Curso online: Consigue que tus hijos sean felices, seguros y autónomos. Ahora con un 10% de descuento

En el presente curso, seis psicólogos del centro de Psicología Álava Reyes mostramos las claves para conseguir que nuestros hijos sean autónomos, felices, y seguros. De forma práctica aprenderemos las claves del éxito en la convivencia familiar con ejemplos prácticos sobre cómo gestionar las principales y típicas disputas que se dan en casa en relación a las quejas, protestas, frustraciones, retos y desobediencias de nuestros hijos e hijas. Además, aprenderemos a manejar los problemas de conducta con soltura, observándolos, clasificándolos y convirtiéndolos en comportamientos adecuados y normalizados; qué alternativas existen al castigo, cómo lidiar con los celos entre hermanos…

Aprovecha la ocasión ahora tienes un 10% de descuento sobre el precio del curso con el código ALAVA10

Comprar por 90€Se ha dedicado un apartado a la gestión emocional tanto de los padres, con estrategias dirigidas a no perder la calma, ni los nervios, para educar sin ira, sin gritos, de forma positiva, como de los niños, con ejercicios prácticos sobre cómo hacer tomar conciencia a nuestros hijos de las emociones, el autocontrol, las relaciones sociales, la autoeficacia y motivación, autoestima y empatía, entre otros. Nos muestran como reprimir los sentimientos negativos de nuestros hijos no es el camino para lograr respuestas ajustadas y que les hagan sentirse bien con ellos mismos. También veremos cómo enseñarles a comprender ese sentimiento y canalizar adecuadamente sus frustraciones.

Sin olvidarnos cuestiones del día a día sobre cómo favorecer la correcta autonomía de los niños, cómo y cuándo responder a sus preguntas sobre el sexo y qué contarles según su edad, y algunas estrategias para gestionar mejor su tiempo de estudio y cómo obtener el máximo provecho de sus horas de estudio para mejorar su rendimiento y sus resultados académicos.

Con este curso se pretende favorecer una autoestima positiva y saludable en nuestros hijos, para así potenciar su desarrollo personal, social, familiar y académico. También a dotarles de habilidades básicas que les ayudarán en su día a día y sobre todo en su futuro, cómo enseñarles a mantener conversaciones con los demás, a saber decir “no” y decir lo que se quiere sin sentirse mal ni herir los sentimientos de los demás, así como a solucionar problemas con el grupo de referencia con el objetivo de que tengan experiencias sociales más positivas. En definitiva, aprenderemos cómo desarrollar recursos y estrategias que serán necesarias para nuestros hijos en el futuro. Enseñarles a esforzarse para conseguir sus objetivos, a esperar por las recompensas y ser conscientes de que de los pequeños fracasos también se aprende.

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE:

  • Aprende a manejar los problemas de conducta con soltura
  • Identifica y actúa ante el bajo estado de ánimo de los hijos para que vuelvan a sonreír
  • Descubre cómo enseñar a aprender a mantener conversaciones con los demás a los niños
  • Desarrolla recursos y estrategias que serán necesarias para los hijos en el futuro
  • Favorece una autoestima positiva y saludable en los hijos
  • Enseña y guíales para que puedan aprender a comer y a dormir bien y solos

ACERCA DE NOSOTROS: Centro de Psicología Álava Reyes

Equipo multidisciplinar en Madrid de Psicólogos

Uno de los Centros de Psicología más grandes de España, formado por un equipo multidisciplinar de Psicólogos donde se trabaja con un amplio abanico de rangos de edad (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) y tipos de terapia.

Los más de 30 años de contrastada experiencia en diferentes campos profesionales, nos aportan gran seguridad y eficacia en los planteamientos de terapias y ayudas psicológicas.

El presente curso será impartido por seis psicólogos de dicho centro:

  • Silvia Álava, coordinadora del curso, directora del área infantil, colaboradora habitual de medios de comunicación y autora de los libros “Queremos Hijos Felices” y Queremos que crezcan felices”.
  • Ángel Peralbo, director del área de adolescentes, colaborador habitual de medios de comunicación y autor de los libros “El adolescente indomable”, “Educar sin ira” y “De niñas a malotas”.
  • Aroa Caminero, forma parte del área infantil del centro. Es experta en psicología educativa, neuropsicología e inteligencias múltiples.
  • Margarita Montes, es colaboradora habitual de los medios y experta del área infanto-juvenil del centro, especialista en intervención en crisis y superación del trauma.
  • Lucía Boto, experta en el área infanto-juvenil, especialista en técnicas proyectivas y profesora de la UNIR.
  • Sara Rios, experta en el área infanto-juvenil y trastornos de conducta en la infancia.

