¿Cómo resolver situaciones cotidianas con nuestros hijos: de los 6 a los 12 años?

¿Hay que ayudarle con los deberes? ¿Cómo conseguir que se vayan a la cama a su hora?, ¿Qué criterios se deben seguir para la elección del colegio?, ¿Cómo gestionar la «paga»?, ¿Y si mi hijo es el único que no tiene móvil?, ¿Debo ser su agenda?, ¿Cuándo iniciarles en la información sobre la sexualidad?

Estas son algunas de las muchas preguntas a las que la psicóloga infantil Silvia Álava da respuesta en su nuevo libro “QUEREMOS QUE CREZCAN FELICES. De la infancia a la adolescencia (de 6 a 12 años)”.

Después de su primer libro “Queremos Hijos Felices (de 0 a 6 años)”, la autora centra sus esfuerzos en  solucionar  las numerosas dudas que muchos padres tienen para saber cómo actuar con sus hijos más mayores.

Consejos para afrontar las dificultades de los hijos

En primer lugar, los progenitores deben saber que no existen los padres perfectos; lo más importante es saber afrontar el día a día con los niños e intentar esforzarse para dar lo mejor de sí mismos.

“Un buen padre es el que se involucra en la educación de su hijo”, señala Silvia Álava quien destaca que “no hay un baremo para determinar en qué medida se es buen padre o buena madre, y no debemos destruirnos con otras teorías”.

Normas, límites y algunas pautas básicas de educación

Los niños necesitan saber qué está bien y qué está mal en cada momento, y cuáles son sus tareas establecidas. El sentido de lo moral no se termina de formar hasta los doce años de edad. Hay que trabajar la importancia del esfuerzo y de la constancia de forma que los niños puedan conseguir buenos resultados y valoren que detrás de una buena acción siempre hay una recompensa.

Desde los 6 hasta los 12 años

Silvia Álava dedica una sección especial –“A partir de los seis años hasta los doce- en la que ofrece las diferentes pautas para conocer cómo se desarrolla la amistad en los niños; la mejor manera de actuar cuando un hijo se pelea con sus amigos o cómo gestionar la paga; además, ofrece ayuda sobre otros temas de gran actualidad, como decidir la edad adecuada para que nuestros hijos tengan teléfono móvil.

¿Qué hacer con las nuevas tecnologías?

Los padres deben estar muy atentos para establecer un buen uso de las nuevas tecnologías. Se debe limitar y controlar tanto el tipo de páginas webs que visitan como el tipo de juegos a los que acceden.

¿Cómo afrontar los miedos?

Además, en el manual se pone especial atención a los miedos que sufren los niños en esas edades, ya que es importante que aprendan a superarlos cuanto antes. No podemos olvidar que los niños aprenden por modelado, lo que significa que si los padres les transmiten inseguridad los pequeños lo notarán y se convertirán en personas miedosas.

Los estudios

Para muchos padres elegir el colegio adecuado para los hijos es una tarea muy complicada, pero siempre hay que pensar en que se deben cubrir las necesidades específicas de cada niño..

¿Deberes para padres o para hijos?

Silvia Álava nos recalca en este capítulo del libro que los deberes siempre son responsabilidad de los niños, no de los padres. Sin embargo, cuando los hijos son pequeños debemos ayudarles para que se organicen correctamente. Además, hay que evitar el error de sentarse a su lado para hacer los deberes, ya que solo debemos solucionarles ciertas dudas y supervisar el trabajo y la constancia.

Cambios psicológicos en la adolescencia

Es cierto que esta es una de las etapas más complicadas para todos los padres y madres, pero hay que tener claro que a pesar de los cambios de conducta que puedan experimentar los chicos este periodo no es siempre conflictivo. En esta edad es importante que los padres se ganen la confianza de los hijos para que así les puedan contar lo que les sucede, pero sin forzarles.

Queremos que Crezcan Felices - Silvia Álava

El niño necesita sentirse querido. Colaboración con CrecerFeliz

Charlamos con Sandra Sánchez, periodista de Crecer Feliz sobre las claves a la hora de educar a los niños pequeños:

silvia-alava-crecer-felizCrecer Feliz: ¿Cuándo se empieza a educar a un niño?

Silvia Álava: Muchas veces pensamos que el niño aún es demasiado pequeño, que tenemos que esperar a que crezca un poquito más para ponernos a educarlo.

Y la educación empieza desde el primer día. Hay técnicas que no puedes utilizar con un bebé, no puedes darle un discurso porque no te entenderá; pero saber qué pautas queremos seguir a la hora de educar a ese niño, qué valores transmitirle, eso lo tenemos que tener bien pensado desde el principio.

Por ejemplo, con la comida: con un año empiezan a coger solos la cuchara. Se les va a caer, lo van a poner todo perdido, pero hay que dejarles que lo hagan..

C.F. ¿Se puede educar a un niño con las pautas correctas si los padres trabajan fuera?

S.Álava: Se puede hacer, pero no vamos a decir que sea fácil porque sería engañar a los padres.

Cuando los dos padres trabajan es fundamental organizarse muy bien en equipo. Si somos dos, somos dos también para atender al niño. Vamos a trabajar en equipo, a dividirnos las tareas y a organizar bien el tiempo.

C.F. Dices en tu libro que los papeles de poli bueno-poli malo no funcionan para educar

S. Álava: Es mucho mejor que ambos padres sigan la misma línea educativa. Esto no significa que gestionen absolutamente igual todas las situaciones, pero sí que ambos tengan claras las normas que ponen, dónde están los límites y cuáles son las consecuencias de sobrepasarlos.

