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¿A qué edad deben realizar los niños las tareas domésticas? Colaboración con Zen del diario El Mundo

Muchos padres se han convertido en los mayordomos de sus hijos

Se ha perdido la dinámica de ayudar en casa

“¿Cómo quieres que coma si no tengo tenedor?”. “¿Me traes agua?”. “¿Por qué no me has puesto pan?”. La escena se repite noche tras noche en miles de hogares españoles. Padres convertidos en mayordomos que atienden solícitamente todas las demandas de sus hijos.

Por la mañana, la situación no es muy distinta. Mamás y papás estresados que se levantan a la carrera para preparar el desayuno, hacer la cama, colocar la ropa, ordenar las mochilas, peinar a sus retoños…

Lo cierto es que en muchos hogares los niños no sólo no tienen asignada ninguna tarea doméstica, sino que sencillamente no hacen nada. En opinión de la psicóloga Maribel Martínez, en la sociedad actual se ha instalado un modelo de educación complaciente diseñado para que los menores vivan entre algodones y no tengan que acarrear ninguna labor incómoda.

“Es triste pero se ha perdido la dinámica de ayudar en casa. Los padres no incorporan la importancia de estas tareas, sino al revés. Dicen: ‘Pobrecito, está cansado, ya lo recojo yo’. Les acaban convirtiendo en inútiles”, declara Martínez, coautora del libro Niños sin miedos.

A todo ello hay que sumar que los progenitores se han volcado por completo en los estudios, los idiomas y las actividades extraescolares de sus pequeños y se han olvidado de algo esencial: enseñarles a colaborar en el hogar. Es más, se puede dar la paradoja de que los niños hablen inglés y alemán, practiquen surf y snowboard, dominen el ajedrez y el piano, pero no sepan hacer la cama ni atarse los cordones de los zapatos.

Asumir responsabilidades

¿Es esta sobreprotección beneficiosa para ellos? La respuesta es no. Educadores y antropólogos argumentan que asumir responsabilidades es una parte fundamental en la educación de los críos. Aprender a realizar las tareas domésticas y a cuidar de sí mismos son habilidades importantes que deben alcanzar para ser independientes y poder desenvolverse en un futuro.

Sin embargo, adquirir responsabilidad es un proceso a largo plazo. Precisamente, ése es uno de los errores más comunes que cometen los adultos: un buen día se levantan y deciden que su hijo debe hacer una serie de labores sin haber realizado un trabajo previo. Entonces, el niño se resiste y comienzan las interminables discusiones sobre quién hace qué.

Por tanto, la clave está en empezar lo más pronto posible e ir mostrando desde pequeños labores sencillas para que las vayan interiorizando. Cada tarea debe estar adaptada a la edad del menor y a su grado de madurez: “A un niño de dos años le podemos dar el pañal cerrado y decirle que lo tire a la basura. A los tres, están en condiciones de llevar la barra de pan. A los seis, pueden poner la mesa y a los ocho, hacer la cama”, explica la psicóloga y profesora Silvia Álava. De hecho, en las edades más tempranas, los chiquillos están deseando ayudar e imitar a los mayores y es algo que hay que aprovechar.

En opinión de Álava, lo importante es dejarles claro desde un primer momento que los quehaceres domésticos son un trabajo en equipo y que los padres no son sus sirvientes. “No se trata de que tengan que encerar el suelo ni de sacar brillo a los muebles, pero todos tienen que colaborar”, añade.

Otro de los requisitos necesarios para comenzar este aprendizaje es armarse de paciencia. Muchas madres pierden tanto tiempo en convencer a sus hijos de que hagan las faenas que, al final, deciden hacerlas ellas mismas. Además, en ocasiones son demasiado exigentes y esperan que los pequeños hagan las labores perfectas.

“A veces el adulto por falta de tiempo o de paciencia no permite que el niño ordene su mochila del cole, haga su cama aunque tenga arrugas o no pueda llevar el vaso por miedo a que se rompa… Es importante que si el pequeño dice ‘yo solo’ se le permita que lo haga a su manera y esperar a que pida ayuda. Si no, estás boicoteando su proceso de autonomía”, sostiene Yolanda Cuevas, psicóloga e instructora de mindfulness.

Si no se ha hecho la labor pedagógica previa, nunca es tarde para empezar. Primero hay que establecer una serie de normas, consensuadas entre los padres, y asignar a cada hijo una tarea. Si ésta no se cumple, debe haber consecuencias y hay que ser firme con ellas. Por ejemplo, si el crío no lleva el polo al cesto de la ropa sucia, se quedará sin lavar.

Y ¿deben tener una recompensa por ayudar en casa? Los expertos consultados por ZEN consideran un error darles una paga porque supone condicionar la realización de las labores a una compensación económica. Es necesario inculcarles los valores de la convivencia y hacerles entender que la familia entera se beneficia de estas tareas: por ejemplo, todos sus miembros necesitan platos limpios para comer o ropa aseada para salir a la calle.

En definitiva, los niños deben aprender a responsabilizarse de las tareas y de sus cosas y los padres tienen que confiar en ellos y no subestimarlos. Porque son capaces de hacer mucho más de lo que creemos.

