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La infancia expuesta en internet, a debate. Colaboración con El Diario Vasco

El día a día de cuatro de cada cinco bebés españoles de menos de seis meses pulula por internet | «La vida privada de los niños es suya, no de sus padres», advierten los expertos

Por ICIAR OCHOA DE OLANO

El 23% de las criaturas engendradas tiene presencia en internet

«¡¡¡Estamos embarazados!!!». Ecografía de doce semanas de gestación. «¡Es chico!» Compartir; «¡¡¡¡Daniel ya está con nosotros!!!!». Clic; «Daniel en su cunita». Clic; «Daniel ya abre los ojitos». Clic; «El primer baño de Daniel». Clic; «Daniel coge su sonajero»; «Daniel estrena pijama con orejitas de oso»; «Daniel prueba su primer trozo de pan»; Clic, clic, clic. Compartir. Like, Like, like, like… Este ‘modus operandi’ tiene una expresión propia -anglosajona, cómo no-: ‘Sharenting’, el resultado de la fusión de ‘share’ (compartir) y de ‘parenting’ (crianza). Y es una actividad más habitual de lo que puedan sospechar. Mucho más. Hasta el punto de que el 23% de las criaturas engendradas tiene presencia en internet sin que ni siquiera hayan nacido aún, porque sus padres se han apresurado a colgar en las redes sociales imágenes ultrasónicas del feto dentro del útero de la madre.

Ese porcentaje se dispara hasta el 81% para los menores de hasta seis de meses de edad. Dicho de otro modo, cuatro de cada cinco bebés que apenas han cumplido medio año de vida crecen y se desarrollan ante el ojo público. A partir de ahí, el álbum infantil en abierto no para de sumar páginas y volúmenes. Así lo ha constatado la firma de seguridad informática AVG en un estudio que ha elaborado en una decena de países, incluido España, y que acaba de servir poniendo sobre la mesa estos inquietantes datos.

Instagram y Facebook, principalmente, albergan una gigantesca guardería repleta de encantadoras imágenes, estáticas y en movimiento, de bebés llorando, riendo, eructando, chapoteando, estrenando orinal, poniéndose el puré por montera, tirando del pelo de su hermanita, gateando detrás del perro, metiendo el dedo en el ojo de la yaya, chapurreando sus primeras palabras, cantando un ‘hit’ en la sillita del coche… Todo ante la mirada curiosa de miles de millones de desconocidos.

Muchos padres creen que la exposición que hacen de esas imágenes quedará limitada al círculo de sus conocidos directos

«Muchos padres creen que la exposición que hacen de esas imágenes quedará limitada al círculo de sus conocidos directos, pero su alcance suele ser mucho más amplio», afirma Silvia Martínez, experta en Social Media de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). «En primer lugar, porque la mayoría de ellos mantiene un perfil público en las redes, con lo que esas fotografías pueden ser vistas por cualquier usuario, en cualquier rincón del planeta. Por otro lado, aunque los padres hayan limitado la exposición de su perfil haciéndolo privado, en ocasiones los propios conocidos o familiares comparten esas imágenes que les han llegado por las redes (incluso sin disponer de una autorización para hacerlo), lo que amplía el alcance de esas instantáneas».

El informe de AVG estima que la huella digital de los niños que todavía no han soplado las cinco velas se alimenta a razón de doscientas instantáneas nuevas cada año, por mor de sus orgullosos progenitores. Ignorantes, en muchos casos, de que difunden más información sobre sus hijos de lo que creen (por ejemplo, con el geoetiquetado de las imágenes), les colocan en una posición inmejorable para posibles mofas o discriminaciones futuras y les exponen a otros riesgos más espeluznantes, como que les suplanten la identidad para convertirles en víctimas de la pornografía infantil.

«Compartir contenidos y narrar cada avance y logro que los hijos consiguen, comentar sus gustos y preferencias, indicar los sitios que visitan o mostrar espacios tan privados como sus habitaciones puede desencadenar peligros importantes. Todos estos datos ofrecen mucha información a terceros que pueden aprovecharla para intentar alcanzar fines delictivos o incluso atentar contra la integridad de esos hijos», explica Martínez.

Las universidades de San Francisco y Míchigan han analizado por su cuenta este fenómeno -lo han publicado bajo el título ‘Not at the dinner tabble: parents and children’s perspective on family technology rules’- y sus conclusiones sobre el ‘sharenting’ no lo dejan en buen lugar. El 56% de los padres comparte información de sus descendientes potencialmente vergonzante; el 51% facilita pistas más que suficientes para su localización; y el 27% sube fotos directamente inapropiadas.

«Hay que pensar si al niño le gustará ver su vida aireada cuando sea mayor» Silvia Álava| Psicóloga infantil

«Reputación» y denuncias

Más allá del inquietante debate sobre a dónde va a parar todo ese material gráfico, a menudo los progenitores no reparan en otra cuestión de naturaleza bien distinta, pero fundamental: a golpe de ‘clic’, se convierten en los mayores infractores de la privacidad de sus hijos, dado que, exponiendo su infancia, vulneran el derecho a la intimidad de los menores.

La psicóloga infantil Silvia Álava se muestra tajante a este respecto: «La vida privada del niño es suya, no de sus padres». «Tener un hijo es un motivo inmenso de felicidad y es comprensible querer compartirla, pero lo que a nosotros nos parece gracioso, puede que al niño no le haga ninguna gracia. Debemos pensar si cuando crezca le gustará ver su vida aireada ante todo el mundo», enfatiza desde su consulta en Madrid.