Pincha en la siguiente imagen para empezar a disfrutar de este curso. Además con el código ALAVA10 tienes un 10% de descuento adicional:

Consigue que tus hijos sean felices

¿Eres una madre o padre helicóptero? En Cadena Dial

Por Nuria Serena

Lo eres si contestas “” a cualquiera de estas tres preguntas:

  • ¿Estás pendiente de las necesidades de tu hijo de forma constante?
  • ¿Te angustia el futuro de tu hijo?
  • ¿Estas obsesionado con el rendimiento académico de tu hijo?

Pues si has hecho triplete, tu hijo y tú tenéis un problema, eres una madre o padre helicóptero.

Una madre o padre helicóptero es aquella o aquel que sobrevuela constantemente sobre la vida de su hijo:

le acompaña a una entrevista de trabajo, rellena solicitudes y formularios por él, está preocupado por satisfacer a todas horas sus necesidades, sus deseos y le angustia su futuro.

El término es muy popular en EEUU -donde uno de cada 10 estudiantes tiene este tipo de padres- y, como todo, de unos años a esta parte, el “fenómeno” ha llegado también a España.

Buena parte de culpa la tiene la permanente “crisis” que ha inmerso a las familias en una inseguridad por el futuro. La frase “nuestros hijos vivirán peor que sus padres” es un “mantra” que todo el mundo ha interiorizado. Y esto provoca miedo a un crecimiento de las desigualdades sociales, lo que influye en la perspectiva que los progenitores tienen de la educación: más permisiva o más estricta.

Los padres deciden si utilizan un estilo autoritario, persuasivo o permisivo en función de los costes y beneficios que les reporta cada uno. En los años 60 y 70, por ejemplo, se llevaba ser permisivo, entre otras cosas porque los trabajadores poco cualificados ganaban casi tanto como los cualificados y los padres podían permitirse fomentar la imaginación y la independencia de los niños frente a otros valores, como el trabajo puro y duro.

La crisis y la desigualdad económica hacen a los padres más controladores con sus hijos

“Los últimos 30 años, por el contrario, se han caracterizado por una creciente desigualdad que se ha visto acompañada por el aumento de los rendimientos asociados a la educación. Los niños que no logran completar su educación ya no pueden aspirar a una vida de clase media y, en consecuencia, los padres han redoblado sus esfuerzos para asegurar el éxito de sus hijos”, explica Fabrizio Zilibotti, catedrático de Macroeconomía y Economía Política de la Universidad de Zurich.

Y es que la exigencia de los padres no siempre es bien trasladada y, en vez de acompañarles, les sustituye

Por eso, hay cada vez más madres/padres helicóptero, madres/padres apisonadora (que allanan el camino para que su hijo no tenga dificultades) y madres/padres guardaespaldas (que se convierten en la sombra de sus hijos para que nada ni nadie pueda dañarles).

Lo hacen con buena intención y con mucho cariño,

pero, en ese afán por controlarlo todo, acaban anulando la independencia y la autonomía de los críos. Según los expertos, éste es “uno de los mayores errores en la educación de los hijos”.

Los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros, advierte la psicóloga Silvia Álava, autora del libro Queremos hijos felices.

En cada momento del crecimiento de la persona, ésta debe pelear por sus propias batallas. Debemos darnos cuenta de que no ayudamos a nuestros hijos dándoles la solución, sino prestándoles el apoyo desde fuera. Si en la adolescencia los chicos no toman decisiones, nunca tomarán la iniciativa y esto producirá disfunciones sociales tremendas en todos los niveles“, sentencia José Antonio Marina.

FUENTE: CadenaDial.com

Niños «youtubers», ¿un negocio cada vez más polémico? Colaboración con la Agencia EFE

Por Marta Ostiz.

Los Niños youtubers forman parte de un fenómeno que puede llegar a ser muy lucrativo, pero que no está exento de polémica por la sobreexposición que sufren

Comienza el vídeo y una sonriente niña cuidadosamente vestida y peinada se dirige a la cámara para saludar a sus 3,26 millones de suscriptores y mostrar el mercadillo de Navidad que ha organizado en su jardín con decenas de juguetes, un castillo de princesa y una casa en miniatura.

