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La polémica de la lactancia materna: ¿dar o no dar el pecho? Colaboración con MujerHoy.com

Las amigas que dieron el pecho tres años, el pediatra que decreta biberón al primer signo de mastitis, las enfermeras apremiantes… Para decidir, las madres necesitan información, sí, pero también serenidad.

Escrito por E. GARCÍA

A Águeda C. recuerda con espanto, todavía hoy, las primeras horas que transcurrieron después del parto de su primer hijo, un bebé diminuto al que aún no se había acostumbrado. Su suegra decidió, en aquel momento, que iba a enseñarle a dar el pecho. “Fue horrible, parecía que, como yo era madre primeriza, todos tenían derecho a dar su opinión –rememora–. Aparte del cansancio, sentí aquello como una intromisión en un momento muy íntimo, por no hablar de la sensación de torpeza y frustración. Lo único que conseguimos es que yo me paralizara y acabara rechazando la lactancia. Han pasado dos años y es uno de los recuerdos más tristes de mi vida. Y luego estaban las miradas que te decían que eras una madre inútil o demasiado sensible”. 

La experiencia de Susana L., hace un año, es justamente la contraria, pero tampoco para ella fue un momento fácil. “Yo di de mamar a mi bebé porque me empeñé, porque en el hospital nadie me ayudó o enseñó. Parecía que no tenían tiempo. Me sentí abandonada, no daba crédito –cuenta–. Tuve una mastitis, grietas en los pezones y el bebé perdió peso, pero gracias a la pediatra conseguí salir adelante. Amamanté a mi hijo hasta los nueve meses.”

Muchas mujeres sienten la lactancia como un examen.

Las últimas cifras de la Asociación Española de Pediatría indican que las madres lactantes son casi el 70% en las primeras seis semanas de vida del bebé y un 50% a los seis meses de vida. Además, cada vez hay más niños mayores de un año que siguen mamando y casi todos los hospitales, públicos y privados, cuentan con un protocolo para la iniciación. Este momento se cuida, incluso, cuando no es posible llegar a la lactancia materna de manera natural y hay que recurrir al biberón. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia natural exclusiva durante los seis primeros meses de vida, por sus numerosos beneficios tanto para la salud del bebé (como un menor riesgo de infecciones y alergias) como de la madre, y en combinación con otros alimentos hasta los dos años. Pero los expertos afirman que el vínculo de apego se forja igual con o sin pecho. El objetivo, en las primeras horas del bebé, es ayudar a la madre decida lo que decida. Al menos, en teoría, porque los sentimientos de las madres, especialmente las primerizas, siguen siendo complejos. Hay más información y más apoyo, pero muchas mujeres siguen sintiendo la lactancia como un examen y se sienten culpables cuando no la aprueban con nota.

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MAITE NIEBLA

Vínculos piel con piel

“Yo creo que, en general, se tiende cada vez más a respetar la decisión de cada madre y a comprender que cada una tiene derecho a elegir”, asegura Cristina Fernández Gonzalo, responsable del Banco de Leche del Hospital La Paz de Madrid. En este centro, como en muchos otros, si el recién nacido y la madre están sanos, el bebé permanece durante sus dos primeras horas en contacto piel con piel con ella. Esta cercanía favorece la creación del vínculo y se lleva a cabo, entre otras cosas, para iniciar la lactancia. El reflejo de succión es muy fuerte en el recién nacido y va desapareciendo con las horas. “Las matronas están pendientes por si surge algún problema”, dice Fernández Gonzalo. 

Cuando la lactancia no es posible, se ayuda a la mujer a que se efectúe una extracción de calostro (la primera leche que produce el pecho). El Banco de Leche de La Paz, que funciona en coordinación con el del Hospital Doce de Octubre, se nutre de las donaciones de madres lactantespara poder alimentar a niños con problemas, como los prematuros. “Pero también hay madres que no desean dar el pecho. En estos casos, por supuesto, también se les ofrece el periodo piel con piel”, explica la responsable. Luego se evita la subida de leche con fármacos, “y explicamos a la paciente cuál es la mejor forma de dar un biberón”. ¿Son mayoría las mujeres que optan por la lactancia? “En mi experiencia, al menos, son mayoría las que quieren intentarlo y buscan ayuda (cada vez se pide más información), antes de abandonar la lactancia por completo –responde Fernández Gonzalo–. Pero también hay mujeres que, por experiencias previas o por libre decisión, prefieren no dar el pecho, y eso hay que respetarlo también”.

