Instinto Maternal en el Magazine del El Mundo

El domingo 13 ha salido publicada mi colaboración con Carmen Machado para el Magazine de El Mundo sobre el Instinto Maternal

Recomendaciones con los niños desobedientes

Recogemos algunas recomendaciones extraídas del libro El No también ayuda a crecer, de María Jesús Álava. (La Esfera de los Libros, Madrid, 2002)

Recomendaciones con los niños desobedientes

  1. Poner unas normas claras, que sepan qué ocurre cuando desobedecen. Ej. Las cosas las diremos sólo una vez y sino haces caso las consecuencias serán “éstas” (según sea el caso y la edad le llevarán a su cuarto para que recapacite, no le prestarán atención…).
  2. Actuar inmediatamente sino obedece; no entrar en pelea.
  3. No caer en sus provocaciones. No contestar a sus quejas, directamente hacer lo que os habíais propuesto.
  4. No intentar razonar con él cuando desobedece; es inútil, sólo intenta “liarnos y ganar tiempo”.
  5. Ser más perseverantes que ellos.
  6. Animarles cuando actúan bien, reconocer su esfuerzo y
  7. Prestarles atención cuando obedezcan y tengan buena actitud.

 

¿Qué castigos jamás se deben poner?

Muchos padres abusan del castigo, confundiendo castigo con buena educación, y con ello consiguen que la situación empeore cada vez más. Dentro de los errores más comunes que encontramos están:

  • Castigar al niño por periodos largos de tiempos, entonces el niño sentirá que no le damos oportunidad de portarse bien y como ya está castigado, ¿para qué esforzarse en el comportamiento correcto?
  • Castigarle con todo lo que le gusta, de esta forma, cuando se porte bien,  ¿Con qué lo reforzaremos?
  • Acumular el castigo durante varios días. Cada día hay que darle la opción de conseguir el objetivo, y animarlo a que lo haga.
  • Castigos desproporcionados…

Cabe destacar, que bajo ningún concepto es lícito pegar o dar un cachete a un niño, pues de esta forma, no sólo le haremos daño físico, sino que le mostraremos que hemos perdido el control de la situación, y que él ha logrado desesperarnos; y es importante que los niños vean que en todo momento es el adulto el que mantiene el control, nunca él.

 

¿Qué ocurre cuando no se pone límites a los hijos? ¿Qué consecuencias existen en aquellos niños que no se les pone límites?

Los niños necesitan normas y límites, y cuando no los tienen, están muy perdidos, no saben qué es lo que tienen que hacer, qué es lo que se espera de ellos, y tampoco saben el camino que tienen que elegir.

Los niños tienen que aprender a ganarse las cosas, y que ésto se consigue, cumpliendo las normas establecidas, que tienen que ser muy sencillitas y adecuadas a la edad del niño (No gritar, no pegar, obedecer…).

Cada vez los hijos tienen más de más cosas y no tienen que hacer ningún esfuerzo por conseguirlas, y no por ello podemos afirmar que son más felices. Además, en general cuantas más cosas tienen los hijos, más cosas quieren, por la progresión insaciable que supone “el tener” frente a la gran oferta que existe hoy día. Y llega un momento en que los padres se encuentran incapaces de proporcionar más satisfacción por la vía material.

Los padres no se sienten más satisfechos, porque ven que no disminuye el grado de exigencia en los hijos, sino que al contrario, aumenta el grado de inconformismo.

Cuando los niños no aprenden que las cosas hay que ganárselas, que tienen que cumplir las normas establecidas,  que junto con nuestros derechos, van nuestra obligaciones, y que si no las cumplimos no podremos disfrutar de los privilegios (como tele, ordenador, videojuego…), se pueden convertir en jóvenes y adultos insatisfechos e infelices, porque no han aprendido a valorar lo que tienen, todo lo consideran como un derecho, y cuando la sociedad les impone sus normas, pueden sentirse muy dolidos y frustrados.

 

¿Qué castigos son los más eficaces?

Lo mejor es que desaparezca el concepto “castigo”, ya que los niños lo viven como algo impuesto desde fuera y contra lo que nada pueden hacer. A partir de ahora cambiaremos la terminología!

Las cosas hay que ganárselas, y ver la televisión, o jugar un rato con el ordenador o la videoconsola, habrá que ganárselo con el comportamiento correcto.

Sería bueno sentarnos con el niño y explicárselo: “A partir de hoy tendrás que ganar jugar x minutos al ordenador, ver la televisión… y eso se gana realizando los deberes al llegar del colegio, obedeciendo a la primera… (el niño tiene que tener muy claro que es lo que se espera de él, definiendo sus tareas de la forma más concreta posible, y las normas y los límites que tenemos establecidos). De tal forma que cuando el niño incumpla su parte del acuerdo, desaparecerá “te castigo sin ordenador”, si no “hoy no te has ganado jugar al ordenador”.

Así el niño verá que él tiene en su mano la posibilidad de ganar las cosas, que todo está en él y en sus comportamientos.

En la consulta vemos muchos niños que “están castigados a todo” y esto les ha hecho perder toda la motivación para portarse bien, por lo que incluso la situación familiar es todavía más tensa que antes del castigo.

 

Nunca se debe castigar a un niño regañándole y gritándole, ¿por qué no?

En primer lugar, recordemos que la principal fuente de aprendizaje de un niño es el modelado, es decir,  los niños copian lo que ven en sus figuras de referencia, que principalmente son los padres. Si queremos instaurar otros hábitos como el diálogo, y no queremos que ellos griten, no podemos ser nosotros los primeros que lo hagamos.

