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Colaboración en DigCitSummitES: familia y tecnología. En la Fundación Telefónica

¿Qué es lo que realmente nos preocupa a los que educamos en tiempos de Internet? ¿Tiempo de pantalla, adicción, distracción, contenidos inadecuados, sobreexposición, impacto sobre aprendizaje, relaciones desvirtuadas?

En este encuentro, reflexionaremos sobre todos estos temas junto a un completo grupo de expertos.

Os adjunto el corte de mi participación:

Y unas fotos del evento:

Toda la información en http://digcitsummites.com/asi-fue/

¿Espiar o no espiar a tus hijos en internet? Una interesante cuestión. Colaboración con Empantallados.com

¿TENGO QUE ESPIAR A MIS HIJOS EN INTERNET?

Esta es una pregunta muy habitual que nos hacen los padres, tanto en las sesiones de psicología, como cuando damos formaciones o conferencias específicas sobre infancia e Internet.

¿Qué significa espiar?

Espiar según la RAE es “observar secretamente algo o a alguien”, es decir implica que la otra persona no se entere. Los psicólogos no aconsejamos espiar a los hijos en Internet, pero tampoco aconsejamos dejarles absoluta libertad sin vigilar lo que están haciendo.

¿Cuál es entonces la forma correcta?

Formar, educar en el correcto uso de Internet.

  • Si cuando los niños son pequeños les enseñamos a cruzar correctamente la calle, no les dejamos que vayan solos por la calle, sino que les vamos acompañando y cada vez dándoles una mayor autonomía, con Internet igual. Ningún padre o madre daría un cuchillo a sus hijos sin haberle enseñado a utilizarlo y sin cerciorarse que está preparado para utilizarlo sin correr ningún peligro. Con Internet tendríamos que hacer algo parecido.
  • Se trata, entonces, de formar a los niños desde que son pequeños en el uso correcto de lnternet. Que lo utilicen cuando los adultos están delante, que veamos en qué webs navegan, que conozcamos en todo momento el historial de visitas… pero hacerlo delante de ellos, no como “espías”, sino como parte de su educación y de su formación. Sabemos que existen páginas muy poco recomendables para los menores, páginas que hacen apología de la anorexia y la bulimia, que enseñan y muestran cómo autolesionarse o que incluso incitan al suicidio. Hay chicos y chicas que son más sugestionables y que por ello pueden ser más susceptibles de caer en estas conductas tan poco saludables.
  • El discurso de “Internet es malo” no funciona ni con los niños ni con los adolescentes, porque además no es cierto. Es verdad que Internet entraña peligros, pero también tiene muchas cosas positivas, por ello hay que mostrar, educar y formar a los hijos en su correcto uso.

¿Por qué hacen cosas tan ‘inexplicables’?

Hace poco se publicaba la noticia de que habían sido intervenidas determinadas cuentas en redes sociales porque 110 niños de entre dos y 13 años subían fotos y videos con actitudes eróticas y según la policía el 99% de los padres no lo sabían. En la mayor parte de las ocasiones los menores solo buscaban adquirir notoriedad y likes en sus cuentas.

Por eso es tan importante hablar con los hijos y trabajar que tengan una buena autoestima en su mundo real, para no depender de la aprobación de los demás a través de una plataforma. Es más, muchas veces nos encontramos casos de chicos y chicas aparentemente muy populares en las redes con un gran número de seguidores que en realidad tienen grandes problemas de seguridad personal y autoestima. Eduquemos a los hijos para que entiendan que la vida es mucho más que una pantalla.

¿PATRIA POTESTAD «DIGITAL»?

Por Sonsoles Vidal, abogada de menores

Hemos olvidado que la patria potestad constituye la institución básica «de orden público» del orden socio-familiar.

  • Lo que significa que se trata de un derecho-deber de los padres de carácter obligatorio, es decir, irrenunciable, imprescriptible e intransferible.
  • Por eso la ley otorga a los padres auténticas potestades respecto de sus hijos, bien sean menores de edad o mayores incapacitados, para que las ejerciten en beneficio de los mismos, con la única finalidad de asegurar el cumplimiento de los deberes que incumbe a los padres respecto del sostenimiento, educación, formación y desarrollo en todos los órdenes de sus hijos («entorno digital» incluido).

La opinión pública se empeña en hacernos creer que este derecho-deber de los padres colisiona con el derecho fundamental a la intimidad personal de los hijos, que comprende la inviolabilidad de la correspondencia y el secreto de las comunicaciones.  Sin embargo, el mismo cuerpo legal que recoge estos derechos añade «el deber de los padres de respetar y proteger frente a los posibles ataques de terceros¹».

¿Dónde está el límite entonces?

Por un lado, en la ponderación del «interés superior del menor», cuyos elementos han de considerarse pertinentes, necesarios y proporcionados, de modo que la medida que se tome en interés del menor no restrinja o limite más derechos de los que ampara².

  • Y por otro lado, en el «interés de los padres», a quienes corresponde el deber de velar por los hijos, pues responderán solidariamente con ellos de los daños y perjuicios que causen, salvo que acrediten no haber favorecido la conducta del menor³.
  • En consecuencia, no puede exigirse a los padres la obligación de velar por sus hijos y al mismo tiempo desposeerles de su derecho-deber de control cuando lo consideren pertinente en pro de su educación, formación y desarrollo en el «entorno digital», un espacio especialmente vulnerable por falta de regulación.

Vigilar no es espiar, sino diligencia de los padres en su tarea educativa. El sentido común requiere conocer las amistades virtuales de nuestros hijos, supervisar del espacio digital en que se desenvuelven, informarse del contenido de los videojuegos que les compramos, delimitar el acceso a Internet… 

CONSEJOS DE EMPANTALLADOS
  1. Ayúdate de controles parentales cuando tus hijos son más pequeños. Uno de los más usados es Qustodio, que te ayudará a supervisar la actividad de tu hijo online.
  2. Conoce algunos de los ‘trucos’ que tu hijo utiliza para que no sepas por donde navega en internet, como borrar el historial o navegar de modo incógnito.
  3. Establece algunas normas, antes de entregarles una pantalla. Este contrato puede servirte de pauta para tratar lo más importante. Deben demostrar de algún modo que saben respetar unas normas de educación, de acceso a contenidos, de desconexión… y que sino habrá que volver a empezar.
  4. Edúcales para que tengan una sana autoestima y que no tengan que depender de los likes de sus redes sociales. Habla con ellos sobre el valor de su intimidad, y la diferencia entre poder contar algo y tener que contarlo.
  5. Conoce sus contraseñas.Janell Burley, autora del libro iRules, utiliza una esta metáfora que te puede servir: igual que la puerta del cuarto de tu hijo puede estar cerrada, pero no permitirías que estuviese cerrada indefinidamente… no permitas que tus hijos tengan contraseñas de acceso a sus dispositivos o haz que sean algo compartido contigo.
  6. Acompáñales cuando están empezando, en sus primeras publicaciones en redes sociales o cuando navega por internet. Acuerda con ellos seguir sus perfiles en redes sociales (sin comentar, para no avergonzarles delante de sus amigos).
  7. Y sobre todo… ten en cuenta que la mejor educación es la que consigue que interioricen pautas, de tal modo que hagan lo mismo sin importar si tú estás ahí como si no estás.

