¿Qué lleva a una madre a matar a su propia hija? Colaboración con el diario El País

Hace unos días, una mujer asfixió a su pequeña. Una noticia imposible de digerir y que esconde un problema más profundo

Hay días en los que es mejor no leer la prensa. Días en los que te gustaría pensar que lo que estás leyendo es una novela de terror. Pero no es así.

El pasado 17 de abril nos enteramos de la terrible noticia de que una madre había matado a su pequeña. Sucedió en la localidad de Sant Boi de Llobregat. La mujer, de origen paquistaní, presuntamente habría asfixiado, según la investigación, a su hija de cuatro años en su vivienda en la que también se encontraban sus otros tres hijos. Fue uno de ellos el que avisó a las autoridades en el número de emergencias 112. La madre fue detenida por un delito de homicidio. Tras su arresto, fue trasladada a un hospital de la localidad para evaluar su estado psiquiátrico. En declaraciones recogidas por la agencia Efe, varias vecinas de la supuesta homicida aseguraron que llevaba varios años viviendo en Sant Boi, que “sufría depresión” y que, aparentemente, cuidaba mucho de su hija.

Sant Boi

Por desgracia no ha sido la única vez que ocurre algo tan horrible. Se entiende por violencia doméstica todo acto de agresión física o psicológica, practicada por un hombre o una mujer, sobre cualquier descendiente, ascendiente, cónyuge o hermano, es decir, ejercida en el entorno familiar, a excepción de los casos considerados de violencia de género. En 2014, se registraron 7.084 víctimas con orden de protección o medidas cautelares en España. De ellas, 1.372 eran menores de 18 años, casi una de cada cinco, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Muchas veces, cuando sucede un filicidio, es decir, atentar contra la vida de un hijo, el horror nos lleva a intentar justificarlo.

¿Qué le pudo llevar a cometer este crimen?

“El comentario de los vecinos de que `tenía depresión´, deberíamos tratarlo con mucha precaución. Este es un trastorno muy común, con una alta incidencia en nuestra sociedad y no se debe estigmatizar”, explica la psicóloga Silvia Álava. “Cuando una persona está deprimida no tiene fuerzas para ejecutar nada, de hacer nada. Es casi imposible que haya una relación entre la depresión que sufre y el horrible acto que ha cometido”, continúa.

Efectivamente, según la Organización Mundial de la Salud, la depresión es un trastorno mental muy frecuente que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa y falta de concentración, entre otros. Puede llegar a ser crónica o recurrente y dificulta sensiblemente la capacidad para afrontar la vida diaria. En su forma más grave, puede conducir al suicidio. “Y son muy pocos los que llegan a este punto por esa apatía que les caracteriza”, puntualiza la experta.

“Ni siquiera en una situación de desesperación límite, en la que nos encontramos perdidos y al borde del precipicio, llegaríamos a ejecutar algo así. Tal vez sí a pensarlo, pero a llevarlo a cabo, no”. La psicóloga, que reconoce que existe una falta de datos en este caso, explica que para llevar a cabo un homicidio tiene que haber un problema de salud mental “más profundo”, “como, por ejemplo, rasgos de psicopatía o esquizofrenia. O que la persona tenga un perfil de maltratador, algo que consiga apretar el botón y que le lleve hacerlo, a matar a alguien, a segar la vida de su hijo”.

La locura de una madre

Por su parte, Pilar Tejedor Tejedor, psicoanalista con especialidad sanitaria con familias en conflicto, explica que cuando sucede una noticia de este tipo “nos preguntamos con estupor sobre qué mecanismos desatan un delirio que lleva a una madre a asfixiar a su hijo, algo inexplicable desde la lógica de lo racional”.

Tejedor afirma que un acto así “revela un psiquismo materno estrangulado/colapsado, que no encuentra salida, por afectos de alto contenido emocional, exacerbados y desligados”. O lo que es lo mismo, los sentimientos le superan, conduciéndola a la acción de acabar con el sufrimiento que le provocan.

Para la experta, la noticia nos induce a pensar que es un acto propio de una `alienación psicótica´, en la que la confusión entre realidad y fantasía le provoca el acto crudo de un delirio: el ahogamiento de un hijo”, añade. “Hablamos de alienación psicótica”, contextualiza Tejedor, “en el sentido de que la madre se siente sometida a una realidad psíquica de la que no puede escapar, y ahoga o asfixia lo que representa para ella ese hijo”. “Esto es lo que no sabemos, podemos elucubrar pero no confirmar qué aspectos de ella puestos en ese hijo ha tratado de borrar“, añade.

Para Tejedor, “la tragedia del infanticidio nos confronta con las miserias y horrores de la enfermedad mental, en este caso de una enfermedad no resuelta”.

Sin un perfil fijo

La psicóloga Martha Alonso Henar,  especialista en apego y disociación y miembro de la Asociación Mentes Abiertas, nos añade que “a priori, las conductas de infanticidio no se asocian a un perfil o trastorno psicológico concreto. Es complicado saber que le pasa a una persona por la cabeza para llegar a hacer algo así; no obstante, si no es algo premeditado que, como hemos leído anteriormente se relacionaría más con rasgos psicopáticos, si me atrevería decir que en los momentos en los que se lleva a cabo hay de algún modo locura“. Según agrega, desde un punto de vista global, si se puede decir que lo que subyace a este tipo de desórdenes de la conducta es la propia historia vital de la persona que comete la agresión.

El apego y los vínculos afectivos que construimos con nuestras figuras de apego como padres o cuidadores determina la base donde se irá fundamentando la personalidad. “De ahí, si en mi infancia he sufrido alguna forma de negligencia (no necesariamente maltrato físico, psicológico o sexual, sino algo más sutil pero igual de dañino, como por ejemplo la privación de mis derechos y necesidades psicológicas básicas) construiré indudablemente una personalidad vulnerable a la inestabilidad emocional y vulnerable a entrar en estados de disociación graves, donde literalmente otro YO actúa sin la mediación de la parte de mi personalidad más sana”. “Para que nos hagamos una idea: una personalidad doble, o múltiple”, subraya.

Estamos hablando de trastornos derivados de los vínculos afectivos, donde el trauma por acumulación de relaciones afectivas poco seguras se revive en momentos puntuales. “Se activa una parte de mi (un yo, que sigue dañado por situaciones traumáticas del pasado) y en esos momentos estamos alejados de la realidad, no hay presencia mental”, nos explica la doctora Alonso Henar.

