalación de programas para controlar teléfonos y ordenadores roza la ilegalidad

FUENTE: Diario La Vanguardia

«Estos retos de moda ponen en riesgo incluso la integridad de los niños» Colaboración con el diario El Comercio

Expertos creen que prácticas como el ‘abecedario del diablo’, practicado en el IES Astures, derivan de una mala comunicación en el entorno doméstico

Por MARCOS GUTIÉRREZ

Tras unos días de agitación, el fin de semana ha contribuido a que el día a día de los estudiantes del IES Astures de Lugones y sus familias recobre una cierta calma. La rápida actuación de la dirección del centro permitió atajar la peligrosa práctica de ‘el abecedario del diablo’, que se había popularizado entre los alumnos de primero de la ESO y que llegó a causar heridas en más de cuarenta chicos del centro.

Expertos en Sociología, Psicología Infantil y Ciencias de la Conducta consideran que la principal responsabilidad a la hora de prevenir este tipo de conductas aberrantes no recae en los centros educativos, sino en el entorno familiar. La psicóloga Silvia Álava explica que «por desgracia», este tipo de juegos son algo «bastante habitual». «Estos retos que se ponen de moda entre niños más pequeños ponen en riesgo incluso la integridad de los participantes», señala. El perfil de chicos más susceptibles de caer en estas trampas es el de aquellos «más sugestionables y que no saben decir que no». En este sentido, considera que «es muy importante que los padres hagan una correcta educación acerca de qué es lo que se puede consumir en las red, saber qué cosas ven, qué redes sociales siguen o que webs visitan».

En definitiva, se trata de que los padres o tutores «inviertan tiempo en una educación y en formarles, tener criterio y saber ser asertivos». Lejos de considerar que lo acontecido en el IES Astures es algo nuevo, esta psicóloga resalta que este tipo de juegos de valor, iniciáticos en cierta medida, siempre han existido, si bien «con las redes sociales se les da un eco que antes no tenían».

Silvia Álava, Psicóloga «Es muy importante que los padres eduquen sobre qué es lo que se puede o no consumir en la red»

José Antonio Flórez Lozano, Catedrático de la Universidad «El mejor de los regalos que podemos hacerle a un niño se llama tiempo»

Héctor Cebolla, Sociólogo «Con Internet y las redes sociales estos juegos se han estandarizado a nivel planetario»

El catedrático de Ciencias de la Conducta de la Universidad de Oviedo José Antonio Flórez Lozano considera que «nos encontramos con comportamientos que parecen ser inducidos en parte por la pertenencia a este mundo de teléfonos móviles y digitalización». En este tipo de casos cree que resulta esencial «conocer la edad de los niños en cuanto a desarrollo emocional». «Probablemente tenemos que preguntarnos no tanto por el niño o el instituto como por la familia o el núcleo familiar», comenta al hilo de la peligrosa práctica que se detectó la pasada semana en el centro educativo lugonense. Cree que el problema se basa en que «hay una comunicación ineficiente. El niño en estos momento tiene un hambre de comunicación que es sustituida por una digitalización cada vez más intensa, a través del uso de las nuevas tecnologías». Añade que «nuestro cerebro está pensado para la felicidad, no para la autodestrucción y esto requiere esfuerzo». En esta línea, conductas como las manifestadas a través de juegos como el del ‘abecedario del diablo’, «son reflejo de la sociedad actual, en la que algo falla». Cree que en el fondo del problema radican «posibles déficits en vínculos psicoafectivos con la familia». «Tenemos que volver a lo más sencillo. La digitalización mejor es el amor y la comunicación en el ámbito familiar. El mejor regalo que podemos tener para un niño se llama tiempo», asevera.

Apunta que la interacción entre padres e hijos dentro del ámbito familiar «es la estrategia para atajar estos comportamientos negativos. Procurar un entorno positivo para nuestros hijos». Considera que el beneficio obvio de las nuevas tecnologías y las redes sociales se está pervirtiendo, llegando a «intoxicar» las mentes aún en desarrollo de los más jóvenes.

