¿Rebeldes o adolescentes?

Según vuestras sugerencias, dedicaremos las próximas semanas a hablar de los adolescentes, que es un tema que se ha tratado poco en el Blog:

¿Qué significa ser auténtico en la adolescencia? ¿Es una sensación diferente a la que se pueda tener en la madurez?

Cuando los niños llegan a la pubertad, biológicamente se produce un estallido de reacciones  endocrinas, que no sólo conllevan un aumento de los órganos sexuales, (llegada de la menstruación y desarrollo mamario en las chicas, y producción de esperma y  aumento de la pilosidad en los chicos),  sino que además producen  un cambio en todas las relaciones del niño consigo mismo y  con su entorno. Las hormonas van a adquirir un gran protagonismo, de tal forma que en muchas ocasiones serán las que tomen las riendas de su  comportamiento. El adolescente se siente confundido y en muchas ocasiones,  aunque parece haber asimilado los cambios físicos producidos en su cuerpo, no es capaz de controlar los desajustes hormonales propios de esta etapa; incluso puede llegar a sentir que ser auténtico es dejarse llevar por lo que te apetece, por lo que “te pide el cuerpo”, sin pararse a pensar las en las consecuencias que pueden tener determinadas conductas.

Por el contrario, ser auténtico en la edad adulta, aunque aún puede estar unido con la idea de hacer lo que uno quiere, significa alcanzar la madurez que te permite ser uno mismo, sin manipulaciones ni condicionantes externos. Los adultos soñamos con tener más capacidad de autocontrol y gobernar nuestras vidas; queremos enfrentarnos tal y como nosotros deseamos a las distintas situaciones que vivimos, intentamos alcanzar nuestras metas, las nuestras, no las que otros pueden tratar de imponernos. Esas metas en las que creemos, con las que nos identificamos y por las que luchamos.

La Mañana de la 1 “El No también ayuda a crecer”

Os adjunto el vídeo del programa de ayer, en el que debatimos sobre las pautas de educación con niños y adolescente a raiz del libro “Escuela para Millonarios”. El coloquio empieza en el minuto 20 del vídeo:

En La Mañana de la 1

Mañana martes a eso de las 11.30h, tendre el placer de colaborar en la tertulia de La Mañana de la 1 con Mariló Montero y Fernando Ónega, hablando de la educación de los niños, espero que os resulte interesante.

¿Qué tipo de disfraces son los mejores para los niños?

En general es bueno que los niños elijan disfraces de cosas que conozcan, como por ejemplo de animales, o de profesiones que rápidamente sepan asociar (médico, policía, bombero, enfermero, veterinario, profesor…), de mamá o papá, o incluso de mago, bruja… que les facilitará el sentirse identificado con el disfraz y el juego simbólico a realizar. Por ejemplo no tiene mucho sentido que un niño pequeño se disfrace de los “ochenta” o de los “setenta”, que es algo que además de no conocer, su propio desarrollo cognitivo le impide entenderlo.

Otro aspecto a tener en cuenta con el disfraz, es que sea cómodo, y que permita el libre movimiento del niño, (por ir disfrazado no dejará de correr, saltar o brincar), y si él solo se lo puede quitar y poner a su antojo, mejor. De esta forma él decide cuándo comienza y termina el juego y favorecemos su autonomía, (aprender a vestirse y desvestirse). No olvidemos la temperatura, y si hace frio, que el disfraz les quede holgado para poder llevar ropa de abrigo debajo. No elijamos disfraces que les agobien, y si son muy pequeños, mejor llevar la cara al descubierto, las máscaras y caretas les pueden asustar.