“Por otro lado”, prosigue, “hay que tener en cuenta la empatía, la capacidad que se nos enseña la adquirimos inconscientemente a través de las relaciones de seguridad tempranas. Éstas generan el caldo de cultivo para sentirnos sentidos y apreciados, y poder así formar nuestro autoconcepto, y diferenciación con la figura que nos cuida, es decir, percibirles como los otros”, expone la experta. Parece que en situaciones en las que no se da esta seguridad emocional, existe una menor capacidad en el adulto para ponerse en el lugar del otro, ya que nunca se pusieron en suyo.

“Se ha comprobado en diversos estudios la función de las neuronas espejo en la habilidad empática. En este sentido considero que en el momento en el que se realiza una conducta de este tipo, el/la agresor/a carece, al menos, momentáneamente, de esta habilidad empática”, termina.

Entonces, ¿se pueden prevenir estos crímenes?

Un estudio elaborado en Canadá en 2015 por la profesora de psicología Myrna Dawson, concluyó que necesitamos una mejor intervención social y comprensión psicológica de este tipo de casos. En una de las más extensas investigaciones realizadas jamás en ningún país sobre este fenómeno, esta profesora examinó los datos estadísticos de filicidios en Canadá entre los años 1961 y 2011. Durante este periodo, 1.612 niños murieron a manos de sus padres. La autora del estudio señaló que existen diferencias entre aquellos crímenes cometidos por hombres y mujeres.

Entre sus conclusiones halló que son más los hombres que las mujeres quienes los cometen; que las madres solían ser menores de 18 años y los padres más viejos; que la mayoría de ellas eran solteras, mientras que ellos eran divorciados o viudos y, por último, que los hombres son más propensos a suicidarse tras matar a un hijo que las mujeres. Además, “en casi todos los casos”, agrega Dawson, “hubo una historia previa de maltrato en la familia”. “Mejorar la atención cuando se da el problema, si existe, es fundamental para prevenir estos horribles casos”, concluyó la experta.

 

FUENTE: Diario El País

El peligro y las consecuencias de que papá te haga la tarea. Colaboración con el diario Qué!

En los últimos 30 años hemos pasado de los educadores que reclamaban más implicación de los padres en el trabajo escolar de sus hijos a los terapeutas que piden autonomía para los pequeños. Menos dependencia. ¿Qué ha pasado? El 83% de los docentes han detectado en alguna ocasión que papá o mamá son quienes hacen las tareas de su hijo, según una sorprendente encuesta a partir de las respuestas de los progenitores. ¿Es grave? A este paso un porcentaje alto de los escolares de hoy, mañana no sean capaces de enfrenten con garantías a la vida

deberes niño

Muchos padres se quejan de la cantidad de tarea escolar que tienen que hacer sus hijos en casa. Y de ellos, algunos confiesan que les ayudan para que tarden menos y acaben antes. Para conseguir con ello que tengan tiempo “de hacer otras cosas”. La falta de tiempo o las prisas. Un lugar común. Frases similares ha tenido que escuchar con inquietud, Cristina Gutiérrez, educadora emocional con 30 años de experiencia sus espaldas de intervención extraescolar con menores. Ella codirige la Granja Escuela de Santa Maria de Palautordera, en Girona. “Detecté que los niños ya no me atendían en las explicaciones como antes y de que era incapaz de solucionar conflictos. Lo consulté con mis compañeros y les pasaba a todos”, asegura.

De su celo y preocupación profesional salió la sorprendente encuesta que ha encendido las alarmas. Autora del libro “Entrénalo para la vida” (Plataforma Editorial), Gutiérrez centra su actividad e intervención en unos 10.000 niños que pasan anualmente por el centro en el que trabaja. Niños de la escuela pública y la privada, de distinta extracción económica y cultural. Una muestra heterogénea.“Decidimos hacer una encuesta a niños y padres. E incluimos preguntas sobre las tareas del colegio. Yo esperaba que en torno a un 70% de los progenitores ayudaran demasiado a sus hijos, pero es que la sorpresa fue mayúscula: ¿Un 83% hace la tarea a sus hijos. De su puño y letra. Directamente”.

Pero si sorprendente es la cifra, aún más lo son los motivos que aducen para hacerlo así: “Una mamá decía que pidió ayuda a la profesora de su hija -2º de la ESO, 13 años- para que le advirtiese a la menor que debe ser ella quien haga las tareas. ¿Por qué no lo hacía mamá? Porque no quería discutir con su hija. Por miedo a las consecuencias. En otro caso, otra mamá le pedía a los profesores de su hijo que no subiera más el nivel de los deberes porque, a ese ritmo, no podría seguir haciéndolos”, concluye Gutiérrez. Además de esto, la encuesta arrojaba que del 9% de adultos que han reconocido hacer los deberes de sus hijos, un tercio de ellos han respondido que los hacen cuando el niño está demasiado cansado y, casi la mitad, “porque consideran que sus hijos tienen demasiados deberes y así los liberan de tanta carga”, indica Gutiérrez. El resto, algo más del 15%, los hacen ellos porque el niño no los quiere hacer.

¿Nos hemos convertido los padres en los ‘negros’ de nuestros hijos?¿Somos los autores de sus trabajos,  quienes les solucionamos siempre la ‘papeleta? El caso es que si hace 20 años casi todas las instancias educativas pedían a los padres españoles más implicación en el aprendizaje y en el trabajo escolar de los hijos, ahora la tendencia ha variado.Y se reclama lo contrario: Menos protección o, directamente, que los deberes y trabajos escolares los hagan ellos.

Todos los datos de las encuestas se sistematizaron gracias a la colaboración de Rafael Bisquerra, profesor de la Universidad de Barcelona especialista en Métodos de Investigación y Diagnóstico de la Educación. La principal conclusión es clara: Les protegemos demasiado. Pero este especialista hace una reflexión sobre el clima que las excesivas tareas escolares crean en casa: “Puede ser comprensible comprensible que algunos progenitores actúen así. En ocasiones, hay una excesiva presión en casa con los deberes. ¿Realmente son necesarios tantos trabajos? Finlandia obtiene estupendos resultados educativos y es de los países en los que menos tarea escolar se manda para casa. Por un lado yo apostaría por un sistema educativo que se fijara más en lecturas divertidas para los alumnos, pero además recordaría los padres que su comportamiento es el primer paso la educación de sus hijos. Si lees, es más fácil que tu hijo lea”. 