Hay más sobre lo que reflexionar. «Cuando sean adolescentes, ¿con qué autoridad vamos a pedirles que hagan un uso responsable de las redes sociales, que se corten subiendo fotos, si es lo que nos han visto hacer en casa?», deja en el aire Álava, quien atribuye la fiebre de muchos padres y madres por ilustrar la crianza de sus hijos con fotos y vídeos de su intimidad a un «intento de realizarse en las redes sociales a través de ellos». «Si quieren un reconocimiento a través de ‘likes’, que no usen a sus hijos», censura. «Vemos a diario a niños que hacen cosas contra sus gustos porque sus padres quieren».

Aún es pronto para conocer las consecuencias

Aunque todavía es pronto para conocer las consecuencias de esta difusión de la vida de los bebés, puesto que se trata de un fenómeno relativamente reciente, ya se han registrado un par de casos en los que hijos han denunciado a sus padres por vulneración de su intimidad. Carinthia, una joven austriaca de 18 años, se querelló en 2016 contra sus progenitores por compartir más de quinientas fotos suyas en Facebook sin su consentimiento. Ese mismo año, Darren Randal, un niño canadiense de 13, hacía lo propio al considerar que las imágenes que sus padres habían subido a las redes sociales arruinaban su «reputación».

«Se ponen en la red muchos datos que alguien puede usar para fines delictivos» Silvia Martínez 1 Experta en Social Media de la UOC

Distintos reglamentos en el contexto internacional protegen a este respecto a los menores. En España, la privacidad de los niños está defendida por la Ley de Derechos y Oportunidades de la Infancia y la Adolescencia de Catalunya, la Ley española de Protección del Menor, el Reglamento de Protección de Datos de la Unión Europea y la Convención de Derechos de los Niños.

Mientras los millones de niños virtuales que pululan por las pantallas ajenas se hacen mayores a la vista de todos y evalúan si aprueban o no la disposición que sus padres y madres han hecho de su intimidad, las parejas peor avenidas han encontrado en el ‘sharenting’ no consensuado un filón para tirarse de los pelos y, en ocasiones, disputarse la patria potestad en caso de divorcio. Uno de los casos más sonados es el de Bisbal y su ex Elena Tablada, a quien ha demandado por exponer a la hija de ambos en las redes sociales.

Desde Pantallas Amigas, una iniciativa para la promoción del uso seguro y saludable de internet y para el fomento de la ciudadanía digital responsable en la infancia y la adolescencia, desaconsejan la práctica del ‘sharenting’. «Los padres tienen la obligación de cuidar la imagen y la intimidad de sus hijos y no el derecho a hacer un uso arbitrario de ella. Compartir imágenes de ellos sin su consentimiento es inadecuado», sentencia Jorge Flores, director de la plataforma, quien anima a usar otras formas «más controlables» de compartir imágenes, como el email o la mensajería instantánea.

La huella digital

  • 23% es el porcentaje de criaturas que ya tiene presencia en internet sin haber nacido aún porque sus padres se han apresurado a subir a las redes sociales una imagen de la ecografía del embarazo.
  • 200 es la media de fotos nuevas que los padres y madres cuelgan cada año en las redes sociales de sus hijos menores de cinco años. Carne de cañón Uno de los riesgos de publicar fotografías de menores es que terceros pueden usarlas como material pornográfico mediante la extracción de la imagen de sus genitales cuando se muestran desnudos o la suplantación de su identidad a través de aplicaciones informáticas.
  • No al ‘sharenting’: Pantallas abiertas, una iniciativa surgida en 2004 para ayudar a los menores de edad y a sus familias a desenvolverse de forma segura y saludable en la red, desaconseja esta práctica. Recuerda a los padres «su obligación de cuidar de la imagen e intimidad de sus hijos», y les anima a emplear otras formas «más controlables» de compartir fotos, como el email o la mensajería instantánea.

Pincha en el siguiente enlace para leer el artículo completo -> FUENTE: DiarioVasco.com

Niños y pantallas: pautas de educación digital en el nuevo curso. En Parent’s Academy (#ZonaFB) el 26 de septiembre

Educar en el entorno digital es, sin duda, uno de los retos de los padres de hoy en día. La tecnología influye en muchas facetas de niños y adolescentes: en el desarrollo de su personalidad, su sociabilidad, seguridad y creatividad. 

A veces nos gustaría saber qué han hecho otros padres, qué funciona y qué no. O que algunos expertos nos ayudasen en la educación de nuestros hijos. Este es el objetivo de Parent’s Academy. 

Cada mes tiene lugar una Masterclass con un experto en educación digital: una sesión con un enfoque muy práctico que poder aplicar en el día a día. Además, habrá un tiempo para preguntas y para poder conversar con el experto invitado y con otros padres y madres asistentes.

El próximo 26 de septiembre, a las 19:30, Estaremos en Parent´s Academy (#ZonaFB, para charlar sobre «Niños y pantallas: pautas de educación digital en el nuevo curso».

Parent´s Academy (#ZonaFB, Paseo de la Castellana 35, Madrid)!

