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«Los padres no están para servir a sus hijos. No son sus súbditos» Colaboración con el diario ABC

Estimulando la Inteligencia Emocional de los Niños. Colaboración con TodoPapás Loves Madrid

Celebramos el Día del Libro con la 4ª edición de Queremos Hijos Felices

Que mejor forma de celebrar el que con la salida de la 4* edición de

4ª edición de Queremos Hijos Felices

Gracias a todos por hacerlo posible!

Literatura infantil: miedo, brujas, ogros y autocensura. Colaboración con el diario El Mundo

Los autores de libros para niños y adolescentes lamentan la sobreprotección de los niños y el celo de los editores, que les impide escribir con libertad

Dubravka Ugreic contaba en alguna de sus novelas que, en el viejo idioma serbocroata, no se usa «este bebé duerme como un angelito»; se usa «este bebé duerme como si lo hubieran degollado». ¿Aún se dice así? La frase, tan brutal, suena graciosa de lo anacrónica que es ahora que el problema, para muchos, es la sobreprotección de los niños.

El principio de este cuento está en una entrevista con el escritor peruano Santiago Roncagliolo, hace un año, en la época en la que publicó La noche de los alfileres. Aquella era una novela sobre adolescentes dirigida a adultos en la que los críos se comportaban con refinadísima crueldad… Y eso, sin ser mala gente.

En aquella entrevista, Roncagliolo dejó caer una frase: «Ahora, cuando escribo libros para niños, ¡no me dejan poner malos!». Ni brujas, ni ogros, ni bestias… La culpa, explicaba, la tenía el afán de la sociedad por crear una burbuja para los hijos a costa de obligar a los escritores a crear literatura ñoña. Y que conste que lo malo de esa literatura ñoña no es la opinión que nos merezca. Lo malo es que crea lectores ñoños, niños sin nervio ni reflejos morales.

¿Es así? Roncagliolo se reafirma en un correo y recuerda que ha escrito algún artículo al respecto. ¿Más opiniones? Ana Juan, la ilustradora que estos días muestra su obra en el Museo ABC de Madrid, se indigna en cuanto le tocan el tema. «Claro que es cierto. Nos dirigimos a un mundo imposible en el que todo es censura y autocensura. No puedes poner brujas igual que tampoco puedes poner la palabra revolución ni dibujar a un negro en la portada. Y todo por los miedos de los editores».

Marinella Terzi, que es autora de libros para niños y que ha sido editora, también está de acuerdo pero con matices. El problema, en su opinión, no son los villanos. «Hoy se escriben muchísimas brujas porque el género fantástico ha crecido mucho». El problema está en las situaciones concretas, las conductas, los giros del argumento… «Los editores están muy pendientes de los libros que se distribuyen en las escuelas; los libros de prescripción, más que los de consumo. En esos casos van con muchísimo tiento por no contrariar a los profesores, que son los que deciden qué libro se va a leer». No hay censura «antes de» pero sí hay muchos «oye, dale una vuelta al capítulo seis porque es muy bestia».

Sus palabras recuerdan a las noticias que llegan de vez en cuando desde Estados Unidos y que informan de la decisión de retirar del currículo escolar tal o cual clásico porque es demasiado violento o porque se considera que ofende a los creyentes, a los negros, a las enfermos… La penúltima vez fue con Matar a un ruiseñor de Harper Lee. Esas cosas que ocurren en EEUU… ¿O también pasan aquí?

«Éste es un tema que me escandaliza», dice el escritor Jordi Sierra i Fabra. Con su experiencia, saltamos de la literatra para niños a la de adolescentes, en la que es el autor de más éxito de España. «El problema está en los AMPAS de los colegios. Los profesores están muertos de miedo porque, si recomiendan un libro en el que salga una de las palabras prohibidas, gay, lesbiana, orgasmo o aborto, saben que habrá alguna familia que les monte un lío espantoso. De modo que se autocensuran. Y detrás de ellos, las editoriales se autocensuran y los escritores se autocensuran. Yo he visto que me devolvían 600 ejemplares de un libro porque salía la palabra orgasmo. Me quedé sin un premio porque en otra novela aparecía la palabra aborto. Lo gracioso es que no había ningún aborto en la trama. A mí me da igual porque escribo 10 libros al año y los editores saben que no cambio ni una coma. Pero el escritor que hace un libro al año, si no corta, no cobra».

