¿Cómo elegir juguetes?

Se acercan ya las Navidades y con ellas vienen Papá Noel y los Reyes Magos, cargados de juguetes para los niños que se han portado bien. Aprovechando las fechas, en estos días iré escribiendo sobre cómo elegir juguetes adecuados para cada niño, y la importancia del juego en la infancia.

Si os gusta el tema, os invito a leer la revista Mi Pediatra, donde he colaborado este mes en un artículo, titulado: “Guía para la compra perfecta. Juguetes: la mejor elección“.

¿Hay un juguete para cada edad?

La elección de los juguetes irá muy acorde a la edad del niño, pues según va creciendo, no solo cambian sus gustos, si no que se adquieren toda una serie de habilidades y destrezas que harán que puedan jugar con juguetes más sofisticados.

Desde nuestra experiencia en el ámbito de la psicología infantil, observamos la importancia del juego en edades tempranas en los niños. Es por eso que se aconsejan juegos para estimular a los más pequeños, como:

  • Los apilables, con los que se trabaja la motricidad fina y la coordinación óculo-manual, (también hay apilables con rosca para los más pequeños…)
  • Los encajables, de formas geométricas o animales, con los que además de trabajar coordinación visomanual, y destrezas finas, se trabaja la memoria de formas, y los niños aprenden la dinámica del puzzle, juego completísimo y junto con las construcciones, importantísimo en el juego de los niños.

En esta gama de juguetes, existe una gran variedad, elijámoslos en función de la edad y de los gustos del niño. Cuando juguemos con construcciones, es bueno, favorecer tanto que el niño realice su propia construcción, fomentando su creatividad, como que copie un modelo, bien de los que nos trae la propia caja, o el que le realice el adulto que está con él. De esta forma realizamos una tarea visoconstructiva además de trabajar la organización espacial.

Con los bebés el uso de marionetas nos servirá para estimular de forma divertida a los niños, sentidos de la vista, del tacto… y cuando sean un poco más mayores ellos mismos podrán jugar con ellas, bien a reproducir una historia, crear sus propios cuentos…

Juegos como el Lectrón, (que incorporan un lápiz electrónico), pueden resultar además de entretenidos y divertidos para el niño, de gran utilidad para trabajar el razonamiento lógico, la asociación de ideas… el formato electrónico hace que el niño obtenga un rápido feedback de la respuesta, lo hace más atractivo y de esta forma favorece la atención sostenida.

Los juegos de plastilina, los recortables, vestir y desvestir muñecos… son buenos para trabajar las destrezas finas, además de la paciencia del niño.

En el rango de edad de uno a seis años, los juguetes tradicionales son importantísimos para favorecer una correcta estimulación en el niño.

 

Consejos para educar en la felicidad

¿Cómo pueden los padres ayudar a la felicidad actual de sus hijos y lograr que sean unos adultos felices?

¡Por supuesto que lo padres pueden ayudar a incrementar la felicidad actual de sus hijos y lograr que sean unos adultos felices!

Aquí tenemos algunas pautas a seguir:

–       Enseñemos a los niños a no dar nada por supuesto y a que aprendan a decir GRACIAS. La gratitud es uno de los mayores predictores de la felicidad. Si aprendemos a ser agradecidos incrementaremos nuestra felicidad.

–       Ser amables. Realizar cosas por los demás es otro de los factores que se ha estudiado como precursor de la felicidad. Para que esto nos funcione, todo lo que hagamos por los demás hay que hacerlo sin esperar nada a cambio, y sin vivirlo como una obligación.

–       Centrándonos en lo positivo. Aunque es necesario corregir los errores de hijos, eso no implica machacar innecesariamente la autoestima. Por eso siempre debemos decirles lo que hicieron bien.

–       No etiquetar: No cometamos el error de “etiquetar” a los niños, por ejemplo “eres malo” como si el ser malo fuese algo inherente en el niño y que no se puede cambiar, de esta forma sólo conseguiremos que el niño se habitúe al adjetivo y que lo viva como “yo soy así, y por tanto no lo voy a cambiar”. Podemos establecer como alternativa: Te estás portando mal, porque no estás obedeciendo, estás gritando… se trata de focalizar más hacia lo que está haciendo mal el niño, no caer en generalidades ni etiquetas.

–       No dramatizar: cuanto antes comencemos a educar a los niños para que le den a las cosas su justo valor, mejor diferenciarán y aprenderán a distinguir las cosas  realmente importantes de la vida y evitaremos que sufran inútilmente.

–       No sobreprotejamos a los niños, si favorecemos su correcto desarrollo y autonomía, incrementaremos su seguridad y su  felicidad. Los niños se sienten bien y les gusta poder “hacer cosas de mayores”, y ganarse las cosas por ellos mismos.

–       Enseñemos a los niños a que aprendan a controlar y a regular sus emociones, favorezcamos el correcto desarrollo de su Inteligencia Emocional.