El sociólogo Héctor Cebolla, cree que, pese a ser fenómenos aislados, eventos como el de Lugones «tienen una gravedad extraordinaria. Más allá de que sean prevalentes, la importancia de un evento solo me parece suficiente como para que reciba atención».

Más que hablar de viralización de este tipo de prácticas por el efecto de las redes sociales, considera que lo que sucede es que ‘juegos’ como el ‘abecedario del diablo’ o ‘la ballena azul’ «se han estandarizado a nivel planetario. Antes estas bravuconadas tenían un origen más local. Lo que han hecho las redes es estandarizar lo que pasa en los diferentes países». En esta línea, «lo que pasa es que ahora prestamos más atención y hay más herramientas para medir el maltrato en los centros educativos. El efecto de las redes es más homogeneizador que viralizador».

Distintas prácticas

Son varias las prácticas que, como el ‘abecedario chino’ o ‘de diablo’, se extienden entre los jóvenes de forma silenciosa y llegan a representar un verdadero peligro para ellos. El ‘abecedario del diablo’ consiste en rascar el dorso de la palma de la mano con una uña a otro niño mientras recita las letras del alfabeto de la A a la Z y dice una palabra que comienza con cada una de ellas. A cada palabra le corresponde un pellizco mayor lo que, en la mayoría de las ocasiones, deriva en heridas de consideración. Lejos de ser más inofensivo, el ‘cutting’ puede tener un factor de peligrosidad añadido. El objetivo es hacerse cortes con una cuchilla en determinadas zonas de muñecas y pies, incluso en las plantas. Una vez realizada la marca, los jóvenes suben la foto a las redes sociales.

FUENTE: Diario El Comercio

El orgullo de tener canas: la Reina Letizia, Mario Vaquerizo y otros famosos que lucen melena gris como gesto de liberación. Colaboración con ZEN de el diario El Mundo

‘Mi hijo tiene conductas violentas, ¿qué debo hacer?’ Colaboración con Hola.com

Hablamos con una experta en psicología infantil para que nos asesore a la hora de reconducir comportamientos agresivos en los niños

Nadie dijo que educar a los niños fuese tarea fácil. En ocasiones, por mucho empeño que los padres pongan a la hora de inculcar buenas maneras a sus pequeños, estos acaban desarrollando conductas agresivas y violentas. Silvia Álava (silviaalava.com), doctora en Psicología Clínica y de la Salud y directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, nos explica la importancia de frenar y corregir cualquier tipo de conducta inadecuada a tiempo, antes de que pueda convertirse en un problema mayor.

La doctora asegura que, en numerosos casos, especialmente a edades tempranas, es frecuente que los niños tengan comportamientos “agresivos”. Esto se debe fundamentalmente a la capacidad limitada que tienen los pequeños a la hora de comunicarse. “Con 2-3 años su lenguaje es limitado y pueden recurrir a la fuerza para conseguir sus propósitos“, comenta. “Para ellos muchas veces esto es lo más fácil, le quitan un juguete a un niño por la fuerza y consiguen lo que quieren”, explica mientras asegura que los manotazos, empujones y otros gestos son algo bastante más frecuente de lo que se piensa en esta etapa de la infancia. No obstante, hay que frenarlos y corregirlos, “siempre desde la empatía y nunca desde la violencia”. “La violencia solo genera más violencia. Cuando los niños tienen este tipo de comportamientos debemos enseñarles de forma tranquila y pausada que no están haciendo las cosas bien. Tienen que aprender a realizar y pedir las cosas con respeto”, explica Álava.

Respeto y diálogo

EMPATÍA Y ASERTIVIDAD

Conforme van creciendo y su capacidad de comunicación aumenta, es importante empezar a trabajar con ellos las emociones y la asertividad. “Con 4 y 5 años ya son capaces de entender lo que es la empatía. Su capacidad para relacionarse es mayor y tienen que comprender que sus actos, como puede ser un empujón o un manotazo, no solo tienen por qué producir un daño físico, también generan un daño emocional a la otra persona. Tienen que aprender a pedir perdón y sobre todo comprender que ese no es el modo de conseguir las cosas”, asegura la psicóloga. A estas edades ya podemos explicarles y trabajar con ellos la asertividad. Deben distinguir entre una conducta correcta e incorrecta. Aun así, si el problema no cesa y con 6, 7 y 8 años continúan mostrando comportamientos agresivos y violentos, recurrir a un experto podría ser recomendable, aunque con calma y desde el respeto es posible modificar una mala conducta.