Inscríbete gratuitamente aquí: http://empantallados.com/madrid/

#Podcast Para estas vacaciones dieta digital y de pantallas. En No Es Un Día Cualquiera de RNE

No vamos a hablar de dietas de adelgazamiento, sino de dietas digitales! aprovechemos estas vacaciones para pasar menos tiempo delante de las pantallas y más disfrutando de la realidad no virtual!
De todo ello hablamos en esta edición del programa No Es Un Día Cualquiera, de RNE

El 81% de los bebés tiene presencia en las redes antes de los seis meses. Cuidado con sobreexponer a los menores en Internet. Colaboración con LaSexta TV

Cuidado con sobreexponer a los menores en Internet: el 81% de los bebés tiene presencia en las redes antes de los seis meses.

De media, los padres cuelgan en torno a 200 fotos de sus hijos al año. Al hacerlo, muchas veces comparten información que permite localizarles o que puede ser vergonzosa.

Decir ‘patata’ o contar hasta tres se ha convertido en uno de los gestos más comunes, sobre todo en verano: hacer fotos a los niños para después colgarlas en la red. Hasta un 81% de los bebés, según los expertos, tiene presencia en redes sociales antes de los seis meses.

Advierten de que subir una foto a Internet es igual que repartirla por la calle entre desconocidos. «Cuando subimos una foto o un vídeo a la red perdemos un poco el control de esa foto y ese vídeo», advierte María Ramírez, portavoz de la Policía Nacional.

Una práctica cada día más habitual, conocida como ‘sharenting’ o sobreexposición de los menores en Internet por parte de los padres. Los hay incluso que aparecen antes de nacer y que con tan solo unos meses de vida ya tienen su propia cuenta personal.

«Si tú quieres subir fotos tuyas sube todas las que quieras, pero cuando salga tu hijo o tu hija ten cuidado con la cantidad de fotos que subes o con las poses que tiene o con lo que está haciendo», aconseja Silvia Álava, psicóloga infantil.

Los padres publican de media al año unas 200 fotografías de sus hijos y los hay que con cinco años ya tienen más de 1.000 imágenes circulando por la red. «Los menores son menores y hay que respetarlos», afirma una madre al respecto.

Se recomienda que los niños salgan siempre vestidos o para mayor seguridad, de espaldas o mostrando solo una pequeña parte del cuerpo. «Hay fotos que no se deben de sacar: playas, topless en el caso de menores femeninas y demás», indican desde la Policía.

Porque inmortalizar un bonito recuerdo de las vacaciones no debe dejar desprotegidos a los más pequeños.

Pincha en la foto para ver el vídeo:

Silvia Álava - La Sexta - Niños y Redes Sociales

Los expertos advierten sobre la presencia de los menores en las redes: el 75% tiene fotografías en Internet con solo dos años. Colaboración con LaSextaTV

La Fiscalía del Menor advierte de que el derecho de imagen les pertenece a los menores y hay casos que ya han llegado a los tribunales.

Los niños nacen, prácticamente, con una huella digital bajo el brazo y el dato es muy llamativo: el 75% de los menores de dos años tiene fotografías de él subidas a Internet.

Javier Huete, fiscal de la sala del Coordinador de menores, alerta del peligro: «En el momento en el que el niño es un preadolescente se puede sentir condicionado porque puede ser objeto de chanzas y burlas».

Y es que, no tenemos en cuenta su opinión. Desde la Fiscalía del Menor insisten en que el derecho de imagen les pertenece a ellos. Sin embargo, durante todo el año, pero sobre todo en verano, compartirnos continuamente contenido con nuestros familiares y amigos.

«Una vez que subimos una fotografía o un vídeo a la red, perdemos el control de ese archivo», señala María Ramírez, portavoz de Policía Nacional.

Muchas imágenes se comparten sin ningún tipo de filtro, algo con lo que hay que tomar precauciones, según la psicóloga infantil Silvia Álava: «Hay que tener cuidado con las poses que tiene o lo que está haciendo».

Hay casos que han llegado hasta los tribunales. De hecho, en España hay sentencias que obligan a padres y madres a eliminar el contenido del menor en las redes. Y en Francia ya existen multas, 45.000 euros y un año de cárcel por publicar fotos íntimas de los hijos sin su permiso.

Según una encuesta de ‘Malasmadres’, a más del 60% les cuesta controlar el propio uso de las tecnologías. Y, lo cierto es que, mientras se trata de velar por la seguridad de los niños, a la vez se está narrando su vida en las redes.

Colaboración en DigCitSummitES: familia y tecnología. En la Fundación Telefónica

¿Qué es lo que realmente nos preocupa a los que educamos en tiempos de Internet? ¿Tiempo de pantalla, adicción, distracción, contenidos inadecuados, sobreexposición, impacto sobre aprendizaje, relaciones desvirtuadas?

En este encuentro, reflexionaremos sobre todos estos temas junto a un completo grupo de expertos.

Os adjunto el corte de mi participación:

Y unas fotos del evento:

Toda la información en http://digcitsummites.com/asi-fue/

¿Espiar o no espiar a tus hijos en internet? Una interesante cuestión. Colaboración con Empantallados.com

¿TENGO QUE ESPIAR A MIS HIJOS EN INTERNET?

Esta es una pregunta muy habitual que nos hacen los padres, tanto en las sesiones de psicología, como cuando damos formaciones o conferencias específicas sobre infancia e Internet.

¿Qué significa espiar?

Espiar según la RAE es “observar secretamente algo o a alguien”, es decir implica que la otra persona no se entere. Los psicólogos no aconsejamos espiar a los hijos en Internet, pero tampoco aconsejamos dejarles absoluta libertad sin vigilar lo que están haciendo.

¿Cuál es entonces la forma correcta?

