Nativos digitales: ¿serán los niños más inteligentes por el uso de las nuevas tecnologías? Colaboración con PadresyColegios.com

Se habla mucho de la infancia y las nuevas tecnologías, su relación con los teléfonos inteligentes, los asistentes virtuales… incluso los hay que van más allá y hablan de cómo será la relación de los menores con los robots humanoides… todavía queda tiempo para entrar en ese terrero, pero lo que está claro es que hoy en día, sí que tenemos que tener en cuenta cómo utilizan los niños y las niñas las nuevas tecnologías en su vida cotidiana y entender cómo las mismas influyen en su desarrollo evolutivo.

Hace poco salía un artículo en el The New York Times que comentaba que los hijos de los ejecutivos de Silicon Valley en muchas ocasiones no tenían acceso a las nuevas tecnologías y que sus padres eran mucho más restrictivos a la hora de dejarles utilizar las pantallas. ¿Por qué ocurre esto? Sabemos que los niños necesitan aprender y desarrollar procesos cognitivos cruciales para el correcto desarrollo cognitivo, emocional y madurativo. Y gran parte de estos procesos se desarrollan fuera de “las pantallas”.

Así, la Asociación Americana de Pediatría no recomienda el uso de pantallas antes de los dos años. Hasta esa edad cero pantallas. Y desde los dos a los cinco años su recomendación es un máximo de una hora, acompañado por un adulto y vigilando la calidad de los contenidos que los niños visualizan. No siempre se cumple, ¿verdad? Seguro que todos hemos visto el efecto que las pantallas tiene tanto en los niños como en los adultos: una atracción de la atención y captación impresionante. ¿Por qué ocurre esto? Porque están diseñadas para que el proceso de atención sostenida lo haga la propia máquina, los dibujos, juegos… se trata de estímulos que pasan muy rápido tanto a nivel visual como a nivel auditivo, por eso el propio proceso de atención sostenida lo hacen el dispositivo y la aplicación solos, podemos estar horas frente a ellos teniendo que hacer muy poco esfuerzo mental, y eso nos pasa factura tanto a los niños como a los adultos. Es por eso por lo que, no se recomienda que los niños pequeños pasen las horas muertas ante la televisión, las tabletas, o los teléfonos móviles,porque el proceso de atención sostenida tiene que madurar y para eso es necesario que el propio niño sea quien mantenga la atención en su juguete, su libro, la conversación con los demás…

Además, los niños y las niñas tienen que aprender a regular y dirigir su propia conducta, por ello, es importante reservar espacios a lo largo del día para que puedan jugar libremente, sin estar dirigidos por un adulto ni por una máquina. Hoy en día esto es difícil, porque nos falta un bien de primera necesidad: el tiempo. Hoy en día sometemos a los niños al ritmo frenético de la sociedad, levantarse corriendo para no llegar tarde al colegio, actividades extraescolares, deberes… Es necesario reservar tiempo y espacio para que los menores jueguen solos, aprendan a dirigirse ellos solos y aprendan a tolerar la frustración y aburrirse. Parece que cuando oímos que un niño o niña nos dice “me aburro”, nos saltan todas las alarmas, y rápidamente corremos a entretenerlo y para eso el mejor invento: una pantalla. Sin querer estamos impidiendo que aprendan a tolerar la frustración, que aprendan a aburrirse. Les evitamos esos momentos de introspección y reflexión personal que nos hacen crecer como personas.

Sometemos a los niños al ritmo frenético de la sociedad, levantarse corriendo para no llegar tarde al colegio, actividades extraescolares, deberes… Es necesario reservar tiempo y espacio para que los menores jueguen solos, aprendan a dirigirse ellos solos y aprendan a tolerar la frustración y aburrirse.