Cuando hablamos de consecuencias lo importante no es cómo castigar a los niños, sino con qué les vamos a premiar, qué vamos a hacer cuando hagan bien su trabajo. Así va a ser fácil seguir una misma línea.

C.F. Si las pautas generales no son las mismas para los padres, ¿cómo llegar a un acuerdo?

S. Álava: Observar al niño y ver cómo reacciona va a darnos muchas pistas y nos va a hacer entender por qué en determinadas ocasiones hay que actuar como lo hace uno, en otras como lo hace el otro… y a veces habrá que cambiar completamente la estrategia y no hacerlo como ninguno de los dos.

Lo habitual es que haya que respetar pautas de actuación de uno y de otro, es muy raro que uno lo haga todo bien y otro todo mal.

C.F. Quizá tendemos a sobreproteger a los hijos… ¿Cómo evitarlo?

S. Álava: Detrás de la sobreprotección muchas veces está un sentimiento de culpabilidad: “No he estado contigo en todo el día y cómo llego ahora y te digo que no a algo”.

Pues hay que pararse y pensar qué es lo mejor para el niño. Si el niño está preparado para hacer algo, que lo haga. No tenemos que pedirle más que lo que es adecuado para su edad. Si tiene edad para vestirse solo, tendrá que aprender a hacerlo.

Tú estás ahí para ayudar, pero sólo si lo necesita; si puede solo, mejor solo.
Niños con criterio propio.

C.F. A veces los padres transigimos por cansancio…

S. Álava: El cansancio y el sentimiento de culpabilidad son las dos grandes variables que provocan que los padres a veces no hagan lo que saben que tienen que hacer.

Ahí tenemos que pensar no a corto plazo (“que haga lo que quiera y termino esta situación”), sino a medio-largo plazo.

Si le decimos, por ejemplo, que ahora no corresponde ver la tele y aguantamos su pataleta de cinco minutos, mañana va a ser de dos y pasado no la va a tener. Si actuamos a corto plazo y cedemos, mañana la pataleta durará siete minutos y pasado diez…

C.F. ¿Cómo podrían los padres ganar en autoconfianza?

S. Álava: Es fundamental centrarse en lo que haces con tu hijo cuando estás con él, no en lo que te estás perdiendo. Si piensas en esto último te vas a sentir culpable y baja de ánimo.

Una vez que te has centrado en lo que sí puedes hacer con él, vamos a valorar ese tiempo, a pensar en qué lo estamos empleando.

Si sobrecargamos la tarde, dejamos de disfrutar. Es bueno que los niños hagan actividades extraescolares, pero no apuntarlos a todas. Se puede tener alguna tarde libre en la que estemos tranquilos en casa, merendando, haciendo deberes, jugando…

queremos-hijos-felicesC.F. ¿Cuándo empezar a darles pequeñas responsabilidades?

S. Álava: Cuando son pequeños quieren hacer ellos las cosas y sentirse mayores. Si a un niño que ya anda le haces un paquetito con su pañal y le dices que lo lleve a tirarlo, él va feliz. Luego le aplaudes, le dices lo bien que lo ha hecho y se pone súper contento y se siente mayor.

Esa etapa es el momento óptimo para empezar a darles pequeñas tareas y responsabilidades, porque las quieren y las piden. El problema es cuando vamos con prisas y lo hacemos todo por él. El mensaje que recibe es “yo no puedo, yo no sé, yo soy menos” y su autoestima va cayendo.

Además, después se les pasa la fase de querer hacer cosas por ellos mismos y empieza la de “mejor házmelo tú”…

C.F. ¿Cómo fomentar que el niño tenga criterio propio?

S. Álava: Cuando nos diga que le pasa algo, primero nos ponemos a su altura, le miramos a los ojos y le escuchamos. Después preguntamos “¿y tú qué crees, cómo lo podemos arreglar?”.

Al principio le vamos a dar muchas pistas y le vamos a guiar para que él tenga esa sensación de “ay, si podía solucionarlo yo solo”. Yo no le resuelvo problemas, le enseño a resolverlos.

C.F. Si los niños vinieran con manual de instrucciones, ¿cuál sería para ti la primera?

S. Álava: Que todos los niños necesitan que los quieran. No hay nada peor para un niño que no tener a un adulto que le coja la mano, le dé un beso de buenas noches y le diga lo importante que es en su vida.

 

FUENTE: Crecer Feliz

5 consejos para unas vacaciones perfectas con niños. Colaboración con Viajar, de ElPeriodico.com

«Bajo ningún concepto un bofetón a un hijo ayuda a educarle» Colaboración con el diario ABC

La Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología, explica alternativas para afrontar las discusiones con los niños.

Laura Peraita @LauraPeraita

La negativa de un niño de 10 años por ir a ducharse encendió la llama de una discusión familiar que su madre quiso zanjar con un bofetón. Pero, el enfado no acabó ahí. El caso llegó a los tribunales y la Audiencia de Pontevedra ha fallado en contra de esta madre a la que ha impuesto una pena de dos meses de prisión al considerarle autora de un delito de maltrato en el ámbito de la violencia doméstica. No obstante, este castigo se rebajará a dos meses de trabajos en favor de la comunidad, puesto que la acusada no cuenta con antecedentes penales.

Lejos de valorar el dictamen del juez, Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron», explica que «bajo ningún concepto un bofetón está justificado ni ayuda a educar a un niño. Éstá muy estudiado que la violencia solo genera violencia».

