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La Inteligencia Emocional como aliado del aprendizaje. Colaboración con PadresyColegios.com

Nos preocupamos mucho porque nuestros hijos y alumnos aprendan y salgan lo más preparados posibles de las escuelas y de los institutos, que adquieran muchos conocimientos, que saquen buenas notas. Y en ocasiones se nos olvida que la inteligencia emocional es un gran aliado del aprendizaje y en ocasiones un mejor predictor de los resultados académicos que el Cociente de Inteligencia Total. Por tanto, no podemos dejar la educación de las emociones a la suerte, debemos activarla de forma sistemática, y basándonos en programas que hayan demostrado su validez de forma empírica.

¿Por qué es tan importante la Inteligencia Emocional en los niños?

Seguro que muchos de los lectores recordarán el famoso experimento de Walter Mischael, más conocido como “el test de la golosina”. En este test, se les pedía a niños y niñas de 4 años de edad que pasaran al que los investigadores llamaban <<el cuarto de las sorpresas>>. En la habitación había una mesa y una silla, además de un espejo a través del cual se podía ver la reacción de los niños. La investigadora le pide al niño o la niña que se siente y le ofrece una golosina, que pone delante en un plato. La psicóloga le dice que tiene que salir un momento, y que si quiere puede comerse la golosina ahora mismo, pero si espera a que ella vuelva le dará otra y podrá comerse dos. También añadía que si quiere comerse la golosina mientras ella está fuera, también puede hacerlo, pero perderá la segunda. ¿Qué hicieron los niños de este experimento? Ante esta situación podían ocurrir tres cosas:

  • Un tercio de los niños se comió la golosina nada más salir la investigadora.
  • Un tercio logra esperar unos minutos, aunque finalmente se comió la golosina.
  • Un tercio fue capaz de esperar a que volviera la psicóloga entre 15 y 20 minutos.

El objetivo inicial de la investigación era conocer las estrategias que permitían posponer la gratificación de los niños, y no esperaban encontrar relación entre el tiempo que el niño en edad infantil tardaba en comerse la golosina y su comportamiento futuro en la vida real. Sin embargo, cuando se hizo un seguimiento longitudinal de los niños el estudio mostró que los niños y niñas que supieron esperar en la adolescencia eran más independientes y tenían una mayor capacidad de autocontrol, más confianza en sí mismos y una mayor tolerancia al estrés y los que se comían inmediatamente la golosina soportaban peor la frustración, eran más indecisos y socialmente menos hábiles, incluso tenían, de promedio, unas notas más bajas en las pruebas de acceso a la universidad.

Cuando los niños y niñas que participan en el estudio eran adultos (entre los 25 y los 30 años) también se encontraron diferencia entre los que habían sabido esperar y lo que no. Así los primeros tenían un menor consumo de drogas, menos índice de masa corporal, mayor autoestima, mayor nivel educativo, más tolerancia al estrés y la frustración y mejores relaciones sociales. En un tercer momento, cuando los sujetos ya contaban con 40 años se realizó un seguimiento con técnicas de resonancia magnética. Los resultados mostraron que los que habían sido capaces de resistir la tentación a los cuatro años presentaban una mayor actividad en la corteza prefrontal derecha, una zona relacionada con el control de la conducta y la toma de decisiones. Mientras que el grupo que se comió la golosina mostraron una mayor activación en el estriado ventral, que es la región cerebral donde se procesan las recompensas positivas y está vinculado a los circuitos del placer y de las adicciones.

Otras investigaciones longitudinales, como la realizada en Dunedin, Nueva Zelanda, muestran que un buen autocontrol durante la infancia influye en la salud, la riqueza y la seguridad en la edad adulta. Por tanto, la capacidad para gestionar nuestras emociones, si se aprende durante la infancia, tendrá también una gran influencia en la edad adulta. Si sabemos todo esto ¿Por qué no introducimos la educación emocional en la escuela y en las familias?