Hacemos un listado de las faenas que pueden hacer los pequeños de la casa:

Prevenir el acoso escolar desde el minuto cero. Colaboración con el diario El País

El problema crece cada año y sufre de un mismo mal: la falta de respeto

CAROLINA GARCÍA Twitter

El acoso escolar es una realidad en nuestro país. Y además, es un problema que crece cada año en torno a una misma pauta de comportamiento: la falta de respeto. Parece difícil educar a nuestros hijos en valores cuando en la televisión, en la radio, en las redes sociales se representa el insulto y la rabia como algo normal. El acoso escolar o bullying, que puede a llevar, en casos extremos, a la muerte del menor, debe ser erradicado.

Esta lacra afecta al 4 % del alumnado, según datos del Ministerio de Educación, que pondrá en marcha este curso 2016-2017 un teléfono gratuito, atendido por psicólogos y que no deja huella telefónica, similar al que está habilitado para combatir la violencia machista, según anunció el Gobierno el pasado agosto. El servicio será también accesible para personas con discapacidad.

La Fundación ANAR, asociación que ayuda a niños y adolescentes en riesgo, dispone del teléfono 900 20 20 10, “número al que los estudiantes pueden llamar con toda la libertad y en el que se aconseja a las víctimas que den a conocer su situación a la familia y al entorno de amigos para que le puedan ayudar”, según explican en su web. En el año 2015, su último informe, esta organización atendió 369.969 peticiones de ayuda en toda España, de las que 25.000 referían a algún tipo de violencia escolar. Estos casos crecieron un 75% con respecto al año anterior.

Alumnos

Atajemos el acoso desde el primer día de clase (o antes)

Prevenir el acoso escolar es una labor que los padres deben comenzar en casa. “Deben educar en empatía a su hijo, a ponerse en el lugar del otro; es importantísimo que el pequeño se acepte cómo es y que se guste. Debe aprender a asumir sus defectos”, explica Silvia Álava, psicóloga, escritora y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes. “Además, tienen que trabajar la comunicación asertiva con él, que es aquella que ‘me permite respetarme a mí mismo, respetando siempre a los demás’. Que me ayuda a expresar lo que siento, sin herir a nadie”, prosigue Álava.

Una cuestión también importante es trabajar la relación de confianza con el menor. Muchos pequeños tardan en contar lo que les está ocurriendo, por vergüenza o por miedo. “Si les transmitimos que vamos a entenderles, que les escuchamos, que comprendemos sus problemas, que pueden confiar en nosotros, será mucho más fácil que, si está ocurriendo algo, nos lo cuenten”, añade.

Además, existen algunas pistas que podemos observar en el hogar, en caso de que el niño esté inhibido o sea muy introvertido. “No son síntomas, pero pueden ayudar”, recalca Álava. “Por ejemplo, si el niño está más tristón, si, de repente, sufre cambios drásticos de conducta, como comer mucho o dejar de hacerlo, no puede conciliar el sueño, etcétera. Pero, sin duda, la clave más importante es si, de forma reiterada, el pequeño expresa que no quiere ir al colegio. Repito no son síntomas, son pequeñas pistas”. En el colegio también se pueden dar cuenta de que algo raro pasa. Normalmente, estos menores suelen estar aislados en el patio, en los cambios de clase y su material escolar, sus libros o sus gafas aparecen rotos.

Hay veces en las que los padres se deciden por un cambio de colegio y esto no soluciona nada. Cada niño es un mundo. La experta explica que si el niño solicita de forma reiterada este cambio de centro, hay que pensarlo, aunque “tampoco se trata de decirle al pequeño que tiene que aguantar”. El niño necesita contar con habilidades socioemocionales. Los padres deben conseguir, con la ayuda del colegio y en algunos casos de un especialista, que sus hijos sean autónomos, que se sientan seguros y asienten unas bases de comportamiento que consigan que el niño se respete y respete a los demás”, explica la experta.

Cómo actuar cuando sabemos lo que ocurre

“Lo primero que hay que tener en cuenta es que hay que trabajar tanto con los padres del acosado como los del acosador. Normalmente, enfocamos solo los esfuerzos en ayudar a la víctima, pero no reeducamos al acosador, lo que puede llevar a que esta situación se dé con otros niños, que se repita”, explica la experta.

La colaboración del colegio es fundamental. “Casi todos los centros cuentan con un protocolo de actuación en el que se activan distintos puntos que afectan al profesor y a los alumnos, entre otros entornos. No hay que olvidar trabajar con los testigos mudos, que son aquellos que han visto lo sucedido y no lo cuentan. Muchas veces ellos tienen la clave”. Y lo que está claro es que ante cualquier agresión verbal o burla, los docentes deben cortar la situación desde el minuto cero, a través de la enseñanza en valores como la empatía, la solidaridad y el respeto a los demás”, subraya esta psicóloga.

“Con todo esto, con esta preparación previa, el alumno puede sentir que tiene herramientas y puede enfrentar el problema. Y si ha sufrido acoso, con todo esto, puede tener una nueva oportunidad y creer que las cosas pueden cambiar. Que se siente fuerte”, concluye Álava.

EL 75% DE LOS PADRES NO CONTROLA EL MÓVIL DE SU HIJO

Cuando le regalamos un móvil a nuestro hijo, ¿somos conscientes de cómo lo usa? ¿sabemos a los sitios que entra? ¿con quién se comunica? Una última encuesta elaborada por S2 Grupo, especializada en ciberseguridad, asegura que no. Según este informe, el 75% de los padres no hace ningún tipo de control parental del móvil de sus hijos y el 29% regaló a su hijo un smartphone antes de los 12 años. “Los padres no podemos olvidarnos de que también debemos ejercer nuestra función de cuidado en el entorno de las nuevas tecnologías”, ha destacado, en un comunicado, Miguel A. Juan, socio-director de S2 Grupo.