FUENTE: empantallados.com

El próximo 24 de mayo vuelve #DigCitSummitES. Educa, Inspira y Guía.

El próximo 24 de mayo vuelve #DigCitSummitES.

Igual que el año pasado, se trata de hablar del mundo tecnológico de niños y adolescentes. Desde la calma, la reflexión y el diálogo. La familia es la primera trinchera de la educación, también en digital. Así que esta segunda edición se centra en mi tema favorito: la pareja #familiaytecnología.

¿Qué nos preocupa? ¿Qué debería ocuparnos? ¿Dónde ponemos encontrar información veraz, contrastada y útil? ¿Qué opinan los iKids sobre su vida con pantallas? Sobre todo esto hablaremos durante una tarde, de nuevo en Espacio Fundación Telefónica Madrid.

Pronto estará abierta la inscripción (gratuita) pero que sepáis que ESTOY FELIZ porque van a venir a pasar esa tarde conmigo -y contigo que te vas a apuntar- personas tan increíbles como Silvia Álava SordoYolanda Corral, Laura Baena de Malasmadres, Mónica de la Fuente de MadresferaConsultoría en Cultura y Lectura – Elisa Yuste, Nuria Pérez de Sparks & Rockets, María Zalbidea de Cosiendo la Brecha Digital BlogLaura Otón on LifeJanell Burley Hofmann – Author, Speaker, Óscar González de Escuela de Padres3.0 y Borja Adsuara Varela, entre otros. ⚡️⚡️ ___

Además, habrá oportunidad de conocer (más y mejor) a quienes informan sobre el tema de forma TOP: Internet Segura For Kids, IS4K- IncibeFadEmpantallados#DialogandoEU Kids Online Spain… 💥💥 ___

Y además, habrá iKids, contando su versión. Muy grandes esos iKids valientes!! 💪🏼💪🏼 ___

Recuerda: 24 mayo. ¿Te apuntas?

https://www.iwomanish.com/familia-y-tecnologia-a-debate-24…/

#familiaytecnología #ciudadanosdigitales #digcitenespañol #educación cc Digital Citizenship InstituteDigcitkids

¿Por qué los niños suben a redes sus vídeos sexuales? Colaboración con el diario El País

Por Ana Alfageme y t Elisa Silió

Niños que se graban desnudos, en posiciones provocadoras o masturbándose en el baño o su dormitorio. Muchas veces acompañados de amigos o familiares. Luego suben el vídeo en su cuenta de Instagram o YouTube. Quieren seguidores y likes. Los padres no lo saben. La Policía Nacional informó ayer de que había identificado a 110 menores que habían publicado vídeos autoproducidos de contenido sexual a través de Instagram, Periscope, Twitter o YouTube. La mayoría, menores de 13 años, deseaba nuevos seguidores para sus canales de YouTube y más likes en sus publicaciones. Se trata de la primera macrooperación contra la difusión de material de contenido sexual infantil autoproducido, informa la Policía Nacional en una nota.

¿Qué conduce a esos niños a exhibirse así en Instagram o en un vídeo en la red social más potente del mundo? Los expertos coinciden en que en la joven y cambiante selva de las redes sociales se plasma la sexualización precoz entre los preadolescentes y la banalización del sexo.

Guía para padres (e hijos)

  • Consejos de la Policía y de la Fundación Anar para evitar el acceso y publicación de material pornográfico.
  • No hacerse fotos. Hacerse fotos de carácter erótico y/o compartirlas es siempre un error. Puede ocasionar situaciones de chantaje o ciberacoso sexual o acoso en el entorno escolar (grooming o bullying).
  • Información y confianza. Los padres deben crear un clima de confianza con los hijos para tratar estos temas e informarles de los riesgos y de las consecuencias que entraña facilitar datos personales o enviar fotografías y vídeos comprometidos a otras personas.
  • Pactar el uso del móvil. ANAR ha elaborado un contrato para padres y niños para establecer pautas del uso del teléfono antes de que los menores tengan acceso a él.
  • Descargar un sistema de control parental. Hay herramientas que permiten que los menores no accedan a determinadas webs.
    Restricción del wifi. Pactar que el acceso a Internet se limite a lugares comunes para evitar que los pequeños puedan encerrarse en el baño o dormitorio para navegar.

“Desde la sociedad se inculca a los niños una belleza con gran componente sexual”, asegura Benjamin Ballesteros, presidente de la Fundación Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (ANAR), veterana en el estudio del binomio infancia-web. “Los preadolescentes de 12 y 13 años se sexualizan precozmente en un mundo que les ve como objetos sexuales. Luego está la aspiración de los pequeños de formar parte del mundo de los adultos y las redes”.

Silvia Álava, doctora en Psicología Clínica, ahonda en esta idea: “Me he encontrado casos en los que la policía llama a los padres para alertarles de las fotos que suben sus niñas. No de sexo explícito, pero sí con poses muy sexualizadas para su edad”. Por eso es tajante: “Hay que evitar su sexualización y mucho menos para vender determinados productos o conseguir determinados likes. ¿Qué mensaje estamos dando a la sociedad del futuro?”.

El Centro Nacional para Menores Desaparecidos y Explotados (NCMEC) de Estados Unidos alertó a la Policía española. Desde comienzos de 2018 los agentes detectaron gran cantidad de publicaciones de material de explotación sexual infantil en redes. Verificaron que estas habían sido realizadas por los menores que protagonizaban los vídeos y utilizaban sus cuentas para difundir las imágenes. “Aprovechaban los momentos de intimidad en sus domicilios para grabar las imágenes con un alto contenido sexual”, dice la nota de la Policía, y en ellos “aparecían en muchos casos junto a amigos o familiares de su misma edad”.

“Antes de los 13 años los niños no tienen el suficiente desarrollo cognitivo o madurativo para ser conscientes de lo que puede llegar a trascender el subir una foto de ese tipo”, prosigue la psicóloga Álava. “En ese momento dejas de ser el dueño de la foto, la puedes borrar después de un proceso complicado”.

Por su parte, la profesora de antropología de la universidad de Granada, Nuria Romo, investigadora en violencia sexual entre jóvenes y adolescentes, se muestra impactada y cree que el uso de redes sociales en la infancia está aún poco estudiado. “Niñas de la edad de mi hija, que tiene ocho años, saben perfectamente como manejar YouTube y subir vídeos. Viven rodeados de un mundo tecnológico”. Los críos, dice la experta, repiten unas cuantas posturas provocadoras y sexis, que saben que les reportan likes.

