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Sentirse a gusto con uno mismo: El Fin a las orejas de soplillo. Por EFE Salud y ABC

El 37 % de las personas que tienen orejas prominentes o de soplillo se ha planteado corregirlas, pero sólo el 8 % de ellas tiene la firme intención de hacerlo, sobre todo por los riesgos asociados a la cirugía, pero ahora ha llegado una nueva técnica que es menos invasiva y se realiza de forma ambulatoriaMADRID/EFE JUEVES 06.10.2016

Es un cambio en el paradigma del tratamiento para este tipo de orejas que están más despegadas de lo habitual del cráneo, una situación que sufre el 5 % de la población española, país que ocupa el cuarto puesto del mundo en cuanto a número de intervenciones quirúrgicas por este motivo (3.672 al año de las 170.000 que se realizan en el mundo).

Esta técnica se lleva practicando hace alrededor de cinco años en el Reino Unido, y este verano ha llegado a España. Uno de los doctores que la ha practicado es Antonio Porcuna, especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora, quien la realiza a partir de un nuevo implante de la farmacéutica Allergan.

Es una “intervención mínima” que sólo requiere de dos o tres puntos, que además no hay que extraer y son los necesarios para cerrar la pequeña incisión a realizar para introducir el implante.

Dura entre cinco y veinte minutos, frente a la otoplasia -el procedimiento quirúrgico para la corrección de las orejas– que conlleva, según el experto, cerca de dos horas.

El implante, compuesto por níquel y titanio y recubierto de oro de calidad médica para que sea menos visible bajo la piel de la oreja, está indicado para aquellas orejas que tienen un pliegue antihélix poco desarrollado y se puede implantar en adultos y niños mayores de siete años.

Con esta técnica, no es necesario llevar una venda en la cabeza después del tratamiento, a diferencia de la otoplastia, con lo que la mayoría de las personas puede volver de forma inmediata a su rutina diaria, ya que sólo podrá sufrir una inflamación discreta en la zona intervenida.

El precio de la intervención puede oscilar, según el experto, entre 2.200 y 4.000 euros, dependiendo de dónde se realice y de los implantes que se tengan que utilizar para corregir las orejas.

Las personas que opten por esta técnica podrán elegir el grado de cambio que quieren hacer porque el dispositivo, además, cuenta con unos simuladores previos que se colocan en el exterior de las orejas y permiten predecir la imagen estética final.

Sentirse a gusto con uno mismo

La psicóloga Silvia Álava. Foto cedida

La psicóloga Silvia Álava. Foto cedida

Esta alternativa a la cirugía habitual está destinada al 77 % de las personas con estas orejasy que se sentiría mejor si no las tuvieran así, según ha constatado el estudio elaborado por la farmacéutica y que ha presentado en rueda de prensa la psicóloga y especialista en inteligencia emocional Silvia Álava.

El estudio “Escucha tus orejas“, basado en 450 encuestas a personas con estas características y a sus familiares, revela que el 54 % de los españoles que tiene este problema reconoce haber sufrido bromas por el tamaño de sus orejas. A la mitad además éstas le hicieron daño.

Y en el caso de los más pequeños, nueve de cada diez de los encuestados opina que éstas burlas son más duras y frecuentes durante la infancia porque los niños suelen ser muy crueles.

En ese caso, hay que tratar la empatía y su autoestima, y si está sufriendo, no se relaciona con los demás, no quiere ir al colegio, le cuesta conciliar el sueño y está triste “hay que hacer algo rápido al respecto”.

El diario ABC también se hace eco de la noticia recogiendo:

«Escucha tus orejas»

El 77% de las personas con orejas de «soplillo» se sentiría mejor si no las tuviera de esta forma. Según el estudio «Escucha tus orejas» elaborado por Allergan, el 55% de los encuestados considera que la imagen de la cara, incluyendo las orejas, influye en la autoestima personal.

Tanto que, hasta un 77% piensa que, en caso de sufrir muchas burlas por las orejas, una persona empezar a aislarse socialmente por vergüenza. Por este motivo, un 34% asegura que se sentiría más feliz si no tuviera las orejas de «soplillo», un 23% afirma que tendría una mayor autoestima y un 20% confiesa que tendría menos vergüenza en público.

«Evidentemente el verse guapo y mejor ante el espejo eleva la autoestima, pero también es importante quererse a uno mismo y aceptarse», aseveraSilvia Álava, psicóloga y especialista en inteligencia emocional. No obstante, «lo habitual es que los complejos no se resuelvan solos y no desaparezcan con el tiempo», añade. Por tanto, «cuando el complejo interfiere en la vida cotidiana, tiene un impacto en las relaciones sociales o laborales y la persona sabe que se sentirá mejor si pone una solución definitiva, es hora de valorar un tratamiento médico», sostiene Álava.

En el caso de los más pequeños, y según el estudio, 9 de cada 10 opinan que las bromas o burlas hacia las orejas son más duras y frecuentes durante la infancia porque los niños pueden ser muy crueles3. «Es importante que los padres trabajen la empatía y la autoestima de los menores», recuerda esta psicóloga. ¿Cuándo deberían los progenitores sopesar una solución estética? «Si el niño está sufriendo, no se relaciona bien con los demás, evita jugar o hacer actividades, no quiere ir al colegio, le cuesta conciliar el sueño y está triste… hay que hacer algo rápido al respecto», concluye Álava.

Por primera vez en España los estudiantes de un colegio han puesto las bases para crear una aplicación para luchar contra el CIBER ACOSO.

Se trata de los alumnos del British Council de Madrid entre los 10 y los 16 años, que han tenido la suerte de contar con una de las activistas más reconocidas internacionalmente en la lucha contra el denominado CYBERBULLYING. Se trata de la abogada norteamericana Parry Aftab, asesora de plataformas como Facebook. Además, la iniciativa ha contado con la asesoría de STOPCYBERBULLYING.ORG, que se ha comprometido a convertir en APP las aportaciones de los niños. Los trabajos que han estado realizando los estudiantes del British Council han estado orientados a romper las barreras generacionales entre padres e hijos para denunciar situaciones de acoso a través de Internet, saber detectar los primeros síntomas del acoso o generar recursos para parar este tipo de situaciones desde el primer momento. Uno de las aportaciones de los estudiantes que más ha llamado la atención en la creación de un “Botón de Pánico” que avisa a los padres inmediatamente en cuanto se produce el acoso.

Para Aftab hay determinados países donde los lazos familiares son más fuertes y esto es determinante a la hora de luchar con el acoso online. Y uno de estos países es España. “Aunque los padres no tengan habilidades tecnológicas, saben cómo hablar con sus hijos, se preocupan por ellos, no quieren que vean pornografía o que estén expuestos al odio. Y usando esos lazos y el interés de los padres y de los niños por comunicarse y trabajar en su futuro podemos hacer mucho en países que están más desconectados”. Por eso le parece importante hacer un seguimiento de las ideas de los alumnos españoles ya que aportan una perspectiva nueva a la hora de enfrentar el problema.

Y pone un ejemplo práctico para explicar la importancia de atender a la experiencia de los jóvenes en internet. “Nosotros, como padres, sabemos que tenemos que bloquear los enchufes para que los niños no metan un tenedor dentro cuando son pequeños. Pero ellos cuando están gateando ven algunos que nosotros ni siquiera vemos. Nosotros lo vemos desde arriba y ellos lo ven desde abajo. Tenemos que mirar de la manera en la que los jóvenes ven internet porque ven enchufes que nosotros no vemos”.