Para qué sirve un malo

Ahora, falta por demostrar la segunda parte de la tesis: las lecturas ñoñas crean lectores ñoños.

«El villano, tradicionalmente, era un personaje que servía para diferenciar el bien y el mal. Lo propio de la literatura infantil es que la representación del mal venía sin aristas, los personajes estaban completamente polarizados», explica Silvia Álava, psicóloga infantil. «Eso tenía un sentido: conseguir que los niños empezaran a ser críticos».

Álava también cree que, en este momento, «el mayor error es la sobreprotección» y que, sin malos, «los niños no aprenden competencias emocionales y tardan más en alcanzar su autonomía moral». Tardan más en ser autocríticos, en saber cuándo se portan bien o se portan mal.

Pero también hay matices que aclarar. Primero: los malos deben existir, pero también «puede ocurrir que sean tan crueles que traumaticen a los lectores». Cuidado con eso. Y segundo: «Tiene que ganar el bueno. Siempre. El descubrimiento de que en la vida, los malos a veces ganan tiene que venir un poco más adelante».

Ese argumento conduce hasta La bruja debe morir (Destino), un ensayo de Sheldon Cashdan que estudia los significados profundos de los cuentos tradicionales. «Eso de la literatura sin malos… Me parece una mala idea. Todas esas brujas y personajes maléficos existen por una razón sencilla: el mundo está lleno de personajes detestables, desde los matones que acosan a sus compañeros en el colegio hasta los tiranos que gobiernan países. La literatura, la infantil y la de adultos siempre han descrito la lucha entre el bien y el mal, ésa ha sido una de sus funciones». Y hay más motivos: «El editor que inste a sus autores a escribir libros sin villanos, historias purificadas, «se va a encontrar con un catálogo de libros planos que no le interesarán a ningún niño. Piense en Harry Potter sin Lord Voldemort».

Vamos a los ejemplos prácticos: «Estoy convencido de que la literatura tiene una función psicológica. En La bruja debe morir muestro que los cuentos de hadas ayuda a que los niños resuelvan sus problemas relacionados con la avaricia, la envidia, la vanidad y otros sentimientos indeseables. Los niños leen estos cuentos y se identifican inconscientemente con los personajes, proyectan lo que hay de bueno en ellos sobre los héroes y, después, proyectan sus malos sentimientos sobre los villanos. De modo que hay una lucha en la que la bruja o el ogro deben morir. De esa manera, se simboliza el triunfo de los valores positivos sobre los negativos. El niño, al final, se sentirá bien consigo mismo».

«Por eso, la madrastra de Blancanieves es un ejemplo de vanidad. Se pasa el día ante el espejo: ‘Espejito, espejito, ¿quién es la más bella?’. Después, planea asesinar a su hijastra… Con el ogro de Las habichuelas mágicas ocurre lo mismo en relación a la codicia. Los dos personajes deben morir para que el niño tome conciencia de sus impulsos de vanidad y codicia». Pero, para morir, tienen que vivir antes.

Última pregunta: entre el niño que duerme como un angelito y el que duerme como si lo hubieran degollado, ¿no hay nada en medio? Un punto justo en el que los malos existan y enseñen pero no sean tan pérfidos como para que los niños se despierten por las noches dando gritos…

Cashdan se acuerda de Wicked: memorias de una bruja mala de Gregory Maguire, un best seller de los años 90 que se basaba en los personajes y los escenarios de El mago de Oz. «En ese libro, Elphaba, la Malvada Bruja del Oeste, se hacía amiga de Dorothy a pesar de que su aspecto y sus maneras coincidían con la imagen tradicional que tenemos de una bruja mala». Y allí, la transgresión salía extrañamente bien. Pero esos matices no son normales en los cuentos infantiles. Cashdan se acuerda entonces del Dr. Jekyll y Mr. Hyde y de El retrato de Dorian Grey, llenos de zonas equívocas. «Pero, claro, eso es literatura para adultos».

Adultos y niños: hoy es el día mundial de la literatura infantil. Que esta noche lean juntos y que los ogros que salgan no les asusten mucho.