En algunos casos de los perfiles de niños identificados dentro de la operación (de entre 2 y 13 años) “varios adultos habían contactado con ellos solicitándoles estos vídeos a cambio de diferentes contraprestaciones”. Los padres de los menores sabían que sus hijos eran usuarios de las redes, pero no eran conscientes de su actividad en ellas. También se encontraron “vídeos en los que aparecían niños de entre los 2 y 5 años”, siendo sus familiares más cercanos los responsables de estas grabaciones en las que se podía ver a los menores desnudos o semidesnudos. Aunque el material grabado por los familiares se produjese en su entorno lúdico, mantiene la Policía, los niños quedaban expuestos y al alcance de terceros una vez fueron publicados en las redes.

“La primera responsabilidad de la conducta de los niños es de los padres, pero la escuela no puede permanecer ajena y debe de promover buenos programas para combatir que pasen cosas como esta”, sostiene Mar Camacho, directora general de Innovación Educativa en Cataluña. Esta experta en TICS en la escuela reclama que no solo se haga prevención en secundaria, sino en los últimos años de primaria. “Cada vez a los niños se les entrega antes un móvil. Hay una tendencia por el devenir de la sociedad. Antes se lo daban a los 12-13 años y ahora es un regalo de comunión”, cuenta.

Álava no es partidaria de prohibir el móvil sino de “analizar qué quieres subir y por qué quieres gustar a los demás. La forma de tener autoestima no es a través de likes en redes, sino en tu mundo analógico. Hay chicos con muchos seguidores en redes que en su vida real no tienen seguridad. Cuando uno tiene una buena autoestima, no necesita likes para reafirmarse”.

Ellas usan en mayor medida las nuevas tecnologías

Los menores de 14 años no pueden abrir una cuenta en YouTube y los padres son los responsables de que hijos posean un canal propio. Pese a ello, más de la mitad de los niños entre 2 y 5 años usan YouTube, y a partir de los seis años ya empiezan a seguir a otros pequeños. La red social de vídeos tiene unos 1.300 canales en España dirigidos al público infantil, que generan 5,6 billones de reproducciones al mes, según 2btube, la principal empresa española de canales de YouTube.

Los nativos digitales españoles no conciben ya su vida sin las redes sociales. Tanto es así que entre los niños de 10 a 15 años el ordenador está muy extendido (lo tienen el 91,3% de los menores) y aún más el uso de Internet (el 92,8%), según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. El acceso al móvil propio, sin embargo, no está al alcance de todos. El 69,8% de la población de este segmento de edad dispone de teléfono móvil. Por sexo, las niñas usan en mayor medida las nuevas tecnologías. Y a mayor edad, mayor uso de TIC, sobre todo a partir de los 13 años.

Siete de cada 10 niños españoles tiene un perfil en alguna red social, según un estudio de Viacom. Estas cifras contrastan con las de Silicon Valley, la cuna californiana de las puntocom. Allí proliferan los colegios sin tabletas ni ordenadores y las niñeras con el móvil prohibido por contrato, porque los padres no quieren que sus hijos repitan sus patrones de conducta. Los expertos tecnológicos consideran que los beneficios de las pantallas en la educación temprana son limitados, mientras que el riesgo de adicción es alto. El 86% de los menores entra a la Red desde ordenadores que no cuentan con ningún sistema de filtrado de contenidos, según un análisis de la web de tendencias Cultture.

FUENTE: Diario El País

Cuando llegué a la adolescencia tomé conciencia de que mis padres habían compartido toda mi infancia en Internet. Colaboración con Xataka

Por Alesya MO@AlesyaCrocodile

Imagínate que tu álbum familiar con toda clase de fotos íntimas estuviera publicado en Internet. Esa foto en la que estás en la taza del váter por primera vez, aquella en la que estás en bola picada en la bañera y con un tupé hecho de espuma, o tu primer día de clase llorando a moco tendido mientras miras con odio a tus progenitores.

Si tu infancia solo vive en los álbumes de fotos puedes considerarte un perfecto anónimo en términos actuales, pues mucha gente nacida después del 2000 ha visto su infancia totalmente expuesta en las redes sociales, dejando la famosa «huella digital».

No es lo mismo que esas fotos las vean cinco conocidos y pases unos minutos de «tierra trágame» a que las vean decenas (o incluso centenares) de personas, o cualquiera que decida buscarlas introduciendo tu nombre en Google.

Esto es lo que la ha pasado a Iván y Esteban, dos chicos de 18 y 14 años respectivamente, que han visto cómo sus madres documentaban su infancia en internet.

Iván Alcocer, 18 años: «Discutía constantemente con mi madre para que eliminase mis fotos»

Iván es un estudiante que nació en 2001 y recientemente ya ha llegado a la mayoría de edad. Se acuerda que entre sus 8-9 años su madre se abrió su primera cuenta de Facebook, y a la vez su primera red social.

«Ella siempre se encargó de llenar su perfil de fotos mías, también de mi hermano mayor y mi hermana menor», nos cuenta para este reportaje, «prácticamente cogía cualquier pretexto para tomarme fotografías y subirlas».

Cuando preguntaba a su madre por qué no quería parar de publicar sus fotos su respuesta era: «Soy tu madre y tengo derecho a hacerlo»

En su familia, publicar las fotos en Facebook sustituyó los álbumes de fotos familiares de toda la vida: «Me parece que el último álbum que probablemente hizo fue hace aproximadamente 10 años».

Ivadcaefwn

Durante su infancia no le supuso mucho problema que todas esas fotos fueran publicadas, pero en fases tempranas de la adolescencia comenzó a sentirse incómodo: «Recuerdo que en un principio no parecía molestarme, creo que más que nada porque no tenía una idea clara de la enorme magnitud que tenían las redes sociales y que tendrían posteriormente».

«Todo esto me empezó a molestar e incomodar a los 11 años, cuando estaba en mi último año de primaria. En ese momento era un chico muy inseguro con mi aspecto porque tenía sobrepeso, lo que me hacía odiar que más personas viesen fotos mías además de mi familia cercana. Discutía con mi madre constantemente para que eliminase las fotos, me irritaba mucho que no respetara mi deseo de no querer que expusiera mi rostro por el motivo que fuese«.

Cuando Iván le preguntaba a su madre cuál era la razón por la que no quería parar de publicar sus fotos su respuesta era: «Soy tu madre y tengo derecho a hacerlo».

Las discusiones se prolongaron hasta sus 14 años en vano, por lo que tomó otra actitud respecto a la situación a base de ver que su hermano mayor estaba teniendo las mismas discusiones con su madre. Llegaron a la conclusión «de que lo mejor era negarse rotundamente a cualquier tipo de fotografía tomada por ella o algún miembro de la familia«.

