Buenas notas, hacerse la cama… lo que la paga no debe comprar. Colaboración con El Diario Montañés

La asignación semanal a los niños es útil para enseñarles a gestionar el dinero, pero puede crear monstruos si se da como un premio por cosas que no deben ‘pagarse’

Por SOLANGE VÁZQUEZ

Si usted está ya en la edad adulta, seguro que en la infancia escuchó de boca de sus padres la siguiente pregunta: «¿Pero tú te crees que soy el Banco de España?». Esta joya de los aforismos ‘viejunos’ resume muy bien la filosofía que hace décadas tenían los progenitores respecto al dinero que se daba a los peques: si pedías algo al margen de tu asignación, tenías muchas probabilidades de recibir un no por respuesta. Ahora, sin embargo, padres y madres debaten mucho sobre si hay que ser más flexible y sobre el concepto de paga semanal, que para algunos está trasnochado.

Cada casa tiene su fórmula, pero, desde el punto de vista de la psicología, los expertos sí recomiendan que se les dé a los peques una pequeña cantidad. Se puede empezar con una hucha cuando son pequeñitos, pero «en torno a los ocho años ya se les puede dar una paga para que la gestionen», explica Silvia Álava, psicóloga del gabinete madrileño Álava Reyes. La otra opción, la de financiarles «a demanda», puede crear monstruos… y analfabetos monetarios, que viene a ser parecido. «Si aprenden que, cuando quieren algo, se les da, van a creer que pueden tener todo de inmediato -alerta Álava-. Y, si no comprenden el valor del dinero de pequeños, llegan a la edad adulta sin tener ni idea, cargándose de deudas, pidiendo microcréditos para vacaciones o cosas que no son necesarias…».

¿Cómo intentamos evitar este desastre desde la infancia? Dándoles a los niños y niñas una paga «ajustada», porque «si se ven con mucho dinero va a haber un problema». Vamos, que no le dé para muchas alegrías y que les obligue a priorizar… y, sí, a prescindir de cosas. «Tienen que aprender a elegir, la vida al final consiste en hacer elecciones constantemente -indica la psicóloga-. Deben saber, por ejemplo, que si se gastan su dinero en chuches, igual no les queda luego para cromos». ¿Y cuál es la cantidad adecuada? Por supuesto, depende de la edad y de la zona donde viva la criatura: «En una ciudad gastan más que en un área rural».

Otro beneficio de la paga es la demora de la recompensa. Si los niños y niñas quieren algo de cierto precio y tienen que ahorrar un poco para conseguirlo, «ganan en autocontrol, ya que la respuesta gratificante no es inmediata». Desaparece ese ‘lo quiero y lo quiero ya’ que tantas pataletas causa. «Si se hace así, ocurre un hecho curioso… te dicen ‘¡quiero estoooo!’. Pero tú le contestas ‘vale, pero lo pagas en tu dinero’. Entonces saltan, ‘ay, pues ya no lo quiero’», argumenta la psicóloga. Eso hace que sean menos consumistas, más reflexivos y previsores.

Sobreprotección

A estas alturas del reportaje ya habrá madres y padres diciendo ‘ay, pobres críos, qué pena, ahí contando los euros y quedándose con las ganas de cosas’. Pues de eso se trata. «Estamos haciendo cosas mal como sociedad. Creamos niños inseguros, hay mucha sobreprotección», comenta la psicóloga. Por eso, aconseja que, cuando son mayorcitos, se les anime a buscar un trabajito para que ganen algo -«de canguro, cortando césped, dando clases…»-. De este modo, también empatizarán más con sus progenitores, a los que más de mil veces les habrán echado en cara eso de ‘te pasas el día trabajando y casi no te veo’. «Así entienden que, sin esfuerzo ni trabajo, no hay dinero».

Algunos pensarán que la paga debe estar sujeta a las buenas notas o a la realización de tareas domésticas. «¡Noooo, al contrario! -se horroriza Álava-. Sobre las notas, mejor que premiarles dándoles dinero, se debe buscar la motivación intrínseca. Es decir, preguntarles cómo se han sentido de orgullosos y satisfechos al obtener buenos resultados… Porque el dinero ‘caduca’, pero ese sentimiento no», explica. Y, sobre vincular la paga a los quehaceres de la casa, menos. «Ni hablar, hay que hacerles entender que la familia es un equipo y que es resposabilidad de todos hacer la casa». Y eso no se paga con dinero.