Explica que si un padre trata de regular las emociones de un niño, reaccionar de forma violenta con él no contribuye a mejorar su comportamiento. «Los padres son el modelo a seguir por los hijos y, si se actúa de esa manera, se le está enseñando, precisamente, a reaccionar de forma violenta porque el adulto no ha sido capaz de regular sus propias emociones».

Esta experta añade que, actuar de este modo, conllevará a entrar en una escalada de actuaciones violentas ante cualquier conflicto en la familia llegando, en ocasiones, a que la situación «se les escape de las manos».

Por este motivo, Silvia Álava Sordo matiza que lo mejor en estos casos de discusión en los que parece que se pueden perder los papeles con el hijo, «es parar y que los padres se retiren de la habitación en la que se encuentra el niño y avisarle de que cuando estén más calmados se abordará el tema con tranquilidad. Es muy importante, ante tanta tensión, —advierte— no tener contacto visual entre ambos. Cada uno, en solitario, deberá hacer un esfuerzo por calmarse, respirar hondo y, en el caso de necesitarlo, realizar alguna técnica de relajación. Cuando todo vuelva a la calma, los padres deben retomar el tema para dejar claro que el comportamiento del hijo no ha sido el adecuado y que los padres son los que siempre tienen la autoridad que hay que respetar», concluye esta experta.

Así conseguirás que tus hijos sean felices. Colaboración con el diario El País

Hablamos sobre la importancia de la educación emocional a raíz del libro de cuentos infantiles publicado por Anna Morató.

Anna Morató resume en cuentos infantiles pautas para potenciar en los niños valores como la autoestima o la tolerancia a la frustración.

Escrito por Celia López

La felicidad se enseña y si se empieza desde la infancia, mucho mejor. Con este objetivo, la escritora Anna Morató ha publicado De mayor quiero ser feliz (Beascoa) en el que trata emociones como el enfado, la empatía y el valor del esfuerzo. Por ejemplo, para explicar la importancia de ponerse en el lugar de otros, una niña se transforma en otra al ponerse sus zapatos y siente todas sus emociones. “Utilizo metáforas visuales para que los niños entiendan conceptos que son complejos. Hay que transmitirles que al final son ellos los que deciden cómo reaccionar ante lo que les pasa en la vida, por eso todos los relatos terminan igual: tú decides”.

Antes de hacerse escritora y tener hijos, Morató trabajó en el sector del marketing y enseñaba a los directivos a manejarse ante la adversidad. «Cuando me quedé embarazada de mi primera hija, me preocupaba mucho cómo transmitirle valores positivos. Quería que estuviera preparada para las dificultades con las que se iba a encontrar en la vida y los cuentos son la mejor herramienta para hacerlo», explica. Así que utilizó su experiencia laboral para hacer «presentaciones» con dibujos para explicarles por qué había que recoger los juguetes o que había que despedirse del parque hasta día siguiente y no estar tristes porque nos íbamos a casa…

En su libro, Morató insiste en enseñar a los niños a tener autoestima y también a obviar los comentarios negativos que otros amigos o compañeros les digan. «Pero también resalto en las historias que, además de no hacer caso a los insultos, tienen que decírselo a sus padres o profesores, para poder poner freno al acoso», explica.

Morató recomienda que docentes y progenitores hablen mucho con los niños y estén muy pendientes de cómo se comportan para detectar si están sufriendo bullying. «Hay veces que los niños están en una situación de vulnerabilidad, pero no saben lo que les pasa y no son capaces de ponerle palabras. Por eso hay que hablar mucho con ellos y estar pendientes de si están desanimados o no tienen ganas de ir a clase», dice. El próximo libro de Morató versará sobre el compañerismo y la forma de evitar el acoso escolar. «Hay que hacer ver a los acosadores que ellos también son perjudicados por las burlas que hacen. Una persona que insulta a otros es porque no se siente bien consigo mismo», afirma. 

El hilo conductor de todos los relatos de Morató es enseñar a los niños que la felicidad no viene dada por los juguetes que tengan ni por las cosas que les sucedan. «En una sociedad materialista y consumista hay que enseñar a nuestros hijos que la felicidad depende de sus decisiones y no de lo material», dice la autora. Morató defiende que hay que enseñar a los niños a esforzarse para conseguir las cosas que están a su alcance y que no deben preocuparse por aquellas que están fuera de su control, por lo que también hay que saber prepararles para la frustración.

La importancia de la educación emocional

La psicóloga infantil Silvia Álava explica que es muy importante potenciar en los menores la educación emocional. “Los beneficios están demostrados científicamente. Los niños que aprenden a controlar sus sentimientos toman mejores decisiones a lo largo de su vida”, afirma. Aunque los padres y la familia representan el entorno más cercano para este tipo de aprendizaje, Álava afirma que es positivo que en los colegios se incluya algún tipo de enseñanza de los sentimientos. “Está comprobado que cuando hay intervenciones en las aulas con profesionales cualificados se reducen los casos de acoso escolar”, explica. La experta también hace hincapié en la importancia de potenciar la autoestima de los niños para favorecer su autonomía. «Nunca debemos exigirles a nuestros hijos cosas que no están a su alcance ni debemos compararlos con otros menores, pero sí hay que transmitirles el valor del esfuerzo», concluye. 

