El niño necesita sentirse querido. Colaboración con CrecerFeliz

Charlamos con Sandra Sánchez, periodista de Crecer Feliz sobre las claves a la hora de educar a los niños pequeños:

silvia-alava-crecer-felizCrecer Feliz: ¿Cuándo se empieza a educar a un niño?

Silvia Álava: Muchas veces pensamos que el niño aún es demasiado pequeño, que tenemos que esperar a que crezca un poquito más para ponernos a educarlo.

Y la educación empieza desde el primer día. Hay técnicas que no puedes utilizar con un bebé, no puedes darle un discurso porque no te entenderá; pero saber qué pautas queremos seguir a la hora de educar a ese niño, qué valores transmitirle, eso lo tenemos que tener bien pensado desde el principio.

Por ejemplo, con la comida: con un año empiezan a coger solos la cuchara. Se les va a caer, lo van a poner todo perdido, pero hay que dejarles que lo hagan..

C.F. ¿Se puede educar a un niño con las pautas correctas si los padres trabajan fuera?

S.Álava: Se puede hacer, pero no vamos a decir que sea fácil porque sería engañar a los padres.

Cuando los dos padres trabajan es fundamental organizarse muy bien en equipo. Si somos dos, somos dos también para atender al niño. Vamos a trabajar en equipo, a dividirnos las tareas y a organizar bien el tiempo.

C.F. Dices en tu libro que los papeles de poli bueno-poli malo no funcionan para educar

S. Álava: Es mucho mejor que ambos padres sigan la misma línea educativa. Esto no significa que gestionen absolutamente igual todas las situaciones, pero sí que ambos tengan claras las normas que ponen, dónde están los límites y cuáles son las consecuencias de sobrepasarlos.

Cuando hablamos de consecuencias lo importante no es cómo castigar a los niños, sino con qué les vamos a premiar, qué vamos a hacer cuando hagan bien su trabajo. Así va a ser fácil seguir una misma línea.

C.F. Si las pautas generales no son las mismas para los padres, ¿cómo llegar a un acuerdo?

S. Álava: Observar al niño y ver cómo reacciona va a darnos muchas pistas y nos va a hacer entender por qué en determinadas ocasiones hay que actuar como lo hace uno, en otras como lo hace el otro… y a veces habrá que cambiar completamente la estrategia y no hacerlo como ninguno de los dos.

Lo habitual es que haya que respetar pautas de actuación de uno y de otro, es muy raro que uno lo haga todo bien y otro todo mal.

C.F. Quizá tendemos a sobreproteger a los hijos… ¿Cómo evitarlo?

S. Álava: Detrás de la sobreprotección muchas veces está un sentimiento de culpabilidad: “No he estado contigo en todo el día y cómo llego ahora y te digo que no a algo”.

Pues hay que pararse y pensar qué es lo mejor para el niño. Si el niño está preparado para hacer algo, que lo haga. No tenemos que pedirle más que lo que es adecuado para su edad. Si tiene edad para vestirse solo, tendrá que aprender a hacerlo.

Tú estás ahí para ayudar, pero sólo si lo necesita; si puede solo, mejor solo.
Niños con criterio propio.

C.F. A veces los padres transigimos por cansancio…

S. Álava: El cansancio y el sentimiento de culpabilidad son las dos grandes variables que provocan que los padres a veces no hagan lo que saben que tienen que hacer.

Ahí tenemos que pensar no a corto plazo (“que haga lo que quiera y termino esta situación”), sino a medio-largo plazo.

Si le decimos, por ejemplo, que ahora no corresponde ver la tele y aguantamos su pataleta de cinco minutos, mañana va a ser de dos y pasado no la va a tener. Si actuamos a corto plazo y cedemos, mañana la pataleta durará siete minutos y pasado diez…

C.F. ¿Cómo podrían los padres ganar en autoconfianza?

S. Álava: Es fundamental centrarse en lo que haces con tu hijo cuando estás con él, no en lo que te estás perdiendo. Si piensas en esto último te vas a sentir culpable y baja de ánimo.

