La preadolescencia, una edad olvidada por la televisión. Colaboración con el diario El País

La oferta para ver series y programas es cada vez mayor para todos los públicos, pero los contenidos destinados a jóvenes entre 10 y 14 años escasean.

Álvaro P. Ruiz de Elvira Twitter

En televisión, hay una división clara: está el público infantil y el adulto. Entre medias, hay un espacio un poco más vago que se puede calificar como familiar. Lo que venga antes de la adolescencia es una dimensión desconocida. Hay productos para los adolescentes en la parrilla y plataformas actuales, la mayoría dibujos animados, pero no parece haber una oferta general que la englobe como ocurre con la infantil. Cada año parece haber más sitios donde encontrar contenidos, y se va asentando el cambio de hábitos con los dispositivos móviles, lo que complica la supervisión de los padres sobre el contenido que ven sus hijos en una época de maduración diferente para cada niño.

¿Qué debería ver un niño preadolescente? La franja entre los 10 y los 14 años tiene demasiadas variables para determinar qué tipo de programas y series están destinados a estos niños, pese a que las plataformas y canales tienen avisos de recomendación de edad al principio de los capítulos. “Con la preadolescencia y la adolescencia nos encontramos desde niños que tienen conductas muy infantiles que todavía disfrutan viendo dibujos, a otros que van más avanzados y que lo que quieren ver son cosas de mayores”, apunta la especialista en psicología educativa Silvia Álava.

“Hace unos años, los padres sabían qué veían sus hijos. Actualmente, al tratarse de una televisión a la carta y por el cambio de hábito de ver la televisión en solitario y no en familia, los adultos escogen su programación y los hijos, otra”, explica Rebeca Díez Somavilla, profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad Politécnica de Valencia. Más del 40% de los niños españoles ve contenidos en dispositivos móviles u ordenadores, según un estudio de finales de 2018 de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación sobre hábitos televisivos de niños entre 6 y 13 años. Un análisis que determina que en esta franja los niños pasan casi cinco horas frente a algún tipo de pantalla.

“La preadolescencia está cambiando de edad. Parece que hasta los 12 años hay una programación infantil, que tiene sus canales contenedores y que tienen también las plataformas, pero no hay una oferta para los preadolescentes. Entre los 11 y los 16 años no hay una programación específica. La infantil se les queda muy ridícula. Como no tienen ese intermedio, pasan a consumir productos que en principio son para adultos. Ocurre lo mismo con las películas, como con Marvel, que tienen una violencia tremenda. Es a lo que nos hemos acostumbrado”, dice Díez Somavilla.

Existen canales infantiles en abierto como Clan, Boing o Disney Channel que tienen programas juveniles bien detectables (División 0, Gumball y Entre hermanos, respectivamente, son buenos ejemplos). En las plataformas, el repaso es más complicado. En su cuenta normal, no la dedicada a público infantil, Netflix tiene una docena de etiquetas para series juveniles, pero en la búsqueda de ficciones los resultados incluyen también productos más de adolescentes y adultos como Élite o La casa de papel. En contenidos para adolescentes la plataforma sí que destaca por la ingente cantidad de ficciones que ofrece.

Control parental

En HBO España se pueden encontrar series como H2O: Las sirenas de Mako, Los Thunderman, Henry Danger o la sensación francesa de animación Código Lyoko. En Filmin se pueden recuperar para preadolescentes clásicos como Érase una vez el hombre. Amazon Prime Video sí que trata de nutrir con programación propia el espectro preadolescente con ficciones como Dino Dana, Just Add Magic, Gortimer Gibbon o The Kicks. Todas las plataformas incluyen un sistema de control parental para impedir que el usuario pase de la cuenta infantil a la normal.

“El principal cambio es que dedicamos menos tiempo a ver la televisión en familia, por lo que el miedo a la elección que puedan hacer los hijos se acrecienta”, expone la profesora de comunicación. “Te puedes dejar llevar bien por el código que tienen las series de edad recomendada, pero hay que sentarse y ver al lo menos un capítulo con ellos y hablar del tema de lo que se esté viendo, así se puede decidir si es para su edad o no”, añade Álava.

La psicóloga también apunta a que se debe estimar si las series que se ven con los hijos fomentan los valores que se quieren tener en la familia y en el proceso de educación. “Educar no es ir al colegio o elegir qué instituto es bueno. Educar no es aprender un determinado examen o sacar una determinada nota. Todos educamos. También a través del modelo de los dibujos y series que ven nuestros hijos”, finaliza.

Ver series de adultos con los hijos

«Al igual que a los adultos nos pasó con el cine, las series actualmente sirven para introducir a los preadolescentes y adolescentes en una cultura audiovisual de más calidad», comenta Díez Somavilla. La experta habla de ficciones como La maravillosa señora Maisel («se puede compartir en familia como conocimiento de la situación social de la mujer en los años 50 y 60»), This is Us («el paralelismo de la vida familia de los años 70 con la actual»), Buenos presagios («por la temática de la lucha entre el bien y mal, además de la ironía») o incluso Black Mirror («en muchas ocasiones se trabaja la temática general de cómo la tecnología puede cambiar o alterar nuestras vidas en aulas de la ESO»).

FUENTE: Diario El País

El debate continúa: vacaciones de verano ¿con o sin deberes? Colaboración con YoDona

  • Por MARISA DEL BOSQUE

¿Cuánto tiempo deberían emplear los niños en hacer los deberes?

Inmersos ya en plenas vacaciones escolares, llega la hora de preguntarse: ¿qué hacer con la larga lista de actividades que recomiendan en muchos colegios? La respuesta no es fácil y oscila entre un amplio abanico de posibilidades que van desde obligar a los niños con mano firme a relajar la exigencia y liberarles de toda responsabilidad contraviniendo las indicaciones de los profesores que intentan que los chicos no pierdan el hábito durante los meses de parón.