«Hace casi dos años que dejé de usar mi cuenta de Facebook y fue cuando mejoró un poco la relación con mi madre. Es algo que ya acepto y no tengo problema que pase, pero ver fotografías mías de niño o durante la pubertad en sus redes sociales aún sigue siendo algo que me irrita un poco y me desagrada. Realmente lo que me es molesto es que no respetara mi decisión de no querer que exhibiera fotografías mías que me parecían privadas. Lo tomaba como una completa ruptura de mi privacidad o de mi poder de decisión sobre mi propia imagen».

A los 11 años comenzó a usar sus propias redes sociales: «No es que me afecte hasta un punto de no poder llevar una vida en redes sociales de manera satisfactoria, pero mentiría si dijese que no me afecta en lo más mínimo, sobre todo de una manera inconsciente. Desde que tuve mis primeras cuentas en redes sociales nunca me he sentido cómodo subiendo de manera frecuente fotografías donde salga mi rostro o personas de mi familia».

Esteban, 14 años: «No es por ser ególatra, pero aprender a quererse a uno mismo está bien, y creo que las fotos ayudan a eso»

Esteban nació en 2004, el mismo año que lo hizo Facebook, y recuerda que su madre ha subido fotos de él y de sus hermanos desde preescolar, desde que tiene memoria.

«Mi madre subía muchas fotos, cada año con el uniforme del colegio, o los días que salíamos… Ahora las sube al estado de WhatsApp, que al menos desaparecen en 24 horas». Se podría considerar un alivio frente a la perpetuidad de las fotos en Facebook, ahora que existen formatos en los que estas fotos se «autodestruyen» pasadas las horas.

Al ponernos en contacto con él nos ha dicho que prefiere guardar el anonimato, al fin y al cabo es un adolescente, pero nos cuenta que de hecho a él nunca le ha molestado que su madre subiera fotos de él a su muro de Facebook: «A veces mis amigos han encontrado fotos mías de cuando era pequeño y me ha molestado, sí, pero al final se queda en algo gracioso más que nada».

«Están ya subidas a Internet y no puedo, ni quiero, hacer nada porque al final es bonito tener recuerdos aunque sean vergonzosos», nos cuenta, al contrario de lo que pudimos pensar de primeras.

Si paseamos por su Instagram, el cual empezó a usar con 12 años y por el que lo localizamos, podemos ver a un adolescente normal que sube sus dibujos y fotos estilo selfie con sus amigos. Naturalizando algo que ha vivido desde pequeño.

«No me molestaba, ni me molesta, que subiera fotos mías, es algo a lo que me he acostumbrado y hasta a veces me gusta. No es por ser ególatra, pero aprender a quererse a uno mismo está bien, y creo que las fotos ayudan a eso».

Las consecuencias de una infancia expuesta en internet

Como hemos visto arriba, cada persona es un mundo. Y así nos lo afirma Silvia Ávala Soto, psicóloga experta en crianza: depende de la personalidad de cada niño cómo le afectará el hecho de que sus padres le sobreexpongan en internet.

«Si un niño es extrovertido y tiene afán de protagonismo que sus padres publiquen fotos de ellos puede alimentar esa faceta de su personalidad», nos explica, «pero si es introvertido puede generar muchos problemas de inseguridad».

Entrevistado

«No debemos olvidar que estamos tratando con seres humanos que quizás cuando sean adultos no les apetezca en absoluto que la gente les vea cómo eran desde que llevaban pañales hasta su primer día de universidad».

La clave del asunto es el control: una persona introvertida no es alguien que no quiere exponerse en absoluto sino «alguien que controla, cuando está en un entorno seguro, qué le cuenta a quién». En internet ese control se pierde en absoluto, y algunos padres lo pasan totalmente por alto.

Silvia insiste en que «los padres deben tener cabeza, legalmente son los responsables de su hijo, y deciden por él, pero no son los dueños de su vida».

«Hay que enseñar a los niños a respetarse y a respetar. En el momento en el que pasan por alto los deseos de sus hijos y publican esas fotos en contra de su voluntad le están diciendo al niño «hago esto porque no te respeto», cosa fundamental en la educación». Esto puede hacer una mella importante en la relación entre los padres y el hijo, la sensación que se les puede quedar es que «están mercantilizando con su imagen a cambios de likes«.

«Los padres deben tener cabeza, legalmente son los responsables de su hijo y deciden por él, pero no son los dueños de su vida»

Otro punto importante a tener en cuenta la forma en que se «naturalizan» estas prácticas desde edades muy tempranas. Actualmente existe un gran problema de autoestima generalizado a causa de las redes sociales: «los adolescentes se comparan continuamente, ven un baremo que no es real, antes de conocerse siquiera a sí mismos ya procuran proyectar una imagen en las redes sociales que no es real».


«Los padres deben tener cabeza, legalmente son los responsables de su hijo y deciden por él, pero no son los dueños de su vida»

Al subir tantas fotos los padres normalizan esa actitud «de constante pose» para las fotos, de continuamente demostrar algo en las redes sociales.

Silvia hace hincapié en los padres, que «no proyecten a través de sus hijos lo que les hubiera gustado ser ni pretendan realizarse a través de ellos». Deben dejar elegir a sus hijos, cuando llegue el momento, de lo que quieren hacer con su imagen.

¿Qué puedo hacer para que mis padres retiren mis fotos de internet?

Es complicado ponerse en contacto directamente con Facebook o Google para pedirles personalmente que retiren fotos que vulneran tu privacidad, pero a cambio te ofrecen muchos formularios a rellenar (a ver si hay suerte).

Por una parte, Facebook te ofrece un formulario para pedir que retiren tus fotos. Por otra parte, Google te ofrece otro formulario para retirar tus imágenes en el buscador. Por último, si a tus padres les da por ser youtubers, Youtube tiene otro formulario para ti. La fiesta del formulario.

Anaïs Figueras, Directora de Comunicación de Google España y Portugal, nos explica que «lo mejor es que cualquier usuario pida a la persona que aloja el contenido en dicha página que retire la información, porque de esta manera Google la deja de indexar. Si en el caso de que los padres han subido las imágenes, luego no quieren retirarlas y no se lleva a un entendimiento entre ambas partes, se puede optar por los formularios».

Sin embargo, esto es un remedio al problema una vez llevado acabo, no una solución que evite que suceda. Puede ser que se retire ese contenido a posteriori pero realmente el daño está hecho ya una vez subidas y expuestas. Lo mejor es la prevención por parte de los padres. «La idea es concienciar tanto a padres como a niños sobre de qué manera usar responsablemente Internet», como nos dice Anais.