Formar, educar en el correcto uso de Internet.

  • Si cuando los niños son pequeños les enseñamos a cruzar correctamente la calle, no les dejamos que vayan solos por la calle, sino que les vamos acompañando y cada vez dándoles una mayor autonomía, con Internet igual. Ningún padre o madre daría un cuchillo a sus hijos sin haberle enseñado a utilizarlo y sin cerciorarse que está preparado para utilizarlo sin correr ningún peligro. Con Internet tendríamos que hacer algo parecido.
  • Se trata, entonces, de formar a los niños desde que son pequeños en el uso correcto de lnternet. Que lo utilicen cuando los adultos están delante, que veamos en qué webs navegan, que conozcamos en todo momento el historial de visitas… pero hacerlo delante de ellos, no como “espías”, sino como parte de su educación y de su formación. Sabemos que existen páginas muy poco recomendables para los menores, páginas que hacen apología de la anorexia y la bulimia, que enseñan y muestran cómo autolesionarse o que incluso incitan al suicidio. Hay chicos y chicas que son más sugestionables y que por ello pueden ser más susceptibles de caer en estas conductas tan poco saludables.
  • El discurso de “Internet es malo” no funciona ni con los niños ni con los adolescentes, porque además no es cierto. Es verdad que Internet entraña peligros, pero también tiene muchas cosas positivas, por ello hay que mostrar, educar y formar a los hijos en su correcto uso.

¿Por qué hacen cosas tan ‘inexplicables’?

Hace poco se publicaba la noticia de que habían sido intervenidas determinadas cuentas en redes sociales porque 110 niños de entre dos y 13 años subían fotos y videos con actitudes eróticas y según la policía el 99% de los padres no lo sabían. En la mayor parte de las ocasiones los menores solo buscaban adquirir notoriedad y likes en sus cuentas.

Por eso es tan importante hablar con los hijos y trabajar que tengan una buena autoestima en su mundo real, para no depender de la aprobación de los demás a través de una plataforma. Es más, muchas veces nos encontramos casos de chicos y chicas aparentemente muy populares en las redes con un gran número de seguidores que en realidad tienen grandes problemas de seguridad personal y autoestima. Eduquemos a los hijos para que entiendan que la vida es mucho más que una pantalla.

¿PATRIA POTESTAD «DIGITAL»?

Por Sonsoles Vidal, abogada de menores

Hemos olvidado que la patria potestad constituye la institución básica «de orden público» del orden socio-familiar.

  • Lo que significa que se trata de un derecho-deber de los padres de carácter obligatorio, es decir, irrenunciable, imprescriptible e intransferible.
  • Por eso la ley otorga a los padres auténticas potestades respecto de sus hijos, bien sean menores de edad o mayores incapacitados, para que las ejerciten en beneficio de los mismos, con la única finalidad de asegurar el cumplimiento de los deberes que incumbe a los padres respecto del sostenimiento, educación, formación y desarrollo en todos los órdenes de sus hijos («entorno digital» incluido).

La opinión pública se empeña en hacernos creer que este derecho-deber de los padres colisiona con el derecho fundamental a la intimidad personal de los hijos, que comprende la inviolabilidad de la correspondencia y el secreto de las comunicaciones.  Sin embargo, el mismo cuerpo legal que recoge estos derechos añade «el deber de los padres de respetar y proteger frente a los posibles ataques de terceros¹».

¿Dónde está el límite entonces?

Por un lado, en la ponderación del «interés superior del menor», cuyos elementos han de considerarse pertinentes, necesarios y proporcionados, de modo que la medida que se tome en interés del menor no restrinja o limite más derechos de los que ampara².

  • Y por otro lado, en el «interés de los padres», a quienes corresponde el deber de velar por los hijos, pues responderán solidariamente con ellos de los daños y perjuicios que causen, salvo que acrediten no haber favorecido la conducta del menor³.
  • En consecuencia, no puede exigirse a los padres la obligación de velar por sus hijos y al mismo tiempo desposeerles de su derecho-deber de control cuando lo consideren pertinente en pro de su educación, formación y desarrollo en el «entorno digital», un espacio especialmente vulnerable por falta de regulación.

Vigilar no es espiar, sino diligencia de los padres en su tarea educativa. El sentido común requiere conocer las amistades virtuales de nuestros hijos, supervisar del espacio digital en que se desenvuelven, informarse del contenido de los videojuegos que les compramos, delimitar el acceso a Internet… 

CONSEJOS DE EMPANTALLADOS
  1. Ayúdate de controles parentales cuando tus hijos son más pequeños. Uno de los más usados es Qustodio, que te ayudará a supervisar la actividad de tu hijo online.
  2. Conoce algunos de los ‘trucos’ que tu hijo utiliza para que no sepas por donde navega en internet, como borrar el historial o navegar de modo incógnito.
  3. Establece algunas normas, antes de entregarles una pantalla. Este contrato puede servirte de pauta para tratar lo más importante. Deben demostrar de algún modo que saben respetar unas normas de educación, de acceso a contenidos, de desconexión… y que sino habrá que volver a empezar.
  4. Edúcales para que tengan una sana autoestima y que no tengan que depender de los likes de sus redes sociales. Habla con ellos sobre el valor de su intimidad, y la diferencia entre poder contar algo y tener que contarlo.
  5. Conoce sus contraseñas.Janell Burley, autora del libro iRules, utiliza una esta metáfora que te puede servir: igual que la puerta del cuarto de tu hijo puede estar cerrada, pero no permitirías que estuviese cerrada indefinidamente… no permitas que tus hijos tengan contraseñas de acceso a sus dispositivos o haz que sean algo compartido contigo.
  6. Acompáñales cuando están empezando, en sus primeras publicaciones en redes sociales o cuando navega por internet. Acuerda con ellos seguir sus perfiles en redes sociales (sin comentar, para no avergonzarles delante de sus amigos).
  7. Y sobre todo… ten en cuenta que la mejor educación es la que consigue que interioricen pautas, de tal modo que hagan lo mismo sin importar si tú estás ahí como si no estás.