¿Qué es lo mejor? Pilu Hernández Dopico, reconocida maestra y preparadora de oposiciones, rechaza tajante el argumento del ‘hábito’ para defender ese trabajo extra en vacaciones. «Cuando hay un cumpleaños, compramos un regalo, comemos tarta y no por eso lo hacemos todos los días», dice. «Cuando llueve el niño sabe que tiene que ponerse una ropa determinada y coger un paraguas. ¿Hacemos que lo coja todos los días para que no pierda el hábito? No, porque no es necesario. Con los deberes ocurre lo mismo», concluye.

En este sentido, la maestra rechaza de forma contundente los deberes. «¿Acaso los adultos en vacaciones estamos dos horas haciendo cosas de nuestros trabajos para no olvidarnos?», se pregunta, «es mucho mejor que los niños lean por placer, lo que sea, pero que lean. Y que jueguen a ensuciarse, a mojarse y a caerse con sus padres, hermanos, primos y amigos». Así, Dopico elabora su particular lista de deberes: «Sueña despierto, quiérete y mímate, ayuda a los demás, saluda al entrar y despídete al salir, lee, escribe, salta en los charcos, báñate bajo la lluvia, aprende a escuchar, anda descalzo por la hierba, juega con globos de agua, acaba lo que empiezas y comparte».

Sin embargo, los deberes escolares ordinarios también tienen sus defensores, generalmente profesores que entre sus virtudes destacan que «mejoran la autodisciplina, la organización del tiempo, generan curiosidad y favorecen el desarrollo de atributos personales positivos en los niños», tal y como se recoge en un informe sobre sus pros y sus contras elaborado por la Xunta de Galicia.

Así las cosas, el debate lejos de cerrarse continúa muy vivo. Y los argumentos a favor o en contra parecen bastante distantes entre sí. «Desde mi propia experiencia como madre, y lo confirman luego los profesores, se nota mucho cuando un niño ha estado reforzando los conocimientos en casa y cuando no. En el último caso, tardan en arrancar a principio de curso, van más lentos, tienen que volver atrás en temas que ya tenían dominados y se les hace más cuesta arriba el inicio del ciclo escolar que a los que estuvieron practicando y reforzando lo aprendido el año anterior», afirma Katy Gutiérrez Herrera, madre, psicóloga, monitora de tiempo libre y autora del blog De orugas y mariposas. En su opinión, las ventajas de los deberes son claras: «Los niños afianzan lo aprendido en el curso anterior, adquieren responsabilidades y una rutina sana, y aprenden a distribuir su tiempo porque entienden que no les da para todo».

En esta línea se encuentra la especialista en Psicología Educativa y Psicología Clínica y de la Salud Silvia Álava, quien asegura que «el cerebro no entiende de vacaciones, le da igual que sea lunes, domingo, verano o invierno, lo que quiere decir que los niños siguen aprendiendo durante estos meses». No obstante, asegura que esto no tiene por qué suponer un sufrimiento, también se puede hacer de manera entretenida. «Tenemos que dejar de pensar en los deberes tradicionales: fichas, cuadernos…», dice Silvia Álava. «Es una época en la que podemos aprovechar para aprender de manera mucho más lúdica, jugando. Por ejemplo, utilizando los ratos en familia para hacer juegos de mesa en los que practicar la atención sostenida, el seguimiento de reglas, sumas y restas jugando a las cartas o a las tiendas para que tengan que darnos el cambio correcto… Se trata de hacer otro tipo de ejercicios con los que va a ser divertido aprender», afirma.

En esto coincide también Katy Gutiérrez: «Hay aplicaciones para las tablets muy buenas para repasar, y otras alternativas que refuerzan el aprendizaje, por ejemplo escribir un diario ilustrado de su día a día durante las vacaciones, realizar experimentos científicos caseros que refuercen lo aprendido en la teoría durante el curso, aprovechar momentos de juego para asentar conceptos como sumar o multiplicar, visitar museos… y leer y leer». En este punto, la lectura, insisten también hasta los férreos detractores de los deberes. «Pero deben hacerlo por placer, no como una obligación, y para eso tienen que ver a sus padres leyendo», puntualiza Silvia Álava.

Una cuestión de tiempos

Incluso para los defensores de los deberes, hacerlos o no depende mucho de la edad del niño y de la etapa escolar que esté cursando. Así, cuando están «en proceso de aprender, es decir, primero y segundo de Primaria, deben afianzar la lectoescritura y leer un poquito en verano sí que es necesario, porque ese proceso tiene que quedar completamente automatizado», asegura Silvia Álava. «Sucede igual con el cálculo o con las tablas de multiplicar. En esos cursos está justificado seguir trabajando todos esos conceptos en verano. Los niños más pequeños, los de Infantil, realmente no tendrían que hacer nada, y si hablamos de Secundaria los deberes tampoco tienen tanto sentido ya que la parte de contenidos queda terminada a lo largo del curso. No obstante, esto cambia si existen dificultades específicas de aprendizaje o los profesores nos explican la necesidad de reforzar un área determinada. Un buen criterio es respetar el del profesor: si nos dice que hay presentar una serie de trabajos a la vuelta del verano, tendremos que hacerlo», concluye Silvia Álava.

Y ya puestos a hincar codos, ¿cuánto tiempo debemos dedicar? En esto sí parece haber acuerdo: «Entre 20 minutos y una hora, de lunes a viernes, en función de la edad y de la capacidad de concentración del niño; lo importante es que no le parezca que dedica toda una mañana», dice Katy Gutiérrez.

Por su parte, Silvia Álava introduce un término más en la ecuación: «No debería ser mucho tiempo, pero sí que hay que tener muy en cuenta la hora a la que se hacen. Lo ideal es por la mañana, después de desayunar, de tal forma que primero terminamos lo que debemos hacer para luego ya tener todo el día libre para disfrutar. Se trata de enseñar a los niños que tenemos que cumplir con nuestras obligaciones para luego disfrutar de nuestros derechos (bajar a la piscina, a la playa, jugar…). Los niños pequeños, de seis a ocho años, no deben dedicar más de 25 minutos, si hay alguno mayor con dificultades de aprendizaje puede alargarse hasta una hora, nunca más», concluye Silvia.