 

¿Cómo educar a niños alegres y dichosos?

¿Qué cosas hacen feliz a un niño de 5 años?

Dependiendo de la edad del niños cambiaran sus gustos y sus preferencias a la hora de cómo prefieren pasar su rato de ocio y el tiempo libre. Pero lo que tenemos clarísimo que hace felices a los niños, desde muy pequeños, es:

  • Favorecer su correcto desarrollo personal, su correcta autonomía y autoestima… dejándoles que jueguen, pero a la vez que se responsabilicen de sus cosas…
  • Que los padres no les involucren en temas que no les conciernen por su edad. Es bueno que se hagan responsables, pero de las cosas que pueden asumir, no, por ejemplo, de problemas familiares o de pareja.
  • No ver discutir a sus padres.
  • Y sobre todo, sentirse atendidos y queridos.

¿Cómo educar a niños alegres y dichosos?

De nuevo este mes de diciembre he tenido el placer de colaborar en la Revista La Guía del Niño con pautas educativas para educar en la felicidad. El reportaje se titula: “¿Cómo educar a niños alegres y dichosos? ¡Soy tan feliz!”.

¿De qué depende la felicidad de los niños: carácter, entorno, afectividad…?

Según los estudios de de la Dra. Sonja Lyubomirsky, autora de “La Ciencia de la Felicidad”, el 50% de la felicidad se debe a factores genéticos, un 10% a las circunstancias vividas, y el 40% a la actividad emocional. Partiendo de estos datos, podemos plantear la hipótesis de cómo, pese a unas circunstancias difíciles, y de la carga genética, todavía nos queda un 40% de margen, el correspondiente a la actividad emocional, que podemos aprender a controlar.

Sólo un 10% de la felicidad depende de las circunstancias externas, y aunque la capacidad para ser feliz es algo innato, está en nuestra mano incrementarla. Poseemos un increíble potencial de mejora de la dicha y el bienestar, que depende exclusivamente de nuestros actos y pensamientos, y podemos trabajar con los niños para que aprendan a ser más felices desde pequeños.

Batalla en la mesa (y VI)

Si tenemos dos hijos y uno come bien pero el otro se porta mal, ¿cómo deben actuar los padres? ¿Se puede comparar a los niños?

Tenemos que pararnos a observar a ambos hijos y sobre todo pensar ¿quién es el que tiene más atención? Lo habitual es que, precisamente el que peor se porta es el que acapara la atención del adulto con frases del tipo “come…pórtate bien…” y al hermano que está comiendo correctamente es al que no hacemos caso.

Se trata de dar la vuelta a la situación, vamos a atender y hacer caso al que se porta bien. Eso no implica el entrar a comparar a ambos, si no, dejarles muy claro que vamos a hacer caso al que se porte bien (y además tenemos que especificar ¿qué es eso de portarse bien en la mesa?), y que con el que no esté comiendo, se esté distrayendo, o se dedique a jugar en la comida no queremos estar. De esta forma reforzaremos al hermano que se porta bien, pero sin entrar en comparaciones entre ambos.

 

Batalla en la mesa (V)

¿Puede verse la televisión mientras se come o es mejor que la familia charle durante la misma?

Es muchísimo mejor eliminar la tele de la comida, pues de esta forma favorecemos la comunicación durante la comida. Y no nos engañemos, es más fácil mantener una conversación con la tele apagada. De esta forma, conseguiremos principalmente tres objetivos:

  • Que los niños tarden menos en comer, pues eliminamos un elemento distractor, muchas veces los niños se quedan “abducidos” delante del televisor, además, con la tele puesta se premia la lentitud, pues cuanto más tarde en comer, más rato de tele veo.
  • Que los niños se centren en la comida, no solo en ingerir los alimentos, si no en conseguir buenos hábitos alimentarios, además de un comportamiento correcto en la mesa.
  • Darle importancia a la comunicación familiar. No podemos olvidar la parte social de la comida, durante la misma no solo ingerimos alimentos, si no que conversamos con nuestros compañeros de mesa. Si hemos dicho que es bueno realizar al menos una comida en familia, aprovechemos el momento para charlar, que cada miembro pueda contar sus vivencias del día…

Batalla en la mesa (IV)

¿Hasta qué punto es importante que padres e hijos compartan la hora de la comida?

Eso sería lo ideal. Quizás como el coincidir a la hora de la comida entre semana puede ser muy complicado, porque los niños están en el colegio, los padres trabajando… se puede intentar coincidir en la cena y los fines de semana. Compartiendo la comida, ayudamos a que los niños se sientan más integrados en la dinámica familiar, aprovecharemos el momento para conversar y que cada uno cuente sus cosas…

¿Hay que establecer unos horarios más o menos fijos para que el niño se acostumbre?

