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Premiar a los niños con tiempo de pantalla es tan malo como darles chucherías. Colaboración con el diario El País

Un estudio canadiense recalca que el castigo tampoco es eficaz, ya que cuanto más deseamos algo, más lo hacemos. El ejemplo paterno es lo mejor para el buen uso de la tecnología.

Por Carolina García  Twitter

Usar los aparatos electrónicos como castigo o como recompensa con nuestros hijos no es lo más recomendable. Así lo concluye un estudio elaborado por la Universidad de Guelph en Canadá y publicado en la revista BMC Obesity. Es más, los investigadores añaden que utilizar esto como método correctivo hace que los menores pasen más tiempo usando su tableta o smartphone o viendo la televisión, que aquellos niños a los que sus padres no reprenden o premian con estos dispositivos.

“Es lo mismo que premiar o castigar a los más pequeños con chucherías, ya que lo que conseguimos es que aumente su deseo de comerlas, de tenerlas, lo que podría tener un efecto en su estado de salud”, asegura Jess Haines, una de las autoras en un comunicado. “Lo que consigues es que prefieran un pastel a una zanahoria. Pues lo mismo ocurre con el uso de la tecnología y el deseo de pasar más tiempo frente a una pantalla. Si se lo prohíbo, cuando lo tenga, querrá más. Si le recompenso con tiempo de pantalla, estará más tiempo y se podría volver más sedentario”, añade la experta.

Con una muestra de 62 niños entre 18 meses y cinco años y 68 padres y madres, “queríamos investigar el impacto de las prácticas paternas con los dispositivos electrónicos y su efecto en los pequeños preescolares”, sostiene la autora de la investigación canadiense. De esta forma, preguntaron a los progenitores varias cosas, como cómo vigilaban el uso de dispositivos de sus hijos; cuándo les dejaban utilizarlos y si ellos mismos lo hacían delante de sus retoños. “Era importante estudiarlo, ya que a esta edad es cuando los niños comienzan a establecer hábitos y rutinas que continuarán a lo largo de su vida. Además, ha aumentado el uso de estos dispositivos en estas edades en los últimos años”, prosigue Haines.

Los resultados concluyen que de media los niños pasaban casi una hora y media delante de una pantalla durante los días de la semana y un poco más de dos horas, los fines de semana. Por su parte, los padres pasan una media de dos horas los días laborables y hasta dos y media los sábados y domingos. La Asociación Americana de Pediatría recomienda, por ejemplo, que los niños de menos de 18 meses no deberían usar nunca ningún tipo de pantalla. Y según explica la investigadora en el texto, en Canadá “solo un 15% de los preescolares cumplen el protocolo tecnológico de este país, que indica que estos deben pasar menos de una hora al día frente a estos dispositivos”.

Entre los factores que influyen en el uso de los dispositivos está cuando los padres lo usan como premio o reprimenda. “Este comportamiento correctivo o de recompensa hace que los niños pasen 20 minutos más al día frente a una pantalla”, continúa la experta en el texto. “Y este aumenta un poco más los fines de semana y creemos que se debe a que los progenitores pasan más tiempo con sus hijos y también más tiempo con sus dispositivos”. Según sus resultados, si los padres ven la tele con sus hijos, estos ven más tele, por ejemplo. “Esto es algo que ocurre menos cuanto más pequeños son los hijos, ya que los progenitores suelen aprovechar para ver la tele o usar sus dispositivos cuando estos, por ejemplo, están durmiendo la siesta”, subraya Haines.

Además, los autores del estudio son contundentes: no se deben usar pantallas durante las comidas, “sino que tiene que ser un tiempo para aprovechar en familia”. Hacer que los hijos pasen el menor tiempo posible frente a una pantalla es bueno para la salud de los niños, “recordemos que tener una vida sedentaria está vinculada con un mayor riesgo de padecer obesidad, con un menor rendimiento escolar y con habilidades sociales más pobres”. Cabe recordar que la obesidad infantil ha sido reconocida por la Organización Mundial de la Salud, como una creciente epidemia. Es más la prevalencia, según explica esta misma organización, está estimada en 41 millones de niños con sobrepeso u obesos en el mundo.

Y añaden que usar estos dispositivos también les aleja de tener relaciones satisfactorias con sus iguales. “Nuestra esperanza es que estos resultados hagan que los padres sean cautelosos ante de los dispositivos y en cómo educan a sus hijos a este respecto”, concluye Haines.