En España todavía no ha habido ningún caso de demanda por parte de hijos a sus padres, los menores no pueden demandar a no ser que estén emancipados o hasta que cumplan la mayoría de edad (a pesar de que con 14 años pueden decidir sobre su imagen); pero en Italia y Francia ya se han realizado denuncias con multas entre los 10.000 y los 45.000 €.

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Sergio Carrasco, abogado especializado en derecho al olvido y reputación online, nos explica que en España «los conflictos en casos de sharenting que han llegado a los Tribunales se refieren a discusiones entre los padres, no del hijo hacia los padres».

Pero nos aclara que «en España podría llegar un caso así a los Tribunales, pero debemos tener en cuenta además la naturaleza misma del contenido». Por ejemplo, en el caso de Italia la demanda llegó a esos niveles porque el hijo mostró todas las formas en las que le había afectado a nivel personal que sus padres compartieran ese contenido por las redes sociales.

«Será en los próximos años, cuando estos menores empiecen a ser conscientes de todo el contenido que sus padres han compartido, que este tipo de actuaciones comenzarán a darse con más asiduidad. Un comentario o una fotografía, una vez subidos a Internet es difícil de que sean totalmente eliminados y pueden afectar tanto a su vida social como profesional».

FUENTE: Xataka.com

Nativos digitales: ¿serán los niños más inteligentes por el uso de las nuevas tecnologías? Colaboración con PadresyColegios.com

Se habla mucho de la infancia y las nuevas tecnologías, su relación con los teléfonos inteligentes, los asistentes virtuales… incluso los hay que van más allá y hablan de cómo será la relación de los menores con los robots humanoides… todavía queda tiempo para entrar en ese terrero, pero lo que está claro es que hoy en día, sí que tenemos que tener en cuenta cómo utilizan los niños y las niñas las nuevas tecnologías en su vida cotidiana y entender cómo las mismas influyen en su desarrollo evolutivo.

Hace poco salía un artículo en el The New York Times que comentaba que los hijos de los ejecutivos de Silicon Valley en muchas ocasiones no tenían acceso a las nuevas tecnologías y que sus padres eran mucho más restrictivos a la hora de dejarles utilizar las pantallas. ¿Por qué ocurre esto? Sabemos que los niños necesitan aprender y desarrollar procesos cognitivos cruciales para el correcto desarrollo cognitivo, emocional y madurativo. Y gran parte de estos procesos se desarrollan fuera de “las pantallas”.

Así, la Asociación Americana de Pediatría no recomienda el uso de pantallas antes de los dos años. Hasta esa edad cero pantallas. Y desde los dos a los cinco años su recomendación es un máximo de una hora, acompañado por un adulto y vigilando la calidad de los contenidos que los niños visualizan. No siempre se cumple, ¿verdad? Seguro que todos hemos visto el efecto que las pantallas tiene tanto en los niños como en los adultos: una atracción de la atención y captación impresionante. ¿Por qué ocurre esto? Porque están diseñadas para que el proceso de atención sostenida lo haga la propia máquina, los dibujos, juegos… se trata de estímulos que pasan muy rápido tanto a nivel visual como a nivel auditivo, por eso el propio proceso de atención sostenida lo hacen el dispositivo y la aplicación solos, podemos estar horas frente a ellos teniendo que hacer muy poco esfuerzo mental, y eso nos pasa factura tanto a los niños como a los adultos. Es por eso por lo que, no se recomienda que los niños pequeños pasen las horas muertas ante la televisión, las tabletas, o los teléfonos móviles,porque el proceso de atención sostenida tiene que madurar y para eso es necesario que el propio niño sea quien mantenga la atención en su juguete, su libro, la conversación con los demás…

Además, los niños y las niñas tienen que aprender a regular y dirigir su propia conducta, por ello, es importante reservar espacios a lo largo del día para que puedan jugar libremente, sin estar dirigidos por un adulto ni por una máquina. Hoy en día esto es difícil, porque nos falta un bien de primera necesidad: el tiempo. Hoy en día sometemos a los niños al ritmo frenético de la sociedad, levantarse corriendo para no llegar tarde al colegio, actividades extraescolares, deberes… Es necesario reservar tiempo y espacio para que los menores jueguen solos, aprendan a dirigirse ellos solos y aprendan a tolerar la frustración y aburrirse. Parece que cuando oímos que un niño o niña nos dice “me aburro”, nos saltan todas las alarmas, y rápidamente corremos a entretenerlo y para eso el mejor invento: una pantalla. Sin querer estamos impidiendo que aprendan a tolerar la frustración, que aprendan a aburrirse. Les evitamos esos momentos de introspección y reflexión personal que nos hacen crecer como personas.

Sometemos a los niños al ritmo frenético de la sociedad, levantarse corriendo para no llegar tarde al colegio, actividades extraescolares, deberes… Es necesario reservar tiempo y espacio para que los menores jueguen solos, aprendan a dirigirse ellos solos y aprendan a tolerar la frustración y aburrirse.

En las consultas de psicología, vemos muchos adolescentes, y también adultos que tienen grandes dificultades para conectar con ellos mismos y con sus emociones, y que utilizan la tecnología, sus teléfonos, internet… como una especie de chupete emocional que les ayude a evitar esa situación. A la larga la situación se complicará más, porque si no estamos bien con nosotros mismos, si no somos capaces de conectar con nuestra parte emocional, y sentirnos a gusto y bien con nosotros mismos, podemos desarrollar problemas emocionales, de depresión, bajo estado de ánimo…

La niñez es el periodo evolutivo esencial para desarrollar las habilidades sociales. Desde pequeños aprendemos a relacionarnos con los demás, y según vamos creciendo desarrollaremos habilidades más complejas. Cuando los niños y las niñas juegan, participan procesos como el ser capaces de negociar, de seguir las normas, de respetar las reglas… que serán fundamentales en la edad adulta. Por eso es recomendable favorecer el juego grupal, de patio, de parque, de calle, en los niños y las niñas para que puedan desarrollar todas estas habilidades. Las nuevas tecnologías aportan cosas positivas, como fomentar la curiosidad, que es algo esencial para que se produzca el aprendizaje. Nunca había sido tan fácil acceder a la información y al conocimiento, y esto bien utilizado es un gran vehículo para aprender. Sin embargo, hay que trabajar con los menores el desarrollo del pensamiento lógico, que aprendan a pensar por ellos mismos, no solo a guiarse por lo que leen en Internet, a ser críticos, y sobre todo a distinguir entre los hechos y las opiniones.

Más información:

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Silvia Álava Sordo

Colegiado M-16238

Directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes

Madrid 2 de mayo de 2016

Blog: silviaalava.com

Facebook: facebook.com/silviaalavasordo

Twitter: @silviaalava

Cómo actuar ante las descomunales pataletas de tu hijo cuando le quitas la tablet, el móvil… Colaboración con ABC

Claves para lograr que controle sus tiempos de uso y se comporte de forma adecuada.