El peligro de la tarjeta

Los expertos coinciden en afirmar que la educación financiera empieza con la paga, pero luego continúa en la adolescencia y la juventud. O debería Según un estudio del BBVA, un tercio de los jóvenes de entre 18 y 25 años se preocupa por ahorrar y más de un 20% usa parte del dinero que acumula para financiar sus estudios. ¿Y el resto? Pues parece que a esas edades aún no se preocupan del vil metal (seguramente, lo harán sus progenitores). «La educación financiera debe comenzar en familia, debe seguir en las escuelas y luego en la universidad, porque nos relacionamos con el dinero constantemente», asevera Elisabet Ruiz-Dotras, profesora de los estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya. Y alerta contra formas de pago que a los más jóvenes pueden hacerles perder la cabeza. Los milenials hacen el 80% de sus compras con tarjeta «y este fenómeno -advierte- contribuye a que se pierda la conciencia del dinero y de su valor, porque dejamos de tocarlo».

Una cantidad ‘ajustada’

  • De 6 a 8 años: Un euro valdría. Es más que nada para meter en la hucha y que aprendan a contarlos, ya que saben sumar y restar.
  • 8 años: Un euro o dos, no más. Suelen invertirse en chuches, cromos… pero tendrán que elegir.
  • 12 ó 13 años: Unos cuatro euros. Ya, no da para ir al cine. Tendrían que tirar de ahorros. porque no todos los fines de semana deberían ir.

FUENTE: eldiariomontanes.es

¿Quieres decirme algo importante? En persona por favor. Colaboración con Padres y Colegios

Nuestra forma de comunicarnos ha cambiado

Desde que aparecieron los llamados smarthphone nuestra forma de comunicarnos ha cambiado. Antes para hablar con alguien sólo había dos posibilidades, quedar con dicha persona o llamarla por teléfono al fijo de su casa y pedir que se pusiera. En esta segunda opción la intimidad en la comunicación era bastante complicada de conseguir, primero porque toda la familia se enteraba de que recibías una llamada, y segundo porque hasta la aparición de los teléfonos inalámbricos el aparato fijo solía estar en lugar común de la casa como el salón, la cocina, el pasillo…

Hoy en día la situación ha cambiado mucho, la mayor parte de las conversaciones las tenemos de forma “virtual” y sin duda la aplicación que más utilizamos para hablar es el WhatsApp, sobre todo entre la gente joven. Hacemos cosas que antes eran impensables, como por ejemplo pedir permiso para llamar, primero escribimos a nuestro interlocutor un WhatsApp preguntado si puede hablar y luego incluso le preguntamos si le podemos llamar. Reconozco que en ocasiones me veo demasiado mayor y sigo a la antigua usanza, yo soy de las que cogen el teléfono y llaman sin haber escrito antes, incluso en el contexto laboral, lo que a veces deja bastante sorprendidos a mis interlocutores, sobre todo a los más jóvenes.

Cada vez tenemos más miedo a tener una conversación sincera

En absoluto vamos a discutir los beneficios que las nuevas tecnologías nos han traído, porque son muchos, pero sí que me gustaría reflexionar sobre lo que hemos perdido por el camino. Nos encanta estar en contacto con los demás, saber de su vida a través de las redes sociales…, y sin embargo cada vez tenemos más miedo a tener una conversación sincera cara a cara. Nos refugiamos en nuestros teléfonos y en ocasiones cuando estamos con una persona, andamos más pendientes de los que no están con nosotros, que de los que sí que están.

Las nuevas tecnologías ofrecen la posibilidad de tener muchos contactos con gente muy diversa y esto aumenta con los adolescentes que están en contacto no solo con los alumnos de su colegio o instituto o con los que comparten ocio o actividades… Pero los vínculos son muy superficiales.

¿Ha bajado nuestro nivel de empatía?

