#Podcast Vacaciones en Familia: hablamos de las claves para la convivencia estival en No Es Un Día Cualquiera de RNE

Estamos de vacaciones y es época de compartir con familares, por eso, el sábado hablamos en RNE en No es día cualquiera sobre Claves para la convivencia estival.

  • Mantener una buena actitud, crear un clima de confianza
  • El respeto esté siempre presente entre todos los miembros de la familia.
  • Por mucha confianza que tengamos el “por favor” y las “gracias” deben se estar siempre presentes.
  • Evitar las comparaciones entre familias.
  • No competir.
  • Mantenerse abierto a aprender Mantente abierto/a a aprender otras formas de hacer las cosas, de gestionar las situaciones, no estás en posesión de la verdad absoluta.
  • Y sobre todo, nunca obligar a elegir: o tu madre/padre o yo. No solo porque puede no gustarnos la elección final, sino porque estamos poniendo a la persona en una situación muy comprometida y emocionalmente muy intensa.

¿Es correcto besar en la boca a tus hijos? Colaboración con ABC Familia

Tras el polémico beso en la boca de Sergio Ramos a su hijo, los expertos en infancia analizan este gesto y su influencia en los niños.

Por Guillermo Robles @guillek21

Recientemente las redes han estallado tras la imagen que subió el futbolista del Real Madrid, Sergio Ramos, quien publicaba una muestra de afecto a su hijo donde se le veía dandole un beso en la boca. Este gesto suscitó un gran revuelo, pues no se suele ver muy a menudo. Sin embargo, ¿qué repercusiones puede tener este gesto en el entorno familiar, social y personal?

Ya se ha comprobado multitud de veces y con diferentes famosos, que el hecho de que un padre o una madre besen a sus hijos en la boca produce gran revuelo socialmente, en ocasiones incluso gran rechazo, tanto en admiradores del personaje público como de personas ajenas a estos, y es que, la atención no se centra solo en la persona famosa, sino en su estilo de crianza.

La psicóloga Silvia Ávala Sordo apunta la gran importancia de mostrar afecto a nuestros hijos para su desarrollo, asegurando que abrazos, besos en la mejilla o en la frente están muy recomendados para demostrar nuestro cariño, además del apoyo verbal. «Entre los actos que no se consideran necesarios se encuentra el beso en la boca», asegura.

¿El motivo?

La razón es que existen suficientes muestras de afecto para demostrarles nuestro cariño sin tener que besar en los labios, lo que se puede reservar para la pareja, de este modo, el propio hijo distinguirá los diferentes tipos de gestos de cariño, se evitará cualquier «signo de erotismo». «Además, los niños no distinguen a menos que les enseñemos la diferencia, por lo que se puede dar el caso de que extrapolen estos gestos a la guardería o a cualquier otro entorno social, lo que podría causar un problema tanto con sus compañeros como con los demás miembros de la sociedad». Por ejemplo, si un niño tiene normalizado dar besos en la boca y da uno a un compañero en el patio del colegio, este puede quejarse y los padres del niño montar en cólera ante este hecho por considerarlo fuera de lugar.

Esta experta añade que si no enseñamos a nuestros hijos que «es un acto más propio de amor entre parejas, no sabrán que, si un desconocido adulto les da un beso cuáles son sus verdaderas intenciones, lo que puede provocar más fácilmente que sean presa de abusos sexuales ante su confusión».

Conclusión

De todas formas, Silvia Álava considera que besar en la boca «tal vez esté demasiado demonizado», al no existir estudios que demuestren con hechos significativos que «sea un factor determinante en la educación y desarrollo de los menores o esté asociado a algún problema». Sin embargo, está recomendado por la inmensa mayoría de los psicólogos «enseñarles la diferencia entre estos gestos para que conozcan los límites entre un beso exclusivamente afectuoso de uno más erótico, además de la importancia de reconocer estos a nivel social y poder negarse o aceptarlo en caso de que lo reciban de otra persona», concluye.

«Bajo ningún concepto un bofetón a un hijo ayuda a educarle» Colaboración con el diario ABC

La Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología, explica alternativas para afrontar las discusiones con los niños.

Laura Peraita @LauraPeraita

La negativa de un niño de 10 años por ir a ducharse encendió la llama de una discusión familiar que su madre quiso zanjar con un bofetón. Pero, el enfado no acabó ahí. El caso llegó a los tribunales y la Audiencia de Pontevedra ha fallado en contra de esta madre a la que ha impuesto una pena de dos meses de prisión al considerarle autora de un delito de maltrato en el ámbito de la violencia doméstica. No obstante, este castigo se rebajará a dos meses de trabajos en favor de la comunidad, puesto que la acusada no cuenta con antecedentes penales.

Lejos de valorar el dictamen del juez, Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron», explica que «bajo ningún concepto un bofetón está justificado ni ayuda a educar a un niño. Éstá muy estudiado que la violencia solo genera violencia».

Explica que si un padre trata de regular las emociones de un niño, reaccionar de forma violenta con él no contribuye a mejorar su comportamiento. «Los padres son el modelo a seguir por los hijos y, si se actúa de esa manera, se le está enseñando, precisamente, a reaccionar de forma violenta porque el adulto no ha sido capaz de regular sus propias emociones».

Esta experta añade que, actuar de este modo, conllevará a entrar en una escalada de actuaciones violentas ante cualquier conflicto en la familia llegando, en ocasiones, a que la situación «se les escape de las manos».

Por este motivo, Silvia Álava Sordo matiza que lo mejor en estos casos de discusión en los que parece que se pueden perder los papeles con el hijo, «es parar y que los padres se retiren de la habitación en la que se encuentra el niño y avisarle de que cuando estén más calmados se abordará el tema con tranquilidad. Es muy importante, ante tanta tensión, —advierte— no tener contacto visual entre ambos. Cada uno, en solitario, deberá hacer un esfuerzo por calmarse, respirar hondo y, en el caso de necesitarlo, realizar alguna técnica de relajación. Cuando todo vuelva a la calma, los padres deben retomar el tema para dejar claro que el comportamiento del hijo no ha sido el adecuado y que los padres son los que siempre tienen la autoridad que hay que respetar», concluye esta experta.