FUENTE: empantallados.com

El próximo 24 de mayo vuelve #DigCitSummitES. Educa, Inspira y Guía.

El próximo 24 de mayo vuelve #DigCitSummitES.

Igual que el año pasado, se trata de hablar del mundo tecnológico de niños y adolescentes. Desde la calma, la reflexión y el diálogo. La familia es la primera trinchera de la educación, también en digital. Así que esta segunda edición se centra en mi tema favorito: la pareja #familiaytecnología.

¿Qué nos preocupa? ¿Qué debería ocuparnos? ¿Dónde ponemos encontrar información veraz, contrastada y útil? ¿Qué opinan los iKids sobre su vida con pantallas? Sobre todo esto hablaremos durante una tarde, de nuevo en Espacio Fundación Telefónica Madrid.

Pronto estará abierta la inscripción (gratuita) pero que sepáis que ESTOY FELIZ porque van a venir a pasar esa tarde conmigo -y contigo que te vas a apuntar- personas tan increíbles como Silvia Álava SordoYolanda Corral, Laura Baena de Malasmadres, Mónica de la Fuente de MadresferaConsultoría en Cultura y Lectura – Elisa Yuste, Nuria Pérez de Sparks & Rockets, María Zalbidea de Cosiendo la Brecha Digital BlogLaura Otón on LifeJanell Burley Hofmann – Author, Speaker, Óscar González de Escuela de Padres3.0 y Borja Adsuara Varela, entre otros. ⚡️⚡️ ___

Además, habrá oportunidad de conocer (más y mejor) a quienes informan sobre el tema de forma TOP: Internet Segura For Kids, IS4K- IncibeFadEmpantallados#DialogandoEU Kids Online Spain… 💥💥 ___

Y además, habrá iKids, contando su versión. Muy grandes esos iKids valientes!! 💪🏼💪🏼 ___

Recuerda: 24 mayo. ¿Te apuntas?

https://www.iwomanish.com/familia-y-tecnologia-a-debate-24…/

#familiaytecnología #ciudadanosdigitales #digcitenespañol #educación cc Digital Citizenship InstituteDigcitkids

¿Por qué los niños suben a redes sus vídeos sexuales? Colaboración con el diario El País

Por Ana Alfageme y t Elisa Silió

Niños que se graban desnudos, en posiciones provocadoras o masturbándose en el baño o su dormitorio. Muchas veces acompañados de amigos o familiares. Luego suben el vídeo en su cuenta de Instagram o YouTube. Quieren seguidores y likes. Los padres no lo saben. La Policía Nacional informó ayer de que había identificado a 110 menores que habían publicado vídeos autoproducidos de contenido sexual a través de Instagram, Periscope, Twitter o YouTube. La mayoría, menores de 13 años, deseaba nuevos seguidores para sus canales de YouTube y más likes en sus publicaciones. Se trata de la primera macrooperación contra la difusión de material de contenido sexual infantil autoproducido, informa la Policía Nacional en una nota.

¿Qué conduce a esos niños a exhibirse así en Instagram o en un vídeo en la red social más potente del mundo? Los expertos coinciden en que en la joven y cambiante selva de las redes sociales se plasma la sexualización precoz entre los preadolescentes y la banalización del sexo.

Guía para padres (e hijos)

  • Consejos de la Policía y de la Fundación Anar para evitar el acceso y publicación de material pornográfico.
  • No hacerse fotos. Hacerse fotos de carácter erótico y/o compartirlas es siempre un error. Puede ocasionar situaciones de chantaje o ciberacoso sexual o acoso en el entorno escolar (grooming o bullying).
  • Información y confianza. Los padres deben crear un clima de confianza con los hijos para tratar estos temas e informarles de los riesgos y de las consecuencias que entraña facilitar datos personales o enviar fotografías y vídeos comprometidos a otras personas.
  • Pactar el uso del móvil. ANAR ha elaborado un contrato para padres y niños para establecer pautas del uso del teléfono antes de que los menores tengan acceso a él.
  • Descargar un sistema de control parental. Hay herramientas que permiten que los menores no accedan a determinadas webs.
    Restricción del wifi. Pactar que el acceso a Internet se limite a lugares comunes para evitar que los pequeños puedan encerrarse en el baño o dormitorio para navegar.

“Desde la sociedad se inculca a los niños una belleza con gran componente sexual”, asegura Benjamin Ballesteros, presidente de la Fundación Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (ANAR), veterana en el estudio del binomio infancia-web. “Los preadolescentes de 12 y 13 años se sexualizan precozmente en un mundo que les ve como objetos sexuales. Luego está la aspiración de los pequeños de formar parte del mundo de los adultos y las redes”.