Consultada en relación a este estudio, la psicóloga infantil Silvia Álava asegura que «efectivamente, es peligroso o inadecuado relacionar el uso de dispositivos con un castigo o un premio. En el primer caso, los psicólogos estamos en contra del castigo, ya que el niño no aprende, no sabe cuál o cómo se corrige la conducta por la que ha sido reprendido. No es un buen uso. Si le prohíbo el uso de pantallas, en cuanto se las ponga delante se volverá loco. Fomentaré su deseo, las ganas. Cuando hace algo mal, es mejor explicarle las cosas, que aprenda a hacerlas bien o cómo tiene que hacerlas, paso a paso, lo que haga falta». «En cuanto a los premios es distinto. Está bien premiar a los más pequeños, que se recompense una tarea que han hecho bien o que les ha ocasionado cierto esfuerzo. Pero hay que premiar de forma coherente, con algo que desee el pequeño. Pero siempre debe ser algo vigilado y con control paterno, no aumentando el tiempo de pantallas, por ejemplo, que hace que el niño no interactúe con otros o que no juegue de forma activa, ambos comportamientos ideales para pequeños preescolares y más mayores», añade la autora de Queremos hijos felices, entre otros títulos.

«Los padres tienen que ser cautelosos con el uso de los dispositivos. Si los usan mucho, el niño percibe que pueden usarlo y que no pasa nada. Dejemos el móvil a un lado cuando estemos con nuestros hijos. El tiempo libre no es para estar más conectados, sino para disfrutar todos juntos y cuando son pequeños por qué no apostar por el juego guiado, por ejemplo», incide la psicóloga.

FUENTE: Diario El País

¿AÚN SIN REGALO DE REYES? CON ESTOS QUE TE PROPONEMOS EVITARÁS EL ESTRÉS EN FAMILIA. Colaboración con la revista HOLA

Un juego puede convertirse en uno de los mejores regalos que puedes hacer a tu familia en la noche de Reyes. Y es que jugar no es solo cosa de niños. Al menos, no debería serlo. El juego nos aporta, a grandes y pequeños, una forma segura (y divertida) de alimentar la imaginación, la creatividad, las habilidades para resolver problemas y emociones. Y, sobre todo, une, divierte y aleja el estrés. Pero hay más. 

Negociar límites y reglas

El objetivo de jugar solo es divertirse. De hecho, cuando somos niños nos relacionamos con los demás jugando, aprendemos a vivir en sociedad y a respetar a los otros mediante el juego. Hay más: también cambia el cerebro y ayuda a que este se desarrolle adecuadamente, fomentando las funciones ejecutivas, como la capacidad de regular las emociones y resolver problemas. Además, mediante el juego, se aprende a negociar los límites y reglas. Tal como explica la psicóloga Silvia Álava Sordo, autora del libro ‘Queremos que crezcan felices’ (ed. JDEJ editores), «jugar es un acto importante; es hacer ejercicio, compartir, competir, negociar, aprender a ganar y a perder. De esta forma los niños irán adquiriendo valores que les acompañarán y les ayudarán durante toda su vida». 

Jugar en familia 

Como decíamos, el juego no solo es esencial para los niños. Puede ser una fuente importante de relajación y estimulación también para los adultos. Y, si pensamos que puede haber roces en la próxima celebración con la familia, lo mejor es que busquemos elementos de distracción.

Podemos jugar a  ‘las películas’, a las cartas, o a los juegos de imitación pero, ya que se acerca la noche más mágica del año, ¿por qué no aprovechamos para pedir a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente un juego? Puede ser una buena alternativa para limar asperezas, evitar disputas y tener la fiesta en paz. Como afirma el psicólogo Jesús Matos, «los juegos de mesa pueden ayudar a compartir experiencias agradables con otras personas. El estado de ánimo tiene una correlación alta con el número de actividades agradables que hacemos cada día y con la calidad del apoyo social percibido. Por ello, pasar tiempo con nuestros seres queridos jugando a juegos de mesa nos puede ayudar a incrementar nuestro bienestar». 

Juegos de mesa 

Podemos apostar por los clásicos donde poner en práctica nuestras habilidades de estrategia o dotes para resolver enigmas, o por otros más atrevidos donde además de desarrollar todo el ingenio, podemos pasar un rato muy divertido exponiéndonos, de forma controlada, a hacer el ridículo. Aquí van algunas propuestas: 

Juegos de mesa para jugar en familia: no pierdas los nervios

Juego ‘No pierdas los nervios’

Inspirado en desafíos virales que han conseguido miles de millones de visitas en Internet, este juego pone a prueba la capacidad de mantener la calma bajo presión. Los jugadores se colocan un dispositivo de juego que lee las pulsaciones, y el equipo contrario tira el dado que determinará de qué manera deben intentar que el jugador se ponga nervioso. Un cambio en la frecuencia cardiaca afecta el dispositivo y cuando suben las luces del aparato, y se ponen rojas, la alarma sonará y el adversario ganará por haber logrado que el jugador pierda los nervios.

