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Es tú oportunidad, así podrás crecer como familia este verano. Colaboración con el diario ABC

Claves reales para mejorar las relaciones con los hijos y de pareja

Por Laura Peraita @LauraPeraita

Durante al curso académico la mayoría de los padres se quejan de la falta de tiempo para estar con sus hijos y disfrutar del tiempo libre. El estrés, las prisas, las obligaciones diarias, las apretadas agendas… pueden poner al límite a cualquier familia y dejar en un segundo plano cuestiones tan importantes como conocerse más en profundidad, comunicarse en calma, resolver conflictos con reflexión, interesarse sobre cómo se sienten los demás… Ya no hay excusas: el verano es una oportunidad para crecer como familia. El tiempo libre es el mejor aliado.

Según Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron», crecer como familia es mejorar. Para ello sugiere a los padres que se paren a pensar, que se planteen dónde están y dónde les gustaría llegar y, sobre todo, cómo conseguirlo. Cada familia es muy distinta y tiene metas diferentes, pero lo más habitual es que pretendan mejorar la comunicación, la paciencia, acabar con los gritos, fomentar el respeto, el afecto físico (dar más muestras de cariño con besos, abrazos), reconocer los aspectos positivos de los demás… «Por ello, –apunta–, hay que aprovechar las vacaciones para plantearse objetivos claros de mejora familiar y luchar por ellos. No hay que dejarse llevar por la pereza o por el día a día porque las relaciones no mejoran solas. El verano es el momento de actuar».

Estado emocional inicial

Pero antes de ponerse manos a la obra, Gema Garrido, presidenta de Praxxia, asociación especializada en coaching familiar y parentalidad positiva, aconseja que los padres, al echar el freno, aprovechen para analizar el estado emocional en el que se encuentran en ese momento como individuos; es decir, si están muy estresados, cansados, deprimidos, ilusionados… «porque la persona, como tal, no se enfrenta de la misma manera a una convivencia familiar las 24 horas».

También considera Garrido relevante tener expectativas reales. «Que llegue el verano no significa que vayan a ser las vacaciones de nuestra vida tal y como salen en los anuncios en los que todo es felicidad y diversión. En este periodo también hay tiempo para aburrirse o estar cansado. Es muy humano. No por ir a un hotel en la playa con la familia implica que todo el tiempo va a estar rebosante de felicidad», explica.

Con fecha y hora

En la misma línea se manifiesta Ana Asensio, psicóloga de Vidas en Positivo, quien reconoce que es muy habitual coger con unas ganas inmensas las vacaciones y a veces no suele ser todo como se idealizaba. «Nos da la sensación de que el tiempo en familia es un verdadero estrés, que no sabemos hacerlo bien o que nuestros hijos están “maleducados”, se enfadan todo el tiempo, protestan continuamente… mientras nosotros, como adultos, también tenemos la necesidad imperiosa de descansar. Somos humanos».El tiempo de calidad tiene que suponer que todos los miembros de la familia participen de una actividad, lejos de cualquier distracción de móviles, televisión…

Por este motivo, Silvia Álava Sordo propone, en primer lugar, fijar los objetivos y buscar momentos de calidad en familia, «pero poniendo fecha y hora, planificándolos, porque si no esos ratos quedan diluidos y al final se dejan pasar. El tiempo de calidad tiene que suponer que todos los miembros de la familia participen de una actividad, lejos de cualquier distracción de móviles, televisión… De esta forma, fluirá la conversación para conocerse mejor. También se puede aprovechar para rescatar álbumes de fotos familiares, contar cómo se conocieron papá y mamá, cómo vivían los abuelos… Hacer juegos para que dibujen a cada miembro de la familia y conocer cómo los perciben nuestros hijos de forma divertida…».

Matiza, no obstante, que conocer a los hijos «es aceptar como son y olvidarse de cómo quiero transformarles en lo que yo quiero que sean. Es un error muy común. Se debe asumir que cada persona es única y tiene que hacer su vida a su manera dentro de un orden».

