Niños estresados. Colaboración con la revista Mujer Hoy

Niños estresadosOs adjunto el Pdf del artículo resultado de la colaboración con B. Navazo para la revista Mujer Hoy

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Mujer Hoy – Artículo – Niños estresados

¿Qué hacer con los niños en verano? Colaboración con diario El Correo

Expertos desvelan las pautas a seguir y los planes más recomendables para que las vacaciones sean una etapa enriquecedora, placentera y de aprendizaje para los más pequeños de la familia

actividades vacaciones verano con niños

La llegada del verano suele ser sinónimo de relax. De buen tiempo, playa, piscina, paseos… Y también de elementos que disparan el estrés en las familias con hijos en edad escolar. Con el final del curso y de los rígidos horarios que han marcado durante meses la pauta diaria de los niños -cuándo toca levantarse para ir a clase, cuál es el momento de las comidas, el hueco reservado para hacer los deberes, el destinado a jugar o ver la televisión antes de acostarse…-, cada jornada se presenta como un mundo que hay que rellenar con una sabia combinación de disfrute, descanso, amplias dosis de libertad… y tareas gratificantes, o no tanto, para no olvidar lo aprendido e, incluso, explorar experiencias hasta ahora desconocidas.

¿Qué hacer con los niños en verano? Se trata de entremezclar «equilibrio y armonía», apunta Valentín Martínez-Otero, doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y en Pedagogía por la UNED. La clave, subraya Silvia Álava, psicóloga y escritora, está en tener muy presente que «el cerebro no tiene vacaciones». Por eso, inciden en la importancia de sacar provecho al ocio para que los más pequeños potencien «nuevas habilidades» y continúen su fase de aprendizaje.

¿Cómo organizar el día?

Aunque no hay que ir al colegio y los horarios se relajan, es necesario mantener cierta regularidad. «Los ideal es: nos levantamos y lo primero que hacemos después de desayunar son las obligaciones. Luego ya pasaremos al ocio», explica Álava. En ese contexto, se debe contribuir a que el niño gane en autonomía. «Que sea capaz de vestirse, ducharse y comer solo ahora que tiene más tiempo y no están presentes las prisas por no llegar tarde a clase», puntualiza. Las actividades a desarrollar a lo largo de la jornada requieren siempre de un orden previo. «Cuanto más pequeños son los hijos más han de confeccionar los padres ese plan y a medida que va creciendo hay que implicarles y comprometerlos en el diseño y cumplimiento», precisa Martínez-Otero.

¿Qué actividades son recomendables?

«El ocio es absolutamente necesario para ensanchar las posibilidades personales, entregarse a las aficiones y gustos en la medida en que se puedan satisfacer y sean razonables», defiende Martínez-Otero. Una buena manera de que los menores se diviertan y aprendan es que «se acerquen a la naturaleza y enriquezcan su cultura con la historia de los lugares que visitan», añade. Tampoco tienen un interés menor las actividades físico deportivas al aire libre, sobre todo si juegan con otros niños. «Así desarrollan habilidades sociales y aprenden a ceder», resalta Álava.

¿Qué comer?

Durante el verano no hay que ser tan estrictos con los horarios de las comidas, pero «tampoco conviene mover demasiado el tiempo» establecido para ingerir alimentos porque «los niños acusan mucho el hambre y no es saludable», asegura Álava. Al margen de la flexibilidad que da estar de vacaciones, la prioridad sigue siendo «que los niños aprendan hábitos de vida sanos como consumir verduras, frutas y evitar los azúcares y alimentos altamente procesados». Eso no significa que haya que privarse de todo. «Por supuesto que podemos comer un helado de forma esporádica», matiza.

¿Cuánto dormir?