Una vez que te has centrado en lo que sí puedes hacer con él, vamos a valorar ese tiempo, a pensar en qué lo estamos empleando.

Si sobrecargamos la tarde, dejamos de disfrutar. Es bueno que los niños hagan actividades extraescolares, pero no apuntarlos a todas. Se puede tener alguna tarde libre en la que estemos tranquilos en casa, merendando, haciendo deberes, jugando…

queremos-hijos-felicesC.F. ¿Cuándo empezar a darles pequeñas responsabilidades?

S. Álava: Cuando son pequeños quieren hacer ellos las cosas y sentirse mayores. Si a un niño que ya anda le haces un paquetito con su pañal y le dices que lo lleve a tirarlo, él va feliz. Luego le aplaudes, le dices lo bien que lo ha hecho y se pone súper contento y se siente mayor.

Esa etapa es el momento óptimo para empezar a darles pequeñas tareas y responsabilidades, porque las quieren y las piden. El problema es cuando vamos con prisas y lo hacemos todo por él. El mensaje que recibe es “yo no puedo, yo no sé, yo soy menos” y su autoestima va cayendo.

Además, después se les pasa la fase de querer hacer cosas por ellos mismos y empieza la de “mejor házmelo tú”…

C.F. ¿Cómo fomentar que el niño tenga criterio propio?

S. Álava: Cuando nos diga que le pasa algo, primero nos ponemos a su altura, le miramos a los ojos y le escuchamos. Después preguntamos “¿y tú qué crees, cómo lo podemos arreglar?”.

Al principio le vamos a dar muchas pistas y le vamos a guiar para que él tenga esa sensación de “ay, si podía solucionarlo yo solo”. Yo no le resuelvo problemas, le enseño a resolverlos.

C.F. Si los niños vinieran con manual de instrucciones, ¿cuál sería para ti la primera?

S. Álava: Que todos los niños necesitan que los quieran. No hay nada peor para un niño que no tener a un adulto que le coja la mano, le dé un beso de buenas noches y le diga lo importante que es en su vida.

 

FUENTE: Crecer Feliz

Las actividades extraescolares: pautas para acertar en su elección. En la revista Padres y Colegios

Os adjunto el enlace al PDF de mi colaboración con la revista Padres y Colegios : Las actividades extraescolares: pautas para acertar en su elección: padres-y-colegios-septiembre-silvia-alava

actividades-extraescolares-silvia-alava-padres-y-colegios

Hablamos de los Horarios Escolares en el programa Futuro Abierto de RNE

Os adjunto el enlace al Podcast del programa Futuro Abierto del pasado 25 de septiembre, que en este caso es dedicado a los horarios escolares.

Pincha la imagen para escuchar el programa:

futuro-abierto-silvia-alava

La mitad de los niños españoles juega menos de una hora al día en la calle, según una encuesta. Colaboración con el diario El País

El anuncio que muestra que tu hijo pasa menos tiempo al aire libre que los presos

CAROLINA GARCÍA Twitter

Casi la mitad de los niños españoles juega menos de una hora al aire libre al día. Esta es la premisa de la campaña Liberad a los niños que se lanza este jueves. En formato de corto de cine, el anuncio denominado Free the Kids y grabado en una prisión de máxima seguridad de Estados Unidos, muestra varias entrevistas con reclusos en las que opinan sobre la importancia crucial que tiene para ellos el tiempo que pueden pasar al aire libre cada día. “Con esta campaña, buscamos la empatía. Son cinco presos reales que aseguran que son capaces de sobrevivir en esta cárcel de Indiana gracias a sus salidas al patio. En el momento en que se les explica que los niños en España juegan menos de una hora al día al aire libre, estos prisioneros se quedan estupefactos”, explica Ana Palencia, directora de Comunicación de Unilever España, uno de los promotores de la campaña.

