Mis hijos hablan con Alexa, Assistant y Siri y me pregunto si debo enseñarles a ser amables y preguntarles por favor. Colaboración con Xataka

Mis hijos hablan con Alexa, Assistant y Siri y me pregunto si debo enseñarles a ser amables y preguntarles por favor. Colaboración con Xataka

“Oye Siri, ponme música. Alexa, cuéntame un cuento. Ok Google, ¿va a llover hoy?” Este tipo de frases están listas para ser parte de las conversaciones habituales en muchos hogares. Y los niños podrán participar de ellas.

El desembarco de nuevos asistentes virtuales en altavoces, activables solo con la voz, tiene potencial para cambiar la manera en que conseguimos algo con ayuda o por medio de la tecnología. Será pues habitual que los hijos hablen con Alexa, Google Assistant o Siri y esto supone en reto importante. ¿Debo enseñarles a ser amables y preguntarles por favor?

En Xataka hemos hablando con padres, pedagogos y psicólogos para conocer a qué nos enfrentamos como padres y tratar de encontrar el equilibrio en un futuro donde podríamos estar rodeados de robots y ayudados por asistentes que no vemos.

Una nueva tecnología supone un nuevo reto educativo para los padres

Este 2018 va a ser el año de la llegada masiva de asistentes virtuales al hogar. Ya estaban en el teléfono o el ordenador, pero su integración con altavoces que están permanentemente escuchando va a hacer a los niños más participes de esta tecnología.

¡Cómo si no tuviéramos suficiente con el uso de teléfonos móviles! Podría ser perfectamente una respuesta rápida de un buen número de padres. La realidad es que la llegada de los asistentes virtuales y en el futuro los robots supone un reto educativo más para los padres y en cierta manera un choque de enfoque pues en muchos casos no hay un dispositivo físico tal y como estamos acostumbrados.

“Es cierto que en la relación de niños y adolescentes con la tecnología la norma para ellos es interactuar con una pantalla. De hecho, les sorprende mucho más la posibilidad de ‘hablar’ con un asistente virtual que todo lo que hacen con tablets, smartphones, consolas, ordenadores y sus manos. En el caso de los niños más pequeños, es incluso habitual que pregunten si hay una persona dentro del dispositivo. Pero pronto se les pasa la sorpresa”

María Zabala sabe muy bien de lo que habla. Es madre y habitual de eventos relacionados con la educación de los que ella llama iKids. En su casa el uso de la voz y los asistentes virtuales hace tiempo que arrancó.

“Mi hija le pregunta a Google Home todo tipo de cosas y mi hijo adolescente le pide a Siri que busque en Google los resultados de la Liga”

La llegada de los asistentes a su casa no ha sido gratuita sino que ha supuesto para ella un pilar más que añadir a la educación de sus hijos.

Promoviendo la interacción positiva con los asistentes virtuales

Si un padre o madre, ante la llegada de Internet o el teléfono móvil a casa, debe plantearse una educación basada en su experiencia personal y previa así como en un uso adecuado, con los asistentes virtuales no iba a ser menos. El rol del adulto es una vez más clave para que el uso de una tecnología acabe sumando y no restando a un niño.

Google Assistant family kids

María Zabala da un punto de apoyo interesante: diferenciar entre agilización, información y pensamiento cuando nos referimos al uso de los asistentes virtuales por parte de los niños y adolescentes.

“Con agilización me refiero a que un asistente virtual es enormemente útil en la organización de logística o detalles de la vida diaria –avísame dentro de 10 minutos para que salga y no llegue tarde a baloncesto, ponme la alarma mañana a las 7 am porque tengo que repasar Matemáticas, graba la lista de la compra que te voy a dictar para que mamá se acuerde de comprar pasta de dientes-. Con información aludo al indudable papel de este tipo de dispositivos a la hora de tener datos que necesitas de forma instantánea o responderte a preguntas cuyas respuestas nunca supiste –dime quétiempo hará mañana en mi ciudad, cuándo estrenan la película X en mi país, en qué año nació Cristiano Ronaldo-. En estas dos facetas, niños y adultos pueden tener una interacción positiva con los asistentes virtuales”

“Invitemos a nuestros hijos a agilizar sus gestiones y a informarse, pero animémosles también a que sigan pensando por sí mismos”

El elemento de conflicto o que marca la diferencia es el del pensamiento, especialmente si hablamos de niños.

“Si ese asistente se convierte en una máquina que nos impida pensar, recordar lo que sabemos o buscar lo que necesitamos, entonces nos convierte en perezosos. ¿En qué año llegó Colón a América? ¿Cuánto es 17 x 30? ¿Cuál es la capital de Canadá? Estas preguntas tienen que responderlas los niños a través de su propio proceso de aprendizaje, así que nuestro papel como adultos consiste en animar ese aprendizaje independiente –con hábitos de estudio, con recursos para saber buscar y documentarse-“

En niños y adolescentes, ese camino en la gestión de su memoria, nudos de concepto o aprendizaje consecutivo está todavía por andar.