Silvia Álava, doctora en Psicología Clínica, ahonda en esta idea: “Me he encontrado casos en los que la policía llama a los padres para alertarles de las fotos que suben sus niñas. No de sexo explícito, pero sí con poses muy sexualizadas para su edad”. Por eso es tajante: “Hay que evitar su sexualización y mucho menos para vender determinados productos o conseguir determinados likes. ¿Qué mensaje estamos dando a la sociedad del futuro?”.

El Centro Nacional para Menores Desaparecidos y Explotados (NCMEC) de Estados Unidos alertó a la Policía española. Desde comienzos de 2018 los agentes detectaron gran cantidad de publicaciones de material de explotación sexual infantil en redes. Verificaron que estas habían sido realizadas por los menores que protagonizaban los vídeos y utilizaban sus cuentas para difundir las imágenes. “Aprovechaban los momentos de intimidad en sus domicilios para grabar las imágenes con un alto contenido sexual”, dice la nota de la Policía, y en ellos “aparecían en muchos casos junto a amigos o familiares de su misma edad”.

“Antes de los 13 años los niños no tienen el suficiente desarrollo cognitivo o madurativo para ser conscientes de lo que puede llegar a trascender el subir una foto de ese tipo”, prosigue la psicóloga Álava. “En ese momento dejas de ser el dueño de la foto, la puedes borrar después de un proceso complicado”.

Por su parte, la profesora de antropología de la universidad de Granada, Nuria Romo, investigadora en violencia sexual entre jóvenes y adolescentes, se muestra impactada y cree que el uso de redes sociales en la infancia está aún poco estudiado. “Niñas de la edad de mi hija, que tiene ocho años, saben perfectamente como manejar YouTube y subir vídeos. Viven rodeados de un mundo tecnológico”. Los críos, dice la experta, repiten unas cuantas posturas provocadoras y sexis, que saben que les reportan likes.

En algunos casos de los perfiles de niños identificados dentro de la operación (de entre 2 y 13 años) “varios adultos habían contactado con ellos solicitándoles estos vídeos a cambio de diferentes contraprestaciones”. Los padres de los menores sabían que sus hijos eran usuarios de las redes, pero no eran conscientes de su actividad en ellas. También se encontraron “vídeos en los que aparecían niños de entre los 2 y 5 años”, siendo sus familiares más cercanos los responsables de estas grabaciones en las que se podía ver a los menores desnudos o semidesnudos. Aunque el material grabado por los familiares se produjese en su entorno lúdico, mantiene la Policía, los niños quedaban expuestos y al alcance de terceros una vez fueron publicados en las redes.

“La primera responsabilidad de la conducta de los niños es de los padres, pero la escuela no puede permanecer ajena y debe de promover buenos programas para combatir que pasen cosas como esta”, sostiene Mar Camacho, directora general de Innovación Educativa en Cataluña. Esta experta en TICS en la escuela reclama que no solo se haga prevención en secundaria, sino en los últimos años de primaria. “Cada vez a los niños se les entrega antes un móvil. Hay una tendencia por el devenir de la sociedad. Antes se lo daban a los 12-13 años y ahora es un regalo de comunión”, cuenta.

Álava no es partidaria de prohibir el móvil sino de “analizar qué quieres subir y por qué quieres gustar a los demás. La forma de tener autoestima no es a través de likes en redes, sino en tu mundo analógico. Hay chicos con muchos seguidores en redes que en su vida real no tienen seguridad. Cuando uno tiene una buena autoestima, no necesita likes para reafirmarse”.

Ellas usan en mayor medida las nuevas tecnologías

Los menores de 14 años no pueden abrir una cuenta en YouTube y los padres son los responsables de que hijos posean un canal propio. Pese a ello, más de la mitad de los niños entre 2 y 5 años usan YouTube, y a partir de los seis años ya empiezan a seguir a otros pequeños. La red social de vídeos tiene unos 1.300 canales en España dirigidos al público infantil, que generan 5,6 billones de reproducciones al mes, según 2btube, la principal empresa española de canales de YouTube.

Los nativos digitales españoles no conciben ya su vida sin las redes sociales. Tanto es así que entre los niños de 10 a 15 años el ordenador está muy extendido (lo tienen el 91,3% de los menores) y aún más el uso de Internet (el 92,8%), según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. El acceso al móvil propio, sin embargo, no está al alcance de todos. El 69,8% de la población de este segmento de edad dispone de teléfono móvil. Por sexo, las niñas usan en mayor medida las nuevas tecnologías. Y a mayor edad, mayor uso de TIC, sobre todo a partir de los 13 años.

Siete de cada 10 niños españoles tiene un perfil en alguna red social, según un estudio de Viacom. Estas cifras contrastan con las de Silicon Valley, la cuna californiana de las puntocom. Allí proliferan los colegios sin tabletas ni ordenadores y las niñeras con el móvil prohibido por contrato, porque los padres no quieren que sus hijos repitan sus patrones de conducta. Los expertos tecnológicos consideran que los beneficios de las pantallas en la educación temprana son limitados, mientras que el riesgo de adicción es alto. El 86% de los menores entra a la Red desde ordenadores que no cuentan con ningún sistema de filtrado de contenidos, según un análisis de la web de tendencias Cultture.

FUENTE: Diario El País

Cuando llegué a la adolescencia tomé conciencia de que mis padres habían compartido toda mi infancia en Internet. Colaboración con Xataka

Por Alesya MO@AlesyaCrocodile

Imagínate que tu álbum familiar con toda clase de fotos íntimas estuviera publicado en Internet. Esa foto en la que estás en la taza del váter por primera vez, aquella en la que estás en bola picada en la bañera y con un tupé hecho de espuma, o tu primer día de clase llorando a moco tendido mientras miras con odio a tus progenitores.

