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«Sí, los niños también se deprimen» Colaboración con el diario ABC

Claves para que los niños disfruten de un buen inicio del curso escolar. Colaboración con Antena3 TV

Sobre el rescate de los niños en Tailandia: «Son un equipo, deben tomárselo como un reto». Colaboración con Antena3 Noticias

«La madre perfecta no existe» Colaboración con Laura Peraita, del diario ABC

Trucos para concentrarte. Colaboración con la revista Magazine

Padres trabajadores: ideas para sobrevivir. Colaboración con Aló.co

Doce pautas para que el castigo a los niños no sea un castigo y sea más efectivo. Colaboración con La Opinión de Murcia

El objetivo final a la hora de corregir un mal comportamiento debe ser educar a los pequeños

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La conveniencia o no de los castigos en los niños es un debate antiguo y controvertido. Mientras algunos no son partidarios de recurrir a ellos, otros expertos en educación infantil consideran que sí pueden ser útiles en determinados casos. Apuntan, no obstante, que es necesario cambiar con refuerzo positivo el concepto de castigo.

«La opción más adecuada es plantear la situación no como un castigo sino como una oportunidad que se ofrece al niño para elegir portarse bien o no portarse mal y ganarse así algo especial», señala la psicóloga infantil Silvia Álava. «Si el niño se porta mal y no puede hacer algo que le gusta no se debe trasladar al menor la idea de que se trata de un castigo sino que el mensaje es que no se lo ha ganado», señala.

En cualquier caso, los expertos señalan para que un castigo resulte realmente efectivo y consiga el efecto buscado es necesario que los padres sigan una serie de pautas y tengan en cuenta estas consideraciones:

  1. No recurrir de forma constante a los castigos. Si se castiga por y con todo al niño éste puede entrar en un estado de desmotivación y el efecto conseguido ser el opuesto al deseado. Aplicar un castigo debe ser algo excepcional, no la norma. «Muchos padres abusan del castigo, confundiéndolo con buena educación. Con ello consigue que la situación empeore cada vez más», señala Álava.
  2. El castigo debe ser inmediato. Si el castigo no se realiza al momento y se aplaza unos días se corre el riesgo de olvidar ejecutarlo o que el niño ni recuerde el motivo además de que se pierde la posibilidad de que el niño se porte bien hasta que llegue el día del castigo.
  3. El castigo no debe ser muy largo. No es viable, por ejemplo, imponer un mes de castigo porque los padres no van a poderlo mantener y el niño puede considerar que si ya está castigado durante un tiempo largo no hay motivo para portarse bien.
  4. El castigo debe ser proporcionado. A menudo los padres caen en el error de dejarse llevar por el enfado inicial y recurren a una extrema severidad, imponiendo un castigo a todas luces desproporcionado.
  5. Castigos proporcionales a la edad del pequeño. Debemos tener en cuenta la edad del niño a la hora de aplicar un castigo. Hay que tener claro que no es lo mismo pedir una cosa a un menor de 3 años que a uno de 9.
  6. No castigar a toda la familia. Los castigos deben afectar exclusivamente al niño o niña que se han portado mal. No es conveniente que su castigo se extienda también a sus hermanos ni a la familia en general.
  7. Evitar los gritos. Gritar a un niño nunca es conveniente, tampoco a la hora de aplicar un castigo. Los padres somos un ejemplo para los hijos, de manera que si recurrimos de forma habitual a los gritos, los pequeños de la casa se acostumbrarán y recurrirán también a ellos en sus relaciones con nosotros, con sus hermanos, amigos…
  8. El bienestar de los niños, lo primero. Los castigos no deben suponer jamás un daño físico para el niño. Tampoco deben humillar o afectar al bienestar o a la autoestima de los pequeños.
  9. Argumentar el motivo del castigo. Es necesario que expliquemos a los niños por qué se les castiga. Como indicábamos en estas líneas, no obstante, hay que intentar evitar la palabra ´castigo´. Es mejor argumentar que se trata de una oportunidad que damos a los pequeños para elegir portarse bien y obtener así una recompensa.
  10. No prometer regalos si se porta bien. Cuando hablamos de ofrecer una recompensa, los expertos señalan que no debe ser algo material, ya que sino les estaremos acostumbrando a obtener premios por conductas que deberían salir de forma natural. Los especialistas en educación infantil señalan que las recompensan deben ser por ejemplo jugar a su juego favorito, preparar su comida favorita, transmitirle nuestras felicitaciones por lo bien que se ha portado, dedicarle unas caricias y una gran sonrisa…
  11. Elogios cuando se porta bien. Debemos reforzar con mensajes positivos a nuestro hijo cuando se porta bien o realiza alguna acción positiva. El elogio reconforta la confianza de los pequeños, aunque también hay que destacar que tampoco es bueno sobrepasarse con constantes halagos.
  12. No prestarle atención cuando se porta mal. A menudo cometemos el error de centrarnos en el hijo que se porta mal, convirtiéndole en el centro de nuestra atención. Esta actitud puede provocar que el niño automatice su mal comportamiento para llamar de forma constante la atención de los padres. Una mala actitud es más fácil cambiarla si la ignoramos, mientras si por el contrario, una buena conducta es reforzada con elogios y premios.