El 90% de las españolas, desea dar el pecho. La media es de seis meses.

El 66% de las lactancias llegan a los tres meses, pero la incorporación al trabajo tras el permiso de maternidad supone un freno para muchas mujeres. Aun así, las españolas dan el pecho, como media, durante seis meses. Es una cifra que va en aumento, pero que todavía continúa muy lejos de las recomendaciones que hace la OMS.

La generación que nació en los años 60 fue la primera a la que se comenzó a alimentar con biberón. El uso de fórmulas infantiles, que luego se extendió en los años 70, empezaba a estar en auge y muchas madres creían que lo mejor era la tetina. Hoy, sin embargo, alrededor de un 90% de las mujeres desean emprender la lactancia materna

Y cuanto mayor es el apoyo que reciben, más se prolonga la crianza y más mujeres se apuntan a ella. En la Clínica Universitaria de Navarra, por ejemplo, disponen de una consulta de lactancia y un teléfono de atención continua. “El número de madres lactantes supera el 90% y casi todas dan el pecho al menos cuatro meses”, explica la obstetra Regina Cárdenas. 

El debate, sin embargo, es complicado. ¿Quién recibe más presiones? ¿La madre que quiere optar por la lactancia o la que elige el biberón? ¿Es posible seguir las recomendaciones de la OMS con una baja maternal de cuatro meses y con los horarios de trabajo que predominan en España? 

“Di el pecho a mi hijo de forma exclusiva hasta que me reincorporé al trabajo –cuenta Lola, madre reciente de Andrea–. Continuar más allá es heroico, por los horarios, por el ritmo de vida y porque sacarse leche no es fácil ni agradable, al menos a mí no me lo pareció. Estoy totalmente a favor de la lactancia y creo que hay que hacer todo lo posible para favorecerla, pero también opino que hay una actitud un poco extremista por parte de algunos grupos, que llevan todo esto muy a rajatabla o abogan por temas como el colecho [dormir con el bebé para facilitar que mame por la noche]. Es como si volviéramos a una idea de la mujer como madre nutricia que impide su independencia”.

Reducir la presión

En su libro Lactancia materna. Política e identidad (Cátedra), la activista Beatriz Gimeno abunda en esta idea cuando analiza por qué se privilegia la lactancia frente a la alimentación con leche de fórmula. Su conclusión es que se hace por razones ideológicas, por una cierta idea de la feminidad como fuente de cuidados y no por razones médicas. “La lactancia está sirviendo para marcar el estándar de la buena y la mala madre –explicaba en una reciente entrevista–. Creo que hay muchas madres que sufren, madres que no quieren practicar la lactancia, pero que se sienten mal por ello, o que quieren dejarlo y no saben cómo. Es muy posible que la lactancia te vaya bien, que sea gozosa, pero también es muy posible que no sea así”.

Lo mejor para el bebé no es siempre lo mejor para la madre, según los expertos.

