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Podcast: ¿Niños y adultos cometen en la era digital más faltas de ortografía? Colaboración con la Cadena COPE

La escuela pública debate sobre el uso del uniforme escolar. Colaboración con el diario El Mundo

Aunque la mayoría de padres sigue prefiriendo la ropa de calle, empieza a haber centros públicos donde se está implantando el uniforme. En Madrid son ya el 20% del total

Sus partidarios dicen que es más cómodo y que reduce distinciones sociales, mientras que sus detractores opinan que anula la individualidad de los niños

Uniformes

Los 203 alumnos del colegio público Monte de El Pardo de Madrid van a clase con uniforme. Los padres decidieron ponerlo hace una década por comodidad y para dejar menos en evidencia las diferencias socioeconómicas de las familias. Tras aprobarlo con un 80% de los votos en el Consejo Escolar, acordaron una única premisa: que fuera lo más barato posible. Optaron por un pantalón y una falda gris que, por menos de 12 euros, se compra en cualquiera de las grandes superficies, un jersey de pico azul marino del mismo precio y un socorrido polo blanco. El escudo que va en el pecho cuesta 1,5 euros y se diseñó para que pudiera coserse y descoserse y durara, por tanto, varios años.

Las chicas pueden escoger si llevan falda o pantalón. «Lo que ocurre, en la práctica, es que las pequeñas van con pantalón, porque es más cómodo, pero las mayores, las de 10 u 11 años, prefieren venir con falda», explica durante el recreo la jefa de estudios,Victoria Valero.

«¿Que por qué queremos llevar falda? Porque nos gusta ir más arregladas», responde Marta, una alumna de 11 años de 6º de Primaria. ¿Y no les resulta incómodo para jugar en el recreo? «Si tenemos que hacer el pino, nos ponemos mallas cortas debajo de la falda. Es que no nos gusta nada el pantalón», aclara a su lado su amiga Edurne.

Escenas como ésta ocurren en muchos centros. Antes, el uniforme era patrimonio exclusivo de la escuela privada y concertada, pero ahora se debate su uso también en la pública. Aunque la mayoría de padres sigue prefiriendo la ropa de calle, hay colegios públicos en donde se está discutiendo su utilización.

En la Comunidad de Madrid, esta prenda está presente en el 20% de los cerca de 800 centros públicos que hay en la región, según estimaciones del Gobierno regional. Surgió por primera vez en 2004 -la entonces presidenta Esperanza Aguirre era muy partidaria e incluso estableció deducciones fiscales a su compra- y desde entonces hasta ahora su uso se ha multiplicado por 20.

Preferencia por la ropa de calle

En el resto de España no es muy popular, pero también se debate su utilización, según la información recabada en todas las consejerías de Educación, que señalan que, al ser ésta una decisión que se toma en los propios colegios, en el marco de su autonomía, no tienen ni datos concretos ni regulación a nivel regional. En Andalucía «se ha acordado ponerlo en algunos centros, pero no de forma obligatoria», algo que también ocurre en Galicia, Extremadura, Asturias, Murciao Aragón. En la Comunidad Valenciana se extendió durante la época en que gobernaba el PP, pero ahora los padres no lo quieren. También se ha debatido sobre la cuestión, con el mismo no mayoritario de las familias, en Baleares,Castilla-La Mancha o La Rioja, en cuya consejería indican que «hay un uso desigual»: algunos centros lo han aprobado pero luego los niños no lo llevan porque «van en chándal». Hay otros, como el colegio público Las Gaunas de Logroño, en el que los padres han votado no ponerlo.

«Este debate se ha planteado varias veces en el colegio», recuerda Elisa García, miembro del Ampa. «Hace un par de años, los padres de Infantil lo pidieron y el Ampa estuvo preguntando precios; incluso propusimos un forro polar y unos leggings para que todos los niños fuesen iguales, pero la mayoría de las familias no quiso. Hace ocho años también se planteó y hubo votaciones en el Consejo Escolar, pero no se obtuvieron los votos suficientes. Se decidió, en cambio, el uso voluntario del chándal del colegio, que es azul con franjas amarillas, pero la verdad es que lo utilizan muy pocos niños en la actualidad. Al final, te compras un chándal en el Decathlon y te sale más barato».

