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¿Cómo afecta la crisis a los niños? (II)

¿Hasta qué punto tenemos que hacer partícipes a los niños de la situación que hay en casa? ¿Hay que contarles toda la verdad, mantenerles totalmente al margen o intentar explicarles las cosas para que puedan comprender por qué no pueden ir de vacaciones o comprar determinado juguete? ¿A partir de qué edad pueden los niños comprender la situación?

Los niños son niños, y debemos de proteger su infancia. No necesitan saber la situación económica de sus padres, ni hacerles partícipes de la misma hasta que son bastante mayores, y pueden entenderlo. Pero eso no significa que no les podamos decir que cuesta mucho ganar el dinero, que hay que ir a trabajar para conseguirlo, que hay mucha gente que no tiene trabajo, y que si queremos tener trabajo hay que estudiar mucho y prepararse lo mejor posible.

Estar de vacaciones, no significa hacer un viaje, al igual que tener tiempo libre no implica gastar dinero. Recuperemos pequeñas diversiones como ir a pasar un día en familia de picnic al campo, dar un paseo por el parque, pasear por la ciudad… quedar con amiguitos a jugar…

En ningún momento, ni en época de crisis ni de bonanza se debe asociar el ocio y el tiempo libre a gastar. 

¿Cómo afecta la crisis a los niños?

En el telediario, en los periódicos, en la calle… todos hablan de la crisis, pero ¿como afecta esto a los más pequeños?. Este mes he vuelto a tener el placer de colaborar con la revista La guía del Niño, en un reportaje de Laura Jiménez titulado: Los hijos de la crisis: ¿La situación económica cambiará os valores de los niños?                  

¿Qué efectos está provocando la crisis en los más pequeños de la casa? ¿Son más asustadizos, tienen ansiedad, se angustian al ver a sus padres preocupados, les cuesta más disfrutar de las cosas?

Dependerá mucho de las diferencias individuales, y sobre todo de cómo lo enfoquen los padres. Es importante que éstos midan la información que se les da a los niños; que sepan que es una situación difícil, porque hay menos trabajo, menos dinero… pero no dejemos que esto mine su seguridad y su confianza, que vean que la situación no implica que no les queramos, no hay razón por la que dejar de hacer cosas juntos, y que aprendan a disfrutar lo que tienen.

La principal fuente se seguridad y de confianza de un niño son sus padres, y si están inseguros y temerosos esto les acabará afectando. No se trata de engañarles o de ocultarles la realidad, pero si de no hacerles partícipes de lo que no les corresponde por su edad.

Congreso SEAS: «Competencias emocionales en la infancia y estilos educativos en los padres»

Muy interesante la comunicación presentada por R. González Barrón, A. Ordoñez, I. Montoya, y C, Mateu de la Universidad de Valencia.

En ella nos han explicado que las competencias emocionales se relacionan con un mayor rendimiento académico, y con un número menor quejas somáticas.

Las competencias emocionales se crean desde el nacimiento y están en la base del funcionamiento del niño y del adolescente.

El objetivo del estudio ha sido conocer la relación existente entre el estilo educativo de los padres y el desarrollo de competencias emocionales del niño.

Modelos educativos: Se establecen tres estilos educativos:

  1.  Estilo autoritarioSe caracteriza por una disciplina coerticitiva,  alta exigencia, baja comunicación, baja expresión del afecto
  2. Estilo permisivoPoca consistencia en las pautas y en las normas, alta comunicación y expresión del afecto, pero incosistencia en la forma de actuar de los padres.
  3. Estilo equilibradoNormas claras, establecida por edad, firmeza de los padres, alta comunicación y alta expresión del afecto.

La hipótesis de trabajo es que es que el estilo educativo incidirá en el desarrollo de las competencias emocionales de los niños.

El estudio de los casos encontró que el estilo equilibrado está correlacionado de forma positiva con las competencias emocionales.

El grupo de mayor nivel de competencia emocional percibe a sus padres con un estilo educativo equilibrado y el grupo de menor competencia emocional percibe a sus padres con el estilo permisivo.

 Como conclusión podemos afirmar que para el desarrollo de las competencias emocionales es importante que haya un clima de relaciones familiares de calidad. 

¿Cómo conseguir objetivos de forma realista?

¿Cómo se pueden hacer estos cambios en nuestras rutinas de una forma realista?

Sabemos que cuanto más realista y específico sea el objetivo será más fácil de conseguir; si decido adelgazar, es más fácil conseguirlo estableciendo el número de kilos a perder, los días de la semana que haré deporte para quemar calorías y de qué alimentos voy a prescindir. Cuando no se deja especificado cómo conseguir el objetivo, solo se mantiene como un plan en el aire, y no se hace nada por conseguirlo, en estos casos será muy fácil llegar a la frustración, porque se puede llegar a pensar que no se va a lograr, cuando realmente ¡no se ha intentando!