FUENTE: Diario El País: De mámás y Papás

Es tú oportunidad, así podrás crecer como familia este verano. Colaboración con el diario ABC

Claves reales para mejorar las relaciones con los hijos y de pareja

Por Laura Peraita @LauraPeraita

Durante al curso académico la mayoría de los padres se quejan de la falta de tiempo para estar con sus hijos y disfrutar del tiempo libre. El estrés, las prisas, las obligaciones diarias, las apretadas agendas… pueden poner al límite a cualquier familia y dejar en un segundo plano cuestiones tan importantes como conocerse más en profundidad, comunicarse en calma, resolver conflictos con reflexión, interesarse sobre cómo se sienten los demás… Ya no hay excusas: el verano es una oportunidad para crecer como familia. El tiempo libre es el mejor aliado.

Según Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron», crecer como familia es mejorar. Para ello sugiere a los padres que se paren a pensar, que se planteen dónde están y dónde les gustaría llegar y, sobre todo, cómo conseguirlo. Cada familia es muy distinta y tiene metas diferentes, pero lo más habitual es que pretendan mejorar la comunicación, la paciencia, acabar con los gritos, fomentar el respeto, el afecto físico (dar más muestras de cariño con besos, abrazos), reconocer los aspectos positivos de los demás… «Por ello, –apunta–, hay que aprovechar las vacaciones para plantearse objetivos claros de mejora familiar y luchar por ellos. No hay que dejarse llevar por la pereza o por el día a día porque las relaciones no mejoran solas. El verano es el momento de actuar».

Estado emocional inicial

Pero antes de ponerse manos a la obra, Gema Garrido, presidenta de Praxxia, asociación especializada en coaching familiar y parentalidad positiva, aconseja que los padres, al echar el freno, aprovechen para analizar el estado emocional en el que se encuentran en ese momento como individuos; es decir, si están muy estresados, cansados, deprimidos, ilusionados… «porque la persona, como tal, no se enfrenta de la misma manera a una convivencia familiar las 24 horas».

También considera Garrido relevante tener expectativas reales. «Que llegue el verano no significa que vayan a ser las vacaciones de nuestra vida tal y como salen en los anuncios en los que todo es felicidad y diversión. En este periodo también hay tiempo para aburrirse o estar cansado. Es muy humano. No por ir a un hotel en la playa con la familia implica que todo el tiempo va a estar rebosante de felicidad», explica.

Con fecha y hora

En la misma línea se manifiesta Ana Asensio, psicóloga de Vidas en Positivo, quien reconoce que es muy habitual coger con unas ganas inmensas las vacaciones y a veces no suele ser todo como se idealizaba. «Nos da la sensación de que el tiempo en familia es un verdadero estrés, que no sabemos hacerlo bien o que nuestros hijos están “maleducados”, se enfadan todo el tiempo, protestan continuamente… mientras nosotros, como adultos, también tenemos la necesidad imperiosa de descansar. Somos humanos».El tiempo de calidad tiene que suponer que todos los miembros de la familia participen de una actividad, lejos de cualquier distracción de móviles, televisión…

Por este motivo, Silvia Álava Sordo propone, en primer lugar, fijar los objetivos y buscar momentos de calidad en familia, «pero poniendo fecha y hora, planificándolos, porque si no esos ratos quedan diluidos y al final se dejan pasar. El tiempo de calidad tiene que suponer que todos los miembros de la familia participen de una actividad, lejos de cualquier distracción de móviles, televisión… De esta forma, fluirá la conversación para conocerse mejor. También se puede aprovechar para rescatar álbumes de fotos familiares, contar cómo se conocieron papá y mamá, cómo vivían los abuelos… Hacer juegos para que dibujen a cada miembro de la familia y conocer cómo los perciben nuestros hijos de forma divertida…».

Matiza, no obstante, que conocer a los hijos «es aceptar como son y olvidarse de cómo quiero transformarles en lo que yo quiero que sean. Es un error muy común. Se debe asumir que cada persona es única y tiene que hacer su vida a su manera dentro de un orden».

En este sentido, Gema Garrido propone a los cabeza de familia que bajen el nivel de exigencia con sus hijos porque en estos días libres se pueden pasar por alto ciertas rigideces imprescindibles para el resto del año. «Para que esta labor sea más fácil es bueno empatizar con los pequeños, hacer una regresión personal a cuando nosotros teníamos su edad para intentar entender qué es lo que nos motivaba entonces para, de esta forma, poder planear momentos y actividades acordes a sus deseos y en los que todos puedan disfrutar lejos de discusiones».

Cuando los hijos son adolescentes puede resultar más complicado que quieran pasar ratos junto a sus padres o hermanos por la etapa vital que atraviesan, «pero no pueden mantenerse al margen de la familia», prosigue Silvia Álava Sordo. «Lo mejor es dejarles espacio para su soledad y para estar con sus amigos, pero negociar con ellos que hay momentos dentro de la dinámica familiar en los que tienen que estar presentes, como a la hora de la comida o la cena, por ejemplo. Lo ideal sería que estas dos ocasiones no fueran impuestas, sino que se les presente como momentos divertidos y atractivos para que quieran compartirlos con el resto de la unidad familiar».