Edad recomendada: +12 años

juegos para jugar en familia: hearing things

Juego ‘Hearing things’ 

Se trata de un juego desternillante para disfrutar con la familia y los amigos. Inspirado en el viral ‘Whisper Challenge’, ha sido ideado para que todo el mundo pueda pasar un rato muy divertido en sus casas. Ideal para jugar en equipos, uno de los jugadores deberá ponerse los auriculares con cancelación de sonido e intentar adivinar lo que dice la tarjeta de su compañero, leyéndole los labios.

Edad recomendada: +12 años

Juegos de mesa para jugar en familia: monopoly tramposo

Juego ‘Monopoly tramposo’

¿Quién no ha hecho trampas alguna vez en  el Monopoly? Esta es tu oportunidad de disfrutar de esta versión tan divertida y proponer tus propias trampas. Y es que cerca de la mitad de los jugadores intenta hacer trampas jugando al Monopoly, por eso, en esta edición especial del mítico juego, ganará quien consiga hacer más trampas sin que nadie le pille.

Edad: +8 años

Juegos para jugar en familia: monopoly

Juego ‘Monopoly España’

Un clásico en nuestras casas y un divertido juego para aliviar las tensiones en familia en torno a un tablero donde se compra, vende y negocia para ganar. Hazte con todas las propiedades que puedas y haz trato para obtener calles de color. Construye tus casas y hoteles para dejar a tus contrincantes en bancarrota. Disfruta jugando al emocionante juego de las propiedades inmobiliarias.  

Edad recomendada +8 años 

party

Juego ‘Party & Co Extreme 3.0’

Un juego para hacer múltiples pruebas que sacarán de vosotros esa creatividad que creíais perdida. Ha sido diseñado para que juegen cuatro o más y, a diferencia del Party original, este cuenta con Partygafas, además de la prueba ‘Se te va la piza!’, con la que no pararéis de reír. 

Edad recomendada: +14 años. 

juegos de mesa para jugar en familia

Trivial Pursuit edición The Big Bang Theory 

Los verdaderos fans de esta serie de televisión pueden poner en práctica todos los conocimientos adquiridos a lo largo de las doce temporadas en esta versión del conocido Trivial Pursuit. (Edición en inglés). 

Edad:+8 años

Juegos para jugar en familia: cluedo

Juego ‘Cluedo. Edición Juego de Tronos’

El clásico Cluedo, con sus misterios, asesinatos, acertijos y diversión garantizada, esta vez para amantes de la serie de ficción Juego de Tronos. En este juego tendréis la misión de averiguar crímenes, cuál fue el arma homicida, dónde tuvo lugar el asesinato… ¡Todo un reto!

Edad: +18 años 

Juegos de mesa para jugar en familia: risk

Risk

Si lo que os va son los juegos de estrategia, este es sin duda uno de vuestros mejores planes para las celebraciones en familia. En su nueva versión, el Risk de siempre viene ahora con figuras más detalladas, nuevas formas de juego y nuevo tablero. 

Edad: + 8 años

Juegos de mesa para jugar en familia: simon

Simon

Simon es un emocionante juego electrónico de luces y sonidos en el que los jugadores tienen que repetir secuencias aleatorias de luces presionando las lentes de color en el orden correcto. Es un juego de acción rápida, con luces y sonidos, que se convierte en un auténtico desafío para los jugadores. 

Edad: +8 años

Juegos para jugar en familia: twister

Juego ‘Twister’

¿Quieres desternillarte de risa con tus padres, hijos, cuñados, etc? Pon a prueba tu equilibrio con el original Twister. Mano derecha azul, pie izquierdo rojo. Este juego es ideal para bajar las comilonas de estas fechas y pasar un rato muy divertido en familia. Incluso los más pequeños no querrán perdérselo. 