FUENTE: elmundo.es

Los jóvenes y el feminismo. Participación en La Linterna, de la cadena COPE

Hay más jóvenes españoles que se declaran feministas pero aumentan algunas conductas contrarias como por ejemplo, espiar el móvil.

Es una de las conclusiones del Barómetro Juventud y Género de la FAD, la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción. Una encuesta que nos deja otro dato para reflexionar: la mitad de los jóvenes cree que la situación de las mujeres es mucho peor que la de los hombres en materia de salarios pero el 45% de los chicos considera que el trabajo de las madres fuera del hogar puede resentir la vida familiar más que el de los padres. Conclusiones que nos ha llevado a preguntarnos: ¿los jóvenes españoles presumen de ser más feministas porque está de moda o porque realmente lo piensan? ¿hay un retroceso en algunas conductas? ¿cómo influyen las nuevas tecnologías en estos comportamientos? ¿cuáles son los ciberdelitos sexuales más habituales y cómo se combaten? Es el tema del día de este martes: jóvenes y feminismo. Para hablar de jóvenes lo hacemos con la profesora Carmen Guaita.

Eulalia Alemany, es directora técnica de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción y aprovechamos para charlar con ella acerca de estos datos que arroja el informe. El barómetro de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción nos deja una de cal y una de arena. Hay más jóvenes que se declaran feministas, pero aumentan conductas que parecen sacadas de una película romántica del siglo pasado. Vamos a analizar ahora en nuestro TEMA DEL DÍA cómo se relacionan nuestros jóvenes con Silvia Álava, psicóloga Infantil y Juvenil.

Esto ocurrió en Asturias hace solo unos meses. 20 chicas de entre 14 y 17 años, de dos colegios de Avilés fueron víctimas de la difusión de fotografías íntimas. Ellas mismas compartieron con algunos de sus compañeros fotos íntimas, semidesnudas por Whatsapp. Y estos estudiantes comprimieron todas las fotos en un archivo y las difundieron. Algunas de las menores comunicaron a sus familias lo que estaba sucediendo y fueron a denunciarlo, pero el daño ya estaba hecho. Las chicas ponen el foco en uno o dos menores, compañeros, que fueron los que se encargaron de conseguir las fotos para luego compartirlas entre sus compañeros.

Te puedes imaginar que el caso ha provocado muchísima alarma y preocupación sobre todo por dos motivos: el elevado número de chicas afectadas y la facilidad con la que compartieron imágenes íntimas.

Las redes sociales pueden ser un medio bastante útil para comunicarse con tus conocidos PERO… si no se hace un buen uso, pueden ser muy dañinas y peligrosas… Lo saben muy bien en el Instituto Nacional de Ciberseguridad, el INCIBE. Manuel Ransán, es coordinador en el área de menores de este organismo y nos explica los riesgos en los que pueden caer los jóvenes en las redes sociales.

Seguro que recuerdas esta noticia. Un hombre de 39 años es detenido tras secuestrar durante 24 horas a una menor de 13 con la que había contactado por Internet cinco meses atrás. Ocurrió el pasado mes de noviembre en Madrid. El agresor primero le dijo a la pequeña que tenía 17 años, luego 26 y finalmente su edad real, 39. Lo hizo el día que se dirigía a su casa para recogerla.

Cerramos este TEMA DEL DÍA sobre los jóvenes y el feminismo adentrándonos en la lucha contra los abusos a menores que realizan en la Brigada de Investigación Tecnológica de la POLICÍA NACIONAL. Eduardo Casas, es miembro de esta unidad y está especializado en delitos sexuales contra menores. Advierte de los peligros que hay en la red.

Pros y contras de llevar a los hijos con los abuelos o de campamento. Colaboración con el diario ABC

Laura Peraita@Pros y contras de llevar a los hijos con los abuelos o de campamento. Colaboración con el diario ABC

Las vacaciones escolares ya están aquí. Los niños están dispuestos a disfrutar de un merecido descanso después del esfuerzo realizado durante el curso. Sin embargo, muchos padres, inmersos en su rutina laboral, se encuentran con la incertidumbre de qué hacer con sus hijos mientras están en el trabajo: ¿Dejarles con los abuelos?, ¿apuntarles a un campamento?, ¿pagar a una “canguro” que les cuide en casa? ¿Dividirse los padres los días libres por lo que no podrán disfrutar de tiempo todos juntos en familia?… El dilema está servido.

Lo cierto es que el tema económico suele tener bastante peso a la hora de decidir porque no todas las familias pueden costear actividades de ocio o deporte durante varias semanas.

No obstante, Francisco Muñoz, presidente de la Asociación de Abuelas y Abuelos de España, matiza que los hijos deben tener en cuenta que «las personas mayores, aunque estemos jubiladas tenemos muchas cosas que hacer a diario y que el cuidado de los nietos no debe ser considerado como una obligación nuestra. La única obligación es el cariño».

Explica que cuando hay una urgencia o necesidad «dejamos todo y salimos corriendo para atender a los nietos, pero no se puede disponer de nuestro tiempo sin contar con nuestros intereses y ocupaciones. Lo ideal es hablarlo, negociar, que no lo den por sentado, y que las dos partes estemos de acuerdo y entendamos las necesidades del otro».

Uno de los problemas que añade es que muchos hijos dejan a los nietos bajo la excusa de que así los abuelos están entretenidos, hacen ejercicio… «Y no les falta razón. Nos encanta estar con los niños, pero también exige un gran esfuerzo, sobre todo para aquellos que no están en plenas condiciones físicas porque lo primero que dicen los pequeños al llegar a nuestras casas es “abuelo, ¿a qué jugamos?”».

Condiciones físicas

Aún así, apunta que «no cabe duda de que somos también un gran apoyo para aquellos hijos que pasan por dificultades económicas y que, además, somos personas que fomentamos mucho los valores como la honradez, el respeto, el esfuerzo, la entrega…».

Al margen de la cuestión económica, y respetando las condiciones físicas de los mayores, Silvia Álava Sordo, psicóloga del Centro de Psicología Álava Reyes y autora, entre otros, del libro «Queremos hijos felices», apunta que «no hay ninguna norma escrita» respecto a quién cuida de los pequeños, y depende más de los intereses del niño y posibilidades de los padres.