Espacios propios

No obstante, Ana Asensio advierte que, al igual que en el resto del año, «en vacaciones es esencial generar espacios en el hogar para compartir, pero también para disfrutar de momentos propios, para nuestras aficiones, descanso o para aburrirnos y no hacer nada». Recuerda que «no hacer, también es hacer», y es muy necesario en este instante vital aprender y enseñar a nuestros hijos a no hacer nada de vez en cuando y a sentirse cómodos por ello. «No hacer, no es una pérdida de tiempo; al contrario», matiza.Querer hacerlo bien y darnos cuenta de que no podemos, o nos sabemos, también nos lleva a padecer malestar, culpa o a pensar que nuestros hijos son un horror…

Para evitar sentimientos de culpabilidad cuando no todo el tiempo en familia sale como se esperaba, Ana Asensio apunta que sentir ese estrés de convivencia familiar en vacaciones y que puedan entrar ganas de huir es natural y humano, también forma parte de la vida. «En ocasiones, las demandas nos resultan elevadas. La exigencia de la crianza y la educación unida a la coordinación con nuestra pareja puede hacernos sentir agobio. Y, además, al querer hacerlo bien y darnos cuenta de que no podemos, o nos sabemos, también nos lleva a padecer malestar, culpa o a pensar que nuestros hijos son un horror… Bueno –insiste–, pues esto también es humano. ¿El truco? La calma. Si se monta un alud y la bola de nieve se hace cada vez más grande; para, respira, salte de la escena, observa y, cuando todo haya bajado de intensidad, decides qué hacer. Probablemente te resulte más fácil tomar una decisión adecuada sin carga emocional añadida».

Esta psicóloga anima a los progenitores recordando que hay que comprender que la convivencia con los niños es toda una aventura, «y a veces el humor nos ayuda mucho y nos saca victoriosos de situaciones que inicialmente nos puedan generar incomodidad y hasta miedo», concluye.

FUENTE: Diario ABC

La diferencias de percepción de desigualdad de género en las niñas comienzan a los seis años. Colaboración con EFE Salud

Por Javier Tovar

Entre los 0 y 5 años no hay visos de percepción de desigualdad por género entre niñas y niños. Sin embargo, a partir de los 6 años, comienza a producirse. La psicóloga Silvia Álava subraya esta circunstancia en una entrevista con EFEsalud donde repasa los riesgos de las redes sociales en relación con el feminismo, y alerta sobre el mito del amor romántico y lo que significan los celos.

La psicóloga Silvia Álava, doctora en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, analiza en primer lugar cuando comienza la desigualdad en la percepción de género entre niñas y niños. Se acerca al feminismo desde la psicología.

“La literatura científica y la evidencia científica habla de las diferencias de género, pero también de las similitudes, que son muchas”, inicia su planteamiento.

“No hay diferencias de inteligencia entre mujeres y hombres, pero en el tipo de educación si se observan diferencias, en el papel que desempeñan, por ejemplo, los juguetes, los disfraces, la ropa… la tendencia es el rol de la cuidadora en la mujer, y del abastecedor de la economía familiar, el hombre”, expone.

La frontera de los seis años

Silvia Álava
La psicóloga Silvia Álava/ Foto cedida

La psicóloga se apoya en estudios que demuestran que cuando niñas y niños son pequeños, no se observan diferencias, pero “a partir de los seis años, las niñas muestran un menor autoconcepto de sí mismas, se da una mayor participación de los chicos en tareas vinculadas a la inteligencia, y las chicas dudan de su capacidad. Esto empieza a partir de los 6 años”.

Los resultados de los exámenes no muestran ni mucho menos superioridad de los niños en matemáticas, pero las carreras de Ciencias acaban contabilizando menos chicas.

“Los niños -precisa Silvia Álava para mostrar reacciones diferentes de género- si fallan en un examen culpan al profesor porque les tiene manía, o a la mala suerte, o la dificultad de la prueba, mientras las niñas piensan que quienes fallan son ellas. No se puede generalizar de manera total, ni mucho menos, pero esta es una tendencia general clara”.

En las guarderías y escuelas infantiles hay muchas más profesoras que profesores; en primaria, empieza a haber profesores; en el instituto, se iguala; y en la universidad, solo el 20 por ciento son catedráticas, expone la experta.

Su conclusión es clara: “A medida que se asciende en el nivel de dificultad y responsabilidad establecidos socialmente, la mujer va desapareciendo, y en los niveles considerados más bajos, hay más. Todavía no hemos llegado a un trasvase equitativo de mujeres en roles tradicionales de hombres y de hombres en roles tradicionales de mujeres. Falta muchísimo por andar. Mujeres directivas en el Ibex 35 hay poquísimas”.

Silvia Álava no cree que el machismo se esté rearmando, ni que la igualdad esté retrocediendo, pero si lanza un aviso en relación con informes recientes de este mismo mes de julio: “Es alarmante que en pleno siglo XXI haya adolescentes que, por ejemplo, validen conductas de control sobre su pareja, control del móvil o la ropa. Es un riesgo para la sociedad que jóvenes de 14 o 15 años establezcan estas conductas”.

Informes como el Barómetro Juventud y Género 2019 del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, de la Fundación Ayuda contra la Drogadicción (FAD), presentado hace dos semanas, señala que hay más mujeres con conciencia feminista, y también hombres, pero permanecen ideas y patrones machistas, tanto en chicos como en chicas.

Amor romántico, dependencia emocional y celos

Álava no duda en poner de manifiesto con claridad los elementos negativos que tienen tanto el amor romántico como la dependencia emocional y los celos. No ve nada bueno en ello.

“Hay que tener cuidado con el amor romántico. La idea de la media naranja y de que uno es incompleto y tiene que encontrar la otra parte para alcanzar la plenitud es muy peligrosa y perjudicial. Todos somos naranjas completas, todos venimos completos de serie; podemos encontrar una persona con quien estemos especialmente bien, pero no porque seamos incompletos y necesitemos la otra mitad. No, en absoluto”, afirma.

“El tópico dice que el amor lo puede todo, lo cambia todo. El amor es bonito y poderoso, pero ni puede todo ni cura todo”, añade.