Conocer a una persona y que nos conozcan requiere un tiempo y un esfuerzo, y lamentablemente no siempre estamos dispuestos a emplearlo. La investigadora Sherry Turkle en su libro “En Defensa de la Conversación”, explica cómo en los últimos 20 años, se han encontrado con una caída de un 40% de la empatía entre los estudiantes universitarios, atribuida, en gran parte, a tener un menor contacto directo cara a cara. Así, los chicos y chicas que dedican más tiempo a sus móviles, perdían capacidad para empatizar con los demás, porque no reconocen los matices en la cara de una persona: los sentimientos nos hacen mostrar en el rostro una riqueza de expresiones que algunos adolescentes ya no saben descifrar. La buena noticia es que después de una semana de campamentos sin móviles, recuperaban esta capacidad innata de empatizar.

El nivel de intimidad que conseguimos cuando hablamos con una persona cara a cara no es el mismo que cuando se trata de una conversación escrita. Para trasmitir emociones y sentimientos es mucho más importante el lenguaje no verbal que el verbal. De hecho, según los estudios clásicos de Merabian, a la hora de trasmitir emociones nuestro lenguaje verbal (lo que decimos, el contenido), solo tiene un peso del 7%, influyendo mucho más nuestro lenguaje no verbal (lo que no se registra en el papel), siendo un 37% el lenguaje pareverbal (cómo se pronuncia el mensaje: entonación, volumen, pausas…) y un 56% nuestro lenguaje corporal (lo que se expresa con el cuerpo: posturas, mirada…) lo que explicaría por qué es tan habitual la existencia de malentendidos en conversaciones por escrito.

Para lo importante: Mejor quedar en persona.

Sabiendo esto, todos tendríamos que tener claro, que cuando tenemos pendiente una conversación importante, es mejor quedar en persona y hablarlo. Sin embargo, nuestra experiencia como psicólogos nos muestra que no siempre es así, tenemos miedo a expresar nuestras emociones o tratar temas espinosos cara a cara. Y esto se ve acrecentado entre los adolescentes y la gente joven. No se atreven a tener determinadas conversaciones en persona, porque creen que es demasiado emocional, porque de esta forma no controlan el medio ni sus respuestas ni las del otro. En las conversaciones digitales podemos poner a la otra persona en pausa, podemos reescribir el mensaje, cambiarlo si no nos gusta. Sin embargo, el contacto cara a cara es en directo, no podemos huir ni manipular la conversación, por eso nos da tanto miedo. La conversación cara a cara es mucho más enriquecedora, permite un nivel de intimidad más profundo y por ello permite solucionar cualquier malentendido, porque las emociones van a estar presentes y no las podemos ocultar.

Es importante dar el peso necesario a las conversaciones, a reconocer la importancia de hablar cara a cara y el mayor grado de intimidad que aportan, para que nuestros hijos y nuestros alumnos aprendan que las conversaciones importantes debemos realizarlas en primera persona, que no se pueden evitar con tres mensajes de WhatsApp o refugiándose tras una pantalla. Y como hemos dicho en otras ocasiones, el día a día nos da una gran oportunidad de dar ejemplo, somos nosotros, los adultos los primeros que tenemos que poner en valor “los beneficios de una buena conversación en persona”.

FUENTE: PadresyColegios.com

Decálogo para conseguir que los niños estudien solos desde pequeños. Colaboración con Nosotras.com

Hoy en día un error muy común en los padres es cargarse con la responsabilidad de los deberes de los niños. En el Centro de Psicología Álava Reyes, a menudo vemos a padres que están demasiado preocupados por los deberes de sus hijos, hasta el punto que les afectan más a ellos las notas y los suspensos que a sus hijos. Esto no ayuda a los niños, porque ¿Para qué voy a asumir una responsabilidad, si se que ya la ha asumido mi mamá o mi papá?

Os dejo estos consejos para no permitir que la situación nos supere:

  1. Desde pequeños deben responsabilizarse de sus cosas: que no vean que no es necesario recoger sus juguetes o estar pendientes de ellos porque otros adultos los van recoger o guardar. Gracias a esto, cuando llegue la hora de estudiar o de hacer deberes, entenderán mejor que se trata de su responsabilidad.
  2. Cada cosa tiene un sitio. Establezcamos con el niño dónde vamos a poner cada cosa, y mantengamos su sitio. Mantener el orden exterior, ayuda a la concentración, y amuebla el cerebro.
  3. Trabajemos los hábitos desde bien pequeños, no esperemos a que sean ‘mayores’. Todos los días nos podemos sentar un ratito a trabajar en la mesa de estudio, en el mismo sitio a la misma hora a leer, hacer letras…
  4. Establezcamos tiempos cortos de trabajo y poco a poco vayamos alargándolos según la edad y sus obligaciones. No pretendamos que los niños estén horas trabajando ellos solos. Se pueden fijar periodos de trabajo de 20-25 minutos, y después establecer un descanso de 5 minutos.
  5. Utilicemos un sitio fijo de estudio. No vale hacer cada día los deberes en un lugar diferente. Lo ideal sería poner una mesa en su habitación, que tenga una buena iluminación, con la superficie lisa.
  6. Sobre la mesa de estudio solo  debe de estar el libro a estudiar y el estuche. No debe de haber ningún elemento distractor, como otros libros, ordenador, móvil, juguetes, figuritas…Se trata de evitar distracciones y fomentar la atención plena, tan de moda en estos últimos tiempos.
  7. La televisión siempre debe de estar fuera del cuarto de estudio. Y los móviles, ordenadores, reproductores de música, deben de estar fuera y apagados.
  8. Hay que sentarse todos los días en la mesa de estudio a la hora pactada. -Mismo sitio, misma hora-, siendo puntual a la hora de empezar y terminar de estudiar.
  9. Mantener la postura correcta, sentado en la silla, pies en el suelo y espalda recta. Nada de tumbado sobre la mesa, mal sentado o estudiar en la cama.
  10.  Trabajar la autonomía del niño. Los padres no tienen que estar con los niños haciendo los deberes. Tienen que aprender desde pequeños que los deberes son su responsabilidad, que los tienen que hacer ellos solos. Papá y mamá resuelven las dudas, pero no están sentados a tu lado.
Sílvia-Alava

 Silvia Álava Sordo es directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes y autora del libro “Queremos Hijos Felices. Lo que nunca nos enseñaron” de la Editorial JdJ editores y Actitud de Comunicación.

¿Sabías que una correcta hidratación es un aliado contra la ansiedad?

Te lo contamos en este vídeo realizado para el Instituto de Investigación Agua y Salud

«No se pueden delegar las necesidades emocionales de los niños. Hay que estar con ellos»

Escribió el Premio Nobel Jose Saramago: “… hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí, ¡eso es!; ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder?, ¿cómo?, ¿no es nuestro?, fue apenas un préstamo …el más preciado y maravilloso préstamo ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por si mismos, luego le pertenece a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos, pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”.

FOTO: Silvia Álava
FOTO: Silvia Álava

Por MARÍA ALMODÓVAR. SANTIAGO

¿Estamos obsesionados con la felicidad, Silvia? ¿Se les transmite a los pequeños de la casa la idea de tener que ser felices todo el rato, cuando eso no es posible?

Eso es así. Y lo que hacen algunos padres es meterlos en una burbuja de sobreprotección para que no se traumaticen. Otros le dan todo lo que a ellos les hubiera gustado tener de pequeños.

Y con eso no nos estamos dando cuenta de que les impedimos que se desarrollen correctamente y aprendan a ser autónomos, a ser eficaces, a resolver las cosas por sí mismos tanto a nivel ejecutivo (niños que no saben atarse los zapatos o que no se duchan solos), pero también un poco a nivel emocional. No hay que frustrar a los niños gratuitamente. Si no saben hacer las cosas, tenemos que quedarnos a su lado y acompañarlos. ¿Pero qué es lo que pasa cuando lo hacemos nosotros? Pues que no los estamos dotando de herramientas ni técnicas ni recursos suficientes para que se puedan valer por sí mismos. Eso, a la larga, les genera una gran infelicidad.

Pero también es cierto que muchos padres pasan mucho tiempo fuera de casa y tienen sentimiento de culpa, frustración… Y les dicen que sí a todo.

Claro, y por eso de esa forma intentan compensar de algún modo comprándoles más cosas. Es necesario trabajar el peso de la culpa para ser capaces de llegar a casa y decir no cuando la situación lo precisa, o cuando hay que hacer otras cosas.

Pero también a veces lo que hay es un mal entendimiento del amor paternal y maternal. Y ahí están los hiperpadres, que quieren estar superpresentes en todo momento.