Además cuando les gritamos y les regañamos, si el niño estaba intentado llamar la atención del adulto, lo consigue, pues lo que ellos viven es “aunque me estés gritando me estás haciendo caso”, es por eso que en esos momentos, como ya hemos explicado es mejor utilizar la extinción, y mostrarnos firmes y sin alterarnos

 

¿Los castigos deben variar según las edades?

La extinción es una herramienta que podemos utilizar en todas las edades, lo que variará en función de la edad del niño, es la duración de la misma:

  • Con los niños muy pequeños (hasta dos-tres años), basta con decirles “así no estoy contigo”, y en el momento que dejen de llorar, que vean que les hacemos caso.
  • Según va creciendo, iremos aumentando el tiempo que estaremos extinguiendo (sin hacerles caso), por ejemplo, para un niño de 5 años, si te digo que por gritar, llorar… vas a estar cinco minutos sin que te hagamos caso, esto será suficiente para el niño se de cuenta que así no consigue atención, y además cinco minutos se recuperan fácilmente, y nos da opción a seguir con las actividades que teníamos pensadas para ese día.
  • Según van creciendo, el tiempo fuera (en el que no estamos con el niño), puede aumentar.
  • Con niños más mayores, (8-10 años), 10 minutos puede ser un tiempo ajustado.

 

¿Qué tipo de castigos se deben poner y cuándo o por qué motivos?

En pocos casos el castigo es efectivo. Para que lo sea, tiene que ser lo más contingente posible a la conducta que quisiéramos castigar, es decir lo más cercano posible, y por un periodo de tiempo corto. De nada sirve castigar a un niño sin ver la televisión el fin de semana si se ha peleado con su hermano el jueves, porque cuando llegue el momento de la aplicación del castigo, primero no se acordará del motivo y, segundo, rompemos la posibilidad de premiar las conductas en ese intervalo del jueves al sábado.

Cuando un niño no se está portando bien, debemos de utilizar la extinción. Así no te voy a hacer caso, no quiero estar contigo, y dejemos de hacerle caso. Está demostrado que cuando los niños están haciendo algo mal, y están realizando una llamada de atención, cualquier intento de diálogo con ellos o de razonamiento es completamente nulo, no nos va a servir. Hay que razonar con los niños, y mucho, pero no en esas situaciones de tensión, si no cuando estén calmados. Pero a lo que siempre son sensibles es al lenguaje no verbal, que tan olvidado queda en estos momentos. No hace falta hablar, y mucho menos gritar,  basta que miremos al niño con seguridad y firmeza y que vea que con esa actitud no va a conseguir nada. Pero tiene que verlo, no escucharlo.

Los niños tienen que aprender que su conducta tiene unas consecuencias, y tenemos que avisarles de cuáles son. Suele ser más útil explicarles que las cosas se las tienen que ganar, y que por eso si gritas, o chillas, no vas a ver la tele porque no te lo has ganado, no es que “yo te castigo sin tele”, sino que tú no te ganas ver la tele hoy, por cómo te has portado. Hay que definir las consecuencias de cada acto, y los niños deben aprender que cuando empiecen a portarse bien de nuevo, recuperan ese privilegio.

Cuando les castigamos a todo, entonces se desmotivan, porque pierden el aliciente, y lo más probable que ocurra es “si ya estoy castigado a todo, ¿para qué me voy a portar bien?”

Otra cosa que ocurre con los castigos muy largos, es que en ocasiones son difíciles de cumplir y muchas veces “se levantan”, por no poder llevarlos a cabo, con lo que el adulto pierde la autoridad sobre el niño. No podemos amenazar con nada que no vayamos a cumplir. Es mejor ser más concreto con la consecuencia, y que sea inmediata.

 

El castigo en la educación de los niños

Este mes he tenido la ocasión de participar en la sección el debate de la Revista Mía, sobre educación, y el tema elegido ha sido el castigo. Durante esta semana, iremos comentando aspectos sobre el mismo. ¡Os invito a participar!

¿Se debe castigar o no a un niño?

La psicología nos ha demostrado que en pocos casos el castigo es efectivo. El objetivo en la educación es consolidar las conductas positivas en los niños y extinguir las conductas negativas, y eso se consigue mucho mejor mediante el refuerzo y la extinción que con el castigo. Consideramos refuerzo a cualquier consecuencia positiva que sigue a la conducta deseada del niño, y ojo, no lo equivoquemos con premios materiales, el mejor refuerzo para los niños puede salirnos muy barato, es la atención de sus padres. Se trata de aprender a reforzarles cuando estén realizando las conductas que queremos instaurar, es decir, esté con ellos y refuerce y premie al niño mientras se porta bien, y no le preste más atención cuando está realizando las conductas disruptivas que queremos que desaparezcan, esto es lo que se llama extinción

 

Características del insomnio infantil por hábitos incorrectos

Hay múltiples factores, pero algunos de ellos son:

  • Dificultad para dormirse solos.
  • Múltiples despertares nocturnos. Entre 3 y 15 veces, no siendo capaces de volverse a dormir de forma espontánea ellos solos.
  • Sueño superficial, cualquier ruido les despierta.
  • Dormir menos horas de lo habitual para su edad.

Si queréis más información, os recomiendo el siguiente libro: “Duérmete, niño. Como solucionar el problema del Insomnio Infantil”. Del Dr. Estivill.