Es una muestra de los muchos menores que triunfan en internet y forman parte de un fenómeno -los niños youtubers- que puede llegar a ser muy lucrativo, pero que no está exento de polémica por la sobreexposición que sufren y los mensajes que lanzan, hiperconsumistas y plagados de estereotipos de género.

Se trata casi de un trabajo

Grabados por sus padres, los menores escenifican distintas actividades o abren las cajas de multitud de juguetes, los montan y durante un buen rato juegan con los productos que figurarán después en las cartas a los Reyes Magos de los niños españoles.

En algunos casos se ha convertido en casi un trabajo. «No es que el niño grabe un vídeo porque le gusta o le apetece, sino que tiene una relación contractual con una casa de juguetes y no juega con lo que quiere, como quiere y cuando quiere, sino que es un adulto el que le dice lo que tiene que hacer».

Así lo advierte a Efe la doctora el Psicología Silvia Álava, que alerta de los efectos nocivos que puede tener para estos menores la sobreexposición y la sensación de vivir en un mundo irreal.

«En la vida real nadie te manda juguetes para que grabes un vídeo y te paguen dinero», y eso es lo que ven los millones de suscriptores que tienen esas cuentas, en muchos casos, niños muy pequeños.

Desde Save the Children, Carmela del Moral, analista jurídica de Derechos de la Infancia, advierte de que «no se debe demonizar» todo lo que viene de las nuevas tecnologías porque también es una forma de expresarse, pero admite que hay casos «complicados».

Explica que en el caso de los niños youtubers lo preocupante sería si protagonizar este tipo de vídeos les impide disfrutar de otros derechos como la educación o el ocio. «Se trata de saber cuánto es un trabajo y cuánto se puede regular, igual que hay limitaciones en el caso de los niños actores», apunta.

Sin regulación

Pero la realidad es que internet ha avanzado mucho más rápido que las leyes y no hay una regulación al respecto. El fiscal de Sala de Menores, Javier Huete, recuerda a Efe que se trata de niños que tienen progenitores y no se encuentran en ninguna de las situaciones en las que interviene la Unidad de Menores de la Fiscalía General del Estado.

«Nosotros intervenimos cuando detectamos que se está utilizando a los niños en campañas para obtener dinero a través de una estafa», como en el caso de menores enfermos.

Con los niños youtubers, al igual que con los actores, hay que buscar que no sufran un perjuicio en su escolarización. «Si tuviéramos un caso de absentismo escolar intervendríamos y en algunas circunstancias se podría entender que hay una comisión de hechos delictivos por abandono de las obligaciones familiares».

Pero advierte de que «de la mera exposición de los niños no se deriva que exista un incumplimiento de la obligación de escolarización. No es tan fácil».

Como pronóstico personal, Huete cree que cuando estos niños sean mayores y se encuentren con que su vida ha estado expuesta, muchos van a decir que no lo han consentido y que ahora les está afectando.

Pone el ejemplo de cuando busquen trabajo en el futuro. Las empresas podrán encontrar en internet situaciones que los padres consideran graciosas, pero en las que a los niños no les va a gustar.

Huella digital

La huella digital va a perseguir a estos menores en su edad adulta. Es el resultado de una hiperexposición para la que no han prestado su consentimiento, como recuerda Carmela del Moral.

A partir de los 14 años los niños pueden ejercer el derecho a su propia imagen, pero antes son los padres los que autorizan. «Cuando son muy pequeños hay que cuestionarse la implicación que tiene para su desarrollo y los valores que se están promoviendo», señala del Moral.

Silvia Álava apunta que hay padres que buscan realizarse a través de los hijos. El riesgo está en generar unas expectativas y que el niño acabe frustrado, porque cuando quiera dejar de participar en los vídeos sienta que no tiene escapatoria.

La psicóloga habla de los efectos negativos de la fama a edades tempranas y las dificultades a la hora de diferenciar entre su vida pública y la real (el colegio y sus amigos). Cree que a medio plazo estos pequeños pueden desarrollar complicaciones como el hecho de no saber valorar lo que tienen o estar alejados de la realidad.

