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Comer delante de una pantalla

Muchos estamos acostumbrados a comer delante de una pantalla. Bien sea en el cine, o con la televisión, no siempre elegimos las opciones más saludables y además no comemos por hambre, ¡sino por tener las manos ocupadas! Junto con Aitor Sánchez hablamos de cómo podemos evitarlo.

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¿Cómo controlar la ansiedad? vídeo de la intervención en Saber Vivir, de La2

Si sufres ansiedad sabrás que si no logramos controlarla puede llegar a ser un verdadero infierno. Os vamos a enseñar cómo podemos hacerle frente a través de diferente métodos como el yoga o con nuestra respiración y, muy importante, aprendiendo a cambiar nuestra forma de pensar.

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8 claves para regresar a la rutina de la forma menos estresante. Colaboración con eBay

Recomendaciones para una vuelta al cole tranquila. Colaboración con Cadena Ser

Gestión de la incertidumbre y ventilar emociones, claves de la situación vivida por los niños tailandeses. Telediadio de TVE

Cirugía plástica en menores: ¿de qué se pueden operar los niños? Colaboración con Redacción Médica

Viernes de Podcast: hablamos con Cris Moltó sobre «¿Cómo controlar la ansiedad en los exámenes?» en Capital Emocional de Capital Radio

Taller “Mi cuerpo es mío” entrevista para Palestra

Silvia Álava, Directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes

“Cuando los casos son visibles, muchos adultos abusadores al saber que podrían ser denunciados, paran de inmediato”

Psicóloga Silvia Álava

Las psicológas Silvia Álava y Margarita Montes impartirán el próximo 10 de marzo en Madrid el taller “Mi cuerpo es mío” dentro del plan de actividades formativas del Club Deportivo Palestra Atenea. La entrada al taller es gratuita y tiene como objetivo dar pautas a los padres para prevenir y actuar ante el abuso sexual.

El papel de los padres y educadores mediante campañas en escuelas deportivas es principal para comenzar a dar visibilidad a una cuestión que afecta a todos. Algo que sabe muy bien la psicológa Silvia Álava con quién hemos hablado sobre este grave problema.

Silvia Álava es Directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes. Está acreditada por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid como Psicólogo General Sanitario. Especialista en Psicología Clínica y Educativa; especialista en Psicoterapia, con el Certificado Europeo (EFPA), y divulgadora científica. Autora, entre otros libros, de “Queremos que crezcan felices” y “Queremos hijos felices”.

1.- ¿Se está trabajando lo suficiente dentro de las escuelas para detectar y prevenir los abusos sexuales a menores?

En las escuelas, durante la primaria es prácticamente inexistente la educación afectivo sexual. Lo habitual es que desde los centros esperen que se realice desde casa y a la vez en familia se asume “que ya se lo contarán en el colegio”. Hasta tercero o cuarto de primaria no suele haber mención alguna y cuando ya por fin se habla de ello, la información suele girar en torno a temas anatómicos y reproductivos (aparato reproductor) sin incluir la esfera afectiva y relacional. En algunos centros, a lo largo de la secundaria se realizan talleres de sexualidad, pero en esta edad, los chavales, como la curiosidad les urgía, ya han tenido muchísima información procedente de Internet inadecuada o descontextualizada, y sobre todo, sin incluir la parte afectiva inherente a las relaciones humanas. Si no realizamos educación afectivo-sexual con los niños, lo más probable es que Internet sea su primer contacto con el mundo de la sexualidad, con los peligros que ello conlleva.

2.- ¿Se está dando visibilidad a este problema o sigue siendo un tema tabú?

Se está dando mucha más visibilidad en prensa y telediarios. Casi cada día hay noticias relacionadas con algún caso. Esto es positivo, porque evitar el secretísimo y el tabú es una parte fundamental de la ecuación del abuso. Cuando los casos son visibles, muchos adultos abusadores al saber que podrían ser denunciados, paran de inmediato.

3.- ¿Qué síntomas pueden presentar los niños que son víctimas de abusos sexuales?