La psicóloga prosigue analizando apego, dependencia emocional y celos: “El apego hay que distinguirlo de la dependencia emocional. Las relaciones de dependencia son peligrosas y pueden activar relaciones tóxicas que, a su vez, pueden desembocar en celos”.

celos pasado
Viñeta humorística sobre el comportamiento del celoso retrospectivo/EFE/Cedida por José María Martínez Selva

¿Tienen algo bueno los celos?, preguntamos a la experta.

“No, es el mito a desterrar, más en los adolescentes, cuidado con las conductas de control -insiste- porque se puede llegar a pensar que los celos tienen una parte positiva, aquella de que me quieres mucho, y, en absoluto. Los celos no tienen una parte positiva. El celoso cree tender derecho a algo de la otra persona que no tiene, y se frustra, enfada y siente celos, que no tienen nada ni de positivo, ni de romántico, ni de bueno. En una relación sana y libre, sin dependencias ni toxicidades, los celos no tienen cabida”.

Redes sociales, feminismo y amor

Silvia Álava también opina sobre este asunto: “En las redes sociales están todas las posturas, y muy polarizadas, desde la defensa del feminismo hasta la defensa del machismo. Insisto una vez más con el tema del control desde las redes, su efecto puede resultar muy negativo”.

Y advierte: “Cuidado con las letras de algunas canciones o series televisivas. Hay letras de canciones actuales que cosifican a la mujer, y corremos el riesgo de que se normalicen pautas en la relación que son muy negativas. También en algunas series de televisión se cosifica a la mujer y se legitiman a veces los celos, las relaciones tóxicas y tormentosas, que se muestran para dar continuidad a las tramas, pero que son patológicas, con emociones extremas, tanto cuando se está bien como cuando se está mal”.

La psicóloga defiende fomentar el sentido crítico desde las series, las músicas y sus letras, y también los valores.

FUENTE: EFE Salud

El debate continúa: vacaciones de verano ¿con o sin deberes? Colaboración con YoDona

  • Por MARISA DEL BOSQUE

¿Cuánto tiempo deberían emplear los niños en hacer los deberes?

Inmersos ya en plenas vacaciones escolares, llega la hora de preguntarse: ¿qué hacer con la larga lista de actividades que recomiendan en muchos colegios? La respuesta no es fácil y oscila entre un amplio abanico de posibilidades que van desde obligar a los niños con mano firme a relajar la exigencia y liberarles de toda responsabilidad contraviniendo las indicaciones de los profesores que intentan que los chicos no pierdan el hábito durante los meses de parón.

¿Qué es lo mejor? Pilu Hernández Dopico, reconocida maestra y preparadora de oposiciones, rechaza tajante el argumento del ‘hábito’ para defender ese trabajo extra en vacaciones. «Cuando hay un cumpleaños, compramos un regalo, comemos tarta y no por eso lo hacemos todos los días», dice. «Cuando llueve el niño sabe que tiene que ponerse una ropa determinada y coger un paraguas. ¿Hacemos que lo coja todos los días para que no pierda el hábito? No, porque no es necesario. Con los deberes ocurre lo mismo», concluye.

En este sentido, la maestra rechaza de forma contundente los deberes. «¿Acaso los adultos en vacaciones estamos dos horas haciendo cosas de nuestros trabajos para no olvidarnos?», se pregunta, «es mucho mejor que los niños lean por placer, lo que sea, pero que lean. Y que jueguen a ensuciarse, a mojarse y a caerse con sus padres, hermanos, primos y amigos». Así, Dopico elabora su particular lista de deberes: «Sueña despierto, quiérete y mímate, ayuda a los demás, saluda al entrar y despídete al salir, lee, escribe, salta en los charcos, báñate bajo la lluvia, aprende a escuchar, anda descalzo por la hierba, juega con globos de agua, acaba lo que empiezas y comparte».

Sin embargo, los deberes escolares ordinarios también tienen sus defensores, generalmente profesores que entre sus virtudes destacan que «mejoran la autodisciplina, la organización del tiempo, generan curiosidad y favorecen el desarrollo de atributos personales positivos en los niños», tal y como se recoge en un informe sobre sus pros y sus contras elaborado por la Xunta de Galicia.

Así las cosas, el debate lejos de cerrarse continúa muy vivo. Y los argumentos a favor o en contra parecen bastante distantes entre sí. «Desde mi propia experiencia como madre, y lo confirman luego los profesores, se nota mucho cuando un niño ha estado reforzando los conocimientos en casa y cuando no. En el último caso, tardan en arrancar a principio de curso, van más lentos, tienen que volver atrás en temas que ya tenían dominados y se les hace más cuesta arriba el inicio del ciclo escolar que a los que estuvieron practicando y reforzando lo aprendido el año anterior», afirma Katy Gutiérrez Herrera, madre, psicóloga, monitora de tiempo libre y autora del blog De orugas y mariposas. En su opinión, las ventajas de los deberes son claras: «Los niños afianzan lo aprendido en el curso anterior, adquieren responsabilidades y una rutina sana, y aprenden a distribuir su tiempo porque entienden que no les da para todo».

En esta línea se encuentra la especialista en Psicología Educativa y Psicología Clínica y de la Salud Silvia Álava, quien asegura que «el cerebro no entiende de vacaciones, le da igual que sea lunes, domingo, verano o invierno, lo que quiere decir que los niños siguen aprendiendo durante estos meses». No obstante, asegura que esto no tiene por qué suponer un sufrimiento, también se puede hacer de manera entretenida. «Tenemos que dejar de pensar en los deberes tradicionales: fichas, cuadernos…», dice Silvia Álava. «Es una época en la que podemos aprovechar para aprender de manera mucho más lúdica, jugando. Por ejemplo, utilizando los ratos en familia para hacer juegos de mesa en los que practicar la atención sostenida, el seguimiento de reglas, sumas y restas jugando a las cartas o a las tiendas para que tengan que darnos el cambio correcto… Se trata de hacer otro tipo de ejercicios con los que va a ser divertido aprender», afirma.