 

FUENTE: DIARIO EL MUNDO

Viernes de Podcast: “Cómo fomentar la lectura en los niños” Colaboración con Capital Emocional de Capital Radio

Y ésto significa que, a partir de este momento, ponemos en valor la educación de los hijos y la calidad del tiempo que los padres emplean en ello: su bienestar es el nuestro y su educación emocional nuestra prioridad inmediata:

 

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En el “Capital Emocional” de hoy abordamos uno de nuestros temas de base: la lectura. Los libros y la lectura son, en esencia, uno de los pilares fundamentales del programa y, por ello, desde nuestra sección “Educa” queremos aprovechar la oportunidad para lograr justamente eso: educar, promover, potenciar e incentivar la necesidad de que los niños lean, desarrollen su imaginación y den rienda suelta a su creatividad.

Cómo hacer, conocer cuál es la edad idónea para cada libro, saber hasta qué punto el entorno familiar influye o qué consejos son los más acertados para lograrlo de manera eficaz, son algunos de los temas que trataremos hoy con, nuestra psicóloga de cabecera, Silvia Álava Sordo, psicóloga, conferenciante y escritora. Directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes. Y autora de los libros: “Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron. De 0 a 6 años” (2014) y “Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia” (2015).

Normas y límites: ¿Qué deben saber los padres? Colaboración con InfoSalus

Los niños necesitan que los adultos y el entorno les vayan guiando y les digan si se están comportando de forma correcta o no, aprender las normas básicas de educación, el respeto a los demás y la importancia del esfuerzo y la constancia. Pero ¿cuál es la mejor forma de hacerlo sin ser demasiado restrictivos o permisivos?

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Según explica a Infosalus Silvia Álava, psicóloga infantil y autora de ‘Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia’ (JdeJ Editores, 2015), muchos padres tienen miedo a poner normas y límites a sus hijos porque tienen la creencia errónea de que poner normas y límites a los niños sería como vivir en una dictadura militar en la que ellos son los autoritarios y dictadores.

“Sin embargo, esto no es así, los niños deben saber qué se puede hacer y qué no. Las normas y límites son como los carriles de la autopista por los que sabes que debes ir para no tener un accidente de tráfico”, apunta la autora, responsable del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes.

Estos límites y normas son del tipo no pegar, no faltar al respeto o no montar una pataleta desproporcionada. Los límites y normas se refieren a cosas muy básicas y deben ser solo unas pocas porque si son muchas los niños las olvidan, así que es mejor instaurar una que aglutine a muchas, como por ejemplo ‘se obedece a la primera’.

“Es bueno explicarles que en casa hay normas y límites y para ello, hacer por ejemplo una reunión familiar en la que los padres se presenten como un bloque”, apunta la psicóloga que señala que ambos progenitores deben consensuar en privado qué comentar a los hijos.

Pero ¿qué pasa si no se ponen estas normas y límites? Las consecuencias para Álava son que si los niños crecen sin estos límites y normas no las interiorizan y son rechazados por sus iguales: si pega, no trabaja, falta al respeto, puede tener problemas de socialización y los niños, sus iguales, pueden no querer relacionarse con él.

PASOS A SEGUIR PARA INSTAURAR NORMAS Y LÍMITES

  1. La psicóloga infantil indica a Infosalus algunos consejos para que implantar normas y límites saludables en el día a día de los más pequeño sea más fácil y eficaz:

    1. Pensar qué tiene que hacer el niño: para ello los padres se tienen que poner de acuerdo y hacerlo a solas porque si hay incongruencias en la forma de actuar, los niños las detectan y el resultado puede no ser el deseado.
    2. Cómo tiene el niño que realizar aquello que se le pide: según su edad le podremos pedir más o menos, así por ejemplo, con dos años, realizaremos con él la tarea, con cuatro le diremos que lo haga él mientras estamos cerca observándole y con seis debería hacerlo él solo.
    3. Establecer consecuencias: siempre enunciarlas en positivo ya que al final las amenazas y las regañinas hacen que estemos más pendientes de ellos y les dediquemos el tiempo que desean, aunque sea en negativo.
    4. Transmitir firmeza: con ello el niño entenderá que estamos seguros de lo que le pedimos y es importante para ello la constancia y no mostrarnos enfadados, emplear gritos ni amenazas. “Si monta una pataleta y cedemos, agravamos el problema y reforzamos su conducta, por lo que la próxima vez será más difícil que realice la tarea”, señala Álava.