En este sentido, Gema Garrido propone a los cabeza de familia que bajen el nivel de exigencia con sus hijos porque en estos días libres se pueden pasar por alto ciertas rigideces imprescindibles para el resto del año. «Para que esta labor sea más fácil es bueno empatizar con los pequeños, hacer una regresión personal a cuando nosotros teníamos su edad para intentar entender qué es lo que nos motivaba entonces para, de esta forma, poder planear momentos y actividades acordes a sus deseos y en los que todos puedan disfrutar lejos de discusiones».

Cuando los hijos son adolescentes puede resultar más complicado que quieran pasar ratos junto a sus padres o hermanos por la etapa vital que atraviesan, «pero no pueden mantenerse al margen de la familia», prosigue Silvia Álava Sordo. «Lo mejor es dejarles espacio para su soledad y para estar con sus amigos, pero negociar con ellos que hay momentos dentro de la dinámica familiar en los que tienen que estar presentes, como a la hora de la comida o la cena, por ejemplo. Lo ideal sería que estas dos ocasiones no fueran impuestas, sino que se les presente como momentos divertidos y atractivos para que quieran compartirlos con el resto de la unidad familiar».

Espacios propios

No obstante, Ana Asensio advierte que, al igual que en el resto del año, «en vacaciones es esencial generar espacios en el hogar para compartir, pero también para disfrutar de momentos propios, para nuestras aficiones, descanso o para aburrirnos y no hacer nada». Recuerda que «no hacer, también es hacer», y es muy necesario en este instante vital aprender y enseñar a nuestros hijos a no hacer nada de vez en cuando y a sentirse cómodos por ello. «No hacer, no es una pérdida de tiempo; al contrario», matiza.Querer hacerlo bien y darnos cuenta de que no podemos, o nos sabemos, también nos lleva a padecer malestar, culpa o a pensar que nuestros hijos son un horror…

Para evitar sentimientos de culpabilidad cuando no todo el tiempo en familia sale como se esperaba, Ana Asensio apunta que sentir ese estrés de convivencia familiar en vacaciones y que puedan entrar ganas de huir es natural y humano, también forma parte de la vida. «En ocasiones, las demandas nos resultan elevadas. La exigencia de la crianza y la educación unida a la coordinación con nuestra pareja puede hacernos sentir agobio. Y, además, al querer hacerlo bien y darnos cuenta de que no podemos, o nos sabemos, también nos lleva a padecer malestar, culpa o a pensar que nuestros hijos son un horror… Bueno –insiste–, pues esto también es humano. ¿El truco? La calma. Si se monta un alud y la bola de nieve se hace cada vez más grande; para, respira, salte de la escena, observa y, cuando todo haya bajado de intensidad, decides qué hacer. Probablemente te resulte más fácil tomar una decisión adecuada sin carga emocional añadida».

Esta psicóloga anima a los progenitores recordando que hay que comprender que la convivencia con los niños es toda una aventura, «y a veces el humor nos ayuda mucho y nos saca victoriosos de situaciones que inicialmente nos puedan generar incomodidad y hasta miedo», concluye.

FUENTE: Diario ABC

II Jornadas Educar en Familia en Fuentes de Andalucía

Magnifica las II Jornadas Educar en Familia junto a Lucía Galán (Lucía mi Pediatra) y José Ramón Gamo esta mañana en Fuentes De Andalucía #EducarEnFamilia

Enhorabuena a Ayuntamiento y a todas las entidades organizadoras por el evento y los resultados. Os dejo algunas imágenes de día:

Podcast ¿Cuál es la edad recomendada para que los menores duerman fuera de casa? Colaboración con la cadena COPE

¿Cómo negociar con los más pequeños y con los adolescentes?

Todos los miércoles en ‘La Linterna’ saludamos a las compañeras Laura Otón o en esta ocasión a Amparo Latre para hablar en familia, seguramente lo que más nos preocupa. Hoy hablamos de dos situaciones a las que muchos padres se enfrentan de cara al final de curso y al buen tiempo. Si apuntamos, en este caso a niños de primaria a la típica excursión de cinco días a una granja o cinco días a un pueblo escuela y de repente se cierran en banda, ¿hasta dónde les forzamos? Silvia Álava, psicóloga nos ha ayudado con este tema. »Nos conviene ir trabajando con ellos e ir dándoles una mayor seguridad y una mayor independencia». Silvia nos explica que si nos encontramos a 2 meses de las vacaciones, vayamos hablando con ellos para que cuando llegue el momento no lo vean como algo extraño.

