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Mamá, vivo enganchado al móvil. Colaboración con el diario El Mundo

Espiar el móvil de mi hijo adolescente… ¿Sí o no? Colaboración con el diario QUÉ!

AdolescenteNo podemos entender un adolescente sin su teléfono móvil. Nos guste o no, el aparato es su anclaje al mundo. Y las redes sociales sus apéndices. Ahora bien: ¿Puede un menor inmaduro explorar en solitario la realidad a través de internet? Los profesionales de la psicología y la educación aseguran que no. ¿Significa eso que debo espiarle? Es mejor no llamarlo así, dicen los expertos. Cambiar el término por ‘acompañar’ o ‘tutelar’. Resulta revelador que el Tribunal Supremo, con una sentencia, haya avalado que los padres ‘fisguen’ el Facebook de los hijos

Padres y madres ‘coraje’ agobiados por sus hijos, por lo qué harán y lo que no en internet durante un montón de horas. Y un dilema que no resulta disparatado: ¿Puedo y debo espiar a mi hijo? La palabra mágica es ‘sentido común ‘. Básicamente, la mejor de las guías para afrontar el reto de educar a chicos cuyas cabezas chisporrotean de estímulos y de impactos negativos y positivos.

Todos los expertos consultados coinciden en un cuestión: Control, tutela y acompañamiento no es, en ningún caso, espiar a nuestro hijos. «Es más, saber lo que hacen los menores es una obligación moral y legal como padres. Y eso no es espiar en el caso de las redes sociales y sus perfiles públicos. Otra cosa sería entrar en un diario que el menor guarda con un candado», asegura la psicóloga Silvia Álava, del gabinete Álava-Reyes. «La clave es precisamente eso, el respeto a la intimidad. Pero, ojo si tenemos fundadas sospechas de que ocurre algo malo con nuestro hijo, como por ejemplo el ‘ciberbuying’ o acoso sexual,  debemos intervenir, conocer y en su caso denunciar. Hay límites parta la intimidad de un menor», zanja Valentín Martínez-Otero, psicólogo y pedagogo, y autor del libro ‘El discurso educativo’.

Si uno se pregunta si la Ley española avala su forma de ‘espionaje’ a los hijos, la respuesta es que sí. Aunque efectivamente el término no sea el mejor, y pese a que ocurra en circunstancias especiales, con claros indicios de peligro. ¿Qué queremos decir? El Tribunal Supremo avala en una reciente sentencia que el deber de tutela prevalece sobre el derecho a la intimidad en casos como el acoso sexual. Y eso incluye que los padres controlen elFacebook de los hijos. O sea, que nuestro deber de guarda y amparo justifica ciertos controles.

adolescentes y redes

Y la resolución tiene especial relevancia por que sienta jurisprudencia ante los dilemas que se plantean a los magistrados en los órganos judiciales. Considera que los padres de la menor no podían inhibirse ante la sospecha fundada de que su hija estaba siendo objeto de dicho acoso.

Lo que ocurrió en este caso fue que un mayor de edad sospechoso de haber acosado sexualmente a una menor de 13 años mantuvo contactos ilegales con ella e intercambió material de contenido sexual. Fue condenando a tres años de prisión por un delito de abuso sexual a una menor y una multa de 8.000 euros por cinco delitos de exhibicionismo cometidos con otras tantas menores por medio de Facebook. Pero el acusado aseguró que las pruebas en su contra se había conseguido de manera ilícita. ¿Ilícita? Sí. Y es que un día cualquiera, la hermana de la menor acosada entró en su habitación y descubrió a su hermana viendo fotos de un hombre desnudo. Pudo ser esta hermana la que le proporcionó a la madre la clave de acceso que utilizaba la chica en Facebook. La mujer entró en el perfil de su hija y comprobó que un acosador le estaba proponiendo relaciones sexuales.