 

Ideas para disfrazar a los niños

Si tenemos la posibilidad de realizar el disfraz en casa y que el niño se involucre en el proceso, mejor, de esta forma iniciamos el juego desde el momento de la preparación del mismo. A los niños no les hace falta un disfraz muy elaborado, muchas veces con un bolso viejo, un monedero y un collar de mamá, ya juegan a disfrazarse de “mamá”, o con una camisa y una corbata, son “papá” y juegan a que son mayores y van de compras, cuidan de sus muñecos como si fueran sus hijos… con una bata y una tiza son “profesores” y pueden jugar a enseñar a sus muñecos o a otros amigos…

Podemos tener en casa una caja de disfraces, con elementos básicos (sombreros, collares, tacones, capas, varitas mágicas, bolsos, pañuelos, corbatas…) que el niño utilice para disfrazarse a lo que él quiere y de esta forma desarrolle y dé vía libre a su imaginación. Un niño puede adoptar en su juego el disfraz de mamá, o una niña el disfraz de pirata, dejemos que sean ellos los que lo elijan, y no les creemos prejuicios diciéndoles si es un disfraz de niño o de niña.

Tomemos como premisa que si un niño no quiere disfrazarse de algo, no le obliguemos. Se tiene que sentir cómodo y seguro con el disfraz, nunca obligado o ridículo.

 

Beneficios de jugar a disfrazarse en los niños

Con los disfraces contribuimos al desarrollo de los niños, fomentamos su creatividad, su imaginación… y la empatía, es más fácil entender y comprender los sentimientos de los demás, cuando somos capaces de ponernos en la situación del otro, y a esto nos ayudan los disfraces. El niño disfruta creando situaciones y personajes para jugar.

El disfraz también puede ayudarnos a descubrir cómo percibe el niño a los adultos que conviven con él. Observemos cuando el niño se disfraza de “papá” o “mamá”, como tiende a reproducir los comportamientos observados en sus progenitores sobre sus muñecos o sus amigos. Si los analizamos, nos puede ayudar a saber cómo percibe el niño a sus padres, y como tiene de integradas determinadas conductas.

Los niños tienen que aprender a distinguir la realidad, de su imaginación, es por eso que mientras están disfrazados, jugando, les seguiremos el juego, alabando por ejemplo, lo bien que vuelan; pero cuando se ha acabado el tiempo de jugar y ya se han quitado el disfraz, si nos dicen que tienen una capa mágica y que va volando por la cocina, hay que decirles que no, que es un disfraz y que ahora ya no toca volar por la cocina, si no terminar de cenar para irse a la cama.

 

¡Llega el carnaval y con él los disfraces!

Se acercan los carnavales, época de disfraces, donde los más pequeños de la casa, seguro que tienen preparada alguna fiesta, bien sea en el cole, con amigos… es por eso que en la revista de este mes de la Guía del Niño, Laura Jiménez ha elaborado un reportaje sobre el valor del disfraz, donde he tenido el placer de colaborar.

¿Por qué es importante que los niños se disfracen?

Es bueno que los niños jueguen a disfrazarse durante todo el año, no solo en Carnaval o Halloween. Cuando un niño se disfraza juega a interpretar el rol del disfraz que lleva; (lo más probable es que si se disfraza de médico, juegue a curar a sus muñecos, si va de profesora a enseñarlos, si es de mago a hacer trucos y pociones mágicas…), además de pasárselo estupendamente y si además  lo hace con otros amiguitos, mucho mejor. De esta forma aprenderán a negociar, para saber de qué se disfrazan y una vez disfrazados iniciar un juego conjunto, con sus reglas y sus normas.

Si a tu hijo le han invitado a una fiesta de disfraces, es importante que vaya disfrazado, pues se sentirá raro y extraño si es el único que no lo hace. Preparar juntos unos días de antes el disfraz, para que ese día se lo pase en grande con sus amigos.

¿Es cierto que la biología condiciona la psicología femenina, especialmente en lo referente a la maternidad?

A nivel genético, las mujeres vienen preparadas para ser madres, es por eso que nos es tan difícil quedarnos de brazos cruzados cuando oímos el llanto de un bebé, aunque no sea nuestro, son llamadas de alerta que compartimos con otras especies, como mecanismo de supervivencia.