En las primeras edades el correcto descanso supone una línea roja que no puede saltarse ni siquiera en vacaciones. «Hay que dormir lo suficiente para tener una calidad de vida durante la vigilia y así disfrutar más», afirma Martínez-Otero. En la misma línea, Álava advierte de que «no hay que estar a las 9 de la noche en la cama todos los días, pero no tiene sentido alterar excesivamente los ritmos de sueño y vigilia». Cuestiona que algunos padres tengan despiertos a sus hijos hasta medianoche o a altas horas de la madrugada y luego les mantengan durmiendo hasta la tarde. «Hay que descansar y dormir por la noche porque, de lo contrario, no reponemos igual», alerta.

¿Hay que decir adiós a los deberes?

En lugar de hacer deberes reiterativos, una alternativa para aprender y desarrollar la mente es aprovechar el tiempo cuando se está en casa. Álava aconseja, por ejemplo, que se haga uso de juegos de mesa como el parchís para que los niños potencien «procesos de atención y sepan respetar los turnos» o a las cartas para “crear estrategias y practicar los cálculos». La lectura es igualmente fundamental, tanto para que practique el menor si está en proceso de aprendizaje o para que lo haga «por afición» cuando vaya creciendo y amplíe sus conocimientos.

¿Y si tiene asignaturas que recuperar?

Cuando han quedado asignaturas pendientes, el estudio debe ocupar el lugar principal del periodo vacacional. «El tiempo a dedicar dependerá de la edad del niño y del número de asignaturas por recuperar. Si es pequeño, con 20 o 25 minutos será suficiente», indica Álava. En cualquier caso, lo más aconsejable es que «haya una supervisión de los avances» porque los menores «necesitarán apoyo y es habitual que tengan alguna dificultad», recalca Martínez-Otero. A su modo de ver, «no está mal pedir información y orientación a los tutores para diseñar un plan de trabajo».

¿Qué lugar debe ocupar el uso de las nuevas tecnologías?

Álava tiene claro que, como norma, y sobre todo cuando se tiene más tiempo libre, se debe «limitar el uso y abuso de las pantallas, da igual que sea la tablet, el móvil, la televisión o el ordenador. Los niños tienden a engancharse». Para evitarlo, avisa de que una hora sería suficiente, aunque si precisa que si los hijos son mayores se puede negociar y «dejarles un poco más, sin que se convierta en una barra libre». Igual de crítico se muestra Martínez-Otero: «No es normal tener la playa al lado y estar cuatro horas pegado a la tablet, al móvil, o lo que fuere». Internet, recuerda, entraña peligros que merecen permanecer vigilantes. «Hay que prestar atención a los contenidos, ver qué páginas se visitan porque cuando los niños están solos en su habitación los riesgos de la navegación se incrementan y pueden estar expuestos a ciberacoso», recuerda.

¿Se pueden satisfacer más caprichos?

Las vacaciones son una etapa menos prefijada que el periodo escolar y en la medida de lo posible se debe ser más flexible e intentar satisfacer los deseos del niño, aconseja Martínez-Otero. No obstante, aclara que eso no es sinónimo de «responder a todos los caprichos». «Tenemos que comprender que algunas demandas infantiles son irrealizables, es necesario explicarlas y no hay por qué complacerlas», sostiene.

FUENTE: Diario el Correo

Un verano sin prisas. Colaboración con la revista MujerHoy

Tras un fin de curso casi agónico,ha llegado el momento de parar. Los niños han acabado agotados. ¿Por qué te empeñas en convertir sus vacaciones en otra carrera? ¿Están acabando los hiperpadres con el verano?

Un verano sin prisas

Así se han pasado los niños españoles los últimos nueve meses: engullendo el desayuno a toda prisa, vistiéndose a matacaballo, saliendo de casa a toda velocidad para no llegar tarde al colegio; encadenando cinco horas de clases con otras dos (como media) de extraescolares, siempre volando de una obligación a otra porque el coche está en doble fila. Y después a casa corriendo porque todavía hay que hacer los deberes, bañarse, cenar… Y así un día tras otro, tras otro, tras otro.