Prevenir el acoso escolar desde el minuto cero. Colaboración con el diario El País

El problema crece cada año y sufre de un mismo mal: la falta de respeto

CAROLINA GARCÍA Twitter

El acoso escolar es una realidad en nuestro país. Y además, es un problema que crece cada año en torno a una misma pauta de comportamiento: la falta de respeto. Parece difícil educar a nuestros hijos en valores cuando en la televisión, en la radio, en las redes sociales se representa el insulto y la rabia como algo normal. El acoso escolar o bullying, que puede a llevar, en casos extremos, a la muerte del menor, debe ser erradicado.

Esta lacra afecta al 4 % del alumnado, según datos del Ministerio de Educación, que pondrá en marcha este curso 2016-2017 un teléfono gratuito, atendido por psicólogos y que no deja huella telefónica, similar al que está habilitado para combatir la violencia machista, según anunció el Gobierno el pasado agosto. El servicio será también accesible para personas con discapacidad.

La Fundación ANAR, asociación que ayuda a niños y adolescentes en riesgo, dispone del teléfono 900 20 20 10, «número al que los estudiantes pueden llamar con toda la libertad y en el que se aconseja a las víctimas que den a conocer su situación a la familia y al entorno de amigos para que le puedan ayudar», según explican en su web. En el año 2015, su último informe, esta organización atendió 369.969 peticiones de ayuda en toda España, de las que 25.000 referían a algún tipo de violencia escolar. Estos casos crecieron un 75% con respecto al año anterior.

Alumnos

Atajemos el acoso desde el primer día de clase (o antes)

Prevenir el acoso escolar es una labor que los padres deben comenzar en casa. “Deben educar en empatía a su hijo, a ponerse en el lugar del otro; es importantísimo que el pequeño se acepte cómo es y que se guste. Debe aprender a asumir sus defectos”, explica Silvia Álava, psicóloga, escritora y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes. “Además, tienen que trabajar la comunicación asertiva con él, que es aquella que ‘me permite respetarme a mí mismo, respetando siempre a los demás’. Que me ayuda a expresar lo que siento, sin herir a nadie”, prosigue Álava.

Una cuestión también importante es trabajar la relación de confianza con el menor. Muchos pequeños tardan en contar lo que les está ocurriendo, por vergüenza o por miedo. “Si les transmitimos que vamos a entenderles, que les escuchamos, que comprendemos sus problemas, que pueden confiar en nosotros, será mucho más fácil que, si está ocurriendo algo, nos lo cuenten”, añade.

Además, existen algunas pistas que podemos observar en el hogar, en caso de que el niño esté inhibido o sea muy introvertido. “No son síntomas, pero pueden ayudar”, recalca Álava. “Por ejemplo, si el niño está más tristón, si, de repente, sufre cambios drásticos de conducta, como comer mucho o dejar de hacerlo, no puede conciliar el sueño, etcétera. Pero, sin duda, la clave más importante es si, de forma reiterada, el pequeño expresa que no quiere ir al colegio. Repito no son síntomas, son pequeñas pistas”. En el colegio también se pueden dar cuenta de que algo raro pasa. Normalmente, estos menores suelen estar aislados en el patio, en los cambios de clase y su material escolar, sus libros o sus gafas aparecen rotos.

Hay veces en las que los padres se deciden por un cambio de colegio y esto no soluciona nada. Cada niño es un mundo. La experta explica que si el niño solicita de forma reiterada este cambio de centro, hay que pensarlo, aunque “tampoco se trata de decirle al pequeño que tiene que aguantar». El niño necesita contar con habilidades socioemocionales. Los padres deben conseguir, con la ayuda del colegio y en algunos casos de un especialista, que sus hijos sean autónomos, que se sientan seguros y asienten unas bases de comportamiento que consigan que el niño se respete y respete a los demás”, explica la experta.

Cómo actuar cuando sabemos lo que ocurre

“Lo primero que hay que tener en cuenta es que hay que trabajar tanto con los padres del acosado como los del acosador. Normalmente, enfocamos solo los esfuerzos en ayudar a la víctima, pero no reeducamos al acosador, lo que puede llevar a que esta situación se dé con otros niños, que se repita”, explica la experta.

La colaboración del colegio es fundamental. «Casi todos los centros cuentan con un protocolo de actuación en el que se activan distintos puntos que afectan al profesor y a los alumnos, entre otros entornos. No hay que olvidar trabajar con los testigos mudos, que son aquellos que han visto lo sucedido y no lo cuentan. Muchas veces ellos tienen la clave». Y lo que está claro es que ante cualquier agresión verbal o burla, los docentes deben cortar la situación desde el minuto cero, a través de la enseñanza en valores como la empatía, la solidaridad y el respeto a los demás», subraya esta psicóloga.

«Con todo esto, con esta preparación previa, el alumno puede sentir que tiene herramientas y puede enfrentar el problema. Y si ha sufrido acoso, con todo esto, puede tener una nueva oportunidad y creer que las cosas pueden cambiar. Que se siente fuerte», concluye Álava.

EL 75% DE LOS PADRES NO CONTROLA EL MÓVIL DE SU HIJO

Cuando le regalamos un móvil a nuestro hijo, ¿somos conscientes de cómo lo usa? ¿sabemos a los sitios que entra? ¿con quién se comunica? Una última encuesta elaborada por S2 Grupo, especializada en ciberseguridad, asegura que no. Según este informe, el 75% de los padres no hace ningún tipo de control parental del móvil de sus hijos y el 29% regaló a su hijo un smartphone antes de los 12 años. “Los padres no podemos olvidarnos de que también debemos ejercer nuestra función de cuidado en el entorno de las nuevas tecnologías”, ha destacado, en un comunicado, Miguel A. Juan, socio-director de S2 Grupo.

Control parental para evitar el acoso

Los datos expuestos contradicen los temores de los padres. A un 31% le inquieta que su hijo acose a otros pequeños; que envíe fotos íntimas, entre otras cuestiones, y a un 21% le preocupa que su hijo sea víctima de acoso, según explica el texto. El 18% reconoció que su pequeño había sufrido algún tipo de acoso.

Acuerdo entre padres e hijos para el uso del móvil

Para solucionar el problema, S2 Grupo ha creado un contrato en el que se incluyen 18 puntos que intentan hacer una reflexión sobre “tener un uso responsable del móvil”. Entre estos puntos, se encuentran, siempre sin invadir la intimidad de los jóvenes, revisar periódicamente el móvil para comprobar las aplicaciones, la configuración y el estado de seguridad adecuados. Además, incluye términos relacionados con la gestión del tiempo; el envío de fotografías personales o aprender a usarlo de forma correcta en sitios públicos. “Con este acuerdo, buscamos que los más pequeños se den cuenta de que el teléfono móvil no es un juguete ya que pueden exponerse a muchos riesgos como ser víctimas de chantajes o acoso, entre otros”, concluye el texto.

Este Acuerdo entre padres e hijos para el uso del primer teléfono móvil se puede descargar e imprimir desde la página web www.Hijosdigitales.es. 

La muerte de un hijo no se supera nunca, se integra en la vida de los padres. Colaboración con el diario ABC

Consejos de los expertos para asimilar este tipo de fallecimientos

Duelo por la muerte de un hijoLa muerte de un hijo nunca está en el guión de la vida de un padre. Las personas estamos preparadas para asistir al fallecimiento de los padres, pero no de los hijos. Perder a un hijo para siempre es algo que va contra natura, que rompe los esquemas de una familia y que provoca un gran estrés físico y emocional muy difícil de evitar. La situación se agrava cuando los padres se sienten responsables y sufren un intenso sentimiento de culpa al entender que la seguridad de los hijos es competencia de ellos.