“Cargamos con su trabajo y con su mochila. Y les preparamos el desayuno y el bocata todos los días. Aunque tengan 12 años. ¿Por qué? “, señala la psicóloga Silvia Álava, del Centro de Psicología Álava Reyes de Madrid. En opinión de esta terapeuta, el problema es grave.  “Debemos mentalizarnos que los deberes y tareas escolares son de los niños. Es su responsabilidad. Y es bueno que afronten su responsabilidad. Los padres hemos de acompañarles y solucionar alguna duda puntual, incluso mandarle repetir alguna cosa si observamos que lo ha hecho mal y con desgana. Pero nada de sentarnos a su lado a hacerlo. Y mucho menos hacerlo nosotros”.

No es lógico que a un padre quiera cargar de trabajo y responsabilidad a su hijo, pero puede que estemos disparando una ola que nos salga por la culata. ¿Por qué puede ser tan perjudicial?  “Me encuentro cada día con muchos problemas de inteligencia emocional en menores. ¿Qué harán cuando deben enfrentarse ellos a la vida?Nuestros hijos pueden acumular muchas debilidades y alimentar un complejo de inferioridad”. O sea, la actitud correcta es decir al menor, hazlo tú. Y hazlo bien. “De ese modo estaremos fomentando la seguridad en si mismo y la autoestima. Y es que aunque en psicología no hay relaciones causa efecto inmediatas sí que se está describiendo un nexo de este tipo de educación sobre protectora de los padres en niños que sufren acoso escolar”, remacha la psicóloga Silvia Álava.

Deberes niña

Para la educadora emocional Cristina Gutiérrez todo tiene que ver con nuestra forma de vida actual. No tenemos tiempo. “En mi trabajo directo con niños les animo a dibujar a sus familias. Y en algún caso curioso hay niños que se han dibujados a ellos mismos rodeados de perros. Y en otros han dibujado a su abuela y a su madre, pero no a su hermano mayor y a su padre, por ejemplo. Ocurre, por desgracia, que no paramos a mirar a nuestros hijos. No les prestamos atención”. Y de ahí , pasamos al sentimiento de culpa y a intentar ‘fabricar’ una vida fácil.

¿Y si hacer los deberes con nuestros hijos es sólo la punta del iceberg? Detrás pueden producirse, de manera relacionada, casos de violencia doméstica de padres a hijos, o autolesiones de adolescentes por su baja tolerancia al fracaso y la frustración. O simplemente, adultos débiles que no están preparados para afrontar una vida cargada, como la del todo el mundo , de responsabilidad. Al fin y al cabo, el informe PISA demostró que pocos, muy pocos españolitos de 15 años, a la edad en que sus abuelos ya eran capaces de mantener un hogar con su trabajo, actualmente no son capaces de programar el aire acondicionado.

¿A qué edad debemos enseñar a leer a los niños? Colaboración con Padres y Colegios

Os adjunto la últiama colaboración realizada para la revista Padres y Colegios:

Enseñar a leer a los niñosEste es un tema muy controvertido, y por el que padres y medios de comunicación nos preguntan muy a menudo. Hay colegios y escuelas infantiles donde los niños empiezan muy pronto con el aprendizaje lectoescritor, mientras que en otros se considera que es mejor esperar a que lo niños sean algo mayores y se inicia la lectoescritura en primero de primaria. Al analizar el asunto, nos damos cuenta de que la diferencia suele estar en que cuando

hablamos de trabajar la lectoescritura desde pequeños no nos referimos exclusivamente al hecho de decodificar el texto y aprender las letras, sino que ello implica que hay que trabajar toda una serie de requisitos previos, que serán necesarios para que los niños consigan abordar con éxito el aprendizaje de la lectura. Cuando los colegios y escuelas infantiles mencionan que trabajan la lectoescritura con los niños desde los tres años, se refieren a estos procesos, no al aprendizaje específico de las letras.

Conviene comenzar a desarrollar hábitos lectores prácticamente desde bebés. Eso no implica enseñar las letras a los niños, pero si que jueguen con libros de plástico, de cartón o de tela con imágenes vivas que llamen su atención.

Antes de enseñar a los niños a leer hay que trabajar con ellos toda una serie de procesos cognitivos que son necesarios para la adquisición de la lectoescritura. Cuando hablamos de enseñar a leer a edades tempranas a los niños, tenemos que tener en cuenta que no siempre

se refiere al hecho de aprender a decodificar el texto, sino que desde los tres años se trabajan procesos que son básicos para luego conseguir este aprendizaje lectoescritor, como son, entre otros:

  • La atención selectiva. Por ejemplo, con ejercicios como señalar en láminas lo que el adulto le pide o buscar un determinado dibujo.
  • La atención sostenida, contándoles cuentos cada vez más largos.
  • El ritmo, con canciones, rimas, juegos de palmas…
  • La memoria.
  • Las destrezas finas.
  • La grafomotricidad.
  • La coordinación oculomanual.
  • Otro ejercicio que será fundamental para realizar una correcta adquisición de la lectoescritura será que aprendan a diferenciar la derecha y la izquierda.

En torno a los cuatro años, los niños ya están preparados para aprender las vocales, y a partir de los cinco ya son capaces de aprender la correlación fonema-grafema y saber qué símbolo corresponde a cada sonido. De tal forma que a los seis años lo habitual es que los niños pueden realizar una lectura silábica, y a los ocho, una lectura léxica (ya no leen silabeando, sino que identifican visualmente cada palabra). No obstante, cada niño lleva su ritmo y aunque en el colegio el aprendizaje se realiza en grupo, hay que respetarlo.

En el momento de adquisición de la lectoescritura, será importante seguir el mismo método con el que trabajan en el colegio, pues hasta que el aprendizaje esté automatizado, el acceso a la lectura “mezclando” métodos puede tener un efecto contraproducente. Por eso será fundamental estar informado y coordinado con el colegio.

Desde bien pequeños también se puede trabajar para inculcar el hábito de leer. Los niños aprenden por modelado, es decir, copian a sus adultos de referencia, que son sus padres. Por eso es bueno que vean que sus padres leen, que reservan un tiempo cada día para hacerlo.

Así, los padres que leen a sus hijos, les regalan libros desde que son pequeños, refuerzan a los niños en su lectura y se interesan por lo que leen preguntándoles qué aprendieron con el libro, de qué trataba… tendrán una influencia positiva en los hábitos lectores de sus hijos y es más probable que estos descubran el placer de la lectura.