En las consultas de psicología, vemos muchos adolescentes, y también adultos que tienen grandes dificultades para conectar con ellos mismos y con sus emociones, y que utilizan la tecnología, sus teléfonos, internet… como una especie de chupete emocional que les ayude a evitar esa situación. A la larga la situación se complicará más, porque si no estamos bien con nosotros mismos, si no somos capaces de conectar con nuestra parte emocional, y sentirnos a gusto y bien con nosotros mismos, podemos desarrollar problemas emocionales, de depresión, bajo estado de ánimo…

La niñez es el periodo evolutivo esencial para desarrollar las habilidades sociales. Desde pequeños aprendemos a relacionarnos con los demás, y según vamos creciendo desarrollaremos habilidades más complejas. Cuando los niños y las niñas juegan, participan procesos como el ser capaces de negociar, de seguir las normas, de respetar las reglas… que serán fundamentales en la edad adulta. Por eso es recomendable favorecer el juego grupal, de patio, de parque, de calle, en los niños y las niñas para que puedan desarrollar todas estas habilidades. Las nuevas tecnologías aportan cosas positivas, como fomentar la curiosidad, que es algo esencial para que se produzca el aprendizaje. Nunca había sido tan fácil acceder a la información y al conocimiento, y esto bien utilizado es un gran vehículo para aprender. Sin embargo, hay que trabajar con los menores el desarrollo del pensamiento lógico, que aprendan a pensar por ellos mismos, no solo a guiarse por lo que leen en Internet, a ser críticos, y sobre todo a distinguir entre los hechos y las opiniones.

Más información:

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Silvia Álava Sordo

Colegiado M-16238

Directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes

Madrid 2 de mayo de 2016

Blog: silviaalava.com

Facebook: facebook.com/silviaalavasordo

Twitter: @silviaalava

Cómo actuar ante las descomunales pataletas de tu hijo cuando le quitas la tablet, el móvil… Colaboración con ABC

Claves para lograr que controle sus tiempos de uso y se comporte de forma adecuada.

Por rLaura Peraita@LauraPeraita

«La televisión es un medio de entretenimiento en el que el espectador se mantiene pasivo —apunta Óscar González, fundador de Alianza Educativa y profesor de sexto de Primaria—. Con las redes sociales, los niños y adolescentes se sienten atraídos fundamentalmente por la velocidad a la que acceden a información de todo tipo, vídeos o fotos a golpe de click según su propio deseo en cada momento. El tiempo se les pasa volando y, además, no tienen sensación de hacer nada malo».

Sí, muchos padres lo reconocen: «debería haberle puesto límites desde el primer día que le dejé la tablet para que ahora no esté todo el día pegado a ella. Nunca imaginé que se engancharía tanto». Las nuevas tecnologías tienen un poder de atracción sobre los niños muy superior al que en su día tuvo la televisión en la generación de sus padres, que ahora «lucha» por apagar la tablet o quitarle el móvil a sus hijos.

Los pequeños no son conscientes de la cantidad de horas que están quietos, lo que va en detrimento de la actividad física, de que dediquen su mente a juegos o actividades más creativas… y a los deberes. Tampoco hay que obviar las alertas que continuamente lanzan los expertos sobre la posibilidad que tienen los menores de acceder a contenidos poco apropiados para su edad o que acaben consumiendo estos contenidos como si de una adicción se tratara.

A todo ello se suma que cada vez más padres se ven sorprendidos por los lloros, rabietas y pataletas descomunales que supone que apagen sus dispositivos. Ante tales «numeritos», en ocasiones los progenitores, con tal de no aguantarles, tienden a ceder a las peticiones y ruegos de sus hijos para poder disfrutar de un poco de paz tras una dura jornada de trabajo o mientras se toman un aperitivo con los amigos.

Sin ser casi conscientes de ello, los padres que actúan así cometen un error, puesto que la próxima vez los hijos inistan en tener sus dispositivos llorarán más fuerte aún porque saben que al final podrán conseguir su objetivo: tener la cara frente a una pantalla.