En la educación de los hijos nos vamos a ver presionados muchas veces y en este tipo de decisiones a veces nos vemos presionados por otros padres. Creemos que es importante no dejarse presionar y no contar todo, porque a veces detrás de él ‘no’ de un niño hay algo que al peque no le apetece compartir. Silvia Álava apunta al tema del apego. »Los psicólogos siempre decimos que los niños tienen que tener unos apegos seguros con sus padres, que fomenten la seguridad y no la dependencia». Los niños se tiene que sentir bien cuando están en casa, pero también cuando llega determinado momento en el que hay que salir y dormir fuera con amigos.

¿Y cuándo ya no son tan pequeños, sino adolescentes?seguro que en muchas familias ya ha salido, en alguna sobremesa, el famoso viaje de fin de curso. Es bastante frecuente la opción de viaje desfase de una semana a Mallorca con el principal objetivo de salir por la noche. Este tema siempre conduce a disputa. Silvia nos aconseja no perder la paciencia e intentar explicarles que porque vayan todos sus compañeros, él no tiene porque ir ni sentirse con la obligación. »Los padres saben muy bien los chicos que tienen suficiente grado de madurez para ir y que no se van a meter ningún follón». Es imposible hacer una rama general.

¿Y cuándo ya no son tan pequeños, sino adolescentes?seguro que en muchas familias ya ha salido, en alguna sobremesa, el famoso viaje de fin de curso. Es bastante frecuente la opción de viaje desfase de una semana a Mallorca con el principal objetivo de salir por la noche. Este tema siempre conduce a disputa. Silvia nos aconseja no perder la paciencia e intentar explicarles que porque vayan todos sus compañeros, él no tiene porque ir ni sentirse con la obligación. »Los padres saben muy bien los chicos que tienen suficiente grado de madurez para ir y que no se van a meter ningún follón». Es imposible hacer una rama general.

Si es un ‘no’ por lo menos hay que ofrecer una alternativa. »No conviene respuestas agresivas». También hay que explicarles que aunque son mayores, no tienen el dinero para pagar el viaje. E intentar convencerles de que no malgasten el dinero que puedan tener ahorrado.

Pincha en el siguiente enlace para escuchar el podcast:

Familia: padres helicóptero, del cuidado a la sobreprotección. Colaboración con ElDia.com de Argentina

Psicólogos advierten sobre la tendencia a sobreproteger a los chicos y sus perjuicios. La edad clave para comenzar a fomentar autonomía es entre los 6 y los 12. Pero hay cada vez más “padres helicóptero” que “sobrevuelan” cada paso de sus hijos.

Padres helicópteroCada vez es más común en las consultas de los psicólogos especializados en infancia y familia: una madre o un padre se da cuenta de que está demasiado pendiente de resolver los problemas cotidianos de los chicos, al punto de cercenarle toda autonomía.

“Cuando esto sucede se corren de ese lugar, pero eso, que es necesario, les angustia y les cuesta un montón. El problema es que muchas veces no se dan cuenta. Y es cada vez más común encontrar padres que sobreprotegen a los chicos, un problema que no reconoce diferencia de edad, de clases sociales ni de género y que se potencia con algunos nuevos modelos de familia, como el de la madre jefa de hogar, que se siente culpable y trata de resolver todos los problemas de los chicos”.

La que habla es Susana Machado García, psicóloga platense especialista en Niños y Adolescentes, quien destaca que, hasta al punto son frecuentes los casos de chicos sobreprotegidos que algunos de los problemas asociados aparecen en la vida adulta, a partir de una reducción de la autoestima y de adolescentes tardíos y desorientados a los que les cuesta decidir sobre su futuro.

El problema dista de ser local. Es global y ha provocado que psicólogos de distintas latitudes llamen la atención sobre él. Es el caso de la psicóloga española Silvia Álava, que recurre a un nuevo concepto para describir a este tipo de padres: el de padres helicóptero.