Eso, al parecer, le debió pasar al padre que este martes en la comunidad de Madrid decidió suicidarse pegándose un tiro con una escopeta en el mismo lugar en el que el día anterior murió su hija por un accidente de moto, moto que él le regaló.

Hay personas sufren un verdadero choque emocional, que no aceptan el fallecimiento de un hijo. Se piensa que lo que ha ocurrido no es real. Solo hay dolor, rabia, ira, desesperación… Por eso es importante, según explica la psicóloga Silvia Álava, del Centro de psicología Álava Reyes, que en los primeros momentos los padres estén siempre acompañados por otras personas muy cercanas. «No se puede relativizar la muerte, es un asunto muy delicado y difícil de asimilar —asegura—. Por ello, hay que llorar, y mucho, porque hay que airear los sentimientos. Sin embargo —advierte— cada persona lo hace de una manera diferente, cada uno necesita su tiempo, y las personas que les rodean no deben agobiar, solo acompañar».

Aprender a vivir con la ausencia

Según esta psicóloga hay que ser realista. «La muerte de un hijo no se supera nunca, sino que se integra en la vida de los padres. Es un trauma y hay que aprender a vivir con ello. Y se puede hacer y, aunque al principio parezca imposible, también se puede llegar a ser feliz con el paso del tiempo».

Apunta que la ausencia de un hijo se asimila. «Hay que dejar pasar tiempopara que los sentimientos de tristeza y dolor pasen a ser de nostalgia».

Esta especialista explica que los padres no pueden encerrarse. Poco a poco deben recuperar su rutina de vida y volver al trabajo, a centrarse en los otros hijos, a llevarles al colegio y a sus actividades extraescolares, incluso volver al gimnasio o salir con amigos. «El paso del tiempo es un gran aliado».

También es importante tener en cuenta que durante el duelo, la relación de pareja puede verse afectada porque se ha dañado la ilusión y el proyecto vital familiar. Esta situación puede producir desajustes entre los padres. Según la psicóloga clínica Susana de Cruylles «es necesario hablar y expresar las emociones, pedir lo que uno necesita y atenderse mutuamente. Asegura que igual que los padres se ponen de acuerdo en la formacion de la familia y en la educacion de los hijos, «deben intentar hacer este proceso juntos, llegando a acuerdos y respetándo los ritmos de cada uno. Los rituales de despedida y muerte propios de cada sociedad, como misas o funerales, suelen ayudar en este proceso».

«La culpa y el reproche —prosigue esta psicóloga que atendió a familiares de las víctimas del 11-M y del accidente aéreo de Spanair en Barajas— es un sentimiento que aparece con frecuencia cuando un ser querido muere, y aún es más habitual en la muerte de hijos por la responsabilidad de un padre hacia un hijo. Lo ideal es hablarlo y expresarlo, pero si no se puede compartir en pareja porque hay mucho dolor, se debe pedir ayuda profesional».

FUENTE: Diario ABC

Los castigos más habituales en España y cuándo son delito. Colaboración con Reporte24.net

AMAYA LARRAÑETA

  • La bofetada sigue siendo el castigo físico más habitual. Los expertos dicen que los padres ahora confunden “buena educación con el abuso de castigos”.
  • En España sacar a un niño del coche como castigo y dejarlo abandonado sería delito y podría acarrear hasta cuatro años de prisión.
  • Los correctivos, además de no estar permitidos, son contraproducentes para los niños, según los psicólogos infantiles.
  • Las últimas cifras oficiales hablan de 3.349 niños víctimas de maltrato familiar al año.

Foto de Yamato Tanooka facilitada por su colegio.

Si Yamato Tanooka, el niño japonés abandonado en un bosque como castigo, viviera en España, sus padres se enfrentarían a un delito de “abandono” y cabría imponerles una “pena de prisión de 2 a 4 años” porque las circunstancias —pasó seis días enteros completamente solo en un bosque célebre por albergar muchos osos— pusieron “en concreto peligro la vida, salud e integridad del menor”, explican a 20minutos fuentes policiales.

La Policía española, que dispone de una unidad especializada en delitos en el seno de la familia, la UFAM, informa además de que, ante un caso como el del niño japonés de siete años, “el juez además de imponer la pena privativa de libertad podría inhabilitar a los padres para el ejercicio de la patria potestad y la Comunidad Autónoma puede decretar la situación de desamparo y proceder a su tutela”.

Ahora que Japón investiga si Yamato Tanooka había sufrido con anterioridad al castigo que le ha hecho mundialmente conocido malos tratos psicológicos de sus padres, en España los policías que más saben sobre abusos infantiles aprovechan para recordar que, dentro de nuestras fronteras, “muchos episodios de maltrato infantil no afloran porque la violencia doméstica queda en el ámbito de lo privado, los niños no conocen los recursos asistenciales y menos aún el de denuncia”.

Por ese motivo, los agentes resaltan la importancia de que los profesionales que trabajan con menores (en la escuela, en la pediatría, como entrenadores…) “adquieran conocimientos y habilidades para detectar situaciones de maltrato y canalicen la información a quienes puedan reprimir este tipo de conductas violentas”.

Catalina Perazzo es analista de derechos de infancia en la ONG Save The Children, una organización que lleva varios años reclamando que España apruebe una Ley contra la violencia infantil. “En lugar de hacer intentos desagregados y parciales para acabar con las situaciones de violencia, creemos que hay que prohibir con una ley de manera absoluta e incondicional toda violencia contra la infancia”, expone Perazzo.

Al menos 3.349 niños fueron víctimas de malos tratos en el ámbito familiar en 2014 (último año con datos oficiales disponibles). Fueron 287 más que en 2013, según las cifras que maneja la ONG. Pero estos no son más que la punta del iceberg, se temen las autoridades.

El correctivo ya no es legal

Save The Children editó en el año 2004 un estudio comparativo de las formas de castigo universales más comunes (la bofetada, el azote, la sacudida, la patada, el golpeo con el cinturón, tirón de pelos y orejas, insultos , gritos, humillaciones públicas, culpabilización, motes, rechazo o silencio) e investigó su prevalencia en catorce países, entre ellos España. Su informe concluía que ser golpeado por los padres se consideraba algo normal. En España, en concreto, el 46% de los niños veían “innecesario” pegar para educar, pero el 47% de los menores opinaba que sus padres tenían derecho a pegarles.

Y así era, porque hasta tres años después, en 2007, no se eliminó del Código Civil la frase: “los padres podrán corregir razonada y moderadamente a sus hijos”. Fuentes policiales aseguran que todavía hay progenitores que esgrimen como excusa “el derecho de corrección” cuando se les imputan castigos físicos contra sus hijos. Esas mismas fuentes recuerdan que ese derecho “ya no existe” en el ordenamiento jurídico español.

Parezzo, de Save The Children, explica que a día de hoy, a falta de una ley integral que persiga la violencia contra la infancia, el Código Penal prevé que se puede perseguir el castigo físico y psicológico como “maltrato en el ámbito familiar”. Normalmente las penas que acarrea son “trabajos en beneficio de la comunidad y órdenes de alejamiento, aunque en casos graves también puede haber condena una condena a prisión”.