Por rLaura Peraita@LauraPeraita

«La televisión es un medio de entretenimiento en el que el espectador se mantiene pasivo —apunta Óscar González, fundador de Alianza Educativa y profesor de sexto de Primaria—. Con las redes sociales, los niños y adolescentes se sienten atraídos fundamentalmente por la velocidad a la que acceden a información de todo tipo, vídeos o fotos a golpe de click según su propio deseo en cada momento. El tiempo se les pasa volando y, además, no tienen sensación de hacer nada malo».

Sí, muchos padres lo reconocen: «debería haberle puesto límites desde el primer día que le dejé la tablet para que ahora no esté todo el día pegado a ella. Nunca imaginé que se engancharía tanto». Las nuevas tecnologías tienen un poder de atracción sobre los niños muy superior al que en su día tuvo la televisión en la generación de sus padres, que ahora «lucha» por apagar la tablet o quitarle el móvil a sus hijos.

Los pequeños no son conscientes de la cantidad de horas que están quietos, lo que va en detrimento de la actividad física, de que dediquen su mente a juegos o actividades más creativas… y a los deberes. Tampoco hay que obviar las alertas que continuamente lanzan los expertos sobre la posibilidad que tienen los menores de acceder a contenidos poco apropiados para su edad o que acaben consumiendo estos contenidos como si de una adicción se tratara.

A todo ello se suma que cada vez más padres se ven sorprendidos por los lloros, rabietas y pataletas descomunales que supone que apagen sus dispositivos. Ante tales «numeritos», en ocasiones los progenitores, con tal de no aguantarles, tienden a ceder a las peticiones y ruegos de sus hijos para poder disfrutar de un poco de paz tras una dura jornada de trabajo o mientras se toman un aperitivo con los amigos.

Sin ser casi conscientes de ello, los padres que actúan así cometen un error, puesto que la próxima vez los hijos inistan en tener sus dispositivos llorarán más fuerte aún porque saben que al final podrán conseguir su objetivo: tener la cara frente a una pantalla.

Óscar Gonzalez advierte de que la teoría sobre cómo afrontar ese momento de llantos incontrolados es fácil, no así la práctica. «Lo primero que hay que hacer es armarse de paciencia y dirigirse a ellos con tranquilidad porque si el padre va alterado a quitárle la tablet o el móvil se entrará en un bucle de discusiones que irá creciendo y acabará con grandes gritos. Hay que recordarle que el dispositivo es de los padres, por lo que ellos deciden cuándo deben dárselo. Se le pide que se lo entregue en las manos y, de no ser así, se le dirá que la próxima vez no lo tendrá durante un día entero. Si él se resiste, las consecuencias se alargarán durante más tiempo».

De la misma opinión es Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron», al asegurar que, incluso, si el niño argumenta que su tablet o móvil se lo han regalado los abuelos por la Primera Comunión, algo que no es adecuado «porque el móvil no es ningún juguete y menos un dispositivo apropiado a la corta edad de los niños —matiza esta experta—, se le debe recordar que aún siendo un regalo, los padres son los que establecen las normas de uso siempre. En ningún apartado de la Ley de Derechos del niño se incluye que tenga que disponer de estas tecnologías».

Añade que en plena discusión, no es adecuado, ante las múltiples negativas del pequeño de apagar su tablet o móvil, arrancárselo de las manos. «Si los adultos actuamos así, le estaremos enseñando que los problemas se «resuelven» con violencia y ellos simularán este comportamiento. Lo mejor es decirle «muy bien, ya te he avisado de que debes apagarlo, si no lo haces ahora mismo, luego no podrás cogerlo. Me estarás demostrando que no sabes usarlo como debes. También es buena opción avisarle del tiempo que tiene de uso y cuando queden diez minutos de la hora establecida recordarle: «en diez minutos debes dejar tu dispositivo». Si es necesario también se le puede decir porteriormente que solo le quedan cinco minutos».

Los expertos inciden en la necesidad de no levantar estas consecuencias a su mal comportamiento, para que la próxima vez se lo piense dos veces antes de no hacer caso. «No hay que caer en la tentación de dejársela después —explica Óscar Gonzalez— para lograr que no esté haciendo ruido, protestando, dándo saltos con la pelota o molestando con otra cosa. Los padres no podemos ceder en función de nuestro ánimo, de si hemos tenido un buen o mal día en el trabajo, etc».

Insiste Silvia Álava que no hay que tomarlo como una derrota de los padres, «pero hay que ser inflexibles y si más tarde el niño pide la tablet hay que decirle que no porque no supo obedecer y apagarla cuando se le pidió anteriormente. Ahora tendrá que asumir sus consecuencias».

No obstante, González manifiesta que su preocupación ya no es tanto que no quiera dejar la tablet, que ya es desobedecer, «sino que se comporte de forma desmesurada, incluso a veces agresiva, por tener que dejarla. Cuando esté tranquilo es también una buena ocasión para enseñarle cómo debe aprender a controlar su rabia». «Efectivamente, —añade Silvia Álava— no se deben permitir nunca malas contestaciones ni faltas de respeto. Las hormonas no son una excusa en los adolescentes. Hay que dejárselo muy claro y explicárselo tanto a menores como a adolescentes», concluye.

FUENTE: Diario ABC

Controlar, sí. Espiar, no. ¿Dónde empieza y acaba la vigilancia a los hijos? Colaboración con La Vanguardia

La intimidad de los menores está protegida. Mirar sus móviles no es una buena fórmula de control

Por Javier Ricou

Finales de la década de los ochenta del siglo pasado. Antonio Alcántara (Imanol Arias) lo tiene muy claro. En el primer capítulo de la última entrega de Cuéntame como pasó, María, la hija pequeña de los Alcántara sale por primera vez con sus amigos (tiene ya 17 años) a celebrar la Nochevieja. La fiesta es en una casa de la zona alta de Madrid y Antonio, que no las tiene todas, se cuela de madrugada en esa vivienda para ver qué hace su hija. “Voy a espiar, sí”, responde el cabeza de familia de los Alcántara cuando su mujer, Mercedes (Ana Duato) le regaña por lo que está a punto de hacer.

Mucho ha llovido desde la fecha en la que se sitúa esa escena. En aquella época que un menor denunciara a sus padres por irrumpir en una fiesta de adolescentes, por registrar la habitación de los hijos o por fisgonear en los bolsillos de su ropa habría sido noticia de primera página. Se daba por hecho que entre las responsabilidades de los progenitores iba incluida esa vigilancia intrusiva. Y todo se hacía a mano o a pie. Nada de pantallas. Aún no habían llegado las nuevas tecnologías.