La forma de introducir a un niño en la lectura es a través de lo que los adultos le leen, por lo que hay que reservar todos los días un tiempo para ello. Cuando al niño se le narra un cuento, es más fácil que mantenga la atención, pues los cuentos se pueden personalizar, para que el niño se vea reflejado, añadir una moraleja para que aprendan…, pero cuando se les lee es más fácil que adquieran el hábito.

Al leer un cuento al niño se debe de tener en cuenta que el niño no tiene acceso al contenido del cuento, no sabe decodificar lo que pone en el texto, lo recibirá a través del adulto; por eso será fundamental que este lo haga con la mayor pasión posible, entonando mucho, con pausas que creen suspense, cambios en el tono de voz… De esa manera, el cuento será más atractivo para el niño. El objetivo de los padres será inculcar e incluso “transferir” su pasión por la lectura a los niños.

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Los abuelos no deben ser los responsables de la educación de los niños.

“La educación de los niños es algo que no se puede delegar. Los abuelos pueden ayudar, pero la última responsabilidad será siempre de los padres”, asegura la psicóloga infantil Silvia Álava en su libro “Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia (de 6 a 12 años)”.

En su segundo libro, Silvia Álava responde a preguntas como: ¿Hay que ayudarle con los deberes?, ¿cómo conseguir que se vayan a la cama a su hora?, ¿qué criterios se deben seguir para la elección del colegio?, ¿cómo gestionar la «paga»?, ¿y si mi hijo es el único que no tiene móvil?, ¿debo ser su agenda?, o descubrir ¿cuándo iniciarles en la información sobre la sexualidad?Abuelos 1

También puedes consultar: Abuelos: ¡Cuídalos como ellos te cuidaron!

Actualmente, los niños pasan mucho tiempo con sus abuelos, debido sobre todo a las largas jornadas laborales de los padres. Sin embargo, no se debe olvidar que los responsables de la educación son los padres y que nunca deben renunciar a esa responsabilidad.

No abuses de su ayuda 

No se puede obligar a los abuelos a hacerse cargo de sus nietos. Se les puede pedir ayuda pero nunca cargarles con una responsabilidad que no les corresponde. No hay excusas para agobiarlos con obligaciones y que tengan que vivir pendientes de las tareas de sus nietos.

Claves para el entendimiento entre ambas partes 

Los abuelos deben seguir las mismas pautas educativas que utilizan los padres; dotar a los abuelos de la autoridad pertinente, para que los niños sepan que los abuelos aplicarán las mismas consecuencias que los padres; los padres no deben quitar la autoridad a los abuelos ni los abuelos a los padres delante de losniños; no se debe ceder ante el chantaje del niño, porque solo se agravará el problema.Abuelos 2

También puedes consultar: Abuelos. Cuidar a los nietos genera estrés y ansiedad

Define bien los roles 

Los abuelos tienen que respetar las decisiones de sus hijos y entender que el rol ha cambiado, que sus hijos han formado su propia familia y por lo tanto, son la máxima autoridad en los niños.

Es decir, si los padres dicen que su hijo tiene que comerse la verdura, los abuelos deben acatar esta norma y no eximir a sus nietos de esta decisión. Los niños saben perfectamente cómo se tienen que portar según la persona con la que estén.

Portada Queremos que Crezcan_felices

Una hidratación adecuada ayuda a rebajar el nivel de ansiedad. En Agencia EFE salud

Beber agua puede ayudar en un momento dado a disminuir la ansiedad ya que la deshidratación influye en los estados anímicos, en especial en la ansiedad, en la tristeza y en el decaimiento

Uno de los síntomas de la ansiedad es la sensación de boca seca y beber agua se convierte en una herramienta para ayudar calmar ese estado de intranquilidad, asegura la psicóloga Silvia Álava en una conferencia sobre la importancia del agua para el desarrollo cognitivo pronunciada en las XX Jornadas de Nutrición Práctica que se celebran en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

Pero, además, con la deshidratación aumenta la circulación de las hormonas del estrés, el cortisol, y se ponen en marcha unos procesos fisiológicos similares a cuando el cuerpo está en una situación de peligro o de inquietud.

Diferentes estudios demuestran que el estrés repercute en el rendimiento intelectual, afecta a la lentitud de pensamiento, a los reflejos y provoca errores en la resolución de conflictos.

La psicóloga Silvia Álava. Foto cedida por la especialista.

La psicóloga Silvia Álava. Foto cedida por la especialista.

“A los estudiantes les recomiendo que estudien con una botellita de agua que les ayude a mantener la atención y la concentración y que también la lleven a los exámenes para bajar esos niveles de ansiedad”, señala la especialista.

Hay estudios que indican que una deshidratación del 2,7% puede hacer que tengamos una mayor sensación de esfuerzo para hacer las tareas unido a tristeza, cansancio y decaimiento .

“Bien hidratados mantendremos un buen estado de ánimo”, apunta Silvia Álava.

Deshidratación y función cognitiva

Si la deshidratación afecta a nuestra forma de sentirnos, mucho más lo hace sobre el funcionamiento de nuestro cerebro.

La evidencia científica ha constatado que ya con un 1% o un 2% de deshidratación empieza a resentirse la memoria a corto plazo, las tareas de atención selectiva visual, la concentración y el tiempo de reacción.

Pero en general la deshidratación produce una disminución significativa en la percepción, atención, memoria, pensamiento, lenguaje y rendimiento psicomotriz. En resumen, de la función cognitiva en su conjunto, además de las repercusiones físicas.

Por eso, Silivia Álava considera esencial educar desde la infancia en el hábito regular de beber agua para que se acostumbren a pedirla y a beberla.

“Los niños no llegan al colegio bien hidratados y eso repercute en su falta de atención, en el cansancio e incluso en la irritabilidad. Y eso se agrava si encima llegan sin desayunar”, advierte.

EFE

EFE

El consumo de líquidos, en especial el agua, es vital para el funcionamiento del organismo humano en todas las edades, pero además de los niños, otro grupo de riesgo es el de los ancianos que sufren alteración del mecanismo de la sed y pueden pasar horas sin beber agua, algo que les afecta especialmente física y cognitivamente.

Por eso la psicóloga anima a las instituciones a fomentar la educación para una correcta ingesta de agua y otros líquidos que según las autoridades sanitarias internacionales debe ser de 2 litros en el caso de las mujeres y de 2,5 de los hombres.

