Campamento de verano para nuestros hijos: ¿sí o no? Colaboración con EuropaPress

Por qué has de hablar con los niños de dinero (y cómo hacerlo más fácil). Colaboración con La Vanguardia

Educar en el esfuerzo que cuesta ganarlo es fundamental para que entiendan su valor.

Por Rocío Navarro Macías.

La escena es la siguiente: un niño ante una máquina de bolas que llega a la rabieta hasta que sus padres le dan un euro para conseguir una de ellas. Una vez abierta, la sorpresa es desechada casi de inmediato por el pequeño porque no está a la altura de sus expectativas. Sin embargo, al rato vuelve a pedir dinero para sacar otra. Este sería un buen momento para tener con él una conversación sobre el valor del dinero. A lo largo de su vida, los niños van a recibir mensajes monetarios de muchas fuentes diferentes, ¿no sería una buena idea que los padres se establezcan como la referencia en este aspecto? De esta forma es posible proporcionarles también un marco ético y de buenas conductas sobre la economía diaria.

“El dinero por sí mismo no es algo especialmente amable ni bonito. Los niños no deberían preocuparse por poseerlo o ahorrarlo, sino entender la responsabilidad que implica tenerlo y gastarlo. Hablar de economía y de dinero con los niños también es hacerlo de valores: responsabilidad, justicia social, solidaridad”, comenta Montse Junyent, economista y autora de libros como ¿Cuántas raíces de frambuesa necesitas para ser feliz? (Comanegra), que explica las crisis económicas a los niños.

¿Cuándo comenzar?

Los niños son grandes observadores y desde muy pequeños comienzan a ser conscientes de que sus padres utilizan el dinero como moneda de cambio por cosas. Junyent apuesta por no introducir estos temas hasta que se interesen. “Pienso que lo ideal sería que vivieran sin saber qué es el dinero ni preocuparse por este tema. Pero esto es muy difícil porque es algo que está muy presente en nuestra vida y ellos muy pronto preguntan. Entonces es cuando debemos empezar a tratarlo, no antes”.

De hecho, un estudio de la Universidad de Michigan descubrió que los niños de tan solo cinco años ya tenían reacciones emocionales distintas al gastar y ahorrar que se traducían en conductas de gastos reales. “Aunque se trata de un concepto muy abstracto para niños de educación infantil, sí que hay que inculcarles el valor del dinero, que las cosas cuestan y suponen un esfuerzo”, indica la doctora en psicóloga clínica y de la salud Silvia Álava. “A partir de los seis años, saben contar y pueden comprenderlo más. Pero esto no implica que antes, no se lo estemos diciendo”, continúa.

La forma en la que la economía se introduce a un niño es clave para su relación con el dinero en el futuro. Un enfoque neutro, en el que no se ligue este concepto con emociones positivas o negativas, evitará que en el futuro surjan sentimientos de culpa o ansiedad derivados por los hábitos de gasto. “Deben percibirlo como algo necesario, pero sin darle una importancia excesiva”, cuenta Junyent. “Hay que educar en el valor del dinero sin transmitir presión o preocupación por si falta y a la vez compartir con ellos este tema como un asunto familiar en el caso de que se esté pasando por dificultades económicas”, comparte Álava.

Entre las claves para mantengan una relación saludable con el dinero, hay que hacerles ver que no se trata de un fin en sí mismo, ni convertirlo en un objeto de deseo. “Tenemos que transmitir que es un medio para conseguir objetivos nobles, que trabajen para el bien común, pero no debe ser un objetivo en sí mismo. Ganar mucho dinero no debería ser la finalidad de la vida de una persona, sino conseguir una vida digna, satisfactoria y plena; y el dinero es el medio para conseguirlo”, comenta Junyent.

Asimismo, la economista habla de cómo conocer el valor de las cosas y el dinero puede derivar en un consumo responsable. “Si saben el esfuerzo que supone tenerlo, serán más cuidadosos en gastarlo. También pueden aprender a entender la sobriedad no como una renuncia, sino como un estilo de vida que aporta mayor satisfacción que el consumo desmesurado”.

Hablarles desde la práctica

Lo más fácil y divertido para los niños es tratar el tema desde la práctica. “Desde que son pequeños, aunque no conciban los conceptos abstractos, sí que les podemos decir: mamá o papá va a pagar porque ha ido a trabajar y por eso tiene dinero”, comenta Álava.

Junyent propone, asimismo, hacerles partícipes de aquellas actividades que realizamos en el día a día como hacer la compra o ir al banco. “A los niños les cuesta entender cuál es la función de estas organizaciones. Como padres nos podemos encontrar diciendo a nuestro hijo que no podemos comprar aquello que nos pide porque no tenemos dinero y él respondernos que vayamos al cajero a buscar más. Entonces tenemos que explicarles que esta máquina no reparte dinero, sino que sólo nos lo da si antes lo hemos depositado”.

Además, en estos hábitos cotidianos se puede animar a los niños comparar precios o dejarles pagar pequeños importes. “También permitirles que participen en la planificación de los gastos de un viaje u otras actividades que se hagan en familia”, propone Junyent.

Cuidado con los premios

Al igual que se debe abordar la relación con el dinero desde un punto de vista neutro, sin etiquetarlo con emociones, tampoco debe utilizarse para premiar. “A veces, con la voluntad de educar en la responsabilidad y el valor del dinero, podemos caer en el error de premiar con él buenos resultados escolares o la ayuda en las tareas de la casa. No deberíamos vincular el dinero con comportamientos meritoriosporque entonces enviamos el mensaje de que todo tiene un precio y de que todo se realiza por dinero, no por la satisfacción y el mérito de hacer las cosas bien”, indica Junyent.

Una niña introduce una moneda en una hucha ante la presencia de su padre. vadimguzhva / Getty
Una niña introduce una moneda en una hucha ante la presencia de su padre. vadimguzhva / Getty

Muchas veces es la condescendencia de los padres la que puede generar mensajes confusos en cuanto al valor del dinero. “Se escucha a muchos padres decir sobre sus hijos adolescentes ‘me da pena porque tienen poco dinero y deben elegir entre ir al cine y palomitas o ir al cine y merendar’. Pero se trata de un aprendizaje vital. En la vida hay que aprender a elegir y ellos deben ser conscientes de que el dinero es limitado”, explica Álava. Para ello, la experta recomienda introducir prácticas como darles una pequeña paga o el ahorro.