Sí, lo ideal es mantener unos horarios que nos faciliten además de mantener una rutina que favorezcan la regularidad de las ingestas.

 

Batalla en la mesa (III)

¿Qué razones pueden llevar a un niño a portarse mal a la hora de comer (que no le guste la comida, que quiera llamar la atención…)?

Es verdad que hay niños que son más comilones, otros más inapetentes… y que determinados alimentos no pueden no gustarles , pero cuando un niño se porta mal en todas las comidas, lo más habitual es que esté llamando la atención de los padres. Los niños saben que es un momento propicio para hacerlo, y a veces juegan con eso.

¿Cómo deben reaccionar los padres en estos casos? ¿Hay que castigar a los niños?

Si un niño está intentando llamar la atención, no tenemos que utilizar el castigo como estrategia, pues verá que aunque sea de forma negativa, sigue acaparando la atención del adulto, si no la extinción, que vea que así no le hacemos caso. Si tú no comes o te dedicas a hacer tonterías en la mesa, lo que haremos será dejar de prestarte atención, ni te miro, en cambio, cuando sí que comes, o te comportas de forma correcta, sí que te hago caso, participas en la conversación…

Batalla en la mesa (II)

¿Qué estrategias o “trucos” puede dar a los padres para que sus hijos coman mejor o, al menos, sin que haya una guerra de cubiertos en cada comida?

– Lo primero que tenemos que hacer es que el niño sepa que se espera de él en la comida. Una instrucción del tipo “pórtate bien” es demasiado ambigua y no le estamos explicando que tiene que hacer.  Por eso nos puede funcionar hacer una listado con las reglas que tenemos en la mesa. Como pueden ser:

  • Se come todo lo que está en el plato. Hay padres que sirven mucha comida a sus hijos y luego negocian cuanto se comen. El niño no tiene que entrar en este juego, sino que el adulto le servirá una cantidad adecuada y razonable, y eso es lo que se come. No negociamos con él. Si quieres más se puede repetir.
  • Pondremos un tiempo para la comida, y que los niños aprendan a comer en ese tiempo, pues otro de los problemas habituales, es que los niños tienden a alargar mucho las comidas, entre otras cosas porque saben que así tendrán un mayor rato de atención.
  • No se hacen tonterías en la mesa. Tienen que saber que cosas se permiten y cuales no, y que entiendan que estar comiendo o cenando con los mayores, implica tener un comportamiento correcto durante la comida, y que si no lo tienen no les vamos a hacer caso.

– Enseñemos al niño a comer sólo desde pequeño, no dejemos que este aprendizaje lo haga exclusivamente en el comedor del colegio, pues será más fácil hacerlo en casa, donde puede disponer de más atención, tiempo… de tal forma que cuando llegue al cole, ya sepa manejarse con los cubiertos, y no dependa del adulto. Son muchos niños, y no hay una cuidadora por niño.

– Intentemos que los niños lleven una dieta sana, equilibrada y variada desde pequeños, lo ideal es que los nuevos alimentos, ya han sido introducidos desde casa, “no descubrir la fruta y la verdura en el colegio”.

– No sobreprotejamos al niño, y no le demos de comer, de esa forma no le estamos permitiendo entrenar el hábito, y que se vaya haciendo autónomo en el mismo. En el colegio tendrá que comer él solito, y no se lo va a dar una cuidadora.

– Armémonos de paciencia, el aprendizaje es difícil, y se van a manchar, se les va a caer… es normal, no les regañemos, es importante que desde pequeños aprendan a manejar los cubiertos, y no les demos la sopa, porque se le va a caer se van manchar lo va a poner todo perdido…, hagamos con uno de esos simpáticos “baberos-chubasqueros”, y que el niño aprenda aunque se manche.

– No olvidemos que la tarea de aprender a comer, es responsabilidad de los padres, no del colegio. Los niños no van al comedor a aprender a comer y a comer de todo, eso se tiene ir haciendo también desde la familia.

Batalla en la mesa (I)

Con este título aparece el artículo en el que colaboro con Laura Jiménez de la revisa La Guía del Niño en este mes de Noviembre, esta semana os iré poniendo pinceladas sobre lo que hacer cuando la hora de las comidas se convierte en una ¡batalla campal!.

El artículo completo lo tenéis en la revista de este mes y para los que querías más información os recomiendo como bibliografía en libro: “Cuentos para Comer Sin Cuentos”.

– ¿Desde qué edad puede empezar a inculcarse a los niños el buen comportamiento en la mesa?

 Desde el principio, incluso cuando todavía son bebés, conviene que ya tengamos claras las pautas a seguir en las comidas, y se las vayamos inculcando a nuestro hijo, por ejemplo, desde bien pequeñín podemos enseñarle que cuando comemos, estamos a eso “a comer”, y no distraerle con la tele, o con juguetes, o parar para realizar otra actividad como el cambio de pañal…  tiene que aprender que estamos comiendo.