Elena Gil, portavoz de la asociación El Parto es Nuestro, comenta al respecto: “Nosotros siempre vamos a decir que la lactancia materna es lo mejor para el bebé, pero hay que tener en cuenta que no siempre es lo mejor para cada mujer, que debe tener la libertad de decidir qué quiere hacer”. Ella asegura que, de todas formas, este tira y afloja es un falso debate: “Parece que hay una lucha entre dar de mamar o dar el biberón, pero en realidad no. Y esto, en todo caso, perjudica a la lactancia: las mujeres que quieren dar un biberón, dan un biberón, mientras que no todas las mujeres que quieren dar el pecho consiguen hacerlo. Puede haber circunstancias en contra como, por ejemplo, que el pediatra recomiende destetar al niño porque la madre tenga una mastitis, cuando lo recomendable es lo contrario; o que le sugiera darle el pecho cada cierto tiempo, cuando lo suyo es hacerlo a demanda. Muchas mujeres no reciben una información adecuada o no tienen apoyo en su entorno. Falta cultura de la lactancia. Y es cierto que también hay mujeres que se sienten presionadas. La realidad es que a las madres nos critican por todo: por lo que hacemos y por lo que no. Nuestra situación no es fácil, decidamos lo que decidamos. Dar el pecho obligada es algo terrible, pero tener que dejar de dar el pecho a tu bebé al cabo de las 16 semanas de la baja es igual de terrible o más. No puedes sacarte leche en el trabajo. Pero lo cierto es que se mezclan tantas emociones en la maternidad que es muy delicado mandar mensajes”. 

La psicóloga Silvia Álava hace una llamada a la sensatez: “El pecho tiene innegables beneficios para la salud del niño. Pero si no es posible, tampoco va a tener unas consecuencias graves en la relación con la madre. El apego no se hace solo con la teta; se hace estando pendiente del niño. Si una mujer decide no dar de mamar, nadie debería cuestionar su decisión, ni hacerla sentir mala madre. En la consulta, vemos mujeres que sienten tanta ansiedad por dar el pecho que sufren y lo convierten en algo poco saludable. Y una madre muy ansiosa tendrá más complicaciones al regular las emociones del niño. Lo esencial es quitarse la culpa”.

Mamar sí… pero en casa

Lo contradictorio, en un contexto que teóricamente favorece la lactancia, es que sigue habiendo una actitud de cierta hipocresía sobre ella: hay mucha gente que se siente incómoda, incluso indignada, cuando una mujer da de mamar en un lugar público. Consideran que es algo que debe restringirse al ámbito privado, lo cual equivale a recluir a las madres y a sus bebés. Todavía hoy, la imagen de una congresista amamantando a su bebé en el Parlamento –como hicieron la diputada argentina Victoria Donda, en 2015 o la senadora verde australiana Larissa Waters en 2017– se convierte en una imagen viral.

Leche materna VS leche de fórmula

Amamantar es, según la Asociación Española de Pediatría, “la forma de alimentación que da a los niños mejor comienzo en la vida”. Tiene ventajas para la madre, para el niño… y para la sociedad, porque es barato y ambientalmente sostenible. La succión del bebé previene las hemorragias de la madre en el postparto y favorece que el útero recupere su forma más rápido. Además, recientes estudios muestran que previene el cáncer de ovarios y de mama, y que mejora el contenido en calcio de los huesos durante la menopausia. Los expertos señalan que debe ser la primera elección para todos los bebés, incluidos gemelos, prematuros o enfermos. Y es que la leche materna protege a los bebés frente a infecciones respiratorias, gastrointestinales y urinarias, frente a otitis y muerte súbita del lactante. También reduce el riesgo de padecer alergias, diabetes o celiaquía. Todas estas ventajas se deben al alto contenido de la leche materna en proteínas, aminoácidos, oligoisacáridos , factores de crecimiento, hormonas y anticuerpos, además de vitaminas y minerales. El calostro, la primera leche que produce la madre, contiene muchos nutrientes y factores de defensa que fortalecen el sistema inmunológico del bebé en sus primeras horas. Es como una vacuna altamente nutritiva. La leche de fórmula suele producirse a partir de la leche de vaca. La mezcla se modifica para que se parezca lo más posible a la leche materna en lactosa, calcio, hierro o ácido linoleico. Su uso ha ido decreciendo en los países occidentales desde los años 70, pero su consumo está aumentado hasta un 4% en los países en vías de desarrollo. Estudios recientes han confirmado que esta leche contiene, sin embargo, alguna proteína similar a las que contiene la leche materna, aunque carece de las sustancias protectoras del sistema inmunitario (inmunoglobulinas).

Fuente: mujerhoy.com

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