Comer delante de la pantalla

Comer ante una pantalla, uno de los hábitos insanos de los niños. Colaboración con el diario Los Tiempos

Ordenadores, tabletas y, sobre todo, los teléfonos móviles están desplazando poco a poco a la televisión en su popular papel de canguro. Con demasiada frecuencia, los padres dejan a los niños frente a las pantallas para que no molesten y parecemos no advertir los posibles efectos negativos que un tiempo excesivo en ese mundo digital o una falta de control de los contenidos pueden tener en nuestros hijos. “Las nuevas tecnologías no son malas per se; todo depende del uso que se haga de ellas. Los problemas surgen cuando abusamos o las empleamos mal”, señala la psicóloga Silvia Álava al portal Muy Saludable.

“El cerebro se desarrolla de manera crucial durante los primeros años. El niño necesita explorar el mundo a su alrededor e interactuar con los que le rodean para poder desplegar sus habilidades cognitivas, lingüísticas, motoras y sociales-emocionales. Desde luego, aprenderá mejor si se relaciona con las personas y no con dispositivos electrónicos”, explica la autora del libro

“Queremos que crezcan felices”, en el que aborda la actual sobreexposición de niños y adolescentes a ordenadores, tabletas y móviles.

Comer delante de la pantalla

 

Posibles efectos negativos

El uso excesivo de este tipo de aparatos puede tener consecuencias indeseables sobre la conducta, la salud y el rendimiento escolar de los menores. “La naturaleza sedentaria de la mayoría de las actividades digitales puede provocar un aumento de peso en niños y adolescentes, a lo que se suma que estos pueden encontrar en la comida alta en grasas y azúcares una solución rápida para no despegarse de la pantalla”, cuenta Álava.

Además, pueden sufrir alteraciones del sueño por emplear de forma exagerada los dispositivos electrónicos o por hacerlo antes de irse a dormir. El rendimiento escolar también puede verse afectado cuando el tiempo dedicado al entretenimiento interfiere con la lectura y el estudio. Asimismo, a medida que los menores se comunican cada vez más de forma virtual y menos cara a cara, comienzan a sentirse solos y deprimidos.

“Quienes ven mucha violencia simulada, como por ejemplo en los videojuegos, pueden ser más propensos a desarrollar conductas agresivas y a no mostrar empatía”. También pueden darse consecuencias físicas: dolor en los dedos y muñecas, fatiga ocular en los ojos y dolor de cuello y espalda por la inclinación sobre móviles, tabletas y ordenadores.

Siguiendo las últimas recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría (AAP), Álava considera que “antes de que cumplan dos años, los niños no se deben exponer a las pantallas. Después, el consumo puede aumentar a media hora al día, hasta llegar a un máximo de una hora diaria a los cinco años. En la adolescencia, la exposición nunca debe superar las dos horas al día”.

El contenido debe ser de alta calidad y, en el caso de los más pequeños, han de verlo en compañía de sus padres para entender lo que se les está mostrando. Existen programas que sí pueden ser beneficiosos para el desarrollo del niño, de modo que son los progenitores los que deben determinar cuáles y durante cuánto tiempo se visionan.

Los niños deberían dedicar su tiempo a “estar al aire libre, leer, a sus aficiones y a usar su imaginación en el juego libre. En definitiva, han de tener tiempo para ser niños”, subraya Álava.

Zonas y horas libres de pantallas

La psicóloga sugiere, también en consonancia con la AAP, que en cada hogar se asignen horarios libres de contenido mediático, como la hora de comer o mientras los menores están haciendo otras actividades (si están dibujando, jugando, etc., apagar la televisión de fondo).

“No deben estar expuestos a la televisión y a las nuevas tecnologías una hora antes de irse a la cama”, afirma tajante Álava. “Y nada de pantallas dentro de la habitación”, añade.

Los padres deben predicar con el ejemplo. “De nada sirve decirle al niño que no coja el móvil cuando tú no paras de whatsappear”, apunta Álava. Padres a los que la autora de “Queremos que crezcan felices” insta a que no dilaten en el tiempo la adopción de planes para controlar la exposición de sus hijos a las pantallas. Y explica el motivo.

“En el desarrollo del niño, existen lo que se llaman ‘periodos óptimos’, que son claves para que se produzcan determinados aprendizajes o avances. Si debido al abuso de la televisión, los móviles, los ordenadores o las tabletas, el niño no recibe la estimulación adecuada, puede que no adquiera esas destrezas. Y a veces, aunque se tomen medidas y se recuperen de alguna forma, ya nada es lo mismo”.

 

DIEZ CLAVES PARA MEJORAR

Una de las conclusiones del V Estudio CinfaSalud sobre “Percepción y hábitos de salud de las familias españolas sobre nutrición infantil”, avalado por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), ofrece estas recomendaciones para mejorar los hábitos de vida de los niños, especialmente los alimenticios.

(La metodología ha consistido en un cuestionario dirigido a 3.000 españoles con hijos entre 6 y 12 años).

  1. Recupera en casa la dieta mediterránea. Aceite de oliva, pescado, legumbres y cereales (pan, pasta y arroz), lácteos, huevos, frutas, verduras, yogur y frutos secos. El agua será siempre su mejor complemento.
  2. Comer cinco veces al día. Un desayuno completo, almuerzo de media mañana, comida, merienda y cena a una hora temprana. Se asegura que el menor consuma los nutrientes necesarios y se evita el picoteo entre horas.
  3. La pirámide alimentaria como guía. Se trata de un instrumento que recomienda las raciones de los alimentos y su frecuencia. Explícasela a los niños y diseñen juntos menús que cumplan los criterios que marca la pirámide.
  4. Evitar alimentos que engordan y no alimentan. El consumo de fritos, bollería, dulces y snacks debe constituir una excepción, pues contienen excesivos azúcares, grasas saturadas, sal y energía, además de no aportar apenas micronutrientes. Lo mismo sucede con la comida rápida: no la conviertas en un rito semanal.
  5. Comer en familia. Organiza los horarios para poder comer juntos al menos una vez al día y aprovecha ese momento de reunión para comunicarte con ellos. Hay que predicar con el ejemplo en la mesa.
  6. Aparca el móvil y la televisión. La atención de niños y progenitores debe centrarse en la comida y en quienes se sientan a la mesa. Los dispositivos tecnológicos interrumpen o anulan la conversación familiar.
  7. Llévatelos de compras. Pídeles ayuda para elaborar la lista y, una vez en el supermercado, que se hagan cargo de una parte. Enseña a los niños a interpretar las etiquetas y comenta con ellos los valores nutricionales de los productos.
  8. Prepara los alimentos de maneras diversas y pídeles que cocinen contigo. Alternar asados, hervidos, a la plancha, guisados o incluso crudos en gazpachos y ensaladas garantizará que la comida se convierta en uno de los hábitos más estimulantes. Enséñales algunas técnicas culinarias sencillas o divertidas y pídeles que te ayuden a decorar los platos.
  9. Ponles en movimiento. Anima a tus hijos a realizar ejercicio, pero también a reducir el número de horas que pasan frente a la televisión y los videojuegos. Sobre todo, aliéntales a llevar unos hábitos de vida activa, en la que caminen, paseen o suban escaleras de manera cotidiana.
  10. Asegúrate de que duermen más de diez horas. Las sociedades científicas recomiendan que los escolares de entre 6 y 12 años duerman más de diez horas como una herramienta más contra el sobrepeso.
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