El director del centro, Jesús Vicente Ruiz, apunta que la ropa de calle no impone demasiadas diferencias de clase entre sus alumnos porque, como promueven «un consumo responsable», los niños no suelen llevar muchas marcas. «Además, la ropa acaba siendo un medio de expresión, una forma de manifestación personal», argumenta.

Es lo mismo que piensa Carmen Rodríguez, profesora de Didáctica de la Universidad de Málaga y portavoz del Foro Sevilla por Otra Política Educativa. «Yo no estoy a favor del uniforme, la diversidad es importante y es importante también que los niños puedan expresarse a través de cómo visten», manifiesta. «Los colegios privados buscan el uniforme por elitismo, porque los distingue y muestra que pertenecen a un colectivo especial. Los colegios públicos están imitando esta actitud, las familias buscan esta distinción. Pero, en realidad, es un símbolo de la uniformidad que la escuela ha tenido desde el capitalismo industrial, una escuela en la que todos los niños aprenden lo mismo y en la que no se genera singularidad».

¿Una escuela pública gratuita?

La postura de Rodríguez es también la de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), que opina que «hay una obsesión por que la pública deba comportarse como la privada, donde el uniforme, en muchos casos, lo llevan como seña de identidad», en palabras de su presidente, José Luis Pazos.

La Ceapa, que agrupa a 12.000 asociaciones de la escuela pública, vigila por que el uniforme sea siempre voluntario para cada una de las familias, ya que, recuerda, «la enseñanza debe ser gratuita». El pasado septiembre, sus servicios jurídicos emitieron un informe en el que concluían que la imposición con carácter obligatorio de esta prenda en un centro público «no es legal», incluso aunque lo haya aprobado el equipo directivo del colegio o haya obtenido consenso en el Consejo Escolar, porque supone «la vulneración de un principio constitucional [elartículo 27 de la Carta Magna] establecido en nuestra norma suprema como es la garantía de una educación pública y gratuita».

En el fondo, esta cuestión suscita bastante controversia, porque, según varias fuentes educativas, la Lomce ha concedido al director tanta capacidad de actuación que, si se empeña en que en su centro haya uniforme, podrá imponerlo a todos los alumnos a pesar de que los padres no estén de acuerdo.

José María Alvira, secretario general de la patronal Escuelas Católicas, detalla que el 54% de los alumnos de Primaria y el 44% de los de Secundaria de los 3.373 centros a los que representa llevan uniforme. «Es una elección adoptada por el colegio y que está completamente refrendada por las familias. Aquellos centros que han escogido esta opción no lo han hecho con intención de constreñir la personalidad de los alumnos; a través del uniforme, el centro incentiva la democratización entre el alumnado, aumenta el sentido de pertenencia y, en muchos casos, se presenta como una oportunidad de ahorro para los padres», enumera.

En este sentido, Pedro Caballero, presidente de la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (Concapa), añade que «el uniforme es más barato o más caro dependiendo de los sitios, el material y los acuerdos a los que lleguen los centros con las empresas». «La gran mayoría de nuestras familias son partidarias del uniforme, porque hace más iguales a todos los alumnos y no hace distinciones sociales. Además, evita conflictos entre los padres y los hijos sobre lo que se ponen éstos por las mañanas».

«Los uniformes tienen cosas positivas y negativas», sintetiza la psicóloga Silvia Álava. «Nos sirven para homogeneizar el grupo y que todos los estudiantes se sientan iguales, y también para evitar comparaciones que surgen en estas edades con las marcas. Es verdad que ayudan a dar un sentido de pertenencia al grupo, de equipo y de unidad al que lo lleva, como ocurre con los uniformes de trabajo. También tienen un componente de comodidad… Pero la parte negativa es que evitan la diferenciación del individuo, que también es importante para el desarrollo de la personalidad».