No hay carta blanca

Hoy las cosas, cuando se habla de educar a los hijos, ya no están tan claras. Los expertos en el tema cada vez son más contundentes en su mensaje: Controlar, si. Espiar, no. Y advierten: Los padres y madres no tienen carta blanca en su responsabilidad como vigilantes de sus hijos y eso vale especialmente para los dispositivos tecnológicos. Aunque sean ellos los que han pagado esos teléfonos u ordenadores y los que abonan religiosamente las facturas generadas por el uso que hacen los menores de esos aparatos. Visionar, sin permiso de los hijos, los mensajes que estos envían o reciben por esos canales sin una causa justificada (sólo sería lícito si ese menor está en una situación de riesgo) puede tener castigo por la vía penal. Así lo que recoge la ley.

¿Dónde empieza y acaba la vigilancia a los hijos?

Todo es una cuestión de sentido común. La mayoría de expertos en el tema desaconsejan espiar, sin causa justificada, los teléfonos móviles y ordenadores de los hijos. Lo que no quiere decir, precisa Sílvia Álava, doctora en Psicología Clínica y de la Salud, “que esos padres hayan perdido el derecho a controlar o supervisar lo que hacen los menores en esos portales y canales de mensajería instantánea”.

El consejo de los expertos es acordar con el menor que los padres podrán mirar su teléfono si lo consideran oportuno. Pero no hacerlo sin su permiso.
El consejo de los expertos es acordar con el menor que los padres podrán mirar su teléfono si lo consideran oportuno. Pero no hacerlo sin su permiso. (ljubaphoto / Getty Images)

¿Se puede vigilar sin espiar?

Pero, ¿cómo se vigila sin espiar? “Hablando con esos niños, dejándoles muy claro cuando se les entrega uno de esos aparatos que los padres podrán acceder a sus contenidos, si lo consideran necesario, pero siempre acompañados por los menores”, añade Sílvia Álava. Muchas familias compran teléfonos móviles a sus hijos mucho antes de cumplir los catorce años. “A esas edades tan tempranas ese menor suele ser incapaz de calcular los riesgos escondidos en estas nuevas tecnologías, así que el consejo para las madres y padres en ese primer contacto de sus hijos con un teléfono móvil es dejarle muy claro que ese aparato no es suyo, que lo han pagado los padres y por lo tanto ellos lo podrán mirar y usar siempre que quieran”, insiste esta psicóloga.

Una fórmula que suele funcionar en la etapa de la infancia, pero que no es ya de tan fácil aplicación cuando esos hijos alcanzan la adolescencia. A esas edades, entre los 15 y 18 años, los hijos ya no suelen aceptar, aunque el dispositivo siga siendo pagado por sus padres, que estos fisgoneen el contenido de esos aparatos. Y es entonces cuando surgen los conflictos. Álava reitera: “Por mucha tentación que tengamos cuando nuestros hijos alcanzan la etapa de la adolescencia, no es aconsejable espiar el contenido de esos aparatos sin el consentimiento de ellos. Si nos descubren el remedio será peor que la enfermedad, pues se corre el riesgo de que se rompa para siempre la confianza”.

Lo que dice la ley

Mirar los mensajes del correo electrónico o leer el contenido de las conversaciones del WhastApp de los hijos, sin el permiso de estos, puede salir muy caro. Ramon Arnó, abogado y responsable de la web La Familia Digital recuerda que el artículo 4.1 de la Ley de Protección del Menor 1/1996 dispone que: “Los menores tienen derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Este derecho comprende también la inviolabilidad del domicilio familiar y de la correspondencia, así como del secreto de las comunicaciones”. Y el artículo 4.5 de la misma ley también es muy claro al respecto: “Los padres o tutores y los poderes públicos respetarán estos derechos y los protegerán frente a posibles ataques de terceros”.

“Mirar lo que ya está publicado en las redes no sería espiar”

Silvia Álava psicóloga

Otra cosa muy diferente “es ejercer un control de lo que nuestros hijos han publicado en redes sociales. Una vez los contenidos se han colgado en una plataforma ningún padre ni madre debe de tener la sensación de que espía a esos menores cuando lee esa información. Es pública y por lo tanto está a la vista de todos”, indica Silvia Álava.

Ese control entraría en lo que se entiende como la responsabilidad y obligación de velar por la educación y desarrollo de los hijos. Como mirar el historial de las páginas visitadas desde un ordenador. “Si dejamos que tengan ese aparato en su habitación (lo que a cortas edades no sería prudente) siempre tenemos que dejarles claro que los padres podrán controlar en cualquier momento los lugares por los que han navegado”, añade esta psicóloga.

Los padres también han de respetar el derecho a la intimidad que la ley reconoce a los menores
Los padres también han de respetar el derecho a la intimidad que la ley reconoce a los menores (AntonioGuillem / Getty Images/iStockphoto)

¿Cuándo está justificado espiar los mensajes o correos electrónicos?

Aunque las nuevas tecnologías son un fenómeno relativamente nuevo existe ya una abundante jurisprudencia sobre el tema. Ramon Arnó ha seleccionado algunas sentencias –con el propósito de poner a los padres las cosas más claras cuando surge la duda de si espiar o no a los hijos– que dieron la razón a progenitores que miraron mensajes de ordenadores o teléfonos de esos menores.

El Tribunal Supremo dio, por ejemplo, la razón el pasado año a una mujer que accedió al WhastApp de su hija al sospechar que esta había sido víctima de una agresión sexual. La conducta, consideraron los magistrados, estaba en este caso justificada.

Sentencias de Pontevedra y Madrid

Más jurisprudencia

La Audiencia de Pontevedra absolvió también a un padre que miró, con el permiso de su hija, el WhastApp de la menor. La denuncia la presentó la madre de la niña, (la pareja estaba separada), al estimar que su ex marido había violado la intimidad de la menor. Los jueces justificaron esa conducta y estimaron que no hubo revelación de secretos, pues el padre compartía la patria potestad con la madre y la acción había que enmarcarla en la obligación de los progenitores en la educación y control de lo que hacen sus hijos.

La Audiencia de Madrid absolvió también a una mujer que miró el WhastApp de su hijo, de 13 años, sin el permiso del menor. La madre utilizó esas conversaciones en un juicio de separación para demostrar que su marido, con el que compartía la custodia, y los abuelos paternos estaban poniendo en riesgo la salud del niño al negarse a suministrarle una medicación recomendada por un hospital para tratarle una dolencia. La sentencia considera que en este caso no hubo vulneración del derecho de las comunicaciones, al prevalecer un bien jurídico superior, como es la protección de la salud del menor.

Utilizar programas espía para controlar qué hacen los hijos con sus dispositivos no debe hacerse sin el conocimiento del menor.
Utilizar programas espía para controlar qué hacen los hijos con sus dispositivos no debe hacerse sin el conocimiento del menor. (junpinzon / Getty)

¿Y los programas espías?