La preocupación por conseguir una retaguardia firme. Colaboración con YoDona

Retaguardia firmeHay un dicho popular que advierte que a partir de los 40 «hay que elegir entre cara o culo». Según parece, desde hace un par de años las españolas apostamos por el segundo. Lo demuestran los datos: desde 2014, las intervenciones de aumento de glúteos se han incrementado en torno a un 20%-30%, según estimaciones de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre). Pero ¿a qué se debe esta tendencia? Para la cirujana plástica Elena Bravo, el primer motivo es meramente técnico. «Hace un tiempo, las liposucciones no abordaban la zona de las nalgas, pero ahora, gracias a técnicas como el lipoláser, sí lo hacen, y así permiten remodelar todo el contorno corporal, en particular los glúteos, sin dejar irregularidades ni hoyuelos».

Jesús Benito, vicepresidente de la Secpre, no pasa por alto «la influencia mediática de famosos culos, como los de Kim Kardashian o Beyoncé». También los de Jennifer Lopez, Nicki Minaj, Kylie Jenner y Gisele Bündchen, de quien se sospecha que, hace un par de meses, se ha hecho un ligero retoque de efecto lifting. La creciente interacción, vía redes sociales, entre mujeres españolas y latinoamericanas también tiene su peso. «Se está importando el prototipo de cuerpo femenino latino: cintura de avispa, cadera grande y culo lleno», asegura el cirujano plástico Antonio Tapia.

Por último, no hay que olvidar que, después del pecho, la retaguardia es lo que más preocupa. «Es un área muy explotada y la que más miradas acapara, junto a la boca, los ojos y el busto», asegura la psicóloga Silvia Álava. Por si fuera poco, existe un aspecto más bien genético: las españolas suelen ser de cadera ancha y culo plano. Ante esto caben dos opciones: conformarse o intentar cambiarlo. «Tenemos que dejar de fustigarnos y aprender a aceptarnos tal y como somos, con nuestras virtudes y nuestros defectos», aconseja la psicóloga.

Pero cuando la retaguardia se convierte en un problema, la cirugía puede ser una solución: «Siempre que el complejo sea concreto, objetivo y limitante, y el tratamiento quirúrgico sencillo y efectivo», aconseja Álava.

Los castigos más habituales en España y cuándo son delito. Colaboración con Reporte24.net

AMAYA LARRAÑETA

  • La bofetada sigue siendo el castigo físico más habitual. Los expertos dicen que los padres ahora confunden “buena educación con el abuso de castigos”.
  • En España sacar a un niño del coche como castigo y dejarlo abandonado sería delito y podría acarrear hasta cuatro años de prisión.
  • Los correctivos, además de no estar permitidos, son contraproducentes para los niños, según los psicólogos infantiles.
  • Las últimas cifras oficiales hablan de 3.349 niños víctimas de maltrato familiar al año.

Foto de Yamato Tanooka facilitada por su colegio.

Si Yamato Tanooka, el niño japonés abandonado en un bosque como castigo, viviera en España, sus padres se enfrentarían a un delito de “abandono” y cabría imponerles una “pena de prisión de 2 a 4 años” porque las circunstancias —pasó seis días enteros completamente solo en un bosque célebre por albergar muchos osos— pusieron “en concreto peligro la vida, salud e integridad del menor”, explican a 20minutos fuentes policiales.

La Policía española, que dispone de una unidad especializada en delitos en el seno de la familia, la UFAM, informa además de que, ante un caso como el del niño japonés de siete años, “el juez además de imponer la pena privativa de libertad podría inhabilitar a los padres para el ejercicio de la patria potestad y la Comunidad Autónoma puede decretar la situación de desamparo y proceder a su tutela”.