La capacidad para gestionar nuestras emociones, si se aprende durante la infancia, tendrá también una gran influencia en la edad adulta.

La evidencia científica nos muestra que los programas de intervención en educación emocional son efectivos, tanto a corto como a largo plazo en variables como el rendimiento académico, la relación alumno-maestro, se reducen los problemas de conducta, de bullying y ciberbullying, la ansiedad y el consumo de sustancias. Mejorando tanto la salud física como emocional de los participantes, de los alumnos y de los profesores.

Si su hijo o su alumno se comió la golosina, tampoco hay que dramatizar, pero sí ocuparse en hacer una buena educación socioemocional y para ello será necesario tener unas pautas educativas claras, con normas y límites, instrucciones sencillas, ser consistentes y coherentes, y contar con programas de entrenamiento emocional que estén basados en la evidencia científica y administrados por profesionales cualificados.

FUENTE: PadresyColegios.com

7 maneras de enseñar a los niños a trabajar la resiliencia de forma proactiva. Colaboración con PadresyColegios.com

Seguro que todos conocemos a personas que han vivido una situación adversa, o incluso traumática y que en lugar de hundirse han salido más fortalecidos de la misma. Eso es lo que se llama Resiliencia.

La resiliencia es un término que viene de la física de los materiales: es la capacidad de un material mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. Cuando nos referimos a los humanos, la resiliencia es la capacidad de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado de situación adversos. Lo interesante es que se han estudiado los mecanismos de resiliencia y podemos enseñar a las personas a crecer y a superarse ante la adversidad y además es algo que podemos hacer desde que los niños son pequeños. No hablamos de resiliencia como una capacidad estática, sino como “procesos resilientes” que abarcan múltiples factores, que se pueden entrenar.

¿Cuándo se empieza a desarrollar la capacidad de resiliencia?

La resiliencia es una capacidad que se empieza a desarrollar desde la más tierna infancia. Y para ello es necesario que los padres fomenten un apego seguro en los niños. Es decir, los niños tienen que haberse sentido queridos, valorados, amados… siendo sus padres sus figuras de referencia y de seguridad, pero fomentando en todo momento la autonomía y la seguridad personal. Los apegos inseguros que se basan en vínculos de dependencia son enemigos del correcto desarrollo de las capacidades de resiliencia.

La sobreprotección, como hemos comentado en otras ocasiones, también es un enemigo del correcto desarrollo de los procesos resilientes. Cuando el niño apenas se tiene que esforzar para conseguir sus objetivos, cuando están “súper papá” y “súper mamá” pendientes de todo y a la mínima contradicción resuelven el problema, o no les decimos que no para evitar que se frustren, estamos impidiendo que desarrollen resiliencia. Hay que enseñar a los niños a ser autónomos y seguros, a que cuando tienen un problema, o una situación adversa intenten primero resolverla ellos, y solo, si no pueden, pedir ayuda. Siempre desde el acompañamiento el amor y la ternura, pero sin caer en la sobreprotección.