DAR EJEMPLO

Para la doctora Álava la respuesta de los padres ante un comportamiento inadecuado de los niños es fundamental, y subraya que “nunca hay que responder con agresividad”. “Si un niño grita, no podemos responder con el mismo tono de voz”, asegura mientras dice que deben encontrar en el adulto una figura ejemplarizante. “Es importante que razonen y den su opinión sobre cualquier tema, pero no se pueden tolerar las faltas de respeto o la imposición de pensamientos mediante cualquier forma de violencia”, comenta mientras dice que, en numerosas ocasiones, el niño adquiere este tipo de comportamientos imitando conductas aprendidas en la televisión, algunos juegos o directamente desde casa o el colegio.

Además, la psicóloga recomienda que, ante cualquier tipo de conducta violenta o agresiva por parte de los niños, no se establezcan “castigos”, sino que se intente fijar otro tipo de “consecuencias reparadoras”, con las que se refuercen las buenas conductas y en las que la empatía y el respeto sean fundamentales.

FUENTE: Hola.com

Celebramos el Día Internacional de la Felicidad con “El abecedario de la felicidad” colaboración con EFE Salud

La felicidad, eternamente codiciada por el ser humano, es el fin último que muchos ansiamos alcanzar. Nos obcecamos en encontrarla pero no sabemos muy bien por dónde empezar a buscar. ¿Qué es la felicidad? ¿Dónde y cómo encontrarla? Con motivo del Día Internacional de la Felicidad, 20 de marzo, EFEsalud se aventura a desgranar la felicidad: de la A a la Z

Cuando hablamos de felicidad, solemos tender a subestimar la complejidad del propio concepto. Sin embargo, la felicidad ha sido objeto de estudio y de reflexión durante siglos, por lo que, pensar que la podemos encasillar dentro de una única definición hermética es una idea poco realista.

En lugar de definir la felicidad, EFEsalud ha contado con el asesoramiento y la colaboración de Silvia Álava Sordo, doctora en psicología clínica y de la salud y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, para hacer un recorrido sobre algunos de los elementos que la componen.

Además de las aportaciones de la psicóloga Silvia Álava, hemos utilizado como fuente de apoyo el libro “Deconstruyendo la Felicidad” de Margarita Álvarez, ex presidenta del Instituto Coca-Cola de la Felicidad y una de las 50 mujeres más poderosas de España, según Forbes, así como aportaciones puntuales de la Organización Mundial de la Salud y del  nuevo libro del maestro zen Thich Nhat Hanh, ‘Sin barro no crece el loto’.

Así hemos forjado nuestro Abecedario de la Felicidad

Amor: Una de las palabras fundamentales en relación con la felicidad. Darlo y recibirlo. Empezamos este abecedario hablando de lo que muchos consideran como el pilar elemental de la felicidad, más allá del amor romántico. “No se trata únicamente del amor en pareja -precisa Silvia Álava-, hay muchos tipos de amor. Se puede ser muy feliz sin tener una pareja, uno de los mitos que más se suele relacionar con la felicidad”.

Alegría: Una emoción totalmente asociada a la felicidad, pero la psicóloga contextualiza: “Ser feliz no significa estar siempre alegre, sino tener una buena inteligencia emocional; ser feliz implica ser capaz de percibir y gestionar todas nuestras emociones. Puedo ser tremendamente feliz sabiendo que hay días en mi vida en los que voy a estar triste.”