En esto coincide también Katy Gutiérrez: «Hay aplicaciones para las tablets muy buenas para repasar, y otras alternativas que refuerzan el aprendizaje, por ejemplo escribir un diario ilustrado de su día a día durante las vacaciones, realizar experimentos científicos caseros que refuercen lo aprendido en la teoría durante el curso, aprovechar momentos de juego para asentar conceptos como sumar o multiplicar, visitar museos… y leer y leer». En este punto, la lectura, insisten también hasta los férreos detractores de los deberes. «Pero deben hacerlo por placer, no como una obligación, y para eso tienen que ver a sus padres leyendo», puntualiza Silvia Álava.

Una cuestión de tiempos

Incluso para los defensores de los deberes, hacerlos o no depende mucho de la edad del niño y de la etapa escolar que esté cursando. Así, cuando están «en proceso de aprender, es decir, primero y segundo de Primaria, deben afianzar la lectoescritura y leer un poquito en verano sí que es necesario, porque ese proceso tiene que quedar completamente automatizado», asegura Silvia Álava. «Sucede igual con el cálculo o con las tablas de multiplicar. En esos cursos está justificado seguir trabajando todos esos conceptos en verano. Los niños más pequeños, los de Infantil, realmente no tendrían que hacer nada, y si hablamos de Secundaria los deberes tampoco tienen tanto sentido ya que la parte de contenidos queda terminada a lo largo del curso. No obstante, esto cambia si existen dificultades específicas de aprendizaje o los profesores nos explican la necesidad de reforzar un área determinada. Un buen criterio es respetar el del profesor: si nos dice que hay presentar una serie de trabajos a la vuelta del verano, tendremos que hacerlo», concluye Silvia Álava.

Y ya puestos a hincar codos, ¿cuánto tiempo debemos dedicar? En esto sí parece haber acuerdo: «Entre 20 minutos y una hora, de lunes a viernes, en función de la edad y de la capacidad de concentración del niño; lo importante es que no le parezca que dedica toda una mañana», dice Katy Gutiérrez.

Por su parte, Silvia Álava introduce un término más en la ecuación: «No debería ser mucho tiempo, pero sí que hay que tener muy en cuenta la hora a la que se hacen. Lo ideal es por la mañana, después de desayunar, de tal forma que primero terminamos lo que debemos hacer para luego ya tener todo el día libre para disfrutar. Se trata de enseñar a los niños que tenemos que cumplir con nuestras obligaciones para luego disfrutar de nuestros derechos (bajar a la piscina, a la playa, jugar…). Los niños pequeños, de seis a ocho años, no deben dedicar más de 25 minutos, si hay alguno mayor con dificultades de aprendizaje puede alargarse hasta una hora, nunca más», concluye Silvia.

FUENTE: elmundo.es

Con los hijos, sentido común y esfuerzo para el verano. Colaboración Educando que es gerundio, de Plaza Radio

Os contamos una serie de pautas para la familia de cara a mantener el orden en las vacaciones.

En pleno verano nos adentramos en los retos que se presentan durante estas fechas en lo que hace referencia a la educación de los más pequeños. En esta entrega de ‘Educando que es gerundio’ tratamos sobre si pueden los progenitores ser más flexibles con los horarios de las comidas, cenas y demás, y hasta qué punto. 

Hablamos, sobre todo, de cómo usar ese regalo que es pasar más tiempo con los hijos. 

Pautas y consejos para disfrutar sin perder el norte:

Pros y contras de llevar a los hijos con los abuelos o de campamento. Colaboración con el diario ABC

Laura Peraita@Pros y contras de llevar a los hijos con los abuelos o de campamento. Colaboración con el diario ABC

Las vacaciones escolares ya están aquí. Los niños están dispuestos a disfrutar de un merecido descanso después del esfuerzo realizado durante el curso. Sin embargo, muchos padres, inmersos en su rutina laboral, se encuentran con la incertidumbre de qué hacer con sus hijos mientras están en el trabajo: ¿Dejarles con los abuelos?, ¿apuntarles a un campamento?, ¿pagar a una “canguro” que les cuide en casa? ¿Dividirse los padres los días libres por lo que no podrán disfrutar de tiempo todos juntos en familia?… El dilema está servido.

Lo cierto es que el tema económico suele tener bastante peso a la hora de decidir porque no todas las familias pueden costear actividades de ocio o deporte durante varias semanas.

No obstante, Francisco Muñoz, presidente de la Asociación de Abuelas y Abuelos de España, matiza que los hijos deben tener en cuenta que «las personas mayores, aunque estemos jubiladas tenemos muchas cosas que hacer a diario y que el cuidado de los nietos no debe ser considerado como una obligación nuestra. La única obligación es el cariño».

Explica que cuando hay una urgencia o necesidad «dejamos todo y salimos corriendo para atender a los nietos, pero no se puede disponer de nuestro tiempo sin contar con nuestros intereses y ocupaciones. Lo ideal es hablarlo, negociar, que no lo den por sentado, y que las dos partes estemos de acuerdo y entendamos las necesidades del otro».