“Algo que les ayuda a valorarlo es una propina, a partir de los ocho años, por ejemplo. Que ellos aprendan a gestionarlo a través de pequeñas transacciones del día a día. Es muy curioso, porque cuando se trata de su propio dinero, se piensan dos veces antes de pedir algo”, añade la psicóloga, que advierte de la necesidad de ser realistas con el dinero que se les da. “Debe ser poco. Que tengan que aprender a ahorrar si quieren algo que cuesta más”.

Una pequeña paga, a partir de los ocho años, permite que aprendan a gestionar el dinero y a ahorrar

FUENTE: LaVanguardia.com

7 maneras de enseñar a los niños a trabajar la resiliencia de forma proactiva. Colaboración con PadresyColegios.com

Seguro que todos conocemos a personas que han vivido una situación adversa, o incluso traumática y que en lugar de hundirse han salido más fortalecidos de la misma. Eso es lo que se llama Resiliencia.

La resiliencia es un término que viene de la física de los materiales: es la capacidad de un material mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. Cuando nos referimos a los humanos, la resiliencia es la capacidad de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado de situación adversos. Lo interesante es que se han estudiado los mecanismos de resiliencia y podemos enseñar a las personas a crecer y a superarse ante la adversidad y además es algo que podemos hacer desde que los niños son pequeños. No hablamos de resiliencia como una capacidad estática, sino como “procesos resilientes” que abarcan múltiples factores, que se pueden entrenar.

¿Cuándo se empieza a desarrollar la capacidad de resiliencia?

La resiliencia es una capacidad que se empieza a desarrollar desde la más tierna infancia. Y para ello es necesario que los padres fomenten un apego seguro en los niños. Es decir, los niños tienen que haberse sentido queridos, valorados, amados… siendo sus padres sus figuras de referencia y de seguridad, pero fomentando en todo momento la autonomía y la seguridad personal. Los apegos inseguros que se basan en vínculos de dependencia son enemigos del correcto desarrollo de las capacidades de resiliencia.

La sobreprotección, como hemos comentado en otras ocasiones, también es un enemigo del correcto desarrollo de los procesos resilientes. Cuando el niño apenas se tiene que esforzar para conseguir sus objetivos, cuando están “súper papá” y “súper mamá” pendientes de todo y a la mínima contradicción resuelven el problema, o no les decimos que no para evitar que se frustren, estamos impidiendo que desarrollen resiliencia. Hay que enseñar a los niños a ser autónomos y seguros, a que cuando tienen un problema, o una situación adversa intenten primero resolverla ellos, y solo, si no pueden, pedir ayuda. Siempre desde el acompañamiento el amor y la ternura, pero sin caer en la sobreprotección.

Consejos para fomentar la resiliencia en los niños

  • Promueve su autoestima. Tener una autoestima positiva ayudará a tener una mayor confianza y seguridad a la hora de enfrentarnos a los golpes de la vida.
  • Fomenta las relaciones personales que generen seguridad y reconocimiento. Sabemos la importancia de las amistadas para mitigar los efectos negativos de la adversidad. Tener amigos con los que desahogarse, y ventilar nuestras emociones, que nos escuchen de forma activa, sin juzgarnos y sin decirnos lo que tenemos que hacer.
  • No busques culpables a sus problemas. Céntrate en ayudarles a encontrar de forma conjunta la solución. El victimismo es el mayor enemigo de la resiliencia.
  • Enseñarles técnicas de control de la ansiedad y el estrés también es necesario. De esta forma, tendrán recursos para poder sobrellevar situaciones desagradables del día a día, o los golpes de la vida.
  • Los estresores, las situaciones adversas de la vida se pueden interpretar como amenazantes o como motivadores. Muchas veces estamos interpretando situaciones estresantes de la vida cotidiana como amenazantes lo que genera una emoción de miedo y una respuesta de ansiedad. Se trata de aprender a utilizar la energía de dicha emoción para superar la situación, no para quedarnos bloqueados en la misma.
  • Fomenta un “locus de control interno”, esto significa: pon le foco en lo que tú puedes hacer, no en lo que los demás hacen o dejan de hacer. Se trata de que los niños comprendan que son ellos quienes deciden y quienes dirigen su vida.
  • Fomenta la responsabilidad. No asumas sus responsabilidades. Hay que enseñar a los niños a ser responsables y para ello hay que estar a su lado acompañando para enseñarles a hacerlo, no para resolverles las situaciones. Además, tienen que aprender a asumir las consecuencias de sus actos, tanto las positivas como las negativas.

FUENTE: PadresyColegios.com

Colaboración en DigCitSummitES: familia y tecnología. En la Fundación Telefónica

¿Qué es lo que realmente nos preocupa a los que educamos en tiempos de Internet? ¿Tiempo de pantalla, adicción, distracción, contenidos inadecuados, sobreexposición, impacto sobre aprendizaje, relaciones desvirtuadas?

En este encuentro, reflexionaremos sobre todos estos temas junto a un completo grupo de expertos.

Os adjunto el corte de mi participación:

Y unas fotos del evento:

Toda la información en http://digcitsummites.com/asi-fue/

Falda o pantalón: las alumnas de un colegio concertado piden poder llevar pantalón como medida de igualdad. Colaboración con el diario El Mundo

Por RAÚL BARRÓN

A muchas de las chicas del Santa María de la Hispanidad no les gusta llevar falda al colegio. Cuando corre el aire, tienen que estar pendientes de que no se levante. Cuando se sientan, lo hacen preocupadas. En ocasiones, se sienten incómodas y observadas. Saben, que algunas de sus amigas odian la prenda, las acompleja físicamente. Además, no pueden correr de una manera cómoda y pasan frío.