Óscar Gonzalez advierte de que la teoría sobre cómo afrontar ese momento de llantos incontrolados es fácil, no así la práctica. «Lo primero que hay que hacer es armarse de paciencia y dirigirse a ellos con tranquilidad porque si el padre va alterado a quitárle la tablet o el móvil se entrará en un bucle de discusiones que irá creciendo y acabará con grandes gritos. Hay que recordarle que el dispositivo es de los padres, por lo que ellos deciden cuándo deben dárselo. Se le pide que se lo entregue en las manos y, de no ser así, se le dirá que la próxima vez no lo tendrá durante un día entero. Si él se resiste, las consecuencias se alargarán durante más tiempo».

De la misma opinión es Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología y autora de «Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron», al asegurar que, incluso, si el niño argumenta que su tablet o móvil se lo han regalado los abuelos por la Primera Comunión, algo que no es adecuado «porque el móvil no es ningún juguete y menos un dispositivo apropiado a la corta edad de los niños —matiza esta experta—, se le debe recordar que aún siendo un regalo, los padres son los que establecen las normas de uso siempre. En ningún apartado de la Ley de Derechos del niño se incluye que tenga que disponer de estas tecnologías».

Añade que en plena discusión, no es adecuado, ante las múltiples negativas del pequeño de apagar su tablet o móvil, arrancárselo de las manos. «Si los adultos actuamos así, le estaremos enseñando que los problemas se “resuelven” con violencia y ellos simularán este comportamiento. Lo mejor es decirle “muy bien, ya te he avisado de que debes apagarlo, si no lo haces ahora mismo, luego no podrás cogerlo. Me estarás demostrando que no sabes usarlo como debes. También es buena opción avisarle del tiempo que tiene de uso y cuando queden diez minutos de la hora establecida recordarle: “en diez minutos debes dejar tu dispositivo”. Si es necesario también se le puede decir porteriormente que solo le quedan cinco minutos».

Los expertos inciden en la necesidad de no levantar estas consecuencias a su mal comportamiento, para que la próxima vez se lo piense dos veces antes de no hacer caso. «No hay que caer en la tentación de dejársela después —explica Óscar Gonzalez— para lograr que no esté haciendo ruido, protestando, dándo saltos con la pelota o molestando con otra cosa. Los padres no podemos ceder en función de nuestro ánimo, de si hemos tenido un buen o mal día en el trabajo, etc».

Insiste Silvia Álava que no hay que tomarlo como una derrota de los padres, «pero hay que ser inflexibles y si más tarde el niño pide la tablet hay que decirle que no porque no supo obedecer y apagarla cuando se le pidió anteriormente. Ahora tendrá que asumir sus consecuencias».

No obstante, González manifiesta que su preocupación ya no es tanto que no quiera dejar la tablet, que ya es desobedecer, «sino que se comporte de forma desmesurada, incluso a veces agresiva, por tener que dejarla. Cuando esté tranquilo es también una buena ocasión para enseñarle cómo debe aprender a controlar su rabia». «Efectivamente, —añade Silvia Álava— no se deben permitir nunca malas contestaciones ni faltas de respeto. Las hormonas no son una excusa en los adolescentes. Hay que dejárselo muy claro y explicárselo tanto a menores como a adolescentes», concluye.

FUENTE: Diario ABC

#Vídeo: ¿Cómo mejorar la concentración? Colaboración con el programa Saber Vivir de La2 de TVE

Ser capaces de mantener la concentración es clave a lo largo de toda nuestra vida, especialmente en ciertas situaciones especialmente estresante, como le pasa a esta árbitra de fútbol en cada partido.

Vamos a aprender técnicas muy sencillas y efectivas para mejorarla. ¡Apunta!