Si tu infancia solo vive en los álbumes de fotos puedes considerarte un perfecto anónimo en términos actuales, pues mucha gente nacida después del 2000 ha visto su infancia totalmente expuesta en las redes sociales, dejando la famosa «huella digital».

No es lo mismo que esas fotos las vean cinco conocidos y pases unos minutos de «tierra trágame» a que las vean decenas (o incluso centenares) de personas, o cualquiera que decida buscarlas introduciendo tu nombre en Google.

Esto es lo que la ha pasado a Iván y Esteban, dos chicos de 18 y 14 años respectivamente, que han visto cómo sus madres documentaban su infancia en internet.

Iván Alcocer, 18 años: «Discutía constantemente con mi madre para que eliminase mis fotos»

Iván es un estudiante que nació en 2001 y recientemente ya ha llegado a la mayoría de edad. Se acuerda que entre sus 8-9 años su madre se abrió su primera cuenta de Facebook, y a la vez su primera red social.

«Ella siempre se encargó de llenar su perfil de fotos mías, también de mi hermano mayor y mi hermana menor», nos cuenta para este reportaje, «prácticamente cogía cualquier pretexto para tomarme fotografías y subirlas».

Cuando preguntaba a su madre por qué no quería parar de publicar sus fotos su respuesta era: «Soy tu madre y tengo derecho a hacerlo»

En su familia, publicar las fotos en Facebook sustituyó los álbumes de fotos familiares de toda la vida: «Me parece que el último álbum que probablemente hizo fue hace aproximadamente 10 años».

Ivadcaefwn

Durante su infancia no le supuso mucho problema que todas esas fotos fueran publicadas, pero en fases tempranas de la adolescencia comenzó a sentirse incómodo: «Recuerdo que en un principio no parecía molestarme, creo que más que nada porque no tenía una idea clara de la enorme magnitud que tenían las redes sociales y que tendrían posteriormente».

«Todo esto me empezó a molestar e incomodar a los 11 años, cuando estaba en mi último año de primaria. En ese momento era un chico muy inseguro con mi aspecto porque tenía sobrepeso, lo que me hacía odiar que más personas viesen fotos mías además de mi familia cercana. Discutía con mi madre constantemente para que eliminase las fotos, me irritaba mucho que no respetara mi deseo de no querer que expusiera mi rostro por el motivo que fuese«.

Cuando Iván le preguntaba a su madre cuál era la razón por la que no quería parar de publicar sus fotos su respuesta era: «Soy tu madre y tengo derecho a hacerlo».

Las discusiones se prolongaron hasta sus 14 años en vano, por lo que tomó otra actitud respecto a la situación a base de ver que su hermano mayor estaba teniendo las mismas discusiones con su madre. Llegaron a la conclusión «de que lo mejor era negarse rotundamente a cualquier tipo de fotografía tomada por ella o algún miembro de la familia«.

«Hace casi dos años que dejé de usar mi cuenta de Facebook y fue cuando mejoró un poco la relación con mi madre. Es algo que ya acepto y no tengo problema que pase, pero ver fotografías mías de niño o durante la pubertad en sus redes sociales aún sigue siendo algo que me irrita un poco y me desagrada. Realmente lo que me es molesto es que no respetara mi decisión de no querer que exhibiera fotografías mías que me parecían privadas. Lo tomaba como una completa ruptura de mi privacidad o de mi poder de decisión sobre mi propia imagen».

A los 11 años comenzó a usar sus propias redes sociales: «No es que me afecte hasta un punto de no poder llevar una vida en redes sociales de manera satisfactoria, pero mentiría si dijese que no me afecta en lo más mínimo, sobre todo de una manera inconsciente. Desde que tuve mis primeras cuentas en redes sociales nunca me he sentido cómodo subiendo de manera frecuente fotografías donde salga mi rostro o personas de mi familia».

Esteban, 14 años: «No es por ser ególatra, pero aprender a quererse a uno mismo está bien, y creo que las fotos ayudan a eso»

Esteban nació en 2004, el mismo año que lo hizo Facebook, y recuerda que su madre ha subido fotos de él y de sus hermanos desde preescolar, desde que tiene memoria.

«Mi madre subía muchas fotos, cada año con el uniforme del colegio, o los días que salíamos… Ahora las sube al estado de WhatsApp, que al menos desaparecen en 24 horas». Se podría considerar un alivio frente a la perpetuidad de las fotos en Facebook, ahora que existen formatos en los que estas fotos se «autodestruyen» pasadas las horas.

Al ponernos en contacto con él nos ha dicho que prefiere guardar el anonimato, al fin y al cabo es un adolescente, pero nos cuenta que de hecho a él nunca le ha molestado que su madre subiera fotos de él a su muro de Facebook: «A veces mis amigos han encontrado fotos mías de cuando era pequeño y me ha molestado, sí, pero al final se queda en algo gracioso más que nada».

«Están ya subidas a Internet y no puedo, ni quiero, hacer nada porque al final es bonito tener recuerdos aunque sean vergonzosos», nos cuenta, al contrario de lo que pudimos pensar de primeras.

Si paseamos por su Instagram, el cual empezó a usar con 12 años y por el que lo localizamos, podemos ver a un adolescente normal que sube sus dibujos y fotos estilo selfie con sus amigos. Naturalizando algo que ha vivido desde pequeño.