Así conseguirás que tus hijos sean felices. Colaboración con el diario El País

Hablamos sobre la importancia de la educación emocional a raíz del libro de cuentos infantiles publicado por Anna Morató.

Anna Morató resume en cuentos infantiles pautas para potenciar en los niños valores como la autoestima o la tolerancia a la frustración.

Escrito por Celia López

La felicidad se enseña y si se empieza desde la infancia, mucho mejor. Con este objetivo, la escritora Anna Morató ha publicado De mayor quiero ser feliz (Beascoa) en el que trata emociones como el enfado, la empatía y el valor del esfuerzo. Por ejemplo, para explicar la importancia de ponerse en el lugar de otros, una niña se transforma en otra al ponerse sus zapatos y siente todas sus emociones. “Utilizo metáforas visuales para que los niños entiendan conceptos que son complejos. Hay que transmitirles que al final son ellos los que deciden cómo reaccionar ante lo que les pasa en la vida, por eso todos los relatos terminan igual: tú decides”.

Antes de hacerse escritora y tener hijos, Morató trabajó en el sector del marketing y enseñaba a los directivos a manejarse ante la adversidad. «Cuando me quedé embarazada de mi primera hija, me preocupaba mucho cómo transmitirle valores positivos. Quería que estuviera preparada para las dificultades con las que se iba a encontrar en la vida y los cuentos son la mejor herramienta para hacerlo», explica. Así que utilizó su experiencia laboral para hacer «presentaciones» con dibujos para explicarles por qué había que recoger los juguetes o que había que despedirse del parque hasta día siguiente y no estar tristes porque nos íbamos a casa…

En su libro, Morató insiste en enseñar a los niños a tener autoestima y también a obviar los comentarios negativos que otros amigos o compañeros les digan. «Pero también resalto en las historias que, además de no hacer caso a los insultos, tienen que decírselo a sus padres o profesores, para poder poner freno al acoso», explica.

Morató recomienda que docentes y progenitores hablen mucho con los niños y estén muy pendientes de cómo se comportan para detectar si están sufriendo bullying. «Hay veces que los niños están en una situación de vulnerabilidad, pero no saben lo que les pasa y no son capaces de ponerle palabras. Por eso hay que hablar mucho con ellos y estar pendientes de si están desanimados o no tienen ganas de ir a clase», dice. El próximo libro de Morató versará sobre el compañerismo y la forma de evitar el acoso escolar. «Hay que hacer ver a los acosadores que ellos también son perjudicados por las burlas que hacen. Una persona que insulta a otros es porque no se siente bien consigo mismo», afirma. 

El hilo conductor de todos los relatos de Morató es enseñar a los niños que la felicidad no viene dada por los juguetes que tengan ni por las cosas que les sucedan. «En una sociedad materialista y consumista hay que enseñar a nuestros hijos que la felicidad depende de sus decisiones y no de lo material», dice la autora. Morató defiende que hay que enseñar a los niños a esforzarse para conseguir las cosas que están a su alcance y que no deben preocuparse por aquellas que están fuera de su control, por lo que también hay que saber prepararles para la frustración.

La importancia de la educación emocional

La psicóloga infantil Silvia Álava explica que es muy importante potenciar en los menores la educación emocional. “Los beneficios están demostrados científicamente. Los niños que aprenden a controlar sus sentimientos toman mejores decisiones a lo largo de su vida”, afirma. Aunque los padres y la familia representan el entorno más cercano para este tipo de aprendizaje, Álava afirma que es positivo que en los colegios se incluya algún tipo de enseñanza de los sentimientos. “Está comprobado que cuando hay intervenciones en las aulas con profesionales cualificados se reducen los casos de acoso escolar”, explica. La experta también hace hincapié en la importancia de potenciar la autoestima de los niños para favorecer su autonomía. «Nunca debemos exigirles a nuestros hijos cosas que no están a su alcance ni debemos compararlos con otros menores, pero sí hay que transmitirles el valor del esfuerzo», concluye. 

FUENTE: Diario El País: De mámás y Papás

Es tú oportunidad, así podrás crecer como familia este verano. Colaboración con el diario ABC

Claves reales para mejorar las relaciones con los hijos y de pareja

Por Laura Peraita @LauraPeraita

Durante al curso académico la mayoría de los padres se quejan de la falta de tiempo para estar con sus hijos y disfrutar del tiempo libre. El estrés, las prisas, las obligaciones diarias, las apretadas agendas… pueden poner al límite a cualquier familia y dejar en un segundo plano cuestiones tan importantes como conocerse más en profundidad, comunicarse en calma, resolver conflictos con reflexión, interesarse sobre cómo se sienten los demás… Ya no hay excusas: el verano es una oportunidad para crecer como familia. El tiempo libre es el mejor aliado.

Según Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron», crecer como familia es mejorar. Para ello sugiere a los padres que se paren a pensar, que se planteen dónde están y dónde les gustaría llegar y, sobre todo, cómo conseguirlo. Cada familia es muy distinta y tiene metas diferentes, pero lo más habitual es que pretendan mejorar la comunicación, la paciencia, acabar con los gritos, fomentar el respeto, el afecto físico (dar más muestras de cariño con besos, abrazos), reconocer los aspectos positivos de los demás… «Por ello, –apunta–, hay que aprovechar las vacaciones para plantearse objetivos claros de mejora familiar y luchar por ellos. No hay que dejarse llevar por la pereza o por el día a día porque las relaciones no mejoran solas. El verano es el momento de actuar».