Para la ONG es muy importante que la nueva regulación sobre violencia infantil tenga en cuenta “la frecuencia, la intención y la gravedad” de los castigos y agresiones para la proporcionalidad de las medidas. “Hay quienes argumentan que puede ser poco beneficioso para una niña que le alejen dos semanas de sus progenitores por una bofetada. Es preciso valorar el interés superior del menor”, explican. La nueva ley podría aprobarse en la próxima legislatura, al menos el proyecto está en todos los programas electorales.

La psicóloga infantil Silvia Álava —autora del libro ‘Queremos hijos Felices’— considera que en España “los padres siguen confundiendo una buena educación con abusar del castigo”. Álava clama contra el castigo físico y psicológico y aboga por sustituirlos por “el refuerzo de las conductas en positivo”. También Save the Children defiende la llamada “parentalidad positiva” que, centrada en los derechos d elos niños, en el afecto y en el establecimiento de normas y límites, busca educar en el buen trato y sin recurrir a castigos ni a humillaciones”.

Consecuencias sí, castigos no

“Eso no quita para que los niños tengan consecuencias por las cosas que están haciendo mal“, puntualiza la psicóloga infantil Silvia Álava. “Pero démosle la vuelta”, pide, “y en lugar de decir al niño que cómo has hecho algo mal voy y te quito algo que te gusta, por ejemplo, la tablet o el ver la tele un rato, deberíamos hacerlo al revés: cuando te lo ganas porque actúas bien, entonces puedes jugar al ordenador o con la tablet o ver la tele”.

La psicología infantil propugana que, ante un conflicto o un mal comportamiento de un niño, lo primero es pararse a observar la situación y detectar si se está buscando atención extra y lo segundo evitar que el adulto pierda el control de la situación. Álava recuerda que los niños “copian a sus adultos de referencia” y en los comportamientos de los progenitores debe primar el cuidado.

Esta experta es defensora de la ‘teoría de la extinción’, que consiste en que los progenitores no hagan nada, más bien le retiren la atención, cuando un niño se porta mal. “Siempre y cuando no haya un ambiente peligroso”, puntualiza Álava, “si el niño está teniendo un mal comportamiento en una carretera y está en peligro, primero le saco de esa situación y después le retiro la atención, en dosis ajustadas a su edad”. Esto es lo que ella hubiera recomendado a los padres del menor nipón abandonado en el bosque.

El estudio de Save The Children sobre el castigo identificaba entre los más habituales en los hogares en España la bofetada, golpes en la cabeza, humillar públicamente, encerrar a oscuras, poner cara a la pared, ridiculizar, mostrar indiferencia, sacudir, insultar, golpes con cinturón, pellizcar, amenazar o hacer comparaciones entre hermanos. Álava describe los principales efectos perniciosos que tienen esta prácticas en la infancia.

La bofetada: “Es uno de los castigos más comunes, pero no es lícito bajo ningún concepto. Demuestra que hemos perdido, como progenitores y adultos, el control de la situación. Sin olvidar que los niños copian a sus adultos de referencia y si le pegamos luego no puede extrañarnos que el niño también agreda. Lo más efectivo es procurar intentar no hacer caso al menor, retirarse antes de caer en el castigo físico”. La especialista recomienda idéntico consejo para los golpes en la cabeza o los pellizcos, en definitiva para cualquier agresión física.

Humillar o ridiculizar públicamente: “Las consecuencias de humillar y ridiculizar son nefastas. Es tremendo. Puede entrar en conflicto con la autoestima y seguridad del menor. Es posible que como padre tengas que corregir una conducta del niño, pero si es en público, será mucho mejor que te acerques al oído y se lo digas solamente a él. Suele funcionar mejor. Aunque lo recomendable es que si por ejemplo si vamos a salir a un encuentro social, conviene dar a los niños las pautas antes de salir de casa y en positivo: “Así es como espero que te comportes. Sé que te vas a portar bien”, se les dice. Si no lo hiciera después, no conviene humillar. La primera vez es mejor acercarse y decirle al oído cómo debe comportarse”.

Encerrar a oscuras: Silvia Álava considera que este castigo fomenta un determinado tipo de miedos. La psicóloga infantil apuesta por retirar al menor a un lado para que pueda calmarse, eso sí, pero nunca a oscuras, porque el niño puede generar una fobia y “las relaciones hijos y padres no pueden estar basadas en el miedo y la inseguridad”.

Cara a la pared: “Es un castigo muy del siglo pasado. En determinados momentos en los que están muy, muy alterados, y sabemos que si seguimos interactuando vamos a terminar en un gran enfado, se puede llevar al niño a otro lugar, pero no tiene porqué ser mirando hacia la pared. Como tampoco veo bien que se castigue “a pensar” a una esquina. Pensar no tiene por qué ser un castigo. El niño va a asociarlo con algo malísimo y le vamos a condicionar. Es mejor decirle: “cuando te portas así no te vamos a hacer caso”, pero no decirles que están castigados a pensar”.

Sacudir: “Cuando un adulto sacude a un niño es el adulto el que ha perdido el controlde sus emociones. Impropio en todo caso”.

Hacer comparaciones con sus hermanos: “Hay que insistir en que comparar esnefasto. Cada niño es un mundo y hay que pedirle exactamente lo que realmente puede hacer. Las normas tienen que estar muy claras, pero no se debe entrar en comparaciones nunca”.

Golpear con el cinturón: “Es todavía más agresivo que el coscorrón, la sacudida o el azote. Todavía peor”.

Indiferencia: “Tenemos que tener cuidado con cómo la aplicamos. El niño tiene que ver que consigue más atención cuando su comportamiento es positivo, que si es negativo. Si te portas correctamente estoy presente, interactuamos. Y justo cuando no lo haces es cuando te dejo de hacer caso. Es la mejor de las opciones planteadas. Calculamos un minuto por edad, evitamos que la situación se descontrole y que el padre termine gritando porque tampoco se ha conseguido regular.

Por su experiencia en el gabinete de psicología infantil, Álava considera que “los padres ahora suelen ser poco constantes y permiten mucho, mucho y si consideran que el niño se ha pasado le castigan con todo”. Sin embargo no promovemos que tengan alicientes. las cosas se las tienen que ir ganando cada día. Los errores deben tener consecuencias, pero no absolutas”. También advierte del error de aplicar castigos muy largos que hacen que el niño se desespere o no sean factibles.

 

FUENTE: Reporte24.net

Campamento de verano para nuestros hijos: ¿sí o no? colaboración con EuropaPress

Respondemos tus dudas en esta colaboración para Europapress: ¿Es bueno llamarles? ¿Hay que obligarles a ir?

campamentos«Muchos padres tienen miedo porque sus hijos son un poco tímidos o inseguros y creen que lo pueden pasar mal en un campamento», asegura la psicóloga infantil Silvia Álava en sus libros Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia (de 6 a 12 años) y Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron (de 0 a 6 años).

Los padres no deben tener miedo de llevar a sus hijos a un campamento. Las experiencias que los niños viven durante esos días tienen beneficios muy positivos. «El hecho de relacionarse con más niños les ayudará a integrarse, por lo que, aunque les pueda costar un poco más entablar amistad, les será muy beneficioso y facilitará su socialización», añade Silvia Álava.

¿A PARTIR DE QUÉ EDAD PUEDEN IR DE CAMPAMENTO?