Puedes ver el programa completo en: http://www.rtve.es/alacarta/videos/saber-vivir/saber-vivir-07-04-19/5125458/

#Vídeo: La obligación de los alumnos a denunciar casos de acoso escolar. Colaboración con el Telediario de La1 de TVE

El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha aprobado una normativa para frenar el acoso escolar. Entre otras medidas, establece como una obligación que los alumnos denuncien los casos de que conozcan. De no hacerlo, serán sancionados. Hablamos sobre ello en el Telediario de La1 de TVE

Beneficios de educar en valores. Colaboración con la revista Padres y Colegios

El orgullo de tener canas: la Reina Letizia, Mario Vaquerizo y otros famosos que lucen melena gris como gesto de liberación. Colaboración con ZEN de el diario El Mundo

¿Cómo controlar la ansiedad? vídeo de la intervención en Saber Vivir, de La2

Si sufres ansiedad sabrás que si no logramos controlarla puede llegar a ser un verdadero infierno. Os vamos a enseñar cómo podemos hacerle frente a través de diferente métodos como el yoga o con nuestra respiración y, muy importante, aprendiendo a cambiar nuestra forma de pensar.

Pincha aquí para ver el programa completa

Vídeo ¿Cómo podemos mejorar nuestra memoria? En el programa Saber Vivir de la La2 de TVE

Si te parece que últimamente no tienes muy buena memoria, muy atentos a los consejos que nos trae la doctora en psicología Silvia Álava. Con pequeños cambios en nuestra rutina y ejercicios podremos mantener nuestra mente en plena forma.

Celebramos el Día Internacional de la Felicidad con “El abecedario de la felicidad” colaboración con EFE Salud

La felicidad, eternamente codiciada por el ser humano, es el fin último que muchos ansiamos alcanzar. Nos obcecamos en encontrarla pero no sabemos muy bien por dónde empezar a buscar. ¿Qué es la felicidad? ¿Dónde y cómo encontrarla? Con motivo del Día Internacional de la Felicidad, 20 de marzo, EFEsalud se aventura a desgranar la felicidad: de la A a la Z

Cuando hablamos de felicidad, solemos tender a subestimar la complejidad del propio concepto. Sin embargo, la felicidad ha sido objeto de estudio y de reflexión durante siglos, por lo que, pensar que la podemos encasillar dentro de una única definición hermética es una idea poco realista.

En lugar de definir la felicidad, EFEsalud ha contado con el asesoramiento y la colaboración de Silvia Álava Sordo, doctora en psicología clínica y de la salud y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, para hacer un recorrido sobre algunos de los elementos que la componen.

Además de las aportaciones de la psicóloga Silvia Álava, hemos utilizado como fuente de apoyo el libro “Deconstruyendo la Felicidad” de Margarita Álvarez, ex presidenta del Instituto Coca-Cola de la Felicidad y una de las 50 mujeres más poderosas de España, según Forbes, así como aportaciones puntuales de la Organización Mundial de la Salud y del  nuevo libro del maestro zen Thich Nhat Hanh, ‘Sin barro no crece el loto’.

Así hemos forjado nuestro Abecedario de la Felicidad

Amor: Una de las palabras fundamentales en relación con la felicidad. Darlo y recibirlo. Empezamos este abecedario hablando de lo que muchos consideran como el pilar elemental de la felicidad, más allá del amor romántico. “No se trata únicamente del amor en pareja -precisa Silvia Álava-, hay muchos tipos de amor. Se puede ser muy feliz sin tener una pareja, uno de los mitos que más se suele relacionar con la felicidad”.

Alegría: Una emoción totalmente asociada a la felicidad, pero la psicóloga contextualiza: “Ser feliz no significa estar siempre alegre, sino tener una buena inteligencia emocional; ser feliz implica ser capaz de percibir y gestionar todas nuestras emociones. Puedo ser tremendamente feliz sabiendo que hay días en mi vida en los que voy a estar triste.”

Silvia Álava
La psicóloga Silvia Álava nos ayuda a desengranar los componentes esenciales de la felicidad

Bienestar: Según la Real Academia Española, es el “conjunto de cosas necesarias para vivir bien”. “La salud mental y el bienestar son fundamentales para nuestra capacidad colectiva e individual de pensar, manifestar sentimientos, interactuar con los demás, ganar el sustento y disfrutar de la vida”, añade la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por otra parte, no podemos hablar de bienestar si no hay asimismo bienestar emocional.