Control parental para evitar el acoso

Los datos expuestos contradicen los temores de los padres. A un 31% le inquieta que su hijo acose a otros pequeños; que envíe fotos íntimas, entre otras cuestiones, y a un 21% le preocupa que su hijo sea víctima de acoso, según explica el texto. El 18% reconoció que su pequeño había sufrido algún tipo de acoso.

Acuerdo entre padres e hijos para el uso del móvil

Para solucionar el problema, S2 Grupo ha creado un contrato en el que se incluyen 18 puntos que intentan hacer una reflexión sobre “tener un uso responsable del móvil”. Entre estos puntos, se encuentran, siempre sin invadir la intimidad de los jóvenes, revisar periódicamente el móvil para comprobar las aplicaciones, la configuración y el estado de seguridad adecuados. Además, incluye términos relacionados con la gestión del tiempo; el envío de fotografías personales o aprender a usarlo de forma correcta en sitios públicos. “Con este acuerdo, buscamos que los más pequeños se den cuenta de que el teléfono móvil no es un juguete ya que pueden exponerse a muchos riesgos como ser víctimas de chantajes o acoso, entre otros”, concluye el texto.

Este Acuerdo entre padres e hijos para el uso del primer teléfono móvil se puede descargar e imprimir desde la página web www.Hijosdigitales.es. 

Un verano sin prisas. Colaboración con la revista MujerHoy

Tras un fin de curso casi agónico,ha llegado el momento de parar. Los niños han acabado agotados. ¿Por qué te empeñas en convertir sus vacaciones en otra carrera? ¿Están acabando los hiperpadres con el verano?

Un verano sin prisas

Así se han pasado los niños españoles los últimos nueve meses: engullendo el desayuno a toda prisa, vistiéndose a matacaballo, saliendo de casa a toda velocidad para no llegar tarde al colegio; encadenando cinco horas de clases con otras dos (como media) de extraescolares, siempre volando de una obligación a otra porque el coche está en doble fila. Y después a casa corriendo porque todavía hay que hacer los deberes, bañarse, cenar… Y así un día tras otro, tras otro, tras otro.

Cumplen con un agenda tan apretada que pondría en serios apuros a muchos adultos. ¿Resultado? Los escolares han llegado a la meta del verano con la lengua fuera. Lo hemos comprobado. Después de un fin de curso casi agónico, con exámenes y tareas un día sí y otro también, Amanda, de 13 años, no encuentra las fuerzas para salir de la cama el primer día de las vacaciones.

Ni rastro de ese entusiasmo lleno de energía que le presuponemos a la recién estrenada libertad. “¿Qué es lo primero que harás ahora que no hay que ir a clase?”, preguntamos. “Nada, no quiero hacer nada”, es su respuesta mientras deambula, en modo zombie, de la cama directamente al sofá. Su lenguaje verbal y corporal lo está diciendo a gritos. Está agotada.

Los “hiperpadres” están creando un nuevo tipo de niñez, la del “hijo dirigido”

Según la Sociedad Española de Estudios de Ansiedad y Estrés, más del 8% de la población infantil y el 20% de los adolescentes es víctima de estos males, y la cifra sigue aumentando. Las consultas de psicólogos han notado el incremento y eso, advierten, que muchos menores ni siquiera saben que eso que les pasa se llama estrés. Y como no saben verbalizarlo tampoco pueden pedir ayuda.

“Pretendemos que lleven el ritmo de vida de los adultos y no nos damos cuenta de que no están preparados, de que no tienen ni los mecanismos de los mayores, ni sus estrategias para regular el estrés y la ansiedad”, advierte la psicóloga Silvia Álava, directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes y autora del libro Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia (JdeJ Editores).

Por eso, cuando soportan una gran carga de presión, es muy habitual que lo somaticen y su malestar acabe manifestándose en forma de irritabilidad, tics, comportamientos regresivos (chuparse el dedo o hacerse pis en la cama) y también de dolor de tripa, de cabeza… En los adolescentes se acentúa ese carácter huraño y esquivo, se cierran (aún más) en sí mismos, se vuelven desafiantes, rehúyen la comunicación y resuenan los portazos. Es su manera de decir: “¡Estoy harto!”.

Las causas son muchas veces inevitables: separaciones, mudanzas y cambios de todo tipo (de casa, de ciudad, de colegio, de amigos y hasta las transformaciones físicas que implica crecer) son terreno abonado para el estrés, que no es otra cosa que la manifestación de la dificultad para adaptarse. Pero, sobre todo, hay que buscarlas en la falta de sueño, las prisas y “unos padres con niveles de ansiedad muy altos”, señala Álava.

¿Hasta el infinito… y más alla?

Está claro que la preocupación por “el futuro” de nuestros hijos multiplica su nivel de competitividad a edades cada vez más tempranas: se les exigen cada vez más conocimientos, cada vez mayores aptitudes, cada vez mejores resultados.