«Todos los padres consideramos que la calle, al menos ciertas calles, pueden resultar peligrosas para nuestros hijos. De tal modo que no les dejamos ir solos o a ciertas horas. Pues bien, internet y las redes sociales pueden ser tan peligrosos o más. Por eso los padres tienen que conocer, han de saber de la actividad de sus hijos en la red y ejercer cierto acompañamiento», asegura la psicóloga Silvia Álava.
¿Y el derecho a la intimidad? «¿Qué intimidad? Tenemos que decir a nuestros hijos que los contenidos que ellos suben en una red social abierta no es suyo. Legalmente, es de la empresa, del dueño de la plataforma que utilizan. En mi opinión, el deber de tutela obliga los padres a ese seguimiento. Mucho más si sospechan algo, como en el caso de la sentencia. Ahí hay que actuar», zanja esta terapeuta.

¿Significa eso que tengo todo el derecho del mundo a bucear en la vida de mi hijo? «Evidentemente no. Al menos, dicho así. La sentencia hay que contextualizarla y es entendible en situaciones extraordinarias. El comportamiento de la madre en ese caso es vital. Necesario. En casos mucho más normales y sin evidentes sospechas, los padres han de controlar, conocer y acompañar a sus hijos. Sin llegar, directamente a la intromisión. Eso puede crear un ambiente irrespirable y contraproducente en casa».

Adolescentes, Padres y MóvilesLa Sala Penal subraya que, como regla general, los menores tienen derecho a que se respete su intimidad, y una menor de 15 años en pleno uso de sus facultades «tiene que otorgar el consentimiento a los padres o tutores» para que éstos puedan desvelar sus mensajes. Ahora bien, también resalta que«esos espacios de privacidad e intimidad» pueden «ceder en presencia de otros intereses constitucionalmente protegibles». ¿Qué ocurrió en el caso grave que nos ocupa? Muy sencillo. Al ser la madre de la víctima quien accedió a los mensajes sin que su hija le dijera que no expresamente, su acción fue absolutamente legal por ser «titular de la patria potestad de la menor» con obligación de actuar para la guarda y amparo de la menor.

«Tenemos que pensar, además, que los últimos responsable de lo positivo o negativo que haga un menor en internet y en otros ámbitos de la vida son sus padres o tutores. Sería injusto que no pudieran velar pro actos de terceros, aunque sean los hijos, si después ellos pueden ser considerados responsables. Por eso, siempre un consejo: hablar, hablar y hablar con nuestros hijos», asegura la psicóloga Silvia Álava.
Lo más curioso llega al final de la sentencia que nos ocupa. La Ley no puede «hacer descansar en los padres unas obligaciones de velar por sus hijos menores y al mismo tiempo desposeerles de toda capacidad de controlar en casos como el presente». O sea, que la madre actuó como debía.

En otros casos, mesura, templanza, interés y dedicación. Y, lo dicho, una amplísima dosis de sentido común.

FUENTE: Diario Qué!

 

El móvil no es un juguete pero ya lo tienen dos de cada tres niños. En el diario ABC

Os adjunto el artículo del diario ABC en relación a la utilización de los teléfonos móviles como regalo de Reyes:

 

Niños y móvil

 

Ayer llegaron los Reyes Magos. Y en este momento seguro que su hijo, nieto o sobrino estarán conectando el flamante «smartphone» que Sus Majestades de Oriente le acaban de dejar. No podía ser de otra manera tras meses de feroz campaña en la que la frase «todos lo tienen menos yo» ha funcionado como un martillo pilón. Pero lo peor es que tiene toda la razón. El 67% de los menores entre 10 y 15 años ya tenía en 2015 un teléfono móvil, según los datos de la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística, y un 49% de los padres, según la empresa de telecomunicaciones «holaMOBI», ha intercedido para que los Reyes traigan esta Navidad un dispositivo móvil. Así que tranquilícese, simplemente su pequeño ha pasado a formar parte de esos dos de cada tres niños que en España ya tienen el deseado -y a la vez temido- regalo.