¿Al final es cierto que los niños lo que piden es tiempo?

Los niños lo que están pidiendo muchas veces es tiempo de estar con sus padres. Para educar hace falta tiempo y también paciencia. Es importante que los niños aprendan por sí solos y para eso se van a equivocar porque nadie nace aprendido. Lo que tenemos que hacer es poner nuestra mejor sonrisa y decirles que no pasa nada y lo volvemos a intentar porque el error es una fuente de aprendizaje.

Pero si demonizamos el error o no le corregimos porque perdemos mucho tiempo, entonces no le permito que se equivoque. Dramatizamos mucho y no les estamos enseñando recursos y fuerzas para enseñar a levantarse, no evitar tanto que se caiga.

¿Crees que la definición de ‘hijo’ que hizo José Saramago deberíamos tenerla presente?

Es muy importante saber qué es lo que está ocurriendo, que hay muchos padres que se están realizando a través de sus hijos en lugar de realizarse por sí mismos. Y tengo la vida de mi hijo totalmente programada y teledirigida hacia donde yo creo que tendría que ir. Nos olvidamos a veces de qué es lo que necesita o lo que quiere ese niño. Porque en la vida va a ser lo que él quiera, no lo que tú has decidido. Está muy bien volcarse, darles todo nuestro amor, pero la educación se basa en potenciar todas sus virtudes y mitigar sus defectos porque queremos que sean la mejor versión de sí mismos. Y yo voy a estar aquí como padre, como madre, para conseguirlo. Pero cuidado cuando pienso que tengo que ser yo el que elija en todo momento o que yo esté siempre en posesión de la verdad. Te diré cuál el camino que creo que es mejor, pero tendré que dejarte libertad, aunque sea simplemente para equivocarte.

Y en ese caso, ¿crees que los padres se dan cuenta de ese comportamiento? Ellos seguramente ven que eso es normal.

Muchas veces es que los padres no se están dando cuenta. Por eso se habla de malentender el amor. Y muchas veces también hay mucho miedo. Y como tengo miedo de que le pueda pasar algo, hoy en día la vida es muy complicada, tengo miedo de que yo no pueda estar ahí. Y entonces, por intentar controlarlo todo al máximo, estoy ­permitiéndole que no desarrolle una serie de competencias, de habilidades, de recursos. ¡Mucho cuidado con el miedo, que no nos deja educar en libertad!

¿Qué le puede ocurrir a un hijo con un progenitor ausente y con el que solo habla por teléfono? ­¿Existen los ‘telepadres’?

Los psicólogos siempre decimos que los niños necesitan la figura de sus padres. Es muy importante pasar tiempo de calidad, no tanto la cantidad, pero hay que estar una mínima cantidad. Es verdad que a veces no la puedes incrementar, pero hay un mínimo. Las necesidades emocionales de los niños no se pueden delegar. Tú puedes delegar si no estás en casa que una persona haga la cena o limpie la casa, pero la necesidad emocional no. Y qué es lo que ocurre. Que hay que estar, aunque no las 24 horas del día.

¿Y si hablamos de padres que ­tienen hijos con alguna ­discapacidad? ¿Cómo son? ¿Cómo tienen tanta fortaleza?

Estos padres merecen una mención aparte porque no tienen muchas veces una capacidad para sobreponerse a las situaciones. Son un ejemplo de admiración, porque no solamente luchan por su hijo, sino por integrarlos en la sociedad y que esta se prepare para ellos. Hoy en día la sociedad ha mejorado muchísimo, cada vez le damos más visibilidad, pero todavía queda muchísimo que hacer. Y al final los que luchan cada día por que esto se consiga son los papás y las mamás con niños con discapacidad. Y deberíamos hacerlo todos. Al final sí que tienen mucha fortaleza porque o lo hacen ellos, o si no, es complicado que otra persona lo pueda hacer. Luchan por sus hijos y por todo el colectivo de niños. Muchas veces la fortaleza la sacan porque saben que para su hijo es necesario.

La comunicación tiene un papel esencial para construir una buena relación. ¿Le damos la importancia que merece?

Yo creo que no. No somos conscientes de la importancia que tiene porque comunicar es más que hablar. Muchas veces comunicamos sobre la marcha, con prisas, de cualquier forma, y no.