Algo que puede ser de gran utilidad es concretar ¿cómo lo vamos a cumplir?, ¿cuáles son las acciones concretas que vamos a llevar a cabo?; por ejemplo si mi objetivo este año es hacer deporte, voy a buscar el deporte concreto que quiero practicar y le voy a poner fecha y hora, por ejemplo clases de paddel el viernes de seis a siete, que coincide con a una actividad del niño, o aeróbic el jueves de ocho a nueve, que a esa hora ya tengo posibilidad de que haya alguien en casa para que se quede con los hijos.

En definitiva, los objetivos habrá que especificarlos en metas. Una vez tengamos las metas, se ponen los pasos necesarios para alcanzarlas y se detallan las actividades que haremos para conseguirlas, poniéndolas fecha y hora, para que no haya excusas para no hacerlas. Debemos darles la prioridad que se merecen, no buscar excusas para no llevarlas a cabo. Recuerda este proverbio árabe siempre que te entren dudas:

 “Quien quiere hacer algo, encuentra un medio, quien no quiere hacer nada encuentra una excusa

Presentación del libro “Recuperar la Ilusión” de Mª Jesús Álava

Con el éxito habitual Mª Jesús Álava, presentó ayer junto con los periodistas Elena Markinez y Antonio San José, su último libro «Recuperar la Ilusión», os trascribo el artículo de Fernando Franco aparecido hoy en el Diario de Burgos y que resume el acto:

La felicidad es la Ítaca particular de cualquier persona. Todos los seres humanos aspiramos a ser felices, pero lo cierto es que en la estresada sociedad actual cada vez hay menos risas y más depresiones, más crisis de ansiedad, más consumo de ansiolíticos y más problemas relacionados con la falta de sueño. El siglo XXI es, sin duda, un tiempo de contradicciones. Y es que pese a vivir en la sociedad de la comunicación, nos sentimos más solos que nunca o pese vivir en un mundo oportunidades cada vez nos sentimos más insatisfechos y, por tanto, más infelices.

Conocido el diagnóstico, la incógnita radica en saber si podemos aprender a ser felices. Para la psicóloga y escritora María Jesús Álava la respuesta es sí. «La felicidad y la ilusión no se compran; se conquistan. Podemos y tenemos que aprender a ser felices porque desgraciadamente no nos han enseñado a serlo de pequeños. Todos sabemos cuándo nos sentimos bien, pero no sabemos qué debemos hacer para volverlo a lograr.

Esta es una de las grandes paradojas humanas, explica. Precisamente, de las técnicas de la psicología del siglo XXI para afrontar la vida desde el optimismo y no desde la desesperanza habla su último libro Recuperar la ilusión, que ayer fue presentado en Madrid en la sede del Colegio Oficial de Médicos en un acto al que acudieron más de 500 personas. Editado por La esfera de los libros, este trabajo pretende convertirse en un complemento de su éxito La inutilidad del sufrimiento, del que se han vendido 250.000 ejemplares. Con el apoyo de casos reales y ejercicios que los lectores pueden realizar sin dificultad, Álava nos explica herramientas para desarrollar nuestra inteligencia emocional y, desde ahí, poner los medios para recuperar la ilusión.

El volumen encierra las claves para volver a disfrutar de nuestra vida. La coherencia entre lo que hacemos y lo que decimos es desde luego un atajo hacia la ansiada felicidad, pero también lo es el optimismo. «Los optimistas no son ilusos; suelen ser personas profundamente realistas que lo que hacen es crecerse ante las dificultades y emplea toda su positividad y toda su imaginación para poderlas superar», argumentó Álava.
Acostumbrados a comprar todo lo que queremos, la felicidad aparece como un intangible que no podemos adquirir y menos en tiempos de crisis. Y es que desde junio de 2008, las consultas se han incrementado en un 50 por ciento. Especialmente preocupante es cómo las dificultades para encontrar empleo están haciendo mella en las generaciones más jóvenes, calificadas ya como generaciones perdidas en donde el incremento de consultas alcanza el cien por cien. «No les hemos sabido preparar ante la realidad tan difícil a la que se tienen que enfrentar. Por eso creo que los psicólogos tenemos una deuda enorme con los jóvenes», concluyó Álava que entiende que el «reto» de estos profesionales pasa por prepararles para afrontar esta difícil realidad».

Consejos para educar en la felicidad

¿Cómo pueden los padres ayudar a la felicidad actual de sus hijos y lograr que sean unos adultos felices?

¡Por supuesto que lo padres pueden ayudar a incrementar la felicidad actual de sus hijos y lograr que sean unos adultos felices!

Aquí tenemos algunas pautas a seguir:

–       Enseñemos a los niños a no dar nada por supuesto y a que aprendan a decir GRACIAS. La gratitud es uno de los mayores predictores de la felicidad. Si aprendemos a ser agradecidos incrementaremos nuestra felicidad.

–       Ser amables. Realizar cosas por los demás es otro de los factores que se ha estudiado como precursor de la felicidad. Para que esto nos funcione, todo lo que hagamos por los demás hay que hacerlo sin esperar nada a cambio, y sin vivirlo como una obligación.