FUENTE: Agencia EFE Salud

Te damos unos consejos para afrontar las dificultades del día a día con los niños. Colaboración con Lainformacion.com

Portada Queremos que Crezcan_felices¿Hay que ayudarle con los deberes? ¿Cómo conseguir que se vayan a la cama a su hora? Los niños necesitan saber qué está bien y qué está mal en cada momento, y cuáles son sus tareas establecidas. El sentido de lo moral no se termina de formar hasta los doce años de edad. Hay que trabajar la importancia del esfuerzo y de la constancia de forma que los niños puedan conseguir buenos resultados y valoren que detrás de una buena acción siempre hay una recompensa. La psicóloga infantil Silvia Álava intenta dar respuesta a estas y otras muchas preguntas que se plantean los padres con hijo de entre 6 a 12 años.

 

  • ¿Qué hacer con las nuevas tecnologías?

    Los padres deben estar muy atentos para establecer un buen uso de las nuevas tecnologías. Se debe limitar y controlar tanto el tipo de páginas webs que visitan como el tipo de juegos a los que acceden.

  • ¿Cómo afrontar los miedos?

    Además, en el manual se pone especial atención a los miedos que sufren los niños en esas edades, ya que es importante que aprendan a superarlos cuanto antes. No podemos olvidar que los niños aprenden por modelado, lo que significa que si los padres les transmiten inseguridad los pequeños lo notarán y se convertirán en personas miedosas.

  • Los estudios

    Para muchos padres elegir el colegio adecuado para los hijos es una tarea muy complicada, pero siempre hay que pensar en que se deben cubrir las necesidades específicas de cada niño.

  • ¿Deberes para padres o para hijos?

    Silvia Álava nos recalca en este capítulo del libro que los deberes siempre son responsabilidad de los niños, no de los padres. Sin embargo, cuando los hijos son pequeños debemos ayudarles para que se organicen correctamente. Además, hay que evitar el error de sentarse a su lado para hacer los deberes, ya que solo debemos solucionarles ciertas dudas y supervisar el trabajo y la constancia.

  • Cambios psicológicos en la adolescencia

    Es cierto que esta es una de las etapas más complicadas para todos los padres y madres, pero hay que tener claro que a pesar de los cambios de conducta que puedan experimentar los chicos este periodo no es siempre conflictivo. En esta edad es importante que los padres se ganen la confianza de los hijos para que así les puedan contar lo que les sucede, pero sin forzarles.

  • Consejos para afrontar las dificultades de los hijos

    En primer lugar, los progenitores deben saber que no existen los padres perfectos; lo más importante es saber afrontar el día a día con los niños e intentar esforzarse para dar lo mejor de sí mismos. “Un buen padre es el que se involucra en la educación de su hijo”, señala Silvia Álava quien destaca que “no hay un baremo para determinar en qué medida se es buen padre o buena madre, y no debemos destruirnos con otras teorías”.

FUENTE: www.lainformacion.com  Laura Martínez Álvarez @tudelau

 

Mamá, papá, ¿qué son los refugiados? y How To Talk To Children And Teenagers About The Refugee Crisis en El Huffington Post España y USA!

Cuando llega hay que saber qué decir. Toda pregunta tiene una o varias respuestas posibles. Y acertar no es fácil. “Las mamás lo saben todo”, me dice Clara desde sus cinco años cuando le confieso que no tengo ni idea sobre lo que me acaba de preguntar. “¿Qué es un gas?”, me soltó mientras sacaba de la nevera agua con “un estado de agregación de la materia en el cuál las moléculas interaccionan débilmente”, según Wikipedia. Ver la animación de las bolitas rojas y azules lo complicó todo aún más. Clara sigue sin saber qué es un gas y yo sigo sin saber cómo explicárselo. Google para nosotras no es suficiente.

RefugiadosEl mundo, ya sea en estado líquido, sólido o gaseoso, es complejo. Si todas las imágenes de las pésimas condiciones en las que aguardan los refugiados en los campos provocan indignación, aquellas de un padre rapando a su hijo en el campo de Idomeni para acabar con los piojos arañaban directamente el corazón, la conciencia y el alma.

Guillermo Fouce, doctor en Psicología y presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras cree que “los niños no son ajenos a lo que pasa en su entorno y cuando algo está en boca de todos les llega. Lo que pasa es que procesan la información en función de su edad”. El mundo no es justo y poco a poco se irán dando cuenta, pero “para no generar indefensión debemos presentar alternativas y si no están de acuerdo podemos explicarles que tienen derecho a protestar”. Luego está la otra cara de la moneda. La Fundación Psicología sin Fronteras atiende a refugiados que llegan a Madrid. Son personas que sufren por distintos duelos. Guillermo identifica hasta siete en este artículo.

A la hora de explicar o no a nuestro hijos la crisis de los refugiados, “todo dependerá de la edad”, sostiene Silvia Álava, psicóloga y directora del área infantil del centro de Psicología Álava Reyes. http://alavareyes.com/ “Lo ideal sería que el niño nos pregunte, pero si no es así, salvo que sea muy pequeño, conviene que el adulto le saque el tema, dado que lo más probable es que algo sepan y que hayan visto y oído noticias relacionadas que tal vez no lleguen a comprender. Además puede ser un buen momento para trabajar la empatía”. Podemos recurrir a ejemplos, si son pequeños: “antes de los once años el pensamiento es concreto y les cuesta hacer abstracciones”. Silvia ha elaborado para nosotros esta impagable guía práctica, que más de un padre o madre en apuros agradecerá.

Decálogo para explicar la crisis de los refugiados a niños

  • Dejar espacio para que los niños pregunten. Si no lo hacen, salvo que el niño sea muy pequeño, el adulto puede sacar el tema, dado que lo más probable es que el niño haya escuchado o visto algo.
  • Hay que explicar el suceso adaptándonos siempre a su edad.
  • No mentirles. Deben conocer que hay países en guerra y que por eso la gente no puede vivir allí y tienen que dejar sus casas.
  • No es preciso entrar en detalles ni darles más información de la que necesitan.
  • Dejar siempre abierto el diálogo. No basta con contárselo, hay que dejar que se exprese.
  • Contestar a sus preguntas. Si nos ven dudar o que no les respondemos, buscarán la información en otra fuente y es mejor que sean sus padres quienes se lo cuenten.
  • Ayudarles a identificar las emociones. Se les puede decir que estamos tristes, y que nos duele que no puedan vivir en sus casas.
  • Explicarles que hay gente mala y vincularlo al hecho concreto de la guerra.
  • Es probable que surjan miedos e inseguridades sobre si a nosotros nos puede pasar lo mismo o si va a haber una guerra en España. En estos casos hay que tranquilizarles y explicarles que no es nada probable y que sepan que pueden estar tranquilos.
  • Es conveniente utilizar la crisis de los refugiados para trabajar la solidaridad colectiva y la empatía, por eso enviamos mantas, comida, donaciones. Incluso preguntarles qué cosas se les ocurren para ayudar.