Carl Honoré, que se hizo célebre por su libro Elogio de la lentitud, escribió también Bajo presión, en el que señala cómo el empeño por sacar lo máximo de los hijos ha llegado a límites exagerados. “Queremos que sean los mejores en todo: que sean artistas, buenos estudiantes y deportistas, y que su vida discurra sin dificultades, dolor ni fracasos”.

El tiempo libre es tan escaso que, cuando lo tienen, no saben gestionarlo.

El autor, que también es padre, defiende la tesis de que la infancia ha sido secuestrada por una generación de “hiperpadres”, que están creando un nuevo tipo de niñez que califica como la del “niño dirigido”: los pequeños son ahora objeto de mayor preocupación e intervención por parte de los adultos que en cualquier otro momento de la historia, y son educados según un plan maestro en el que el fracaso no está previsto.

Y así las cosas, sentirse incapaces de cumplir con tantas expectativas puede interferir en su correcto desarrollo y provocar frustración y rabia, baja autoestima, dependencia, inseguridad y falta de confianza, pobre asertividad, tristeza, insomnio, bajo rendimiento, miedo, angustia, ansiedad, depresión… ¡STOP! Estamos en vacaciones, el momento de vivir los días en slow motion, de apagar el fuego de esa olla a presión y de volver a poner a cero el contador del estrés.

A Carla, la hermana pequeña de Amanda, le gusta montar a caballo, patinar, sacar a pasear a su perro, nadar… Pero ante la pregunta de a qué quiere dedicar el largo estío, reniega de sus aficiones y responde en la misma dirección que su hermana: “A descansar”, dice escueta y clara. Aunque muchas de sus intenciones se estampan contra los planes y las necesidades organizativas de los padres, que van, directamente, en la dirección opuesta: campamentos, deportes, cursillos, idiomas, talleres, viajes, cuadernos de repaso…

Aún no han hecho más que empezar y todas las vacaciones de los niños ya están programadas. Es cierto que, en la mayoría de los casos no queda otra porque hay que hacerlas encajar, sí o sí, con el trabajo de los padres y otras circunstancias. Pero, en la medida de lo posible, conviene no alejarse demasiado de algunos requerimientos mínimos.

Por ejemplo, la elección de actividades debe realizarse de forma conjunta entre padres e hijos, teniendo en cuenta sus gustos, sus preferencias y su carácter. Además, el contenido debe ser eminentemente lúdico y, a ser posible, al aire libre. Otras pautas básicas: respetar el horario de las comidas y los ritmos de sueño de los niños, y proponerles actividades al aire libre y deportes… “Conocemos los beneficios del deporte tanto en la salud como en el estado de ánimo – afirma Álava-, y también es una buena herramienta para liberar el estrés acumulado. Pero no le sobrecargues de actividades, no es necesario ir corriendo de un sitio a otro. Procura que esté siempre con más niños. Recuerda que la risa también ayuda a relajarnos y liberarnos del estrés”.

Los niños siguen necesitando sus rutinas, sus límites y sus obligaciones

Las vacaciones, para ellos como para nosotros, son para desconectar de las tareas cotidianas y saltarse algunas normas, pero sin perder de vista que, para sentirse seguros y felices, los niños siguen necesitando sus rutinas, sus límites y sus obligaciones: si se ha comprometido con alguna actividad, tendrá que asistir y también cumplir con las tareas domésticas o responsabilidades que le sean asignadas.

¿Y qué pasa con los famosos cuadernillos de vacaciones y las tareas de repaso? La experta responde: “En vacaciones los niños tienen que descansar del curso, pero eso no significa que el cerebro no siga trabajando o que se tenga que frenar el aprendizaje. Los niños pueden seguir aprendiendo a través de los juegos: con las cartas, por ejemplo, trabajan la atención dividida; los juegos de mesa son muy buenos para trabajar la atención sostenida y el seguimiento de las normas; y el tres en raya para mejorar la planificación y el uso de estrategias…”.

Esa es la clave: jugar. Porque jugando se instruyen en valores, entrenan aptitudes y, además, fulminan el estrés. Aunque también hace milagros la opción contraria: el aburrimiento.

Vacaciones reales, no virtuales

Para nadie es un secreto que los niños pasan ya más tiempo navegando en internet que viendo la televisión. Lo realmente alarmante es que el tiempo que pasan diariamente delante de una pantalla llega a una media de cinco horas. Atención: los profesionales advierten que, antes que relajarlos, el abuso de la tecnología puede generar también mucho estrés.

  • Dónde, cuándo y cómo. Ni en la mesa, ni en la cama, ni en clase. Los hábitos se forman en la infancia y perduran para toda la vida. Por eso conviene establecer normas sobre el uso de la tecnología. No prohibir su uso, sino establecer límites.
  • Predicar con el ejemplo. ¿Qué autoridad puede tener un padre que le pide a su hijo que coma verduras si él mismo no las prueba? Con la tecnología pasa igual: los chavales no soltarán el móvil si los padres nos pasamos todo el día enganchados a la pantallita.
  • Tiempo muerto. Las actividades no virtuales, individuales o en familia, tienen que primar en el tiempo de ocio: un deporte, un juego, charlar, cocinar… Se puede, incluso, ver una película, pero sin ningún dispositivo electrónico a mano.
  • Atento a las señales. Si abandona aficiones que antes le encantaban, si se aísla y deja de ver a sus amigos, si pasa mucho tiempo hablando del juego de moda, si se enfada, se pone triste o violento cuando le pides que apague cualquier aparato… ¡Ojo! Estás ante una posible adicción y hay que tomar medidas: poner una clave de acceso a los dispositivos, para controlar su uso; no permitir juegos que no sean aptos para su edad; dejárselos solo cuando haya cumplido su obligaciones; y pactar la hora en que se va a terminar el juego sin derecho a prórroga.