El juego es fundamental para los niños, tanto a nivel físico como cognitivo. Jugar con ellos es tan importante para su crecimiento como que lo hagan solos. Y, sin duda, es mejor que lo hagan fuera de casa que entre cuatro paredes, así lo concluye un estudio, denominado Ensuciarse es bueno y realizado por Edelman Intelligence, agencia referente en estudios de mercado extrapolables a la población en general, para Unilever. La investigación se ha hecho con un total de 1.025 padres en Francia y 1.029 en España, de los cuales todos tenían por lo menos un hijo entre cinco y 12 años.

A pesar de que los padres son conscientes de la importancia y los beneficios del juego al aire libre para el desarrollo de sus hijos (más de un 97% de ellos en ambos países), muchos niños no llegan a jugar en la calle las horas que necesitan. “El estudio concluye que casi la mitad, el 49% – unos dos millones- de los peques españoles juega menos de una hora al día fuera de casa. A mí este resultado me impactó y mucho”, manifiesta Palencia. Una situación que los padres quieren que cambie y que achacan al mal tiempo o a la falta de él.

Muchos padres creen también que la llegada de la tecnología ha complicado el que sus hijos jueguen fuera de casa. De las razones que enumeran los expertos están, entre otras, “la creencia de que la tecnología siempre se usa cuando el niño juega; que los niños de ahora no juegan a lo que sus padres jugaban cuando eran pequeños y que la manera de jugar tradicional se está perdiendo”. Según la investigación, “los niños necesitan una gran variedad de experiencias para desarrollar todo su potencial y los padres entender que jugar y ensuciarse es esencial para su crecimiento y que sin juego no hay aprendizaje holístico”.

“Lamentablemente, los niños de este país no juegan al aire libre y se están perdiendo un aprendizaje esencial. Yo soy de una época en la que se jugaba a la comba y al fútbol en la calle, ahora las dificultades para conciliar, entre otras razones, hace que nuestros hijos salgan mucho menos a la calle”, señala Palencia. “Y uno de los peligros que conlleva no jugar fuera, o una consecuencia clara, es el sedentarismo, lo que puede llevar a obesidad infantil y a un enfermo adulto en el futuro”, advierte. “Es cierto que las nuevas tecnologías nos hacen la vida más fácil, pero también provocan que nos movamos menos y esto hay que solucionarlo”, agrega.

“Efectivamente, es muy importante que los niños cuenten con tiempo libre. La saturación de horarios a los que se enfrentan muchas veces en la actualidad (colegio-extraescolar-deberes-ducha y cena) hace que los peques no salgan a la calle. La falta de tiempo es el principal problema que produce el déficit de juego al aire libre. Pero tanto por parte de los padres, porque llegan a altas horas de la noche, como por los hijos, saturados por horarios excesivos”, explica Silvia Álava, psicóloga infantil y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes

“Es determinante para el crecimiento de nuestros hijos que jueguen con otros niños. Y también sin la supervisión de un adulto, para que ellos aprendan a afrontar nuevas situaciones. En ese momento aprenden habilidades sociales; a tolerar la frustración; a negociar, y a seguir normas, entre otros valores”, añade. “Además, cuando están en la calle se mueven, hacen deporte, no están sentados, lo cual es muy beneficioso también para su salud”. Para los niños es imprescindible contar con tiempo libre, según la experta, “tiempo para descubrir cosas nuevas, pero también tiempo para poder aburrirse”, concluye.

Una campaña para concienciar sobre la importancia del juego al aire libre

La ONG Ayuda en Acción, junto a Unilever, han puesto en marcha la campaña Día de las clases al aire libre el próximo 6 de octubre, una jornada en la que participan 15 países europeos y en la que España participa por primera vez. Se va a hacer un llamamiento a 12.000 colegios con el que esperan conseguir que se registren unos 500, que pasarán la mañana jugando al aire libre, con programas educativos. “En España, un 11,3 % no realiza ninguna actividad extraescolar de ningún tipo, subiendo a un 27,9 % en la población más desfavorecida”, añade Alicia Blasco, responsable de Alianzas Estratégicas de Ayuda en Acción en Cataluña y Baleares. “La campaña está recibiendo muy buena acogida por parte de los centros. Y está dirigida exclusivamente a Segundo Ciclo de Infantil y Primaria”, añade. “Entre las actividades y talleres que se desarrollarán durante esa jornada, incluido un estuche que se entregará a los colegios participantes, cabe citar una yincana de juegos del mundo, enfocado a educar en valores, siguiendo nuestro criterio como ONG; hay otro sobre Mozambique y los alumnos podrán hacer collages, entre otros. Todos se harán al aire libre”, prosigue esta experta.