Silvia Álava
La psicóloga Silvia Álava nos ayuda a desengranar los componentes esenciales de la felicidad

Bienestar: Según la Real Academia Española, es el “conjunto de cosas necesarias para vivir bien”. “La salud mental y el bienestar son fundamentales para nuestra capacidad colectiva e individual de pensar, manifestar sentimientos, interactuar con los demás, ganar el sustento y disfrutar de la vida”, añade la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por otra parte, no podemos hablar de bienestar si no hay asimismo bienestar emocional.

Compasión: Ser compasivos hacia los demás está muy ligado a la empatía y a saber perdonar, factores concluyentes en la construcción de la felicidad. La autocompasión es algo que solemos obviar, a pesar de que es igual de importante. considera Silvia Álava.

Dinero: ‘¿El dinero da la felicidad?’ La eterna y enigmática pregunta ya convertida en todo un tópico. A pesar de la multiplicidad de respuestas contrapuestas, según diversos estudios, podemos concluir que el dinero no sirve para comprar la felicidad, pero sí da bienestar.  

Decisión: Marcarnos objetivos y metas contribuye a nuestra felicidad. Pero “debemos tener en cuenta qué tipo de meta nos estamos marcando: tiene que ser una meta realista y realizable. Si no lo es, nos sentiremos frustrados al ver que somos incapaces de alcanzarla”, advierte la experta.

Empatía: Es la capacidad que nos permite “ponernos en la piel” de otra persona para comprenderla mejor. Esto nos hace más tolerantes en las interacciones sociales, como recoge uno de los artículos publicados en EFEsalud. 

Fidelidad: “Ser fiel a nuestros pensamientos, a nuestros valores y a nuestros ideales es importante”, remarca Álava. La tranquilidad de conciencia y las emociones positivas asociadas a ser uno mismo son parte de la fórmula de la felicidad.

Gratitud: Existe una correlación directa entre ser agradecido y ser feliz. “La gratitud es saber dar las gracias. Pero no ‘gracias’ por mera educación, sino ese ‘gracias’ que te sale de dentro cuando, tras un ejercicio de introspección, reconoces lo que los demás han hecho por ti y agradeces lo que tienes”, explica la psicóloga que nos guía en este Abecedario.

Humor: También pone Silvia aquí el acento. El sentido del humor y la risa tienen una influencia directa sobre nuestra salud física y mental. “Tener sentido del humor es tener la capacidad de ser críticos y ver una situación desde otra perspectiva. El hecho de ver las cosas desde otras perspectivas nos ayuda a desdramatizar situaciones”, explica. “Además, reírse ayuda mucho, es muy saludable.” Está comprobado que reírse ayuda a rebajar el nivel de estrés, la hipertensión y algunas investigaciones apuntan a efectos reguladores sobre el sistema inmune.

Inteligencia emocional: Este concepto, tan analizado y evaluado desde que hace décadas lo acuñó Goleman, se traduce en la capacidad del ser humano de percibir, gestionar y comprender las emocionespropias y ajenas.

Silvia Álava hace una consideración al respecto: “La inteligencia emocional no es solamente estar alegre.Nos enseña a utilizar las emociones a nuestro favor. Aprendemos que todas las emociones son información, por tanto, son buenas y útiles. Incluso las emociones “desagradables” como el enfado, el miedo o la tristeza, las podemos utilizar a nuestro favor porque no dejan de ser información”.  

Emociones básicas
EFE/MDOP

Jovialidad: La juventud no es sinónimo de felicidad, pero sentirse joven por dentro puede serlo. Envejecer con actitud jovial, sintiendo que tenemos fuerza y energía para afrontar todos nuestros retos, afecta de manera positiva a nuestra felicidad.

Kinestesia: Es una disciplina de la ciencia que se enfoca en estudiar el movimiento humano. “Podemos relacionarlo con la felicidad en el sentido de mantenernos siempre activos, no parar quietos”, explica la psicóloga. Y es que una de las claves para vivir feliz y saludable es mantenerse siempre activo, tanto física como mentalmente.

Logros: Establecer metas, tener objetivos y propósitos nos ayuda a sentirnos, en general, realizados y felices. “Cuando somos capaces de valorar las cosas que hemos conseguido, nos sentimos mucho mejor en el día a día”, subraya Silvia Álava. 