Dolce far niente…

No nos costará mucho rememorar esas laaaaargas tardes de verano de nuestra infancia. La hora de la siesta en la que teníamos la impresión de que los minutos no pasaban nunca y el mundo entero parecía aletargado y sumido en un silencio apenas interrumpido por retazos del Tour de Francia en alguna televisión cercana. Era el momento más tedioso del día. Con demasiado calor para hacer cualquier cosa, los niños dejábamos transcurrir el tiempo viendo pasar las moscas. Literalmente. Calor, moscas y aburrimiento. Hoy, el tiempo libre es para los chavales un bien tan escaso que, cuando lo tienen, acaban por no saber gestionarlo.

Cuando un niño se aburre nos saltan todas las alarmas… Padecemos horror vacui parental. Pero la realidad es que no pasa nada porque se aburran. “La única persona que tenemos garantizado que nos va a acompañar el resto de nuestra vida somos nosotros mismos, así que conviene que ellos aprendan a estar a gusto consigo y a ser autónomos a la hora de entretenerse”, recomienda Álava.

Los ratitos de soledad y aburrimiento suponen un descanso necesario para la mente, que, al desconectarse de las tareas impuestas (aunque sean de ocio), puede vagar libremente, soñar, fantasear, improvisar… Y pueden ser enormemente productivos: estimulan la creatividad, la autonomía, la resistencia a la frustración, la capacidad de resolución de problemas y la motivación. Cualidades, todas ellas, por cierto, muy valoradas en cualquier MBA ejecutivo. Por si a algún padre le parece que su hijo está perdiendo un tiempo precioso y necesita justificar su aburrimiento.

 

FUENTE: Revista MujerHoy

¿Cómo conseguir que mis hijos me obedezcan? Colaboración con Papás e Hijos

Hijos que no obedecenDuda de una lectora a Silvia Álava, psicóloga Directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes. Además de la autora del libro: “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron”.

Querida Silvia,

Hola Silvia

Mis tres hijos (9, 7 y 5) tienen por costumbre ponerse a jugar cada vez que decimos de salir a la calle o asearse antes de cenar o jugar cuando deben ir a la cama. A veces los ignoro para mostrarles que no llaman así mi atención pero no sirve más que para ponerme más nerviosa.

Les refuerzo cuando hacen lo que deben en su momento. Siempre estoy en el dilema “no importa, sólo están jugando perooo no es lo que toca ahora”

No sé si soy demasiado estricta y me da miedo salirme de la rutina porque considero que deben tener marcadas unas pautas pero ¿dónde está el límite?

Cada vez que les digo lo que tienen que hacer, la mayor se enfada, no “soporta” que le diga lo que tiene que hacer. El pequeño sólo juega pero la mediana, que es súper responsable me dijo el otro día que no me hacia caso porque quería “ganarme”.

Lucho constantemente entre lo que quiero y lo que debo.

Gracias,

Madre de tres

silvia alava sordo psicologa infantil

Silvia Álava, psicóloga Directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes.

 

Conseguir que los niños obedezcan y al ser posible a la primera, ¡es el sueño de todos los padres!, pero como bien dices en ocasiones es difícil de conseguir y los niños se ponen a jugar o a realizar otra tarea en el momento más inoportuno. En tu consulta dices que has intentado ignorarles, pero no lo has conseguido, pues al final te has puesto nerviosa, es decir, los niños sabían que en el fondo no los estabas ignorando, sino que estabas pendiente de ellos (sino, no te hubieras puesto nerviosa), y además tu hija mediana te lo ha dejado claro, su objetivo es el reto, saber hasta donde puede llegar, y “quiere ganarte”.

Creo que lo primero que tendrías que hacer es marcar ese límite que mencionas. Tener claro donde está, no solo te ayudará a ti a marcar la pauta y a establecer las rutinas, sino que lo que parece que es lo que tus hijos están buscando, al no estar claro, los niños lo buscan y además te lo dicen: “quiero ganarte”.

Es importante que las normas estén claras desde el principio y que los niños sepan cuales son las normas de la familia. Por ejemplo una norma que se podría poner sería: se obedece a la primera. Eso implica que las cosas se van a decir solo una vez. Será importante que esta norma esté explícita, que los tres sepan que a partir de hoy las cosas se dicen solo una vez, y que tú vas a hacer caso a quien sí que obedezca.

Párate a observar, ¿quién de tus tres hijos se lleva más atención por tu parte, el que obedece y va a comer, o el que no lo hace y entonces le persigues para cumpla lo establecido?. Lo habitual es que la final la atención la acapare quien no está obedeciendo, así que los otros rápidamente le copian pues también quieren que estés pendiente de ellos. Es por eso que hay que darle la vuelta a esta situación y a partir de ahora, dejarles claro que las cosas se dicen una vez. Si por ejemplo los niños están entretenidos antes de la comida, puede funcionar bien si te aviso que en cinco minutos hay que apagar la tele, o la tablet porque vamos a cenar,además enunciarlo en positivo, “sé que vais a obedecer a la primera y mamá se pondrá muy contenta”.Cuando ya ha llegado la hora, basta con que les recuerdes que ya les avisaste hace cinco minutos que tocaba cenar y que ahora llega el momento de obedecer a la primera. Y presta atención de los tres al que te obedece. Eso sí si no apagaron el dispositivo electrónico que tuvieran entre manos, apágaselo tú.