“Es muy llamativo, del resultado del estudio, que el 55% de los padres asegure que no tienen tiempo para jugar con sus hijos. Y cuando sus hijos juegan, ellos no suelen estar. Y está claro que estar el aire libre es tan bueno para los peques como para sus papás. Tras esta jornada, pretendemos que la campaña continúe. Hay un dibujo concurso, denominado Ensuciarse es bueno, en el que los padres pueden mandar un momento en el que hayan jugado en la calle con sus niños, entre otras cosas que irán surgiendo. Todos nos debemos concienciar sobre la importancia del juego experiencial, tanto padres como profesores, para el desarrollo y crecimiento de nuestros pequeños”, concluye.

FUENTE: Diario El País

Viernes de Podcast: Cómo afecta a niños y padres la vuelta al colegio. En el Bisturí de la Agencia EFE

Descripción de El Bisturí nº 35 – 2ª Temporada

Viernes de podcast: ¿Cómo trabajar la Inteligencia Emocional con los niños? Programa Capital Emocional en Capital Radio

Iniciamos una nueva sección los viernes con los podcast de mis colaboraciones. Pincha en la imagen para escuchar el podcast del programa en la web de Capital Radio:

Capital Emocional 4 de mayo 16- Capital Radio - Silvia Álava

¿Necesitan los más pequeños un teléfono móvil?

RIESGOS DE INTERNET. LOS NIÑOS NO DEBEN QUEMAR ETAPAS. EL MAL USO DE LA TECNOLOGÍA AL EXPONERSE A CONTENIDOS INADECUADOS PUEDE ARREBATARLES SU INOCENCIA Y EXPONERLOS A PELIGROS MAYORES.

Portada Queremos que Crezcan_felicesA los más pequeños de la casa no les hace falta un teléfono móvil para sobrevivir. Así de claro. No lo digo yo, sino la psicóloga Silvia Álava, que en su libro “Queremos que crezcan felices” da un pequeño tirón de orejas a los padres por nuestra excesiva permisividad con el uso de las tecnologías.

Su teoría es clara: si nos pasamos el día advirtiéndoles de los peligros de la calle, si no les dejamos ir solos ni a la vuelta de la esquina, ¿por qué les permitimos navegar en solitario por Internet?

“Los niños no están preparados para tener un teléfono móvil ni para el uso de las redes sociales. Debemos marcarles unas pautas y cerciorarnos de que las cumplan”, asegura Álava en el libro.

Es cierto que estamos ante una generación de nativos digitales y que no podemos permanecer ajenos a las tecnologías, pero creo que en ocasiones las cosas se nos están yendo de las manos. ¿Es normal que bebés de año y medio cuenten ya con su propia tableta? Álava recomienda aguardar hasta los 14 años para empezar a tener móvil, una espera que a muchos se nos antoja larguísima. De hecho, pese a mi radical oposición, logré aguantar hasta que mi hija tuvo 11 años para comprarle el dichoso aparato, lo que dice bastante poco en favor de mi firmeza como madre. Eso sí, pacté unas estrictas condiciones: el teléfono solo se utiliza el fin de semana y no tiene redes sociales ni tarjeta de datos.

Las redes sociales conllevan bastante peligros. Los periodistas sabemos muy bien que una metedura de pata te puede costar la reputación de toda una vida. Si nosotros, adultos con experiencia, pensamos una y tres veces a la hora de escribir un mensaje, ¿tiene la madurez suficiente un niño de nueve años para subir una foto en Facebok? ¿Y si cuelga de manera inocente la foto de su herma- no llorando y éste se convierte en objeto de burlas en el colegio?

Niños e internet

Conozco bastantes problemas provocados por el mal uso de redes sociales. Imágenes inapropiadas, perfiles falsos creados para desacreditar a la gente.