Un total de 367 de 550 de los alumnos del colegio Santa María de la Hispanidad, de entre 11 y 16 años, están de acuerdo en que las chicas puedan elegir como prenda para su uniforme un pantalón. Así se lo hicieron saber en una carta con sus firmas a la dirección del colegio, situado en el distrito de San Blas-Canillejas. En el escrito reivindican «la opción de vestir aquello que consideren más cómodo y acorde a los tiempos».

Las alumnas consideran que se trata de un comportamiento sexista, ya que se relaciona un tipo de prenda con un género.

La dirección del colegio aceptó la propuesta de manera parcial, modificando la falda a falda-pantalón. La razón del cambio fue, según el director del colegio, que «debe de mantenerse la diferencia de género en el uniforme». La medida, sin embargo, se tornó insuficiente para las alumnas.

«Cada vez son más los colegios que se modernizan y más los padres que buscan un colegio más igualitario y que no marque la diferencia de sexo de los alumnos, sino la diferencia de unos valores distintos y mejores, que el propio niño pueda ir formando para que pueda ser en un futuro una persona coherente y favorecedora para su entorno, siempre y cuando no falte la responsabilidad y el respeto», denuncian en su misiva.

En la Comunidad de Madrid, el uniforme está presente en el 20% de los cerca de 800 centros públicos. Los privados y concertados tienden a utilizarlo, pues la decisión es autónoma de los centros educativos.

La experiencia en otros colegios

El colegio Monte de El Pardo de Madrid es uno de los que ya adoptó esta medida, tal y como se exponía en un reportaje en El Mundo, que permitía elegir entre falda y pantalón a las niñas. Los padres apostaron por el uniforme por comodidad y para dejar menos en evidencia las diferencias socioeconómicas de las familias.

Respecto al análisis de la decisión, la jefa de estudios del Colegio, Victoria Valero explicaba a El Mundo: «Lo que ocurre, en la práctica, es que las pequeñas van con pantalón, porque es más cómodo, pero las mayores, las de 10 u 11 años, prefieren venir con falda».

El reportaje también analizaba la cuestión desde el punto de vista psicológico.»Los uniformes tienen cosas positivas y negativas», sintetizó la psicóloga Silvia Álava. «Nos sirven para homogeneizar el grupo y que todos los estudiantes se sientan iguales, y también para evitar comparaciones que surgen en estas edades con las marcas. Es verdad que ayudan a dar un sentido de pertenencia al grupo, de equipo y de unidad al que lo lleva, como ocurre con los uniformes de trabajo. También tienen un componente de comodidad… Pero la parte negativa es que evitan la diferenciación del individuo, que también es importante para el desarrollo de la personalidad».

FUENTE: Diario El Mundo

¿Espiar o no espiar a tus hijos en internet? Una interesante cuestión. Colaboración con Empantallados.com

¿TENGO QUE ESPIAR A MIS HIJOS EN INTERNET?

Esta es una pregunta muy habitual que nos hacen los padres, tanto en las sesiones de psicología, como cuando damos formaciones o conferencias específicas sobre infancia e Internet.

¿Qué significa espiar?

Espiar según la RAE es “observar secretamente algo o a alguien”, es decir implica que la otra persona no se entere. Los psicólogos no aconsejamos espiar a los hijos en Internet, pero tampoco aconsejamos dejarles absoluta libertad sin vigilar lo que están haciendo.

¿Cuál es entonces la forma correcta?

Formar, educar en el correcto uso de Internet.

  • Si cuando los niños son pequeños les enseñamos a cruzar correctamente la calle, no les dejamos que vayan solos por la calle, sino que les vamos acompañando y cada vez dándoles una mayor autonomía, con Internet igual. Ningún padre o madre daría un cuchillo a sus hijos sin haberle enseñado a utilizarlo y sin cerciorarse que está preparado para utilizarlo sin correr ningún peligro. Con Internet tendríamos que hacer algo parecido.
  • Se trata, entonces, de formar a los niños desde que son pequeños en el uso correcto de lnternet. Que lo utilicen cuando los adultos están delante, que veamos en qué webs navegan, que conozcamos en todo momento el historial de visitas… pero hacerlo delante de ellos, no como “espías”, sino como parte de su educación y de su formación. Sabemos que existen páginas muy poco recomendables para los menores, páginas que hacen apología de la anorexia y la bulimia, que enseñan y muestran cómo autolesionarse o que incluso incitan al suicidio. Hay chicos y chicas que son más sugestionables y que por ello pueden ser más susceptibles de caer en estas conductas tan poco saludables.
  • El discurso de “Internet es malo” no funciona ni con los niños ni con los adolescentes, porque además no es cierto. Es verdad que Internet entraña peligros, pero también tiene muchas cosas positivas, por ello hay que mostrar, educar y formar a los hijos en su correcto uso.

¿Por qué hacen cosas tan ‘inexplicables’?

Hace poco se publicaba la noticia de que habían sido intervenidas determinadas cuentas en redes sociales porque 110 niños de entre dos y 13 años subían fotos y videos con actitudes eróticas y según la policía el 99% de los padres no lo sabían. En la mayor parte de las ocasiones los menores solo buscaban adquirir notoriedad y likes en sus cuentas.

Por eso es tan importante hablar con los hijos y trabajar que tengan una buena autoestima en su mundo real, para no depender de la aprobación de los demás a través de una plataforma. Es más, muchas veces nos encontramos casos de chicos y chicas aparentemente muy populares en las redes con un gran número de seguidores que en realidad tienen grandes problemas de seguridad personal y autoestima. Eduquemos a los hijos para que entiendan que la vida es mucho más que una pantalla.

¿PATRIA POTESTAD «DIGITAL»?

Por Sonsoles Vidal, abogada de menores

Hemos olvidado que la patria potestad constituye la institución básica «de orden público» del orden socio-familiar.

  • Lo que significa que se trata de un derecho-deber de los padres de carácter obligatorio, es decir, irrenunciable, imprescriptible e intransferible.
  • Por eso la ley otorga a los padres auténticas potestades respecto de sus hijos, bien sean menores de edad o mayores incapacitados, para que las ejerciten en beneficio de los mismos, con la única finalidad de asegurar el cumplimiento de los deberes que incumbe a los padres respecto del sostenimiento, educación, formación y desarrollo en todos los órdenes de sus hijos («entorno digital» incluido).