¿Cómo hacer una comunicación afectiva efectiva?

Hay que pensar que el valor de la comunicación lo da el que escucha. Si tú piensas que has hablado de forma perfecta, pero la otra persona no lo ha entendido, no sirve. Es fundamental practicar una escucha activa, es decir, que cuando te estoy escuchando, solo estoy pendiente de ti. Y vamos a preguntar todas las dudas que tengamos. A mí me parece también fundamental utilizar el feedback. Hay que tener muy en cuenta la comunicación no verbal (cuáles son nuestros gestos, el tono de voz, nuestra cara, la mirada…). Hay muchas cositas que podemos mejorar.

Otra cosita que se nos olvida es el miedo al silencio. Hay personas que tienen que rellenarlo con muletillas, con frases hechas. A veces el silencio puede decir más que muchas palabras.

Y no nos olvidemos de que la comunicación tiene que ver con los sentimientos. Muchas veces los malentendidos no suelen venir de la parte racional. Y cuando son de ese tipo se resuelven muy rápido, pero cuando van en relación con los sentimientos, es otra cosa.

COMUNICADORA Y ESCRITORA Escribió el Premio Nobel Jose Saramago: “… hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí, ¡eso es!; ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder?, ¿cómo?, ¿no es nuestro?, fue apenas un préstamo …el más preciado y maravilloso préstamo ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por si mismos, luego le pertenece a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos, pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”.

FUENTE: El Correo Gallego

Hablamos de las emociones y el aspecto de nuestra piel en Saber Vivir

Nuestro estado emocional y el aspecto de nuestra piel están más relacionados de lo que parece.

Para explicarnos lo importante que es cuidar los dos, y sobre todo cómo podemos conseguirlo, le hemos pedido consejo a la dermatóloga Lidia Maroñas y la doctora en psicología Silvia Álava.

Haz click en la imagen para ver el vídeo:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/saber-vivir/psicodermatologia/5498430/

¿Sabías que es fundamental estar bien hidratado durante tu jornada laboral?

Te lo contamos en este vídeo realizado con el Instituto de Investigación Agua y Salud

Cómo conseguir lo que te propongas, en Saber Vivir

Aprender un nuevo idioma, ir más al gimnasio, comer mejor, dejar de fumar… Ahora que estamos a principios de año, es el momento perfecto para plantearnos cómo vamos a afrontar este 2020.

Pero claro, los propósitos hay que cumplirlos y para eso nada como los consejos que os vamos a dar en Saber Vivir. ¡mira!

http://www.rtve.es/alacarta/videos/saber-vivir/como-conseguir-propongas/5491541/

Cuando el sueño del bebé mantiene en vela a la familia. Colaboración con El Correo

¿Es verdad eso de que los niños duermen del tirón? ¿O es más real eso de que se despiertan cuatro o cinco veces? Un pediatra y una psicóloga opinan

Por YOLANDA VEIGA

Se acordarán los talluditos de Cleo, Teté, Maripí, Pelusín, Colitas y Cuquín, los peques de la televisiva familia Telerín. Aquella cuadrillita que en los años 60 se llevaba a los peques a la cama a una hora prudencial. Y en un abrir y cerrar de ojos, nunca mejor dicho, esas criaturas ya estaban dormidas: ‘Zzzzz’… la noche del tirón. Sí, es ficción. Bien lo saben esos padres y madres angustiados porque la niña duerme mal. O se despierta cada poco, o solo se duerme al pecho, o con el chupete, o en la cama con aita… Carlos González ha visto de todo esto y más. Como pediatra y como padre de tres niños. Y la experiencia por ambos lados le ha hecho llegar a una conclusión francamente tranquilizadora: «No sé si tu hijo recogerá los juguetes o aprobará con notable el Bachiller, pero lo que sé seguro es que comerá y dormirá». Ahora bien, cuándo y cómo es lo que trae de cabeza a muchas familias.

El sueño del bebé es algo que estresa mucho a las familias

Lo ve todos los días en su consulta Silvia Álava, del gabinete psicológico Alava Reyes. «El sueño del bebé es algo que estresa mucho a las familias porque una de las funciones del descanso en adultos es poner a cero los niveles de ansiedad. Si no dormimos nos entra nerviosismo y entramos en un círculo en el que la persona que tiene que transmitir calma al bebé le transmite angustia. Y eso lo perciben. «Así que el primer paso es la calma», coinciden ambos especialistas.