Una pista crucial son los cambios bruscos de notas, de comportamiento, problemas para conciliar el sueño, disminución del apetito… No obstante, no olvidemos que la sintomatología debe ser valorada por un profesional, porque a veces se mezcla o se confunde con la de otros trastornos, o puede ser debida no a abuso sexual si no a una exposición a pornografía.

4.- ¿Por qué son necesarios talleres como “Mi cuerpo es mío” destinado a padres que tienen sus hijos en una escuela deportiva?

No podemos obviar que un entorno de niños es siempre llamativo para los abusadores, y además pueden darse circunstancias de cambios de ropa en vestuarios, o proximidad y contacto  físico que es más difícil en otros contextos como el aula.

5.- ¿Hay un gran desconocimiento por parte de padres y familiares de las situaciones de riesgo que pueden favorecer los abusos sexuales?

Rotundamente. Los padres asumen con naturalidad las clases de educación vial, por ejemplo, sin pensar que por ello sus hijos estén en riesgo constante de ser atropellados. Pero creen que, con información sexual, los niños “se animaran a practicarlo” algo que en realidad no ocurre. Los niños resuelven sus dudas y vuelven a sus juegos de niños.

6.- ¿Cómo deberían de actuar los padres si detectan que su hijo puede ser víctima de abusos?

En estos casos, lo mejor siempre es contactar con un experto, dado que nos va a aconsejar sobre la mejor forma de actuar y no va a contaminar el testimonio del niño. Lo primero: creerle, no interrogarle y proteger al menor rompiendo contacto visual con el agresor.

FUENTE: Palestra Atenea

«No tienes que ser perfecto, puedes ser bueno» post de RecursosDeAutoayuda.com

La vida es estresante. Tenemos que seguir el ritmo de trabajo, la escuela, los amigos y la familia, por no hablar de lavar los platos, limpiar la casa, cocinar…

Cada día, nos enfrentamos a tanta presión de influencias externas para ser perfectos que a menudo sentimos que no estamos a la altura de las circunstancias.

Queremos creer que si logramos hacer todos nuestros deberes de una manera perfecta seremos más felices, más aceptados por los amigos y más amados por nuestras parejas.

Queremos convertirnos en auténticos superhéroes. Queremos sacar las mejores notas, tener un coche mejor que el de nuestro vecino, tener el mejor trabajo y tener una familia perfecta.

Estoy aquí para decirte que la perfección no es importante.

Perfección

El estrés, la ansiedad, y ser perfecto

Cumplir con las expectativas de ser perfecto es casi imposible.

Si estás intentando ser la versión más perfecta de ti mismo puedes acabar estresado, frustrado y listo para tirar la toalla.

Este tipo de estrés y ansiedad se abre paso en otras áreas de tu vida y puede manifestarse con irascibilidad hacia tus seres queridos, lágrimas inesperadas y, en definitiva, por una infelicidad general.

Recuerda que estos problemas tienen su origen en tu búsqueda por ser perfecto.

Aceptando la imperfección

Como he mencionado anteriormente, nuestras vidas ya son estresantes de por sí: largas horas en la oficina, no haber dormido lo suficiente la noche anterior, facturas, las tareas del hogar…

Estos problemas se multiplican cuando también te enfrentas con expectativas imposibles de satisfacer.

Deja de presionarte hasta el punto del agotamiento mental. No te preocupes por lo que los demás puedan pensar. Nadie es perfecto ni tiene por qué serlo.

El siguiente paso es aceptar la imperfección.

Respira profundamente, relájate y empieza a centrarte en lo que eres bueno. Ser bueno es suficiente; no te preocupes por ser nada más que eso.

Ser perfecto no te hará ser más feliz

No busques más la perfección. Vestir de manera impecable, conducir un coche nuevo, conseguir un ascenso… Estas cosas no te van a hacer más feliz. ¿Por qué? Porque una vez que las consigas, querrás más. Siempre habrá algo más en tu vida que no es del todo perfecto. Algo más en lo que trabajar o en lo que mejorar.

El logro de estas expectativas sociales no determina tu autoestima.

No seas tan duro contigo mismo

Una vez más, no tienes que ser perfecto.