Consejos para fomentar la resiliencia en los niños

  • Promueve su autoestima. Tener una autoestima positiva ayudará a tener una mayor confianza y seguridad a la hora de enfrentarnos a los golpes de la vida.
  • Fomenta las relaciones personales que generen seguridad y reconocimiento. Sabemos la importancia de las amistadas para mitigar los efectos negativos de la adversidad. Tener amigos con los que desahogarse, y ventilar nuestras emociones, que nos escuchen de forma activa, sin juzgarnos y sin decirnos lo que tenemos que hacer.
  • No busques culpables a sus problemas. Céntrate en ayudarles a encontrar de forma conjunta la solución. El victimismo es el mayor enemigo de la resiliencia.
  • Enseñarles técnicas de control de la ansiedad y el estrés también es necesario. De esta forma, tendrán recursos para poder sobrellevar situaciones desagradables del día a día, o los golpes de la vida.
  • Los estresores, las situaciones adversas de la vida se pueden interpretar como amenazantes o como motivadores. Muchas veces estamos interpretando situaciones estresantes de la vida cotidiana como amenazantes lo que genera una emoción de miedo y una respuesta de ansiedad. Se trata de aprender a utilizar la energía de dicha emoción para superar la situación, no para quedarnos bloqueados en la misma.
  • Fomenta un “locus de control interno”, esto significa: pon le foco en lo que tú puedes hacer, no en lo que los demás hacen o dejan de hacer. Se trata de que los niños comprendan que son ellos quienes deciden y quienes dirigen su vida.
  • Fomenta la responsabilidad. No asumas sus responsabilidades. Hay que enseñar a los niños a ser responsables y para ello hay que estar a su lado acompañando para enseñarles a hacerlo, no para resolverles las situaciones. Además, tienen que aprender a asumir las consecuencias de sus actos, tanto las positivas como las negativas.

FUENTE: PadresyColegios.com

¿Por qué es imprescindible la conciliación familiar? Colaboración con Padres y Colegios

Por desgracia, hoy en día cada vez más los psicólogos vemos una nueva problemática en los niños y niñas e incluso adolescentes que acuden a las consultas de psicología o a los departamentos de orientación de los colegios: niños/niñas cuya problemática es algo tan triste como que les falta tiempo de estar en familia. Sus padres, bien sea por las largar jornadas laborarles, o por la cantidad de obligaciones impuestas apenas tienen tiempo para estar con sus hijos. Es cierto que muchos de estos niños y niñas, a cambio, tienen muchas cosas materiales o pueden acceder a gran oferta de actividades extraescolares, pero a cambio de que les falten sus padres. ¿Realmente merece la pena?Ya que en otras ocasiones ni siquiera existe esa contraprestación.

Todos sabemos que la Educación es una labor de equipo en la que deben de estar presentes tanto los padres, como los maestros, abuelos, tíos, primos, y en definitiva toda la sociedad. Lo que se nos olvida muy a menudo es que para poder Educar hay tres variables que son imprescindibles: tiempo, paciencia y constancia.Cuando las jornadas laborales se extienden, estas variables, claves en la Educación, se ven comprometidas.

¿Por qué es tan importante que los padres estén presentes en el día a día de sus hijos?

Como ya hemos hablado en otros artículos, los niños necesitan aprender a hacer las cosas por si solos, siendo muy importancia favorecer su autonomía. Para ello es fundamental el tiempo. La falta de tiempo es un gran enemigo de la autonomía. Desde bien pequeños los niños pueden aprender a desvestirse y vestirse solos, ponerse los zapatos, lavarse, peinarse… pero necesitan tiempo. Son niños y no pueden ejecutar estas acciones que, en ocasiones ni siquiera están automatizadas, a la velocidad que los adultos desearíamos. Antes de los seis años la función ejecutiva, que es la que nos guía en nuestra conducta y en nuestras realizaciones, no está del todo madura, es un proceso que comienza a madurar en torno a los tres-cuatro años y cuyo proceso culmina a los 25.

Esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de ajustar las expectativas de lo que pueden hacer o no nuestros hijos. Por ejemplo, un niño o niña de dos años, puede perfectamente recoger y guardar sus juguetes, pero necesita que esté un adulto a su lado guiando en todo momento su realización y dirigiéndolo de forma continua, para que no se vuelva a poner a jugar, una estrategia como “cada uno recoge un juguete”, puede funcionar muy bien esa edad. Con cuatro o cinco años, ya pueden empezar a hacerlo solos, pero dándoles el tiempo necesario para recoger, porque lo más probable es que los coches lleguen a la caja a través de una pista o carretera imaginaria.. Esto no significa que los niños y niñas no hayan obedecido a nuestra orden de recoger o guardar sus juguetes, significa que lo están haciendo en función de su edad y su propio desarrollo cognitivo. El problema es cuando la falta de tiempo hace que o bien para conseguir acelerar el proceso gritemos de forma innecesaria a nuestros hijos, o que acabemos haciendo nosotros las cosas.