La característica central de estos padres, aporta Álava, autora del libro “Queremos queCrezcan Felices”, es que en lugar de preparar a sus hijos para el camino, preparan el camino para sus hijos.

Álava es directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, de España, y sostiene que el error más común que se comete en la educación de los hijos de 6 a 12 años de edad es la sobreprotección.

“Es una equivocación porque los niños se sienten más inseguros cuando los padres se lo dan todo hecho, y es importante que los pequeños experimenten el fracaso para que aprendan a esforzarse más”, de acuerdo a esta experta.

Álava señala que los chicos necesitan aprender a resolver las situaciones por sí mismos y conseguir tolerar la frustración. “Unos buenos padres tratan de levantar a su hijo cuando se cae, le consuelan, le secan las lágrimas y le apoyan para que siga adelante, ya que si no le dejamos caer, nunca aprenderá a levantarse”.

¿Porqué la denominación de padres helicópteros, entonces Álava llama a así a aquellos padres que “tienen un estilo de educación que se basa en la sobreprotección de los hijos y que están continuamente ´sobrevolando´ encima de ellos para resolver cualquier problema que pueda tener el niño o apartarle las piedras del camino”.

A los expertos platenses en familia no les sorprenden estas definiciones. Cuentan que los padres helicóptero son cada vez más frecuentes y que tanto pueden ser padres como madres.

EDUCAR SIN SOBREPROTECCIÓN

Es que los especialistas aseguran que uno de los principales objetivos a los que debe estar orientada la educación es a conseguir que los hijos personas autónomas, seguras e independientes,.

Este propósito tiene su momento clave, que los expertos ubican entre los 6 y los 12 años.

En el padre helicóptero, el cariño está mal entendido y se traduce en una permanente atención depositada sobre las actividades del chico, en la que se ocupa de resolver todas y cada una de las cuestiones cotidianas.

La clave del comportamiento de estos padres está en que se adelantan a las necesidades de los hijos, que de esta forma no pueden resolver por sí mismos problemas que, dada su edad, a están en condiciones de resolver, como vestirse, levantar y ordenar sus juguetes y su ropa o recuperar sus pertenencias perdidas.

De esta manera, lo que se impide a los chicos es el desarrollo de recursos y estrategias que les serán necesarios en el futuro,

Los expertos coinciden en destacar que conceder a los chicos todo lo que necesitan y evitarles todos los problemas de la vida cotidiana – pequeños problemas que ellos son capaces de resolver en el rango de edad mencionado – para evitarles frustraciones supone más perjuicios que beneficios.

“No se dan cuenta de que no van a poder mantener indefinidamente la burbuja de protección en la que introducen a sus hijos y, cuando la burbuja estalle, se encontrarán con niños sin recursos, sin habilidades, más vulnerables, menos seguros y, probablemente, más infelices”

La especialista, que estudió en su libro a este tipo de padres, destaca algunos elementos que ayudan a saber a cada padre cuándo corre el riesgo de estar transformándose en un padre helicóptero.

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Los que siguen son los cinco comportamientos típicos del padre helicóptero , según describe Silvia Álava.

1. NO DEJAR QUE LOS PEQUEÑOS SE VISTAN SOLOS POR NUESTRA PROPIA COMODIDAD

“A pesar de que es más rápido que lo haga el adulto, de este modo impedimos que el niño aprenda”, señala la psicóloga, que agrega: “Lo adecuado es acostarles antes por la noche para levantarles con tiempo suficiente por la mañana para que, según la edad, se vistan ellos solos y a su propio ritmo”.

2.  EVITAR DECIRLES UN NO

“Así estaremos perjudicando que los niños asimilen lo que significa el esfuerzo”, señala Ávila, quien recomienda “utilizar el sentimos común y decirles un NO, cuando las cosas que piden no corresponden, como por ejemplo, comprar regalos sin ser su cumpleaños o por una motivo especial, o comer golosinas a deshora”.

3. REPONER DE FORMA INMEDIATA LO QUE PERDIERON

“Si hacemos esto, nuestros hijos no van a valorar el esfuerzo de conseguirlo”, asegura Álava.