    EVITAR COMPARACIONES ENTRE HERMANOS

Hay que observar qué dice y hace el niño y cómo le contestamos y si le prestamos más atención cuando no cumple con las reglas. “Tenemos que tener cuidado porque sin querer podemos prestar más atención al niño que no cumple las normas. Hay que evitar los enfados y castigos”, apunta la psicóloga que acentúa la necesidad de transmitir al niño que si se cumplen las normas se les prestará la atención que desean.

“No se trata de comparar entre hermanos, hay que tener especial cuidado con esto ya que resulta contraproducente”, en vez de ello, Álava señala que es mejor dirigirles mensajes como ‘estoy con el que cumple las normas’ y no dejar al otro hermano seguir con su actividad sin cumplir con la tarea que le corresponde, en ese caso es mejor retirar el juguete, la tele o la tableta, según el caso.

Otro truco que apunta la psicóloga infantil como ayuda para los padres con los niños más reticentes es incluir una actividad reforzante que dure unos minutos después de la tarea a cumplir que más cuesta para incentivar al pequeño en el cumplimiento de las normas.

Por último, entre las reglas principales para conseguir asentar los límites y normas entre los peques está el “reconocer su logro siempre que hayan obedecido y decirles lo orgullosos que nos sentimos cuando se portan bien”, concluye en las páginas del libro dedicadas a este tema la autora.

FUENTE: infosalus.com

Los padres no suelen preocuparse tanto cuando es su hijo quien ejerce el acoso. Colaboración con TodoPapás

La psicóloga Silvia Álava nos habla sobre salud emocional de los padres, sobre el importante papel de las amistades en los niños o sobre qué podemos hacer cuando nuestro hijo es víctima de acoso escolar o cuando lo está ejerciendo.

¿Cómo cambia la forma de educar cuando un niño alcanza la época autónoma en torno a los 8 años? ¿Qué puedo hacer si mi hijo sufre bullying? ¿Y si él/ella es el que lo ejerce? ¿Cómo puedo cuidar mi salud emocional y evitar desgastarme criando a mi hijo? ¿Qué puedo hacer para fomentar amistades en mi hijo?

La psicóloga Silvia Álava, autora de autora de ‘Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron’ y ‘Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia’, que ya nos habló de felicidad sin sobreprotección o de los beneficioso de que los niños se aburran, nos responde.

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Con los 7-8 años de los niños se alcanza una nueva etapa. Aún son niños, pero también su propia autonomía e independencia empiezan a emerger. ¿En qué cambia la manera de ser madre y padre en este periodo? ¿Qué consejos das para poner límites en esta etapa?

A partir de los 7-8 años los niños son mucho más autónomos y cada vez van necesitando menos a sus padres para las cuestiones de autonomía, así, por ejemplo, se duchan solos, se visten solos… pero hay que seguir acompañándoles en el proceso y seguir fomentando que sean responsables, por ejemplo, siendo ellos los que apunten en la agenda los deberes y las tareas a realizar, haciendo los deberes solos…

Cada padre, cada madre, tiene que decidir cuáles son las normas y los límites y ponerse de acuerdo entre ellos. En educación la estrategia “poli bueno, poli malo”, no funciona. A los niños les da mucha más seguridad que sus padres sigan ambos la misma pauta educativa. No obstante, normas como no gritar, no faltar al respeto… es conveniente que sigan presentes a lo largo de toda la convivencia familiar.

Los amigos tienen un importante papel en el desarrollo de los niños. ¿Qué papel podemos tener los padres en este aspecto (potenciando ciertas amistades, intentando evitar otras que creemos negativas…)?

Tener amigos es algo fundamental de la vida, hay una frase que dice que “quien tiene un amigo tiene un tesoro” y es cierto. De hecho, está demostrado que tener relaciones sociales de calidad y buenos amigos es un factor predictor de la felicidad. Por eso conviene fomentar que los niños tengan amigos desde bien pequeños, pero sin forzar las situaciones.

Cuando los niños son muy pequeños juegan junto a otros niños, luego ya empieza a haber un juego compartido. En un primer momento los amigos de los niños son circunstanciales, es decir, sus amigos son los niños que tiene cerca, como pueden ser los niños con lo que va a una actividad, con los que coincide en el parque, los compañeros de clase o los hijos de amigos de sus padres, pero según va creciendo, será el propio niño quien en función de sus intereses elegirá a sus propios amigos.