Los campamentos urbanos son ideales para los niños, pues pueden ir desde muy pequeños, a partir de los 3 años, ya que tienen una dinámica muy parecida a la del colegio. En cambio, si se trata de un campamento que obliga al niño a dormir fuera de casa, habrá que fijarse detenidamente en las características de cada niño. Su madurez y autonomía ayudarán a los padres a decidir cuándo es el momento adecuado.

Si se busca un campamento fuera de nuestro país, con el objetivo de reforzar un idioma, lo aconsejable es esperar hasta que el niño sea más mayor e independiente, hasta los 12 años aproximadamente.

¿QUÉ TIPO DE CAMPAMENTO ELEGIMOS?

Multiaventura y deportes, cultura y aprendizaje… Existen diversas opciones, pero hay que tener siempre en cuenta cuáles son los gustos del niño. Si se trata de una persona muy tímida, deberemos buscar uno en el que se sienta cómodo y nada cohibido. En cambio, si se trata de un niño muy activo e hiperactivo, la adrenalina y la diversión de un deporte pueden ser grandes claves. Si al pequeño no le llama la atención ningún deporte, pero sí se muestra partidario de la naturaleza, será me …

¿VAMOS A VERLES? ¿LES LLAMAMOS POR TELÉFONO?

En los campamentos, los niños deberán acatar las normas que establezcan sus monitores. Una de las reglas más comunes es la restricción del uso del móvil, que ayuda a no interrumpir el funcionamiento previsto para las actividades del día a día.

Si queremos sorprender a nuestro hijo y visitarle, los mejor es ir el día que el campamento lo tenga establecido. También se podrá pactar con el niño lo que él prefiere. El día de la visita, si ve que van los padres de todos sus amigos menos los suyos, lo único que se conseguirá es que se sienta mal.

¿Y SI NO QUIERE IR DE CAMPAMENTO?

Es comprensible que una sensación de miedo e incertidumbre se apodere de ellos al ser una experiencia nueva y diferente. En ocasiones, les provoca cierto reparo no saber cómo actuar en las diferentes situaciones que se les pueden llegar a plantear. No es conveniente que el pequeño vea el campamento como una obligación o castigo. Para poder tranquilizarles, es muy positivo que, durante el año, hayan participado en alguna actividad parecida, como granjas escuela o convivencias.
Si nuestros hijos van a un campamento aprenderán a:

  1. Relacionarse tanto con niños de su misma edad como con otros un poco mayores o más pequeños.
  2. Jugar a través de la diversión y felicidad.
  3. Convivir, en un marco lleno de respeto.
  4. Entender que las normas no existen únicamente en casa con sus padres, también en toda la sociedad. El campamento tiene sus propias normas y horarios.

    Leer mas: http://www.europapress.es/chance/tendencias/noticia-campamento-verano-hijos-si-no-20160702050007.html

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Hoy en Las Claves Día de TeleMadrid hablamos de las consecuencias psicológicas de actos como los sucedidos ayer en #Niza

Silvia Álava - TeleMadrid - La Clave del Dïa

Bofetada, cara a la pared, pellizco: castigos más habituales en España y cuándo son delito. Colaboración con el diario 20 Minutos

  • La bofetada sigue siendo el castigo físico más habitual. Los expertos dicen que los padres ahora confunden «buena educación con el abuso de castigos».

  • En España sacar a un niño del coche como castigo y dejarlo abandonado sería delito y podría acarrear hasta cuatro años de prisión.

  • Los correctivos, además de no estar permitidos, son contraproducentes para los niños, según los psicólogos infantiles.

AMAYA LARRAÑETA @alarraneta

Castigos para niñosSi Yamato Tanooka, el niño japonés abandonado en un bosque como castigo, viviera en España, sus padres se enfrentarían a un delito de «abandono» y cabría imponerles una «pena de prisión de 2 a 4 años» porque las circunstancias —pasó seis días enteros completamente solo en un bosque— pusieron «en concreto peligro la vida, salud e integridad del menor», explican fuentes policiales.

La Policía española especializada en delitos en el seno de la familia, la UFAM, informa también de que, ante un caso como el del niño japonés de siete años, «el juez además podría inhabilitar a los padres para el ejercicio de la patria potestad y la Comunidad Autónoma puede decretar la situación de desamparo y proceder a su tutela».

En España los policías que más saben sobre abusos infantiles aprovechan para recordar que, dentro de nuestras fronteras, «muchos episodios de maltrato infantil no afloran porque la violencia doméstica queda en el ámbito de lo privado, los niños no conocen los recursos asistenciales y menos aún el de denuncia».

Aun así, al menos 3.349 niños fueron víctimas de malos tratos en el ámbito familiar en 2014 (último año con datos oficiales disponibles). Esto es 287 más que en 2013. Pero pueden no ser más que la punta del iceberg. Por ese motivo, los agentes resaltan la importancia de que los profesionales que trabajan con menores (en la escuela, en la pediatría, como entrenadores…) «adquieran conocimientos y habilidades para detectar situaciones de maltrato y canalicen la información a quienes puedan reprimir este tipo de conductas violentas».

Save The Children editó en el año 2004 un estudio comparativo de las formas de castigo universales más comunes (la bofetada, el azote, la sacudida, la patada, el golpeo con el cinturón, tirón de pelos y orejas, insultos , gritos, humillaciones públicas, culpabilización, motes, rechazo o silencio) e investigó su prevalencia en catorce países, entre ellos España. Su informe concluía que ser golpeado por los padres se consideraba algo normal. En España, en concreto, el 46% de los niños veían «innecesario» pegar para educar, pero el 47% de los menores opinaba que sus padres tenían derecho a pegarles.

Y así era, porque hasta 2007 no se eliminó del Código Civil la frase: «Los padres podrán corregir razonada y moderadamente a sus hijos«. Fuentes policiales aseguran que todavía hay progenitores que esgrimen como excusa «el derecho de corrección» cuando se les imputan castigos físicos contra sus hijos. Esas mismas fuentes recuerdan que ese derecho «ya no existe» en el ordenamiento jurídico español.

El correctivo ya no es legal

Catalina Perazzo es analista de derechos de infancia en la ONG Save The Children, organización que lleva varios años reclamando que España apruebe una Ley contra la violencia infantil. «En lugar de hacer intentos desagregados y parciales para acabar con las situaciones de violencia, creemos que hay que prohibir con una ley de manera absoluta e incondicional toda violencia contra la infancia», expone.

A falta de una ley integral que persiga la violencia contra la infancia, el Código Penal prevé que se pueda perseguir el castigo físico y psicológico como «maltrato en el ámbito familiar». Normalmente las penas que acarrea son trabajos en beneficio de la comunidad y órdenes de alejamiento, aunque en casos graves también puede haber condena una condena a prisión.

Para Save The Children es muy importante que la nueva regulación sobre violencia infantil tenga en cuenta «la frecuencia, la intención y la gravedad» de los castigos y agresiones para la proporcionalidad de las medidas. «Hay quienes argumentan que puede ser poco beneficioso para una niña que le alejen dos semanas de sus progenitores por una bofetada. Es preciso valorar el interés superior del menor», explican. La nueva ley podría aprobarse en la próxima legislatura, al menos el proyecto está en todos los programas electorales.

Silvia Álava: Consecuencias sí, castigos no

La psicóloga infantil Silvia Álava —autora del libro ‘Queremos hijos Felices’— considera que en España «los padres siguen confundiendo una buena educación con abusar del castigo«. Álava clama contra el castigo físico y psicológico y aboga por sustituirlos por «el refuerzo de las conductas en positivo». También Save the Children defiende la llamada «parentalidad positiva» que, centrada en los derechos d elos niños, en el afecto y en el establecimiento de normas y límites, busca educar en el buen trato y sin recurrir a castigos ni a humillaciones».

