El balón o la tablet, ¿qué prefieren los niños? Colaboración con el diario El Correo

#ViernesDePodcast. Hablamos con Cris Moltó de “las vacaciones de los niños” en la sección “Educa” del programa Capital Emocional en capital Radio

Viernes de Podcast: hablamos de hábitos alimenticios en los niños con Cris Moltó, en “Capital Emocional” de Capital Radio

Capital Emocional – 17/05/2017 Descargar Duración: 60:00m “Las 365 reflexiones de lo realmente importante en nuestra vida” elige como reflexión “Independencia”. Esta semana, comenzamos con la Escuela Europea de Coaching y Montse Sans en “La Píldora de la Felicidad” para saber todo lo necesario acerca de cómo “Ser feliz y hacer feliz a los demás, […]

Viernes de podcast: hablamos de “la paga” de los niños con Cris Moltó en “Capital Emocional” de Capital Radio

Capital Emocional – 03/05/2017 Descargar Duración: 60:00m “Las 365 reflexiones de lo realmente importante en nuestra vida” elige como reflexión “Equilibrio”. Esta semana, la Conversación del día será para comprender las implicaciones que acarrea una afirmación tan contundente como: “Ésta no es mi mochila” con Alberto Rodrigo. “La Píldora de la Felicidad” nos ayuda a […]

Estos son algunos de los principios que sigue un buen maestro. Colaboración con ElComercio.com

Este jueves 13 de abril del 2017 fué el día del Maestro Ecuatoriano. En el país hay 222 547 docentes, el 71% de ellos labora en establecimientos fiscales. La psicóloga española Silvia Álava Sordo dio pistas sobre los principios que debería seguir un buen educador, más allá de la preparación académica.

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  1. Asumir que cada niño es un ser único e irrepetible y lo que es válido para un alumno puede que no lo sea para su compañero de mesa.
  2. Cada niño aprende a su velocidad, dale tiempo para asimilar los contenidos.
  3. No etiquetar a los alumnos.
  4. Valorar el esfuerzo realizado y no solo el resultado, no todos los niños pueden sacar un 10, refuerza y valora igualmente el 5 de un alumno que se esforzó por conseguir aprobar, que el 9 de otro que apenas tuvo que estudiar.
  5. Pedir a cada niño lo que puede ofrecer.
  6. Tiempo, los niños necesitan un tiempo diferente al de los adultos, démosle el tiempo necesario para que puedan aprender, las prisas no favorecen el aprendizaje.
  7. Paciencia, aprender lleva su tiempo y la ansiedad y la presión no ayudan.
  8. Fomentar el aprendizaje participativo. ​
  9. Motiva la pasión por el aprendizaje, que los alumnos quieran aprender, no solo aprobar los exámenes.
  10. Utiliza las experiencias de la vida, para que el aprendizaje sea lo más experimental posible.Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:https://www.elcomercio.com/tendencias/principios-profesores-diadelmaestro-pedagogia-psicologia.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

El texto viral de la madre que no quiere forzar a su hijo a compartir juguetes en el parque. Colaboración con Verne, de el diario El País

“Tienen que entender que compartir es bueno, no tenerle miedo al castigo por no compartir”, indica una psicóloga.

Por EMILIO SÁNCHEZ HIDALGO

Mi hijo no está obligado a compartir nada con los vuestros. Así se titula el texto viral que Alanya Kolberg, una madre de Estados Unidos, publicó en Facebook el 19 de abril y que se ha compartido 214.000 en seis días. Aborda un tema en el que muchos padres no parecen ponerse de acuerdo: cómo deben compartir sus juguetes los niños en el parque. Puedes leer la carta íntegra en español al final del artículo.

La madre relata cómo un grupo de niños se acercó a pedirle varios de sus juguetes a su hijo. Asegura que se vio “sobrepasado”. Según Kolberg, entonces le indicó a su hijo que “puedes decirles que no, Carson. Solo di que no. No tienes que decir nada más”. “Por supuesto, en cuanto dijo que no, los niños corrieron a decirme que no estaba compartiendo. No tiene que compartir con vosotros -les contesté-. Ha dicho que no. Si quiere compartir, lo hará”, continúa.