¿Y los adolescentes? “Es muy probable que el asunto de la crisis de los refugiados les haya tocado la fibra sensible”, explica Ángel Peralbo, psicólogo y director del área de adolescentes del Centro de Psicología Álava Reyes. “Generalmente tenemos tendencia a evitar que los hijos se empapen de las miserias humanas, sin darnos cuenta de que conocerlas es la única forma de desarrollarnos como personas completas, reales, maduras”. En el caso de los adolescentes, “es especialmente importante que conozcan, en el mayor grado que se pueda, la verdad del drama de los refugiados en toda su dimensión, no únicamente los titulares”, explica convencido Ángel, autor de estas claves muy útiles para abordar este asunto con los hijos mayores.

Decálogo para explicar la crisis de los refugiados a adolescentes

  1. Busca el momento adecuado. No tanto por el impacto de la noticia sino por el estado de tu hija o hijo. Si un adolescente no se muestra receptivo indica que no es el momento para abordar según qué cosas. Recuerda que es una etapa de cambios frecuentes.
  2. Un buen momento suele ser el instante en el que sale la noticia. Captar su atención garantizará que estén dispuestos a escuchar y sobre todo, a participar.
  3. Es muy importante que opinen y comenten lo sucedido. Permitirles que se expresen con libertad y en la medida de lo posible que participen aunque no estemos de acuerdo con sus opiniones. El tacto y un poco de mano izquierda ayudarán a conseguir que os escuchen.
  4. Apoyarnos en las imágenes va a ser muy útil, ya que las toleran mejor que grandes cantidades de información en formato verbal o escrito. Nos ayudan a conmover y a facilitar especialmente su expresión emocional. La edad les ha preparado para ver casi de todo, aunque lo preferible es que los adultos podáis aclarar el significado de ciertos impactos visuales. Pero queramos o no, hoy en día pueden acceder a una cantidad de imágenes antes inimaginable.
  5. Ayudarles a diferenciar entre connotaciones políticas del asunto y la realidad de las familias ya que son dos temas paralelos y distintos. Indefectiblemente las noticias mezclan la realidad del drama con los efectos colaterales y con los diferentes puntos de vista de los afectados por lo que la noticia se hace compleja. Muchas veces a pesar de la capacidad que se les presupone, los y las adolescentes simplifican.
  6. No saturarles. La reiteración de las noticias con frecuencia produce cierto proceso de habituación y es posible que sature, generando un insensibilización, cuando no rechazo. Es bueno que no estemos hablando del asunto cada vez que vemos la ocasión.
  7. Buscar su implicación a través de algún tipo de ayuda. Son muy receptivos a las sugerencias que les permitan sentirse útiles, lo que facilita su acercamiento al drama de los refugiados. Es una etapa en la que si valoran que ante algo no se puede hacer nada, se minimiza la conmoción y la sensibilización; en cambio, sentir que se puede aportar una ayuda, del tipo que sea, facilita la implicación emocional.
  8. Interpelarles para que opinen sobre cómo lo abordarían si de ellos dependiera. Mostrar interés y dar valor a sus ideas supone promover que se sientan importantes, útiles y sobre todo, capaces de aportar e implicarse. Esto mejorará su autoestima. Frecuentemente lo confundimos y llegamos a pensar que la mejora viene por experiencias muy positivas, pero en realidad de éstas tienen ya muchas.
  9. Debéis ayudarles en la expresión de las emociones, su entendimiento y buena gestión, ya que es una necesidad en el ser humano. Es una oportunidad para que situaciones tremendas de la vida que provocan emociones como la pena, la tristeza, el miedo, incluso la ira, puedan facilitar buenos pensamientos que las canalicen.
  10. Hay fuentes de información que profundizan más en la noticia y que van más dirigidas a entender que exclusivamente a sensibilizar o impactar. Organizaciones no gubernamentales que viven y cuentan el drama desde una perspectiva mucho más completa que la que consigue el objetivo de una cámara fotográfica. Los adolescentes están ya preparados desde hace tiempo para sumergirse en estas realidades.

No hay decálogo para comprender la miseria del ser humano. Sólo espero que los gobiernos lleguen a ser la mitad de solidarios que sus pueblos. O que esos niños y adolescentes de los que hablamos logren, por fin, un mundo más justo.

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Familia: padres helicóptero, del cuidado a la sobreprotección. Colaboración con ElDia.com de Argentina

Psicólogos advierten sobre la tendencia a sobreproteger a los chicos y sus perjuicios. La edad clave para comenzar a fomentar autonomía es entre los 6 y los 12. Pero hay cada vez más “padres helicóptero” que “sobrevuelan” cada paso de sus hijos.

Padres helicópteroCada vez es más común en las consultas de los psicólogos especializados en infancia y familia: una madre o un padre se da cuenta de que está demasiado pendiente de resolver los problemas cotidianos de los chicos, al punto de cercenarle toda autonomía.

“Cuando esto sucede se corren de ese lugar, pero eso, que es necesario, les angustia y les cuesta un montón. El problema es que muchas veces no se dan cuenta. Y es cada vez más común encontrar padres que sobreprotegen a los chicos, un problema que no reconoce diferencia de edad, de clases sociales ni de género y que se potencia con algunos nuevos modelos de familia, como el de la madre jefa de hogar, que se siente culpable y trata de resolver todos los problemas de los chicos”.

La que habla es Susana Machado García, psicóloga platense especialista en Niños y Adolescentes, quien destaca que, hasta al punto son frecuentes los casos de chicos sobreprotegidos que algunos de los problemas asociados aparecen en la vida adulta, a partir de una reducción de la autoestima y de adolescentes tardíos y desorientados a los que les cuesta decidir sobre su futuro.