Estado emocional inicial

Pero antes de ponerse manos a la obra, Gema Garrido, presidenta de Praxxia, asociación especializada en coaching familiar y parentalidad positiva, aconseja que los padres, al echar el freno, aprovechen para analizar el estado emocional en el que se encuentran en ese momento como individuos; es decir, si están muy estresados, cansados, deprimidos, ilusionados… «porque la persona, como tal, no se enfrenta de la misma manera a una convivencia familiar las 24 horas».

También considera Garrido relevante tener expectativas reales. «Que llegue el verano no significa que vayan a ser las vacaciones de nuestra vida tal y como salen en los anuncios en los que todo es felicidad y diversión. En este periodo también hay tiempo para aburrirse o estar cansado. Es muy humano. No por ir a un hotel en la playa con la familia implica que todo el tiempo va a estar rebosante de felicidad», explica.

Con fecha y hora

En la misma línea se manifiesta Ana Asensio, psicóloga de Vidas en Positivo, quien reconoce que es muy habitual coger con unas ganas inmensas las vacaciones y a veces no suele ser todo como se idealizaba. «Nos da la sensación de que el tiempo en familia es un verdadero estrés, que no sabemos hacerlo bien o que nuestros hijos están “maleducados”, se enfadan todo el tiempo, protestan continuamente… mientras nosotros, como adultos, también tenemos la necesidad imperiosa de descansar. Somos humanos».El tiempo de calidad tiene que suponer que todos los miembros de la familia participen de una actividad, lejos de cualquier distracción de móviles, televisión…

Por este motivo, Silvia Álava Sordo propone, en primer lugar, fijar los objetivos y buscar momentos de calidad en familia, «pero poniendo fecha y hora, planificándolos, porque si no esos ratos quedan diluidos y al final se dejan pasar. El tiempo de calidad tiene que suponer que todos los miembros de la familia participen de una actividad, lejos de cualquier distracción de móviles, televisión… De esta forma, fluirá la conversación para conocerse mejor. También se puede aprovechar para rescatar álbumes de fotos familiares, contar cómo se conocieron papá y mamá, cómo vivían los abuelos… Hacer juegos para que dibujen a cada miembro de la familia y conocer cómo los perciben nuestros hijos de forma divertida…».

Matiza, no obstante, que conocer a los hijos «es aceptar como son y olvidarse de cómo quiero transformarles en lo que yo quiero que sean. Es un error muy común. Se debe asumir que cada persona es única y tiene que hacer su vida a su manera dentro de un orden».

En este sentido, Gema Garrido propone a los cabeza de familia que bajen el nivel de exigencia con sus hijos porque en estos días libres se pueden pasar por alto ciertas rigideces imprescindibles para el resto del año. «Para que esta labor sea más fácil es bueno empatizar con los pequeños, hacer una regresión personal a cuando nosotros teníamos su edad para intentar entender qué es lo que nos motivaba entonces para, de esta forma, poder planear momentos y actividades acordes a sus deseos y en los que todos puedan disfrutar lejos de discusiones».

Cuando los hijos son adolescentes puede resultar más complicado que quieran pasar ratos junto a sus padres o hermanos por la etapa vital que atraviesan, «pero no pueden mantenerse al margen de la familia», prosigue Silvia Álava Sordo. «Lo mejor es dejarles espacio para su soledad y para estar con sus amigos, pero negociar con ellos que hay momentos dentro de la dinámica familiar en los que tienen que estar presentes, como a la hora de la comida o la cena, por ejemplo. Lo ideal sería que estas dos ocasiones no fueran impuestas, sino que se les presente como momentos divertidos y atractivos para que quieran compartirlos con el resto de la unidad familiar».

Espacios propios

No obstante, Ana Asensio advierte que, al igual que en el resto del año, «en vacaciones es esencial generar espacios en el hogar para compartir, pero también para disfrutar de momentos propios, para nuestras aficiones, descanso o para aburrirnos y no hacer nada». Recuerda que «no hacer, también es hacer», y es muy necesario en este instante vital aprender y enseñar a nuestros hijos a no hacer nada de vez en cuando y a sentirse cómodos por ello. «No hacer, no es una pérdida de tiempo; al contrario», matiza.Querer hacerlo bien y darnos cuenta de que no podemos, o nos sabemos, también nos lleva a padecer malestar, culpa o a pensar que nuestros hijos son un horror…

Para evitar sentimientos de culpabilidad cuando no todo el tiempo en familia sale como se esperaba, Ana Asensio apunta que sentir ese estrés de convivencia familiar en vacaciones y que puedan entrar ganas de huir es natural y humano, también forma parte de la vida. «En ocasiones, las demandas nos resultan elevadas. La exigencia de la crianza y la educación unida a la coordinación con nuestra pareja puede hacernos sentir agobio. Y, además, al querer hacerlo bien y darnos cuenta de que no podemos, o nos sabemos, también nos lleva a padecer malestar, culpa o a pensar que nuestros hijos son un horror… Bueno –insiste–, pues esto también es humano. ¿El truco? La calma. Si se monta un alud y la bola de nieve se hace cada vez más grande; para, respira, salte de la escena, observa y, cuando todo haya bajado de intensidad, decides qué hacer. Probablemente te resulte más fácil tomar una decisión adecuada sin carga emocional añadida».

Esta psicóloga anima a los progenitores recordando que hay que comprender que la convivencia con los niños es toda una aventura, «y a veces el humor nos ayuda mucho y nos saca victoriosos de situaciones que inicialmente nos puedan generar incomodidad y hasta miedo», concluye.

FUENTE: Diario ABC

La diferencias de percepción de desigualdad de género en las niñas comienzan a los seis años. Colaboración con EFE Salud

Por Javier Tovar

Entre los 0 y 5 años no hay visos de percepción de desigualdad por género entre niñas y niños. Sin embargo, a partir de los 6 años, comienza a producirse. La psicóloga Silvia Álava subraya esta circunstancia en una entrevista con EFEsalud donde repasa los riesgos de las redes sociales en relación con el feminismo, y alerta sobre el mito del amor romántico y lo que significan los celos.