Los padres pueden hacer muchas cosas para fomentar las amistades en sus hijos, por ejemplo:

  • A través del modelo que todo padre y madre es para su hijo, que los niños vean que sus padres tienen amigos, quedan con ellos, hacen cosas juntos, se ayudan y se respetan.
  • Fomentando que estén con más niños, cuando son pequeños en el parque o apuntándoles a actividades deportivas.
  • Permitiendo que, de vez en cuando, pueda invitar a algún amigo o amiga a jugar a casa.
  • Lo que no suele ser conveniente es forzar la amistad con un determinado niño cuyos padres pueden ser muy amigos nuestros, pero que los niños no congenien, o prohibir ir con determinados niños o niñas.
  • Si no nos gustan los amigos de nuestros hijos, será más beneficioso explicarles las conductas concretas que no nos parecen bien de esos niños, para que el niño o niña lo entienda y se dé cuenta, que prohibirle directamente que sean amigos.

 

En tu libro hablas de algo que a veces se pasa por alto: el desgaste emocional de ser madre o padre. ¿Qué pautas puedes dar para gestionarlo o evitarlo?

Muchos padres nos comentan en la consulta de psicología, que al final consiguen que sus hijos hagan los deberes, se duchen, cenen, salgan de casa a su hora… pero con un gran desgaste emocional. De nuevo, en estos casos les pedimos que observen qué es lo que está pasando, y nos damos cuenta que los niños se han acostumbrado a que estén papá y mamá encima para funcionar. Algunos cambios simples, pero efectivos, son:

  • Prestar más atención a los niños cuando obedecen que cuando no lo hacen.
  • Pedirles las cosas con tiempo, para evitar que las prisas generen una importante carga de estrés tanto en los padres como en los niños. Es mejor acostarles antes por la noche y levantarse por la mañana con tiempo de vestirse, desayunar, lavarse los dientes… que, por dejarles dormir un rato más, luego estemos estresados desde que nos despertamos.
  • Hacer un pacto: obedecemos a la primera y el tiempo que antes empleábamos en regañinas y enfados, lo cambiamos por unos minutos de juego juntos.

 

¿Crees que los padres intentan llegar a más de lo que pueden? ¿Cómo pueden “elegir sus batallas”?

En ocasiones es cierto que los padres se agotan porque no aprenden a distinguir lo que es importante de lo que no lo es y eso les hace participar en un sin fin de batallas diarias. Establecer las normas y los límites puede ayudarnos a valorar en qué cosas entrar y en cuáles no. Por ejemplo, hacer los deberes es algo obligatorio, o ir al colegio, pero no perdamos las fuerzas en conseguir que el niño o la niña realice una actividad extraescolar que no quiere o él no ha elegido.

 

Se estima que más del 50% de los menores y el 30% de los adolescentes sufre algún tipo de acoso ¿Qué papel tienen los padres en estos casos? ¿Cómo recomiendas actuar ante la noticia de que tu hijo puede estar sufriendo bullying?

Es importante fomentar la comunicación con nuestros hijos, para que se sientan libres de contar cualquier cosa que les ocurra en el colegio o donde sea. Que vean que sus comportamientos y sentimientos no van a ser juzgados y, sobre todo, que se puedan sentir comprendidos.

También es fundamental trabajar la autoestima de los niños, para que se sientan seguros, y el comportamiento asertivo, que sepan decir lo que quieren, lo que sienten, sin imponerse a los demás, pero sin callarse. Y por supuesto, no podemos olvidar, que los niños cuyos padres tienen un estilo educativo basado en la sobreprotección, es más probable que sean víctimas de acoso, por eso hay que trabajar con los niños para que desde pequeños sean autónomos, seguros y asertivos y que cuenten con las competencias emocionales para desenvolverse con éxito en la vida.

Por último, ¿qué se puede hacer cuando es tu hijo/a es el que ejerce el acoso?

Los padres suelen preocuparse mucho cuando sus hijos son víctimas de acoso y no tanto cuando son los acosadores. Y esto es algo que debe de cambiar. En un porcentaje muy elevado de los casos con una regañina y una charla se da por cerrada la cuestión, cuando hay que trabajar con estos chicos y chicas.