El problema dista de ser local. Es global y ha provocado que psicólogos de distintas latitudes llamen la atención sobre él. Es el caso de la psicóloga española Silvia Álava, que recurre a un nuevo concepto para describir a este tipo de padres: el de padres helicóptero.

La característica central de estos padres, aporta Álava, autora del libro “Queremos queCrezcan Felices”, es que en lugar de preparar a sus hijos para el camino, preparan el camino para sus hijos.

Álava es directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, de España, y sostiene que el error más común que se comete en la educación de los hijos de 6 a 12 años de edad es la sobreprotección.

“Es una equivocación porque los niños se sienten más inseguros cuando los padres se lo dan todo hecho, y es importante que los pequeños experimenten el fracaso para que aprendan a esforzarse más”, de acuerdo a esta experta.

Álava señala que los chicos necesitan aprender a resolver las situaciones por sí mismos y conseguir tolerar la frustración. “Unos buenos padres tratan de levantar a su hijo cuando se cae, le consuelan, le secan las lágrimas y le apoyan para que siga adelante, ya que si no le dejamos caer, nunca aprenderá a levantarse”.

¿Porqué la denominación de padres helicópteros, entonces Álava llama a así a aquellos padres que “tienen un estilo de educación que se basa en la sobreprotección de los hijos y que están continuamente ´sobrevolando´ encima de ellos para resolver cualquier problema que pueda tener el niño o apartarle las piedras del camino”.

A los expertos platenses en familia no les sorprenden estas definiciones. Cuentan que los padres helicóptero son cada vez más frecuentes y que tanto pueden ser padres como madres.

EDUCAR SIN SOBREPROTECCIÓN

Es que los especialistas aseguran que uno de los principales objetivos a los que debe estar orientada la educación es a conseguir que los hijos personas autónomas, seguras e independientes,.

Este propósito tiene su momento clave, que los expertos ubican entre los 6 y los 12 años.

En el padre helicóptero, el cariño está mal entendido y se traduce en una permanente atención depositada sobre las actividades del chico, en la que se ocupa de resolver todas y cada una de las cuestiones cotidianas.

La clave del comportamiento de estos padres está en que se adelantan a las necesidades de los hijos, que de esta forma no pueden resolver por sí mismos problemas que, dada su edad, a están en condiciones de resolver, como vestirse, levantar y ordenar sus juguetes y su ropa o recuperar sus pertenencias perdidas.

De esta manera, lo que se impide a los chicos es el desarrollo de recursos y estrategias que les serán necesarios en el futuro,

Los expertos coinciden en destacar que conceder a los chicos todo lo que necesitan y evitarles todos los problemas de la vida cotidiana – pequeños problemas que ellos son capaces de resolver en el rango de edad mencionado – para evitarles frustraciones supone más perjuicios que beneficios.

“No se dan cuenta de que no van a poder mantener indefinidamente la burbuja de protección en la que introducen a sus hijos y, cuando la burbuja estalle, se encontrarán con niños sin recursos, sin habilidades, más vulnerables, menos seguros y, probablemente, más infelices”

La especialista, que estudió en su libro a este tipo de padres, destaca algunos elementos que ayudan a saber a cada padre cuándo corre el riesgo de estar transformándose en un padre helicóptero.

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Los que siguen son los cinco comportamientos típicos del padre helicóptero , según describe Silvia Álava.

1. NO DEJAR QUE LOS PEQUEÑOS SE VISTAN SOLOS POR NUESTRA PROPIA COMODIDAD

“A pesar de que es más rápido que lo haga el adulto, de este modo impedimos que el niño aprenda”, señala la psicóloga, que agrega: “Lo adecuado es acostarles antes por la noche para levantarles con tiempo suficiente por la mañana para que, según la edad, se vistan ellos solos y a su propio ritmo”.

2.  EVITAR DECIRLES UN NO

“Así estaremos perjudicando que los niños asimilen lo que significa el esfuerzo”, señala Ávila, quien recomienda “utilizar el sentimos común y decirles un NO, cuando las cosas que piden no corresponden, como por ejemplo, comprar regalos sin ser su cumpleaños o por una motivo especial, o comer golosinas a deshora”.

3. REPONER DE FORMA INMEDIATA LO QUE PERDIERON

“Si hacemos esto, nuestros hijos no van a valorar el esfuerzo de conseguirlo”, asegura Álava.

Para esta profesional, lo adecuado es que “en función de la edad del niño, debe ser él quien primero busque lo que perdió. Si es algo innecesario, no se repondrá, y si es algo necesario, dependiendo de la edad del niño y si lo ha perdido varias veces o no, podría ser más adecuado decirle que tiene que pagar una parte de su dinero, sacándoselo de su alcancía”, sugiere.

Añade que “no se trata ni mucho menos de castigar al pequeño, sino que aprenda el valor de las cosas y a tratarlas con cuidado”.

4. RECOGERLE LOS JUGUETES O LLEVARLES LA ROPA SUCIA AL CESTO DE LAVAR

“Esto tienen que aprender a hacerlo ellos solos, y lo adecuado es que sea el propio niño quien recoja los juguetes o lleve la ropa sucia al cesto de lavar”, señala esta psicóloga.

“En el caso de que el niño sea muy pequeño, podemos pedirle que colabore con los padres, llevando él una prenda pequeña, y que guarde algún juguete ayudando a los adultos a recoger”, sugiere.

Así, “poco a poco irá integrando esta colaboración como algo natural, lo que ayudará a que sea un adulto con recursos y vea las tareas del hogar como un trabajo de equipo”, según esta experta.

5. SER LA AGENDA DE NUESTRO HIJO

Para Álava “el niño es quien tiene que saber cuáles son los deberes que tiene que hacer y los padres no deben preguntárselo a la madre de ningún compañero. Si asumimos sus responsabilidades y les hacemos las cosas, será muy difícil que aprendan a ser responsables y autónomos”, recalca.

“Lo adecuado es que el propio chico se responsabilice de su agenda, de sus deberes, de saber qué es lo que tiene que llevar al colegio y de sus cosas”, agrega.

“Cuando los niños son pequeños, conviene que los padres les ayuden a preparar la mochila. En una segunda fase, los padres pueden supervisar que está todo preparado y que no se olvidan nada, para terminar dando la completa autonomía al niño”, concluye esta psicóloga a Efe.

“El error más común que se comete en la educación de los hijos de 6 a 12 años de edad es la sobreprotección”, de acuerdo a la psicóloga Silvia Álava, directora del área infantil en el Centro de Psicología Álava Reyes.