La psicóloga Silvia Álava, doctora en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, analiza en primer lugar cuando comienza la desigualdad en la percepción de género entre niñas y niños. Se acerca al feminismo desde la psicología.

“La literatura científica y la evidencia científica habla de las diferencias de género, pero también de las similitudes, que son muchas”, inicia su planteamiento.

“No hay diferencias de inteligencia entre mujeres y hombres, pero en el tipo de educación si se observan diferencias, en el papel que desempeñan, por ejemplo, los juguetes, los disfraces, la ropa… la tendencia es el rol de la cuidadora en la mujer, y del abastecedor de la economía familiar, el hombre”, expone.

La frontera de los seis años

Silvia Álava
La psicóloga Silvia Álava/ Foto cedida

La psicóloga se apoya en estudios que demuestran que cuando niñas y niños son pequeños, no se observan diferencias, pero “a partir de los seis años, las niñas muestran un menor autoconcepto de sí mismas, se da una mayor participación de los chicos en tareas vinculadas a la inteligencia, y las chicas dudan de su capacidad. Esto empieza a partir de los 6 años”.

Los resultados de los exámenes no muestran ni mucho menos superioridad de los niños en matemáticas, pero las carreras de Ciencias acaban contabilizando menos chicas.

“Los niños -precisa Silvia Álava para mostrar reacciones diferentes de género- si fallan en un examen culpan al profesor porque les tiene manía, o a la mala suerte, o la dificultad de la prueba, mientras las niñas piensan que quienes fallan son ellas. No se puede generalizar de manera total, ni mucho menos, pero esta es una tendencia general clara”.

En las guarderías y escuelas infantiles hay muchas más profesoras que profesores; en primaria, empieza a haber profesores; en el instituto, se iguala; y en la universidad, solo el 20 por ciento son catedráticas, expone la experta.

Su conclusión es clara: “A medida que se asciende en el nivel de dificultad y responsabilidad establecidos socialmente, la mujer va desapareciendo, y en los niveles considerados más bajos, hay más. Todavía no hemos llegado a un trasvase equitativo de mujeres en roles tradicionales de hombres y de hombres en roles tradicionales de mujeres. Falta muchísimo por andar. Mujeres directivas en el Ibex 35 hay poquísimas”.

Silvia Álava no cree que el machismo se esté rearmando, ni que la igualdad esté retrocediendo, pero si lanza un aviso en relación con informes recientes de este mismo mes de julio: “Es alarmante que en pleno siglo XXI haya adolescentes que, por ejemplo, validen conductas de control sobre su pareja, control del móvil o la ropa. Es un riesgo para la sociedad que jóvenes de 14 o 15 años establezcan estas conductas”.

Informes como el Barómetro Juventud y Género 2019 del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, de la Fundación Ayuda contra la Drogadicción (FAD), presentado hace dos semanas, señala que hay más mujeres con conciencia feminista, y también hombres, pero permanecen ideas y patrones machistas, tanto en chicos como en chicas.

Amor romántico, dependencia emocional y celos

Álava no duda en poner de manifiesto con claridad los elementos negativos que tienen tanto el amor romántico como la dependencia emocional y los celos. No ve nada bueno en ello.

“Hay que tener cuidado con el amor romántico. La idea de la media naranja y de que uno es incompleto y tiene que encontrar la otra parte para alcanzar la plenitud es muy peligrosa y perjudicial. Todos somos naranjas completas, todos venimos completos de serie; podemos encontrar una persona con quien estemos especialmente bien, pero no porque seamos incompletos y necesitemos la otra mitad. No, en absoluto”, afirma.

“El tópico dice que el amor lo puede todo, lo cambia todo. El amor es bonito y poderoso, pero ni puede todo ni cura todo”, añade.

La psicóloga prosigue analizando apego, dependencia emocional y celos: “El apego hay que distinguirlo de la dependencia emocional. Las relaciones de dependencia son peligrosas y pueden activar relaciones tóxicas que, a su vez, pueden desembocar en celos”.

celos pasado
Viñeta humorística sobre el comportamiento del celoso retrospectivo/EFE/Cedida por José María Martínez Selva

¿Tienen algo bueno los celos?, preguntamos a la experta.

“No, es el mito a desterrar, más en los adolescentes, cuidado con las conductas de control -insiste- porque se puede llegar a pensar que los celos tienen una parte positiva, aquella de que me quieres mucho, y, en absoluto. Los celos no tienen una parte positiva. El celoso cree tender derecho a algo de la otra persona que no tiene, y se frustra, enfada y siente celos, que no tienen nada ni de positivo, ni de romántico, ni de bueno. En una relación sana y libre, sin dependencias ni toxicidades, los celos no tienen cabida”.

Redes sociales, feminismo y amor

Silvia Álava también opina sobre este asunto: “En las redes sociales están todas las posturas, y muy polarizadas, desde la defensa del feminismo hasta la defensa del machismo. Insisto una vez más con el tema del control desde las redes, su efecto puede resultar muy negativo”.

Y advierte: “Cuidado con las letras de algunas canciones o series televisivas. Hay letras de canciones actuales que cosifican a la mujer, y corremos el riesgo de que se normalicen pautas en la relación que son muy negativas. También en algunas series de televisión se cosifica a la mujer y se legitiman a veces los celos, las relaciones tóxicas y tormentosas, que se muestran para dar continuidad a las tramas, pero que son patológicas, con emociones extremas, tanto cuando se está bien como cuando se está mal”.

La psicóloga defiende fomentar el sentido crítico desde las series, las músicas y sus letras, y también los valores.