Edad: +6 años

FUENTE: Revista Hola

#ViernesDePodcast: Hablamos de la llegada de las vacaciones con niños en Mediodía en Cope Más Madrid

Hablamos sobre los beneficios que tienen los juegos de construcción para el desarrollo de los niños, con la increible historia de LEGO como ejemplo en el diario ABC

El ‘Tamagotchi’ ha vuelto, pero… ¿por qué los niños ya no usan este tipo de juguetes? Colaboración con Gonzoo.com

El balón o la tablet, ¿qué prefieren los niños? Colaboración con el diario El Correo

¿Hay que dejar ganar a los niños en los juegos? Colaboración con el diario El Correo

 

Existen maneras de evitar que los chavales se pillen una rabieta cuando pierden al parchís. Tres psicólogos explican cómo educar a los críos en la competición, para que sepan gestionar la frustración y no acaben rompiendo el tablero

Dejar ganar a los niños

En las consultas de psicología infantil se encuentran todos los días niños con rabietas. Chavales que se llevan el balón a casa y aquí no juega nadie, que tiran el tablero del parchís porque han perdido… Y muchos padres concluyen que a la próxima, le van a dejar ganar. Para que se quede contento, para que no la monte. Efectivamente se quedará contento, pero con el parche que estamos poniendo al asunto estamos abriendo sin querer un agujero por otro lado.

Lo advierten los psicólogos: los niños necesitan perder para aprender a manejar la frustración. «Si dejamos a nuestro hijo que gane siempre y haga trampas acabará convertido en un pequeño dictador que reventará cuando un día las cosas no salgan como desea. Y reventará porque no está acostumbrado a que se tuerzan las cosas». Insiste Guillermo Fouce, de Psicólogos sin Fronteras, en que «perder educa más que ganar» y que «aunque genera tristeza» es mejor aprender a gestionarla desde pequeños, «para que después no sean adultos con reacciones desubicadas».

 

Además, a esa frustración por haber perdido, explica la psicóloga Silvia Álava, se le puede dar la vuelta y convertirla en la gasolina «que empuje a intentarlo de nuevo». «Lo que hay que trabajar es que el niño que ha perdido vuelva a jugar otra partida, para que no desista». Y les va a costar más volver a intentarlo a los menores con baja tolerancia a la frustración. Lo dice porque ha tratado a más de uno. «Hay críos que dicen: ‘Me enfado y no juego y encima destrozo el juego para que no juegue nadie’».

Para no llegar a ese punto habrá que educarles en cómo gestionar la frustración. Y eso también se hace, por contradictorio que parezca, dejándoles ganar alguna vez. «Si los adultos juegan con los niños les tienen que dejar ganar alguna vez. Si pierden de manera sistemática es probable que acaben abandonando el juego, que se produzca un rechazo», advierte la especialista.

Su colega Mariola Bonillo, del Centro de Psicología Área Humana, ofrece unas ilustrativas pautas, en función de la edad. «Cuando tienen de 2 a 3 años lo importante es motivarles para que jueguen, porque así aprenderán que los juegos tienen reglas, que hay que esperar el turno… En este caso, está bien dejarles ganar, que salgan un poco antes en la carrera, ayudarles con los juegos de destreza… La idea es que vean que ganan, no todas las veces, pero sí un número significativo de ellas, para que se motiven y sigan jugando». A esa edad tienen que ser juegos rápidos, «que no les exijan atención más allá de diez minutos». Propone la psicóloga las carreras al aire libre, los juegos de cartas de memorizar fotos… Cosas sencillas que les introduzcan en el mundo de las reglas y las normas, que les enseñen a ser pacientes y esperar a que les toque…

Otra actitud habrá que tomar cuando el niño cumpla los 4 años. «A esa edad ya saben que los juegos tienen normas, que hay que aguardar el turno… Empiezan a interiorizar lo que es una competición y aparecerán las emociones de alegría relacionadas con ganar y las de tristeza asociadas a perder». Y con ello, aparecen en muchas familias los problemas porque los chavales reaccionan con una rabieta cuando pierden. «En ese caso hay que parar el juego, preguntarles por qué se sienten tristes, o por qué se están enfadando. Hay que ayudarles a gestionar esa rabia. Decirles que si lo intentan de nuevo quizá les salga, que si una o dos veces no ha salido en el dado el número que desean igual sale a la próxima, que lo que no vale de ninguna manera es tirar el juego o romperlo».

A esta edad, coinciden los psicólogos, el juego no solo les ayuda a aprender a generar la frustración que sienten cuando pierden, «también cumple la función social de relacionarse con otros niños, que es fundamental en esa franja del desarrollo». Y eso debe estar por encima del resultado. «Hay que felicitarles por el simple hecho de que se animen a jugar, aunque pierdan luego. Es importante que antes de empezar a jugar se les diga: ‘¡Qué bien que vayas a jugar!’».

 

En la línea de la máxima de que lo importante es participar, «hay que potenciar entre los niños de esa edad la idea de que lo más valioso del juego no es ganar sino participar, porque el mero hecho de participar es divertido, porque es emocionante, porque te permite estar con amigos…».