Motivación: La motivación es el motor de la acción y el principal requisito para poder llevar a cabo nuestros objetivos y alcanzar aquellos logros que nos hacen felices, definen los expertos. Podemos decir que desmotivados estamos lejos de poder ser felices.

Neurofelicidad: Es una disciplina aplicada emergente que consiste en explicar los mecanismos biológicos cerebrales que subyacen detrás de la felicidad. En esta disciplina, se considera que la felicidad no se origina en la experiencia o en las circunstancias, sino que es el producto de un proceso químico en nuestro sistema nervioso, describe nuestra experta.

Optimismo: “Es la capacidad de de ver el lado positivo de las cosas y es una de las actitudes mentales que nos ayudarán a ser más felices”, afirma Álava. Una persona optimista es capaz de interpretar la realidad de una forma más beneficiosa para sí misma, evitando dejarse llevar por pensamientos negativos que distorsionan la realidad.

Perdón: “Perdonar significa dejar de llevar a nuestras espaldas una mochila llena de agravios”, explica la psicóloga. El perdón es una decisión que nos libera de todas aquellas emociones que nos lastran y nos impiden avanzar. Conseguir desarrollar esa “capacidad de perdonar a los demás y sobretodo de perdonarnos a nosotros mismos, juega un papel crucial en nuestra felicidad”, añade.

EQuilibrio: Entendido como el equilibrio de nuestras emociones. “Cuando conseguimos ese equilibrio emocional es más fácil alcanzar el bienestar y, por tanto, nos ayudará a ser mucho más felices”, enfatiza Álava.

Relaciones: “Lo felices que podamos sentirnos, a corto y sobretodo a largo plazo, depende en gran medida del tipo de relación que seamos capaces de establecer con la familia, los amigos, la pareja y las  personas que se nos cruzan en la vida”, asegura Margarita Álvarez.

Resiliencia: Uno de los elementos que influyen en nuestra felicidad es la sensación de que somos resilientes ante la adversidad. Tener esa “capacidad de salir fortalecido ante una situación vital estresante o traumática” es una forma de gestionar positivamente el fracaso y afecta de forma positiva a nuestra felicidad, estima la experta del Centro Álava Reyes.

Salud: Definida por la OMS, como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”, es uno de los aspectos a los que más importancia dan las personas en relación con la felicidad. Y Silvia Álava resalta que nuestra actitud ante la enfermedad es un factor determinante:“Es cierto que ser feliz se complica cuando estás enfermo, pero siempre puedes trabajar en esa aceptación y tratar de ser lo más feliz posible. Hay gente que ante un catarro se hunde, mientras que otras personas con enfermedades muy graves consiguen estar bastante felices pese a la enfermedad”. 

”Está comprobado que la felicidad tiene un gran impacto en nuestra salud, física, emocional y mental. “Lo importante no es tanto estar sano para ser feliz como estar feliz para sentirse sano”,  concluye Margarita Álvarez.

Tiempo: Tener tiempo libre aporta felicidad, pero en su justa medida. “Si tienes muchísimo tiempo libre porque tienes muy pocas cosas que hacer, el tiempo se devalúa y deja de tener ese cariz que nos está aportando felicidad”, razona Silvia Álava.

Al igual que ocurre con el dinero, no se trata de cuánto tengas, sino en cómo lo inviertas. Otro aspecto muy importante a tener en cuenta es el carácter efímero del tiempo y, por tanto, la importancia de aprender a ‘estar en el presente’. Dalái Lama ya advirtió en su día del peligro que implica no hacerlo: “El hombre que está ansioso por el futuro no disfruta el presente. El resultado es que no vive ni el presente ni el futuro; vive como si nunca fuese a morir y entonces muere sin haber vivido realmente nunca”.

reloj de arena
EFE/UPI

Único: “Sentirnos únicos es importante para sentirnos feliz”, explica Álava, quien considera crucial darnos cuenta de que nosotros somos los únicos responsables de nuestra felicidad y los responsables de decidir que actitud tomar ante cualquier circunstancia que nos presente la vida.