Fue un buen día en el que mi marido cogió la tableta y comprobó estupefacto que el historial estaba repleto de contenidos porno. Mi hija y su amiga se habían dedicado a investigar en Google sobre el término pene y sus derivados y, a sus nueve años, habían visto escenas inapropiadas.

Pensé: ¡Si esto me sucede con nueve, qué es lo que me quedará por ver a los 15! Desde entonces, estoy bastante alerta y procuro que permanezcan el menor tiempo posible delante de la tableta y el móvil.

Sé que pueden ser muy útiles para el entretenimiento y el aprendizaje con juegos y vídeos educativos, pero, en otros aspectos, considero que les roban a nuestros hijos parte de la infancia y de la inocencia.

 

FUENTE: Opinion.com

Un verano sin prisas. Colaboración con la revista MujerHoy

Tras un fin de curso casi agónico,ha llegado el momento de parar. Los niños han acabado agotados. ¿Por qué te empeñas en convertir sus vacaciones en otra carrera? ¿Están acabando los hiperpadres con el verano?

Un verano sin prisas

Así se han pasado los niños españoles los últimos nueve meses: engullendo el desayuno a toda prisa, vistiéndose a matacaballo, saliendo de casa a toda velocidad para no llegar tarde al colegio; encadenando cinco horas de clases con otras dos (como media) de extraescolares, siempre volando de una obligación a otra porque el coche está en doble fila. Y después a casa corriendo porque todavía hay que hacer los deberes, bañarse, cenar… Y así un día tras otro, tras otro, tras otro.

Cumplen con un agenda tan apretada que pondría en serios apuros a muchos adultos. ¿Resultado? Los escolares han llegado a la meta del verano con la lengua fuera. Lo hemos comprobado. Después de un fin de curso casi agónico, con exámenes y tareas un día sí y otro también, Amanda, de 13 años, no encuentra las fuerzas para salir de la cama el primer día de las vacaciones.

Ni rastro de ese entusiasmo lleno de energía que le presuponemos a la recién estrenada libertad. “¿Qué es lo primero que harás ahora que no hay que ir a clase?”, preguntamos. “Nada, no quiero hacer nada”, es su respuesta mientras deambula, en modo zombie, de la cama directamente al sofá. Su lenguaje verbal y corporal lo está diciendo a gritos. Está agotada.

Los “hiperpadres” están creando un nuevo tipo de niñez, la del “hijo dirigido”

Según la Sociedad Española de Estudios de Ansiedad y Estrés, más del 8% de la población infantil y el 20% de los adolescentes es víctima de estos males, y la cifra sigue aumentando. Las consultas de psicólogos han notado el incremento y eso, advierten, que muchos menores ni siquiera saben que eso que les pasa se llama estrés. Y como no saben verbalizarlo tampoco pueden pedir ayuda.

“Pretendemos que lleven el ritmo de vida de los adultos y no nos damos cuenta de que no están preparados, de que no tienen ni los mecanismos de los mayores, ni sus estrategias para regular el estrés y la ansiedad”, advierte la psicóloga Silvia Álava, directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes y autora del libro Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia (JdeJ Editores).

Por eso, cuando soportan una gran carga de presión, es muy habitual que lo somaticen y su malestar acabe manifestándose en forma de irritabilidad, tics, comportamientos regresivos (chuparse el dedo o hacerse pis en la cama) y también de dolor de tripa, de cabeza… En los adolescentes se acentúa ese carácter huraño y esquivo, se cierran (aún más) en sí mismos, se vuelven desafiantes, rehúyen la comunicación y resuenan los portazos. Es su manera de decir: “¡Estoy harto!”.

Las causas son muchas veces inevitables: separaciones, mudanzas y cambios de todo tipo (de casa, de ciudad, de colegio, de amigos y hasta las transformaciones físicas que implica crecer) son terreno abonado para el estrés, que no es otra cosa que la manifestación de la dificultad para adaptarse. Pero, sobre todo, hay que buscarlas en la falta de sueño, las prisas y “unos padres con niveles de ansiedad muy altos”, señala Álava.