Compasión: Ser compasivos hacia los demás está muy ligado a la empatía y a saber perdonar, factores concluyentes en la construcción de la felicidad. La autocompasión es algo que solemos obviar, a pesar de que es igual de importante. considera Silvia Álava.

Dinero: ‘¿El dinero da la felicidad?’ La eterna y enigmática pregunta ya convertida en todo un tópico. A pesar de la multiplicidad de respuestas contrapuestas, según diversos estudios, podemos concluir que el dinero no sirve para comprar la felicidad, pero sí da bienestar.  

Decisión: Marcarnos objetivos y metas contribuye a nuestra felicidad. Pero “debemos tener en cuenta qué tipo de meta nos estamos marcando: tiene que ser una meta realista y realizable. Si no lo es, nos sentiremos frustrados al ver que somos incapaces de alcanzarla”, advierte la experta.

Empatía: Es la capacidad que nos permite “ponernos en la piel” de otra persona para comprenderla mejor. Esto nos hace más tolerantes en las interacciones sociales, como recoge uno de los artículos publicados en EFEsalud. 

Fidelidad: “Ser fiel a nuestros pensamientos, a nuestros valores y a nuestros ideales es importante”, remarca Álava. La tranquilidad de conciencia y las emociones positivas asociadas a ser uno mismo son parte de la fórmula de la felicidad.

Gratitud: Existe una correlación directa entre ser agradecido y ser feliz. “La gratitud es saber dar las gracias. Pero no ‘gracias’ por mera educación, sino ese ‘gracias’ que te sale de dentro cuando, tras un ejercicio de introspección, reconoces lo que los demás han hecho por ti y agradeces lo que tienes”, explica la psicóloga que nos guía en este Abecedario.

Humor: También pone Silvia aquí el acento. El sentido del humor y la risa tienen una influencia directa sobre nuestra salud física y mental. “Tener sentido del humor es tener la capacidad de ser críticos y ver una situación desde otra perspectiva. El hecho de ver las cosas desde otras perspectivas nos ayuda a desdramatizar situaciones”, explica. “Además, reírse ayuda mucho, es muy saludable.” Está comprobado que reírse ayuda a rebajar el nivel de estrés, la hipertensión y algunas investigaciones apuntan a efectos reguladores sobre el sistema inmune.

Inteligencia emocional: Este concepto, tan analizado y evaluado desde que hace décadas lo acuñó Goleman, se traduce en la capacidad del ser humano de percibir, gestionar y comprender las emocionespropias y ajenas.

Silvia Álava hace una consideración al respecto: “La inteligencia emocional no es solamente estar alegre.Nos enseña a utilizar las emociones a nuestro favor. Aprendemos que todas las emociones son información, por tanto, son buenas y útiles. Incluso las emociones “desagradables” como el enfado, el miedo o la tristeza, las podemos utilizar a nuestro favor porque no dejan de ser información”.  

Emociones básicas
EFE/MDOP

Jovialidad: La juventud no es sinónimo de felicidad, pero sentirse joven por dentro puede serlo. Envejecer con actitud jovial, sintiendo que tenemos fuerza y energía para afrontar todos nuestros retos, afecta de manera positiva a nuestra felicidad.

Kinestesia: Es una disciplina de la ciencia que se enfoca en estudiar el movimiento humano. “Podemos relacionarlo con la felicidad en el sentido de mantenernos siempre activos, no parar quietos”, explica la psicóloga. Y es que una de las claves para vivir feliz y saludable es mantenerse siempre activo, tanto física como mentalmente.

Logros: Establecer metas, tener objetivos y propósitos nos ayuda a sentirnos, en general, realizados y felices. “Cuando somos capaces de valorar las cosas que hemos conseguido, nos sentimos mucho mejor en el día a día”, subraya Silvia Álava. 