Ahora que Japón investiga si Yamato Tanooka había sufrido con anterioridad al castigo que le ha hecho mundialmente conocido malos tratos psicológicos de sus padres, en España los policías que más saben sobre abusos infantiles aprovechan para recordar que, dentro de nuestras fronteras, “muchos episodios de maltrato infantil no afloran porque la violencia doméstica queda en el ámbito de lo privado, los niños no conocen los recursos asistenciales y menos aún el de denuncia”.

Por ese motivo, los agentes resaltan la importancia de que los profesionales que trabajan con menores (en la escuela, en la pediatría, como entrenadores…) “adquieran conocimientos y habilidades para detectar situaciones de maltrato y canalicen la información a quienes puedan reprimir este tipo de conductas violentas”.

Catalina Perazzo es analista de derechos de infancia en la ONG Save The Children, una organización que lleva varios años reclamando que España apruebe una Ley contra la violencia infantil. “En lugar de hacer intentos desagregados y parciales para acabar con las situaciones de violencia, creemos que hay que prohibir con una ley de manera absoluta e incondicional toda violencia contra la infancia”, expone Perazzo.

Al menos 3.349 niños fueron víctimas de malos tratos en el ámbito familiar en 2014 (último año con datos oficiales disponibles). Fueron 287 más que en 2013, según las cifras que maneja la ONG. Pero estos no son más que la punta del iceberg, se temen las autoridades.

El correctivo ya no es legal

Save The Children editó en el año 2004 un estudio comparativo de las formas de castigo universales más comunes (la bofetada, el azote, la sacudida, la patada, el golpeo con el cinturón, tirón de pelos y orejas, insultos , gritos, humillaciones públicas, culpabilización, motes, rechazo o silencio) e investigó su prevalencia en catorce países, entre ellos España. Su informe concluía que ser golpeado por los padres se consideraba algo normal. En España, en concreto, el 46% de los niños veían “innecesario” pegar para educar, pero el 47% de los menores opinaba que sus padres tenían derecho a pegarles.

Y así era, porque hasta tres años después, en 2007, no se eliminó del Código Civil la frase: “los padres podrán corregir razonada y moderadamente a sus hijos”. Fuentes policiales aseguran que todavía hay progenitores que esgrimen como excusa “el derecho de corrección” cuando se les imputan castigos físicos contra sus hijos. Esas mismas fuentes recuerdan que ese derecho “ya no existe” en el ordenamiento jurídico español.

Parezzo, de Save The Children, explica que a día de hoy, a falta de una ley integral que persiga la violencia contra la infancia, el Código Penal prevé que se puede perseguir el castigo físico y psicológico como “maltrato en el ámbito familiar”. Normalmente las penas que acarrea son “trabajos en beneficio de la comunidad y órdenes de alejamiento, aunque en casos graves también puede haber condena una condena a prisión”.

Para la ONG es muy importante que la nueva regulación sobre violencia infantil tenga en cuenta “la frecuencia, la intención y la gravedad” de los castigos y agresiones para la proporcionalidad de las medidas. “Hay quienes argumentan que puede ser poco beneficioso para una niña que le alejen dos semanas de sus progenitores por una bofetada. Es preciso valorar el interés superior del menor”, explican. La nueva ley podría aprobarse en la próxima legislatura, al menos el proyecto está en todos los programas electorales.

La psicóloga infantil Silvia Álava —autora del libro ‘Queremos hijos Felices’— considera que en España “los padres siguen confundiendo una buena educación con abusar del castigo”. Álava clama contra el castigo físico y psicológico y aboga por sustituirlos por “el refuerzo de las conductas en positivo”. También Save the Children defiende la llamada “parentalidad positiva” que, centrada en los derechos d elos niños, en el afecto y en el establecimiento de normas y límites, busca educar en el buen trato y sin recurrir a castigos ni a humillaciones”.

Consecuencias sí, castigos no

“Eso no quita para que los niños tengan consecuencias por las cosas que están haciendo mal“, puntualiza la psicóloga infantil Silvia Álava. “Pero démosle la vuelta”, pide, “y en lugar de decir al niño que cómo has hecho algo mal voy y te quito algo que te gusta, por ejemplo, la tablet o el ver la tele un rato, deberíamos hacerlo al revés: cuando te lo ganas porque actúas bien, entonces puedes jugar al ordenador o con la tablet o ver la tele”.

La psicología infantil propugana que, ante un conflicto o un mal comportamiento de un niño, lo primero es pararse a observar la situación y detectar si se está buscando atención extra y lo segundo evitar que el adulto pierda el control de la situación. Álava recuerda que los niños “copian a sus adultos de referencia” y en los comportamientos de los progenitores debe primar el cuidado.