Vínculos: Las relaciones que establecemos son un componente fundamental en la construcción de nuestra felicidad. Silvia Álava acentúa la importancia de  “mantener vínculos de seguridad: vínculos con nuestros padres, nuestros amigos, nuestros hijos… pues tener vínculos con los demás fortalece mucho”.

Wonderlust: Las páginas que hemos consultado definen esta palabra como “un fuerte deseo o impulso de recorrer y explorar el mundo”. Este término proviene del alemán y está compuesto por dos palabras: ‘wandern’ (vagar) y ‘lust’ (pasión), no tiene traducción literal al castellano pero sintetiza una filosofía de vida. Este deseo insaciable por querer explorar está asociado a la necesidad natural humana de querer conocer y nutrirse de otras culturas, algo positivo y sinónimo de felicidad para muchos.

EXplorar: Relacionado con la palabra anterior, explorar es, según Silvia Álava, “la capacidad para tener la mente activa y seguir siempre aprendiendo”, una actitud que nos conducirá a una vida más saludable y feliz.   

HYgge: Es el nombre danés que se ha utilizado para bautizar la idea de encontrar la felicidad en las pequeñas cosas. “Una vida feliz no es una felicidad monolítica y total, sino una felicidad cotidiana”, señala en su libro Margarita Álvarez. Para ella, la felicidad no es un estado de de nirvana constante  sino “la suma de momentos positivos con que nos encontramos cada día”.

Zen: Una de las enseñanzas más importantes del budismo es reconocer la existencia del sufrimiento para poder transformarlo. En lugar de oprimir nuestro sufrimiento, si lo aceptamos, podremos  transformar el dolor en felicidad y esto se puede lograr a través de la práctica del mindfulness o conciencia plena, tal y como explica el maestro zen, Thich Nhat Hanh, en su nuevo libro ‘Sin barro no crece el loto’. 

FUENTE: EFESalud

«¿Bofetones para corregir una mala conducta? ¿Sí o no?»: la condena a cárcel a una madre agita el debate. Colaboración con el diario ABC

La Audiencia Provincial de Pontevedra ratificó una sentencia penal, porque, señala, la reprensión nunca puede hacerse con un castigo físico

Por Érika Montañés@emontanes

En la difícil tarea de educar, hace tiempo que se ha metido como árbitro la legislación civil, lo que provoca más de un resquemor entre pedagogos y psicólogos. También en la ciudadanía, que a veces no llega a entender cómo en su deber de corregir ciertas actitudes de los hijos tiene que decidir un juez. La última de esas sentencias controvertidas que acapara titulares en la prensa es la ratificación por parte de la Audiencia Provincial de Pontevedra de un fallo impuesto el pasado 13 de julio por el Juzgado de lo Penal número 4 de la ciudad, que condenó a dos meses de cárcel a una madre, Teresa, que abofeteó dos veces a su hijo de 10 años porque se estaba comportando mal y se negó a ducharse. La condena se puede sustituir por dos meses de trabajos a la comunidad, siempre que esté conforme la acusada, aunque se le prohíbe acercarse a su hijo a menos de 200 metros durante seis meses.

Los hechos se remontan al 20 de mayo de 2018. Ese día, Teresa, siempre según los hechos probados del auto que adelantó «La Voz de Galicia» y al que ha tenido acceso ABC, «le pide a su hijo que se duche, negándose el niño, por lo que comienzan una discusión verbal que la madre termina dándole un par de bofetadas en la cara, que causaron al menor eritemas en ambas mejillas». Al niño se le llevó al médico, aunque no necesitó de un tratamiento médico posterior. Al parecer, los padres estaban divorciados y fue el progenitor quien denunció a la madre (que era quien convivía con su hijo).

Teresa ha sido condenada como autora responsable de un delito de malos tratos en el ámbito de la violencia doméstica, en el domicilio común, previsto y penado en el artículo 153.2 y 173.2 del Código Penal. «Si no se demuestra que la madre propinaba de modo continuado maltrato al niño, la sentencia es un disparate. Habría que comprobar los antecedentes familiares, pero si es un caso puntual, estamos matando moscas a cañonazos», critica Luis Zarraluqui, abogado de familia.