Y si pierden, que pierdan. «A esa edad deben exponerse al juego, que un adulto les dé la solución no ayuda. Si les chivamos la resolución de un juego en ese momento no se cogerán una rabieta pero no les estaremos preparando para ese momento en el que perderán, porque acabarán perdiendo».

A partir de 4 años, y sobre todo hasta los 12, la estrategia debe ser la misma, que trabajen las emociones negativas que conlleva ser el perdedor en las competiciones. La rabia, la tristeza y también «la vergüenza, que aparece de niños y se intensifica en la etapa adolescente», cuando el grupo de referencia empieza a ser «los amigos, los iguales».

 

Un niño le quiere quitar el juguete a otro… ¿qué hacemos?

Ocurre muchas veces… y los padres no saben cómo reaccionar. Hay un niño que tiene un juguete en la mano y a su lado hay otro se lo quiere quitar. La madre (o el padre) del primero le dice a su hijo se lo deje al compañero y es probable que le riña si no lo hace. Por otro lado, la madre (o el padre) del segundo le dirá lo contrario, que no se lo quite, que no es suyo. Mientras tanto los niños, ajenos al debate entre los mayores, siguen actuando por instinto. Uno tratando de arrebatar a otro el muñeco y el dueño haciendo fuerza para que no se lo quiten. Como en casi todo, el término medio y la lógica dan el mejor resultado. «La madre del niño que intenta quitarle de las manos el juguete al otro debe decirle: ‘Ahora mismo lo tiene él, pero cuando acabe de jugar lo puedes usar tú’. Eso sería lo mejor porque a los niños no se les puede dejar que jueguen de forma caprichosa. Además, tienen un sentido de posesión tremendo, les parece que todo es suyo. Un sentido, por otro lado, efímero porque al de un rato seguro que acaba dejando tirado ese muñeco que unos minutos antes no se dejaba arrebatar de ninguna manera», explica el psicólogo Guillermo Fouce.

La mitad de los niños españoles juega menos de una hora al día en la calle, según una encuesta. Colaboración con el diario El País

El anuncio que muestra que tu hijo pasa menos tiempo al aire libre que los presos

CAROLINA GARCÍA Twitter

Casi la mitad de los niños españoles juega menos de una hora al aire libre al día. Esta es la premisa de la campaña Liberad a los niños que se lanza este jueves. En formato de corto de cine, el anuncio denominado Free the Kids y grabado en una prisión de máxima seguridad de Estados Unidos, muestra varias entrevistas con reclusos en las que opinan sobre la importancia crucial que tiene para ellos el tiempo que pueden pasar al aire libre cada día. “Con esta campaña, buscamos la empatía. Son cinco presos reales que aseguran que son capaces de sobrevivir en esta cárcel de Indiana gracias a sus salidas al patio. En el momento en que se les explica que los niños en España juegan menos de una hora al día al aire libre, estos prisioneros se quedan estupefactos”, explica Ana Palencia, directora de Comunicación de Unilever España, uno de los promotores de la campaña.

El juego es fundamental para los niños, tanto a nivel físico como cognitivo. Jugar con ellos es tan importante para su crecimiento como que lo hagan solos. Y, sin duda, es mejor que lo hagan fuera de casa que entre cuatro paredes, así lo concluye un estudio, denominado Ensuciarse es bueno y realizado por Edelman Intelligence, agencia referente en estudios de mercado extrapolables a la población en general, para Unilever. La investigación se ha hecho con un total de 1.025 padres en Francia y 1.029 en España, de los cuales todos tenían por lo menos un hijo entre cinco y 12 años.

A pesar de que los padres son conscientes de la importancia y los beneficios del juego al aire libre para el desarrollo de sus hijos (más de un 97% de ellos en ambos países), muchos niños no llegan a jugar en la calle las horas que necesitan. “El estudio concluye que casi la mitad, el 49% – unos dos millones- de los peques españoles juega menos de una hora al día fuera de casa. A mí este resultado me impactó y mucho”, manifiesta Palencia. Una situación que los padres quieren que cambie y que achacan al mal tiempo o a la falta de él.

Muchos padres creen también que la llegada de la tecnología ha complicado el que sus hijos jueguen fuera de casa. De las razones que enumeran los expertos están, entre otras, “la creencia de que la tecnología siempre se usa cuando el niño juega; que los niños de ahora no juegan a lo que sus padres jugaban cuando eran pequeños y que la manera de jugar tradicional se está perdiendo”. Según la investigación, «los niños necesitan una gran variedad de experiencias para desarrollar todo su potencial y los padres entender que jugar y ensuciarse es esencial para su crecimiento y que sin juego no hay aprendizaje holístico».