Con las normas claras, por ejemplo: “se obedece a la primera”, las consecuencias establecidas, “yo haré caso a quien me esté obedeciendo”, y enunciando las cosas en positivo “lo vais a hacer muy bien y yo me pondré muy contenta”, seguro que vuestro día a día mejorará mucho. No obstante, en el libro “Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron”, tienes muchas más ideas sobre cómo conseguirlo.

 

Lo que hay que hacer y lo que NO hay que hacer en caso de rabietas infantiles. Colaboración con Papás e Hijos

rabietas-infantilesDuda de un lector a Silvia Álava, psicóloga Directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes. Además de la autora del libro: “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron”.

Hola Doctora, le escribo para hacer una consulta.

Tengo un niño de 2 años de edad, desde hace una semana se esta despertando en la noche y comienza a hacer rabietas, comienza a llorar y llorar, tira la cabeza hacia atrás, tira patadas, le hemos pegado pero creo que eso no es la manera correcta.

Algunas veces este cuadro también lo hace en el día.

Qué puedo hacer, como puedo actuar.

De qué forma le puedo ayudar.

Le agradezco su repuesta.

Saludos

Atentamente

Julio

En estos casos lo primero que tenemos que hacer es valorar exactamente que es lo que puede estar ocurriendo. ¿A qué hora sucede esto? ¿el niño se llega a despertar? En torno a los dos años suelen ser habitual que los niños tengan terrores nocturnos. En estos casos a pesar de que el niño puede llorar, gritar o incorporarse, sigue dormido y cuesta despertarle. En estos casos el niño no recordará lo que ha soñado y suelen producirse en la primera mitad de la noche. Ante esta situación no es necesario que los padres lo despierten, basta con que le tranquilicen y vigilen que no se haga daño.

La situación difiere si es durante el día, o el niño está completamente despierto. Evolutivamente, en torno a los dos años de vida los pequeños pasan por una fase de autoafirmación personal, en la que parece que su respuesta favorita es “no”; quieren probar al adulto y quieren verse como “seres independientes que tienen una voluntad propia”, no obstante, pese a que su apariencia es de ser ya mayores, todavía son inmaduros; se muestran muy dependientes de sus padres y controlan poco los impulsos. A esta edad, las rabietas son normales. Pero lo que no podemos permitir es que una fase por la que todos los niños pasan se convierta en un problema.

Lo que hay que hacer en caso de rabietas *:

  • La actuación de los padres debe ser inmediata, no ceder, mantenerse en su decisión, y “extinguir” el comportamiento del niño. Es decir, dejarle muy claro que cuando se comporte así no le vamos a hacer caso. Muchas veces, aunque no consiguen su objetivo, han acaparado la atención del adulto, y esto puede ser para ellos mucho más valioso que aquello por lo que lloraban.

Lo que NO hay que hacer en caso de rabietas:

  • Muchos padres se desesperan intentando que sus hijos entiendan la situación con grandes charlas y explicaciones sobre el porqué de las cosas, de su orden… No se dan cuenta de que de esa forma sólo están consiguiendo que el niño obtenga atención, y que, además, el pequeño no atiende al “discurso” porque su propio desarrollo evolutivo se lo impide, se le queda muy grande y ha “desconectado” de él.

Estos temas están ampliamente desarrollados en el libro: “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron”. Ed. JdeJ editores.

Quizás te interese leer: El porqué de las rabietas infantiles y cómo evitarlas.

*Extraído del libro: “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron”. Ed. JdeJ editores

“Mi hijo, cada día está más rebelde, más desobediente…qué hacer”. Colaboración con PapaseHijos.com

Duda de una lectora a Silvia Álava, psicóloga Directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes. Además de la autora del libro: “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron”.

Hola buenas noches.
Tengo dos hijos, el mayor 14 años y la niña 11. A ella casi no tengo que regañarle porque es una niña muy madura, responsable y atenta con sus estudios e incluso conmigo. Es quien me cuida, digamos, en casa.
Pero mi hijo, cada día está más rebelde, más desobediente y contestón.
Si le digo blanco…hace negro. Es una situación pesada. Estoy divorciada hace 4 años. Y lo único que trato es que ellos tengan todo lo mejor, y que estén bien en todos los aspectos.
He tendido parejas, después de su padre…que lógicamente no le han gustado. Yo eso lo comprendo, pero yo soy joven y también merezco vivir. No porque no le guste nadie tengo que estar sola hasta el fin de mis días.
Siempre saca la cara por su padre, siempre él es mejor que yo.
Nunca parece darse cuenta del esfuerzo que hago todos los días por y para ellos.trabajo 12 horas.
Mi gustaría que por favor, me ayudaran….creo que hay algo que no hago bien y eso como madre me hace sufrir.
Muchas gracias.

 

silvia alava sordo psicologa infantil

Silvia Álava, psicóloga Directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes.