Otra de las patas de este fenómeno son los consumidores de los vídeos, niños pequeños que pueden confundir lo que están viendo con la vida real. «Es bueno que los padres nos sentemos con ellos para enseñarles a ser más críticos».

Obligación de los padres

La especialista en Políticas de Infancia de Unicef Comité Español, Almudena Olaguibel, incide en que son los padres los primeros que tienen la obligación de proteger a sus hijos.

La Convención sobre los Derechos del Niño establece que no deben ser objeto de «injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia ni de ataques ilegales a su honra y a su reputación».

A juicio de Olaguibel, cuando este derecho entra en conflicto con la libertad de expresión hay que preguntarse si el menor está siendo instrumentado, si hay alguien manipulando los contenidos y si tiene la suficiente madurez como para aceptar las críticas.

Carmela del Moral reitera el deber de protección que tienen los padres, a quienes aconseja «pensar en el futuro de sus hijos y si les va a gustar tener esa huella digital en su pasado».

FUENTE: Diario ABC

#Podcast: Gestionar las emociones de los más pequeños el día de los Reyes Magos

Os adjunto el podcast de la colaboración de ayer en el programa Mediodía COPE en el que hablamos sobre cómo ayudar a los más pequeños a gestionar las emociones durante este día tan especial para ellos.

Las Navidades como oportunidad de aprendizaje. Colaboración con Padres y Colegios

Estamos en Navidades con todo lo que ello implica: decoración extrema con luces, árboles, belenes… tanto en las calles como en las casas. Es época de regalar y recibir regalos, de compartir tiempo en familia y con amigos… pero las Navidades también puede ser un tiempo estupendo para aprender y enseñar tanto a los niños como a los adolescentes, valores básicos, como la gratitud, el esfuerzo, la generosidad, la compasión…, y entrenar fortalezas del carácter que serán necesarias, como la perseverancia, o el compromiso.

En la Navidad tanto los niños como los adultos se muestran expectantes. Son días de ajetreo y movimiento. Para muchos niños y niñas, Navidad se asocia a la llegada de los Reyes Magos y Papá Noel. Los adultos debemos de pensar ¿es ese el mensaje principal de la Navidad que queremos trasmitir a nuestros hijos? Cada padre, madre y maestro debe de pensar cuál es el valor fundamental que quiere trasmitir en su familia y a sus alumnos y alumnas.

Así, en Navidades es habitual que la familia se reúna. Podemos aprovechar para:

-Trabajar los vínculos con los familiares que no están tan presentes en el día a día, como los abuelos, los tíos, primos… O para conocer más sobre su vida. Que no todo se centre en el niño o en la niña, que se sientan parte de un sistema mayor como es la familia, donde cada uno tiene su lugar y su función.

-Fomentar el trabajo en equipo. Las comidas familiares de muchos miembros suponen una importante carga de trabajo. Es el momento ideal para establecer equipos de trabajo en el que cada uno es responsable de una parte, como por ejemplo cocinar, poner la mesa, decorar la casa, recoger… .

-Trabajar la autonomía. Pidiendo que cada uno contribuya con lo que puede hacer en función de la edad o de sus posibilidades, adecuando la tarea a los más pequeños. De esa forma todos se sentirán parte del equipo y también aumentará su seguridad y autoestima. Los niños y niñas que participan de la tareas familiares se sienten más considerados en la familia.

-Podemos aprovechar las sobremesas para introducir juegos grupales en las que todos participen. Que no se queden siempre los adultos a conversar y los pequeños corran hacia las consolas. Juegos de mesa donde además de pasar un buen rato, se sigan las normas, se aprenda a tolerar la frustración… porque unas veces se gana y otras se pierde.

Además, la Navidad es época de regalos, vienen los Reyes Magos, Papá Noel… podemos aprovechar esta circunstancia para continuar trabajando los siguientes aspectos:

-Aprender a decidir. Si fuera por los niños, pedirían una infinidad de juguetes y no pondrían límite en la carta de regalos. Los Reyes Magos o Papá Noel, no pueden traer todos los juguetes que se piden. Por eso podemos utilizar esta circunstancia para que elijan aquello que más les gusta y aprendan a tomar decisiones. Que cada padre y cada madre decida el número máximo de regalos a pedir en la carta, teniendo en cuenta que muchas veces también se reciben presentes en casa de los tíos y de los abuelos. La evidencia científica nos dice que los niños no van a ser más felices por tener más juguetes. Debemos enseñarles en todo momento a valorar lo que tienen.