La madre resume así su opinión en el último párrafo de su post viral: “La próxima vez que tu copo de nieve* acuda a ti, nervioso porque otro niño no está compartiendo, por favor recuerda que no vivimos en un mundo donde es obligatorio ceder todo lo que tienes solo porque lo ha dicho otra persona y no voy a enseñarle a mi hijo que así son las cosas”.

En los comentarios de la publicación, otros padres coinciden con su opinión: “Estoy de acuerdo al 100% contigo. Siempre he enseñado a mis hijos que deben decir no si no quieren hacer algo”; “ningún niño debería ser obligado a compartir si no quiere”; “no sé cuántas veces me ha pasado lo mismo: mi hijo siempre comparte y los demás no”.

Compartir

Cómo aprender a compartir

Las dos psicólogas infantiles consultadas vía telefónica por Verne sobre este asunto critican cómo se expresa esta madre estadounidense, pero le otorgan parte de razón. “Un niño debe aprender a compartir sus juguetes y, a la vez, a entender que los de los demás no le pertenecen. Eso sí, cuando los padres nos metemos en una discusión entre niños, solemos complicar las cosas”, indica Silvia Álava, psicóloga infantil y autora del libro Queremos hijos felices.

Yolanda Cuevas, psicóloga en disciplina positiva infantil, cree que “en ese momento la madre no debería haber dicho algo así”. “Sin embargo, parte del mensaje que transmite es importante. Un niño debe aprender a tomar sus propias decisiones. Si le forzamos a compartir los juguetes en el parque amenazándole con castigarle, no vamos a conseguir nada. Los valores no se pueden forzar. Hay que comprenderlos”, añade Cuevas.

Pero, como explica Álava, los niños no nacen con esa capacidad. Esta psicóloga asegura que hasta los cuatro años, normalmente, no son capaces de empatizar. Es decir, “no pueden ponerse en el lugar del otro, de ir más allá del todo es mío”. A esa edad, según Álava, es cuando los niños pueden aprender a negociar: “Entonces es cuando empiezan a entender que debes dejarle tus juguetes a un niño para que otro día te los deje él”. “Pero antes de los cuatro años les debe sonar el término compartir o ya se habrán convertido en unos tiranos”, añade.

“Desde que son muy pequeños podemos hacerles ver que se van a sentir mejor compartiendo que siendo egoístas. Tienen que entender que compartir es bueno, no tenerle miedo al castigo por no compartir. A la vez, tenemos que darles libertad para tomar sus propias decisiones”, indica Cuevas. De hecho, la madre explica en su post que el niño llevaba los juguetes para una amiga en particular.

Álava insiste en la idea de libertad, con una crítica a los padres: “Normalmente, hay que dejar que se apañen solos. Dos niños pueden discutir por un juguete, pero se les va a pasar en dos minutos. Si se meten los padres, lo normal es que acabe en una discusión. Y los adultos sí somos rencorosos”.

MI HIJO NO ESTÁ OBLIGADO A COMPARTIR NADA CON LOS VUESTROS

ALANYA KOLBERG

Nada más llegar al parque, a Carson se le acercaron al menos seis niños, todos pidiendo a la vez que compartiera su Transformer, su figura de Minecraft y su camión. Se le veía sobrepasado y apretó los juguetes contra su pecho mientras los niños intentaban cogerlos. Me miró.

-Puedes decirles que no, Carson -le dije-. Solo di que no. No tienes que decir nada más.

Por supuesto, en cuanto dijo que no, los niños corrieron a decirme que no estaba compartiendo.

-No tiene que compartir con vosotros -les contesté-. Ha dicho que no. Si quiere compartir, lo hará.

Eso hizo que otros padres me miraran mal. Pero esto es lo que pienso: si yo, una adulta, fuera al parque con un bocadillo, ¿tengo la obligación de compartirlo con desconocidos? ¡No!

¿Podría cualquier adulto bien educado, un desconocido, intentar agarrar el bocadillo y tendría derecho a enfadarse si lo apartara? De nuevo, no.

Así que en realidad, aunque me estás mirando mal, seguramente pensando que mi hijo y yo somos unos maleducados, ¿a quién le faltan modales aquí? ¿A la persona que no quiere dar sus tres juguetes a seis desconocidos o los seis desconocidos que exigen que se les dé algo que no les pertenece, a pesar de que el propietario se siente claramente incómodo?