Hay que enseñarles a ser empáticos y a que se pongan en lugar del otro, a ser asertivos, y que aprendan a sustituir sus comportamientos agresivos por conductas asertivas y, sobre todo, se debe insistir mucho en el trabajo de la inteligencia emocional. Se trata de enseñarles a identificar tanto sus emociones como las de los demás, a facilitar emociones positivas, a comprender las emociones y a regularlas. El trabajo de autocontrol suele ser fundamental en estos casos.

FUENTE: TodoPapas.com

 

El entorno: Un constante educador. Resumen de la Jornada EducAcción: Somos lo que aprendemos. V Encuentro con la Psicología: 5 Problemas 5 Respuestas

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El entorno: Un constante educador

Este es el tema de la “3ª sesión del V5x5 titulado este año “EducAcción: Somos lo que aprendemos” organizado por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, La Casa del Libro y dirigido y presentado por Lecina Fernández.

Para iniciar la tarde se proyectó la película Big Fish  porque el cine es el Arte que nos acompaña en este V Encuentro.

Lecina Fernández abrió la tarde presentando la importancia del entorno en la educación por la interacción constante personas-entorno y viceversa, y la presentación de los ponentes.

Silvia Álava Sordo, psicóloga, nos comentó que la educación es el soporte de una sociedad mejor. Es fundamental pararse a observar, qué hacemos, qué decimos, cómo contestamos a los niños y cuál es el modelo que les ofrecemos, dado que los niños copiarán a sus adultos de referencia: padres y maestros.

somos-lo-que-aprendemos-maria-acasoMaría Acaso, profesora,  expuso la rEDUvolution (la revolución educativa) que apunta a la necesidad de ejecutar una transformación real en los espacios educativos a través de cinco ejes clave: 1)Aceptar que lo que enseñamos no es lo que los estudiantes aprenden. 2)Cambiar las dinámicas de poder. 3)Habitar el aula. 4)Pasar del simulacro a la experiencia y 5)Dejar de evaluar para pasar a investigar.

Animamos a todos a poner en marcha con mucha ilusióntodo lo a-prendido.
¡Gracias a todos!

Podéis leer esto y muchas más cosas muy interesantes en la página web de Lecina Fernández, organizadora de las jornadas: lecina.es

El niño necesita sentirse querido. Colaboración con CrecerFeliz

Charlamos con Sandra Sánchez, periodista de Crecer Feliz sobre las claves a la hora de educar a los niños pequeños:

silvia-alava-crecer-felizCrecer Feliz: ¿Cuándo se empieza a educar a un niño?

Silvia Álava: Muchas veces pensamos que el niño aún es demasiado pequeño, que tenemos que esperar a que crezca un poquito más para ponernos a educarlo.

Y la educación empieza desde el primer día. Hay técnicas que no puedes utilizar con un bebé, no puedes darle un discurso porque no te entenderá; pero saber qué pautas queremos seguir a la hora de educar a ese niño, qué valores transmitirle, eso lo tenemos que tener bien pensado desde el principio.

Por ejemplo, con la comida: con un año empiezan a coger solos la cuchara. Se les va a caer, lo van a poner todo perdido, pero hay que dejarles que lo hagan..

C.F. ¿Se puede educar a un niño con las pautas correctas si los padres trabajan fuera?

S.Álava: Se puede hacer, pero no vamos a decir que sea fácil porque sería engañar a los padres.

Cuando los dos padres trabajan es fundamental organizarse muy bien en equipo. Si somos dos, somos dos también para atender al niño. Vamos a trabajar en equipo, a dividirnos las tareas y a organizar bien el tiempo.

C.F. Dices en tu libro que los papeles de poli bueno-poli malo no funcionan para educar

S. Álava: Es mucho mejor que ambos padres sigan la misma línea educativa. Esto no significa que gestionen absolutamente igual todas las situaciones, pero sí que ambos tengan claras las normas que ponen, dónde están los límites y cuáles son las consecuencias de sobrepasarlos.

Cuando hablamos de consecuencias lo importante no es cómo castigar a los niños, sino con qué les vamos a premiar, qué vamos a hacer cuando hagan bien su trabajo. Así va a ser fácil seguir una misma línea.

C.F. Si las pautas generales no son las mismas para los padres, ¿cómo llegar a un acuerdo?