Tienes que ser bueno, ser tú. No te juzgues a ti mismo con tanta dureza y deja de comparar tu vida con la de los demás. Para ello, tratar de pensar en lo que ya tienes en tu vida y te hace feliz. Cada mañana, piensa en algo bueno que ya tengas en tu vida.

No renuncies a tu lucha por ser la mejor versión de ti mismo, pero olvídate de la perfección.

Tienes que ser realista con los objetivos que establezcas. Recuerda, nadie es perfecto.»

 

FUENTE: http://www.recursosdeautoayuda.com/

Reglas básicas para comunicar a los hijos el divorcio de los padres. Colaboración con la revista SModa del diario El País

Decírselo los dos juntos, no hablar mal del otro y no caer en comprarle con regalos son algunas de las claves.

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El amor muchas veces no dura para toda la vida. A veces porque la pareja se deteriora por los roces de la convivencia, porque ha aparecido otra persona o simplemente porque ya no sois los mismos que eráis cuando empezasteis la relación. El problema está en que lo que parece un asunto de dos, se convierte en algo más complejo cuando hay hijos de por medio. Porque vuestra separación no solo supone un cambio en vuestras vidas, sino también en las suyas. Aunque seguir por los hijos no parece una opción lógica, si al final solo vamos a hacerles vivir en un ambiente tenso e incluso podemos hacerles cargar con esa culpa, lo que sí debemos tener en cuenta es cómo hacer las cosas lo mejor posible. Empezando por el principio, es decir, cómo vamos a contarles que “mamá y papá se separan”.

Sí, es cierto que ya no se trata de una noticia tan impactante como hace unos años, principalmente porque seguro que no va a ser el único niño de clase con padres separados. Ahora lo raro es casi que sigan casados. Sin embargo, la psicopedagoga Laura Aguilera aporta que “que los padres se separen es un aspecto muy importante para los niños, tanto ahora como hace años, que no se veía con tanta frecuencia. La idea de que los padres se separen implica un cambio en su rutina diaria, a la que al inicio les cuesta adaptarse”, por lo que siempre hay que planificar cómo vamos a abordarlo. Igualmente, también depende de cómo sea nuestra separación, ya que “no es lo mismo la separación de unos padres que simplemente han dejado de quererse en el sentido del amor romántico, pero se respetan mutuamente y llevan una separación civilizada”, que los padres que se separan por algo razones complicadas como una infidelidad o incluso en casos extremos unos malos tratos.

Lo que debemos decir y lo que debemos evitar

“Es fundamental comunicárselo al niño de la forma correcta, a ser posible los dos juntos y evitando que los niños piensen que es por ellos, por su mal comportamiento, por lo que han hecho o han dicho, pero sobre todo tenemos que dejarles tiempo para que lo asimilen”, aporta la especialista en psicología infantil Silvia Álava. Entre las cosas que debemos hacer está el “responder a las preguntas que hagan. En el momento de dar la noticia de la separación, los niños más pequeños pueden dar respuestas sorprendentes, como ‘vale, y ahora, ¿puedo jugar con mis juguetes?’, pero poco a poco irán entendiendo la nueva situación”.

Otra idea que destaca la psicóloga es la de dejar que durante el proceso el niño pueda expresarse libremente y no imponerle nuestras ideas. Por ejemplo, “el niño tiene que poder decir que echa de menos a su padre o a su madre cuando no está con él o con ella”, sin que nos pongamos todos nerviosos. Eso implica, entre otras cosas, “no luchar por el papel del bueno de la película”, sino intentar ser un bando unido y darle mensajes juntos del estilo: “Los dos te queremos y los dos queremos estar contigo”.