De similar manera opina la pedagoga Alicia Rabago, autora del libro “Edúcalos a pesar de sí mismos“. Información, preparación y conocimiento, además de necesidad de estar involucrados con una tecnología que acabará por estar presente en el día a día y que no podemos rechazar ni mucho menos negar.

¿Cómo debe un niño hablarle a un asistente virtual?

En un futuro más bien cercano, gran parte de la interacción con la tecnología requerirá que simplemente nos dirijamos a asistentes o robots como lo haríamos con una persona: instrucción, comentario o lo más habitual, orden.

Y no siempre será en el entorno privado de casa. Puede que ocurra en la recepción de un hotel o a la salida de un supermercado. O con un “compañero” de trabajo. ¿Con qué actitud debemos enseñar a los niños a afrontar la manera de dirigirse a ese dispositivo que va a cumplir sus órdenes?

“Los niños extrapolan el aprendizaje que tienen de cómo dirigirse a las personas, de cómo pedir las cosas, a los asistentes”

Silvia Álava es Doctora en Psicología y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, además de conferenciante y autora de libros como “Queremos que crezcan felices”. Para ella, la interacción de niños con asistentes y robots todavía no es una realidad que esté en el día a día de forma mayoritaria, por lo que resulta complicado saber lo que va a ocurrir.

Silvia Álava

Pero hay puntos de partida claros a pesar de que la interacción dependerá mucho de cada niño, desde su edad al desarrollo intelectual, emocional o entorno social.

“La hipótesis que nos planteamos es que el niño puede aprender perfectamente a relacionarse con el robot y hay que enseñarle a hacerlo de forma educada, igual que hacemos por ejemplo con el recepcionista de un hotel”

Alicia Rábago introduce en nuestra conversación un tema recurrente cuando hablamos de educación tecnológica de los hijos: la diferente alfabetización digital.

“Creo que los niños tienen más claro este tipo de interacciones con la tecnología. Quizá a nosotros nos rompe los esquemas porque todo es sorprendente y nuevo, a nosotros nos causa mucho admiración, mientras que para ellos es “como algo normal”, ellos están acostumbrados a poder interactuar a través de un videojuego o un chat con cualquier persona en cualquier lugar del mundo y nosotros primero lo procesamos y luego lo hacemos”

Para Alicia nuestra mayor preocupación no debería tener el foco en cómo será el trato de nuestro hijo con ese robot sino en que, en esa mayor inmersión con robots y asistentes, los niños y adolescentes no pierdan la sensibilidad del trato con las personas reales, que hoy se ve reflejado en la capacidad que están teniendo para desarrollar su habilidades sociales.

“No está de más que asumamos –y contemos a nuestros hijos- que esas máquinas compilan mucha información sobre nosotros con cada consulta o petición que les hacemos”

María Zabala está convencida de que sus hijos convivirán con una tecnología muy avanzada en breve. Su papel como madre es ayudarles a entender que quienes piensan, razonan y sienten son ellos. Y que las máquinas están para ayudar, agilizar o informar. Y no son personas.

“Quizá no haga falta añadir ‘por favor’ cuando preguntas el tiempo que hará mañana. Pero sí es necesario asumir un papel de ser humano responsable, y con esto quiero decir que, si no queremos que, como se dice, las máquinas nos dominen, tenemos que aprender a relacionarnos con esas máquinas y recurrir a ellas para lo necesario, pero no para todo; no para aquellas cosas que podamos hacer nosotros”

Olga, madre de dos niños de 6 y 9 años, ve todavía lejos ese futuro de asistentes personales. Por ahora apenas lo usan en sus teléfonos móviles para añadir algún recordatorio, y no está en sus planes comprar e incorporar un altavoz que integre asistente en su casa. Pero si algún día entraran en casa tiene claro que querría que sus hijos al menos no fueran unos tiranos. Ni con una máquina.

“Creo que la personalidad de cada niño será lo que haga que el trato que da a un asistente sea más o menos educado. Lo veo en cumpleaños o el parque. Si no hay un padre o madre al lado de un niño que contesta mal o no es educado con otra persona que le ayuda para explicarle o corregirle, ese niño lógicamente no podrá dirigirse de manera correcta a un asistente virtual que seguramente sea todavía menos que una persona para él”

Un esclavo al servicio de mi hijo

María Zabala no acaba de asimilar que cuando se encuentra con adolescentes que recurren a Siri, Alexa, Cortana o Google Home, su sensación es de que el trato es similar al que se daba en otros tiempos a los esclavos. ¿Serán capaces los niños de no diferenciar entre el trato con un asistente virtual/robot y un trabajador “humano” que ofrece un servicio?