Uno de los problemas que añade es que muchos hijos dejan a los nietos bajo la excusa de que así los abuelos están entretenidos, hacen ejercicio… «Y no les falta razón. Nos encanta estar con los niños, pero también exige un gran esfuerzo, sobre todo para aquellos que no están en plenas condiciones físicas porque lo primero que dicen los pequeños al llegar a nuestras casas es “abuelo, ¿a qué jugamos?”».

Condiciones físicas

Aún así, apunta que «no cabe duda de que somos también un gran apoyo para aquellos hijos que pasan por dificultades económicas y que, además, somos personas que fomentamos mucho los valores como la honradez, el respeto, el esfuerzo, la entrega…».

Al margen de la cuestión económica, y respetando las condiciones físicas de los mayores, Silvia Álava Sordo, psicóloga del Centro de Psicología Álava Reyes y autora, entre otros, del libro «Queremos hijos felices», apunta que «no hay ninguna norma escrita» respecto a quién cuida de los pequeños, y depende más de los intereses del niño y posibilidades de los padres.

Pese a todo, esta experta defiende la idea de que los menores puedan pasar estos días con los abuelos, ya que, en muchos casos, tienen una residencia en un pueblo o en la playa. «De esta forma, los niños pueden estar al aire libre, relacionarse con otros amiguitos de su edad, montar en bici, hacer caminatas y disfrutar de las posibilidades que ofrece la naturaleza».

Encerrados en casa

En el caso de que los abuelos estén en la ciudad, Silvia Álava reconoce que la idea no resulta tan atractiva, «puesto que es más probable que los pequeños pasen más tiempo encerrados en casa, lo que reduce sus posibilidades de relacionarse con otros niños y favorezca que se enganchen a las pantallas para matar el aburrimiento, lo que es muy poco enriquecedor. Los niños necesitan a otros niños, moverse…».

La opción del campamento también se presenta, según esta experta, como una posibilidad muy positiva, «puesto que las actividades, el juego, la interacción con otros niños y la diversión están garantizados». Señala que el tiempo de ocio es muy buena ocasión para las relaciones sociales entre iguales porque «aunque los niños estén guiados por monitores, se encuentran en situaciones en las que deben aprender a negociar a qué jugar, a respetar determinar reglas del juego, turnos… y es una cuestión de convivencia muy provechosa», explica.

Planes para adolescentes

Cuando se trata de hijos adolescentes, Silvia Álava señala que es habitual que al principio renieguen de ir al pueblo o la playa con los abuelos, «pero al final disfrutan y lo agradecen. No obstante, los campamentos también son muy buena opción porque ellos mismos son los que acuerdan con sus amigos apuntarse para ir juntos, lo que les motiva mucho por estar todo el día unos en compañía de otros. Siempre es mejor opción a que se queden en casa solos, se levanten a las 12 y se tumben en el sofá para conectarse con sus amigos a través del móvil», apunta.

Ana Herrero, psicóloga y coordinadora del departamento de Orientación de Brains International School, coincide con Silvia Álava en que la posibilidad de estar con abuelos en aldeas o pueblos es una opción estupenda y que ofrece más posibilidades que cuando viven en grandes urbes.

Mucho más que ocio

Sin embargo, considera que los campamentos ofrecen mucho más que ocio. «Los padres deben ser conscientes de que a los niños que van a campamentos, sobre todo si pernoctan en ellos, se les da la oportunidad de adaptarse al nuevo entorno, desarrollar muchos recursos para establecer relaciones sociales con monitores y niños que no conoce, de organizar su propia higiene, ropa, gestionar su propia autonomía… Habilidades todas ellas que estando con abuelos o con una cuidadora en casa es más difícil que desarrollen. Es decir, los campamentos son un motor de crecimiento personal a todos los niveles».

Esta experta señala que, además, es una excelente ocasión para que los padres, sobre todo los que son muy protectores, asuman que su hijo es capaz de desenvolverse por él mismo y que no les necesita «para todo las 24 horas», como suele ser habitual que piensen. «Y, cómo no, también es una estupenda ocasión para que los padres puedan disfrutar más como pareja».

¿Cómo saber si tu hijo está preparado para ir a un campamento de verano?

Desde el departamento de Orientación de Brains International School recomiendan hacerse la siguientes preguntas:

—¿Tiene interés el niño en ir al campamento?

El mejor indicador es que él muestre entusiasmo en asistir. Si es demasiado pequeño, lo mejor es que vaya a un campamento con un hermano mayor o amigo y empezar por opciones que le permitan dormir en casa.

—¿Respeta las normas en casa?

El pequeño tendrá que seguir las directrices de los monitores para garantizar la seguridad y orden de todos. Si respeta los límites en casa, seguramente también lo hará en el campamento de verano, lo que aporta tranquilidad a los padres.

—¿Le gusta estar solo o relacionarse?

Si prefiere estar solo, quizá sea excesivo que pase un largo periodo de tiempo con otros niños las 24 horas del día. En estos casos la mejor opción es un campamento urbano para que poco a poco desarrolle habilidades sociales.

—¿Se vale por él mismo?

Para quedarse en un campamento debe tener cierto nivel de autonomía, aunque no pasa nada si necesita algo de ayuda que le darán los monitores. No obstante, si no realiza tareas básicas (atarse cordones, recoger su plato…), mejor esperar al próximo año.

—¿Ha dormido ya fuera de casa?

Si ha dormido en casa de un amigo y la experiencia fue positiva es buena señal de que está preparado. Si no es así, es preferible que pruebe antes de ir a un campamento para que sepa lo que es no estar junto a sus padres.

FUENTE: Diario ABC