“Lamentablemente, los niños de este país no juegan al aire libre y se están perdiendo un aprendizaje esencial. Yo soy de una época en la que se jugaba a la comba y al fútbol en la calle, ahora las dificultades para conciliar, entre otras razones, hace que nuestros hijos salgan mucho menos a la calle”, señala Palencia. “Y uno de los peligros que conlleva no jugar fuera, o una consecuencia clara, es el sedentarismo, lo que puede llevar a obesidad infantil y a un enfermo adulto en el futuro”, advierte. “Es cierto que las nuevas tecnologías nos hacen la vida más fácil, pero también provocan que nos movamos menos y esto hay que solucionarlo”, agrega.

«Efectivamente, es muy importante que los niños cuenten con tiempo libre. La saturación de horarios a los que se enfrentan muchas veces en la actualidad (colegio-extraescolar-deberes-ducha y cena) hace que los peques no salgan a la calle. La falta de tiempo es el principal problema que produce el déficit de juego al aire libre. Pero tanto por parte de los padres, porque llegan a altas horas de la noche, como por los hijos, saturados por horarios excesivos», explica Silvia Álava, psicóloga infantil y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes

«Es determinante para el crecimiento de nuestros hijos que jueguen con otros niños. Y también sin la supervisión de un adulto, para que ellos aprendan a afrontar nuevas situaciones. En ese momento aprenden habilidades sociales; a tolerar la frustración; a negociar, y a seguir normas, entre otros valores», añade. «Además, cuando están en la calle se mueven, hacen deporte, no están sentados, lo cual es muy beneficioso también para su salud». Para los niños es imprescindible contar con tiempo libre, según la experta, «tiempo para descubrir cosas nuevas, pero también tiempo para poder aburrirse», concluye.

Una campaña para concienciar sobre la importancia del juego al aire libre

La ONG Ayuda en Acción, junto a Unilever, han puesto en marcha la campaña Día de las clases al aire libre el próximo 6 de octubre, una jornada en la que participan 15 países europeos y en la que España participa por primera vez. Se va a hacer un llamamiento a 12.000 colegios con el que esperan conseguir que se registren unos 500, que pasarán la mañana jugando al aire libre, con programas educativos. “En España, un 11,3 % no realiza ninguna actividad extraescolar de ningún tipo, subiendo a un 27,9 % en la población más desfavorecida”, añade Alicia Blasco, responsable de Alianzas Estratégicas de Ayuda en Acción en Cataluña y Baleares. “La campaña está recibiendo muy buena acogida por parte de los centros. Y está dirigida exclusivamente a Segundo Ciclo de Infantil y Primaria”, añade. “Entre las actividades y talleres que se desarrollarán durante esa jornada, incluido un estuche que se entregará a los colegios participantes, cabe citar una yincana de juegos del mundo, enfocado a educar en valores, siguiendo nuestro criterio como ONG; hay otro sobre Mozambique y los alumnos podrán hacer collages, entre otros. Todos se harán al aire libre”, prosigue esta experta.

“Es muy llamativo, del resultado del estudio, que el 55% de los padres asegure que no tienen tiempo para jugar con sus hijos. Y cuando sus hijos juegan, ellos no suelen estar. Y está claro que estar el aire libre es tan bueno para los peques como para sus papás. Tras esta jornada, pretendemos que la campaña continúe. Hay un dibujo concurso, denominado Ensuciarse es bueno, en el que los padres pueden mandar un momento en el que hayan jugado en la calle con sus niños, entre otras cosas que irán surgiendo. Todos nos debemos concienciar sobre la importancia del juego experiencial, tanto padres como profesores, para el desarrollo y crecimiento de nuestros pequeños”, concluye.

FUENTE: Diario El País

El peligro de jugar a matar: los videojuegos en primera persona. Colaboración con diario ABC

ARÁNZAZU SACO Madrid 

El brutal asesinato de 9 personas cometido en Múnich el pasado día 22 por Ali David Sonboly, un chico de 18 años «obsesionado» con los videojuegos en los que el jugador dispara en primera persona (los llamados «first person shooters» o FPS), ha vuelto a levantar el debate sobre el impacto negativo de estos juegos en la sociedad. Pero, ¿en qué consisten estos shooters? Y, sobre todo ¿cómo pueden contribuir a aumentar la agresividad de jóvenes y adultos?

Los FPS son videojuegos de contenido bélico que cosechan un gran éxito principalmente «entre el público masculino de diferentes franjas de edad», según explica a ABC Emanuele Carisio de la Asociación del Desarrollo Español de Videojuegos (DEV).