-Compartir. Seguro que hay muchos juguetes que han quedado relegados por otros que se utilizan más, o que están aparcados en la estantería o en el trastero. Esta fecha es estupenda para hacer una selección y donar a ONGs o parroquias todos aquellos juguetes o ropa que está en buen estado y ya no se utilizan.

-La generosidad. Se trata de compartir no solo aquellos juguetes que no se utilicen, sino nuestro tiempo, que puedan participar en actividades sociales organizadas en el barrio o en la comunidad, como visitar residencias de mayores, participar en recogidas de alimentos… que aprendan la importancia del compromiso y les permitamos sentirse bien haciendo cosas por los demás.

-Tolerar la frustración. Las cosas no siempre son y ocurren como a nosotros nos gustaría. Se trata de aprender a gestionar las emociones desagradables que manifestamos cuando algo no sale como uno espera y no quedarse secuestrado por las mismas, aprendiendo a ser flexible y siendo capaz de cambiar de plan o de opinión. La Navidad es un buen periodo para trabajarlo.

-Saber esperar. Esta época del año es especialmente propicia para trabajar la paciencia. Los niños saben que van a recibir regalos, que se van a juntar con los familiares, podemos aprovechar para trabajar con ellos la paciencia y que aprendan a esperar.

Y no nos olvidemos de mantener la ilusión y valorar tanto lo recibido a nivel material (los regalos), pero sobre todo las experiencias, el compartir los buenos ratos con la familia y amigos. Es algo que podemos y debemos hacer todo el año.

FUENTE: padresycolegios,com

¿Es la primera Nochevieja que salen tus hijos? No temas, te damos las claves para negociar con ellos y disfrutar tú también. Colaboración con 20Minutos

LOLITA BELENGUER

Un año más llega el 31 de diciembre, última noche del año. Por primera vez, muchos adolescentes celebrarán la Nochevieja con sus amigos, vestidos con sus mejores galas —porque ya son ‘mayores’—. El fin de año y la entrada del año nuevo es una de las celebraciones más importantes del año junto a Halloween y el Orgullo. El alcohol, el transporte, las drogas o el sexo son las preocupaciones mayores para los padres cuyos hijos adolescentes cambian el sofá de casa y la sobremesa en familia por una fiesta con los amigos. Cuando este momento llega, ¿cómo deben los padres afrontarlo?

¿Hasta qué hora debemos dejarle salir? ¿Cómo van a ir a la fiesta y volver a casa? ¿Con qué amigos salen? La doctora en Psicología Silvia Álava sostiene que «no hay una edad idónea» para salir por primera vez en Nochevieja, pues depende del plan, del lugar y del grado de madurez del joven, entre otras cosas. Obviamente, a las fiestas organizadas en las que se sirve alcohol, la edad mínima legal será los 18 años. Por debajo de esta cifra, hay que tener en cuenta si la fiesta se celebra en una casa, en un pueblo, en el barrio, en una parroquia o en una ONG, por ejemplo, expone Álava. En ese caso, «con 16 o 17 años ya podrían», afirma la psicóloga del centro Álava Reyes.

«Ser pacientes, tener sentido común y confiar», son pautas básicas que indica Silvia Álava a los padres, a quienes aconseja «hablar con ellos sin asustar —no funciona, responden peor—, sino informarles de con qué han de tener cuidado, qué está bien y qué está mal y cómo deben actuar en un determinado momento».

Su colega Luis de la Herrán, psicólogo clínico y director de Centro Delta, subraya que más que los factores externos como la edad o el lugar de la celebración, los padres han de tener en cuenta factores internos relacionados con el comportamiento diario de sus hijos. De la Herrán enumera una serie de indicadores para orientar a los padres. 