La opinión pública se empeña en hacernos creer que este derecho-deber de los padres colisiona con el derecho fundamental a la intimidad personal de los hijos, que comprende la inviolabilidad de la correspondencia y el secreto de las comunicaciones.  Sin embargo, el mismo cuerpo legal que recoge estos derechos añade «el deber de los padres de respetar y proteger frente a los posibles ataques de terceros¹».

¿Dónde está el límite entonces?

Por un lado, en la ponderación del «interés superior del menor», cuyos elementos han de considerarse pertinentes, necesarios y proporcionados, de modo que la medida que se tome en interés del menor no restrinja o limite más derechos de los que ampara².

  • Y por otro lado, en el «interés de los padres», a quienes corresponde el deber de velar por los hijos, pues responderán solidariamente con ellos de los daños y perjuicios que causen, salvo que acrediten no haber favorecido la conducta del menor³.
  • En consecuencia, no puede exigirse a los padres la obligación de velar por sus hijos y al mismo tiempo desposeerles de su derecho-deber de control cuando lo consideren pertinente en pro de su educación, formación y desarrollo en el «entorno digital», un espacio especialmente vulnerable por falta de regulación.

Vigilar no es espiar, sino diligencia de los padres en su tarea educativa. El sentido común requiere conocer las amistades virtuales de nuestros hijos, supervisar del espacio digital en que se desenvuelven, informarse del contenido de los videojuegos que les compramos, delimitar el acceso a Internet… 

CONSEJOS DE EMPANTALLADOS
  1. Ayúdate de controles parentales cuando tus hijos son más pequeños. Uno de los más usados es Qustodio, que te ayudará a supervisar la actividad de tu hijo online.
  2. Conoce algunos de los ‘trucos’ que tu hijo utiliza para que no sepas por donde navega en internet, como borrar el historial o navegar de modo incógnito.
  3. Establece algunas normas, antes de entregarles una pantalla. Este contrato puede servirte de pauta para tratar lo más importante. Deben demostrar de algún modo que saben respetar unas normas de educación, de acceso a contenidos, de desconexión… y que sino habrá que volver a empezar.
  4. Edúcales para que tengan una sana autoestima y que no tengan que depender de los likes de sus redes sociales. Habla con ellos sobre el valor de su intimidad, y la diferencia entre poder contar algo y tener que contarlo.
  5. Conoce sus contraseñas.Janell Burley, autora del libro iRules, utiliza una esta metáfora que te puede servir: igual que la puerta del cuarto de tu hijo puede estar cerrada, pero no permitirías que estuviese cerrada indefinidamente… no permitas que tus hijos tengan contraseñas de acceso a sus dispositivos o haz que sean algo compartido contigo.
  6. Acompáñales cuando están empezando, en sus primeras publicaciones en redes sociales o cuando navega por internet. Acuerda con ellos seguir sus perfiles en redes sociales (sin comentar, para no avergonzarles delante de sus amigos).
  7. Y sobre todo… ten en cuenta que la mejor educación es la que consigue que interioricen pautas, de tal modo que hagan lo mismo sin importar si tú estás ahí como si no estás.

FUENTE: empantallados.com

Sustractores de menores: «psicópatas» y «egoístas» Colaboración con el diario ABC

Por Érika Montañés @emontanes y María Lozano

Los secuestros parentales son más frecuentes de lo que parece y casos como el de Jesús López se repiten constantemente. De hecho, según explicó Chema López –expresidente de la Asociación Contra la Sustracción Internacional de Menores (ACSIM)– a ABC,  cada día se produce una sustracción parental internacional en España.


Él  sufre todavía el secuestro de su hija que todavía no está resuelto. Su exmujer se la llevó a Kirguistán, su país de origen, hace ya siete años.Gorka Díaz es otro de los padres afectados. La que era su mujer decidió volver a su tierra natal (Uruguay) después del divorcio, llevándose a su hijo con ella en 2014. Cinco años después está arrestada y con fines de extradición

Entre las razones que llevan a uno de los progenitores a secuestrar a los menores se encuentra «tomarse la justicia por su mano». Además, suele haber una «falta de empatía por parte del sustractor hacia la expareja y hacia el niño», aclara Silvia Álava, doctora en Psicología Clínica y de la Salud. 

Chema López señala que todos los sustractores tienen un perfil bastante común. «Son personas muy egoístas que piensan que todo les pertenece. Algunos rozan la psicopatía y otros la traspasan. El objetivo del matrimonio para ellos en principio fue por otros motivos y cuando se disuelve, una manera de hacer daño por no haber conseguido esos objetivos es utilizar a los hijos», explica. 

Aunque admite que generalizar es un error, señala que la cultura del sustractor influye. «Hay culturas, como la soviética, que son más proclives a cometer la sustracción que otras porque piensan que es la madre quien debe tener a los hijos y se los llevan. En la musulmanason los padres los que se suelen sustraer a los menores porque creen que son de su pertenencia. 

Además, Emiliano Antonio Medina -actual presidente de ACSIM- añade que cada vez llegan más casos a la asociación de padres que han sufrido el secuestro de sus hijos siendo la sustractora una mujer de procedencia latinoamericana. 

El Ministerio de Justicia establece que un progenitor está en riesgo de sufrir una sustracción parental si el niño es menor de 16 años y la pareja está en una situación de conflicto.

FUENTE: Diario ABC

«Hay que crear un vínculo de seguridad, no de dependencia» Colaboración con El Faro de Vigo

«Si le gritas al niño le estás transmitiendo un modelo incorrecto. ¿Cómo pedirles que regulen sus emociones si yo no sé regular las mías?», expresa la Doctora en Psicología Silvia Álava, que en septiembre impartirá un taller sobre inteligencia emocional en el aprendizaje en el Foro de Educación de Faro de Vigo.

Por SELINA OTERO

En qué se les nota a los niños y niñas que echan en falta tiempo con sus progenitores en el día a día?