Pese a todo, esta experta defiende la idea de que los menores puedan pasar estos días con los abuelos, ya que, en muchos casos, tienen una residencia en un pueblo o en la playa. «De esta forma, los niños pueden estar al aire libre, relacionarse con otros amiguitos de su edad, montar en bici, hacer caminatas y disfrutar de las posibilidades que ofrece la naturaleza».

Encerrados en casa

En el caso de que los abuelos estén en la ciudad, Silvia Álava reconoce que la idea no resulta tan atractiva, «puesto que es más probable que los pequeños pasen más tiempo encerrados en casa, lo que reduce sus posibilidades de relacionarse con otros niños y favorezca que se enganchen a las pantallas para matar el aburrimiento, lo que es muy poco enriquecedor. Los niños necesitan a otros niños, moverse…».

La opción del campamento también se presenta, según esta experta, como una posibilidad muy positiva, «puesto que las actividades, el juego, la interacción con otros niños y la diversión están garantizados». Señala que el tiempo de ocio es muy buena ocasión para las relaciones sociales entre iguales porque «aunque los niños estén guiados por monitores, se encuentran en situaciones en las que deben aprender a negociar a qué jugar, a respetar determinar reglas del juego, turnos… y es una cuestión de convivencia muy provechosa», explica.

Planes para adolescentes

Cuando se trata de hijos adolescentes, Silvia Álava señala que es habitual que al principio renieguen de ir al pueblo o la playa con los abuelos, «pero al final disfrutan y lo agradecen. No obstante, los campamentos también son muy buena opción porque ellos mismos son los que acuerdan con sus amigos apuntarse para ir juntos, lo que les motiva mucho por estar todo el día unos en compañía de otros. Siempre es mejor opción a que se queden en casa solos, se levanten a las 12 y se tumben en el sofá para conectarse con sus amigos a través del móvil», apunta.

Ana Herrero, psicóloga y coordinadora del departamento de Orientación de Brains International School, coincide con Silvia Álava en que la posibilidad de estar con abuelos en aldeas o pueblos es una opción estupenda y que ofrece más posibilidades que cuando viven en grandes urbes.

Mucho más que ocio

Sin embargo, considera que los campamentos ofrecen mucho más que ocio. «Los padres deben ser conscientes de que a los niños que van a campamentos, sobre todo si pernoctan en ellos, se les da la oportunidad de adaptarse al nuevo entorno, desarrollar muchos recursos para establecer relaciones sociales con monitores y niños que no conoce, de organizar su propia higiene, ropa, gestionar su propia autonomía… Habilidades todas ellas que estando con abuelos o con una cuidadora en casa es más difícil que desarrollen. Es decir, los campamentos son un motor de crecimiento personal a todos los niveles».

Esta experta señala que, además, es una excelente ocasión para que los padres, sobre todo los que son muy protectores, asuman que su hijo es capaz de desenvolverse por él mismo y que no les necesita «para todo las 24 horas», como suele ser habitual que piensen. «Y, cómo no, también es una estupenda ocasión para que los padres puedan disfrutar más como pareja».

¿Cómo saber si tu hijo está preparado para ir a un campamento de verano?

Desde el departamento de Orientación de Brains International School recomiendan hacerse la siguientes preguntas:

—¿Tiene interés el niño en ir al campamento?

El mejor indicador es que él muestre entusiasmo en asistir. Si es demasiado pequeño, lo mejor es que vaya a un campamento con un hermano mayor o amigo y empezar por opciones que le permitan dormir en casa.

—¿Respeta las normas en casa?

El pequeño tendrá que seguir las directrices de los monitores para garantizar la seguridad y orden de todos. Si respeta los límites en casa, seguramente también lo hará en el campamento de verano, lo que aporta tranquilidad a los padres.

—¿Le gusta estar solo o relacionarse?

Si prefiere estar solo, quizá sea excesivo que pase un largo periodo de tiempo con otros niños las 24 horas del día. En estos casos la mejor opción es un campamento urbano para que poco a poco desarrolle habilidades sociales.

—¿Se vale por él mismo?

Para quedarse en un campamento debe tener cierto nivel de autonomía, aunque no pasa nada si necesita algo de ayuda que le darán los monitores. No obstante, si no realiza tareas básicas (atarse cordones, recoger su plato…), mejor esperar al próximo año.

—¿Ha dormido ya fuera de casa?

Si ha dormido en casa de un amigo y la experiencia fue positiva es buena señal de que está preparado. Si no es así, es preferible que pruebe antes de ir a un campamento para que sepa lo que es no estar junto a sus padres.

FUENTE: Diario ABC

La Inteligencia Emocional como aliado del aprendizaje. Colaboración con PadresyColegios.com

Nos preocupamos mucho porque nuestros hijos y alumnos aprendan y salgan lo más preparados posibles de las escuelas y de los institutos, que adquieran muchos conocimientos, que saquen buenas notas. Y en ocasiones se nos olvida que la inteligencia emocional es un gran aliado del aprendizaje y en ocasiones un mejor predictor de los resultados académicos que el Cociente de Inteligencia Total. Por tanto, no podemos dejar la educación de las emociones a la suerte, debemos activarla de forma sistemática, y basándonos en programas que hayan demostrado su validez de forma empírica.

¿Por qué es tan importante la Inteligencia Emocional en los niños?

Seguro que muchos de los lectores recordarán el famoso experimento de Walter Mischael, más conocido como “el test de la golosina”. En este test, se les pedía a niños y niñas de 4 años de edad que pasaran al que los investigadores llamaban <<el cuarto de las sorpresas>>. En la habitación había una mesa y una silla, además de un espejo a través del cual se podía ver la reacción de los niños. La investigadora le pide al niño o la niña que se siente y le ofrece una golosina, que pone delante en un plato. La psicóloga le dice que tiene que salir un momento, y que si quiere puede comerse la golosina ahora mismo, pero si espera a que ella vuelva le dará otra y podrá comerse dos. También añadía que si quiere comerse la golosina mientras ella está fuera, también puede hacerlo, pero perderá la segunda. ¿Qué hicieron los niños de este experimento? Ante esta situación podían ocurrir tres cosas:

  • Un tercio de los niños se comió la golosina nada más salir la investigadora.
  • Un tercio logra esperar unos minutos, aunque finalmente se comió la golosina.
  • Un tercio fue capaz de esperar a que volviera la psicóloga entre 15 y 20 minutos.