Indicadores cotidianos

«Que sepan manejarse en asuntos cotidianos, que sepan gestionar su dinero y ahorrar —porque significa que saben autocontrolarse—, que demuestren que se autorregulan en situaciones de aburrimiento frustración y son capaces de terminar con una tarea divertida cuando ha dejado de serlo» o, por ejemplo, «que sepan posicionarse frente a los peligros y sepan decir que ‘no’ en un momento dado», explica el psicólogo clínico de Bilbao.Cómo hablar de sexo con los hijos: «Los padres inculcan la incomodidad y recogen lo sembrado»

Luis de la Herrán subraya asimismo la importancia de que sean los padres quienes hablen con sus hijos sobre sexualidad, intimidad y afecto

Otro de los factores que influirá en confiar más o menos en los hijos es la capacidad de estos de asumir las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, «si se les acaban los datos móviles, que sepan esperar a final de mes; si se levantan tarde, que ayuden más en casa; si salen o entrenan más rato, que luego terminen sus deberes…», expone. «Conocer el grupo de amigos con los que salen —que sean sanos y con criterio—» y que hayan demostrado «capacidad de negociar, satisfaciendo las preocupaciones de los padres» son otras señales que pueden ayudar a los padres para determinar el nivel de permisividad con sus hijos.

Consejos para los padres

Silvia Álava es clara: «Si dejas que tu hijo salga, le dejas con todas las consecuencias. No le llames cada diez minutos para ver dónde está y si está bien«. La experta recomienda a los progenitores «no cambiar sus planes porque los hijos salgan».Campanadas y preuvas en Sol 2019: horarios de Metro, Cercanías, autobuses y accesos

Respecto a la hora de regreso a casa, Álava insta a «ser razonable» y a tener en cuenta que es «una noche especial» para aplicar «más margen». Si bien sí sugiere «informarse de hasta qué hora dejan al resto de amigos» y recomienda cerrar con antelación la forma en la que volverán a casa (taxi, metro, bus, coche…).

Para quedarse tranquilos, una opción de los padres de adolescentes menores es «acompañarlos al lugar de celebración», en caso de que la fiesta sea en casa de un amigo, «y así aprovechar, por educación, para saludar y agradecer a los padres».

Luis de la Herrán añade que los padres deben «mostrar autoridad —marcando límites y confiando— y no autoritarismo —forzar normas sin explicaciones—». Además, deben ser «modelos de lo que piden a los hijos», por ejemplo con el tema del alcohol o el tabaco, y «estar en contacto con otros padres de los amigos de los hijos» para casos necesarios. 

Fuente: Diario 20Minutos

Vídeo ¿Cómo elegir los juguetes según la edad?

¿Cómo elegir los juguetes según la edad? Colaboración con El Corte Inglés

#ViernesDePodcast Pautas para que los niños aprendan a tolerar la frustración

Esta semana hablamos con Cris Moltó sobre pautas para que los niños aprendan a tolerar la frustración en Capital Emocional, de Capital Radio

Escucha el programa completo en Capital Emocional

Si quieres darle la paga a tus hijos, esta es la forma correcta de hacerlo. Colaboración con TELVA

No le premies con dinero por cumplir con sus obligaciones

Por Miriam Mascareñas

Hace unos días, se desvelaba que la Princesa de Asturias y su hermana, la infanta Sofia, reciben una paga mensual de 30 euros que, entre otras cosas, emplean en comprar los regalos de cumpleaños de sus sus amigas. Además, supimos que las hermanas habían utilizado parte de este dinero en regalar un anillo de Karen Muller a su madre, la reina Letizia. Y tú, ¿le das la paga a tus hijos? ¿Tienes claro cómo hacerlo para enseñarle a administrar lo que tiene? La experta nos da las claves.

¿DEBO DARLE LA PAGA A MIS HIJOS?

Este es, sin lugar a dudas, uno de los grandes dilemas de los padres: ¿debo darle la paga a mis hijos?, ¿cuánto dinero les asigno?, ¿le doy a demanda? La psicóloga infantil Silvia Álava Sordo, autora del libro Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia (de 6 a 12 años) (JdeJ Editores) está a favor de hacerlo, pero en su opinión hay que cumplir una serie de «requisitos» sino queremos equivocarnos porque, en palabras de la experta: «Un niño con demasiado dinero es más propenso a meterse en problemas«.

En primer lugar, hay que pensar en la la cantidad de dinero que le daremos a nuestros hijos y para ello debemos fijarnos en en las necesidades del niño. Es importante no darle más dinero del que necesite para el plan que van a realizar o de la necesidad puntual que puedan tener, por ejemplo, comprar el regalo de cumpleaños de un amigo.

En cambio, cuando son más mayores y comienzan a salir con sus amigos, Silvia Álava Sordo explica que podemos establecer una cuantía semanal o mensual fija de forma que los niños aprenderán a administrar su dinero. «Si les damos la paga según el dinero que demanden, no aprenderán a distribuir los gastos. No es positivo enseñarles a vivir por encima de sus posibilidades», añade la psicóloga.