El error es una gran fuente de aprendizaje 

Vivimos en una sociedad que demoniza el error, asociándolo al fracaso, cuando esto no tiene porque ser así. Una de las mejores formas de aprendizaje en el método de ensayo- error, que además es fundamental en los primeros años de nuestra vida. Para ello: hay que dejar que nuestros hijos e hijas se equivoquen. Cuando les evitamos el error pensando que, sino se van a frustrar, les hacemos un flaco favor. Los niños tienen que aprender de sus errores y de sus consecuencias, pero de nuevo, para poder hacerlo así, necesitamos tiempo, que nos dará la suficiente tranquilidad como para volverlo a intentar, y paciencia, dado que aprender es algo difícil y seguro que el que el niño o la niña aprenda nos llevará más tiempo del que un adulto tardaría en resolver esa situación.

Un gran momento para Educar es el que se lleva a cabo en la mesa. Por eso los psicólogos siempre recomendamos que alguna de las comidas se haga en familia. En muchos casos, muchas familias nos cuentan que uno de los miembros no está a la hora de cenar en casa. Comer o cenar todos juntos nos puede ayudar no solo a aprender reglas básicas de educación y de comportamiento en la mesa, sino un espacio para hablar y conversar sobre las inquietudes y los sentimientos, sobre lo que nos preocupa, lo que hemos hecho en el día… cuando las jornadas laborales son muy largas e impiden que podamos cenar todos juntos, nos estamos perdiendo un gran momento.

Otro gran enemigo de la Educación es el cansancio. Cuando llegamos tan extenuados que no tenemos fuerzas para sentarnos a jugar con ellos, o para permitirles que hagan las cosas por sí mismos, o cedemos ante una rabieta solo por que se acabe lo antes posible, estamos perdiendo excelentes oportunidades para Educar y Enseñar.

FUENTE: PadresyColegios.com

Nativos digitales: ¿serán los niños más inteligentes por el uso de las nuevas tecnologías? Colaboración con PadresyColegios.com

Se habla mucho de la infancia y las nuevas tecnologías, su relación con los teléfonos inteligentes, los asistentes virtuales… incluso los hay que van más allá y hablan de cómo será la relación de los menores con los robots humanoides… todavía queda tiempo para entrar en ese terrero, pero lo que está claro es que hoy en día, sí que tenemos que tener en cuenta cómo utilizan los niños y las niñas las nuevas tecnologías en su vida cotidiana y entender cómo las mismas influyen en su desarrollo evolutivo.

Hace poco salía un artículo en el The New York Times que comentaba que los hijos de los ejecutivos de Silicon Valley en muchas ocasiones no tenían acceso a las nuevas tecnologías y que sus padres eran mucho más restrictivos a la hora de dejarles utilizar las pantallas. ¿Por qué ocurre esto? Sabemos que los niños necesitan aprender y desarrollar procesos cognitivos cruciales para el correcto desarrollo cognitivo, emocional y madurativo. Y gran parte de estos procesos se desarrollan fuera de “las pantallas”.