El objetivo inicial de la investigación era conocer las estrategias que permitían posponer la gratificación de los niños, y no esperaban encontrar relación entre el tiempo que el niño en edad infantil tardaba en comerse la golosina y su comportamiento futuro en la vida real. Sin embargo, cuando se hizo un seguimiento longitudinal de los niños el estudio mostró que los niños y niñas que supieron esperar en la adolescencia eran más independientes y tenían una mayor capacidad de autocontrol, más confianza en sí mismos y una mayor tolerancia al estrés y los que se comían inmediatamente la golosina soportaban peor la frustración, eran más indecisos y socialmente menos hábiles, incluso tenían, de promedio, unas notas más bajas en las pruebas de acceso a la universidad.

Cuando los niños y niñas que participan en el estudio eran adultos (entre los 25 y los 30 años) también se encontraron diferencia entre los que habían sabido esperar y lo que no. Así los primeros tenían un menor consumo de drogas, menos índice de masa corporal, mayor autoestima, mayor nivel educativo, más tolerancia al estrés y la frustración y mejores relaciones sociales. En un tercer momento, cuando los sujetos ya contaban con 40 años se realizó un seguimiento con técnicas de resonancia magnética. Los resultados mostraron que los que habían sido capaces de resistir la tentación a los cuatro años presentaban una mayor actividad en la corteza prefrontal derecha, una zona relacionada con el control de la conducta y la toma de decisiones. Mientras que el grupo que se comió la golosina mostraron una mayor activación en el estriado ventral, que es la región cerebral donde se procesan las recompensas positivas y está vinculado a los circuitos del placer y de las adicciones.

Otras investigaciones longitudinales, como la realizada en Dunedin, Nueva Zelanda, muestran que un buen autocontrol durante la infancia influye en la salud, la riqueza y la seguridad en la edad adulta. Por tanto, la capacidad para gestionar nuestras emociones, si se aprende durante la infancia, tendrá también una gran influencia en la edad adulta. Si sabemos todo esto ¿Por qué no introducimos la educación emocional en la escuela y en las familias?

La capacidad para gestionar nuestras emociones, si se aprende durante la infancia, tendrá también una gran influencia en la edad adulta.

La evidencia científica nos muestra que los programas de intervención en educación emocional son efectivos, tanto a corto como a largo plazo en variables como el rendimiento académico, la relación alumno-maestro, se reducen los problemas de conducta, de bullying y ciberbullying, la ansiedad y el consumo de sustancias. Mejorando tanto la salud física como emocional de los participantes, de los alumnos y de los profesores.

Si su hijo o su alumno se comió la golosina, tampoco hay que dramatizar, pero sí ocuparse en hacer una buena educación socioemocional y para ello será necesario tener unas pautas educativas claras, con normas y límites, instrucciones sencillas, ser consistentes y coherentes, y contar con programas de entrenamiento emocional que estén basados en la evidencia científica y administrados por profesionales cualificados.

FUENTE: PadresyColegios.com

Consejos de hidratación para estudiantes. Colaboración con Aguas Minerales

Algunos consejos a tener en cuenta a la hora de ponerse a estudiar y antes de hacer un examen!!

La batalla sexista llega a los colegios con el uniforme como arma arrojadiza. Colaboración con el diario ABC

Una madre de un colegio concertado de Madrid pide el uso del pantalón porque genera complejos físicos y las niñas se sienten «observadas»

Por Josefina G. Stegmann @jgstegmann

En total de 333 alumnos de sexto de Primaria y segundo de Bachillerato firmaron una petición que llegó a la mesa del consejo escolar del colegio concertado Santa María de la Hispanidad ubicado en el barrio de Hortaleza, en Madrid, a través de la que solicitaron que el uniforme femenino permita la opción de pantalón. Alegaron que este es «más cómodo para hacer deporte que la falda», con la que, además, «pasan frío». La petición llegó hace unas dos semanas y el consejo escolar (formado por padres, alumnos, personal docente, no docente y dirección) acordó tratarlo en su próxima reunión que tendrá lugar dentro de dos semanas. Sin embargo, desde la Lomce, el consejo escolar informa pero no decide sobre el reglamento de los centros. «No quiero precipitarme, pero no hay razón para no incorporar prendas. Sin embargo, queremos estar seguros de que hay una mayoría suficiente y que las decisiones que tomemos en el futuro no generen polémicas adicionales y contemplen escenarios en el que los chicos también nos puedan pedir cosas, no queremos que nadie se sienta discriminado», explicó a ABC el director-gerente del colegio, Pablo Carbajo.

Desde el centro no entienden por qué la noticia generó tanto revuelo cuando ni siquiera llegaron a pronunciarse a favor o en contra. De hecho, la dirección asegura que hace tan solo un día tuvieron conocimiento de una carta que circuló en los medios (y que fue redactada por una madre) en la que se habla de «una lucha» por el pantalón y su necesidad de reemplazarlo por la falda por el frío, la comodidad, los «complejos físicos» y porque las niñas se pueden sentir «observadas». «Los niños firmaron la petición porque se pedía el pantalón pero ninguno sabía el sesgo impresionante que tenía detrás. Este colegio no discrimina que fue lo que dijo una madre en una emisora de radio. Se quiere llevar al extremo este tema, aparte del momento político en que se ha publicado», defendió Esther Orusco, vocal de la asociación de madres y padres de alumnos (AMPA) del centro.

¿Los varones con falda?