¿Hasta el infinito… y más alla?

Está claro que la preocupación por “el futuro” de nuestros hijos multiplica su nivel de competitividad a edades cada vez más tempranas: se les exigen cada vez más conocimientos, cada vez mayores aptitudes, cada vez mejores resultados.

Carl Honoré, que se hizo célebre por su libro Elogio de la lentitud, escribió también Bajo presión, en el que señala cómo el empeño por sacar lo máximo de los hijos ha llegado a límites exagerados. “Queremos que sean los mejores en todo: que sean artistas, buenos estudiantes y deportistas, y que su vida discurra sin dificultades, dolor ni fracasos”.

El tiempo libre es tan escaso que, cuando lo tienen, no saben gestionarlo.

El autor, que también es padre, defiende la tesis de que la infancia ha sido secuestrada por una generación de “hiperpadres”, que están creando un nuevo tipo de niñez que califica como la del “niño dirigido”: los pequeños son ahora objeto de mayor preocupación e intervención por parte de los adultos que en cualquier otro momento de la historia, y son educados según un plan maestro en el que el fracaso no está previsto.

Y así las cosas, sentirse incapaces de cumplir con tantas expectativas puede interferir en su correcto desarrollo y provocar frustración y rabia, baja autoestima, dependencia, inseguridad y falta de confianza, pobre asertividad, tristeza, insomnio, bajo rendimiento, miedo, angustia, ansiedad, depresión… ¡STOP! Estamos en vacaciones, el momento de vivir los días en slow motion, de apagar el fuego de esa olla a presión y de volver a poner a cero el contador del estrés.

A Carla, la hermana pequeña de Amanda, le gusta montar a caballo, patinar, sacar a pasear a su perro, nadar… Pero ante la pregunta de a qué quiere dedicar el largo estío, reniega de sus aficiones y responde en la misma dirección que su hermana: “A descansar”, dice escueta y clara. Aunque muchas de sus intenciones se estampan contra los planes y las necesidades organizativas de los padres, que van, directamente, en la dirección opuesta: campamentos, deportes, cursillos, idiomas, talleres, viajes, cuadernos de repaso…

Aún no han hecho más que empezar y todas las vacaciones de los niños ya están programadas. Es cierto que, en la mayoría de los casos no queda otra porque hay que hacerlas encajar, sí o sí, con el trabajo de los padres y otras circunstancias. Pero, en la medida de lo posible, conviene no alejarse demasiado de algunos requerimientos mínimos.

Por ejemplo, la elección de actividades debe realizarse de forma conjunta entre padres e hijos, teniendo en cuenta sus gustos, sus preferencias y su carácter. Además, el contenido debe ser eminentemente lúdico y, a ser posible, al aire libre. Otras pautas básicas: respetar el horario de las comidas y los ritmos de sueño de los niños, y proponerles actividades al aire libre y deportes… “Conocemos los beneficios del deporte tanto en la salud como en el estado de ánimo – afirma Álava-, y también es una buena herramienta para liberar el estrés acumulado. Pero no le sobrecargues de actividades, no es necesario ir corriendo de un sitio a otro. Procura que esté siempre con más niños. Recuerda que la risa también ayuda a relajarnos y liberarnos del estrés”.

Los niños siguen necesitando sus rutinas, sus límites y sus obligaciones

Las vacaciones, para ellos como para nosotros, son para desconectar de las tareas cotidianas y saltarse algunas normas, pero sin perder de vista que, para sentirse seguros y felices, los niños siguen necesitando sus rutinas, sus límites y sus obligaciones: si se ha comprometido con alguna actividad, tendrá que asistir y también cumplir con las tareas domésticas o responsabilidades que le sean asignadas.

¿Y qué pasa con los famosos cuadernillos de vacaciones y las tareas de repaso? La experta responde: “En vacaciones los niños tienen que descansar del curso, pero eso no significa que el cerebro no siga trabajando o que se tenga que frenar el aprendizaje. Los niños pueden seguir aprendiendo a través de los juegos: con las cartas, por ejemplo, trabajan la atención dividida; los juegos de mesa son muy buenos para trabajar la atención sostenida y el seguimiento de las normas; y el tres en raya para mejorar la planificación y el uso de estrategias…”.