Pero el factor diferenciador es que se juega en primera persona, es decir, el usuario maneja el personaje desde una perspectiva subjetiva, lo que hace que resulten «más envolventes y adictivos», según el sociólogo Javier de Rivera.

Los gráficos hiperrealistas, el dinamismo y, por supuesto, una gran variedad de armas son algunos de los atributos de estos videojuegos que, según De Rivera «están diseñados para «enganchar» a los jugadores» entre otros factores con la parte narrativa que insta al jugador a, por ejemplo, completar misiones a cambio de recompensas.

Para José Antonio López Rodríguez, vicepresidente de la Asociación de Psiquiatría Privada (Asepp), estos juegos son una forma de canalizar la violencia «muy peligrosa», pues «se hace desde el anonimato y el aislamiento». Cuando una persona en esas condiciones potencia su agresividad y la desarrolla a través de estos videojuegos, las barreras con las que todos nos controlamos en sociedad «se deslizan», según explica el psiquiatra.

Por otra parte, López Rodríguez cree que es esperable «un efecto contagio» en el modo de operar -con una agresividad y estética idéntica a la mostrada en los shooters- de otros «lobos solitarios».

Estos videojuegos bélicos, a pesar de la temática, no están hechos para entrenar en el uso de las armas. «Si no, en vez de una mando o un joystick se usarían simuladores de pistolas. Son juegos de acción y reflejos, nada más», señala Carisio. Aunque como señalan desde la asociación de desarrolladores de videojuegos «esto puede cambiar con los próximos juegos de realidad virtual».

En todo caso, los desarrolladores buscan el máximo realismo llegando incluso a copiar armas como el reconocido fusil AK-47. La gran incógnita es si deben pagar a las empresas armamentísticas, en concepto de propiedad intelectual, un canon para poder usar las reproducciones de las armas en el juego.

«No me sorprendería, es lo mismo que si un videojuego quiere utilizar un modelo de coche real, tiene que pagar a la empresa fabricante», señala Emanuele Carisio. Pero en ese caso los compradores de shooters estarían contribuyendo a la «financianciación» del sector armamentístico sin tener constancia explícita de ello.

Pese a que el sistema PEGI -el mecanismo utilizado por la industria del videojuego para orientar sobre la edad adecuada para el consumo de estos productos-, clasifica la mayoría de los shooters para mayores de 18 años, la realidad es que cualquier niño puede acceder a ellos.

Distinguir el bien del mal

Como apunta la psicóloga de familia Silvia Álava «los padres no se plantean dar a sus hijos alcohol o tabaco pero existe una permisividad con los videojuegos de contenido bélico que no es positiva».

El problema estriba, como explica Álava, en que los niños hasta los 12 años no desarrollan completamente la moral, «antes de esa edad les cuesta diferenciar el bien del mal».

No obstante, cruzada esa primera etapa vital, jugar a shooters no provoca que estos niños desarrollen una personalidad agresiva a no ser que «existan patologías previas» de disposición a la violencia, según aclara la psicóloga.

 

FUENTE: Diario ABC

¿Por qué son tan importantes los amigos en la infancia? Colaboración con el diario El Mundo

  • Los padres no deben imponer las amistades a sus hijos

  • Tampoco deben tener ‘mejores amigos’ excluyentes

Niños jugando en la calleVolvamos la vista atrás y viajemos por unos segundos a nuestra niñez. Quizá, ahora con el paso del tiempo, recordemos con más nostalgia que tristeza a aquellos viejos amigos de la infancia con los que tantas tardes de juegos compartimos. Seguramente, muchos de ellos aún siguen formando parte de nuestra vida y de nuestro círculo íntimo de amistades, los demás al menos, estarán de por vida en nuestro álbum de fotos.

Ahora, con la llegada de la Navidad, puede ser un buen momento para reflexionar: ¿Qué importancia tienen los amigos del parvulario? ¿Por qué es tan beneficioso que los niños jueguen con otros niños de su edad, y vayan poco a poco afianzando sus lazos de afecto?

La bibliografía ha constatado con claridad que tener compañeros de juego durante la infancia hace que los niños se sientan más seguros, tengan un mejor autoconcepto de sí mismos, mejores habilidades sociales y mayor capacidad para regular sus emociones. Algunos autores hablan, incluso, de una mejora en la creatividad y en el rendimiento escolar. Sin duda, una de las claves de la felicidad- de pequeños y de adultos- es tener amigos. Por citar un estudio reciente, el informe How’s Life? (‘¿Cómo va la vida?’) mostraba cómo una de las diez claves para ser feliz era tener amigos y contar con una amplia red social.