Cumplen con un agenda tan apretada que pondría en serios apuros a muchos adultos. ¿Resultado? Los escolares han llegado a la meta del verano con la lengua fuera. Lo hemos comprobado. Después de un fin de curso casi agónico, con exámenes y tareas un día sí y otro también, Amanda, de 13 años, no encuentra las fuerzas para salir de la cama el primer día de las vacaciones.

Ni rastro de ese entusiasmo lleno de energía que le presuponemos a la recién estrenada libertad. “¿Qué es lo primero que harás ahora que no hay que ir a clase?”, preguntamos. “Nada, no quiero hacer nada”, es su respuesta mientras deambula, en modo zombie, de la cama directamente al sofá. Su lenguaje verbal y corporal lo está diciendo a gritos. Está agotada.

Los “hiperpadres” están creando un nuevo tipo de niñez, la del “hijo dirigido”

Según la Sociedad Española de Estudios de Ansiedad y Estrés, más del 8% de la población infantil y el 20% de los adolescentes es víctima de estos males, y la cifra sigue aumentando. Las consultas de psicólogos han notado el incremento y eso, advierten, que muchos menores ni siquiera saben que eso que les pasa se llama estrés. Y como no saben verbalizarlo tampoco pueden pedir ayuda.

“Pretendemos que lleven el ritmo de vida de los adultos y no nos damos cuenta de que no están preparados, de que no tienen ni los mecanismos de los mayores, ni sus estrategias para regular el estrés y la ansiedad”, advierte la psicóloga Silvia Álava, directora del Área Infantil Centro de Psicología Álava Reyes y autora del libro Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia (JdeJ Editores).

Por eso, cuando soportan una gran carga de presión, es muy habitual que lo somaticen y su malestar acabe manifestándose en forma de irritabilidad, tics, comportamientos regresivos (chuparse el dedo o hacerse pis en la cama) y también de dolor de tripa, de cabeza… En los adolescentes se acentúa ese carácter huraño y esquivo, se cierran (aún más) en sí mismos, se vuelven desafiantes, rehúyen la comunicación y resuenan los portazos. Es su manera de decir: “¡Estoy harto!”.

Las causas son muchas veces inevitables: separaciones, mudanzas y cambios de todo tipo (de casa, de ciudad, de colegio, de amigos y hasta las transformaciones físicas que implica crecer) son terreno abonado para el estrés, que no es otra cosa que la manifestación de la dificultad para adaptarse. Pero, sobre todo, hay que buscarlas en la falta de sueño, las prisas y “unos padres con niveles de ansiedad muy altos”, señala Álava.

¿Hasta el infinito… y más alla?

Está claro que la preocupación por “el futuro” de nuestros hijos multiplica su nivel de competitividad a edades cada vez más tempranas: se les exigen cada vez más conocimientos, cada vez mayores aptitudes, cada vez mejores resultados.

Carl Honoré, que se hizo célebre por su libro Elogio de la lentitud, escribió también Bajo presión, en el que señala cómo el empeño por sacar lo máximo de los hijos ha llegado a límites exagerados. “Queremos que sean los mejores en todo: que sean artistas, buenos estudiantes y deportistas, y que su vida discurra sin dificultades, dolor ni fracasos”.

El tiempo libre es tan escaso que, cuando lo tienen, no saben gestionarlo.

El autor, que también es padre, defiende la tesis de que la infancia ha sido secuestrada por una generación de “hiperpadres”, que están creando un nuevo tipo de niñez que califica como la del “niño dirigido”: los pequeños son ahora objeto de mayor preocupación e intervención por parte de los adultos que en cualquier otro momento de la historia, y son educados según un plan maestro en el que el fracaso no está previsto.

Y así las cosas, sentirse incapaces de cumplir con tantas expectativas puede interferir en su correcto desarrollo y provocar frustración y rabia, baja autoestima, dependencia, inseguridad y falta de confianza, pobre asertividad, tristeza, insomnio, bajo rendimiento, miedo, angustia, ansiedad, depresión… ¡STOP! Estamos en vacaciones, el momento de vivir los días en slow motion, de apagar el fuego de esa olla a presión y de volver a poner a cero el contador del estrés.