FUENTE: EFE Salud

Pros y contras de llevar a los hijos con los abuelos o de campamento. Colaboración con el diario ABC

Laura Peraita@Pros y contras de llevar a los hijos con los abuelos o de campamento. Colaboración con el diario ABC

Las vacaciones escolares ya están aquí. Los niños están dispuestos a disfrutar de un merecido descanso después del esfuerzo realizado durante el curso. Sin embargo, muchos padres, inmersos en su rutina laboral, se encuentran con la incertidumbre de qué hacer con sus hijos mientras están en el trabajo: ¿Dejarles con los abuelos?, ¿apuntarles a un campamento?, ¿pagar a una “canguro” que les cuide en casa? ¿Dividirse los padres los días libres por lo que no podrán disfrutar de tiempo todos juntos en familia?… El dilema está servido.

Lo cierto es que el tema económico suele tener bastante peso a la hora de decidir porque no todas las familias pueden costear actividades de ocio o deporte durante varias semanas.

No obstante, Francisco Muñoz, presidente de la Asociación de Abuelas y Abuelos de España, matiza que los hijos deben tener en cuenta que «las personas mayores, aunque estemos jubiladas tenemos muchas cosas que hacer a diario y que el cuidado de los nietos no debe ser considerado como una obligación nuestra. La única obligación es el cariño».

Explica que cuando hay una urgencia o necesidad «dejamos todo y salimos corriendo para atender a los nietos, pero no se puede disponer de nuestro tiempo sin contar con nuestros intereses y ocupaciones. Lo ideal es hablarlo, negociar, que no lo den por sentado, y que las dos partes estemos de acuerdo y entendamos las necesidades del otro».

Uno de los problemas que añade es que muchos hijos dejan a los nietos bajo la excusa de que así los abuelos están entretenidos, hacen ejercicio… «Y no les falta razón. Nos encanta estar con los niños, pero también exige un gran esfuerzo, sobre todo para aquellos que no están en plenas condiciones físicas porque lo primero que dicen los pequeños al llegar a nuestras casas es “abuelo, ¿a qué jugamos?”».

Condiciones físicas

Aún así, apunta que «no cabe duda de que somos también un gran apoyo para aquellos hijos que pasan por dificultades económicas y que, además, somos personas que fomentamos mucho los valores como la honradez, el respeto, el esfuerzo, la entrega…».

Al margen de la cuestión económica, y respetando las condiciones físicas de los mayores, Silvia Álava Sordo, psicóloga del Centro de Psicología Álava Reyes y autora, entre otros, del libro «Queremos hijos felices», apunta que «no hay ninguna norma escrita» respecto a quién cuida de los pequeños, y depende más de los intereses del niño y posibilidades de los padres.

Pese a todo, esta experta defiende la idea de que los menores puedan pasar estos días con los abuelos, ya que, en muchos casos, tienen una residencia en un pueblo o en la playa. «De esta forma, los niños pueden estar al aire libre, relacionarse con otros amiguitos de su edad, montar en bici, hacer caminatas y disfrutar de las posibilidades que ofrece la naturaleza».

Encerrados en casa

En el caso de que los abuelos estén en la ciudad, Silvia Álava reconoce que la idea no resulta tan atractiva, «puesto que es más probable que los pequeños pasen más tiempo encerrados en casa, lo que reduce sus posibilidades de relacionarse con otros niños y favorezca que se enganchen a las pantallas para matar el aburrimiento, lo que es muy poco enriquecedor. Los niños necesitan a otros niños, moverse…».

La opción del campamento también se presenta, según esta experta, como una posibilidad muy positiva, «puesto que las actividades, el juego, la interacción con otros niños y la diversión están garantizados». Señala que el tiempo de ocio es muy buena ocasión para las relaciones sociales entre iguales porque «aunque los niños estén guiados por monitores, se encuentran en situaciones en las que deben aprender a negociar a qué jugar, a respetar determinar reglas del juego, turnos… y es una cuestión de convivencia muy provechosa», explica.

Planes para adolescentes

Cuando se trata de hijos adolescentes, Silvia Álava señala que es habitual que al principio renieguen de ir al pueblo o la playa con los abuelos, «pero al final disfrutan y lo agradecen. No obstante, los campamentos también son muy buena opción porque ellos mismos son los que acuerdan con sus amigos apuntarse para ir juntos, lo que les motiva mucho por estar todo el día unos en compañía de otros. Siempre es mejor opción a que se queden en casa solos, se levanten a las 12 y se tumben en el sofá para conectarse con sus amigos a través del móvil», apunta.

Ana Herrero, psicóloga y coordinadora del departamento de Orientación de Brains International School, coincide con Silvia Álava en que la posibilidad de estar con abuelos en aldeas o pueblos es una opción estupenda y que ofrece más posibilidades que cuando viven en grandes urbes.

Mucho más que ocio

Sin embargo, considera que los campamentos ofrecen mucho más que ocio. «Los padres deben ser conscientes de que a los niños que van a campamentos, sobre todo si pernoctan en ellos, se les da la oportunidad de adaptarse al nuevo entorno, desarrollar muchos recursos para establecer relaciones sociales con monitores y niños que no conoce, de organizar su propia higiene, ropa, gestionar su propia autonomía… Habilidades todas ellas que estando con abuelos o con una cuidadora en casa es más difícil que desarrollen. Es decir, los campamentos son un motor de crecimiento personal a todos los niveles».

Esta experta señala que, además, es una excelente ocasión para que los padres, sobre todo los que son muy protectores, asuman que su hijo es capaz de desenvolverse por él mismo y que no les necesita «para todo las 24 horas», como suele ser habitual que piensen. «Y, cómo no, también es una estupenda ocasión para que los padres puedan disfrutar más como pareja».

¿Cómo saber si tu hijo está preparado para ir a un campamento de verano?

Desde el departamento de Orientación de Brains International School recomiendan hacerse la siguientes preguntas:

—¿Tiene interés el niño en ir al campamento?

El mejor indicador es que él muestre entusiasmo en asistir. Si es demasiado pequeño, lo mejor es que vaya a un campamento con un hermano mayor o amigo y empezar por opciones que le permitan dormir en casa.

—¿Respeta las normas en casa?