Para esta profesional, lo adecuado es que “en función de la edad del niño, debe ser él quien primero busque lo que perdió. Si es algo innecesario, no se repondrá, y si es algo necesario, dependiendo de la edad del niño y si lo ha perdido varias veces o no, podría ser más adecuado decirle que tiene que pagar una parte de su dinero, sacándoselo de su alcancía”, sugiere.

Añade que “no se trata ni mucho menos de castigar al pequeño, sino que aprenda el valor de las cosas y a tratarlas con cuidado”.

4. RECOGERLE LOS JUGUETES O LLEVARLES LA ROPA SUCIA AL CESTO DE LAVAR

“Esto tienen que aprender a hacerlo ellos solos, y lo adecuado es que sea el propio niño quien recoja los juguetes o lleve la ropa sucia al cesto de lavar”, señala esta psicóloga.

“En el caso de que el niño sea muy pequeño, podemos pedirle que colabore con los padres, llevando él una prenda pequeña, y que guarde algún juguete ayudando a los adultos a recoger”, sugiere.

Así, “poco a poco irá integrando esta colaboración como algo natural, lo que ayudará a que sea un adulto con recursos y vea las tareas del hogar como un trabajo de equipo”, según esta experta.

5. SER LA AGENDA DE NUESTRO HIJO

Para Álava “el niño es quien tiene que saber cuáles son los deberes que tiene que hacer y los padres no deben preguntárselo a la madre de ningún compañero. Si asumimos sus responsabilidades y les hacemos las cosas, será muy difícil que aprendan a ser responsables y autónomos”, recalca.

“Lo adecuado es que el propio chico se responsabilice de su agenda, de sus deberes, de saber qué es lo que tiene que llevar al colegio y de sus cosas”, agrega.

“Cuando los niños son pequeños, conviene que los padres les ayuden a preparar la mochila. En una segunda fase, los padres pueden supervisar que está todo preparado y que no se olvidan nada, para terminar dando la completa autonomía al niño”, concluye esta psicóloga a Efe.

“El error más común que se comete en la educación de los hijos de 6 a 12 años de edad es la sobreprotección”, de acuerdo a la psicóloga Silvia Álava, directora del área infantil en el Centro de Psicología Álava Reyes.

 

FUENTE: ElDia.com

Charla jueves 7 de abril sobre el paso de la niñez a la adolescencia dirigida a las familias. Jueves en Familia de Dirección General de la Familia y el Menor de Madrid

Bajo el título «Jueves en Familia»


La c organiza la charla titulada «El paso de la infancia a la adolescencia» será impartida por la psicóloga Silvia Álava Sordo, directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, especialista en Psicología Clínica y Educativa y Psicoterapia, y autora de numerosas publicaciones, entre otras, «Queremos hijos felices, Lo que nunca nos enseñaron», y «Queremos que crezcan felices».

Existen una serie de cambios psicológicos y cerebrales que ocurren en el adolescente, que explican gran parte de su modo de comportarse. Conocer estos cambios, sin duda, ayudará a las familias a entenderles mejor y saber cómo actuar con ellos.

En esta charla se abordarán las pautas que los padres deben seguir para hacer frente a la temida adolescencia, así como las cuestiones de la vida cotidiana, como los deberes, los estudios, etc. Además se introducirán ideas básicas para trabajar la Inteligencia Emocional.

Comunidad de Madrid

Esta charla tendrá lugar el próximo jueves 7 de abril a las 18.00 horas en la sede de la Dirección General de la Familia y el Menor, C/ Gran Vía, 14, planta baja. Se ruega confirmación en la dirección de correo electrónico dgfm@madrid.org, indicando en el asunto: Jueves en familia.

La entrada es gratuita, aunque el aforo es limitado.

 

Dislexia: letras, sílabas y palabras sin significado. Colaboración con el diario El Mundo

Alejandra -aunque podría ser Lucía, Daniel, Marcos, David…- tiene nueve años, está en cuarto de Primaria y tiene dificultades para leer y comprender lo que lee. Sigue deteniéndose en cada sílaba. No-pue-de-le-er-co-mo-cual-quier-ni-ño-de-su-cla-se. Empezó teniendo dificultades para hablar, se le resistía la pronunciación de la letra «r». Luego, esos problemas se materializaron al empezar a leer, no seguía el ritmo de sus compañeros de clase, presentaba dificultades en la lecturoescritura. A este retraso se le añadía que era tímida de carácter, con lo que sus carencias pasaban aún más desapercibidas.