La facultad de los padres a poder corregir a sus hijos no es infinita, según la ley, sino que queda integrada «dentro del conjunto de derechos y obligaciones que surgen de la patria potestad y solo puede concebirse orientada al beneficio de los hijos y encaminada a lograr su formación integral. Tiene como límite infranqueable la integridad física y moral de estos», dice la ley. Como consecuencia, «la reprensión ante una eventual desobediencia del menor nunca puede justificar el uso de la violencia que Teresa, la causante, aplicó», establece la sentencia, que se acoge al artículo 154 del Código Civil. Este artículo de la discordia, que sigue a la Convención de Derechos del Niño, fija que la «facultad de corrección de los padres respecto a los hijos sometidos a su patria potestad deba ser ejercida de forma moderada y razonable».

¿Qué ha ocurrido? Según el propio Urra,se presta a demasiadas interpretaciones. «Se dejó fuera todo tipo de violencia física pensando en los antiguos golpes con el cinturón o la correa, en las palizas de padres a hijos como “correctivo”, pero… ¿esto quiere decir que no se pueden dar dos bofetones a un hijo? Sé que es polémico, pero no, no quiere decir eso. Quizás la legislación que tenemos es extrema», reconoce Urra, que ha trabajado 32 años en la Fiscalía de Menores. En base a esta experiencia con «fiscales y jueces que también son padres», invita a ponerse en la piel de los tres magistrados que juzgaron el caso en la Audiencia pontevedresa, puesto que con las herramientas de que disponen, «pueden encontrarse atados de pies y manos; habrá que cambiar la ley».

Reconoce que la legislación es defectuosa otro abogado que trabaja con ella todos los días, Gonzalo Arroyo. «En el término medio está la virtud y la sentencia, si no hay un delito de maltrato común, es desproporcionada». Y remacha: «Muchas veces vivimos en la sociedad de lo políticamente correcto y los jueces aplican una Justicia de salón, pero reprender a un niño, cuando se hace con prudencia y es razonable, no debería motivar estos casos. El sentido común no se puede regular».

«Niños emperador y tiranos»

«Educar supone tener autoridad, poner normas, marcar disciplina y límites», dice la juez de Menores de Las Palmas de Gran Canaria Reyes Martel. «Se está formando una legión de niños emperadores o tiranos, que hacen con sus padres lo que quieren, pero también es culpa de los progenitores y la educación que se les da», afirma.

«Abofetear no es el mejor sistema educativo, bajo ningún concepto es lícito golpear al niño -coincide la doctora en Psicología Clínica y de la Salud Silvia Álava-. Existen otras estrategias y técnicas como sancionar al menor con que si no se ducha, no saldrá el fin de semana, por ejemplo. Cuando no tienes otra herramienta más que el castigo físico, demuestra que no eres capaz de gestionar tus emociones y eso lo copian los niños, saben cuál es su modelo y no es bueno, porque responderán con violencia a otras situaciones», completa. No obstante, apunta a que hay que distinguir si es un caso «puntual».

Los psicólogos piden que si existen delitos de lesiones nunca estén en contacto agresor y agredido, como se ha impuesto en este caso con una orden de alejamiento de seis meses. «¿Si son bofetones puntuales, qué favor se le hace al menor con no ver a la madre? Ninguno. Nos falta información sobre lo que pasaba en esa casa», aprecia Álava. Teresa no tiene antecedentes y podrá recurrir ante el Tribunal Supremo.

FUENTE: Diario ABC

Así podemos motivar en clase a un niño con TDAH. Colaboración con el diario ABC

Minimizar las distracciones, adaptar las pruebas de evaluación y la comunicación constante entre padres y profesor son pautas que ayudan a mejorar su rendimiento escolar

¿Debe un niño con TDAH alimentarse igual que otro niño sin este trastorno?