Por primera vez en España los estudiantes de un colegio han puesto las bases para crear una aplicación para luchar contra el CIBER ACOSO.

Se trata de los alumnos del British Council de Madrid entre los 10 y los 16 años, que han tenido la suerte de contar con una de las activistas más reconocidas internacionalmente en la lucha contra el denominado CYBERBULLYING. Se trata de la abogada norteamericana Parry Aftab, asesora de plataformas como Facebook. Además, la iniciativa ha contado con la asesoría de STOPCYBERBULLYING.ORG, que se ha comprometido a convertir en APP las aportaciones de los niños. Los trabajos que han estado realizando los estudiantes del British Council han estado orientados a romper las barreras generacionales entre padres e hijos para denunciar situaciones de acoso a través de Internet, saber detectar los primeros síntomas del acoso o generar recursos para parar este tipo de situaciones desde el primer momento. Uno de las aportaciones de los estudiantes que más ha llamado la atención en la creación de un “Botón de Pánico” que avisa a los padres inmediatamente en cuanto se produce el acoso.

Para Aftab hay determinados países donde los lazos familiares son más fuertes y esto es determinante a la hora de luchar con el acoso online. Y uno de estos países es España. “Aunque los padres no tengan habilidades tecnológicas, saben cómo hablar con sus hijos, se preocupan por ellos, no quieren que vean pornografía o que estén expuestos al odio. Y usando esos lazos y el interés de los padres y de los niños por comunicarse y trabajar en su futuro podemos hacer mucho en países que están más desconectados”. Por eso le parece importante hacer un seguimiento de las ideas de los alumnos españoles ya que aportan una perspectiva nueva a la hora de enfrentar el problema.

Y pone un ejemplo práctico para explicar la importancia de atender a la experiencia de los jóvenes en internet. “Nosotros, como padres, sabemos que tenemos que bloquear los enchufes para que los niños no metan un tenedor dentro cuando son pequeños. Pero ellos cuando están gateando ven algunos que nosotros ni siquiera vemos. Nosotros lo vemos desde arriba y ellos lo ven desde abajo. Tenemos que mirar de la manera en la que los jóvenes ven internet porque ven enchufes que nosotros no vemos”.

Hablamos de los Horarios Escolares en el programa Futuro Abierto de RNE

Os adjunto el enlace al Podcast del programa Futuro Abierto del pasado 25 de septiembre, que en este caso es dedicado a los horarios escolares.

Pincha la imagen para escuchar el programa:

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El peligro y las consecuencias de que papá te haga la tarea. Colaboración con el diario Qué!

En los últimos 30 años hemos pasado de los educadores que reclamaban más implicación de los padres en el trabajo escolar de sus hijos a los terapeutas que piden autonomía para los pequeños. Menos dependencia. ¿Qué ha pasado? El 83% de los docentes han detectado en alguna ocasión que papá o mamá son quienes hacen las tareas de su hijo, según una sorprendente encuesta a partir de las respuestas de los progenitores. ¿Es grave? A este paso un porcentaje alto de los escolares de hoy, mañana no sean capaces de enfrenten con garantías a la vida

deberes niño

Muchos padres se quejan de la cantidad de tarea escolar que tienen que hacer sus hijos en casa. Y de ellos, algunos confiesan que les ayudan para que tarden menos y acaben antes. Para conseguir con ello que tengan tiempo «de hacer otras cosas». La falta de tiempo o las prisas. Un lugar común. Frases similares ha tenido que escuchar con inquietud, Cristina Gutiérrez, educadora emocional con 30 años de experiencia sus espaldas de intervención extraescolar con menores. Ella codirige la Granja Escuela de Santa Maria de Palautordera, en Girona. «Detecté que los niños ya no me atendían en las explicaciones como antes y de que era incapaz de solucionar conflictos. Lo consulté con mis compañeros y les pasaba a todos», asegura.