La intensidad con la que una mujer vive el embarazo, nunca va a ser la misma que la del padre, por muy involucrado que él esté. La mujer experimentará toda una serie de cambios a nivel físico y hormonal que el hombre no tendrá. Los cambios se siguen produciendo después del parto, como la subida de la leche… todo ello, también se producen en los mamíferos, y prepara a la mamá biológicamente para el cuidado del  bebé. Hay estudios científicos que están investigando en qué medida estos cambios afectan al comportamiento de las madres.*

No obstante, en el ser humano además del componente biológico, existe el cultural, el histórico y el social, que tiene un peso que no existe en otras especies.

Aunque es el cuerpo de la mujer el que experimenta los cambios y se prepara para la maternidad, eso no quiere decir, que una vez producido el alumbramiento, la pareja no sea capaz de asumir con la misma entrega y dedicación el cuidado de su retoño.

 

*Estudios, como los de la influencia de la oxitocina en la reducción de la ansiedad ante el cuidado del bebé (John A. Russel, de la Universidad de Edimburgo), o la influencia de esta hormona en la sociabilidad (estudios con ratas de Inga D. Neumann, de la Universidad de Regensburg (Alemania)).

Craig Kinsley, de la Universidad de Richmond, Virginia, EE UU, ha llegado a la conclusión de que la habilidad para conseguir alimentos también mejora notablemente tras el parto, y menciona que “El cerebro de cualquier hembra pone grandes dosis de plasticidad y creatividad al servicio de la reproducción. En otras palabras, las madres no nacen, se hacen”.

 

¿Hay muchas mujeres que se valoran a sí mismas únicamente en función de su papel como madres, es decir, que piensan que es la función más importante que pueden tener en la vida? ¿Es correcto este razonamiento?

Ser madre es una experiencia increíble a todos los niveles, y es muy respetable que para algunas mujeres, se convierta en lo más importante de su vida; pero esto nunca se puede interpretar como una regla que  rige a todas las mujeres, y desde luego el papel de la mujer no tiene porque relegarse únicamente a su función de madre. Se puede ser una buenísima mamá y criar y estar pendiente de sus hijos dándoles todo el amor, todo el cariño, y todos los cuidados necesarios, sin por ello olvidar otras facetas de su vida, como la profesional, sus hobbies o aficiones, sus amigos, su pareja…

 

El modelo de buena madre ¿es causa de frustración?

¿Existe en estos momentos, en países desarrollados como el nuestro, un modelo de “buena madre” (antepone el bienestar del bebé al suyo, se ocupa prácticamente ella sola del niño, abandona su trabajo si le cuesta compaginarlo con la crianza…) que es el único bien visto socialmente y que causa frustración en las mujeres que no consiguen alcanzarlo?

En la sociedad actual a la mujer cada día se le exige más. Existe una gran presión social que puede hacer que muchas mujeres se sientan agobiadas y culpables por no llegar a todo, pues las metas que impone la sociedad pueden ser inalcanzables: ser buena madre, cuidar a los niños, estar pendientes de la casa, demostrar su valía en el trabajo, ser buena amiga, y además estar estupendas, vestidas a la moda y luciendo una buena figura. Esto hace que muchas mamás tengan la sensación de no llegar a todo, se sientan culpables y pueda llegarles a generar frustración no alcanzarlo.

Pero debemos pensar que los estereotipos sociales no suelen ser sinónimo de felicidad y debemos tener en cuenta más nuestros objetivos personales y familiares que lo que “piensen los demás”. Seguir con nuestro trabajo, no es sinónimo de querer menos a nuestro hijo y por el contrario dedicarnos de pleno a su cuidado no quiere decir que hayamos perdido todas nuestras oportunidades laborales. Todo ello es una opción personal, que debe ser conveniente meditada en base a nuestros objetivos personales y familiares, no al qué dirán ni a las presiones sociales.