Oponerse a las nuevas tecnologías es batalla perdida. «El mundo es digital», afirma Silvia Álava, psicóloga y autora del libro «Queremos que crezcan felices». Para esta experta, los móviles tienen una parte muy positiva en el desarrollo de los menores porque «les hacen más autónomos y que se interesen por otro tipo de cosas. No hay que demonizarlo», asegura. Y con ella coincideGuillerno Fouce, doctor en Psicología y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, quien confirma que «estimulan a los niños porque mejoran su coordinación motora e impulsan su creatividad. Hay fantásticos programas educativos».

Que un niño tenga un móvil -para tranquilidad de padres, madres, abuelos o tíos- no es en sí bueno o malo. Eso sí, advierte Álava, «como padres tenemos que ser conscientes de que un teléfono no es solo un aparato para recibir llamadas sino que es un dispositivo que permite a un niño conectarse a internet. A ninguno se nos ocurriría dejar solo a un pequeño por la calle por los peligros que entraña. ¿Por qué vamos entonces a abandonarle a su suerte en las redes sociales, donde hay buenas cosas pero también mala gente?», plantea esta psicóloga.

El contacto de los menores con realidades para las que no están preparados puede tener consecuencias no deseables. «En internet hay videos que no les corresponde ver por su edad y su desarrollo cognitivo. Esa imposibilidad de comprenden lo que están vieno les pueden generar ansiedad y pesadillas. Hay que evitarlo», previene Álava, para quien la edad más apropiada para que un menor tenga un móvil se sitúa en los 14 años. «Es cuando tienen un grado de madurez óptimo. Es difícil aguantar la presión -reconoce- pero es la edad adecuada», insiste.

Conductas de riesgo

La nueva realidad de la comunicación a través de las redes sociales es otro de los puntos delicados -advierte Álava- que padres y madres deben tener en cuenta porque «les pueden venir grandes y ser peligrosas para ellos si no se les enseña a usarlas».

Los menores son además capaces de adoptar conductas de riesgo en su imparable e incansable búsqueda de estímulos. «No son solo los juegos violentos, hay otros de rol en los que construyen personajes para interactuar con otros avatares. Empiezan con conversaciones en grupo y acaban en conversaciones privadas con personajes que no tienen por qué ser niños. Juegan a ser mayores pero no lo son», indica Fouce.

La clave para evitar que este regalo se convierta en una experiencia extremadamente desagradable está en la comunicación entre padres e hijos. «Debemos enseñar a los niños a usar el móvil. Aunque desconozcamos casi todo sobre las nuevas redes sociales, sí podemos inculcarles unas normas básicas; como que no se puede colgar todo en la red porque una imagen o un mensaje, una vez que son enviados, se convierten en algo público. También que por escrito se pueden malinterpretar muchas conversaciones y que no hay que chatear nada que uno no se atrevería a decir cara a cara. Así evitaremos muchos problemas de ciberacoso que se están produciendo ahora», señala Silvia Álava.

Igualmente es importante, añade Fouce, «que los niños hablen de lo que van descubriendo en las redes, que lo compartan con los padres». Se trataría de que los menores participen de la gestión de riesgos. «Hay que marcar unos límites, pero para que los gestionen ellos. Que sepan cuántas horas van a poder disfrutar del móvil para que ellos mismos las administren. Y también hacer que sean conscientes de que existen contenidos que pueden causarles daño», concluye Fouce.

Álava aún pide más. «Puede que no nos apetezca, pero si nuestro hijo tiene Facebook, Instagram, WhatsApp… tendremos que participar de esas redes sociales. Así comprenderán que si podemos ver lo que ellos están colgando es porque ha dejado de ser privado. No estamos abriendo a escondidas su correo o su diario privado; lo han colgado y es público, también para sus padres».

 

FUENTE: Diario ABC