Motivación: La motivación es el motor de la acción y el principal requisito para poder llevar a cabo nuestros objetivos y alcanzar aquellos logros que nos hacen felices, definen los expertos. Podemos decir que desmotivados estamos lejos de poder ser felices.

Neurofelicidad: Es una disciplina aplicada emergente que consiste en explicar los mecanismos biológicos cerebrales que subyacen detrás de la felicidad. En esta disciplina, se considera que la felicidad no se origina en la experiencia o en las circunstancias, sino que es el producto de un proceso químico en nuestro sistema nervioso, describe nuestra experta.

Optimismo: “Es la capacidad de de ver el lado positivo de las cosas y es una de las actitudes mentales que nos ayudarán a ser más felices”, afirma Álava. Una persona optimista es capaz de interpretar la realidad de una forma más beneficiosa para sí misma, evitando dejarse llevar por pensamientos negativos que distorsionan la realidad.

Perdón: “Perdonar significa dejar de llevar a nuestras espaldas una mochila llena de agravios”, explica la psicóloga. El perdón es una decisión que nos libera de todas aquellas emociones que nos lastran y nos impiden avanzar. Conseguir desarrollar esa “capacidad de perdonar a los demás y sobretodo de perdonarnos a nosotros mismos, juega un papel crucial en nuestra felicidad”, añade.

EQuilibrio: Entendido como el equilibrio de nuestras emociones. “Cuando conseguimos ese equilibrio emocional es más fácil alcanzar el bienestar y, por tanto, nos ayudará a ser mucho más felices”, enfatiza Álava.

Relaciones: “Lo felices que podamos sentirnos, a corto y sobretodo a largo plazo, depende en gran medida del tipo de relación que seamos capaces de establecer con la familia, los amigos, la pareja y las  personas que se nos cruzan en la vida”, asegura Margarita Álvarez.

Resiliencia: Uno de los elementos que influyen en nuestra felicidad es la sensación de que somos resilientes ante la adversidad. Tener esa “capacidad de salir fortalecido ante una situación vital estresante o traumática” es una forma de gestionar positivamente el fracaso y afecta de forma positiva a nuestra felicidad, estima la experta del Centro Álava Reyes.

Salud: Definida por la OMS, como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”, es uno de los aspectos a los que más importancia dan las personas en relación con la felicidad. Y Silvia Álava resalta que nuestra actitud ante la enfermedad es un factor determinante:“Es cierto que ser feliz se complica cuando estás enfermo, pero siempre puedes trabajar en esa aceptación y tratar de ser lo más feliz posible. Hay gente que ante un catarro se hunde, mientras que otras personas con enfermedades muy graves consiguen estar bastante felices pese a la enfermedad”. 

”Está comprobado que la felicidad tiene un gran impacto en nuestra salud, física, emocional y mental. “Lo importante no es tanto estar sano para ser feliz como estar feliz para sentirse sano”,  concluye Margarita Álvarez.

Tiempo: Tener tiempo libre aporta felicidad, pero en su justa medida. “Si tienes muchísimo tiempo libre porque tienes muy pocas cosas que hacer, el tiempo se devalúa y deja de tener ese cariz que nos está aportando felicidad”, razona Silvia Álava.

Al igual que ocurre con el dinero, no se trata de cuánto tengas, sino en cómo lo inviertas. Otro aspecto muy importante a tener en cuenta es el carácter efímero del tiempo y, por tanto, la importancia de aprender a ‘estar en el presente’. Dalái Lama ya advirtió en su día del peligro que implica no hacerlo: “El hombre que está ansioso por el futuro no disfruta el presente. El resultado es que no vive ni el presente ni el futuro; vive como si nunca fuese a morir y entonces muere sin haber vivido realmente nunca”.

reloj de arena
EFE/UPI

Único: “Sentirnos únicos es importante para sentirnos feliz”, explica Álava, quien considera crucial darnos cuenta de que nosotros somos los únicos responsables de nuestra felicidad y los responsables de decidir que actitud tomar ante cualquier circunstancia que nos presente la vida.