«No me molestaba, ni me molesta, que subiera fotos mías, es algo a lo que me he acostumbrado y hasta a veces me gusta. No es por ser ególatra, pero aprender a quererse a uno mismo está bien, y creo que las fotos ayudan a eso».

Las consecuencias de una infancia expuesta en internet

Como hemos visto arriba, cada persona es un mundo. Y así nos lo afirma Silvia Ávala Soto, psicóloga experta en crianza: depende de la personalidad de cada niño cómo le afectará el hecho de que sus padres le sobreexpongan en internet.

«Si un niño es extrovertido y tiene afán de protagonismo que sus padres publiquen fotos de ellos puede alimentar esa faceta de su personalidad», nos explica, «pero si es introvertido puede generar muchos problemas de inseguridad».

Entrevistado

«No debemos olvidar que estamos tratando con seres humanos que quizás cuando sean adultos no les apetezca en absoluto que la gente les vea cómo eran desde que llevaban pañales hasta su primer día de universidad».

La clave del asunto es el control: una persona introvertida no es alguien que no quiere exponerse en absoluto sino «alguien que controla, cuando está en un entorno seguro, qué le cuenta a quién». En internet ese control se pierde en absoluto, y algunos padres lo pasan totalmente por alto.

Silvia insiste en que «los padres deben tener cabeza, legalmente son los responsables de su hijo, y deciden por él, pero no son los dueños de su vida».

«Hay que enseñar a los niños a respetarse y a respetar. En el momento en el que pasan por alto los deseos de sus hijos y publican esas fotos en contra de su voluntad le están diciendo al niño «hago esto porque no te respeto», cosa fundamental en la educación». Esto puede hacer una mella importante en la relación entre los padres y el hijo, la sensación que se les puede quedar es que «están mercantilizando con su imagen a cambios de likes«.

«Los padres deben tener cabeza, legalmente son los responsables de su hijo y deciden por él, pero no son los dueños de su vida»

Otro punto importante a tener en cuenta la forma en que se «naturalizan» estas prácticas desde edades muy tempranas. Actualmente existe un gran problema de autoestima generalizado a causa de las redes sociales: «los adolescentes se comparan continuamente, ven un baremo que no es real, antes de conocerse siquiera a sí mismos ya procuran proyectar una imagen en las redes sociales que no es real».


«Los padres deben tener cabeza, legalmente son los responsables de su hijo y deciden por él, pero no son los dueños de su vida»

Al subir tantas fotos los padres normalizan esa actitud «de constante pose» para las fotos, de continuamente demostrar algo en las redes sociales.

Silvia hace hincapié en los padres, que «no proyecten a través de sus hijos lo que les hubiera gustado ser ni pretendan realizarse a través de ellos». Deben dejar elegir a sus hijos, cuando llegue el momento, de lo que quieren hacer con su imagen.

¿Qué puedo hacer para que mis padres retiren mis fotos de internet?

Es complicado ponerse en contacto directamente con Facebook o Google para pedirles personalmente que retiren fotos que vulneran tu privacidad, pero a cambio te ofrecen muchos formularios a rellenar (a ver si hay suerte).

Por una parte, Facebook te ofrece un formulario para pedir que retiren tus fotos. Por otra parte, Google te ofrece otro formulario para retirar tus imágenes en el buscador. Por último, si a tus padres les da por ser youtubers, Youtube tiene otro formulario para ti. La fiesta del formulario.

Anaïs Figueras, Directora de Comunicación de Google España y Portugal, nos explica que «lo mejor es que cualquier usuario pida a la persona que aloja el contenido en dicha página que retire la información, porque de esta manera Google la deja de indexar. Si en el caso de que los padres han subido las imágenes, luego no quieren retirarlas y no se lleva a un entendimiento entre ambas partes, se puede optar por los formularios».

Sin embargo, esto es un remedio al problema una vez llevado acabo, no una solución que evite que suceda. Puede ser que se retire ese contenido a posteriori pero realmente el daño está hecho ya una vez subidas y expuestas. Lo mejor es la prevención por parte de los padres. «La idea es concienciar tanto a padres como a niños sobre de qué manera usar responsablemente Internet», como nos dice Anais.

En España todavía no ha habido ningún caso de demanda por parte de hijos a sus padres, los menores no pueden demandar a no ser que estén emancipados o hasta que cumplan la mayoría de edad (a pesar de que con 14 años pueden decidir sobre su imagen); pero en Italia y Francia ya se han realizado denuncias con multas entre los 10.000 y los 45.000 €.

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Sergio Carrasco, abogado especializado en derecho al olvido y reputación online, nos explica que en España «los conflictos en casos de sharenting que han llegado a los Tribunales se refieren a discusiones entre los padres, no del hijo hacia los padres».

Pero nos aclara que «en España podría llegar un caso así a los Tribunales, pero debemos tener en cuenta además la naturaleza misma del contenido». Por ejemplo, en el caso de Italia la demanda llegó a esos niveles porque el hijo mostró todas las formas en las que le había afectado a nivel personal que sus padres compartieran ese contenido por las redes sociales.

«Será en los próximos años, cuando estos menores empiecen a ser conscientes de todo el contenido que sus padres han compartido, que este tipo de actuaciones comenzarán a darse con más asiduidad. Un comentario o una fotografía, una vez subidos a Internet es difícil de que sean totalmente eliminados y pueden afectar tanto a su vida social como profesional».

FUENTE: Xataka.com