Esa es la clave: jugar. Porque jugando se instruyen en valores, entrenan aptitudes y, además, fulminan el estrés. Aunque también hace milagros la opción contraria: el aburrimiento.

Vacaciones reales, no virtuales

Para nadie es un secreto que los niños pasan ya más tiempo navegando en internet que viendo la televisión. Lo realmente alarmante es que el tiempo que pasan diariamente delante de una pantalla llega a una media de cinco horas. Atención: los profesionales advierten que, antes que relajarlos, el abuso de la tecnología puede generar también mucho estrés.

  • Dónde, cuándo y cómo. Ni en la mesa, ni en la cama, ni en clase. Los hábitos se forman en la infancia y perduran para toda la vida. Por eso conviene establecer normas sobre el uso de la tecnología. No prohibir su uso, sino establecer límites.
  • Predicar con el ejemplo. ¿Qué autoridad puede tener un padre que le pide a su hijo que coma verduras si él mismo no las prueba? Con la tecnología pasa igual: los chavales no soltarán el móvil si los padres nos pasamos todo el día enganchados a la pantallita.
  • Tiempo muerto. Las actividades no virtuales, individuales o en familia, tienen que primar en el tiempo de ocio: un deporte, un juego, charlar, cocinar… Se puede, incluso, ver una película, pero sin ningún dispositivo electrónico a mano.
  • Atento a las señales. Si abandona aficiones que antes le encantaban, si se aísla y deja de ver a sus amigos, si pasa mucho tiempo hablando del juego de moda, si se enfada, se pone triste o violento cuando le pides que apague cualquier aparato… ¡Ojo! Estás ante una posible adicción y hay que tomar medidas: poner una clave de acceso a los dispositivos, para controlar su uso; no permitir juegos que no sean aptos para su edad; dejárselos solo cuando haya cumplido su obligaciones; y pactar la hora en que se va a terminar el juego sin derecho a prórroga.

Dolce far niente…

No nos costará mucho rememorar esas laaaaargas tardes de verano de nuestra infancia. La hora de la siesta en la que teníamos la impresión de que los minutos no pasaban nunca y el mundo entero parecía aletargado y sumido en un silencio apenas interrumpido por retazos del Tour de Francia en alguna televisión cercana. Era el momento más tedioso del día. Con demasiado calor para hacer cualquier cosa, los niños dejábamos transcurrir el tiempo viendo pasar las moscas. Literalmente. Calor, moscas y aburrimiento. Hoy, el tiempo libre es para los chavales un bien tan escaso que, cuando lo tienen, acaban por no saber gestionarlo.

Cuando un niño se aburre nos saltan todas las alarmas… Padecemos horror vacui parental. Pero la realidad es que no pasa nada porque se aburran. “La única persona que tenemos garantizado que nos va a acompañar el resto de nuestra vida somos nosotros mismos, así que conviene que ellos aprendan a estar a gusto consigo y a ser autónomos a la hora de entretenerse”, recomienda Álava.

Los ratitos de soledad y aburrimiento suponen un descanso necesario para la mente, que, al desconectarse de las tareas impuestas (aunque sean de ocio), puede vagar libremente, soñar, fantasear, improvisar… Y pueden ser enormemente productivos: estimulan la creatividad, la autonomía, la resistencia a la frustración, la capacidad de resolución de problemas y la motivación. Cualidades, todas ellas, por cierto, muy valoradas en cualquier MBA ejecutivo. Por si a algún padre le parece que su hijo está perdiendo un tiempo precioso y necesita justificar su aburrimiento.

 

FUENTE: Revista MujerHoy

Cómo trabajar la impulsividad en los niños. Colaboración con Guiainfantil.com

¿Cómo deben comportarse nuestros hijos? charlamos con Cristobal Cabezas COPE Castilla La Mancha