«Eso no quita para que los niños tengan consecuencias por las cosas que están haciendo mal«, puntualiza la psicóloga infantil Silvia Álava. «Pero démosle la vuelta», pide, «y en lugar de decir al niño que cómo has hecho algo mal voy y te quito algo que te gusta, por ejemplo, la tablet o el ver la tele un rato, deberíamos hacerlo al revés: cuando te lo ganas porque actúas bien, entonces puedes jugar al ordenador o con la tablet o ver la tele».

La psicología infantil propugana que, ante un conflicto o un mal comportamiento de un niño, lo primero es pararse a observar la situación y detectar si se está buscando atención extra y lo segundo evitar que el adulto pierda el control de la situación. Álava recuerda que los niños «copian a sus adultos de referencia» y en los comportamientos de los progenitores debe primar el cuidado.

Esta experta es defensora de la ‘teoría de la extinción‘, que consiste en que los progenitores no hagan nada, más bien le retiren la atención, cuando un niño se porta mal. «Siempre y cuando no haya un ambiente peligroso», puntualiza Álava, «si el niño está teniendo un mal comportamiento en una carretera y está en peligro, primero le saco de esa situación y después le retiro la atención, en dosis ajustadas a su edad». Esto es lo que ella hubiera recomendado a los padres del menor nipón abandonado en el bosque.

«Los padres ahora suelen ser poco constantes,  permiten mucho y si consideran que el niño se ha pasado le castigan con todo»

El estudio de Save The Children sobre el castigo identificaba entre los más habituales en los hogares en España la bofetada, golpes en la cabeza, humillar públicamente, encerrar a oscuras, poner cara a la pared, ridiculizar, mostrar indiferencia, sacudir, insultar, golpes con cinturón, pellizcar, amenazar o hacer comparaciones entre hermanos. Álava describe los principales efectos perniciosos que tienen esta prácticas en la infancia.

  • La bofetada: «Es uno de los castigos más comunes, pero no es lícito bajo ningún concepto. Demuestra que hemos perdido, como progenitores y adultos, el control de la situación. Sin olvidar que los niños copian a sus adultos de referencia y si le pegamos luego no puede extrañarnos que el niño también agreda. Lo más efectivo es procurar intentar no hacer caso al menor, retirarse antes de caer en el castigo físico». La especialista recomienda idéntico consejo para los golpes en la cabeza o los pellizcos, en definitiva para cualquier agresión física.
  • Humillar o ridiculizar públicamente: «Las consecuencias de humillar y ridiculizar son nefastas. Es tremendo. Puede entrar en conflicto con la autoestima y seguridad del menor. Es posible que como padre tengas que corregir una conducta del niño, pero si es en público, será mucho mejor que te acerques al oído y se lo digas solamente a él. Suele funcionar mejor. Aunque lo recomendable es que si por ejemplo si vamos a salir a un encuentro social, conviene dar a los niños las pautas antes de salir de casa y en positivo: «Así es como espero que te comportes. Sé que te vas a portar bien», se les dice. Si no lo hiciera después, no conviene humillar. La primera vez es mejor acercarse y decirle al oído cómo debe comportarse». Encerrar a oscuras: Silvia Álava considera que este castigo fomenta un determinado tipo de miedos. La psicóloga infantil apuesta por retirar al menor a un lado para que pueda calmarse, eso sí, pero nunca a oscuras, porque el niño puede generar una fobia y «las relaciones hijos y padres no pueden estar basadas en el miedo y la inseguridad».
  • Cara a la pared: «Es un castigo muy del siglo pasado. En determinados momentos en los que están muy, muy alterados, y sabemos que si seguimos interactuando vamos a terminar en un gran enfado, se puede llevar al niño a otro lugar, pero no tiene porqué ser mirando hacia la pared. Como tampoco veo bien que se castigue «a pensar» a una esquina. Pensar no tiene por qué ser un castigo. El niño va a asociarlo con algo malísimo y le vamos a condicionar. Es mejor decirle: «cuando te portas así no te vamos a hacer caso», pero no decirles que están castigados a pensar».
  • Sacudir: «Cuando un adulto sacude a un niño es el adulto el que ha perdido el control de sus emociones. Impropio en todo caso».
  • Hacer comparaciones con sus hermanos: «Hay que insistir en que comparar es nefasto. Cada niño es un mundo y hay que pedirle exactamente lo que realmente puede hacer. Las normas tienen que estar muy claras, pero no se debe entrar en comparaciones nunca».
  • Golpear con el cinturón: «Es todavía más agresivo que el coscorrón, la sacudida o el azote. Todavía peor».
  • Indiferencia: «Tenemos que tener cuidado con cómo la aplicamos. El niño tiene que ver que consigue más atención cuando su comportamiento es positivo, que si es negativo. Si te portas correctamente estoy presente, interactuamos. Y justo cuando no lo haces es cuando te dejo de hacer caso. Es la mejor de las opciones planteadas. Calculamos un minuto por edad, evitamos que la situación se descontrole y que el padre termine gritando porque tampoco se ha conseguido regular.

Por su experiencia en el gabinete de psicología infantil, Álava considera que «los padres ahora suelen ser poco constantes y permiten mucho, mucho y si consideran que el niño se ha pasado le castigan con todo». Sin embargo no promovemos que tengan alicientes. las cosas se las tienen que ir ganando cada día. Los errores deben tener consecuencias, pero no absolutas«. También advierte del error de aplicar castigos muy largos que hacen que el niño se desespere o no sean factibles.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2764982/0/castigos-hijos-espana-delito/#xtor=AD-15&xts=467263

¿Qué lleva a una madre a matar a su propia hija? Colaboración con el diario El País

Hace unos días, una mujer asfixió a su pequeña. Una noticia imposible de digerir y que esconde un problema más profundo

Hay días en los que es mejor no leer la prensa. Días en los que te gustaría pensar que lo que estás leyendo es una novela de terror. Pero no es así.

El pasado 17 de abril nos enteramos de la terrible noticia de que una madre había matado a su pequeña. Sucedió en la localidad de Sant Boi de Llobregat. La mujer, de origen paquistaní, presuntamente habría asfixiado, según la investigación, a su hija de cuatro años en su vivienda en la que también se encontraban sus otros tres hijos. Fue uno de ellos el que avisó a las autoridades en el número de emergencias 112. La madre fue detenida por un delito de homicidio. Tras su arresto, fue trasladada a un hospital de la localidad para evaluar su estado psiquiátrico. En declaraciones recogidas por la agencia Efe, varias vecinas de la supuesta homicida aseguraron que llevaba varios años viviendo en Sant Boi, que “sufría depresión” y que, aparentemente, cuidaba mucho de su hija.

Sant Boi

Por desgracia no ha sido la única vez que ocurre algo tan horrible. Se entiende por violencia doméstica todo acto de agresión física o psicológica, practicada por un hombre o una mujer, sobre cualquier descendiente, ascendiente, cónyuge o hermano, es decir, ejercida en el entorno familiar, a excepción de los casos considerados de violencia de género. En 2014, se registraron 7.084 víctimas con orden de protección o medidas cautelares en España. De ellas, 1.372 eran menores de 18 años, casi una de cada cinco, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Muchas veces, cuando sucede un filicidio, es decir, atentar contra la vida de un hijo, el horror nos lleva a intentar justificarlo.

