Beckham, nuestros hijos también nos besan en la boca. Colaboración con el diario El País

ADRIÁN CORDELLATDIANA OLIVER

No pensábamos nosotros que nos íbamos a ver ejerciendo de abogados defensores de David Beckham, pero la vida da muchas vueltas y aquí estamos. Suponemos que por un lado porque despreciamos ver en qué se han convertido muchas veces las redes sociales: un espacio público de lapidación en el que bajo el paraguas de un relativo anonimato todo el mundo se siente con el derecho y la libertad de insultar a quien piensa o actúa diferente, ya sea a nivel político, futbolístico o en la crianza de los hijos.

Por otro, porque nosotros también nos besamos con nuestros hijos en la boca. Y no entendemos que se pueda faltar al respeto a alguien (en este caso a David Beckham) por subir un selfie a Instagram besando a su hija en la boca. Un beso de un padre a una hija en el que algunos parecen ver algo erótico, como si los besos también se hubiesen hipersexualizado. “La connotación sexual que tienen estas imágenes solo está en la mente del adulto, los niños pequeños no tienen tan desarrollados ciertos conceptos acerca de la sexualidad, es algo que van descubriendo a medida que van madurando y nosotros les acompañamos en ese proceso”, afirma Cristina Castaño, psicóloga en el centro Mientras Creces.

No recordamos cuando le dimos el primer beso en la boca a nuestra hija. Quizás cuando solo era un bebé. Hoy es ella la que nos los da cuando le pega un arrebato de amor incontrolable hacia nosotros. Y no nos genera ningún malestar. Tampoco cuando lo hace en público. ¿Qué hay de malo? “No hay ningún estudio científico que diga que besar a los niños en la boca sea malo. Es una decisión personal y cada uno con los hijos puede hacer lo que le parezca que está bien. Lo que sí está demostrado es que la ausencia de cariño físico tiene un efecto negativo en los menores”, afirmaba la psicóloga Silvia Álava en un artículo publicado justo hace un año en Smoda. Entonces era Victoria Beckham la que acaparaba críticas e insultos por el mismo acto, como si la vida de los Beckham fuese un déjà vu de besos.

Hay quien alega para criticar estas imágenes de amor entre padres e hijos que estos últimos no sabrán discernir entre un beso a papá o mamá y un beso a otra persona, a un extraño. A veces en casa tenemos la sensación de que vivimos pidiendo a los niños cosas para las que no están preparados mientras en otros aspectos los tratamos como si no se diesen cuenta de absolutamente nada. Nuestra hija, sin ir más lejos, nos da besos en la boca a nosotros, pero a nadie más. Es más, es raro verla dándole un beso en la mejilla a una persona que acaba de conocer, por muy amigable que sea con ella. Y no ha hecho falta explicarle nada de forma específica. Ellos observan, nos observan, y ven que sus padres no dan besos en la boca a cualquiera.

“No conozco evidencias de que los besos de los padres puedan a posteriori confundir a los hijos en sus relaciones con otras personas. Considero que es algo que se les puede explicar, diferenciando las muestras de afecto que se tienen con los padres, otras figuras de referencia o familiares, los iguales y otros adultos. Es importante que haya una buena comunicación, tratando la sexualidad, los límites que ellos deben imponer acerca de su cuerpo, hablando del amor, del afecto, todo ello de una forma adaptada a su edad”, reflexiona Cristina Castaño. Para la psicóloga, cuando se besa como una muestra de afecto, sin tratar de imponer nada ni ejerciendo coacción, ni abuso, no tratando de imponer superioridad por el hecho de ser adultos, “no tiene cabida el trauma”. Otra cosa es que el niño se opusiese, porque entonces ya no estaríamos hablando de un gesto de afecto. Pero no parece que este sea el caso de los Beckham.

¿SON LOS BESOS EN LA BOCA UN FOCO DE INFECCIONES?

En todo caso, lo único que le podemos “pedir” a quien besa a sus hijos en la boca es que solo lo haga si está sano y si mantiene unos hábitos correctos de higiene bucal. Dos condicionantes bastante coherentes y sensatos, por otra parte. “Si tienes la boca sana, bendita saliva. Con ella inoculamos defensas contra gérmenes con los que ya nos hemos encontrado. Vacunamos, vaya”, afirma la odontopediatra Irene Iglesias.

Cuidado, eso sí, con las caries, porque como explica lglesias, se trata de “una enfermedad bucodental infecciosa y transmisible”. Y no solo a través de los besos. Las bacterias cariogénicas (la más habitual es la Streptococcus mutans) pueden colonizar la boca de los niños a través de su inoculación involuntaria cuando, por ejemplo, soplamos su comida o utilizamos sus cubiertos. Una transmisión que sucede sobre todo “si la madre tiene caries activas durante el embarazo y hasta los dos primeros años de vida del bebé”, que son los más susceptibles según la odontopediatra.

Y cuidado también con otras enfermedades, porque como añade Irene Iglesias la caries “es peccata minuta en comparación con un herpes o una hepatitis”. Si no existe enfermedad transmisible y la boca de los padres está sana, la experta lo tiene claro: “yo no dudaría ni un milisegundo en decirle a los padres que abracen a sus hijos y que se besen como quieran sin miedo”.

FUENTE: elpais.com