Puede ocurrir varias cosas, va a depender mucho de las características de personalidad de cada niño. Hay niños que lo demuestran más porque están más tristes o alicaídos, sin ganas de hacer cosas y niños cuyas llamadas de atención van a ir más por el camino de dificultades de conducta, portándose un poco peor, negándose a hacer algunas cosas, cuestionando a los padres… Incluso a veces con respuestas más agresivas

¿Cómo se puede paliar?

Yo creo que lo primero es parándonos a observar. Quizás lo más fácil es aumentar el tiempo, pero esa opción a veces la tenemos y a veces no la tenemos, depende mucho de nuestra situación a nivel laboral o social. Podemos tener un familiar en el hospital. Qué es lo que hace o dice nuestro hijo o hija porque ahí vamos a tener muchas pistas y a darnos cuenta de qué reclama ese niño o niña. Porque a veces tenemos una época en la que estamos menos tiempo con ellos y ni siquiera les hemos dado una explicación. Si hay una enfermedad de un familiar, pues habrá que explicar que el abuelo, el tío o el primo, quien sea, está enfermo. Yo tengo que estar tiempo en el hospital. Entiendo que me vas a echar de menos, que te gustaría hacer más cosas con mamá o con papá pero no pueden. O entiendo que te gustaría que tus padres te fuesen a buscar al colegio, pero no pueden porque están trabajando. Vamos a llegar a un acuerdo. Es bueno que hagas las tareas solo para que cuando yo llegue a casa podamos ponernos a jugar o algo que a ti te apetezca. Porque pueden intentar no hacerlos para que luego les ayudes al llegar.

El niño necesita su tiempo de juego y dirigirlo él mismo. No es bueno que esté todo el día con actividades guiadas. Llegará un momento en que dirá: ¡me aburro!

Que tengan actividades extraescolares hasta tarde, ¿puede ser negativo?

Va a depender mucho de las variables de cada niño. Hay niños que necesitan menos tiempo de estudio y pueden dedicar más a actividades extraescolares y hay niños que necesitan más tiempo de horas de estudio. Lo que no puede ser es cargar al niño de tal forma a la tarde que no le quede nada de tiempo libre. Porque también necesita su tiempo de juego y que dirija su juego. No todo el día con actividades guiadas porque eso deriva en que llega un momento que el niño dice: ¡mamá -o papá-, me aburro! Tienen que aprender a entretenerse. Lo que siempre tenemos que hacer es dejar tiempo para el juego. Porque si llegamos a las seis y luego hay que estudiar y luego cenar ya no queda nada de tiempo libre.

¿Y unos padres que tengan la oportunidad de pasar la tarde completa con sus hijos?

Depende de la edad del niño. Cuando los niños son pequeños es mucho mejor el parque que las actividades extraescolares. Necesitan parque y juego con el resto de los niños de su edad. Los niños de infantil, jugando, relacionándose, trabajando la psicomotricidad gruesa subiendo y bajando a los columpios. Eso sería lo ideal.

El problema es que malentendemos la felicidad…

¿Qué preocupa más a los padres cuando van a consulta?

Lo primero que les preguntamos es: ¿qué intentáis conseguir? Y lo que más contestan es: “Que sean felices”, que es precisamente el título de mi libro. Es una cosa que preocupa bastante. El problema es que malentendemos la felicidad. La felicidad es prepararles para la vida, que sean autónomos, que sean seguros, independientes… No encontrarnos con esos niños que están con el : ¡noo! Y frustrados. Y enfadados con el mundo de forma continua.

¿Cómo se crea un buen vínculo desde el inicio?

Hay que estar con el niño pero es fundamental pensar qué hacemos, qué decimos… Al final tenemos que crear vínculos que fomenten la seguridad. Vínculos de apego de tipo seguros, no de dependencia. Evitar sobreprotegerlos. Si estamos muy encima y les hacemos todo: pobre, si no me cuesta nada, ya le preparo yo la mochila, ya le ayudo yo en esto, ya le llevo yo esto… No nos estamos dando cuenta y al final lo que estamos haciendo es que no estén preparados o no les permitimos que tengan un vínculo de seguridad, porque en todo momento dependen de su mamá o de su papá. Tiene que ser un vínculo de respeto, de confianza y de apego… Yo estoy aquí para lo que necesites, pero fomento que vayas haciendo las cosas solo o sola.

Como el polémico tema de los deberes…

Claro, los deberes (si los hay) tiene que hacerlos él solo no sentarnos con ellos. Otra cosa es que vayamos reforzando cada vez que tiene dudas. Pero una duda es una duda puntual en un ejercicio. Un apoyo. Y si hay muchas dudas tendrá que preguntarle el día siguiente al profesor. La clave es acompañar, pero no te lo hago. Te doy una seguridad para que puedas hacerlo solo. Es como el ejemplo que ponemos para andar en bici, quitamos ruedines, te vas soltando.. y luego el niño va solo.

Aprendizaje de las emociones en infantil | FdV
Aprendizaje de las emociones en infantil | FdV

Si tú no sabes muy bien cómo funcionan las emociones en tu cuerpo, por qué estás sientiendo una determinada emoción, cómo utilizarla o cómo regularla es imposible que se lo puedas enseñar a un alumno o a un hijo

¿Tienes muchas consultas sobre gestión emocional?

Creo que hoy en día hemos avanzado mucho en la parte de educar en inteligencia emocional, todas las partes de la emoción del niño.Sabemos que es necesario pero no sabemos cómo hacerlo. Como nadie nos ha enseñado a gestionar nosotros nuestras propias emociones para comprenderlas, para regularlas, es muy difícil hacerlo con los niños. Además, cuando los niños son pequeños se produce una autorregulación emocional: los padres, a través de su conducta, de su modelo, a través de lo que le van diciendo a los hijos son responsables de que los niños aprendan a regular sus emociones… pero si nosotros no regulamos nuestras emociones y además no sabemos cómo hacerlo es difícil poder ser bueno en regulación emocional. Por eso muchas veces cuando trabajamos con la inteligencia emocional de los niños les decimos a los padres, primero tenemos que trabajar con la tuya, para que sepas cómo hacerlo. Incluso cuando vamos a lo coles a impartir talleres de inteligencia emocional primero se imparten a los profes. Porque luego tu cuando vayas a trabajarlo con los alumnos si tú no sabes muy bien cómo funcionan las emociones en tu cuerpo, por qué la estás sintiendo, cómo utilizarla o cómo regularla es imposible que se lo puedas enseñar a un alumno a tu hijo.