Pero al llegar a cuarto y seguir leyendo como si estuviera en primero o segundo hizo saltar las alarmas de sus padres y profesores que decidieron ver qué pasaba. Tras una valoración rigurosa llegó el diagnóstico: Alejandra era disléxica. A pesar de su problema, acabó la educación secundaria con un apoyo constante del colegio y de la familia, con un refuerzo en la lectoescritura para adquirir la conciencia fonológica adecuada para conseguir leer.

Aunque puede leer, le cuesta acceder a un texto, entenderlo y comprenderlo. También ha tenido dificultades para expresarse por escrito, tanto en la riqueza y fluidez de los contenidos, como en la organización del escrito y en la ortografía. Por eso, para valorar el nivel de conocimiento adquirido, la mayor parte de los exámenes que realizaba Alejandra eran orales, porque los entendía más rápidamente y podía expresar mejor sus conocimientos. Además, podía defenderse mejor y evitar las temidas faltas de ortografía.

Silvia Álava Diario El Mundo

Diagnóstico

«Para poder diagnosticar la dislexia, el niño debe de tener un retraso de la lectura de al menos dos años o situarse en 1,5 desviaciones típicas por debajo de la media en laspruebas de lectoescritura. Su cociente intelectual tiene que encontrarse dentro del rango de la normalidad, nunca por debajo de 80, y descartar que no haya otros problemas, como, por ejemplo, un déficit de atención», apunta la psicóloga Silvia Álava, quien añade que hay unos signos de alarma que pueden poner en sobre aviso de que algo pasa.

Así, si un niño invierte los números y las letras, comete rotaciones y confunde las letras b-d y p-q, tiene muchos problemas en la asociación del fonema con el grafema, es decir no llega asociar cada letra con su sonido, le cuesta realizar ejercicios de conciencia fonológica, no es capaz de separar las sílabas: a-be-ja, se salta de forma habitual renglones cuando lee en voz alta, inventa un número elevado de palabras y tiene verdadera aversión a leer y a escribir hay que pedir ayuda porque puede tener dislexia.

Dificultad, no impedimento

Juan Narbona, neuropedriatra de la Clínica Universidad de Navarra, se muestra partidario de desterrar el término dislexia y sustituirlo por el nombre oficial: trastorno del aprendizaje de la lectura y de la escritura. «Aunque realmente a mí me gusta más llamarlo dificultad para adquirir la lectura y escritura».

Es una variación en la capacidad innata para adquirir este sistema (lectura y escritura) que no es connatural al humano, como es el lenguaje hablado. Una persona puede tener más o menos capacidad para descubrir y automatizar la lectura y la escritura, como se puede tener más o menos capacidad para tocar la guitarra o para la danza, pero esto no quiere decir que no pueda llegar a leer o a escribir. «Por lo general -continúa el neuropediatra-, se trata de una dificultad, no de un impedimento. Lo tienen más difícil que otros niños que leen ya en Infantil, pero acaban aprendiendo a leer».

El especialista se queja de que cada vez se quiere que los niños lean antes y explica que en Dinamarca no se inician en la lectura hasta los siete años. «El descubrimiento de la lectura es algo que se hace de forma súbita y natural. Por eso, no hay que empeñarse en que lean con cuatro años. En esa etapa de la vida, deben hacer cosas más importantes en cuanto a psicomotricidad, convivencia, lenguaje oral, habilidades plásticas y manuales».

Para empezar a leer se tienen que dar tres requisitos: dominar bien la lengua oral (que no está madura hasta los seis años), trabajar la metacognición del lenguaje oral y saber que las palabras se descomponen en sílabas, las sílabas en sonidos y conocer su relación con la grafía. Cuando el niño domina su lenguaje oral le resulta más fácil leer y escribir.