De su celo y preocupación profesional salió la sorprendente encuesta que ha encendido las alarmas. Autora del libro «Entrénalo para la vida» (Plataforma Editorial), Gutiérrez centra su actividad e intervención en unos 10.000 niños que pasan anualmente por el centro en el que trabaja. Niños de la escuela pública y la privada, de distinta extracción económica y cultural. Una muestra heterogénea.«Decidimos hacer una encuesta a niños y padres. E incluimos preguntas sobre las tareas del colegio. Yo esperaba que en torno a un 70% de los progenitores ayudaran demasiado a sus hijos, pero es que la sorpresa fue mayúscula: ¿Un 83% hace la tarea a sus hijos. De su puño y letra. Directamente».

Pero si sorprendente es la cifra, aún más lo son los motivos que aducen para hacerlo así: «Una mamá decía que pidió ayuda a la profesora de su hija -2º de la ESO, 13 años- para que le advirtiese a la menor que debe ser ella quien haga las tareas. ¿Por qué no lo hacía mamá? Porque no quería discutir con su hija. Por miedo a las consecuencias. En otro caso, otra mamá le pedía a los profesores de su hijo que no subiera más el nivel de los deberes porque, a ese ritmo, no podría seguir haciéndolos», concluye Gutiérrez. Además de esto, la encuesta arrojaba que del 9% de adultos que han reconocido hacer los deberes de sus hijos, un tercio de ellos han respondido que los hacen cuando el niño está demasiado cansado y, casi la mitad, «porque consideran que sus hijos tienen demasiados deberes y así los liberan de tanta carga», indica Gutiérrez. El resto, algo más del 15%, los hacen ellos porque el niño no los quiere hacer.

¿Nos hemos convertido los padres en los ‘negros’ de nuestros hijos?¿Somos los autores de sus trabajos,  quienes les solucionamos siempre la ‘papeleta? El caso es que si hace 20 años casi todas las instancias educativas pedían a los padres españoles más implicación en el aprendizaje y en el trabajo escolar de los hijos, ahora la tendencia ha variado.Y se reclama lo contrario: Menos protección o, directamente, que los deberes y trabajos escolares los hagan ellos.

Todos los datos de las encuestas se sistematizaron gracias a la colaboración de Rafael Bisquerra, profesor de la Universidad de Barcelona especialista en Métodos de Investigación y Diagnóstico de la Educación. La principal conclusión es clara: Les protegemos demasiado. Pero este especialista hace una reflexión sobre el clima que las excesivas tareas escolares crean en casa: «Puede ser comprensible comprensible que algunos progenitores actúen así. En ocasiones, hay una excesiva presión en casa con los deberes. ¿Realmente son necesarios tantos trabajos? Finlandia obtiene estupendos resultados educativos y es de los países en los que menos tarea escolar se manda para casa. Por un lado yo apostaría por un sistema educativo que se fijara más en lecturas divertidas para los alumnos, pero además recordaría los padres que su comportamiento es el primer paso la educación de sus hijos. Si lees, es más fácil que tu hijo lea». 

«Cargamos con su trabajo y con su mochila. Y les preparamos el desayuno y el bocata todos los días. Aunque tengan 12 años. ¿Por qué? «, señala la psicóloga Silvia Álava, del Centro de Psicología Álava Reyes de Madrid. En opinión de esta terapeuta, el problema es grave.  «Debemos mentalizarnos que los deberes y tareas escolares son de los niños. Es su responsabilidad. Y es bueno que afronten su responsabilidad. Los padres hemos de acompañarles y solucionar alguna duda puntual, incluso mandarle repetir alguna cosa si observamos que lo ha hecho mal y con desgana. Pero nada de sentarnos a su lado a hacerlo. Y mucho menos hacerlo nosotros».