¿Qué le pudo llevar a cometer este crimen?

“El comentario de los vecinos de que `tenía depresión´, deberíamos tratarlo con mucha precaución. Este es un trastorno muy común, con una alta incidencia en nuestra sociedad y no se debe estigmatizar”, explica la psicóloga Silvia Álava. “Cuando una persona está deprimida no tiene fuerzas para ejecutar nada, de hacer nada. Es casi imposible que haya una relación entre la depresión que sufre y el horrible acto que ha cometido”, continúa.

Efectivamente, según la Organización Mundial de la Salud, la depresión es un trastorno mental muy frecuente que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa y falta de concentración, entre otros. Puede llegar a ser crónica o recurrente y dificulta sensiblemente la capacidad para afrontar la vida diaria. En su forma más grave, puede conducir al suicidio. “Y son muy pocos los que llegan a este punto por esa apatía que les caracteriza”, puntualiza la experta.

“Ni siquiera en una situación de desesperación límite, en la que nos encontramos perdidos y al borde del precipicio, llegaríamos a ejecutar algo así. Tal vez sí a pensarlo, pero a llevarlo a cabo, no”. La psicóloga, que reconoce que existe una falta de datos en este caso, explica que para llevar a cabo un homicidio tiene que haber un problema de salud mental “más profundo”, “como, por ejemplo, rasgos de psicopatía o esquizofrenia. O que la persona tenga un perfil de maltratador, algo que consiga apretar el botón y que le lleve hacerlo, a matar a alguien, a segar la vida de su hijo”.

La locura de una madre

Por su parte, Pilar Tejedor Tejedor, psicoanalista con especialidad sanitaria con familias en conflicto, explica que cuando sucede una noticia de este tipo “nos preguntamos con estupor sobre qué mecanismos desatan un delirio que lleva a una madre a asfixiar a su hijo, algo inexplicable desde la lógica de lo racional».

Tejedor afirma que un acto así “revela un psiquismo materno estrangulado/colapsado, que no encuentra salida, por afectos de alto contenido emocional, exacerbados y desligados». O lo que es lo mismo, los sentimientos le superan, conduciéndola a la acción de acabar con el sufrimiento que le provocan.

Para la experta, la noticia nos induce a pensar que es un acto propio de una `alienación psicótica´, en la que la confusión entre realidad y fantasía le provoca el acto crudo de un delirio: el ahogamiento de un hijo”, añade. «Hablamos de alienación psicótica», contextualiza Tejedor, «en el sentido de que la madre se siente sometida a una realidad psíquica de la que no puede escapar, y ahoga o asfixia lo que representa para ella ese hijo». «Esto es lo que no sabemos, podemos elucubrar pero no confirmar qué aspectos de ella puestos en ese hijo ha tratado de borrar«, añade.

Para Tejedor, “la tragedia del infanticidio nos confronta con las miserias y horrores de la enfermedad mental, en este caso de una enfermedad no resuelta”.

Sin un perfil fijo

La psicóloga Martha Alonso Henar,  especialista en apego y disociación y miembro de la Asociación Mentes Abiertas, nos añade que «a priori, las conductas de infanticidio no se asocian a un perfil o trastorno psicológico concreto. Es complicado saber que le pasa a una persona por la cabeza para llegar a hacer algo así; no obstante, si no es algo premeditado que, como hemos leído anteriormente se relacionaría más con rasgos psicopáticos, si me atrevería decir que en los momentos en los que se lleva a cabo hay de algún modo locura«. Según agrega, desde un punto de vista global, si se puede decir que lo que subyace a este tipo de desórdenes de la conducta es la propia historia vital de la persona que comete la agresión.

El apego y los vínculos afectivos que construimos con nuestras figuras de apego como padres o cuidadores determina la base donde se irá fundamentando la personalidad. «De ahí, si en mi infancia he sufrido alguna forma de negligencia (no necesariamente maltrato físico, psicológico o sexual, sino algo más sutil pero igual de dañino, como por ejemplo la privación de mis derechos y necesidades psicológicas básicas) construiré indudablemente una personalidad vulnerable a la inestabilidad emocional y vulnerable a entrar en estados de disociación graves, donde literalmente otro YO actúa sin la mediación de la parte de mi personalidad más sana». «Para que nos hagamos una idea: una personalidad doble, o múltiple», subraya.

Estamos hablando de trastornos derivados de los vínculos afectivos, donde el trauma por acumulación de relaciones afectivas poco seguras se revive en momentos puntuales. «Se activa una parte de mi (un yo, que sigue dañado por situaciones traumáticas del pasado) y en esos momentos estamos alejados de la realidad, no hay presencia mental”, nos explica la doctora Alonso Henar.

«Por otro lado», prosigue, «hay que tener en cuenta la empatía, la capacidad que se nos enseña la adquirimos inconscientemente a través de las relaciones de seguridad tempranas. Éstas generan el caldo de cultivo para sentirnos sentidos y apreciados, y poder así formar nuestro autoconcepto, y diferenciación con la figura que nos cuida, es decir, percibirles como los otros», expone la experta. Parece que en situaciones en las que no se da esta seguridad emocional, existe una menor capacidad en el adulto para ponerse en el lugar del otro, ya que nunca se pusieron en suyo.

«Se ha comprobado en diversos estudios la función de las neuronas espejo en la habilidad empática. En este sentido considero que en el momento en el que se realiza una conducta de este tipo, el/la agresor/a carece, al menos, momentáneamente, de esta habilidad empática», termina.

Entonces, ¿se pueden prevenir estos crímenes?

Un estudio elaborado en Canadá en 2015 por la profesora de psicología Myrna Dawson, concluyó que necesitamos una mejor intervención social y comprensión psicológica de este tipo de casos. En una de las más extensas investigaciones realizadas jamás en ningún país sobre este fenómeno, esta profesora examinó los datos estadísticos de filicidios en Canadá entre los años 1961 y 2011. Durante este periodo, 1.612 niños murieron a manos de sus padres. La autora del estudio señaló que existen diferencias entre aquellos crímenes cometidos por hombres y mujeres.

Entre sus conclusiones halló que son más los hombres que las mujeres quienes los cometen; que las madres solían ser menores de 18 años y los padres más viejos; que la mayoría de ellas eran solteras, mientras que ellos eran divorciados o viudos y, por último, que los hombres son más propensos a suicidarse tras matar a un hijo que las mujeres. Además, «en casi todos los casos», agrega Dawson, «hubo una historia previa de maltrato en la familia». “Mejorar la atención cuando se da el problema, si existe, es fundamental para prevenir estos horribles casos”, concluyó la experta.

 

FUENTE: Diario El País

Mamá, papá, ¿qué son los refugiados? y How To Talk To Children And Teenagers About The Refugee Crisis en El Huffington Post España y USA!

Cuando llega hay que saber qué decir. Toda pregunta tiene una o varias respuestas posibles. Y acertar no es fácil. «Las mamás lo saben todo», me dice Clara desde sus cinco años cuando le confieso que no tengo ni idea sobre lo que me acaba de preguntar. «¿Qué es un gas?», me soltó mientras sacaba de la nevera agua con «un estado de agregación de la materia en el cuál las moléculas interaccionan débilmente», según Wikipedia. Ver la animación de las bolitas rojas y azules lo complicó todo aún más. Clara sigue sin saber qué es un gas y yo sigo sin saber cómo explicárselo. Google para nosotras no es suficiente.