 

Por lo que comentas creo que sientes que tus hijos no valoran todo lo que haces por ellos, trabajas mucho para que tengan lo mejor y más que recompensada dices que sientes que pone en duda tu dedicación, diciendo que su padre es mejor que tú. Para poderte ayudar habría que tener más datos y hacer un análisis en profundidad de lo que puede estar ocurriendo. ¿Podría ser que tu hijo aún no haya aceptado vuestra separación y por eso esté enfadado contigo y defendiendo a su padre? No sé si esa hipótesis la habéis manejado, porque entonces habría que trabajar para que lo asumiera y te permita también a ti rehacer tu vida, creo que estás en tu derecho de conocer a gente, si bien es verdad que antes de introducirles en la vida de tus hijos lo ideal es que estuvieras segura que la relación parece que va bien y que sigue adelante.

Por otro lado él tiene 14 años, legalmente puede decidir con quien quiere vivir, ¿ha sido él quien ha pedido vivir contigo? Porque si es así habrá que explicarle que tiene que aceptar las reglas de casa, que obedezca, que no te falte al respeto… no sabemos si a su padre le hace lo mismo para así intentar salirse con la suya. De ser este el caso, pese a estar separados debe de saber que vosotros estáis en comunicación y que no vais a aceptar sus chantajes.

No obstante, si la situación no mejorase habrá que pedir ayuda profesional para evaluar su caso en profundidad y ofrecerle ayuda de la forma más óptima posible.

Portada Queremos que Crezcan_felicesUn saludo,

Silvia Álava

FUENTE: Papasehijos.com

¿Qué hacer cuando los niños mienten? Colaboración con Papis y Pekes

Un tema muy común pero a veces preocupante para los padres es cuando los niños comienzan a decir mentiras. ¿Qué hacer cuando los niños mienten?

Cuando los niños mienten

Cuando los niños son pequeños les cuesta distinguir entre la realidad y su imaginación, es por eso que muchas veces mienten, pero en ocasiones pueden no ser conscientes de que lo hacen. Se inventan historias que resultan inverosímiles pero que en su cabeza son ciertas. Ante estas fabulaciones de los niños, los padres no deben ni asustarse ni enfadarse, basta con que le digan , “pero tu sabes que eso no es verdad, qué te parece si me lo vuelves a contar diciéndome que me vas a contar una cuento, una historia, que te has inventado que un amigo tuyo ha hecho algo…” simplemente se trata de que aprendan a distinguir la realidad de la ficción.

En cambio es diferente cuando el menor  ya es un poco más mayor y empiezan a aparecer mentiras en el niño del tipo omisión de la verdad, como cuando asegura haberse lavado los sientes y no lo ha hecho, dice que hizo los deberes y descubrimos que están sin hacer…

En estos casos los padres deben de actuar. Además de hablar con él niño, hay que explicarle que sabemos que ha mentido y establecer con él una consecuencia por mentir. Muchas veces los niños continúan mintiendo porque sienten que la mentira les sale rentable, sus padres muchas veces no se enteran, o con ella consiguen dejar de hacer algo, o que no se les castigue o se establezca una consecuencia determinada.

¿Cómo actuar ante las mentiras de los niños?

  • No enfadarse de forma desproporcionada ante la realidad. Hay que ser conscientes de cuál es nuestra reacción cuando el niño ha hecho algo. Por ejemplo, si por romper una figurita el padre o la madre actuamos de manera desproporcionada, es normal que si el niño vuelve a romper algo trate de ocultarlo. Nadie quiere que le regañen y le griten de forma desmesurada.
  • Crea un clima de confianza, donde no haya el miedo y el niño se atreva a decir lo que le pasa, lo que le preocupa o si algo le fue mal.
  • Se un ejemplo a seguir. Los niños aprenden por modelado, copian a sus adultos de referencia. No mientas, porque si no ellos no van a entender por qué tú lo haces y en cambio ellos no lo tienen permitido.
  • Desde pequeño trabaja la distinción sobre la mentira y la realidad y explícale que papá y mamá saben cuándo está mintiendo.
  • Refuérzale cuando no miente, si por ejemplo confesó que jugando rompió algo, primero felicítale por habértelo contando, y luego ya hablarás con él, si lo que estaba haciendo estaba permitido o no.
  • No desconfíes de él de forma sistemática, dale la oportunidad de que cambie y mejore su actitud.

Con un poco de paciencia y actuando con coherencia podemos conseguir que nuestros niños comprendan que mentir no es la forma correcta de actuar y solucionar las cosas.

 

FUENTE: PapisyPekes.com

Qué hacer si los niños tienen complejos.

Sin complejosA partir de los seis años, los niños pueden empezar a tener complejos. Empiezan a prestar más atención a las pequeñas limitaciones que puedan tener y a darse cuenta de ciertos defectos físicos, que puede que no les gusten. Muchos de estos complejos son causados por comentarios que puedan hacerle en el colegio otros niños de su clase; aunque afortunadamente no siempre, los motes en la edad escolar suele ser algo frecuente. Por ello, una de las preguntas estrella que se hacen los padres es: ¿Qué hacer si mi hijo empieza a tener complejos? Ya sea por una característica de su físico o de su personalidad.

