Mi hija mi clon

Mi hija, mi clon. Colaboración con MujerHoy

Mi hija mi clon“Tienes mis piernas, mi piel y mi pelo… ¡quiero que me los devuelvas!”, eran las palabras de Cindy Crawford cuando su hija, Kaia Gerber, protagonizaba una campaña de Versace con solo 10 años. Un impreciso cóctel de ternura, orgullo, celos y nostalgia condensado en una frase con la que una de las modelos más célebres se resignaba a pasar a un segundo plano para llevar las riendas de la carrera de su hija. Hoy, a los 14 años, Kaia ha protagonizado varios trabajos más, ha posado para algunos de los mejores fotógrafos y es el fichaje estrella de la agencia IMG Models, fabricante de iconos como Gisele Bündchen.

Tal vez el de Kaia Gerber sea el ejemplo más asombroso del parecido casi clónico entre una madre y una hija. Pero no es la única. Un repaso a Instagram deja patente, por ejemplo, que Ava Phillipe es la copia exacta de su madre, la actriz Reese Witherspoon; que Lila Grace, la hija de 12 años de Kate Moss, ha heredado su aspecto rockero, desaliñado y cool; que Lily Rose, la primogénita de Johnny Depp y Vanessa Paradis tiene ese je ne sais quoi francés que distinguieron a su madre y, de paso, se ha quedado también con el puesto que aquella ocupó en Chanel, como musa de Karl Lagerfeld.

Parecido físico, preferencias estéticas, vocación… ¿Hasta dónde es saludable que unas y otras se parezcan? “La cuestión de fondo tiene que ver con la dialéctica: identificación-diferenciación”, explica Gemma Cánovas Sau, psicóloga clínica, psicoterapeuta y autora de El oficio de ser madre. La construcción de la maternidad (Paidós Ibérica). Es decir, es normal que cuando la niña es pequeña le guste imitar a mamá. Pero según va creciendo ha de producirse una diferenciación. “No es prolongación de la madre, tiene biografía propia. Lo importante es: ¿la hija solo imita o decide por sí misma?”, plantea la psicóloga.

Mi sueño es tu sueño

No es raro que los padres tiendan a proyectar en sus vástagos sus propios sueños. Sin embargo, “no es sano que las hijas renuncien a sus intereses por complacer a sus madres”, señala Silvia Álava, directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes, que insiste en la importancia de que las chicas desarrollen su propia identidad. ¿Cómo? Álava nos da los ingredientes: dejando que elijan; favoreciendo su autonomía; fomentando su seguridad y enseñándoles a decir lo quieren y expresar lo que piensan, sin imponerlo y respetando la opinión de los demás.

 

“No es sano que las hijas renuncien a sus intereses por complacer a sus madres”.

 

Mi hija mi clonParece que en lo que a esto respecta, la actriz Gwyneth Paltrow, lo tiene claro. Su hija Apple es, a sus 11 años, una fotocopia en 3D de su madre, y la prensa británica ya la tiene en el punto de mira como futura it girl. Pero si seguirá o no los pasos de su madre está por ver. “Leguémosles [a nuestros hijos] la sensatez que hayamos sido capaces de acumular y dejemos que emerjan como las personas que estén destinadas a ser”, pedía Paltrow en una especie de alegato lanzado a las madres del mundo a través de Instagram.

 

Parece que la pequeña ha dejado de tener a su madre como único ejemplo y ha girado su radar de inspiración hacia otra trayectoria. “Le encanta Taylor Swift y para mí eso es una estupenda señal, porque Taylor tiene un talento increíble, no se exhibe desnuda y es una mujer de negocios astuta”, aceptaba la actriz.

Espejito, espejito…

Crecer es distanciarse. Sin embargo, en una dinámica social perversa, la diferencia de edad entre generaciones parece querer reducirse, con madres dispuestas a mantenerse siempre jóvenes y niñas que tienen prisa por abandonar la infancia alentadas por una industria del ocio que fabrica en un bucle sin fin nuevos ídolos adolescentes que fomentan la madurez precoz. Madres e hijas, en lugar de acompañarse en sus respectivas metamorfosis, compiten. “Mujeres como Helen Mirren y Jane Fonda están fantásticas de manera apropiada. No intentan parecer que tienen 30 años. No quiero competir con mi hija porque perdería”, admitía Cindy Crawford recién cumplidos los 50. Sin embargo, su legado como top model está ahí, un elevado listón con el que medirá sus logros su hija. Y si no lo hace ella, otros se encargarán. “Las comparaciones son inevitables. En estos casos a las madres les corresponde tratar de transmitir a su descendencia el mensaje de que cada persona es única y que el valor de alguien no ha de anular el de los demás”, asegura la psicóloga Gemma Cánovas Sau.

Esas son algunas de las lecciones que ha tenido que aprender Mamie Gummer. Tiene 32 años y es actriz. Solía poner cara de pocos amigos y responder de mala gana cuando en las entrevistas le preguntaban por su madre. Poco a poco, en una muestra de madurez, ha aprendido a responder con una sonrisa: “Mi madre no me intimida”. ¿Se imaginan lo que intentar labrarte una carrera con nombre propio cuando eres la hija de Meryl Streep, la mejor actriz viva del planeta?

 

FUENTE: Revista MujerHoy 05/03/2016

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