A Carla, la hermana pequeña de Amanda, le gusta montar a caballo, patinar, sacar a pasear a su perro, nadar… Pero ante la pregunta de a qué quiere dedicar el largo estío, reniega de sus aficiones y responde en la misma dirección que su hermana: “A descansar”, dice escueta y clara. Aunque muchas de sus intenciones se estampan contra los planes y las necesidades organizativas de los padres, que van, directamente, en la dirección opuesta: campamentos, deportes, cursillos, idiomas, talleres, viajes, cuadernos de repaso…

Aún no han hecho más que empezar y todas las vacaciones de los niños ya están programadas. Es cierto que, en la mayoría de los casos no queda otra porque hay que hacerlas encajar, sí o sí, con el trabajo de los padres y otras circunstancias. Pero, en la medida de lo posible, conviene no alejarse demasiado de algunos requerimientos mínimos.

Por ejemplo, la elección de actividades debe realizarse de forma conjunta entre padres e hijos, teniendo en cuenta sus gustos, sus preferencias y su carácter. Además, el contenido debe ser eminentemente lúdico y, a ser posible, al aire libre. Otras pautas básicas: respetar el horario de las comidas y los ritmos de sueño de los niños, y proponerles actividades al aire libre y deportes… “Conocemos los beneficios del deporte tanto en la salud como en el estado de ánimo – afirma Álava-, y también es una buena herramienta para liberar el estrés acumulado. Pero no le sobrecargues de actividades, no es necesario ir corriendo de un sitio a otro. Procura que esté siempre con más niños. Recuerda que la risa también ayuda a relajarnos y liberarnos del estrés”.

Los niños siguen necesitando sus rutinas, sus límites y sus obligaciones

Las vacaciones, para ellos como para nosotros, son para desconectar de las tareas cotidianas y saltarse algunas normas, pero sin perder de vista que, para sentirse seguros y felices, los niños siguen necesitando sus rutinas, sus límites y sus obligaciones: si se ha comprometido con alguna actividad, tendrá que asistir y también cumplir con las tareas domésticas o responsabilidades que le sean asignadas.

¿Y qué pasa con los famosos cuadernillos de vacaciones y las tareas de repaso? La experta responde: “En vacaciones los niños tienen que descansar del curso, pero eso no significa que el cerebro no siga trabajando o que se tenga que frenar el aprendizaje. Los niños pueden seguir aprendiendo a través de los juegos: con las cartas, por ejemplo, trabajan la atención dividida; los juegos de mesa son muy buenos para trabajar la atención sostenida y el seguimiento de las normas; y el tres en raya para mejorar la planificación y el uso de estrategias…”.

Esa es la clave: jugar. Porque jugando se instruyen en valores, entrenan aptitudes y, además, fulminan el estrés. Aunque también hace milagros la opción contraria: el aburrimiento.

Vacaciones reales, no virtuales

Para nadie es un secreto que los niños pasan ya más tiempo navegando en internet que viendo la televisión. Lo realmente alarmante es que el tiempo que pasan diariamente delante de una pantalla llega a una media de cinco horas. Atención: los profesionales advierten que, antes que relajarlos, el abuso de la tecnología puede generar también mucho estrés.

  • Dónde, cuándo y cómo. Ni en la mesa, ni en la cama, ni en clase. Los hábitos se forman en la infancia y perduran para toda la vida. Por eso conviene establecer normas sobre el uso de la tecnología. No prohibir su uso, sino establecer límites.
  • Predicar con el ejemplo. ¿Qué autoridad puede tener un padre que le pide a su hijo que coma verduras si él mismo no las prueba? Con la tecnología pasa igual: los chavales no soltarán el móvil si los padres nos pasamos todo el día enganchados a la pantallita.
  • Tiempo muerto. Las actividades no virtuales, individuales o en familia, tienen que primar en el tiempo de ocio: un deporte, un juego, charlar, cocinar… Se puede, incluso, ver una película, pero sin ningún dispositivo electrónico a mano.
  • Atento a las señales. Si abandona aficiones que antes le encantaban, si se aísla y deja de ver a sus amigos, si pasa mucho tiempo hablando del juego de moda, si se enfada, se pone triste o violento cuando le pides que apague cualquier aparato… ¡Ojo! Estás ante una posible adicción y hay que tomar medidas: poner una clave de acceso a los dispositivos, para controlar su uso; no permitir juegos que no sean aptos para su edad; dejárselos solo cuando haya cumplido su obligaciones; y pactar la hora en que se va a terminar el juego sin derecho a prórroga.