El objetivo es enseñar a nuestros hijos cómo comportarse de adultos. Sé de muchos adultos que claramente nunca aprendieron a compartir de niños, pero sé de bastantes más que no saben decir que no a otra gente, o poner límites, o cuidarse a sí mismos. Yo incluida.

En cualquier caso, Carson solo trajo los juguetes para compartirlos con la hija pequeña de mi amiga, con quienes habíamos quedado en el parque. Lo que no quería era compartirlos con esos chicos codiciosos porque tenía ganas de sorprenderla con los juguetes.

La próxima vez que tu copo de nieve* acuda a ti, nervioso porque otro niño no está compartiendo, por favor recuerda que no vivimos en un mundo donde es obligatorio ceder todo lo que tienes solo porque lo ha dicho otra persona y no voy a enseñarle a mi hijo que así son las cosas.

*Copo de nieve (snowflake) es un término con el que se suele hablar de forma despectiva de las personas que, según quien lo usa, se muestran hipersensibles ante opiniones contrarias.

FUENTE: verne.elpais.com

Celebramos el Día del Libro con la 4ª edición de Queremos Hijos Felices

Que mejor forma de celebrar el que con la salida de la 4* edición de

4ª edición de Queremos Hijos Felices

Gracias a todos por hacerlo posible!

Viernes de Podcast: Claves para elegir colegio en el programa Capital Emocional de Capital Radio

Capital Emocional – 19/04/2017 Descargar
Silvia Álava - Capital EmocionalDuración: 60:00m
“Las 365 reflexiones de lo realmente importante en nuestra vida” elige como reflexión de la semana la importancia -y en ocasiones la necesidad- de “Renovarse”. Esta semana, iniciaremos con Crearte Coaching y Beatriz García Ricondo en la “La Píldora de la Felicidad” hablando de “Transformar tus pensamientos negativos”. Tras ella, la Conversación del día será para adentrarnos en “Los duelos de la mujer madura” con Dori Pecharromán. Justo después en Tech-Inno-Emoción sabremos todo lo necesario acerca de “Robótica, empleo y cotización”, gracias a SMS Europa y Daniel Kumpel. La parte final del programa, aprovechando que esta semana se la dedicamos a los más pequeños con nuestra Sección “Educa” y Silvia Álava Sordo, haremos lo propio teniendo en cuenta las fechas en que estamos: “Claves para elegir colegio”. ¡Eleva tu dosis de Capital Emocional!

Literatura infantil: miedo, brujas, ogros y autocensura. Colaboración con el diario El Mundo

Los autores de libros para niños y adolescentes lamentan la sobreprotección de los niños y el celo de los editores, que les impide escribir con libertad

Dubravka Ugreic contaba en alguna de sus novelas que, en el viejo idioma serbocroata, no se usa «este bebé duerme como un angelito»; se usa «este bebé duerme como si lo hubieran degollado». ¿Aún se dice así? La frase, tan brutal, suena graciosa de lo anacrónica que es ahora que el problema, para muchos, es la sobreprotección de los niños.

El principio de este cuento está en una entrevista con el escritor peruano Santiago Roncagliolo, hace un año, en la época en la que publicó La noche de los alfileres. Aquella era una novela sobre adolescentes dirigida a adultos en la que los críos se comportaban con refinadísima crueldad… Y eso, sin ser mala gente.

En aquella entrevista, Roncagliolo dejó caer una frase: «Ahora, cuando escribo libros para niños, ¡no me dejan poner malos!». Ni brujas, ni ogros, ni bestias… La culpa, explicaba, la tenía el afán de la sociedad por crear una burbuja para los hijos a costa de obligar a los escritores a crear literatura ñoña. Y que conste que lo malo de esa literatura ñoña no es la opinión que nos merezca. Lo malo es que crea lectores ñoños, niños sin nervio ni reflejos morales.

¿Es así? Roncagliolo se reafirma en un correo y recuerda que ha escrito algún artículo al respecto. ¿Más opiniones? Ana Juan, la ilustradora que estos días muestra su obra en el Museo ABC de Madrid, se indigna en cuanto le tocan el tema. «Claro que es cierto. Nos dirigimos a un mundo imposible en el que todo es censura y autocensura. No puedes poner brujas igual que tampoco puedes poner la palabra revolución ni dibujar a un negro en la portada. Y todo por los miedos de los editores».