Silvia Álava, psicóloga infantil del centro Álava Reyes de Madrid y autora del reciente libro publicado Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia, lo tiene muy claro: “Hay niños que son más sensibles que otros a los insultos o las críticas, por ello es importante que los padres presten atención al comportamiento hijo”, asegura. Es decir, prestar atención a si su hijo está más callado, más serio, si no quiere ir al colegio, si prefiere quedarse en casa en vez de ir al cumpleaños de un amigo, si no duerme bien por las noches etc.

“Debemos darle la importancia que se merece, pero no hacer que su vida gire en torno a ese problema”, sostiene la especialista.

 

Señales de alarma

Al igual que no existen dos clases iguales, tampoco hay dos niños iguales y cada cual se comporta y siente de una forma diferente. Hay niños más sensibles que otros, hay quienes resultan afectados con los comentarios negativos de los demás niños y otros que otros llegan a tener un desarrollo psicológico y funcionamiento social normal, o casi normales.

“Por ello, hay que hacer especial hincapié en la necesidad de crear entornos de crecimiento personal y confianza que los estimulen y aporten hechos relevantes a su autoestima haciéndoles cada vez más resistentes ante los sucesos negativos de su alrededor”, asegura Sonia Rojas Conca, psicóloga del centro AGSPsicólogos Madrid.

De este modo, es importante diferenciar entre los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de que el niño sufra, o bien reciba un impacto mayor sobre su autoestima, y sobre los factores de protección ante esas situaciones.

Según enumera Rojas Conca, los factores de riesgo serían hacer mucho énfasis en los aspectos estéticos y en la estética en general, en el fracaso en las relaciones sociales, un bajo rendimiento académico, un miedo patológico al rechazo y una baja autoestima y autoconcepto. Por otra parte, los factores de protección son: seguridad en sí mismo, creer que uno puede influir en lo que sucede alrededor, creer que se puede aprender tanto de las experiencias positivas como negativas, soporte y apoyo socio familiar, una buena autopercepción y autoestima, sentido del humor y creatividad de soluciones ante una misma situación.

Es importante observar esas conductas e intentar atajar el problema cuanto antes porque, a veces, puede ocurrir que los complejos que se han iniciado en la infancia perduren durante la adolescencia y se consoliden cuando son adultos. “Cuando estos complejos causan un malestar que es significativo y su preocupación por un defecto percibido de su aspecto físico se sitúa fuera de lo normal y es exagerado puede dar lugar al trastorno dismórfico corporal, (DSM-IV TR)”, apunta Rojas Conca.

 

La actitud de los padres

El luchador Algo esencial es que los padres no fomenten el complejo. Hay veces que los padres son personas inseguras e inculcar sin querer esa inseguridad en sus hijos. “A veces, los complejos de los hijos están inducidos por los padres”, señala Silvia Álava. Por ejemplo, unos padres que peregrinan por consultas de nutricionistas para que si hijo adelgace o padres que prometen a sus pequeños, con muy corta edad, una operación de estética cuando sean mayores.

“Es importante que los padres actúen siempre como modelo de referencia, porque para los niños, los padres son siempre ejemplos para ellos y más a esas edades”, sostiene Álava.

Los padres si sospechan que su hijo puede tener algún complejo, lo primero que deben de hacer es escucharle, que le escuchen con atención para que el niño se sienta totalmente atendido y comprendido. “Es clave que el niño se sienta escuchado y arropado por su padres, para después poco ir poco ir desmontando su problema. Por ejemplo, haciéndole ver las cosas buenas que tiene”, señala Álava.

Por otro lado, es fundamental que los padres eduquen en la tolerancia y en el respeto a las diferencias. Hay cuentos interactivos para niños que resultan de gran utilidad. Algo muy positivo en estos casos, “es recordar a la persona que algunos de sus ídolos tienen esas mismas características (ej. Harry Potter tiene gafas), de manera que se sienten identificados y reconfortados”, indica Rojas Conca.

También es recomendable aprovechar esta situación para seguir trabajando con él las habilidades sociales y emocionales con el objetivo de que se aprendan nuevas formas de responder ante las críticas, por ejemplo jugando a diversos role-playing o poniéndole anécdotas personales que le hayan ocurrido a personas queridas.

Además de todas estas recomendaciones, lo esencial en la educación de los niños es que los padres les ayuden a trabajar su autoestima. Los progenitores deben educar a sus hijos en la seguridad, fomentando en ellos una buena autoestima y alabando sus virtudes. “Es muy importante que los niños que sean capaz de mirar el lado positivo de las cosas, de darse cuenta de que ellos también hacen y tienen cosas buenas”, concluye Álava.

 

Hablamos de la Ilusión con Carles Mesa en el programa Gente Despierta de RNE

Escucha el podcast de la entrevista pinchando en la imagen:

La ilusión en Gente Despierta de RNE

Videochat en el diario El Norte de Castilla hoy 9 de noviembre a las 13h

silvia-alava-el-norte-de-castillaSilvia Álava, psicóloga infantil, participará el próximo 10 de noviembre, a las 19:00 horas,  en la Escuela de Padres de El Norte de Castilla (en el salón de Actos de EspañaDuero de Fuente Dorada, en Valladolid), con la conferencia ‘Cómo conseguir que nuestros hijos sean felices y capaces’. El día antes, 9 de noviembre, podrás charlar con ella desde las 13:00 horas en el videochat de El Norte de Castilla. ¡Puedes dejar tus preguntas en el siguiente enlace!: http://bit.ly/1kvpTpy