Lo que les pasa a los niños con dificultades para adquirir la lectura y la escritura es que cuando leen no lo hacen automáticamente ni de forma placentera. Aprenden a leer, pero con más trabajo y lentitud. Adquieren un nivel de lectura útil para desenvolverse en la vida, pero no se aficionan al placer de la lectura».

Una cosa que deja tranquilos a los especialistas es que en los niños que tienen dificultad para adquirir la lectoescritura no existe ninguna lesión cerebral. «No se ha determinado ninguna anomalía cerebral que se corresponda a los problemas del aprendizaje de la lectura. Si ocurriera esto, la esperanza para poder solventar estos problemas sería nula y sabemos que con la dirección adecuada, el niño acaba leyendo. Si hubiera un impedimento anatómico sería mucho más complicado. Hay que entrenar y no hay que desistir», apunta con optimismo Juan Narbona.

Ejercicios

Una vez que ya se ha detectado el problema se deben establecer pautas para mejorar la lectoescritura. Según explica Silvia Álava, acompañar a los niños que tienen problemas para leer con ejercicios específicos les ayuda a mejorar su lectura. Así, «es bueno grabarle de vez en cuando para que se escuche cuando lee y, de esta forma, aumentar su motivación hacia la lectura. Si omite alguna palabra o vemos que con alguna tiene más dificultades o se la salta, le pediremos que lea en voz baja, que detecte esa palabra y posteriormente que la escriba en su cuaderno y la lea varias veces para que adquiera habilidad articulatoria y le pierda miedo».

De hecho, hay muchos métodos de apoyo visual y auditivo para que el niño aprenda y pueda ir poco a poco incorporando la lectura a sus capacidades. Hay que animar a que los niños lean y para esto no hay mejor ejemplo que el que le puedan dar sus padres. En este sentido, el neuropediatra afirma que «a un niño no se le puede decir que lea, tiene que ver a sus padres leer». Y para hacerle atractiva la lectura, en un primer momento hay que leerle y una vez que está interesante la historia hay que dejarle que siga por sí mismo.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta para que el niño se habitúe a leer es la hora que se elige para hacerlo. Si se le propone que coja un libro a última hora del día, el niño ya está cansado y por muy divertida y atractiva que sea la historia, no prestará atención porque no puede hacerlo.

Su día a día

Los niños con dislexia suelen ser muy conscientes de sus dificultades. Normalmente, tienen una autoestima baja y necesitan mucha motivación y refuerzo positivo. Por eso, Rosalía Hita, logopeda de un colegio público, dice que los adultos del entorno del niño son los responsables de llevar a la práctica en el aula, las pautas a tener en cuenta. También es responsabilidad del adulto crear un buen ambiente y una actitud positiva ante el compañero que presenta dificultades lectoescritoras. «Solemos explicar al grupo de la clase que igual que unos tienen dificultades con las matemáticas o con el dibujo, otros compañeros se les da peor la lectura o la escritura».

Para que sigan mejor las clases, se recomienda que los alumnos con problemas para la lectura y la escritura se sitúen en las primeras filas, cerca del profesor y de la pizarra. Así, se les puede prestar más atención. «Tenemos que asegurarnos de que el niño ha comprendido bien el material escrito con el que tiene que trabajar».

Desde hace unos años, en las aulas se siguen unas pautas para la evaluación de los alumnos con dislexia, que se aplican en los exámenes y en otras herramientas para la evaluación de los conocimientos adquiridos.

Entre estas medidas se contempla la adaptación de los tiempos para realizar los exámenes, incrementándolos hasta un máximo de un 35% sobre el tiempo previsto para el resto de los alumnos. También se puede adaptar el modelo de examen, el tipo y el tamaño de la fuente en el texto del examen.

A estos alumnos también se les permite utilizar hojas en blanco y hacer los exámenes de manera oral, situación que les ayuda en gran medida y les da tranquilidad. Otra medida para facilitarle los exámenes es realizar una lectura en voz alta de los enunciados de las preguntas al comienzo de la prueba y que ésta se haga en un aula separada para evitar distracciones.