Marinella Terzi, que es autora de libros para niños y que ha sido editora, también está de acuerdo pero con matices. El problema, en su opinión, no son los villanos. «Hoy se escriben muchísimas brujas porque el género fantástico ha crecido mucho». El problema está en las situaciones concretas, las conductas, los giros del argumento… «Los editores están muy pendientes de los libros que se distribuyen en las escuelas; los libros de prescripción, más que los de consumo. En esos casos van con muchísimo tiento por no contrariar a los profesores, que son los que deciden qué libro se va a leer». No hay censura «antes de» pero sí hay muchos «oye, dale una vuelta al capítulo seis porque es muy bestia».

Sus palabras recuerdan a las noticias que llegan de vez en cuando desde Estados Unidos y que informan de la decisión de retirar del currículo escolar tal o cual clásico porque es demasiado violento o porque se considera que ofende a los creyentes, a los negros, a las enfermos… La penúltima vez fue con Matar a un ruiseñor de Harper Lee. Esas cosas que ocurren en EEUU… ¿O también pasan aquí?

«Éste es un tema que me escandaliza», dice el escritor Jordi Sierra i Fabra. Con su experiencia, saltamos de la literatra para niños a la de adolescentes, en la que es el autor de más éxito de España. «El problema está en los AMPAS de los colegios. Los profesores están muertos de miedo porque, si recomiendan un libro en el que salga una de las palabras prohibidas, gay, lesbiana, orgasmo o aborto, saben que habrá alguna familia que les monte un lío espantoso. De modo que se autocensuran. Y detrás de ellos, las editoriales se autocensuran y los escritores se autocensuran. Yo he visto que me devolvían 600 ejemplares de un libro porque salía la palabra orgasmo. Me quedé sin un premio porque en otra novela aparecía la palabra aborto. Lo gracioso es que no había ningún aborto en la trama. A mí me da igual porque escribo 10 libros al año y los editores saben que no cambio ni una coma. Pero el escritor que hace un libro al año, si no corta, no cobra».

Para qué sirve un malo

Ahora, falta por demostrar la segunda parte de la tesis: las lecturas ñoñas crean lectores ñoños.

«El villano, tradicionalmente, era un personaje que servía para diferenciar el bien y el mal. Lo propio de la literatura infantil es que la representación del mal venía sin aristas, los personajes estaban completamente polarizados», explica Silvia Álava, psicóloga infantil. «Eso tenía un sentido: conseguir que los niños empezaran a ser críticos».

Álava también cree que, en este momento, «el mayor error es la sobreprotección» y que, sin malos, «los niños no aprenden competencias emocionales y tardan más en alcanzar su autonomía moral». Tardan más en ser autocríticos, en saber cuándo se portan bien o se portan mal.

Pero también hay matices que aclarar. Primero: los malos deben existir, pero también «puede ocurrir que sean tan crueles que traumaticen a los lectores». Cuidado con eso. Y segundo: «Tiene que ganar el bueno. Siempre. El descubrimiento de que en la vida, los malos a veces ganan tiene que venir un poco más adelante».

Ese argumento conduce hasta La bruja debe morir (Destino), un ensayo de Sheldon Cashdan que estudia los significados profundos de los cuentos tradicionales. «Eso de la literatura sin malos… Me parece una mala idea. Todas esas brujas y personajes maléficos existen por una razón sencilla: el mundo está lleno de personajes detestables, desde los matones que acosan a sus compañeros en el colegio hasta los tiranos que gobiernan países. La literatura, la infantil y la de adultos siempre han descrito la lucha entre el bien y el mal, ésa ha sido una de sus funciones». Y hay más motivos: «El editor que inste a sus autores a escribir libros sin villanos, historias purificadas, «se va a encontrar con un catálogo de libros planos que no le interesarán a ningún niño. Piense en Harry Potter sin Lord Voldemort».