Si vemos peligro de que eso llegue a ocurrir, el papel de los padres, según Alicia Rabago, es acercarlos a la realidad. Para ella la situación solo tiene posibilidades de ocurrir si por ejemplo casi la única interacción que tenga el niño sea con robots y máquinas.

“Para los niños la parte virtual es parte fundamental de su existencia, pero nosotros debemos de trabajar como padres para que no pierdan ese contacto con la realidad, con sus emociones, con sus sentimientos, con su introspección y reflexión, que sin duda alguna se nos han ido olvidando porque cada vez tenemos menos tiempo para conectarnos con nosotros mismos y no solo a un aparato. Como padres no debemos de perder la conciencia de esto”

Por eso es tan importante que los padres no dejen que sea un asistente virtual el que sirva de ejemplo o muestre cómo relacionarse con los demás a un niño. Ni aunque esos robots o asistentes sean capaces de mostrar emociones.

“El niño no tiene un modo asistente virtual o un modo humano, se va a dirigir a un asistente igual que se dirige a una persona”

Aunque todavía son casos excepcionales, la inteligencia artificial permite que algunos robots muestren emociones e incluso puedan reaccionar ante la nuestra o de un niño. Pero esos algoritmos que lo hacen posible no pueden enseñarlas. Para Silvia Álava es uno de los aspectos más importantes en los que incidir en esa futura relación niños/asistentes.

“Las emociones es algo que hay que enseñarle al niño y lo tienen que hacer los humanos, no los robots”

Y por supuesto, y Silvia incide de forma contundente en ello, la parte emocional, no solo refiriéndonos al aprendizaje sino al día a día, es cosa de los padres y adultos que en cada momento estén al lado de los niños.

El robot o asistente no puede sustituir a los padres

Los que somos padres conocemos de primera mano cómo muñecos, juguetes y los objetos más insospechados son mucho más que eso para los niños.

G Kids

Olga lo ha vivido hace muy poco. En las pasadas Navidades a su hijo pequeño le regalaron un robot programable que se ha convertido para él en un “amigo” con el que habla e inventa aventuras en casa. No quiere ni pensar en la posible relación de afecto que con un robot humanoide o un asistente complaciente podría desarrollar su hijo.

La pedagoga Alicia Rabago ve mucho más probable que la relación de los niños con asistentes y robots derive en una necesidad y dependencia que en una relación afectiva.

“Hoy hay una necesidad impresionante por estar conectados. Y no pasa solo en niños, pasa con adultos que supuestamente tenemos muy claro que es un objeto o un robot. Hoy más que nunca es necesario trabajar en nuestra autoestima y la de nuestros hijos”

Silvia Álava advierte a los padres de que no deben pensar que un niño estará igual que cuidado con un robot que con ellos. Y ellos deben ser los encargados y responsables de que el menor no pueda llegar a ver al asistente o un robot como un sustituto de sus padres. Es una máquina.

“El asistente, en un determinado momento, podrá ayudar a determinadas cosas, pero no el suplir esa figura de padre o madre y su apoyo emocional”

El peligro de un apaganiños “perfecto”

A Olga, que admite que por su trabajo por cuenta propia en una asesoría pasa menos tiempo del que quisiera con sus hijos, le sale una media sonrisa involuntaria cuando le planteo si ve factible que, por circunstancias, la atención que un niño no recibe de sus padres la encuentren fácilmente en los asistentes virtuales. Rápidamente reacciona y aparece en su rostro un rictus de tristeza y cierta preocupación.

Me cuenta que le ha venido a la cabeza el uso que los padres hacemos de la tecnología para mantener a los pequeños entretenidos y sin molestar. Un “apaganiños” le digo. Y me da la razón aunque no conocía ese término.

“Ahora mismo, sin conocer cómo funcionan esos asistentes, me da miedo que prefieran hablar o jugar con una voz que sale de un altavoz que con sus amigos del cole en el parque. Conozco a muchos compañeros de clase de mi hijo pequeño que están locos con el tablet y el teléfono, lo quieren a todas horas y se enfadan si no lo consiguen cuando ellos quieren”

Niños jugando con música de un asistente virtual Amazon tiene una versión de su asistente pensado especialmente para los niños

Alicia Rabago ve menos probable que un niño encuentre en un robot o asistente virtual la atención que no le dan sus padres.

“No hay nada que exista y que sustituya la atención y tiempo que unos padres dan a sus hijos. A final de cuentas un asistente virtual resuelve necesidades, pero nunca llenará el espacio de una persona real”

Su punto de apoyo es que a día de hoy ningún asistente o robot es capaz de presentar emociones que se puedan equiparar a las de los seres humanos. Si una persona desarrolla una relación afectiva con una máquina, para Alicia no tiene otra explicación que la carencia emocional en la “vida real”.

FUENTE: Xataka.com