Por Raquel Alcolea Díaz

¿Tiene la misma capacidad de aprender un alumno con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) que otro niño sin esa dificultad? ¿Cómo puede ayudarle y motivarle el profesor en el día a día? La directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, Silvia Álava, afirma que el potencial intelectual de los alumnos con TDAH es igual al de otros niños. «Lo que sí es diferente es su capacidad de atención, que es en realidad lo que podría afectar a su capacidad de aprendizaje», aclara.

A la hora de garantizar que aprenda al mismo ritmo que el resto de sus compañeros, Silvia Álava explica que habría que tener en cuenta algunas pautas que le ayuden a minimizar las distracciones como situarlo en los puestos delanteros de la clase, siempre que se pueda; mantener el contacto visual con él durante las explicaciones, estimular su atención con preguntas sobre lo que han aprendido durante la lección o evitar que se sienten al lado de las ventanas o junto a niños que hablen a menudo en clase.

Otras fórmulas útiles en el día a día se centrarían en asegurarse en clase de que ha entendido las normas de trabajo pidiéndole «feedback», recordar la necesidad de repasar la tarea de manera frecuente (es mejor que no espere a finalizar la tarea para evitar que tenga que repetirla entera) y enseñarle a trabajar con autoinstrucciones, de modo que cuando se ponga a trabajar con un ejercicio tenga un diálogo interno similar a éste: «Miro, leo y digo todo lo que veo, me pregunto qué tengo que hacer, me pregunto cómo hacerlo y planifico, me digo que tengo que estar muy atento y por último me pongo a escribir».

El profesor tendrá que entender que les cuesta estarse quietos y tendrán que permitirle una cierta movilidad. Asimismo, tendrá que estar más pendiente de él y «rescatarlo» si percibe que se ha perdido en alguna explicación. «Aunque no siempre será necesaria una adaptación curricular significativa, podrían ser efectivos cambios en la forma de evaluarlo, con exámenes orales que permitan ir controlando la adquisición de la materia, o exámenes escritos más cortos o con pruebas cuyas preguntas sean presentadas de una en una para favorecer que se centren en la tarea», aclara Álava.

Cuando esté cansado y distraído, es conveniente no forzarle a que siga trabajando. Es mejor dejar que descanse y se reponga (se le puede pedir que vaya al baño, que se lave la cara con agua fría, que beba un poco de agua fría) y que después continúe con la tarea. «Empeñarse en que realice el mismo número de ejercicios que sus compañeros en las mismas condiciones, puede ser contraproducente», explica.

Coordinación entre familia y colegio

Los padres del niño, por su parte, deben proporcionar tanto al colegio como al tutor un informe de evaluación previo que permita conocer sus puntos fuertes, pues así podrán potenciarlos y establecer un plan de actuación lo más adecuado y personalizado posible. «Cuanta más información tenga el colegio, mucho mejor. La idea es que los profesores trabajen con el alumno el refuerzo positivo, pues en los casos de niños con TDAH se corre el riesgo de hacer hincapié en sus puntos débiles, en lugar de reforzar sus habilidades y sus aciertos», aclara Silvia Álava.

Así, la experta aconseja que se valore siempre el esfuerzo, no solo los resultados.

La comunicación constante entre padres y profesor, a través de la agenda escolar o de la fórmula prevista en el colegio, puede ser una gran aliada para garantizar el aprendizaje del niño. «En dicha comunicación debemos hacer referencia a los aspectos positivos del alumno, además de citar los problemas y lo negativo, pues la experiencia con niños con TDAH nos dice que los premios por un comportamiento correcto son mucho más efectivos que los castigos cuando no hacen algo bien», revela la psicóloga infantil.

En casa conviene que el estudio tenga una duración limitada pues, tal como explica la experta no es útil prolongarlo sistemáticamente. Tampoco ayuda sobrecargar al niño con actividades de refuerzo por encima del tiempo real disponible o con más deberes de los que pueda abarcar. Si lo hacemos, en lugar de favorecer el aprendizaje es probable que fomentemos un rechazo al estudio.

FUENTE: Diario ABC