Vamos a los ejemplos prácticos: «Estoy convencido de que la literatura tiene una función psicológica. En La bruja debe morir muestro que los cuentos de hadas ayuda a que los niños resuelvan sus problemas relacionados con la avaricia, la envidia, la vanidad y otros sentimientos indeseables. Los niños leen estos cuentos y se identifican inconscientemente con los personajes, proyectan lo que hay de bueno en ellos sobre los héroes y, después, proyectan sus malos sentimientos sobre los villanos. De modo que hay una lucha en la que la bruja o el ogro deben morir. De esa manera, se simboliza el triunfo de los valores positivos sobre los negativos. El niño, al final, se sentirá bien consigo mismo».

«Por eso, la madrastra de Blancanieves es un ejemplo de vanidad. Se pasa el día ante el espejo: ‘Espejito, espejito, ¿quién es la más bella?’. Después, planea asesinar a su hijastra… Con el ogro de Las habichuelas mágicas ocurre lo mismo en relación a la codicia. Los dos personajes deben morir para que el niño tome conciencia de sus impulsos de vanidad y codicia». Pero, para morir, tienen que vivir antes.

Última pregunta: entre el niño que duerme como un angelito y el que duerme como si lo hubieran degollado, ¿no hay nada en medio? Un punto justo en el que los malos existan y enseñen pero no sean tan pérfidos como para que los niños se despierten por las noches dando gritos…

Cashdan se acuerda de Wicked: memorias de una bruja mala de Gregory Maguire, un best seller de los años 90 que se basaba en los personajes y los escenarios de El mago de Oz. «En ese libro, Elphaba, la Malvada Bruja del Oeste, se hacía amiga de Dorothy a pesar de que su aspecto y sus maneras coincidían con la imagen tradicional que tenemos de una bruja mala». Y allí, la transgresión salía extrañamente bien. Pero esos matices no son normales en los cuentos infantiles. Cashdan se acuerda entonces del Dr. Jekyll y Mr. Hyde y de El retrato de Dorian Grey, llenos de zonas equívocas. «Pero, claro, eso es literatura para adultos».

Adultos y niños: hoy es el día mundial de la literatura infantil. Que esta noche lean juntos y que los ogros que salgan no les asusten mucho.

 

FUENTE: DIARIO EL MUNDO

«Tan acosador es el joven que graba y se ríe como el que golpea» Colaboración con el diario ABC

Psicólogos, abogados y educadores coinciden en el repunte del «ciberbullying» por las ganas de triunfar como matón en la Red

acoso

No se debe dar un móvil a los adolescentes antes de los 14 años. Este es un comando que repiten como un mantra todos los psicólogos consultados. Silvia Álava, del Centro Álava Reyes, expone el porqué: «Antes de esa edad, los jóvenes no tienen la madurez suficiente para entender los peligros que tiene no el teléfono en sí, sino el de las redes, como que esa información que cuelgas se vuelve viral, que no la puedes borrar, que ese vídeo donde sales golpeando a otro muchacho te va a perseguir el resto de tu vida».

El alcance que tiene el escaparate digital es la plataforma que muchos adolescentes eligen precisamente para «darse a conocer»: digamos que les gusta «presumir de ser el matón de clase» y están orgullosos de la reputación que se crean, sin tener en cuenta las consecuencias de que todo el mundo lo vea, comentan los expertos. Incluida la Policía.

Y eso es precisamente lo que ocurrió hace unos días en Arrecife (Lanzarote), donde la discusión por un «asunto de chicos» llevó a las manos a dos jóvenes de 13 y 14 años, que patalearon en el suelo y golpearon a otra, dejándola malherida. «Lo siento, no quería hacerlo, pero te lo has ganado», se le escucha decir a una de las agresoras, que reprende a la víctima que haya «flirteado» con un joven que le atrae. Las que golpean son dos, mientras una tercera joven graba la escena, se ríe y lo difunde.

Y, en este sentido, «tan acosador es el que graba y se mofa de los golpes de los que es cómplice, que el que pega la bofetada». La directora del Teléfono del Menor de la Fundación ANAR, Leticia Mata, recibe decenas de llamadas al día. Diferencia, en el terreno del «ciberbullying», a tres actores: la víctima, el agresor (que suele actuar en grupo, pero que en las redes sociales ha encontrado el caldo de cultivo perfecto para hacerlo en solitario) y el menor espectador, que se está riendo de lo que hace otro, «se considera anónimo» y es a quien le interesa colgar el foto o el vídeo en la Red. «Con cada uno de ellos hay que adoptar medidas diferentes –apremia Mata, en conversación con ABC–, pero el cambio de colegio o centro no es la solución».