Rosalía ahora está trabajando con un niño que cursa cuarto de Primaria, después de haber repetido su segundo. Según cuenta, tiene dificultades en la ruta fonológica de acceso al léxico, «es decir, que para leer una palabra utiliza la ruta global, ve la palabra globalmente y le cuesta convertir los grafemas a su correspondiente fonema».

Con este alumno tiene que trabajar un programa específico de dislexia para favorecer la ruta fonológica, puesto que presenta muchos errores a la hora de leer: omite sílabas, sustituye unas sílabas por otras, se inventa palabras… En la escritura la situación no es mejor; presenta los mismos errores. Ante esta situación, deben mejorar la conciencia fonológica para que sea consciente de que cada letra tiene un sonido, que ese sonido unido a otro forma una sílaba y que varias sílabas forman una palabra con significado. Así podrá leer y comprender lo que lee.

 

FUENTE: Diario El Mundo. CLARA SIMÓN VÁZQUEZ

Decálogo para educar en la felicidad

Claves para afrontar uno de los retos más importantes a los que se enfrentan los padres de hoy

silviaalava-liceoeuropeo-feb16-c¿Cuál es la respuesta más común entre los padrescuando se les pregunta qué quieren para sus hijos? Que sean felices. Partiendo de esta premisa, la psicóloga infantil Silvia Álava, en una conferencia organizada por el colegio Liceo Europeo, ha analizado a través del humor y las situaciones cotidianas, los retos que afrontan los padres.

Para Álava, autora de los libros Queremos hijos felices (que ya va por su tercera edición) y su continuación Queremos que crezcan felices, de reciente publicación,en los padres de hoy en día prevalecen un excesivo sentimiento de culpa, sobreprotección y un afán de perfección que en palabras de la psicóloga “no existe, porque no existen las personas perfectas”.

Prepara a tu hijo para el camino

En la conferencia ofrecida en el colegio Liceo Europeo, Silvia Álava animó a los padres a perder el miedo al fracaso para no extender esa frustración a los hijos y “preparar a tu hijo para el camino, no el camino para tus hijos. Los que preparan el camino son padres “apisonadora”, que impiden que sus hijos desarrollen competencias emocionales, lo que les generará más inseguridad e infelicidad en el futuro”.

Además, la directora del área infantil en el Centro de Psicología Álava Reyes mostró un decálogo para educar en la felicidad:

  1. El mayor regalo para un niño es la atención. Esta atención debe ser de calidad, mediante una escucha activa. Nos sentimos escuchados por los ojos. Necesitamos que nos miren.
  2. No les presiones. Ofrece al niño pequeños retos, que siempre son más efectivos que el castigo.
  3. Mide bien lo que le pides al niño. No le exijas lo que no pueden hacer. La búsqueda de la perfección en los hijos hace que en muchas ocasiones se les exijan cosas para las que no están preparados.
  4. Refuerza cada paso que dé, aunque sea pequeño. Todos necesitamos el reconocimiento de los que nos rodean. El niño irá ganando en confianza y autonomía.
  5. Busca cosas que se le den bien, donde pueda destacar aunque sean fuera del ámbito escolar. La práctica deportiva es muy útil, en este sentido, porque además muestra que las cosas que dan más felicidad se ganan con esfuerzo continuado.
  6. Mitiga defectos y potencia virtudes. Es necesario reforzar en positivo,sin comparaciones. El niño también agradece que los padres se muestren orgullosos de él y se lo haga saber a él y a sus seres queridos.
  7. Si lo necesitas, pide ayuda. El afán de perfeccionismo de los padres hace que muchas veces no pidan ayuda y esto, sumado a la falta de tiempo y el cansancio, genera frustración.
  8. Enséñale a pensar y dótale de recursos. Evitar el “ya lo hago yo” o “espera a que llegue a casa y lo hacemos”. Son mensajes que hacen sentir al niño que él no es capaz. Por el contrario, hay que optar por el “¿Tú qué piensas? ¿Cómo lo harías?”.
  9. Busca con él los momentos felices. Las pequeñas cosas del día aportan felicidad. Hay que buscar que esos momentos sean de calidad, prestando atención al niño.
  10. La vida es más que un boletín de notas. Ninguno de nosotros recuerda como momentos felices hacer los deberes con nuestros padres.

 

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