En cualquier caso, el debate sobre el uso del pantalón en lugar de la falda en los centros tiene varios precedentes (hubo otros casos en Galicia y Madrid) y los expertos recuerdan que el modelo de uniformidad está contenido en el reglamento de régimen interior de los centros (que contiene las normas de convivencia) y que los padres aceptan al escolarizar a sus hijos en ellos. «Todos los padres cuando eligen centro conocen las normas de convivencia en las que se estipula qué uniforme hay que llevar, nadie impone nada que no sepan. Esta polémica me parece fuera de lugar. ¿Sexista sería que no les dejaran a los niños usar falda si lo pidieran?», criticó Pedro Caballero, presidente de la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y padres de Alumnos (Concapa). «Las normas están para cumplirse, esto podría desembocar en que cada alumno vaya como le dé la gana». De hecho, la LOMCE (más conocida como «Ley Wert») al modificar la ley educativa anterior, la LOE, remarcó el carácter obligatorio de las normas de convivencia y funcionamiento de los centros para todos los alumnos y alumnas. El mismo artículo estableció el carácter de autoridad pública del profesorado y equipo directivo en los temas de convivencia escolar. «Entiendo que el uso del pantalón en lugar de la falda pueda deberse a una cuestión práctica pero de ningún modo es sexista, es una polémica artificial», señaló Santiago García Gutiérrez, secretario general de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE). «Tiene que haber un diálogo entre el centro educativo, el AMPA y la comunidad educativa y que se tome una decisión respetando siempre la autonomía del centro para fijar un proyecto educativo al que los padres se adhieren».

Exigencias del siglo XXI

La guerra de la falda y el pantalón plantea cuestiones logísticas. «El problema generalmente viene cuando los proveedores de uniformes escolares plantean la dificultad que tienen para conocer con exactitud y meses de antelación el número de alumnosque escogerán el pantalón puesto que el patronaje de un pantalón masculino y femenino son diferentes. En consecuencia, algunos centros permiten que las alumnas compren el pantalón que deseen y lo adecuen convenientemente», apunta Luis Centeno, secretario general adjunto de Escuelas Católicas.

Todos los expertos consultados defienden la idoneidad del uniforme (con o sin falda) como elemento de pertenencia al centro y como vehículo para eliminar las diferencias, por ejemplo, socioeconómicas. Para Isabel Galvin, secretaria general de enseñanza de Comisiones Obreras defiende la necesidad de escuchar al alumnado así como el uso del pantalón porque las niñas «quieren ser iguales a los varones, no ser discriminadas a través de la ropa». Además, lo compara con el uso del pantalón en el ámbito laboral por parte de las mujeres adultas.

Desde un punto de vista psicológico, Silvia Álava señala que no hay estudios que estipulen si la falda es buena o no ,sino que depende de las «variables de personalidad de cada niña». Sin embargo, apunta que «estamos en el siglo XXI y que si alguna niña no se siente cómoda puede llevar pantalón, mientras que hay otras que siguen optando por la falda».

La falda, un asunto de los centros

El parlamento gallego aprobó el pasado 21 de noviembre una proposición de En Marea -por 72 votos a favor- la prohibición de la imposición de la falda en los centros educativos. «Existe un claro vínculo entre la falda o el vestido y el estereotipo de una feminidad tradicional en la que resultaría impropia la vestimenta catalogada de «masculina», como son los pantalones», señala el artículo de la proposición defendido por la diputada Luca Chao. La moción fue aprobada por todos los partidos (el PP quiso introducir una enmienda pero no lo consiguió) aunque esta no se ha aplicado. Los expertos consultados por ABC señalan que la administración no debería interferir en este tipo de cuestiones que atañen a los centros y a los que la ley educativa dota de suficiente autonomía como para decidir.

FUENTE: Diario ABC

Ansiedad y nervios, los enemigos a batir durante los exámenes. Colaboración con ElIndependiente.com

Entre el 15% y el 25% de los estudiantes presentan niveles elevados de ansiedad

Por Beatriz Portalatín

n pocos días darán comienzo los exámenes de la EvAU (Evaluación para el Acceso a la Universidad, antes selectividad). Nervios, ansiedad, preocupaciones, apuntes, sesiones de estudios y café ocupan las últimas horas de los alumnos de 2º de Bachillerato. Que la suerte corra del lado bueno, que los nervios, sobre todo los nervios, no jueguen una pala pasada y que la mente no se quede en blanco delante del folio. Que la ansiedad y la presión se queden en un cajón y que la tranquilidad y la confianza ganen la partida.

No es fácil calmar la ansiedad y controlar los nervios de estos días de exámenes: entre el 15% y el 25% de los estudiantes españoles presentan niveles muy elevados de ansiedad, según varias investigaciones realizadas por el profesor de Psicología, Fernando Miralles , de la Universidad CEU San Pablo . “La ansiedad provoca que muchos jóvenes, aun siendo buenos estudiantes, no sepan enfrentarse a exámenes como la EvAU”.

Los síntomas más frecuentes que por culpa de estos nervios y ansiedad, pueden presentar los estudiantes son, según enumera el profesor: irritabilidad, resividad, susceptibilidad o mal humor, insomnio, malestar físico, aparición de pensamientos negativos, ganas de dejar los estudios, miedo al fracaso y a “quedarse en blanco”.

En España, un 67% de los alumnos dice sentirse muy nervioso para un examen (no sólo a la EvAU o Selectividad), incluso cuando se siente bien preparado, según recogía el estudio El bienestar de los estudiantes: resultados de PISA 2015.

Además, y según mostraba este trabajo, la ansiedad en los estudiantes españoles se da más en ellas que en ellos: el 40% los chicos y 56% las chicas dicen que se ponen “muy tensos cuando estudian para un examen”.

“El examen de selectividad o EvAU ya es una situación ansiógena en sí, pues es un examen donde hay mucho en juego: en base al resultado entras o no a la carrera que quieres hacer”, afirma a El Independiente Silvia Álava Sordo doctora en Psicología y directora del área infantil del centro de psicología Álava Reyes (Madrid).