¿Cómo evitar ‘perder los nervios’?

No hay que gritar, ni pegar, ni utilizar la conducta agresiva… porque le estás enseñando un modelo al niño incorrecto… te estoy pidiendo que regules tus emociones cuando yo no soy capaz de regular las mías. Pero los primeros que tenemos que aprender a regularlas somos nosotros. Si la madre grita se desregula todavía más. Esto se aprende. Poner nombre a lo que sentimos: cómo lo sientes. Utilizar la emoción a tu favor. Porque al final, no existen emociones buenas ni malas, son información, nos dicen que nos pasa algo. Aprovecharlas para tomar una decisión. Una cosa es la emoción, que es lo que se siente, y otra es la conducta: gritar, por ejemplo, si el niño no obedece.

FUENTE: Faro de Vigo

¿Qué saben tus hijos del porno? Colaboración con El Heraldo de Aragón

Casi el 10% de los consumidores de pornografía en internet tienen menos de 10 años. Los expertos coinciden: el porno en la red está minando la capacidad de muchos adolescentes y jóvenes a la hora de poder desarrollar una vida afectivo-sexual sana y saludable, libre de riesgos y para toda su vida.

Por Lucía Serrano y Noemí Gallego

En la pubertad, entre los 10 y 12 años, la curiosidad por el sexo se dispara. Surgen las dudas, las preguntas, el deseo… ¿Cómo saciar tanta curiosidad? ¿Cómo obtener respuestas rápidas cuando, además, el sentimiento de vergüenza -en muchas familias hablar de sexo sigue siendo un tema tabú- es el que más pesa? La respuesta es obvia: viendo pornografía. Y, con las nuevas tecnologías, visualizar este tipo de contenidos es sencillo y está al alcance de cualquiera: basta con un teléfono móvil. ¿Y qué adolescente no tiene uno? El 30% de los niños españoles ya tiene un ‘smartphone’ a los 10 años y el 70%, a los 12. Desde los dos años, juegan con los de sus padres y tienen acceso a vídeos de Youtube. Y ya se sabe: no hay nada más ‘peligroso’ que un adolescente que busca información fuera de casa.

Muchos ven el porno como una representación realista del sexo

Hagamos una prueba: si buscamos la palabra ‘porno’ en internet, en tan solo 5 segundos, aparecen más de 9 millones de resultados. Demasiada información para un tema tan sensible, de acceso inmediato y en manos inexpertas, que está empezando a generar serios problemas entre los más jóvenes, a la hora de abordar su sexualidad. De hecho, algunos especialistas consideran que nos encontramos ante una verdadera ‘epidemia’ silenciosa y que la sociedad aún no es consciente de lo que está ocurriendo.

Menores de 10 años

Y la teoría se sostiene en cifras. Según el proveedor de ciberseguridad Bitdefender, pese a que las webs piden confirmar la mayoría de edad, casi el 10% de los consumidores de porno en internet tiene menos de 10 años. Y Protégeles, asociación sin ánimo de lucro dedicada a la seguridad de los menores en la red, recalca que el 53,5% de los adolescentes españoles de entre 14 y 17 años suele ver porno en internet, mientras que un 4,1% de los menores de 11 y 12 años recibe contenidos sexuales en el móvil. Pero, hay más. Un estudio reciente de la Universidad de Middlesex (Gran Bretaña) arroja unos datos tan significativos como preocupantes: el 53% de los niños y el 39% de las niñas que reconocían haber visto pornografía, la consideraban como una representación realista del sexo. Y El 39% de los adolescentes de entre 13 y 14 años, y una quinta parte de los niños de 11 y 12 años, querían imitar el comportamiento visto en los vídeos pornográficos.

Evidentemente, los adultos somos conscientes de que esas imágenes distan mucho de la realidad y sabemos interpretarlas, pero un adolescente, no. Y, desde luego, desconocen lo que esta conducta, tan aparentemente inofensiva para ellos, les puede provocar. Además, cuanto más jóvenes son y más extremo resulte el material, mayor intensidad tendrán sus efectos. Si la primera toma de contacto de los adolescentes con el sexo es a través de la pornografía, en un futuro no muy lejano, podemos tener serios problemas, ya que estos contenidos suelen ser violentos, agresivos y muestran a la mujer como un mero objeto sexual, siempre disponible. Y, en este sentido, conviene no olvidar que los casos de violencia de género entre adolescentes están aumentando en nuestro país. Algunas chicas, incluso crean sus propios vídeos de contenido sexual y no pocas ven como algo ‘normal’ el uso de una cierta violencia en sus relaciones, que definen como algo ‘erótico’.

Aumentan los casos de violencia de género entre adolescentes

Por eso, es tan importante que los adultos les hagamos entender que eso que ven, nada tiene que ver con la realidad; debemos quitarle la etiqueta de ‘tabú’ al sexo para que puedan acercarse a nosotros, sin esa vergüenza que, en ocasiones, incluso sin darnos cuenta, les transmitimos. Los padres deberíamos convertirnos en su principal fuente de información; si nos cerramos en banda… siempre estará ahí, aguardando, como fuente accesible, el porno. Por otro lado, se ha demostrado que existe una relación directa entre el aumento de la exposición a imágenes sexualizadas y una actividad sexual precoz, así como con otras conductas de riesgo. Si hay algo en lo que coinciden todos los expertos es en que la pornografía en la red está minando la capacidad de muchos jóvenes a la hora de poder desarrollar una vida afectivo-sexual sana y saludable, libre de riesgos.¿Qué pasará cuando un adolescente aborde sus primeras relaciones y compruebe que no tienen nada que ver con lo que conoce a través del porno?