Vínculos: Las relaciones que establecemos son un componente fundamental en la construcción de nuestra felicidad. Silvia Álava acentúa la importancia de  “mantener vínculos de seguridad: vínculos con nuestros padres, nuestros amigos, nuestros hijos… pues tener vínculos con los demás fortalece mucho”.

Wonderlust: Las páginas que hemos consultado definen esta palabra como “un fuerte deseo o impulso de recorrer y explorar el mundo”. Este término proviene del alemán y está compuesto por dos palabras: ‘wandern’ (vagar) y ‘lust’ (pasión), no tiene traducción literal al castellano pero sintetiza una filosofía de vida. Este deseo insaciable por querer explorar está asociado a la necesidad natural humana de querer conocer y nutrirse de otras culturas, algo positivo y sinónimo de felicidad para muchos.

EXplorar: Relacionado con la palabra anterior, explorar es, según Silvia Álava, “la capacidad para tener la mente activa y seguir siempre aprendiendo”, una actitud que nos conducirá a una vida más saludable y feliz.   

HYgge: Es el nombre danés que se ha utilizado para bautizar la idea de encontrar la felicidad en las pequeñas cosas. “Una vida feliz no es una felicidad monolítica y total, sino una felicidad cotidiana”, señala en su libro Margarita Álvarez. Para ella, la felicidad no es un estado de de nirvana constante  sino “la suma de momentos positivos con que nos encontramos cada día”.

Zen: Una de las enseñanzas más importantes del budismo es reconocer la existencia del sufrimiento para poder transformarlo. En lugar de oprimir nuestro sufrimiento, si lo aceptamos, podremos  transformar el dolor en felicidad y esto se puede lograr a través de la práctica del mindfulness o conciencia plena, tal y como explica el maestro zen, Thich Nhat Hanh, en su nuevo libro ‘Sin barro no crece el loto’. 

FUENTE: EFESalud

Cómo estoy preparando a mis hijas para reírse del mundo (y por qué es importante). Colaboración con BuenaVida del diario El País

Las familias deberían enseñar a sus hijos a reírse, es una enseñanza que les ayudará a sobrellevar los contratiempos de la vida.

Por MIGUEL ÁNGEL BARGUEÑO

No soy una persona graciosa, pero mi película favorita es Aterriza como puedas (1980), lo que, en mi humilde opinión, me convierte en alguien con bastante sentido del humor. Creo que reírse de todo, incluso de uno mismo, es una costumbre que permite encajar mejor las vicisitudes de la vida, y hay varios artículos científicos que apoyan mi postura. Algunos concluyen que el sentido del humor ayuda a percibir de forma moderada los acontecimientos negativos de nuestra existencia, otros dicen que reduce la ansiedad y que es positivo para las personas mayores porque, entre otras cosas, mitiga la sensación de dolor. Son beneficios que cualquier padre desearía para sus hijos, y en esto tampoco soy una excepción. Pero, ¿cómo se fomenta el sentido del humor entre la progenie?

Sé por experiencia que el humor es algo innato. Mi hija de seis años, Olivia, aparece cada mañana en el salón con unas coletas absurdas —una encima de una oreja, la otra en la coronilla—, los calcetines por encima del pantalón del chándal y una mueca divertida que, inevitablemente, te hace reír. Hace unos días, mientras desayunábamos, va y suelta este chiste: “Juanito y su mamá van en un avión. Entonces Juanito se hace caca. Su mamá tira el pañal por la ventanilla y le cae a un señor en la cabeza”. No es que la escatológica intervención siga los cánones del humor; no hay una sorpresa ni un desternillante juego de palabras, pero es una ocurrencia graciosa, sin duda cómica. Es el tipo de comentario que no esperaría de sus hermanas, que no son tan dadas a las bromas. Con ellas tengo un trabajo pendiente o, mejor dicho, una responsabilidad.