Dolce far niente…

No nos costará mucho rememorar esas laaaaargas tardes de verano de nuestra infancia. La hora de la siesta en la que teníamos la impresión de que los minutos no pasaban nunca y el mundo entero parecía aletargado y sumido en un silencio apenas interrumpido por retazos del Tour de Francia en alguna televisión cercana. Era el momento más tedioso del día. Con demasiado calor para hacer cualquier cosa, los niños dejábamos transcurrir el tiempo viendo pasar las moscas. Literalmente. Calor, moscas y aburrimiento. Hoy, el tiempo libre es para los chavales un bien tan escaso que, cuando lo tienen, acaban por no saber gestionarlo.

Cuando un niño se aburre nos saltan todas las alarmas… Padecemos horror vacui parental. Pero la realidad es que no pasa nada porque se aburran. “La única persona que tenemos garantizado que nos va a acompañar el resto de nuestra vida somos nosotros mismos, así que conviene que ellos aprendan a estar a gusto consigo y a ser autónomos a la hora de entretenerse”, recomienda Álava.

Los ratitos de soledad y aburrimiento suponen un descanso necesario para la mente, que, al desconectarse de las tareas impuestas (aunque sean de ocio), puede vagar libremente, soñar, fantasear, improvisar… Y pueden ser enormemente productivos: estimulan la creatividad, la autonomía, la resistencia a la frustración, la capacidad de resolución de problemas y la motivación. Cualidades, todas ellas, por cierto, muy valoradas en cualquier MBA ejecutivo. Por si a algún padre le parece que su hijo está perdiendo un tiempo precioso y necesita justificar su aburrimiento.

 

FUENTE: Revista MujerHoy

Campamento de verano para nuestros hijos, ¿sí o no?. Colaboración con el diario ABC

Respondemos a las dudas más típicas de los padres

Muchos padres tienen miedo porque sus hijos son un poco tímidos o inseguros y creen que lo pueden pasar mal en un campamento, pero según la psicóloga infantil Silvia Álava, los padres no deben tener miedo de llevar a sushijos a un campamento: «las experiencias que los niños viven durante esos días tienen beneficios muy positivos. El hecho de relacionarse con más niños les ayudará a integrarse, por lo que, aunque les pueda costar un poco más entablar amistad, les será muy beneficioso y facilitará su socialización».

campamentos de verano

Estas son las dudas más frecuentes de los padres, contestadas por Silvia Álava:

¿A partir de qué edad pueden ir de campamento?

Los campamentos urbanos son ideales para los niños, pues pueden ir desde muy pequeños, a partir de los 3 años, ya que tienen una dinámica muy parecida a la del colegio. En cambio, si se trata de un campamento que obliga al niño a dormir fuera de casa, habrá que fijarse detenidamente en las características de cada niño. Su madurez y autonomía ayudarán a los padres a decidir cuándo es el momento adecuado.

Si se busca un campamento fuera de nuestro país, con el objetivo de reforzar un idioma, lo aconsejable es esperar hasta que el niño sea más mayor e independiente, hasta los 12 años aproximadamente.

¿Qué tipo de campamento elegimos?

Multiaventura y deportes, cultura y aprendizaje… Existen diversas opciones, pero hay que tener siempre en cuenta cuáles son los gustos del niño. Si se trata de una persona muy tímida, deberemos buscar uno en el que se sienta cómodo y nada cohibido. En cambio, si se trata de un niño muy activo e hiperactivo, la adrenalina y la diversión de un deporte pueden ser grandes claves. Si al pequeño no le llama la atención ningún deporte, pero sí se muestra partidario de la naturaleza, será mejor dirigirle a este tipo decampamentos.