–       Centrándonos en lo positivo. Aunque es necesario corregir los errores de hijos, eso no implica machacar innecesariamente la autoestima. Por eso siempre debemos decirles lo que hicieron bien.

–       No etiquetar: No cometamos el error de “etiquetar” a los niños, por ejemplo “eres malo” como si el ser malo fuese algo inherente en el niño y que no se puede cambiar, de esta forma sólo conseguiremos que el niño se habitúe al adjetivo y que lo viva como “yo soy así, y por tanto no lo voy a cambiar”. Podemos establecer como alternativa: Te estás portando mal, porque no estás obedeciendo, estás gritando… se trata de focalizar más hacia lo que está haciendo mal el niño, no caer en generalidades ni etiquetas.

–       No dramatizar: cuanto antes comencemos a educar a los niños para que le den a las cosas su justo valor, mejor diferenciarán y aprenderán a distinguir las cosas  realmente importantes de la vida y evitaremos que sufran inútilmente.

–       No sobreprotejamos a los niños, si favorecemos su correcto desarrollo y autonomía, incrementaremos su seguridad y su  felicidad. Los niños se sienten bien y les gusta poder “hacer cosas de mayores”, y ganarse las cosas por ellos mismos.

–       Enseñemos a los niños a que aprendan a controlar y a regular sus emociones, favorezcamos el correcto desarrollo de su Inteligencia Emocional.

 

¿Cómo acabar con los pequeños complejos? (y II)

Recomendaciones para acabar con esos pequeños complejos:

 

–          Contrasta tus ideas sobre esos “complejos” con la realidad de la forma que te indicamos en la tabla propuesta, te ayudará, el omitir de tus pensamientos adjetivos como“…son horrorosas”, “es terrible tener…” o “no puedo hacer nada para cambiar…”, que al único camino que nos conducen es al de la desmoralización.

–          Haz una lista sobre las cosas que te gustan de tí, y piensa cómo potenciarlas y sacarles el máximo partido.

–          Mantente activo o activa, no hay nada mejor que potenciar las relaciones sociales para mejorar la autoestima, además te dejará menos tiempo libre para pensar en los posibles defectos.

–          Apúntate a un gimnasio, bailes de salón, yoga…donde además de cuidar tu cuerpo, podrás establecer nuevas relaciones. La mayoría de los centros tienen un programa muy diverso de actividades acordes con las edades, donde encontrarás gente en tu misma situación.

–          Busca un momento todos los días para repetirte todas las cosas buenas que tienes y haces, nuestro cerebro ¡también necesita escucharlas!, de esta forma aprendemos a no focalizar nuestra atención sobre nuestros fallos o puntos débiles.

–          Reflexiona sobre la importancia de la estética ¿hasta que punto estamos dejando que nos influya e incluso condicione nuestra vida? ¿Realmente la belleza física es tan importante? o ¿no sería más  interesante abrir la puerta a los valores sociales y humanos que podemos potenciar y desarrollar?

 

¿Cómo acabar con los pequeños complejos? (I)

Orejas “desabrochadas”, pechos muy pequeños o muy grandes, pies feos, brazos demasiado largos, unos kilos de más… pueden llegar a convertirse en un verdadero complejo si nos obsesionamos con ello.

La perfección no existe, las personas por nuestra constitución de humanos, no somos seres perfectos. El problema puede venir cuando focalizamos nuestro pensamiento en ese “defecto” de manera que influye negativamente en nuestra autoestima, y como consecuencia, se ven afectadas nuestras relaciones con lo demás.

Vivimos en una sociedad, donde los valores estéticos son reforzados, pero no podemos olvidar que la percepción de la belleza, es algo completamente subjetivo y  cultural;  lo que en occidente nos parece bello, en otras culturas puede no serlo. Incluso dentro de una misma sociedad, los cánones cambian con el tiempo.

Lo primero que debemos saber,  es qué es lo que “nosotros mismos”  pensamos  sobre ese complejo;  caer en la cuenta de cómo lo estamos viendo.

Descubriremos, que en muchas ocasiones  nos hablamos en términos de “es imposible mejorar mi aspecto”, “tengo unas manos horrorosas”, “mis orejas son enormes y además están muy despegadas” para una vez descubiertos, poderlos sustituir por otros pensamientos más realistas, pero sobre todo más útiles y que no van a potenciar ese posible “defecto”, como por ejemplo:  “¿Qué puedo hacer para mejorar mi imagen?”, “mis manos no son bonitas, pero voy a intentar cuidarlas todo lo que este dentro de mis posibilidades”.

Para esto nos puede ayudar, realizar una tabla como la que se muestra a continuación, cuyo objetivo es contrastar tus ideas con la realidad.

Día/Hora

Situación. 

(Qué es lo que estaba haciendo, donde y con quién)

Literalmente lo que estoy pensando sobre mi “complejo” Contraste con la realidad 

(¿Son tan terribles mis pies/manos? ¿me impiden realizar la mayoría de mis tareas? ¿a mis amigas/os les parece tan grave que no paran de repetírmelo?)

Reformulación del pensamiento