EL DINERO NO ES UNA RECOMPENSA

Aunque la paga debemos darla cuando los niños han cumplido con todas sus obligaciones, el dinero no debe ser una recompensa o refuerzo positivo por las buenas prácticas, es decir, no debemos premiarles con dinero cuando hacen su cama, recogen sus juguetes o terminan los deberes. Como explica Silvia Álava Sordo, los niños deben comprender que por estos buenos comportamientos recibirán aprobación y atención, por ejemplo, jugando con ellos o haciendo actividades de ocio en familia.

FUENTE: Telva.com

Esto es lo que pasa cuando los niños crecen sin límites. Colaboración con La Vanguardia

El aislamiento social o la falta de autocontrol son sólo algunas de las consecuencias

Por ROCÍO NAVARRO MACÍAS

Casi sin darnos cuenta, a los niños las normas y limitaciones les vienen marcadas casi por el nacimiento. Modelar sus necesidades de sueño, comida y juego según los ritmos de la casa es una de las primeras formas en que se enfrentan a las normas. Es algo que obedece a un dictamen social, por el que se consigue que la vida en comunidad tenga éxito.

A medida que el niño crece, la situación respecto a los límites se vuelve más compleja. Aparecen otro tipo de emociones, y descubren la empatía, algo esencial para trazar las reglas de comportamiento desde el respeto a los demás. Todos los expertos coinciden en que poner límites a ciertos conductas es esencial. “Vivimos en una sociedad tremendamente difícil, que tiene sus normas. Si no las siguiéramos, generaríamos situaciones incómodas a nivel social”, expone la psicóloga Silvia Álava. En su libro Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron. (J de J editores), cuenta que “los niños necesitan normas y límites, y cuando no los tienen, están muy perdidos, no saben qué es lo que tienen que hacer, qué es lo que se espera de ellos, y tampoco saben qué camino deben elegir”.

Autocontrol

¿Por qué son necesarias las normas?

Sin embargo, no todas las formas de establecer límites son válidas para fijar las pautas en lo que se imaginan como comportamientos deseables. Existe algo así como las “normas o límites saludables”, algo que permite al niño actuar desde el respeto, pero sin acotar su desarrollo. “Tan mala es la ausencia total de límites como que tengan muchos. Necesitan explorar, descubrir, inventar… todo esto implica cierto nivel de riesgo. Si limitamos (su conducta) tanto que los niños entienden que todo lleva unas normas que no se pueden pasar, estamos coartando su propio desarrollo”, comenta Abel Domínguez, psicólogo y director de Domínguez psicólogos. Encontrar el equilibrio y evitar transmitir frustraciones son dos aspectos fundamentales para establecer unos buenos límites.

La sociedad funciona en torno a las normas. Las hay para evitar peligros, pero también de convivencia, y conocerlas –por ejemplo al llegar a un sitio nuevo–, genera seguridad. De la situación contraria se derivaría un estado de frustración. “Los niños sin límites se frustrarán a nivel social en el futuro, porque nada más salir de su casa se encontrarán con ellos: por ejemplo si intenta quitarle el balón a un compañero y no le deja, o que los profesores le insten a reducir su movimiento en clase… El pequeño será mucho más infeliz en el futuro por esa frustración a nivel social”, analiza Domínguez.

La sociedad funciona en torno a normas; los niños sin límites se frustrarán a nivel social en el futuro

En algunos casos, los padres dudan respecto a establecer límites pesando que ello tendría consecuencias negativas en el desarrollo de sus hijos. “Las normas y los límites no anulan, simplemente ayudan a adquirir autocontrol, algo necesario en la vida. Les estamos diciendo a los menores qué se puede hacer y qué no”, apunta Álava.

De hecho, si un niño creciese sin conocer ninguna restricción a su conducta, el desenlace podría ser fatal. “Si evoluciona sin que se los pongan se puede convertir en un sociópata, que no tenga en cuenta los deseos y derechos de los demás y busque solo satisfacer su hedonismo”, advierte Domínguez.