Debemos quitarle la etiqueta de ‘tabú’ al sexo y hablar

En casa y en la escuela

En 2009, la UNESCO presentó las Directrices Internacionales de Sexualidad, en las que se recoge que la educación sexual ha de ser «tan importante como las matemáticas» y la ONU dice que todos debemos tener acceso a una educación sexual de calidad. Pero, en nuestro país, si bien es cierto que en colegios e institutos se imparten charlas, no forma parte del currículo escolar, como ocurre, por ejemplo, en Alemania, donde la educación sexual se imparte en las escuelas y es obligatoria.

La psicóloga infantil y autora del libro ‘Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia’, Silvia Álava, tiene las claves para mantener una charla interesante sobre educación sexual en familia. Álava insiste en que una buena educación afectivo-sexual les hará sentirse mejor consigo mismos y con los demás, y que es básico que los padres no dejemos nunca preguntas sin contestar. «Si te hacen una pregunta y no les respondes -explica-, pueden pasar dos cosas: que piensen que está mal hablar sobre ello, y no nos vuelvan a contar nada, o que busquen la respuesta en internet». También es conveniente que los padres nos anticipemos y hablemos con ellos antes de la adolescencia, «antes de que su grupo de iguales -sus amigos, por ejemplo- nos arrebate el puesto de héroes y confidentes». ¿Y qué pasa si no sabemos contestar o la pregunta nos pilla por sorpresa? Pues les respondemos con otra pregunta, del tipo: ¿tú que crees? o ¿tú qué sabes? Es la mejor manera de saber qué saben ellos sobre el tema. La psicóloga infantil apuesta por respuestas concretas en lugar de un largo discurso, así como por llamar a las cosas por su nombre, con naturalidad, para no convertir el tema en tabú. Debemos ayudarles sin poner pegas, porque, así, nos aseguramos de que acudan a nosotros, siempre que necesiten resolver alguna duda. Si nos ponemos nerviosos al hablar de sexo, podemos probar a mantener la charla haciendo alguna actividad, juntos. Y, un último consejo, pero no por ello menos esperado: si hemos ‘pillado’ a nuestros hijos viendo porno, es fundamental tratar el tema con naturalidad. «Es muy importante que les expliquemos que pornografía y realidad no van de la mano».

Pantallas seguras

En los institutos, los adolescentes reciben charlas sobre educación sexual para que, cuando tengan su primera relación sexual, utilicen métodos que les protejan, tanto de enfermedades como de embarazos no deseados, pero en la red existen otros muchos peligros. Es cierto que los chavales van por delante de nosotros en lo relativo a los ‘smartphones’, pero también es cierto que no son conscientes de los riesgos que corren (virus, ciberacoso -que sufre el 7% de los menores-, cuentas robadas…). Hoy, el filtro de protección más conocido es el control parental, una herramienta que permite a la familia controlar y/o eliminar el contenido al que sus hijos pueden acceder desde cualquier dispositivo. Pero tiene sus lagunas, ya que, ellos mismos pueden desactivarlo siguiendo unas simples instrucciones publicadas en internet. Por eso, la educación en seguridad de toda la comunidad educativa (docentes, padres y alumnos) es imprescindible para conocer los riesgos y los distintos sistemas de prevención que existen en el mercado. Sistemas y herramientas importantes, ya que, volviendo a las cifras y al estudio ya citado de la Universidad de Middlesex, el 38% de los adolescentes de entre 11 y 16 años ven pornografía en un ordenador y el 33% accede desde un ‘smartphone’. Y -atención- cerca del 60%, la ven en casa. De poco sirve prohibirles navegar por internet, si quieren hacerlo, lo harán, y todos sabemos lo que tienta lo ‘prohibido’. De ahí, la importancia de que entiendan los peligros a los que se exponen y dedicarle tiempo en estas cuestiones, a educarlos. Es vital que sepan que es ilegal que los menores accedan a las páginas web con contenidos pornográficos; y es el momento de alentarles para que confíen en nosotros a la hora de hablar sobre sexualidad -insistimos- con total naturalidad.

Noemí Gallego es miembro de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía

¿Compensa separarse y vivir bajo el mismo techo para que los hijos no sufran? Colaboración con YoDona

Por María Corisco

Custodia compartida, ¿lo mejor para los hijos?

  • Cada vez son más las parejas separadas que siguen viviendo bajo el mismo techo. La razón: mantener la rutina doméstica de los menores para evitar que sufran. ¿Compensa?¿Qué riesgos puede entrañar? Expertos y parejas que lo han puesto en práctica coinciden en que no es una opción para todo el mundo.

Puede que suene antiguo, como aquellas lecciones de vida con las que se educaba a nuestras madres y abuelas en la resignación: «No te separes, piensa en tus hijos. Hay que aguantar por ellos». Huele a rancio, pero la realidad es terca y nos dice que todavía hoy son muchas las parejas que, por el bien de sus retoños, deciden seguir viviendo bajo el mismo techo. Sin amor.

Detrás de esa decisión siempre resuena el miedo al sufrimiento de los niños. Lo hemos oído mil veces: «Los que peor lo pasan en una separación son los hijos». Tiene lógica: al fin y al cabo, es algo en lo que ellos no han tenido ni voz ni voto. Es una decisión que toman los adultos, y se encuentran con que sus padres ya no viven juntos, hay dos casas y ellos tienen que ir cambiando de una a otra. No parece muy aventurado pensar que no va a ser un camino de rosas. Y ahí es cuando, si el desamor no se ha convertido en odio, puede surgir la opción de continuar bajo el mismo techo.

Esa fórmula le funciona, al menos de momento, a Ainhoa, de 42 años. «Hace año y medio mi marido y yo llegamos a un pacto de no agresión. Dormimos separados, cada uno puede tener otras relaciones, con discreción, y ponemos un dinero en una cuenta para los gastos comunes. Pero con los niños intentamos mantener las mismas rutinas de antes y está prohibido discutir delante de ellos o hablar mal del otro. No es algo maravilloso, sé que es un fracaso, pero de momento nos compensa. Nos agobiaba mucho imaginárnoslos con la maletita de una casa a otra», explica.