 

FUENTE: ElDia.com

Mi hijo tiene depresión. ¿Tiene que medicarse? Colaboración con el diario El País

La OMS alerta del abuso de antidepresivos en menores. Lo primero es una evaluación para llegar a un diagnóstico veraz y no confundirlo con tristeza

Diferenciar entre tristeza y depresión en la niñez no es sencillo. A veces la rapidez, el desconocimiento, una evaluación deficiente o la falta de recursos pueden llevar a que muchos pequeños estén sobremedicados. Una situación en aumento y que ha hecho que los expertos adviertan sobre este fenómeno. Entre los años 2005 y 2012 aumentó en un 50% la prescripción de antidepresivos a menores en el mundo, según alerta la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un último informe publicado en la Revista Europea de Neuropsicofarmacología. A pesar de que dicho estudio focaliza la atención en países de Latinoamérica, y en Estados Unidos, Escocia, Inglaterra y Dinamarca, los autores aseguran que es un problema global.

No se deben recetar medicamentos a menores de siete años y el tratamiento no puede superar los dos años. Siempre debe ir acompañado de psicoterapia

Niños y depresiónLa depresión en menores es un trastorno relativamente nuevo –se diagnosticó hace tan solo un par de décadas, según explica en su página web la American Psychiatric Association (APA). Los síntomas se han clasificado en cuatro grandes grupos: los emocionales -cambios del estado de ánimo–; los cognitivos -ideas erróneas-, los volitivos y los somáticos. Los más típicos son: pérdida del interés o de la capacidad de disfrutar; pérdida de reactividad emocional a acontecimientos y circunstancias ambientales placenteras; pérdida marcada de apetito; de peso, y de la libido, entre otros.

Según la OMS, la depresión es la principal causa de enfermedad y discapacidad de niños, niñas y adolescentes entre los 10 y los 19 años. Tras estos resultados, el organismo internacional no recomienda el uso de antidepresivos en menores. Shekhar Saxena, director del departamento de Salud Mental de la OMS, explica en un comunicado que “el uso de estos medicamentos en niños y jóvenes preocupa por dos motivos: el hecho de que se puedan estar prescribiendo sin motivos suficientes, y también que su uso pueda ocasionar daños importantes”.

“Hace unos años se hizo una advertencia que relacionaba el uso de antidepresivos en menores con la ideación suicida -planear cómo acabar con tu vida- ; después de muchos estudios no se llegó a determinar la vinculación y se levantó el aviso, creo que fue sobre 2005”, nos cuenta Celso Arango, psiquiatra español que ha desarrollado durante 15 años labores de investigación, así como de docencia y asistencia en el campo de la psiquiatría infanto-juvenil. “Desde entonces, efectivamente, se ha producido un aumento, creo que del 0,7% al 1,5%, de la prescripción de estos fármacos”, añade.

A este respecto, un estudio realizado por la Asociación Española de Pediatría en 2012, denominado Tratamiento de la depresión en el niño y el adolescente, concluía que el “tratamiento farmacológico de elección en la depresión infantil lo constituyen los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). De estos, del que se dispone de mayor evidencia científica es la fluoxetina, conocido por su nombre comercial Prozac. La terapia cognitivo-conductual y la terapia interpersonal han demostrado eficacia en el tratamiento de la depresión durante la infancia; la mayoría de las guías clínicas proponen la psicoterapia como el tratamiento inicial de elección, reservando los antidepresivos para las formas más graves o resistentes”.

La depresión altera la vida del menor, su conducta, su alimentación y sus relaciones durante al menos tres meses

“Efectivamente, la Agencia del Medicamento Europea y la Americana (FDA, por sus siglas en inglés) permiten su uso para el tratamiento de depresión moderada y grave”, recalca Arango. “Pero no se deben recetar a menores de siete años y el tratamiento con el medicamento no puede ser superior al año o los dos años. Y siempre tiene que haber psicoterapia”, añade. El efecto del fármaco suele comenzar a las dos o tres semanas. “A veces, la falta de recursos o la rapidez pueden llevar a un mal diagnóstico y hay que recordar que no se ha demostrado que en la depresión leve sean efectivos”, concluye el experto.

¿En qué se diferencia de la tristeza?

“Toda esta situación es un problema real y de fondo. Lo primero que hay que hacer es diferenciar entre tristeza y depresión. Estar triste es algo muy común y el menor puede parecer alicaído y ser una situación temporal. Tener depresión es tener una afección que altera la vida del menor, su conducta, su alimentación y sus relaciones durante al menos tres meses. Deprimido es un término que se usa muchas veces en nuestra sociedad y se usa mal”, explica Silvia Álava, psicóloga infantil. “Antes de recetar un antidepresivo tiene que haber una evaluación previa, donde se hable con los padres y el niño y se recopile la información necesaria para conseguir un diagnóstico veraz y luego tomar la determinación de si es necesario medicar o no. En todos mis años de experiencia, tan solo un paciente ha tomado este tipo de medicamentos y he de decir que en este caso era necesario”, reitera Álava.

Por su parte, María Inés López-Ibor Alcocer, psiquiatra que acaba de ingresar como académica correspondiente de la Real Academia de Doctores de España (RADE), aseguró en su discurso inaugural Tristeza o depresión, ¿cuándo un sentimiento se convierte en una enfermedad? que “la tristeza es solo uno de los síntomas del síndrome depresivo, ciertamente uno de los más importantes; pero no es suficiente ni necesario para considerar que alguien tiene un cuadro depresivo”.

“Un sentimiento como la tristeza se convierte en patológico cuando aparecen mecanismos que comprometen al sujeto, suponen una restricción de su libertad y una pérdida de posibilidades de autorrealización”, precisó la nueva académica correspondiente, en un comunicado.

Según la psiquiatra, los síntomas de tristeza aparecen en todas las culturas y a lo largo de la vida. “La pregunta es si la depresión tiene un valor adaptativo, y si un sentimiento vital como la tristeza tiene alguna utilidad desde el punto de vista evolutivo o no. La tristeza es compartida con otras especies, pero no la depresión. Los últimos trabajos en esta línea apuntan a que sí que lo tiene, la tristeza tiene funciones positivas y el humor depresivo también, porque tiene varias funciones”, concluyó.

Colaboración en el consultorio de la revista Mía: duda sobre educación sexual para niños

Os adjunto la última colaboración con la revista Mía:

Revista Mía - Silvia Álava