Por supuesto, habrá que controlar nuestras propias emociones y evitar que nuestro hijo/a oiga descalificaciones de nuestro ex. “No olvidemos que por muy mal marido o esposa que una persona sea, no deja de ser la madre o el padre del niño”. Eso también significa que no hay que caer en usar tretas del estilo “llenar al niño de regalos, pensando que de esa forma no nos echará de menos, o que con eso conseguiremos que nos prefiera ante el otro progenitor”. Silvia Álava aclara que así, “lo único que estamos haciendo es llenarle de cosas, lo que de verdad será duradero es que sepa que sus padres están ahí para quererle, escucharle, ayudarle a resolver sus problemas”. Pese a ello, sí que es positivo remarcarle todo aquello que pueda ver como positivo de la nueva situación. Por ejemplo el “tendrás dos casas, dos habitaciones, y harás un montón de cosas con mamá y con papá, pero por separado”, ya que como explica la psicóloga “se trata de que el niño aprenda a ser feliz en la nueva situación”.

La edad del niño importa

Aunque tengamos cuarenta años e hijos propios, que nuestros padres nos digan que se separan es una noticia que impacta, porque al final es un cambio en la propia estructura de nuestra vida. Incluso aunque no vivamos con ellos, supondrá un cambio en nuestras rutinas. Sin embargo, la edad que tiene el niño cuando se entera de que sus padres ya no van a seguir siendo una pareja es un factor bastante determinante.

En este punto Laura Aguilera hace una distinción de cómo llevará el niño la situación y qué tener en cuenta según los años que tenga, para que ciertas reacciones no nos pillen por sorpresa, teniendo en cuenta que siempre influye el grado de maduración del mismo.

  • Hijos menores de 5 años: En este caso las explicaciones deben ser muy sencillas, concretas, cortas y claras, ya que todavía no comprenden lo que sucede del todo. “Tanto el padre como la madre se perciben por el hijo como una unidad inseparable. En estos casos, lo adecuado es explicarle brevemente al hijo qué progenitor será el que deje el domicilio, se le presentará el nuevo hogar de éste, así como se le expondrá cuándo lo verá y en qué entornos”, apunta Aguilera.
  • Hijos de cinco a ocho años: Ahora ya necesitan más información, porque la separación de sus padres les afecta a nivel emocional y personal. La psicóloga aclara que “en estas edades es cuando hay riesgo de que los niños se culpen a ellos mismo por la separación de sus padres, así como fantasear con que algún día volverán a estar juntos”.
  • Hijos de nueve a doce años: “A estas edades los niños pueden ver el divorcio de sus padres como algo que no pueden controlar, por lo que no interiorizan un sentimiento de culpa”, aclara Álava. Quizás por ello, suelen culpar más a los padres y se plantean aspectos morales de lo que está bien y lo que está mal. “En ocasiones pueden tomar partido en un bando de los dos progenitores, pero todo dependerá del tipo de relación que mantengan y de cada caso en particular”, insiste la experta.
  • Hijos adolescentes: Ya sabemos que esta es una etapa de emociones y comportamientos contradictorios, por lo que no es de extrañar que estos salgan en una situación de divorcio. “Son capaces de asimilar esta ruptura familiar de forma más madura, pero como adolescentes que se enfadan y experimentan frustración ante la situación, volviéndose más introvertidos, como forma de expresión de su inconformidad ante la separación de sus padres” concluye la psicóloga.

Otros factores a tener en cuenta pueden ser por ejemplo el sexo, a lo que Aguilar aclara que “no tiene por qué tener una reacción diferente el hecho de que el niño de padres separados sea de género masculino o femenino. Si bien es cierto que los niños podrían ser más propensos a tener una conducta más disruptiva y oposicionista, mientras las niñas pueden ser más introvertidas y optar por sentirse culpables de la separación”. Igualmente, el hecho de ser hijo único o de tener hermanos también ha de ser tenido en cuenta, puesto que como aporta la psicopedagoga “es más complejo si hay más hermanos, por un motivo muy claro, y es el hecho de que la edad de cada hermano implicará un tipo de explicación de la separación diferente, debido a su capacidad de entender la situación”. Así su recomendación pasa por reforzar el vínculo entre ellos en contrapartida, ya que “en una buena relación entre hermanos, éstos pueden ver uno en el otro, un apoyo importante”.

 

FUENTE: http://smoda.elpais.com/belleza/reglas-basicas-comunicar-los-hijos-divorcio-los-padres/