No es lógico que a un padre quiera cargar de trabajo y responsabilidad a su hijo, pero puede que estemos disparando una ola que nos salga por la culata. ¿Por qué puede ser tan perjudicial?  «Me encuentro cada día con muchos problemas de inteligencia emocional en menores. ¿Qué harán cuando deben enfrentarse ellos a la vida?Nuestros hijos pueden acumular muchas debilidades y alimentar un complejo de inferioridad». O sea, la actitud correcta es decir al menor, hazlo tú. Y hazlo bien. «De ese modo estaremos fomentando la seguridad en si mismo y la autoestima. Y es que aunque en psicología no hay relaciones causa efecto inmediatas sí que se está describiendo un nexo de este tipo de educación sobre protectora de los padres en niños que sufren acoso escolar», remacha la psicóloga Silvia Álava.

Deberes niña

Para la educadora emocional Cristina Gutiérrez todo tiene que ver con nuestra forma de vida actual. No tenemos tiempo. «En mi trabajo directo con niños les animo a dibujar a sus familias. Y en algún caso curioso hay niños que se han dibujados a ellos mismos rodeados de perros. Y en otros han dibujado a su abuela y a su madre, pero no a su hermano mayor y a su padre, por ejemplo. Ocurre, por desgracia, que no paramos a mirar a nuestros hijos. No les prestamos atención». Y de ahí , pasamos al sentimiento de culpa y a intentar ‘fabricar’ una vida fácil.

¿Y si hacer los deberes con nuestros hijos es sólo la punta del iceberg? Detrás pueden producirse, de manera relacionada, casos de violencia doméstica de padres a hijos, o autolesiones de adolescentes por su baja tolerancia al fracaso y la frustración. O simplemente, adultos débiles que no están preparados para afrontar una vida cargada, como la del todo el mundo , de responsabilidad. Al fin y al cabo, el informe PISA demostró que pocos, muy pocos españolitos de 15 años, a la edad en que sus abuelos ya eran capaces de mantener un hogar con su trabajo, actualmente no son capaces de programar el aire acondicionado.

Dislexia: letras, sílabas y palabras sin significado. Colaboración con el diario El Mundo

Alejandra -aunque podría ser Lucía, Daniel, Marcos, David…- tiene nueve años, está en cuarto de Primaria y tiene dificultades para leer y comprender lo que lee. Sigue deteniéndose en cada sílaba. No-pue-de-le-er-co-mo-cual-quier-ni-ño-de-su-cla-se. Empezó teniendo dificultades para hablar, se le resistía la pronunciación de la letra «r». Luego, esos problemas se materializaron al empezar a leer, no seguía el ritmo de sus compañeros de clase, presentaba dificultades en la lecturoescritura. A este retraso se le añadía que era tímida de carácter, con lo que sus carencias pasaban aún más desapercibidas.

Pero al llegar a cuarto y seguir leyendo como si estuviera en primero o segundo hizo saltar las alarmas de sus padres y profesores que decidieron ver qué pasaba. Tras una valoración rigurosa llegó el diagnóstico: Alejandra era disléxica. A pesar de su problema, acabó la educación secundaria con un apoyo constante del colegio y de la familia, con un refuerzo en la lectoescritura para adquirir la conciencia fonológica adecuada para conseguir leer.

Aunque puede leer, le cuesta acceder a un texto, entenderlo y comprenderlo. También ha tenido dificultades para expresarse por escrito, tanto en la riqueza y fluidez de los contenidos, como en la organización del escrito y en la ortografía. Por eso, para valorar el nivel de conocimiento adquirido, la mayor parte de los exámenes que realizaba Alejandra eran orales, porque los entendía más rápidamente y podía expresar mejor sus conocimientos. Además, podía defenderse mejor y evitar las temidas faltas de ortografía.

Silvia Álava Diario El Mundo

Diagnóstico

«Para poder diagnosticar la dislexia, el niño debe de tener un retraso de la lectura de al menos dos años o situarse en 1,5 desviaciones típicas por debajo de la media en laspruebas de lectoescritura. Su cociente intelectual tiene que encontrarse dentro del rango de la normalidad, nunca por debajo de 80, y descartar que no haya otros problemas, como, por ejemplo, un déficit de atención», apunta la psicóloga Silvia Álava, quien añade que hay unos signos de alarma que pueden poner en sobre aviso de que algo pasa.