Tanto Silvia Álava como Ramon Arnó coinciden en que lo más grave, en la tarea educativa como padres, es instalar en los teléfonos y ordenadores de los hijos aplicaciones o dispositivos que permitan un control absoluto de esos aparatos. Es una práctica extendida y basta ver la oferta de aplicaciones espías en internet para comprobar el éxito de esos productos. Lo que no quiere decir que esos programas –que permiten leer mensajes, geolocalizar a los menores o controlar qué paginas se visitan– sean legales si son instalados sin el conocimiento de los niños.

La instalación de programas para controlar teléfonos y ordenadores roza la ilegalidad

FUENTE: Diario La Vanguardia

#Video Colaboación con Cuatro al Día para hablar sobre los Virales peligrosos

#Video Colaboración con @cuatroaldia para hablar sobre los Virales peligrosos: La sombra de estos retos planea sobre los dispositivos de los menores, donde los inducen a seguir prácticas perjudiciales para ellos y su entorno @miteleonline

El reportaje comienza en 1h 51′

https://www.mitele.es/programas-tv/cuatro-al-dia/5cab1d238bd4e550228b46ad/player …

Silvia Álava - Cuatro al Día - Momo

«Estos retos de moda ponen en riesgo incluso la integridad de los niños» Colaboración con el diario El Comercio

Expertos creen que prácticas como el ‘abecedario del diablo’, practicado en el IES Astures, derivan de una mala comunicación en el entorno doméstico

Por MARCOS GUTIÉRREZ

Tras unos días de agitación, el fin de semana ha contribuido a que el día a día de los estudiantes del IES Astures de Lugones y sus familias recobre una cierta calma. La rápida actuación de la dirección del centro permitió atajar la peligrosa práctica de ‘el abecedario del diablo’, que se había popularizado entre los alumnos de primero de la ESO y que llegó a causar heridas en más de cuarenta chicos del centro.

Expertos en Sociología, Psicología Infantil y Ciencias de la Conducta consideran que la principal responsabilidad a la hora de prevenir este tipo de conductas aberrantes no recae en los centros educativos, sino en el entorno familiar. La psicóloga Silvia Álava explica que «por desgracia», este tipo de juegos son algo «bastante habitual». «Estos retos que se ponen de moda entre niños más pequeños ponen en riesgo incluso la integridad de los participantes», señala. El perfil de chicos más susceptibles de caer en estas trampas es el de aquellos «más sugestionables y que no saben decir que no». En este sentido, considera que «es muy importante que los padres hagan una correcta educación acerca de qué es lo que se puede consumir en las red, saber qué cosas ven, qué redes sociales siguen o que webs visitan».

En definitiva, se trata de que los padres o tutores «inviertan tiempo en una educación y en formarles, tener criterio y saber ser asertivos». Lejos de considerar que lo acontecido en el IES Astures es algo nuevo, esta psicóloga resalta que este tipo de juegos de valor, iniciáticos en cierta medida, siempre han existido, si bien «con las redes sociales se les da un eco que antes no tenían».

Silvia Álava, Psicóloga «Es muy importante que los padres eduquen sobre qué es lo que se puede o no consumir en la red»

José Antonio Flórez Lozano, Catedrático de la Universidad «El mejor de los regalos que podemos hacerle a un niño se llama tiempo»

Héctor Cebolla, Sociólogo «Con Internet y las redes sociales estos juegos se han estandarizado a nivel planetario»

El catedrático de Ciencias de la Conducta de la Universidad de Oviedo José Antonio Flórez Lozano considera que «nos encontramos con comportamientos que parecen ser inducidos en parte por la pertenencia a este mundo de teléfonos móviles y digitalización». En este tipo de casos cree que resulta esencial «conocer la edad de los niños en cuanto a desarrollo emocional». «Probablemente tenemos que preguntarnos no tanto por el niño o el instituto como por la familia o el núcleo familiar», comenta al hilo de la peligrosa práctica que se detectó la pasada semana en el centro educativo lugonense. Cree que el problema se basa en que «hay una comunicación ineficiente. El niño en estos momento tiene un hambre de comunicación que es sustituida por una digitalización cada vez más intensa, a través del uso de las nuevas tecnologías». Añade que «nuestro cerebro está pensado para la felicidad, no para la autodestrucción y esto requiere esfuerzo». En esta línea, conductas como las manifestadas a través de juegos como el del ‘abecedario del diablo’, «son reflejo de la sociedad actual, en la que algo falla». Cree que en el fondo del problema radican «posibles déficits en vínculos psicoafectivos con la familia». «Tenemos que volver a lo más sencillo. La digitalización mejor es el amor y la comunicación en el ámbito familiar. El mejor regalo que podemos tener para un niño se llama tiempo», asevera.

Apunta que la interacción entre padres e hijos dentro del ámbito familiar «es la estrategia para atajar estos comportamientos negativos. Procurar un entorno positivo para nuestros hijos». Considera que el beneficio obvio de las nuevas tecnologías y las redes sociales se está pervirtiendo, llegando a «intoxicar» las mentes aún en desarrollo de los más jóvenes.

El sociólogo Héctor Cebolla, cree que, pese a ser fenómenos aislados, eventos como el de Lugones «tienen una gravedad extraordinaria. Más allá de que sean prevalentes, la importancia de un evento solo me parece suficiente como para que reciba atención».

Más que hablar de viralización de este tipo de prácticas por el efecto de las redes sociales, considera que lo que sucede es que ‘juegos’ como el ‘abecedario del diablo’ o ‘la ballena azul’ «se han estandarizado a nivel planetario. Antes estas bravuconadas tenían un origen más local. Lo que han hecho las redes es estandarizar lo que pasa en los diferentes países». En esta línea, «lo que pasa es que ahora prestamos más atención y hay más herramientas para medir el maltrato en los centros educativos. El efecto de las redes es más homogeneizador que viralizador».

Distintas prácticas

Son varias las prácticas que, como el ‘abecedario chino’ o ‘de diablo’, se extienden entre los jóvenes de forma silenciosa y llegan a representar un verdadero peligro para ellos. El ‘abecedario del diablo’ consiste en rascar el dorso de la palma de la mano con una uña a otro niño mientras recita las letras del alfabeto de la A a la Z y dice una palabra que comienza con cada una de ellas. A cada palabra le corresponde un pellizco mayor lo que, en la mayoría de las ocasiones, deriva en heridas de consideración. Lejos de ser más inofensivo, el ‘cutting’ puede tener un factor de peligrosidad añadido. El objetivo es hacerse cortes con una cuchilla en determinadas zonas de muñecas y pies, incluso en las plantas. Una vez realizada la marca, los jóvenes suben la foto a las redes sociales.

FUENTE: Diario El Comercio