El pequeño tendrá que seguir las directrices de los monitores para garantizar la seguridad y orden de todos. Si respeta los límites en casa, seguramente también lo hará en el campamento de verano, lo que aporta tranquilidad a los padres.

—¿Le gusta estar solo o relacionarse?

Si prefiere estar solo, quizá sea excesivo que pase un largo periodo de tiempo con otros niños las 24 horas del día. En estos casos la mejor opción es un campamento urbano para que poco a poco desarrolle habilidades sociales.

—¿Se vale por él mismo?

Para quedarse en un campamento debe tener cierto nivel de autonomía, aunque no pasa nada si necesita algo de ayuda que le darán los monitores. No obstante, si no realiza tareas básicas (atarse cordones, recoger su plato…), mejor esperar al próximo año.

—¿Ha dormido ya fuera de casa?

Si ha dormido en casa de un amigo y la experiencia fue positiva es buena señal de que está preparado. Si no es así, es preferible que pruebe antes de ir a un campamento para que sepa lo que es no estar junto a sus padres.

FUENTE: Diario ABC

La Inteligencia Emocional como aliado del aprendizaje. Colaboración con PadresyColegios.com

Nos preocupamos mucho porque nuestros hijos y alumnos aprendan y salgan lo más preparados posibles de las escuelas y de los institutos, que adquieran muchos conocimientos, que saquen buenas notas. Y en ocasiones se nos olvida que la inteligencia emocional es un gran aliado del aprendizaje y en ocasiones un mejor predictor de los resultados académicos que el Cociente de Inteligencia Total. Por tanto, no podemos dejar la educación de las emociones a la suerte, debemos activarla de forma sistemática, y basándonos en programas que hayan demostrado su validez de forma empírica.

¿Por qué es tan importante la Inteligencia Emocional en los niños?

Seguro que muchos de los lectores recordarán el famoso experimento de Walter Mischael, más conocido como “el test de la golosina”. En este test, se les pedía a niños y niñas de 4 años de edad que pasaran al que los investigadores llamaban <<el cuarto de las sorpresas>>. En la habitación había una mesa y una silla, además de un espejo a través del cual se podía ver la reacción de los niños. La investigadora le pide al niño o la niña que se siente y le ofrece una golosina, que pone delante en un plato. La psicóloga le dice que tiene que salir un momento, y que si quiere puede comerse la golosina ahora mismo, pero si espera a que ella vuelva le dará otra y podrá comerse dos. También añadía que si quiere comerse la golosina mientras ella está fuera, también puede hacerlo, pero perderá la segunda. ¿Qué hicieron los niños de este experimento? Ante esta situación podían ocurrir tres cosas:

  • Un tercio de los niños se comió la golosina nada más salir la investigadora.
  • Un tercio logra esperar unos minutos, aunque finalmente se comió la golosina.
  • Un tercio fue capaz de esperar a que volviera la psicóloga entre 15 y 20 minutos.

El objetivo inicial de la investigación era conocer las estrategias que permitían posponer la gratificación de los niños, y no esperaban encontrar relación entre el tiempo que el niño en edad infantil tardaba en comerse la golosina y su comportamiento futuro en la vida real. Sin embargo, cuando se hizo un seguimiento longitudinal de los niños el estudio mostró que los niños y niñas que supieron esperar en la adolescencia eran más independientes y tenían una mayor capacidad de autocontrol, más confianza en sí mismos y una mayor tolerancia al estrés y los que se comían inmediatamente la golosina soportaban peor la frustración, eran más indecisos y socialmente menos hábiles, incluso tenían, de promedio, unas notas más bajas en las pruebas de acceso a la universidad.

Cuando los niños y niñas que participan en el estudio eran adultos (entre los 25 y los 30 años) también se encontraron diferencia entre los que habían sabido esperar y lo que no. Así los primeros tenían un menor consumo de drogas, menos índice de masa corporal, mayor autoestima, mayor nivel educativo, más tolerancia al estrés y la frustración y mejores relaciones sociales. En un tercer momento, cuando los sujetos ya contaban con 40 años se realizó un seguimiento con técnicas de resonancia magnética. Los resultados mostraron que los que habían sido capaces de resistir la tentación a los cuatro años presentaban una mayor actividad en la corteza prefrontal derecha, una zona relacionada con el control de la conducta y la toma de decisiones. Mientras que el grupo que se comió la golosina mostraron una mayor activación en el estriado ventral, que es la región cerebral donde se procesan las recompensas positivas y está vinculado a los circuitos del placer y de las adicciones.

Otras investigaciones longitudinales, como la realizada en Dunedin, Nueva Zelanda, muestran que un buen autocontrol durante la infancia influye en la salud, la riqueza y la seguridad en la edad adulta. Por tanto, la capacidad para gestionar nuestras emociones, si se aprende durante la infancia, tendrá también una gran influencia en la edad adulta. Si sabemos todo esto ¿Por qué no introducimos la educación emocional en la escuela y en las familias?

La capacidad para gestionar nuestras emociones, si se aprende durante la infancia, tendrá también una gran influencia en la edad adulta.

La evidencia científica nos muestra que los programas de intervención en educación emocional son efectivos, tanto a corto como a largo plazo en variables como el rendimiento académico, la relación alumno-maestro, se reducen los problemas de conducta, de bullying y ciberbullying, la ansiedad y el consumo de sustancias. Mejorando tanto la salud física como emocional de los participantes, de los alumnos y de los profesores.

Si su hijo o su alumno se comió la golosina, tampoco hay que dramatizar, pero sí ocuparse en hacer una buena educación socioemocional y para ello será necesario tener unas pautas educativas claras, con normas y límites, instrucciones sencillas, ser consistentes y coherentes, y contar con programas de entrenamiento emocional que estén basados en la evidencia científica y administrados por profesionales cualificados.

FUENTE: PadresyColegios.com

La polémica de la lactancia materna: ¿dar o no dar el pecho? Colaboración con MujerHoy.com

Las amigas que dieron el pecho tres años, el pediatra que decreta biberón al primer signo de mastitis, las enfermeras apremiantes… Para decidir, las madres necesitan información, sí, pero también serenidad.