RefugiadosEl mundo, ya sea en estado líquido, sólido o gaseoso, es complejo. Si todas las imágenes de las pésimas condiciones en las que aguardan los refugiados en los campos provocan indignación, aquellas de un padre rapando a su hijo en el campo de Idomeni para acabar con los piojos arañaban directamente el corazón, la conciencia y el alma.

Guillermo Fouce, doctor en Psicología y presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras cree que «los niños no son ajenos a lo que pasa en su entorno y cuando algo está en boca de todos les llega. Lo que pasa es que procesan la información en función de su edad». El mundo no es justo y poco a poco se irán dando cuenta, pero «para no generar indefensión debemos presentar alternativas y si no están de acuerdo podemos explicarles que tienen derecho a protestar». Luego está la otra cara de la moneda. La Fundación Psicología sin Fronteras atiende a refugiados que llegan a Madrid. Son personas que sufren por distintos duelos. Guillermo identifica hasta siete en este artículo.

A la hora de explicar o no a nuestro hijos la crisis de los refugiados, «todo dependerá de la edad», sostiene Silvia Álava, psicóloga y directora del área infantil del centro de Psicología Álava Reyes. http://alavareyes.com/ «Lo ideal sería que el niño nos pregunte, pero si no es así, salvo que sea muy pequeño, conviene que el adulto le saque el tema, dado que lo más probable es que algo sepan y que hayan visto y oído noticias relacionadas que tal vez no lleguen a comprender. Además puede ser un buen momento para trabajar la empatía». Podemos recurrir a ejemplos, si son pequeños: «antes de los once años el pensamiento es concreto y les cuesta hacer abstracciones». Silvia ha elaborado para nosotros esta impagable guía práctica, que más de un padre o madre en apuros agradecerá.

Decálogo para explicar la crisis de los refugiados a niños

  • Dejar espacio para que los niños pregunten. Si no lo hacen, salvo que el niño sea muy pequeño, el adulto puede sacar el tema, dado que lo más probable es que el niño haya escuchado o visto algo.
  • Hay que explicar el suceso adaptándonos siempre a su edad.
  • No mentirles. Deben conocer que hay países en guerra y que por eso la gente no puede vivir allí y tienen que dejar sus casas.
  • No es preciso entrar en detalles ni darles más información de la que necesitan.
  • Dejar siempre abierto el diálogo. No basta con contárselo, hay que dejar que se exprese.
  • Contestar a sus preguntas. Si nos ven dudar o que no les respondemos, buscarán la información en otra fuente y es mejor que sean sus padres quienes se lo cuenten.
  • Ayudarles a identificar las emociones. Se les puede decir que estamos tristes, y que nos duele que no puedan vivir en sus casas.
  • Explicarles que hay gente mala y vincularlo al hecho concreto de la guerra.
  • Es probable que surjan miedos e inseguridades sobre si a nosotros nos puede pasar lo mismo o si va a haber una guerra en España. En estos casos hay que tranquilizarles y explicarles que no es nada probable y que sepan que pueden estar tranquilos.
  • Es conveniente utilizar la crisis de los refugiados para trabajar la solidaridad colectiva y la empatía, por eso enviamos mantas, comida, donaciones. Incluso preguntarles qué cosas se les ocurren para ayudar.

¿Y los adolescentes? «Es muy probable que el asunto de la crisis de los refugiados les haya tocado la fibra sensible», explica Ángel Peralbo, psicólogo y director del área de adolescentes del Centro de Psicología Álava Reyes. «Generalmente tenemos tendencia a evitar que los hijos se empapen de las miserias humanas, sin darnos cuenta de que conocerlas es la única forma de desarrollarnos como personas completas, reales, maduras». En el caso de los adolescentes, «es especialmente importante que conozcan, en el mayor grado que se pueda, la verdad del drama de los refugiados en toda su dimensión, no únicamente los titulares», explica convencido Ángel, autor de estas claves muy útiles para abordar este asunto con los hijos mayores.

Decálogo para explicar la crisis de los refugiados a adolescentes

  1. Busca el momento adecuado. No tanto por el impacto de la noticia sino por el estado de tu hija o hijo. Si un adolescente no se muestra receptivo indica que no es el momento para abordar según qué cosas. Recuerda que es una etapa de cambios frecuentes.
  2. Un buen momento suele ser el instante en el que sale la noticia. Captar su atención garantizará que estén dispuestos a escuchar y sobre todo, a participar.
  3. Es muy importante que opinen y comenten lo sucedido. Permitirles que se expresen con libertad y en la medida de lo posible que participen aunque no estemos de acuerdo con sus opiniones. El tacto y un poco de mano izquierda ayudarán a conseguir que os escuchen.
  4. Apoyarnos en las imágenes va a ser muy útil, ya que las toleran mejor que grandes cantidades de información en formato verbal o escrito. Nos ayudan a conmover y a facilitar especialmente su expresión emocional. La edad les ha preparado para ver casi de todo, aunque lo preferible es que los adultos podáis aclarar el significado de ciertos impactos visuales. Pero queramos o no, hoy en día pueden acceder a una cantidad de imágenes antes inimaginable.
  5. Ayudarles a diferenciar entre connotaciones políticas del asunto y la realidad de las familias ya que son dos temas paralelos y distintos. Indefectiblemente las noticias mezclan la realidad del drama con los efectos colaterales y con los diferentes puntos de vista de los afectados por lo que la noticia se hace compleja. Muchas veces a pesar de la capacidad que se les presupone, los y las adolescentes simplifican.
  6. No saturarles. La reiteración de las noticias con frecuencia produce cierto proceso de habituación y es posible que sature, generando un insensibilización, cuando no rechazo. Es bueno que no estemos hablando del asunto cada vez que vemos la ocasión.
  7. Buscar su implicación a través de algún tipo de ayuda. Son muy receptivos a las sugerencias que les permitan sentirse útiles, lo que facilita su acercamiento al drama de los refugiados. Es una etapa en la que si valoran que ante algo no se puede hacer nada, se minimiza la conmoción y la sensibilización; en cambio, sentir que se puede aportar una ayuda, del tipo que sea, facilita la implicación emocional.
  8. Interpelarles para que opinen sobre cómo lo abordarían si de ellos dependiera. Mostrar interés y dar valor a sus ideas supone promover que se sientan importantes, útiles y sobre todo, capaces de aportar e implicarse. Esto mejorará su autoestima. Frecuentemente lo confundimos y llegamos a pensar que la mejora viene por experiencias muy positivas, pero en realidad de éstas tienen ya muchas.
  9. Debéis ayudarles en la expresión de las emociones, su entendimiento y buena gestión, ya que es una necesidad en el ser humano. Es una oportunidad para que situaciones tremendas de la vida que provocan emociones como la pena, la tristeza, el miedo, incluso la ira, puedan facilitar buenos pensamientos que las canalicen.
  10. Hay fuentes de información que profundizan más en la noticia y que van más dirigidas a entender que exclusivamente a sensibilizar o impactar. Organizaciones no gubernamentales que viven y cuentan el drama desde una perspectiva mucho más completa que la que consigue el objetivo de una cámara fotográfica. Los adolescentes están ya preparados desde hace tiempo para sumergirse en estas realidades.

No hay decálogo para comprender la miseria del ser humano. Sólo espero que los gobiernos lleguen a ser la mitad de solidarios que sus pueblos. O que esos niños y adolescentes de los que hablamos logren, por fin, un mundo más justo.

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