Lucía vivía atormentada

Mata habla del caso de Lucía, la menor de 13 años que recientemente se quitó la vida al asegurar no soportar el acoso al que se veía sometida por parte de varios chavales. Su madre la encontró ahorcada en su habitación. Vivía en la pedanía de Aljucer, en la Región de Murcia y las averiguaciones policiales para determinar el grado de responsabilidad de los acosadores continúan abiertas. Era, para sus compañeros, «gorda y fea» y ella se sentía terriblemente desgraciada, reza su propia nota de suicidio. Según explica a este periódico la Consejería de Educación de Murcia, la chica atormentada estuvo escolarizada en tres centros, el CEIP Escultor González Moreno de Aljucer, el IES Ingeniero de la Cierva y acabó cambiándose de centro al IES Licenciado Cascales. Fuentes de la Consejería aseguran que «los protocolos de actuación se activaron, en colaboración con la familia de Lucía, que solicitó el cambio de centro educativo y éste se ejecutó. Además, profesores y alumnos estaban implicados en apoyar y hacer un seguimiento de la joven». Pero no resultó.

«El cambio de colegio o instituto no es la solución»

Para la única institución Defensor del Menor que queda en España, la de Andalucía, el cambio de centro también se ha demostrado como poco efectivo en los casos recientes que han asolado esta comunidad. ANAR ha constado que en el «92% de los casos de ciberacoso que llaman al teléfono, el menor presentaba un problema psicológico», que un cambio de colegio o instituto no solventa. Y tanto Mata como la psicóloga Álava apuntan los indicadores de ese patrón: «La víctima sufre baja autoestima, de repente tiene mucho apetito o deja de comer por completo, padece trastornos del sueño, baja su rendimiento escolar…». Y un elemento más: las ideaciones suicidas se repiten en muchos muchachos que llaman al 900 20 20 10 de esta Fundación de atención a los problemas de los jóvenes, así como la autolesión. El último caso sucedió en Fuerteventura, donde los padres de una joven de 13 años que se dijo «perseguida» por sus compañeros de pupitre evitaron la tentativa el pasado 13 de enero.

«No piden ayuda»

Para abordar el tratamiento de jóvenes involucrados en casos de acoso y ciberacoso, los psicólogos apuestan por enseñar a empatizar tanto a la víctima como al agresor. Muestran a la primera un estilo de comportamiento asertivo, a que responda, con su opinión, y se defienda sin entrar al juego del acosador; y al segundo le enseñan a entender lo que puede sentir la víctima en su piel.

«Lamentablemente a las consultas vienen los padres de la víctima, pero no piden ayuda los padres de los acosadores, porque creen que con un castigo se pasa y ya. Pero su violencia no puede quedar impune, y en casa hay que darle la importancia que tiene. Ese adolescente necesita ayuda, hay que educar a los niños en qué y que nó se puede hacer en las redes sociales, y sus padres deben revisar las publicaciones de sus hijos en sus perfiles muy de vez en cuando», aconseja Álava, autora del libro «Queremos hijos felices». «No es espiar, porque eres el responsable legal de ese menor. Además, así tu hijo ve que es público lo que aparece en su cuenta, no privado», añade.

Otra explicación es la que aporta la directora en ANAR. Abogada, Mata cuenta que en demasiadas ocasiones el menor que agrede recibe violencia en casa. «Todos los días vemos estos casos en el teléfono, y el problema es de fondo: la violencia llama a violencia y hay que atajarla de raíz».

La reeducación del niño

Menores de 14 años

Amparados en la Ley del Menor, los jóvenes que no han cumplido 14 años que cometen un delito son inimputables. El sistema de Justicia juvenil en España tiene a la reeducación del menor, no al castigo, explica la abogada Leticia Mata.

Expulsión del agresor

Los conflictos de violencia entre menores de menos de 14 años se deben resolver con la adopción de medidas disciplinarias en el colegio, como la apertura de un expediente y la expulsión del agresor, así como en el trabajo con un equipo psicosocial.

 

FUENTE: Diario ABC