Escrito por E. GARCÍA

A Águeda C. recuerda con espanto, todavía hoy, las primeras horas que transcurrieron después del parto de su primer hijo, un bebé diminuto al que aún no se había acostumbrado. Su suegra decidió, en aquel momento, que iba a enseñarle a dar el pecho. “Fue horrible, parecía que, como yo era madre primeriza, todos tenían derecho a dar su opinión –rememora–. Aparte del cansancio, sentí aquello como una intromisión en un momento muy íntimo, por no hablar de la sensación de torpeza y frustración. Lo único que conseguimos es que yo me paralizara y acabara rechazando la lactancia. Han pasado dos años y es uno de los recuerdos más tristes de mi vida. Y luego estaban las miradas que te decían que eras una madre inútil o demasiado sensible”. 

La experiencia de Susana L., hace un año, es justamente la contraria, pero tampoco para ella fue un momento fácil. “Yo di de mamar a mi bebé porque me empeñé, porque en el hospital nadie me ayudó o enseñó. Parecía que no tenían tiempo. Me sentí abandonada, no daba crédito –cuenta–. Tuve una mastitis, grietas en los pezones y el bebé perdió peso, pero gracias a la pediatra conseguí salir adelante. Amamanté a mi hijo hasta los nueve meses.”

Muchas mujeres sienten la lactancia como un examen.

Las últimas cifras de la Asociación Española de Pediatría indican que las madres lactantes son casi el 70% en las primeras seis semanas de vida del bebé y un 50% a los seis meses de vida. Además, cada vez hay más niños mayores de un año que siguen mamando y casi todos los hospitales, públicos y privados, cuentan con un protocolo para la iniciación. Este momento se cuida, incluso, cuando no es posible llegar a la lactancia materna de manera natural y hay que recurrir al biberón. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia natural exclusiva durante los seis primeros meses de vida, por sus numerosos beneficios tanto para la salud del bebé (como un menor riesgo de infecciones y alergias) como de la madre, y en combinación con otros alimentos hasta los dos años. Pero los expertos afirman que el vínculo de apego se forja igual con o sin pecho. El objetivo, en las primeras horas del bebé, es ayudar a la madre decida lo que decida. Al menos, en teoría, porque los sentimientos de las madres, especialmente las primerizas, siguen siendo complejos. Hay más información y más apoyo, pero muchas mujeres siguen sintiendo la lactancia como un examen y se sienten culpables cuando no la aprueban con nota.

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MAITE NIEBLA

Vínculos piel con piel

“Yo creo que, en general, se tiende cada vez más a respetar la decisión de cada madre y a comprender que cada una tiene derecho a elegir”, asegura Cristina Fernández Gonzalo, responsable del Banco de Leche del Hospital La Paz de Madrid. En este centro, como en muchos otros, si el recién nacido y la madre están sanos, el bebé permanece durante sus dos primeras horas en contacto piel con piel con ella. Esta cercanía favorece la creación del vínculo y se lleva a cabo, entre otras cosas, para iniciar la lactancia. El reflejo de succión es muy fuerte en el recién nacido y va desapareciendo con las horas. “Las matronas están pendientes por si surge algún problema”, dice Fernández Gonzalo. 

Cuando la lactancia no es posible, se ayuda a la mujer a que se efectúe una extracción de calostro (la primera leche que produce el pecho). El Banco de Leche de La Paz, que funciona en coordinación con el del Hospital Doce de Octubre, se nutre de las donaciones de madres lactantespara poder alimentar a niños con problemas, como los prematuros. “Pero también hay madres que no desean dar el pecho. En estos casos, por supuesto, también se les ofrece el periodo piel con piel”, explica la responsable. Luego se evita la subida de leche con fármacos, “y explicamos a la paciente cuál es la mejor forma de dar un biberón”. ¿Son mayoría las mujeres que optan por la lactancia? “En mi experiencia, al menos, son mayoría las que quieren intentarlo y buscan ayuda (cada vez se pide más información), antes de abandonar la lactancia por completo –responde Fernández Gonzalo–. Pero también hay mujeres que, por experiencias previas o por libre decisión, prefieren no dar el pecho, y eso hay que respetarlo también”.

El 90% de las españolas, desea dar el pecho. La media es de seis meses.

El 66% de las lactancias llegan a los tres meses, pero la incorporación al trabajo tras el permiso de maternidad supone un freno para muchas mujeres. Aun así, las españolas dan el pecho, como media, durante seis meses. Es una cifra que va en aumento, pero que todavía continúa muy lejos de las recomendaciones que hace la OMS.

La generación que nació en los años 60 fue la primera a la que se comenzó a alimentar con biberón. El uso de fórmulas infantiles, que luego se extendió en los años 70, empezaba a estar en auge y muchas madres creían que lo mejor era la tetina. Hoy, sin embargo, alrededor de un 90% de las mujeres desean emprender la lactancia materna

Y cuanto mayor es el apoyo que reciben, más se prolonga la crianza y más mujeres se apuntan a ella. En la Clínica Universitaria de Navarra, por ejemplo, disponen de una consulta de lactancia y un teléfono de atención continua. “El número de madres lactantes supera el 90% y casi todas dan el pecho al menos cuatro meses”, explica la obstetra Regina Cárdenas. 

El debate, sin embargo, es complicado. ¿Quién recibe más presiones? ¿La madre que quiere optar por la lactancia o la que elige el biberón? ¿Es posible seguir las recomendaciones de la OMS con una baja maternal de cuatro meses y con los horarios de trabajo que predominan en España? 