Otro punto de partida: a nuestra hija o nuestro hijo no le pasa nada. «Los pades somos víctimas de un engaño. Nos han hecho creer que lo habitual es que los niños duerman del tirón y no lo es. Probablemente con tres meses lo sea, pero a partir de los cuatro muchos empiezan a despertarse cada hora y media». Y es en ese momento cuando «los padres entran en pánico porque creen que no es normal».

Y empiezan los experimentos: le saco de la habitación, le duermo en brazos y luego a la cuna, le canto, le leo, le doy un masaje, le baño después de cenar… «Lo importante es que concretemos una rutina de sueño. El problema es que cada día hacemos una cosa y para que haya aprendizaje tiene que haber repetición», insiste Álava. Y ofrece una pauta que puede ser otra: «Cenar, un baño de agua templada, un masaje y cantar».

El debate de siempre, ¿el bebé en la cama o en la cuna, en la habitación de los padres o en la suya?

Carlos González: La recomendación médica es clarísima, hasta los seis meses el bebé debe estar en la habitación de los padres. Lo de la cama o la cuna ya es más delicado, aunque si la madre o el padre fuman, beben o son obesos, en la cuna. Si no se dan esas circunstancias es indiferente.

¿Y a partir de los seis meses? Silvia Álava apuesta por ir dejándole en su propio cuarto de manera progresiva. «No se puede hacer de un día para otro porque es la hecatombe, pero podemos probar a enseñarle a dormir solito acostándonos con él o con ella en la cama. Le tocamos, le hablamos suave… hasta que se duerma. Cuando hayamos conseguido eso le acompañamos hasta que se quede dormido pero ya no tumbados, sino sentados en una silla, que iremos retirando poco a poco hasta lograr que no sea necesario que estemos con él o con ella».

Carlos González, sin embargo, rechaza los métodos de manual, empezando por ese que defiende que les dejes llorar hasta que se cansen y se duerman. «Yo no digo que no funcione, pero ¿quieres que tú hijo aprendar a dormir así? ¿Quieres enseñar a tu hijo que pese a que llore no vas a ir? Porque yo no quiero. Mi hija pequeña tiene 28 años y yo le he enseñado que en cualquier momentro del día o de la noche me puede llamar e iré. Ahora vive fuera y si me llamara de madrugada cogería un avión al día siguiente. Yo les diría a esas madres y padres preocupados que aprovechen, que es muy poco el tiempo en que los peques nos necesitan tanto y nos quieren con locura. Que dentro de unos años la preocupación será: ‘¿por qué no llama por teléfono más a menudo?’».

¿Y dormirles al pecho? ¿Duermen peor los que maman?

Carlos González: Hay algún pequeño estudio que defiende que los niños nada más destetarse duermen más, pero como norma general darle el pecho no hace que duerma peor.

Silvia Álava: Lo ideal es que no se duerman mientras maman. Tienen que aprender que el pecho es para comer, no es una herramienta para dormir. Ni un biberón.

Carlos González: A mí me hace gracia cuando la gente dice que le da un masaje y funciona. Estupendo, pero ¿cuándo se despierte a las tres de la mañana llorando, qué haces, te levantas y le das el masaje? Sin embargo, cuando una madre dice que la teta es mano de santo no se ve igual. ¡Pero si es más rápido, cómodo y barato!

Lo del masaje es opcional pero lo que genera consenso y no hay atisbo de duda es en la crencia de que al niño hay que proporcionarle un entorno sosegado antes de ir a la cama. «Si antes de acostarse está corriendo, gritando, viendo la tele… su nivel de actividad es importante y no se va a dormir». Así que «luces bajas, tono calmado, cuento o canción suave…».

A la preocupación de que se duerma pronto se suma otra: ¿cuántas horas debe dormir? ¿de cuánto tiene que ser la siesta? A estas preguntas responde Carlos González con un experimento: «Busca fotos en Google de madres con sus hijos. Verás que en casi todas aparecen mujeres sonrientes diciendo algo al bebé. Ahora busca mujeres africanas con bebés y verás que en casi todas aparecen madres con los niños a la espalda haciendo labores mientras les llevan. A esos bebés su madres no les duermen, que solo es algo que solo hacen las madres occidentales y los anestesistas. Dormir es un verbo intransitivo, no dormimos a alguien. La gente se duerme. Y esos bebés africanos se duermen de manera natural mientras su madres hace otra cosa».