Cuándo y cómo imponerse

Normas “saludables”, y en su justa medida

De nada sirve tener una larga lista con lo que puede y no puede hacerse, ya que incluso puede ser contraproducente. “Los límites tienen que ser muy pocos, breves y adecuados a la edad. Muchos coartarían la libertad del niño. Es fundamental que se hable de cosas muy básicas y genéricas”, recomienda Álava, que recuerda cómo cada vez que se ponga una norma hay que explicar su razón de ser. Además, todos estas reglas deben ser coherentes con los comportamientos que perciben los pequeños. “Ordenar e imponer como adultos no funciona, hay que hablar siempre desde el razonamiento”, continúa.

Regular el comportamiento de los niñoses una tarea a la que conviene dedicarse casi desde su nacimiento. Aplicar normas de forma consciente es algo que debe introducirse desde muy temprana edad. “Cuando todavía no hablan, los bebés cogen las cosas o las quitan mientras juegan, y es un buen momento para explicarles que hay que pedirlas. Lo que no tendría sentido es castigar a un niño de dos años porque no ha pedido algo”, cuenta la psicóloga.

En torno a los cuatro años, cuando tienen la empatía más desarrollada, es momento de introducir reglas desde otra aproximación. “Podríamos invitarlos a pensar en lo que no les gusta que le hagan a ellos para que sean ellos mismos quienes vayan regulando sus conductas”, añade.

“Imponer no funciona; cada vez que se ponga una norma hay que explicar su razón de ser”

SILVIA ÁLAVA Psicóloga

Para quienes tienen dudas sobre cuándo aplicarlas, Domínguez alude a una circunstancia inequívoca: “Cuando comienzan a tener una idea de quiénes son y memoria para recordar lo que querían, va a aparecer la frustración; ese es el momento de empezar a ponerles límites”.

No es lo mismo imponer que invitar o razonar una norma. Las exigencias transmitidas desde la agresividad, de forma brusca o negativa van a generar rechazo en el pequeño. “Los límites siempre se deben comunicar en positivo, con las normas establecidas de antemano, no cuando ha surgido un problema”, recomienda Silvia.

Plantearlas como algo que nos ayuda a todos a tener una convivencia mejorará la aceptación del quien las recibe. Asimismo, Domínguez invita a recordar en la misma frase que se establece la norma que los niños son queridos y válidos: “Así les ayudamos a diferenciar cómo son de lo que están haciendo”. Es una forma de evitar que se identifiquen con su comportamiento. “Con los adolescentes hay que introducir sentimientos para que adquieran una cultura emocional. ‘Estoy defraudado con esto que has hecho y te agradecería que no lo hicieras’ u ofrecer alternativas a conductas que han desarrollado”, continúa el psicólogo.

Un proceso natural

Vencer la frustración

Cuando se acota un determinado comportamiento, lo normal es que la frustración aparezca. Si a un niño se le limita la parcela de lo que él todavía no conoce como algo aceptado,es natural que surjan emociones relacionadas con la tristeza o el enfado. “Este fenómeno hay que afrontarlo con la mayor de las naturalidades. En nuestro día a día todo el mundo experimenta frustración, satisfacción, alegría o tristeza. Es una oportunidad y obligación como padres preparar al niño o joven y enseñarle a gestionar la frustración”, insiste Domínguez.

Se trata de un proceso por el que aprenderán a autorregularse. No obstante, Álava alerta de que en ningún momento hace falta poner un castigo ejemplar, sino exponer las consecuencias lógicas, tanto a nivel conductual como emocional, si la norma no se sigue. “Nunca es necesario para que el niño aprenda ni hacerle sentir mal ni insultarle. Por ejemplo, si nos ha faltado al respeto podemos comentarle: ‘Espérate un ratito a que se me pase, porque me has hecho sentir mal’. Pero en ningún momento hay que castigarle”, explica la especialista.

“Es una oportunidad y obligación como padres preparar al niño y enseñarle a gestionar la frustración”

ABEL DOMÍNGUEZ Psicólogo

Por otra parte, si se quedan muy enganchados a la tristeza o a la frustración por la limitación, se le puede ayudar a explorar las opciones que tienen. “Cuando son más mayores se tienden a comparar con otros niños –con alegaciones como ‘A mi amigo le dejan hasta las 10 y a mí no’–, y hay que frenarles; se les puede ofrecer una visión más global, con pautas y argumentos para que puedan equilibrar esa frustración”, finaliza Domínguez.

FUENTE: Diario La Vanguardia