¿Vamos a verles? ¿Les llamamos por teléfono?

En los campamentos, los niños deberán acatar las normas que establezcan sus monitores. Una de las reglas más comunes es la restricción del uso del móvil, que ayuda a no interrumpir el funcionamiento previsto para las actividades del día a día.

Si queremos sorprender a nuestro hijo y visitarle, los mejor es ir el día que elcampamento lo tenga establecido. También se podrá pactar con el niño lo que él prefiere. El día de la visita, si ve que van los padres de todos sus amigos menos los suyos, lo único que se conseguirá es que se sienta mal.

¿Y si no quiere ir de campamento?

Es comprensible que una sensación de miedo e incertidumbre se apodere de ellos al ser una experiencia nueva y diferente. En ocasiones, les provoca cierto reparo no saber cómo actuar en las diferentes situaciones que se les pueden llegar a plantear. No es conveniente que el pequeño vea el campamento como una obligación o castigo. Para poder tranquilizarles, es muy positivo que, durante el año, hayan participado en alguna actividad parecida, como granjas escuelas o convivencias.

Si nuestros hijos van a un campamento aprenderán a:

1. Relacionarse tanto con niños de su misma edad como con otros un poco mayores o más pequeños.

2. Jugar a través de la diversión y felicidad.

3. Convivir, en un marco lleno de respeto.

4. Entender que las normas no existen únicamente en casa con sus padres, también en toda la sociedad. El campamento tiene sus propias normas y horarios.

Toda la actualidad en por

 

FUENTE: Diario ABC

¿Es correcto besar a tu hijo en los labios? Colaboración con SModa

Victoria Beckham ha publicado una foto besando a su hija en Instagram que ha generado mucha polémica. Consultamos a dos psicólogos infantiles si hay algo de malo en esta práctica.

FUENTE: SModa

Hoy en Las Claves Día de TeleMadrid hablamos de las consecuencias psicológicas de actos como los sucedidos ayer en #Niza

Silvia Álava - TeleMadrid - La Clave del Dïa

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Alcohol y drogas degradan el ocio entre los jóvenes durante el verano. Colaboración con el diario ABC

Los expertos advierten de que el consumo de sustancias dispara la violencia y las salidas en grupo diluyen la sensación de responsabilidad

«Lo que me apena es que los festivales son cada vez más una excusa para el desfase». La frase es de Esther B., una de los miles de jóvenes que asisten cada verano a alguna de las más de 110 macrocitas lúdicas que se celebran en España y que van, desde el BBK Live de Bilbao o el Arenal de Burriana, en Castellón, hasta el FIB del vecino Benicasim.

La joven de 23 años lamenta, al igual que los expertos consultados, cierta devaluación en la forma de ocio y modelo de diversión, sobre todo entre los más jóvenes. «La mezcla que ofrecen los festivales de verano-apunta- es casi perfecta: son baratos, con cabezas de cartel de primer nivel, destinos atractivos y casi siempre con playa». En ellos no faltan tampoco el alcohol y las drogas.

Psicólogos y estudiosos del ocio juvenil coinciden en que la conjugación fatal llega de la mano de las sustancias y también de la irresponsabilidad. No es un ingrediente novedoso que el consumo desmesurado de alcohol y de estupefacientes amargue a más de uno un festival o fiestas populares, como los sanfermines de Pamplona, pero sí lo es que repentinamente un año una fiesta como la navarra o el festival de la Semana Grande de Bilbao acumulen decenas de denuncias por agresión sexual. En los siete días que llevan las fiestas de San Fermín se han registrado 42 denuncias por agresión y abusos sexuales. Quince personas han sido detenidas por estos motivos.