Así, la Asociación Americana de Pediatría no recomienda el uso de pantallas antes de los dos años. Hasta esa edad cero pantallas. Y desde los dos a los cinco años su recomendación es un máximo de una hora, acompañado por un adulto y vigilando la calidad de los contenidos que los niños visualizan. No siempre se cumple, ¿verdad? Seguro que todos hemos visto el efecto que las pantallas tiene tanto en los niños como en los adultos: una atracción de la atención y captación impresionante. ¿Por qué ocurre esto? Porque están diseñadas para que el proceso de atención sostenida lo haga la propia máquina, los dibujos, juegos… se trata de estímulos que pasan muy rápido tanto a nivel visual como a nivel auditivo, por eso el propio proceso de atención sostenida lo hacen el dispositivo y la aplicación solos, podemos estar horas frente a ellos teniendo que hacer muy poco esfuerzo mental, y eso nos pasa factura tanto a los niños como a los adultos. Es por eso por lo que, no se recomienda que los niños pequeños pasen las horas muertas ante la televisión, las tabletas, o los teléfonos móviles,porque el proceso de atención sostenida tiene que madurar y para eso es necesario que el propio niño sea quien mantenga la atención en su juguete, su libro, la conversación con los demás…

Además, los niños y las niñas tienen que aprender a regular y dirigir su propia conducta, por ello, es importante reservar espacios a lo largo del día para que puedan jugar libremente, sin estar dirigidos por un adulto ni por una máquina. Hoy en día esto es difícil, porque nos falta un bien de primera necesidad: el tiempo. Hoy en día sometemos a los niños al ritmo frenético de la sociedad, levantarse corriendo para no llegar tarde al colegio, actividades extraescolares, deberes… Es necesario reservar tiempo y espacio para que los menores jueguen solos, aprendan a dirigirse ellos solos y aprendan a tolerar la frustración y aburrirse. Parece que cuando oímos que un niño o niña nos dice “me aburro”, nos saltan todas las alarmas, y rápidamente corremos a entretenerlo y para eso el mejor invento: una pantalla. Sin querer estamos impidiendo que aprendan a tolerar la frustración, que aprendan a aburrirse. Les evitamos esos momentos de introspección y reflexión personal que nos hacen crecer como personas.

Sometemos a los niños al ritmo frenético de la sociedad, levantarse corriendo para no llegar tarde al colegio, actividades extraescolares, deberes… Es necesario reservar tiempo y espacio para que los menores jueguen solos, aprendan a dirigirse ellos solos y aprendan a tolerar la frustración y aburrirse.

En las consultas de psicología, vemos muchos adolescentes, y también adultos que tienen grandes dificultades para conectar con ellos mismos y con sus emociones, y que utilizan la tecnología, sus teléfonos, internet… como una especie de chupete emocional que les ayude a evitar esa situación. A la larga la situación se complicará más, porque si no estamos bien con nosotros mismos, si no somos capaces de conectar con nuestra parte emocional, y sentirnos a gusto y bien con nosotros mismos, podemos desarrollar problemas emocionales, de depresión, bajo estado de ánimo…

La niñez es el periodo evolutivo esencial para desarrollar las habilidades sociales. Desde pequeños aprendemos a relacionarnos con los demás, y según vamos creciendo desarrollaremos habilidades más complejas. Cuando los niños y las niñas juegan, participan procesos como el ser capaces de negociar, de seguir las normas, de respetar las reglas… que serán fundamentales en la edad adulta. Por eso es recomendable favorecer el juego grupal, de patio, de parque, de calle, en los niños y las niñas para que puedan desarrollar todas estas habilidades. Las nuevas tecnologías aportan cosas positivas, como fomentar la curiosidad, que es algo esencial para que se produzca el aprendizaje. Nunca había sido tan fácil acceder a la información y al conocimiento, y esto bien utilizado es un gran vehículo para aprender. Sin embargo, hay que trabajar con los menores el desarrollo del pensamiento lógico, que aprendan a pensar por ellos mismos, no solo a guiarse por lo que leen en Internet, a ser críticos, y sobre todo a distinguir entre los hechos y las opiniones.

Más información:

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Silvia Álava Sordo

Colegiado M-16238

Directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes

Madrid 2 de mayo de 2016

Blog: silviaalava.com

Facebook: facebook.com/silviaalavasordo

Twitter: @silviaalava

Beneficios de educar en valores. Colaboración con la revista Padres y Colegios