S. Álava: Observar al niño y ver cómo reacciona va a darnos muchas pistas y nos va a hacer entender por qué en determinadas ocasiones hay que actuar como lo hace uno, en otras como lo hace el otro… y a veces habrá que cambiar completamente la estrategia y no hacerlo como ninguno de los dos.

Lo habitual es que haya que respetar pautas de actuación de uno y de otro, es muy raro que uno lo haga todo bien y otro todo mal.

C.F. Quizá tendemos a sobreproteger a los hijos… ¿Cómo evitarlo?

S. Álava: Detrás de la sobreprotección muchas veces está un sentimiento de culpabilidad: “No he estado contigo en todo el día y cómo llego ahora y te digo que no a algo”.

Pues hay que pararse y pensar qué es lo mejor para el niño. Si el niño está preparado para hacer algo, que lo haga. No tenemos que pedirle más que lo que es adecuado para su edad. Si tiene edad para vestirse solo, tendrá que aprender a hacerlo.

Tú estás ahí para ayudar, pero sólo si lo necesita; si puede solo, mejor solo.
Niños con criterio propio.

C.F. A veces los padres transigimos por cansancio…

S. Álava: El cansancio y el sentimiento de culpabilidad son las dos grandes variables que provocan que los padres a veces no hagan lo que saben que tienen que hacer.

Ahí tenemos que pensar no a corto plazo (“que haga lo que quiera y termino esta situación”), sino a medio-largo plazo.

Si le decimos, por ejemplo, que ahora no corresponde ver la tele y aguantamos su pataleta de cinco minutos, mañana va a ser de dos y pasado no la va a tener. Si actuamos a corto plazo y cedemos, mañana la pataleta durará siete minutos y pasado diez…

C.F. ¿Cómo podrían los padres ganar en autoconfianza?

S. Álava: Es fundamental centrarse en lo que haces con tu hijo cuando estás con él, no en lo que te estás perdiendo. Si piensas en esto último te vas a sentir culpable y baja de ánimo.

Una vez que te has centrado en lo que sí puedes hacer con él, vamos a valorar ese tiempo, a pensar en qué lo estamos empleando.

Si sobrecargamos la tarde, dejamos de disfrutar. Es bueno que los niños hagan actividades extraescolares, pero no apuntarlos a todas. Se puede tener alguna tarde libre en la que estemos tranquilos en casa, merendando, haciendo deberes, jugando…

queremos-hijos-felicesC.F. ¿Cuándo empezar a darles pequeñas responsabilidades?

S. Álava: Cuando son pequeños quieren hacer ellos las cosas y sentirse mayores. Si a un niño que ya anda le haces un paquetito con su pañal y le dices que lo lleve a tirarlo, él va feliz. Luego le aplaudes, le dices lo bien que lo ha hecho y se pone súper contento y se siente mayor.

Esa etapa es el momento óptimo para empezar a darles pequeñas tareas y responsabilidades, porque las quieren y las piden. El problema es cuando vamos con prisas y lo hacemos todo por él. El mensaje que recibe es “yo no puedo, yo no sé, yo soy menos” y su autoestima va cayendo.

Además, después se les pasa la fase de querer hacer cosas por ellos mismos y empieza la de “mejor házmelo tú”…

C.F. ¿Cómo fomentar que el niño tenga criterio propio?

S. Álava: Cuando nos diga que le pasa algo, primero nos ponemos a su altura, le miramos a los ojos y le escuchamos. Después preguntamos “¿y tú qué crees, cómo lo podemos arreglar?”.

Al principio le vamos a dar muchas pistas y le vamos a guiar para que él tenga esa sensación de “ay, si podía solucionarlo yo solo”. Yo no le resuelvo problemas, le enseño a resolverlos.

C.F. Si los niños vinieran con manual de instrucciones, ¿cuál sería para ti la primera?

S. Álava: Que todos los niños necesitan que los quieran. No hay nada peor para un niño que no tener a un adulto que le coja la mano, le dé un beso de buenas noches y le diga lo importante que es en su vida.

 

FUENTE: Crecer Feliz

Viernes de podcast: ¿Cómo trabajar la Inteligencia Emocional con los niños? Programa Capital Emocional en Capital Radio

Iniciamos una nueva sección los viernes con los podcast de mis colaboraciones. Pincha en la imagen para escuchar el podcast del programa en la web de Capital Radio:

Capital Emocional 4 de mayo 16- Capital Radio - Silvia Álava