Además, existe también una presión añadida por parte de los colegios e institutos por querer mantener su posición y a veces, también, por parte de los padres y familiares. A estos factores, le podemos sumar nuestro propio componente cognitivo. Es decir, “muchos chicos y chicas dudan de sí mismos: ‘no lo haré bien’, ‘y si me pongo muy nervioso o nerviosa’, ‘y si suspendo’, etc. Todo ello genera aún más presión y ansiedad”, explica Álava.

Por ello es muy importante, en estos días, intentar en la medida de lo posible, calmar esa ansiedad y esa presión. Para ello, lo mejor es seguir una serie de consejos y recomendaciones. Lo más importante: confiar en ti.

Claves para calmar y controlar la ansiedad

“Lo primero de todo es fundamental llevar una vida ordenada”, aconseja Juan Antonio Planas, presidente de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía -asociación que esta pasada semana ha celebrado su celebrado su XXV aniversario-. No sólo es importante llevar una buena alimentación sino también el sueño y el descanso. “Un error muy propio de los adolescentes es no dormir lo suficiente y muchos conocimientos se fijan, precisamente, cuando se duerme”, explica el experto.

Por otro lado es muy importante hacer ejercicio físico, ya que de este modo se propicia que las neuronas estén más activas. Por ejemplo, y según aconseja Planas, “mientras haces ejercicio físico o vas andando a algún sitio, puedes ponerte una aplicación y seguir repasando el temario. Es muy importante el repaso visual pero también lo es el aprendizaje auditivo”.

También es recomendable cambiar de sitio las sesiones de estudio. Tal y como explica este profesional, se puede estudiar en la habitación, pero una vez estemos cansados, podemos cambiar de lugar e irnos a una biblioteca o a un parque, por ejemplo: “La memoria que está relacionada con lo sensorial queda mucho más fijada en nosotros: cuanto más sentidos asociemos a lo que estemos estudiando, más fácil es retenerlo en la memoria”.

Una de las cosas en las que puede que no reparemos mucho, pero que es crucial para nuestro cerebro es la hidratación.

Igualmente, cuando estudiemos es de gran ayuda hacer esquemas, resúmenes, subrayar, anotar datos importantes, etc. “De esta forma estamos haciendo una manipulación mano-cerebro, y todo lo que implique poner varios sentidos en marcha será más fácil de memorizar”, explica.

Una de las cosas en las que puede que no reparemos mucho, pero que es crucial para nuestro cerebro es la hidratación. Según explica Álava, con tan sólo un 2% de deshidratación, nuestro cerebro funciona más despacio y disminuye nuestra capacidad de concentración. Además, uno de los síntomas de la ansiedad es, precisamente, tener la boca seca. Por ello, es fundamental beber agua. “Lo ideal sería, beber una botella de agua de 330 ml cada 2 horas, mientras se estudia, y llevarla también al examen”, apunta.

Es importante que no “añadan más presión a la que los chicos y chicas ya tienen en estos días”

La manera que tenemos de hablarnos y de darnos ánimos a nosotros mismos es clave para calmar nuestros nervios. “Es importante tener un lenguaje positivo, nunca en negativo. Es decir, enunciados siempre en positivo: ‘me va a salir bien’, ‘voy a conseguirlo’, ‘voy a confiar en mis posibilidades’, etc. Y no decir, en cambio, “no me va a salir mal” o ‘puede que no me salga tan mal’”, explica Álava.

“A veces suspendemos nosotros mismos”, añade por su parte Planas. Por ello, es de gran ayuda pensar en cosas positivas y no en que ‘voy a suspender’ o ‘verás como al final estudiar no sirve de nada’, y cosas por el estilo. Y también lo es que los padres y madres y familiares lo digan también. Es importante que no “añadan más presión a la que los chicos y chicas ya tienen en estos días”, afirma Álava.

Pese a todo, algo fundamental es no dramatizar y no ver la prueba de selectividad como si fuera lo más importante del mundo. Afortunadamente, “la vida está llena de oportunidades”, afirma Planas. “Que a lo mejor no sacan la nota que quieren en esta convocatoria, pues ya la sacarán la siguiente, que a lo mejor no consiguen entrar en la carrera que quieren ahora, pues ya lo harán más tarde. Nadie puede decir que ahora o nunca porque la vida está llena de retos y oportunidades. Y lo que en principio puede parecer una adversidad, se puede convertir en algo positivo. Thomas Edison hizo 64 intentos hasta que le funcionó la bombilla. Y no se desanimó en ninguno de esos intentos porque las etapas no fueron un fracaso, sino un camino hasta conseguir el fin. Es importante que uno lo intente con todas las fuerzas porque cuando se intenta con todas las fuerzas al final siempre se consigue”, concluye el especialista.

20 Consejos para antes y después del Examen de la EvAU por el profesor de Psicología Fernando Miralles:

El profesor de Psicología Fernando Miralles ofrece una serie de consejos que los alumnos pueden utilizar en los tres días de exámenes de EvAu, antes llamada selectividad.

Antes del examen

  1. Encuentra un sitio adecuado para estudiar y que esté cercano a casa para no perder mucho tiempo en desplazamientos.
  2. Si puedes estudiar en casa mejor, así tienes todo el material que necesites a tu alcance, e incluso la nevera de casa, que puede valer como incentivo motivador para hacer algún que otro descanso en el estudio.
  3. Lleva tu agenda organizada para saber lo que tienes que repasar.
  4. Diariamente, empieza a estudiar las asignaturas que peor se te den o que menos te gusten.
  5. Estudia con una buena técnica: lectura rápida, lectura comprensiva, subrayado, esquema/resumen, reglas nemotécnicas y memoria fotográfica.
  6. Realiza alguna técnica de relajación antes de acostarte.
  7. Recuerda siempre el apoyo incondicional de padres, familiares, amigos y profesores.
  8. Lleva una vida saludable, no tomes fármacos ni más de tres bebidas energéticas al día; si no duermes lo suficiente, el examen no saldrá bien, pues el cerebro estará cansado. Tampoco hagas comidas copiosas, aunque es importante desayunar y picar algo el día del examen.
  9. Intenta conseguir información sobre exámenes de años anteriores (muchos están en Internet), así podrás hacer simulacros de la prueba.
  10. Visita días antes el lugar donde va a ser el examen, para evitar miedos infundados y sorpresas de última hora.