Así, si un niño invierte los números y las letras, comete rotaciones y confunde las letras b-d y p-q, tiene muchos problemas en la asociación del fonema con el grafema, es decir no llega asociar cada letra con su sonido, le cuesta realizar ejercicios de conciencia fonológica, no es capaz de separar las sílabas: a-be-ja, se salta de forma habitual renglones cuando lee en voz alta, inventa un número elevado de palabras y tiene verdadera aversión a leer y a escribir hay que pedir ayuda porque puede tener dislexia.

Dificultad, no impedimento

Juan Narbona, neuropedriatra de la Clínica Universidad de Navarra, se muestra partidario de desterrar el término dislexia y sustituirlo por el nombre oficial: trastorno del aprendizaje de la lectura y de la escritura. «Aunque realmente a mí me gusta más llamarlo dificultad para adquirir la lectura y escritura».

Es una variación en la capacidad innata para adquirir este sistema (lectura y escritura) que no es connatural al humano, como es el lenguaje hablado. Una persona puede tener más o menos capacidad para descubrir y automatizar la lectura y la escritura, como se puede tener más o menos capacidad para tocar la guitarra o para la danza, pero esto no quiere decir que no pueda llegar a leer o a escribir. «Por lo general -continúa el neuropediatra-, se trata de una dificultad, no de un impedimento. Lo tienen más difícil que otros niños que leen ya en Infantil, pero acaban aprendiendo a leer».

El especialista se queja de que cada vez se quiere que los niños lean antes y explica que en Dinamarca no se inician en la lectura hasta los siete años. «El descubrimiento de la lectura es algo que se hace de forma súbita y natural. Por eso, no hay que empeñarse en que lean con cuatro años. En esa etapa de la vida, deben hacer cosas más importantes en cuanto a psicomotricidad, convivencia, lenguaje oral, habilidades plásticas y manuales».

Para empezar a leer se tienen que dar tres requisitos: dominar bien la lengua oral (que no está madura hasta los seis años), trabajar la metacognición del lenguaje oral y saber que las palabras se descomponen en sílabas, las sílabas en sonidos y conocer su relación con la grafía. Cuando el niño domina su lenguaje oral le resulta más fácil leer y escribir.

Lo que les pasa a los niños con dificultades para adquirir la lectura y la escritura es que cuando leen no lo hacen automáticamente ni de forma placentera. Aprenden a leer, pero con más trabajo y lentitud. Adquieren un nivel de lectura útil para desenvolverse en la vida, pero no se aficionan al placer de la lectura».

Una cosa que deja tranquilos a los especialistas es que en los niños que tienen dificultad para adquirir la lectoescritura no existe ninguna lesión cerebral. «No se ha determinado ninguna anomalía cerebral que se corresponda a los problemas del aprendizaje de la lectura. Si ocurriera esto, la esperanza para poder solventar estos problemas sería nula y sabemos que con la dirección adecuada, el niño acaba leyendo. Si hubiera un impedimento anatómico sería mucho más complicado. Hay que entrenar y no hay que desistir», apunta con optimismo Juan Narbona.

Ejercicios

Una vez que ya se ha detectado el problema se deben establecer pautas para mejorar la lectoescritura. Según explica Silvia Álava, acompañar a los niños que tienen problemas para leer con ejercicios específicos les ayuda a mejorar su lectura. Así, «es bueno grabarle de vez en cuando para que se escuche cuando lee y, de esta forma, aumentar su motivación hacia la lectura. Si omite alguna palabra o vemos que con alguna tiene más dificultades o se la salta, le pediremos que lea en voz baja, que detecte esa palabra y posteriormente que la escriba en su cuaderno y la lea varias veces para que adquiera habilidad articulatoria y le pierda miedo».