“Di el pecho a mi hijo de forma exclusiva hasta que me reincorporé al trabajo –cuenta Lola, madre reciente de Andrea–. Continuar más allá es heroico, por los horarios, por el ritmo de vida y porque sacarse leche no es fácil ni agradable, al menos a mí no me lo pareció. Estoy totalmente a favor de la lactancia y creo que hay que hacer todo lo posible para favorecerla, pero también opino que hay una actitud un poco extremista por parte de algunos grupos, que llevan todo esto muy a rajatabla o abogan por temas como el colecho [dormir con el bebé para facilitar que mame por la noche]. Es como si volviéramos a una idea de la mujer como madre nutricia que impide su independencia”.

Reducir la presión

En su libro Lactancia materna. Política e identidad (Cátedra), la activista Beatriz Gimeno abunda en esta idea cuando analiza por qué se privilegia la lactancia frente a la alimentación con leche de fórmula. Su conclusión es que se hace por razones ideológicas, por una cierta idea de la feminidad como fuente de cuidados y no por razones médicas. “La lactancia está sirviendo para marcar el estándar de la buena y la mala madre –explicaba en una reciente entrevista–. Creo que hay muchas madres que sufren, madres que no quieren practicar la lactancia, pero que se sienten mal por ello, o que quieren dejarlo y no saben cómo. Es muy posible que la lactancia te vaya bien, que sea gozosa, pero también es muy posible que no sea así”.

Lo mejor para el bebé no es siempre lo mejor para la madre, según los expertos.

Elena Gil, portavoz de la asociación El Parto es Nuestro, comenta al respecto: “Nosotros siempre vamos a decir que la lactancia materna es lo mejor para el bebé, pero hay que tener en cuenta que no siempre es lo mejor para cada mujer, que debe tener la libertad de decidir qué quiere hacer”. Ella asegura que, de todas formas, este tira y afloja es un falso debate: “Parece que hay una lucha entre dar de mamar o dar el biberón, pero en realidad no. Y esto, en todo caso, perjudica a la lactancia: las mujeres que quieren dar un biberón, dan un biberón, mientras que no todas las mujeres que quieren dar el pecho consiguen hacerlo. Puede haber circunstancias en contra como, por ejemplo, que el pediatra recomiende destetar al niño porque la madre tenga una mastitis, cuando lo recomendable es lo contrario; o que le sugiera darle el pecho cada cierto tiempo, cuando lo suyo es hacerlo a demanda. Muchas mujeres no reciben una información adecuada o no tienen apoyo en su entorno. Falta cultura de la lactancia. Y es cierto que también hay mujeres que se sienten presionadas. La realidad es que a las madres nos critican por todo: por lo que hacemos y por lo que no. Nuestra situación no es fácil, decidamos lo que decidamos. Dar el pecho obligada es algo terrible, pero tener que dejar de dar el pecho a tu bebé al cabo de las 16 semanas de la baja es igual de terrible o más. No puedes sacarte leche en el trabajo. Pero lo cierto es que se mezclan tantas emociones en la maternidad que es muy delicado mandar mensajes”. 

La psicóloga Silvia Álava hace una llamada a la sensatez: “El pecho tiene innegables beneficios para la salud del niño. Pero si no es posible, tampoco va a tener unas consecuencias graves en la relación con la madre. El apego no se hace solo con la teta; se hace estando pendiente del niño. Si una mujer decide no dar de mamar, nadie debería cuestionar su decisión, ni hacerla sentir mala madre. En la consulta, vemos mujeres que sienten tanta ansiedad por dar el pecho que sufren y lo convierten en algo poco saludable. Y una madre muy ansiosa tendrá más complicaciones al regular las emociones del niño. Lo esencial es quitarse la culpa”.

Mamar sí… pero en casa

Lo contradictorio, en un contexto que teóricamente favorece la lactancia, es que sigue habiendo una actitud de cierta hipocresía sobre ella: hay mucha gente que se siente incómoda, incluso indignada, cuando una mujer da de mamar en un lugar público. Consideran que es algo que debe restringirse al ámbito privado, lo cual equivale a recluir a las madres y a sus bebés. Todavía hoy, la imagen de una congresista amamantando a su bebé en el Parlamento –como hicieron la diputada argentina Victoria Donda, en 2015 o la senadora verde australiana Larissa Waters en 2017– se convierte en una imagen viral.

Leche materna VS leche de fórmula

Amamantar es, según la Asociación Española de Pediatría, “la forma de alimentación que da a los niños mejor comienzo en la vida”. Tiene ventajas para la madre, para el niño… y para la sociedad, porque es barato y ambientalmente sostenible. La succión del bebé previene las hemorragias de la madre en el postparto y favorece que el útero recupere su forma más rápido. Además, recientes estudios muestran que previene el cáncer de ovarios y de mama, y que mejora el contenido en calcio de los huesos durante la menopausia. Los expertos señalan que debe ser la primera elección para todos los bebés, incluidos gemelos, prematuros o enfermos. Y es que la leche materna protege a los bebés frente a infecciones respiratorias, gastrointestinales y urinarias, frente a otitis y muerte súbita del lactante. También reduce el riesgo de padecer alergias, diabetes o celiaquía. Todas estas ventajas se deben al alto contenido de la leche materna en proteínas, aminoácidos, oligoisacáridos , factores de crecimiento, hormonas y anticuerpos, además de vitaminas y minerales. El calostro, la primera leche que produce la madre, contiene muchos nutrientes y factores de defensa que fortalecen el sistema inmunológico del bebé en sus primeras horas. Es como una vacuna altamente nutritiva. La leche de fórmula suele producirse a partir de la leche de vaca. La mezcla se modifica para que se parezca lo más posible a la leche materna en lactosa, calcio, hierro o ácido linoleico. Su uso ha ido decreciendo en los países occidentales desde los años 70, pero su consumo está aumentado hasta un 4% en los países en vías de desarrollo. Estudios recientes han confirmado que esta leche contiene, sin embargo, alguna proteína similar a las que contiene la leche materna, aunque carece de las sustancias protectoras del sistema inmunitario (inmunoglobulinas).

Fuente: mujerhoy.com