El día del examen, antes de la prueba

  1. Ve con tiempo al lugar del examen, y si puede ser, en transporte público. El día de la prueba, muchos padres llevan a sus hijos en coche y se generan grandes atascos que pueden incrementar la ansiedad.
  2. Desayuna bien, lleva agua y algo sólido por si la prueba o el tiempo de espera se alarga.
  3. Evita un último repaso en profundidad, puesto que esa información ya está almacenada en tu memoria, aunque tú no lo creas.
  4. No comentes el temario con tus amigos, pues saldrán preguntas tan difíciles que ni el profesor que lleva años impartiendo clase se habrá planteado poner en el examen y evita hablar con amigos que estén muy nerviosos, ya que pueden transmitirte su intranquilidad.
  5. Si notas que estás nervioso, empieza las técnicas de relajación y respira con el abdomen.

Durante la realización de la prueba.

  1. Lee todas las preguntas y, si hay alguna que no entiendes bien, consulta al examinador y comienza el examen por la pregunta que mejor sepas, así irás consiguiendo puntos y aumentarás tu seguridad. Al mismo tiempo, tu cerebro irá buscando las respuestas al resto de las preguntas.
  2. Lleva un reloj y controla el tiempo que resta de examen. Para ello, ponlo sobre la mesa y calcula el tiempo que te han dicho los examinadores. Si no lo tienes claro, no dudes en consultarle.
  3. Expón cada idea en un párrafo y subraya las más importantes.
  4. Si puedes, deja algo de tiempo para repasar y, sobre todo, si no estás seguro de alguna palabra, cámbiala por un sinónimo.
  5. Si te quedas en blanco o te pones nervioso, intenta parar y escribir en un folio 15 palabras que empiecen por la misma letra; así desconectarás un momento del examen y podrás volver en pocos minutos a estar concentrado.

Una vez finalizado el examen, “celebra que el examen ha finalizado y que lo normal es que lo hayas aprobado. Recuerda en todo momento que lo peor que puede pasar es suspenderlo (suspenden EvAU menos de un 3%) y que en un mes volverás a tener otra oportunidad con el mismo temario, el mismo tiempo para hacerlo y habrás podido repasar todo más despacio”, aconseja Miralles.

FUENTE: elindependiente.com

Colaboración en el Título propio de experto en Intervención Psicológica del Niño y el Adolescente

Ya se ha abierto el periodo de inscripción en la II Edición del Título de Experto. Os adjunto el cartel y el link con toda la información, para aquellos que estéis interesados.

http://formacioncontinua.uam.es/20187/programme/experto-en-intervencion-psicologica-del-nino-y-el-adolescente-19-20.html

Falda o pantalón: las alumnas de un colegio concertado piden poder llevar pantalón como medida de igualdad. Colaboración con el diario El Mundo

Por RAÚL BARRÓN

A muchas de las chicas del Santa María de la Hispanidad no les gusta llevar falda al colegio. Cuando corre el aire, tienen que estar pendientes de que no se levante. Cuando se sientan, lo hacen preocupadas. En ocasiones, se sienten incómodas y observadas. Saben, que algunas de sus amigas odian la prenda, las acompleja físicamente. Además, no pueden correr de una manera cómoda y pasan frío.

Un total de 367 de 550 de los alumnos del colegio Santa María de la Hispanidad, de entre 11 y 16 años, están de acuerdo en que las chicas puedan elegir como prenda para su uniforme un pantalón. Así se lo hicieron saber en una carta con sus firmas a la dirección del colegio, situado en el distrito de San Blas-Canillejas. En el escrito reivindican «la opción de vestir aquello que consideren más cómodo y acorde a los tiempos».

Las alumnas consideran que se trata de un comportamiento sexista, ya que se relaciona un tipo de prenda con un género.

La dirección del colegio aceptó la propuesta de manera parcial, modificando la falda a falda-pantalón. La razón del cambio fue, según el director del colegio, que «debe de mantenerse la diferencia de género en el uniforme». La medida, sin embargo, se tornó insuficiente para las alumnas.

«Cada vez son más los colegios que se modernizan y más los padres que buscan un colegio más igualitario y que no marque la diferencia de sexo de los alumnos, sino la diferencia de unos valores distintos y mejores, que el propio niño pueda ir formando para que pueda ser en un futuro una persona coherente y favorecedora para su entorno, siempre y cuando no falte la responsabilidad y el respeto», denuncian en su misiva.

En la Comunidad de Madrid, el uniforme está presente en el 20% de los cerca de 800 centros públicos. Los privados y concertados tienden a utilizarlo, pues la decisión es autónoma de los centros educativos.

La experiencia en otros colegios

El colegio Monte de El Pardo de Madrid es uno de los que ya adoptó esta medida, tal y como se exponía en un reportaje en El Mundo, que permitía elegir entre falda y pantalón a las niñas. Los padres apostaron por el uniforme por comodidad y para dejar menos en evidencia las diferencias socioeconómicas de las familias.

Respecto al análisis de la decisión, la jefa de estudios del Colegio, Victoria Valero explicaba a El Mundo: «Lo que ocurre, en la práctica, es que las pequeñas van con pantalón, porque es más cómodo, pero las mayores, las de 10 u 11 años, prefieren venir con falda».

El reportaje también analizaba la cuestión desde el punto de vista psicológico.»Los uniformes tienen cosas positivas y negativas», sintetizó la psicóloga Silvia Álava. «Nos sirven para homogeneizar el grupo y que todos los estudiantes se sientan iguales, y también para evitar comparaciones que surgen en estas edades con las marcas. Es verdad que ayudan a dar un sentido de pertenencia al grupo, de equipo y de unidad al que lo lleva, como ocurre con los uniformes de trabajo. También tienen un componente de comodidad… Pero la parte negativa es que evitan la diferenciación del individuo, que también es importante para el desarrollo de la personalidad».

FUENTE: Diario El Mundo