De hecho, hay muchos métodos de apoyo visual y auditivo para que el niño aprenda y pueda ir poco a poco incorporando la lectura a sus capacidades. Hay que animar a que los niños lean y para esto no hay mejor ejemplo que el que le puedan dar sus padres. En este sentido, el neuropediatra afirma que «a un niño no se le puede decir que lea, tiene que ver a sus padres leer». Y para hacerle atractiva la lectura, en un primer momento hay que leerle y una vez que está interesante la historia hay que dejarle que siga por sí mismo.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta para que el niño se habitúe a leer es la hora que se elige para hacerlo. Si se le propone que coja un libro a última hora del día, el niño ya está cansado y por muy divertida y atractiva que sea la historia, no prestará atención porque no puede hacerlo.

Su día a día

Los niños con dislexia suelen ser muy conscientes de sus dificultades. Normalmente, tienen una autoestima baja y necesitan mucha motivación y refuerzo positivo. Por eso, Rosalía Hita, logopeda de un colegio público, dice que los adultos del entorno del niño son los responsables de llevar a la práctica en el aula, las pautas a tener en cuenta. También es responsabilidad del adulto crear un buen ambiente y una actitud positiva ante el compañero que presenta dificultades lectoescritoras. «Solemos explicar al grupo de la clase que igual que unos tienen dificultades con las matemáticas o con el dibujo, otros compañeros se les da peor la lectura o la escritura».

Para que sigan mejor las clases, se recomienda que los alumnos con problemas para la lectura y la escritura se sitúen en las primeras filas, cerca del profesor y de la pizarra. Así, se les puede prestar más atención. «Tenemos que asegurarnos de que el niño ha comprendido bien el material escrito con el que tiene que trabajar».

Desde hace unos años, en las aulas se siguen unas pautas para la evaluación de los alumnos con dislexia, que se aplican en los exámenes y en otras herramientas para la evaluación de los conocimientos adquiridos.

Entre estas medidas se contempla la adaptación de los tiempos para realizar los exámenes, incrementándolos hasta un máximo de un 35% sobre el tiempo previsto para el resto de los alumnos. También se puede adaptar el modelo de examen, el tipo y el tamaño de la fuente en el texto del examen.

A estos alumnos también se les permite utilizar hojas en blanco y hacer los exámenes de manera oral, situación que les ayuda en gran medida y les da tranquilidad. Otra medida para facilitarle los exámenes es realizar una lectura en voz alta de los enunciados de las preguntas al comienzo de la prueba y que ésta se haga en un aula separada para evitar distracciones.

Rosalía ahora está trabajando con un niño que cursa cuarto de Primaria, después de haber repetido su segundo. Según cuenta, tiene dificultades en la ruta fonológica de acceso al léxico, «es decir, que para leer una palabra utiliza la ruta global, ve la palabra globalmente y le cuesta convertir los grafemas a su correspondiente fonema».

Con este alumno tiene que trabajar un programa específico de dislexia para favorecer la ruta fonológica, puesto que presenta muchos errores a la hora de leer: omite sílabas, sustituye unas sílabas por otras, se inventa palabras… En la escritura la situación no es mejor; presenta los mismos errores. Ante esta situación, deben mejorar la conciencia fonológica para que sea consciente de que cada letra tiene un sonido, que ese sonido unido a otro forma una sílaba y que varias sílabas forman una palabra con significado. Así podrá leer y comprender lo que lee.

 

FUENTE: Diario El Mundo. CLARA SIMÓN VÁZQUEZ

¿Tu cole tiene «TICs»? Colaboración con TELVA niños

TICs en la escuela - Silvia Álava - TELVAOs adjunto mi última colaboración, con la revista TELVA niños sobre la aplicación de las Tecnologías de la Información y Comunicación.

Pincha en el enlace para abrir el PDF y leer el artículo completo

Telva – Silvia Álava

Entrevista en La Mañana de la Cope Castilla La Mancha: ¿Cómo preparar la vuelta al colegio?

Os adjunto el enlace al audio de la entrevista realizada en La Mañana de la Cope Castilla La Mancha en la que hablamos sobre las pautas para tener una vuelta a la rutina lo más normalizada posible después de disfrutar de las vacaciones:

La Mañana de COPE Castilla-La Mancha - Silvia Álava

 

Pincha en la imagen, la entrevista comienza en el minuto 5.