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Para el director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), Ignacio Calderón, estos «actos irracionales tienen mucho que ver con la pérdida del control» de los jóvenes, aunque, señala, «muchos de ellos ya lo han perdido antes de empezar a beber».

Tras el consumo de drogas la gente puede hacer cosas impensables y, en estos casos, cuando la consecuencia es un abuso sexual, estas personas se suelen arrepentir, a pesar de que la ingesta «no les exime de la culpa». Cabe destacar que, ante un juez, un abuso sexual o una violación bajo los efectos del alcohol es un atenuante para la condena contra el acusado. En todo caso, Calderón se lamenta de que la relación de alcohol y abusos sexuales sea tan estrecha.

Sobre lo sucedido en San Fermín, por ejemplo, fuentes policiales atribuyen el aumento de las denuncias por agresiones sexuales, paradójicamente, al hecho de que se hayan reforzado tanto las medidas de vigilancia y se haya producido tal labor de concienciación previa que, según su opinión, se tiene menos temor a la hora de denunciar. Y así se han contabilizado por decenas las denuncias, en casi su totalidad efectuadas por mujeres. Ocho personas están en prisión por violar y agredir en grupo en la última semana en Pamplona.

Este elemento de que la «responsabilidad en grupo se diluye» es uno de los factores clave que apunta la psicóloga y sexóloga del Grupo IESP Clinic Granada, Carmen Montoro. «Hombres y mujeres sienten que hasta un delito, en grupo, es fácil. Entre ellos se dan más casos de agresión sexual, como en San Fermín, y entre ellas se registran más peleas» que antes.

Más de un millar de mujeres son violadas cada año en España desde 2009, según recuerdan a ABC las mismas fuentes policiales dedicadas a la lucha contra este tipo de delitos. En el último lustro se registró una agresión sexual con penetración cada ocho horas, tres al día. El Observatorio de Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) observó el repunte los fines de semana, y también que estos abusos se disparan durante los del estío.

Como opinión particular, Esther B. confirma que año tras año se percibe una sensación de mayor agresividad y violencia entre los asistentes. «A un amigo le dieron un mordisco y avisó a seguridad, pero estaban todos tan borrachos que poco se pudo hacer para reprender la actitud de la agresora. En el Arenal, por ejemplo, están a la orden del día los robos y agresiones, también en parte porque la gente va muy puesta, y porque cada vez hay más niños de 18 años que no saben medirse».

Entre los jóvenes preguntados, se da la opinión generalizada de que en elViña Rock, por poner otro ejemplo, se da un trasiego constante de drogas. El festival de Burriana, celebrado junto a la playa, traslada las noches de «borrachera» en los escenarios a las playas cercanas. «Apenas se duerme, unes la juerga, la música alta, lo que se bebe… y al final todo eso se paga», dice Esther. «El problema -asiente Montoro- es que en este país está muy normalizado el consumo de alcohol».

Poner límites en casa

Para Silvia Álava, directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, la base es poner límites a los hijos. «Yo traslado a los padres la siguiente pregunta. Si es un menor de edad, tú eres el responsable legal, y si les pasa algo, les pilla un toro en San Fermín, o les golpean en un festival, el responsable eres tú como tutor legal», comenta.

La psicóloga pide a los padres «sentido común» en torno a la manga ancha que se deja a los hijos para acudir a un evento de este tipo, así como a la sociedad que «cuide los valores» que inculcan a los jóvenes. «Se tiene que tener cuidado con permitirles que vivan la vida deprisa, cuando la tienen toda por delante; decirles que respetan sus amigos y planes, pero también que hay un límite, que está muy bien salir y tener una red social, pero hay muchas formas de ocio, y el que da un paseo y no se emborracha, no es un pringado».

Campamentos de verano para niños. Colaboraración con el Telediario de TVE

Os adjunto el enlace al vídeo del Telediario de TVE donde hablamos sobre los campamentos de verano para niños:

Silvia Álava - Telediario 15 horas 04-07-16 - Campamentos verano

Pincha en la imagen para ir al vídeo. La noticia comienza en el minuto 35.30