La decisión, está claro, no es sencilla y a menudo se recurre a un profesional para valorar no solo su viabilidad, sino también los compromisos y riesgos emocionales que entraña. «Mantener la convivencia aun cuando el vínculo afectivo se ha roto es algo que vemos de manera habitual en la consulta», explica Silvia Álava, doctora en psicología y directora del Área Infantil del gabinete psicológico Álava Reyes. La tentación de valorar si está bien, mal o regular surge de inmediato, así que la experta nos previene contra el juicio ligero: «No es una decisión sobre la que debamos pronunciarnos: cada cual puede poner el foco donde quiera, ya sea en cómo van a sufrir mis hijos o en cuánto voy a sufrir yo. No es una resolución correcta ni incorrecta, buena ni mala». Prevenidos quedamos, pues.

La siguiente advertencia llega al momento: «Por más que se quiera, no siempre es posible, ni tampoco deseable, seguir juntos. Solo puede hacerse cuando, pese a que la pareja esté rota como tal, se mantenga la comunicación y unos mínimos niveles de convivencia. Si hay muchos reproches, malas palabras o tensión no tiene sentido, porque para los hijos es muy dañino vivir en ese ambiente».

Con ella coincide la psicóloga clínica Maribel Gámez, colaboradora del Club de Malasmadres: «Es muy habitual que las parejas en crisis teman que sus hijos sufran y que, para evitarlo, intenten quedarse juntos. Pero si tienen muchísimas dificultades de convivencia, parece evidente que el ambiente no será el más adecuado para los niños; entre otras cosas, porque se crean unos modelos de maternidad y paternidad que les pueden perjudicar en el futuro. Además, muchas veces el punto de partida es una falsa creencia, esa idea de que lo mejor es vivir con el padre y con la madre, que es así como debe ser, cuando posiblemente sea más adecuado romper una relación nociva y, tal vez, encontrar en el futuro una mejor».

Foto: GETTYIMAGES

Desde la teoría, y en un mundo ideal, explica Gámez, una separación no tendría que ser traumática para los hijos: «Lo que hace daño no es la separación, sino cómo se hace. Si ambos padres se ponen de acuerdo en el modo de comunicarlo, establecen rutinas similares para ambas casas, dejan que se manifiesten las emociones y responden a sus preguntas no tiene por qué ser un drama. Es un momento de transición que hay que saber manejar, y ellos pueden adaptarse». Pero eso, efectivamente, es en un mundo ideal. Con frecuencia las rupturas abren un abismo que va mucho más allá de la pérdida del amor.

Un abismo que no se refleja, claro está, en las cifras del Instituto Nacional de Estadística. En 2017 se contabilizaron en España 102.342 casos de divorcio, y la duración media de los matrimonios fue de 16,4 años, mientras que aquellos en los que se produjo solo separación se mantuvieron juntos más tiempo: 22,7 años. Las cifras muestran también que en el 43,3% de las rupturas los cónyuges no tenían hijos que dependieran económicamente de ellos. Un 46% solo tenía hijos menores de edad y el 5,4% mayores dependientes.

Es un mapa frío, objetivo, sin emociones. No nos permite saber cuánto tiempo se ha aguantado hasta el momento en que se rompe la convivencia, ni tampoco las razones. «En consulta», dice Silvia Álava, «vemos a parejas que, una vez creen que los hijos están preparados, se separan; también hay casos en los que el hecho de seguir bajo el mismo techo hace que se reencuentren y vuelvan a estar juntos, pero son los menos».

No es infrecuente tampoco que la decisión sea unilateral, es decir, que solo sea uno de los dos miembros el que desee dejar la relación, pero decida mantenerla para evitar el sufrimiento de los niños. «Me habría separado mucho antes, pero mi hija tenía siete años, y me pareció mejor continuar», recuerda Isabel, de 43. «No se lo dije a mi marido porque seguramente se habría ofendido muchísimo solo de pensar que yo no lo quería. Además, económicamente no nos lo podíamos permitir», relata. La experiencia de Pedro es diferente:»No sé si es correcto decir que no me separé por mis hijos. Seguí con mi mujer por ellos, porque no podía soportar la idea de quedarme sin la custodia y tener que verlos en fines de semana alternos. Esperé a que fueran mayores y pudieran tener voz; ahora funcionamos con custodia compartida».

Es cierto que la decisión de separarse, o no hacerlo, es poliédrica y confluyen muchos factores a la vez.. «Es interesante tener claro por qué seguimos juntos. Por ejemplo, un divorcio normalmente te empobrece: necesitas tener dos casas, hay gastos que se duplican… Si la convivencia no es tan mala, a lo mejor te compensa seguir. Otras veces se dice que es por los hijos, pero la verdadera razón es el miedo. Resulta importante saber por qué se hacen las cosas», explica Álava. Sobre todo porque, a veces, esta decisión puede utilizarse como arma arrojadiza en el futuro, de ahí que haya que sopesar sus riesgos emocionales, añade la psicóloga:»Se trata de asumirla con todas sus consecuencias, de forma coherente, para que no llegue un día en el que puedas reprochar a tus hijos que renunciaste por ellos a llevar otra vida o a ser feliz. No puedes decirle a nadie que has arruinado tu vida por él».

Otro momento complicado, explican las expertas, es el de la mayoría de edad o el de cuándo se decide que los hijos ya son capaces de entender la separación. Tras años de protección, de que no se enteren de que la relación entre sus padres ha naufragado, se corre el riesgo de, buscando aliados, abrir la caja de los truenos al contarles agravios y ofensas. «Hay que insistir en que los problemas de pareja se circunscriben a ella», recomienda Maribel Gámez, «aunque los hijos sean adultos, no hay que meter cizaña y no hace falta darles más información. Es un error pensar que porque hayan cumplido ya 18 o 20 años tienen edad de saberlo todo. Hay cosas que deben quedar en la intimidad. Si quieres desahogarte, puedes contárselo a otras personas, pero no a los chicos».

Finalmente, el consejo que ambas expertas brindan es el de, reconociendo la dificultad de afrontar una ruptura, no dudar en pedir orientación cuando nuestros recursos no son suficientes para hacer frente a la realidad.

FUENTE: www.elmundo.es/yodona