En todo caso, hay unos estándares respecto a las horas de sueño que se cumplen casi siempre. Aunque hay algo mejor que los estándares, advierte González. Y es la seguridad de que «cada niño duerme lo que tiene que dormir». Aunque, matiza la psicóloga, «en nuestro país tendemos a dormir poco». Lo que supone un problema más «en la adolescencia que en la infancia».

Si quieres más información o asesoramiento de este u otros temas no dudes en ponerte en contacto conmigo.

FUENTE: Diario El Correo

¿Eres una madre o padre helicóptero? En Cadena Dial

Por Nuria Serena

Lo eres si contestas “” a cualquiera de estas tres preguntas:

  • ¿Estás pendiente de las necesidades de tu hijo de forma constante?
  • ¿Te angustia el futuro de tu hijo?
  • ¿Estas obsesionado con el rendimiento académico de tu hijo?

Pues si has hecho triplete, tu hijo y tú tenéis un problema, eres una madre o padre helicóptero.

Una madre o padre helicóptero es aquella o aquel que sobrevuela constantemente sobre la vida de su hijo:

le acompaña a una entrevista de trabajo, rellena solicitudes y formularios por él, está preocupado por satisfacer a todas horas sus necesidades, sus deseos y le angustia su futuro.

El término es muy popular en EEUU -donde uno de cada 10 estudiantes tiene este tipo de padres- y, como todo, de unos años a esta parte, el “fenómeno” ha llegado también a España.

Buena parte de culpa la tiene la permanente “crisis” que ha inmerso a las familias en una inseguridad por el futuro. La frase “nuestros hijos vivirán peor que sus padres” es un “mantra” que todo el mundo ha interiorizado. Y esto provoca miedo a un crecimiento de las desigualdades sociales, lo que influye en la perspectiva que los progenitores tienen de la educación: más permisiva o más estricta.

Los padres deciden si utilizan un estilo autoritario, persuasivo o permisivo en función de los costes y beneficios que les reporta cada uno. En los años 60 y 70, por ejemplo, se llevaba ser permisivo, entre otras cosas porque los trabajadores poco cualificados ganaban casi tanto como los cualificados y los padres podían permitirse fomentar la imaginación y la independencia de los niños frente a otros valores, como el trabajo puro y duro.

La crisis y la desigualdad económica hacen a los padres más controladores con sus hijos

“Los últimos 30 años, por el contrario, se han caracterizado por una creciente desigualdad que se ha visto acompañada por el aumento de los rendimientos asociados a la educación. Los niños que no logran completar su educación ya no pueden aspirar a una vida de clase media y, en consecuencia, los padres han redoblado sus esfuerzos para asegurar el éxito de sus hijos”, explica Fabrizio Zilibotti, catedrático de Macroeconomía y Economía Política de la Universidad de Zurich.

Y es que la exigencia de los padres no siempre es bien trasladada y, en vez de acompañarles, les sustituye

Por eso, hay cada vez más madres/padres helicóptero, madres/padres apisonadora (que allanan el camino para que su hijo no tenga dificultades) y madres/padres guardaespaldas (que se convierten en la sombra de sus hijos para que nada ni nadie pueda dañarles).

Lo hacen con buena intención y con mucho cariño,

pero, en ese afán por controlarlo todo, acaban anulando la independencia y la autonomía de los críos. Según los expertos, éste es “uno de los mayores errores en la educación de los hijos”.

Los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros, advierte la psicóloga Silvia Álava, autora del libro Queremos hijos felices.

En cada momento del crecimiento de la persona, ésta debe pelear por sus propias batallas. Debemos darnos cuenta de que no ayudamos a nuestros hijos dándoles la solución, sino prestándoles el apoyo desde fuera. Si en la adolescencia los chicos no toman decisiones, nunca tomarán la iniciativa y esto producirá disfunciones sociales tremendas en todos los niveles“, sentencia José Antonio Marina.

FUENTE: CadenaDial.com