Compañeros de juegos, clave

Silvia Álava, psicóloga del centro Álava Reyes Consultores y autora del reciente libro Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia asegura a EL MUNDO que la amistad en la etapa de primaria (de 6 a 12 años) todavía no es como la que concebimos en la adolescencia. Según explica la especialista en el citado libro, hasta los seis-siete años, los amigos son circunstanciales, es decir, puede ser el amigo con el que jugamos en el parque, un vecino etc, niños con los que jugamos y compartimos momentos. A partir de los nueve años, aproximadamente, ese concepto de amistad se intensifica y empiezan a aparecer ciertos afectos. El niño ya no es sólo un niño con el que jugar sino que además,empieza a formarse un vinculo emocional, pero todavía no entiende la amistad del mismo modo que lo hace por ejemplo, un adolescente.

Los grupos de amigos empiezan a formarse en torno a los 10-12 años, los niños suelen tener grupos más grandes y generalmente relacionados con el deporte, y las niñas, por su parte, tienen grupos más cerrados donde comparten charlas, incluso secretos y confidencias.

«En la infancia, sobre todo al principio de la etapa, se juntan por intereses, pero también cuando perciben que pueden recibir la ayuda de otros», añade por su parte Marta Sánchez, psicóloga en la UPAT, Unitat de Psicologia i Assessorament Tres Torres (Unidad de Psicología y Asesoramiento Tres Torres). Esto es, tienen muy en cuenta el niño que les ayuda, que les deja por ejemplo, en un momento determinado el material escolar, los deberes, que cuenta con él a la hora de hacer equipos en educación física etc. Está claro que la amistad en la infancia no es como la entendemos de adulto, pero «para concebir la amistad y desarrollarla de la manera en que lo hacemos en la adolescencia es imprescindible haber pasado ente las etapas anteriores», asegura.

Yo como padre, ¿qué hago?

niños-jugando-en-la-calleEl proceso de socialización de los niños tiene que ser seguir su curso de forma progresiva y natural, sin forzar nada. Algo muy importante es que los padres no deben imponer al niño sus amigos, sino que tiene que ser él quien los elija, sin embargo, los padres van a tener un papel muy destacado «Deben fomentar la relación con otros niños, porque hay niños que son muy adultos porque siempre están rodeados de adultos», afirma Sánchez.

  • Actividades grupales: para el desarrollo del niño, es muy positivo que asistan a actividades extraescolares grupales. «Los padres han de fomentar la socialización para que su hijo no esté en casa por las tardes viendo la televisión o jugando con la tablet», indica Sánchez.
  • Ir a merendar a casa de otros niños o traerlos a casa: algo muy común, y recomendable a estas edades, es traer a casa a amigos a merendar para que así los niños puedan jugar juntos, o ir bien ir a la casa de algún amigo. Sin embargo es importante que el niño consulte con sus padres estas decisiones, porque aún es pequeño para decidir por sí mismo. «Los niños no pueden autoinvitarse, tienen que entender que son los padres los que deben organizar estas cosas. Por ejemplo: Me ha llamado la madre de Juan para que vayas esta tarde a jugar a casa. Eso sí, pero no que el niño venga del colegio y digaMamá, esta tarde me voy a jugar a casa de Juan«, aclara Álava.
  • Los padres, modelos para los hijos: a los niños que son más tímidos es importante no agobiarlos y que sean ellos mismos de forma natural quienes vayan pidiendo ciertas cosas. Sin embargo, aquí sí es crucial el papel de los padres. «En estos casos, hay que dar confianza al niño. Por ejemplo, invitando a un niño (y no a tres) a jugar en casa, para que así el niño se sienta más arropado en casa con sus padres. Incluso, el padre puede jugar con ellos al principio. El padre es un modelo para este niño, por tanto que sean un modelo también, en el proceso de socialización y juegue con ellos», explica Sánchez. Otra opción muy recomendable es buscar una actividad fuera de casa que le guste al niño, que no sea impuesta, pero que le guste. «Los padres tienen que ser sus acompañantes, que jueguen, que se impliquen».
  • Amistades no excluyentes: otro dato muy curioso es el concepto de mejor amiga, sobre todo en las niñas, que aparece en estas edades. Las niñas suelen decir: ‘Yo tengo que tener una mejor amiga, y ahora Fulanita ya no es mi mejor amiga sino que es la mejor amiga de Menganita, ahora mi mejor amiga es…’ «Los padres deben aconsejar a sus hijos en que los amigos nunca son excluyentes, y que cuantos más tengamos, mucho mejor. No debemos fomentar, como padres, las amistades excluyentes», concluye Álava.

FUENTE: Diario El Mundo. Beatriz Portalatín