Esta experta es defensora de la ‘teoría de la extinción’, que consiste en que los progenitores no hagan nada, más bien le retiren la atención, cuando un niño se porta mal. “Siempre y cuando no haya un ambiente peligroso”, puntualiza Álava, “si el niño está teniendo un mal comportamiento en una carretera y está en peligro, primero le saco de esa situación y después le retiro la atención, en dosis ajustadas a su edad”. Esto es lo que ella hubiera recomendado a los padres del menor nipón abandonado en el bosque.

El estudio de Save The Children sobre el castigo identificaba entre los más habituales en los hogares en España la bofetada, golpes en la cabeza, humillar públicamente, encerrar a oscuras, poner cara a la pared, ridiculizar, mostrar indiferencia, sacudir, insultar, golpes con cinturón, pellizcar, amenazar o hacer comparaciones entre hermanos. Álava describe los principales efectos perniciosos que tienen esta prácticas en la infancia.

La bofetada: “Es uno de los castigos más comunes, pero no es lícito bajo ningún concepto. Demuestra que hemos perdido, como progenitores y adultos, el control de la situación. Sin olvidar que los niños copian a sus adultos de referencia y si le pegamos luego no puede extrañarnos que el niño también agreda. Lo más efectivo es procurar intentar no hacer caso al menor, retirarse antes de caer en el castigo físico”. La especialista recomienda idéntico consejo para los golpes en la cabeza o los pellizcos, en definitiva para cualquier agresión física.

Humillar o ridiculizar públicamente: “Las consecuencias de humillar y ridiculizar son nefastas. Es tremendo. Puede entrar en conflicto con la autoestima y seguridad del menor. Es posible que como padre tengas que corregir una conducta del niño, pero si es en público, será mucho mejor que te acerques al oído y se lo digas solamente a él. Suele funcionar mejor. Aunque lo recomendable es que si por ejemplo si vamos a salir a un encuentro social, conviene dar a los niños las pautas antes de salir de casa y en positivo: “Así es como espero que te comportes. Sé que te vas a portar bien”, se les dice. Si no lo hiciera después, no conviene humillar. La primera vez es mejor acercarse y decirle al oído cómo debe comportarse”.

Encerrar a oscuras: Silvia Álava considera que este castigo fomenta un determinado tipo de miedos. La psicóloga infantil apuesta por retirar al menor a un lado para que pueda calmarse, eso sí, pero nunca a oscuras, porque el niño puede generar una fobia y “las relaciones hijos y padres no pueden estar basadas en el miedo y la inseguridad”.

Cara a la pared: “Es un castigo muy del siglo pasado. En determinados momentos en los que están muy, muy alterados, y sabemos que si seguimos interactuando vamos a terminar en un gran enfado, se puede llevar al niño a otro lugar, pero no tiene porqué ser mirando hacia la pared. Como tampoco veo bien que se castigue “a pensar” a una esquina. Pensar no tiene por qué ser un castigo. El niño va a asociarlo con algo malísimo y le vamos a condicionar. Es mejor decirle: “cuando te portas así no te vamos a hacer caso”, pero no decirles que están castigados a pensar”.

Sacudir: “Cuando un adulto sacude a un niño es el adulto el que ha perdido el controlde sus emociones. Impropio en todo caso”.

Hacer comparaciones con sus hermanos: “Hay que insistir en que comparar esnefasto. Cada niño es un mundo y hay que pedirle exactamente lo que realmente puede hacer. Las normas tienen que estar muy claras, pero no se debe entrar en comparaciones nunca”.

Golpear con el cinturón: “Es todavía más agresivo que el coscorrón, la sacudida o el azote. Todavía peor”.

Indiferencia: “Tenemos que tener cuidado con cómo la aplicamos. El niño tiene que ver que consigue más atención cuando su comportamiento es positivo, que si es negativo. Si te portas correctamente estoy presente, interactuamos. Y justo cuando no lo haces es cuando te dejo de hacer caso. Es la mejor de las opciones planteadas. Calculamos un minuto por edad, evitamos que la situación se descontrole y que el padre termine gritando porque tampoco se ha conseguido regular.

Por su experiencia en el gabinete de psicología infantil, Álava considera que “los padres ahora suelen ser poco constantes y permiten mucho, mucho y si consideran que el niño se ha pasado le castigan con todo”. Sin embargo no promovemos que tengan alicientes. las cosas se las tienen que ir ganando cada día. Los errores deben tener consecuencias, pero no absolutas”. También advierte del error de aplicar castigos muy largos que hacen que el niño se desespere o no sean factibles.

 

FUENTE: Reporte24.net