La educación del humor comienza en el minuto uno

Si inculcar el sentido del humor a los hijos no es un capricho, tampoco puede decirse que sea algo que los padres tengamos siempre entre nuestras prioridades. Y deberíamos, según se desprende de la conversación con la psicóloga especializada en infancia Silvia Álava. “Cuando lo utilizamos estamos aprendiendo a poner el foco fuera de nosotros, lo vemos todo desde otra perspectiva y eso nos ayuda a relativizar las situaciones. Por eso hay que promoverlo en los niños”, explica.

En eso, como en casi todo, los progenitores vamos a ser sus principales referentes. “Los niños nos copian, y, si somos unas personas tremendamente serias, que nunca hacemos una broma, que es raro que nos vean reír, es más difícil que desarrollen el sentido del humor”. Y eso se cumple desde el minuto uno: el mimetismo empieza desde bebés, según concluyó un estudio publicado en 2015 en Journal of Experimental Child Psychology, en el que los científicos demostraron que, incluso a la temprana edad de seis meses, los niños se ríen de las mismas cosas que sus padres y madres.

Cultivar la habilidad de ver la vida con humor, especialmente entre los niños que no vienen graciosos de serie, contribuirá a que pierdan el sentido del ridículo que a veces atenaza a los pequeños cuando se enfrentan a determinadas situaciones. “A algunos les da vergüenza hacer un baile, por ejemplo, y debemos propiciar que eliminen ese sentimiento y hacerles ver que todos nos reímos para que se sientan cómodos. Que aprendan que es posible ver ese lado cómico”, recomienda Álava.

Pero desarrollar este sentido en los pequeños requiere tener ciertos conocimientos. Por ejemplo, es fundamental que las bromas sean acordes a su edad. Entre otras cosas porque no comprenderán todas las gracias si no es así. “Por debajo de ocho años es difícil que entiendan la ironía”, detalla la psicóloga, quien explica que “en niños más pequeños tenemos que recurrir a bromas más simples. De tres a seis años pasan por esa etapa en la que lo más gracioso es todo lo escatológico —el caca, culo, pedo, pis—. Es el momento en el que hay que enseñarles que socialmente no podemos estar diciendo eso, pero también hay que entender que evolutivamente hablando es normal a su edad”. Según van creciendo, las muecas, las cosquillas, son prácticas que se pueden potenciar, añade Álava.

O nos reímos todos o no vale la broma

También es crucial que nuestros hijos, sobre todo en estos tiempos de bullying, se den cuenta de que el sentido del humor no hace gracia cuando implica reírse de los demás. “Es bueno que aprendan a ver la vida desde otra perspectiva, desde un lado cómico, pero este enfoque tiene que servir para que nos riamos todos. No consideramos aceptable el sentido del humor cuando la persona a la que le estás gastando una broma no le ve la gracia, así que cuando trabajamos con niños hacemos hincapié en eso. Si todos nos reímos, estupendo; si la persona a la que va dirigida la broma no se ríe, entonces no vale”, explica la psicóloga. O sea, que las bromas deben ser limpias, inofensivas, y eso es algo con lo que los padres deben tener cuidado si no quieren transmitir justo lo contrario de lo que deberían.

Por último, y por supuesto, esa potenciación del sentido del humor debe abarcar el reírse de uno mismo. “En la vida es bueno hacerlo, pero con cariño, con autocompasión. ‘Metí la pata en esto, y no pasa nada, seguimos adelante’. Aprender a reírte de ti mismo y a quitarle hierro a las situaciones es muy buen predictor para estar más satisfechos y tener un alto bienestar emocional”, concluye la psicóloga infantil. Irónicamente, al final este trabajo educativo no es cosa de risa.

FUENTE: BuenaVida